A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.
Salmo 28:7Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.
Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.
Sueños, pesadillas e ilusiones
Rosa.
Pétalos rosas de cerezos por todos lados. Infinidad de ellos rodeándome por completo. Yendo y viniendo por el aire, por arriba, por abajo, corriendo presurosos con el viento, llenando de su perfume el ambiente.
Yo en un camino rodeado de arboles de cerezo completamente rosados que se agitaban continuamente soltando sus pétalos y llenando el ambiente de su perfume y del color rosa.
Olía bien, olía como ella.
Me encontraba parado en medio del camino en un lugar extraordinario, pero uno que no conocía. Traté de ubicarme y volteé al frente y detrás obteniendo solo lo mismo, el mismo paisaje.
-¿Dónde estoy?-
Era solo un camino eternamente largo, un camino rodeado en ambos lados por grandes y hermosos cerezos en flor que daban la impresión de solo ser una mancha rosa infinita, infinita al igual que ese dulce perfume que desprendía.
-Kakashi kun…-
Mi nombre sonó con el eco suave de su voz, era su voz, era ella.
-Kakashi kun…-
Me llamaba. La busqué, pero no lograba verla, ni ubicarla, ¿dónde estaba?, ¿de dónde venía su voz?
-Kakashi kun…-
Solo había pétalos rosas y viento.
-¿Haruno sensei?-
El eco de su voz resonando aquí y allá me puso un poco nervioso, ¿dónde estaba?, giré y caminé una y otra vez, al frente, detrás, de lado a lado, buscándola, pero no la encontré, solo veía rosa, mucho rosa.
-Kakashi kun…-
La cabeza me dolió un poco y pensé que quizás me estaba volviendo loco. Miré el suelo y me alegré, en él sobresalía un poco de verde por el pasto y otro poco de café por la tierra, pero el resto solo era rosa, infinidad de pétalos cubriendo el piso.
-Kakashi kun…-
Esta vez mi nombre fue seguido por una ligera risa, cantarina, ingenua y alegre, como las de ella.
Y estuve seguro, completamente seguro de que era mí sensei quien me hablaba, quien reía. Pude imaginarme su rostro, alegre, tranquilo y sonriente, feliz, completamente feliz. De alguna manera una tenue y pequeña sonrisa apareció en mis labios.
Subí la mirada y no me sorprendí al encontrarme con ella, su rostro, tal cual imaginaba, me sonreía, contenta, ingenua, con sus ojos cerrados, inclinada hacia mí con sus cabellos rosas agitándose junto a los pétalos.
-Kakashi kun…-
Abrió sus ojos y me tocó la punta de la nariz con su dedo blanco y frio, como días atrás; yo no hice nada, solo la seguí observando, esperando que ella me dijera algo, pero no dijo nada.
Repentinamente estaba sobre mí; inesperadamente me di cuenta de que estaba en el suelo con ella encima, con sus ojos verdes, profundos y alegres, mirándome de una forma distinta, con la ternura de siempre, pero con un brillo distinto al que siempre tenía.
Me sentí nervioso y agitado, sin saber qué hacer, sentir o pensar de eso.
Su cuerpo sobre el mío era agradable, cálido, extremadamente cálido. Pero aun así me generaba cierto nerviosismo.
Intenté salir de ahí, pero no pude, estaba atrapado, me tenía prisionero, además aún era más pequeño que ella, se sentía extraño estar cubierto completamente por su delgado y femenino cuerpo. No supe que hacer, me sentía muy raro, pero ansioso, emocionado, agitado…feliz.
-Kakashi kun…-
Miré sus ojos fijamente, sonrojándome tenuemente, ella me sonrió y tocó mis cabellos, yo no hice nada, solo esperar, esperar por algo que sabía que pasaría, pero no conocía. Me quede quieto esperando ansiosamente lo que sabía que pasaría, eso que me era desconocido, misterioso, estremecedor, pero añorado.
Algo dentro de mí se movió cuando me besó.
Mis ojos abiertos solo veían rosa, de sus cabellos, de los árboles, del viento. Entonces otra sensación distinta me invadió por completo, una que nunca había sentido, una que partía justo debajo de mi cintura.
Pero había algo más que esa sensación impetuosa, ansiosa, urgente y precipitada, había otra, una casi tan fuerte y urgente como esa, una sensación familiar en mi mano.
Dejó de besarme y se alejó un poco, lo suficiente para verla de nuevo, aún encima de mí, sonriéndome. Quise hablar, decir algo, pero tampoco pude, realmente no tenía idea de qué o cómo pasaba todo eso, pero realmente ya no me importaba.
Ella me sonrió y rió ligeramente, coquetamente, con aquel rubor marcando sus mejillas. Todo era tan distinto, pero, a la vez tan familiar, al menos esa sensación en mi mano y su rubor lo eran, entonces me di cuenta, estaba tomando uno de sus pechos, como en el entrenamiento.
Y de pronto ya no estaba sobre mí, sino debajo.
Imprevistamente ahora yo estaba sobre ella, sin saber cómo pasó (ni siquiera recordaba haber girado), pero sin importarme (no cuando ella me miraba así y seguía tocándola), quise soltarla e incorporarme, pero no pude.
Era como estar atrapado, inmóvil ante un fenómeno extraordinario, maravilloso, hechizante y atemorizante.
Y ella me sonrió, riéndose ligeramente, llenando con el sonido de su risa el ambiente, se incorporó un poco haciendo que me quedara sentado sobre su cintura, con mis rodillas en el suelo, mirándola cara a cara, entonces levantó una de sus manos, pensé que me arrojaría lejos, era lo más sensato, pero no ocurrió tal cosa, sino por el contrario, tomó mi otra mano y la colocó sobre su otro pecho, sorprendiéndome.
Aún seguía admirado por su acción cuando, agitado, sorprendido, asustado y emocionado, llenándome poco a poco de aquella sensación cada vez más fuerte y placentera, urgente, se acercó más a mí y me besó velozmente para después hablarme al oído.
Sintiendo su cálido aliento en mi cuello y oído un calosfrió recorrió mi cuerpo, y fue más intenso cuando me dijo palabras agradables (ahora incomprensibles y misteriosas), que solo hicieron que aquella necesidad fuera más impetuosa para mi, para mi cuerpo.
Sabía que algo pasaría, algo que esperaba con ansias y urgencia, algo que no sabía con certeza que era, pero sabía que era agradable, misterioso, atemorizante, urgente y terriblemente fuerte, ese algo misterioso y avasallador que me daba temor, pero que también ansiaba con gran fuerza que pasara.
-Kakashi kun…- dijo de nuevo, con el eco de su voz resonando aquí y allá, cada vez más lejos, más profundo…
Desperté sobresaltado, como se despierta de una pesadilla, con la agitación de un mal sueño, pero con una sensación cálida y agradable en el cuerpo, una sensación nerviosa y fuerte recorriéndome por completo.
-Un…un sueño…- susurré sentándome.
Miré el techo asegurándome de donde estaba, me dejé caer por completo en las sabanas y almohadas de mi cama, y seguí en la contemplación de aquel azul del techo, como si esperara que en cualquier momento se volviera tan rosa como el que soñaba.
-Un sueño…-
Seguí respirando agitado con esa tibia y húmeda calidez que me recorría el cuerpo. Entonces me di cuenta, había algo extraño en todo eso, en ese sueño y en lo que sentía, en mi cuerpo y en mi ropa.
Me senté de nuevo y miré al frente sintiéndome avergonzado y asustado, pensando que me había ocurrido un incidente que hacía bastantes años que no me pasaba. Pero estaba equivocado, no era lo que pensaba, sino algo totalmente distinto.
-Demonios- bufé molesto, saliéndome de entre las sabanas, mirando atentamente mis ropas, estaba mojado –tendré que lavar…y…-
Ni siquiera podía aclarar mis ideas sin avergonzarme…ni sonrojarme.
Sabía perfectamente que significaba aquello. Había leído de "eso", pero era la primera vez que tenía un sueño como ese, uno tan extraño y perturbador, imaginaba que tarde o temprano me pasaría, lo cual no dejaba o restaba el hecho de ser algo vergonzoso, además justo tuvo que ser con ella, con mi nueva sensei, ¿por qué con ella?
-…necesito un baño- dije en un suspiro.
Ese fue mi primer sueño con ella, el primer sueño húmedo que recuerdo, aquel con el que dejaba mi niñez atrás para crecer y pasar al siguiente eslabón. En aquel momento aquello me parecía aterrador, exageradamente perturbador, pero ¿qué más podía hacer sino solo bañarme, cambiarme, desayunar y partir rumbo al entrenamiento?
-Tengo…que ir…- y me encaminé al baño, para prepararme para mi rutina.
A pesar de que han pasado tantos años aún recuerdo ese sueño, cierto que he perdido muchos detalles de él, como las palabras que ella me dijo, pero conservo lo esencial de ese primer sueño, además de que se repitió otras tantas veces haciéndolo sencillo de recordar, claro que también hay unos no tan ingenuos e infantiles que se le han sumado.
-Es hora…llegando arreglaré esto…- suspiré mirando la cama y salí de mi habitación.
Como pude logre estar listo y partir al deber, aún nervioso, ansioso y tembloroso por todas aquellas nuevas sensaciones que me invadieron, así como la infinidad de preguntas que me surgían. Necesitaba un consejo, o unas palabras, algo, como cualquier niño que pasa por ello.
Pasé por la sala, deteniéndome un poco, suspiré, quizás necesitaba a papá…lo cierto es que extrañaba a mi padre, como aún lo extraño.
-Papá…-
Di media vuelta, caminé y salí de casa pensando que extrañaba a mi padre y que quizás de estar él las cosas serían un poco distintas…
Sonreí –tal vez no mucho…- susurré.
Porque estuve seguro que ni estando él presente mejoraría la situación en particular por la que pasaba, incluso tal vez empeoraría.
Obviamente que si él estuviera podía contarle aquello y hacerle mis preguntas, contar con una guía y con un consejo, pero sinceramente tal vez ni se lo contaría, no porque no confiara en él, sino porque mi padre después de hablar con seriedad armaría un alboroto y no me dejaría tranquilo, avergonzándome continuamente y echando mano de la vergonzosa información que le daría, no estaría en paz el resto de la semana, o mes, o incluso mi vida entera.
Al menos así hubiera sido su comportamiento de no haber cambiado tanto después del incidente, al menos así lo quería recordar, como era antes, antes de que se volviera el "traidor" de la aldea.
-Padre, los extraño…a usted y a mamá…-
Perder a mamá en aquella misión donde murió cumpliendo con su deber siguiendo las estrictas órdenes de sus superiores, prácticamente dejándola morir, fue un golpe muy duro para los dos. De hecho, después de tantos años de analizarlo y pensarlo, ahora que ya no siento aquel resquemor hacia mi padre, he llegado a pensar que aquello, la muerte de mi madre, fue el origen de sus problemas y desacuerdos con el protocolo de un ninja.
Lo cierto es que fue un factor determinante a la hora de tomar aquella decisión y salvar a sus compañeros, y, por tanto, a sus familias…supongo que sintió que era necesario para que la tragedia no se volviera a repetir; o que podía remediar eso que no pudo con nosotros, hacer lo que no pudo por su hijo, por su esposa, por él mismo….
En aquel tiempo no lo comprendía, y quizás aún me falta un poco para lograrlo, pero he avanzado un poco.
Sin embargo, aunque solo estuviéramos nosotros dos, yo era feliz….
Después lo perdí a él…lo perdí mucho antes de que muriera, y eso fue muy difícil de asimilar. Lo extrañaba, lo extrañaba mucho desde antes de que acabara con su vida, porque mi padre ya había muerto mucho antes, murió cuando la aldea le dio la espalda…
-Hum…no quiero ir-
Suspiré pateando una piedra del camino, retrasándome un poco más, no quería llegar, no aún. No con esa sensación incomoda y apenada que tenía ante el sueño, que tenía aún por las imágenes que aún podía ver y sentir nítidamente.
No quería ver a mi maestra.
-Maldita sea- bramé quedamente y seguí pateando la piedra, no quería llegar porque sabía que moriría de vergüenza de solo mirarla.
¿Por qué tuvo que ser ella?
Tarde o temprano aquello me pasaría, era lo normal para los chicos de mi edad, pero renegaba del hecho de que ella fuera la primera mujer con la que fantaseaba y me provocaba un sueño húmedo.
-Rayos-
Estaba avergonzado, molesto, y frustrado. Ya de por si convivir con ella era incomodo e insoportable como para encima cargar con la pena de lo que ese sueño dejó.
Deseaba regresar a casa y encerrarme hasta controlarme o eliminar todas esas dudas.
-Tranquilízate Kakashi, no seas tonto-
Me sentía nervioso e inseguro, no sabía cómo sobrellevarlo, así que opte por lo que mejor hacía, y eso era tranquilizarme y restarle importancia a lo que no lo tenía, o no debía tener…
-Solo fue un sueño…solo eso, eso…no…significa…nada… ¿no?-
Suspiré, aquello no sonaba tan seguro.
-Significativo o no debes tranquilizarte y concentrarte en lo importante, ¿acaso quieres parecer como inepto o idiota?
Llegué y me senté a esperar, como siempre era el primero, y deseaba con todas mis fuerzas ser el único, pero al poco tiempo llegaron ella y Rin; tan puntuales como siempre. Poco después supe que se ponían de acuerdo para encontrarse y caminar más de la mitad del trayecto juntas porque sus casas no estaban tan lejos una de la otra.
Hoy, como desde entonces, me pregunto de que tanto hablarían todos esos días que compartieron el camino de ida y vuelta a sus casas.
-Buenos días- dijo Haruno sensei.
-Buenos días Kakashi kun-
-Hum…buenos- contesté deseando salir corriendo de ahí.
Apenas la escuche aquel revoloteo nervioso en mi estómago se presentó más insoportable que antes.
-Bien Rin chan, a esperar a Obito kun- dijo con una sonrisa, sentándose a un costado, mi amiga asintió y se colocó a su lado –esperemos no tarde mucho, ¿verdad Kakashi kun?-
-"Kakashi kun…"-
Recordé mi nombre en aquel sueño, sus ojos, sus besos y su risa, con aquella sensación impetuosa recorriéndome. El calor en mis mejillas se instaló amenazando con no irse hasta dentro de un buen tiempo.
Era muy molesto, frustrante e incómodo…
-¿Por qué tuvo que ser ella?-
-Hum…- asentí y me incorporé. Me alejé subiendo a un árbol, unos tantos metros lejos de ellas, dejando en claro la incomodidad que mi maestra me provocaba.
Rin y ella me miraron un poco intrigadas por mi repentino alejamiento, pero no preguntaron nada, tampoco me interesaba responder sus preguntas, cabe aclarar.
La hora y media siguiente (esperando a Obito) fueron una tortura total; aunque verla desesperada, berreando y maldiciendo me distraían un poco, pues era algo entretenido mirarla ir y venir (y sigue siéndolo) mientras Rin la seguía tratando, inútilmente, de tranquilizar.
-Buenos días-
-¡Vaya!, ¡hasta que el rey se digan en llegar! –exclamo con sarcasmo -¡ya era hora Obito Uchiha!-
-Perdón Sakura san…es que…-
-¡Mentira!- le gritó.
-Pero si ni me ha dejado explicarle porque fue que…-
-No, no, no, ni digas nada, que sé de tu mala fama para las excusas…solo…solo empecemos ¿sí?- dijo tranquila, ya con el timbre seguro y cordial de siempre.
Después del regaño, el sermón y el castigo, comenzamos con la rutina de entrenamiento.
Ese día, el tercero después de conocerla y el segundo después de la batalla de los cascabeles, fue terriblemente perturbador y avergonzante.
Tal cual temía quedé como un idiota en varias ocasiones, cuando, mirándola o escuchándola llamarme, no podía sino solo recordar su dulce voz del sueño, evocando los agradables eventos de la madrugada.
Afortunadamente también logré no salirme de mi personalidad ni hacer que sospecharan los motivos de mi repentina torpeza, lo único que obtuve fue que Rin y Haruno sensei me preguntaban si me alimentaba bien, si no tenía fiebre, si me sentía enfermo y cosas por el estilo que hacía más pesado y horrible todo.
No estaba acostumbrado a las atenciones ni preocupaciones de los demás, me incomodaban, más en condiciones como las que pasaba.
-Descansemos un poco- dijo mi sensei, con lo que me sentí aliviado.
Suspiré y me senté en la sombra, hacía un calor agobiante, y los rayos del sol estaban en pleno apogeo, era agobiante.
-Kakashi kun- me llamó poniéndome alerta y nervioso –te he notado distraído, ¿quieres que te revise?- me dijo acercándose con la firme intención de tocarme la frente –tal vez…-
-¡No!- objeté rápidamente, apartándome, mirando hacía un lado para no obviar el sonrojo. Tocarme solo lo hacía peor.
-Ah…bien- dijo levemente, un poco triste de mí rotundo y avasallador rechazo.
-Genial…- pensé frustrado, su cara de cachorro pateado y rechazado me hicieron sentir peor.
-Si…si no estás cómodo conmigo lo entiendo- dijo suavemente, aún triste –pe…pero debemos saber si no tienes algo. –dijo con seguridad -Rin chan- mi amiga dio un breve salto –por favor revísalo como te he dicho-
-Si, Haruno sensei-
Aunque era incomodo recibir atenciones que no servirían para nada, era menos incomodo, o más soportable, recibirlas de mi amiga que de mi maestra, pues ella solo me empeoraba las cosas.
-¿Cómo dormiste?- me alce de hombros -¿pasaste mala noche?- negué con la cabeza.
Rin comenzó con su chequeo, yo miraba el pasto y Obito tomaba agua como un camello sediento y cansado hasta que terminó con las reservas de agua.
-Iré por un poco de agua- dijo ella tomando los recipientes que Obito había vaciado –esperen aquí y no hagan ninguna tontería-
Apenas desapareció de la vista cuando mi amigo me golpeó en la cabeza.
-¿Qué te pasa tonto?- le pregunté enojado.
-¿Qué te pasa a ti?- me refutó molesto, mostrándome los puños –está bien que estés amargado y odies al mundo,- habló sin dejar de mirarme-amenazarme, Rin ni siquiera lo detuvo, solo siguió examinándome –pero los demás no tienen que pagar por tu amargura, Hatake-
-¿De qué rayos hablas?-.
-La hiciste sentir mal-
-¿Qué?-
-Sakura sensei- dijo Rin –Obito tiene razón, has sido muy grosero con ella, no quería decírtelo, pero hoy te has sobrepasado, más de lo normal-
-Hum- bajé el rostro, incapaz de soportar la mirada decepcionada de Rin.
Para que ella me dijera algo como eso, de esa forma y con esa seriedad, era que realmente estaba mal.
-Sé que es difícil acostumbrarse a ella Kakashi kun, yo también extraño a Minato sensei- dijo con su voz dulce –también Obito, ¿verdad?- y él asintió –pero eso no implica que nos portemos mal con ella, solo quiere ayudarnos, es nuestro nuevo líder y solo quiere hacer bien su trabajo, de hecho nos ha tratado muy bien, creo que más que cualquier otro jounnin que nos hubieran asignado-
-Es su trabajo- susurré.
-Sí, es su trabajo, pero no lo es el ser amable-
-Tonto, - dijo Uchiha -no tienes porque hacerla sentir mal-
-Si eso es lo que te importa, - le dije incorporándome –no llegues tarde-
-Idiota- susurró mi amigo dejándose caer en el pasto –sabes que no es…-
-Shh- lo calló mi amiga –él lo sabe, solo lo dice para desviar el tema-
-Hum…no del todo, ¿acaso no es verdad que tu impuntualidad es una cualidad irritante? - arranqué una pequeña vara, moviéndola de lado a lado haciendo que zumbara con el viento.
-Hatake…-
-Lo es- dijo Rin, con lo cual mi amigo calló suspirando y yo hice el esfuerzo para no sonreír –pero Kakashi kun, bien sabes que Obito así es, - y mi amigo volvió a suspirar y ella le sonrió –él no hace distinciones entre Minato sensei o Sakura sensei, como tu-
-Hum…-
-Sabía que era una pérdida de tiempo- dijo mi amigo incorporándose, sacudiéndose el pantalón y saltando a la rama del árbol, donde le gustaba descansar.
-Kakashi kun- dijo Rin, acercándose un poco –sólo…sólo trata de ser un poco más amable, dale una oportunidad, ¿sí?
-Hum…-
Ni siquiera asentí, ¿cómo prometer algo como eso si nada de lo que rodeaba a mi maestra me hacía sentir seguro?
-Venga, Rin, ríndete, éste no tiene remedio- dijo desde el árbol, completamente enojado –pero algo si te digo Kakashi, no te portes mal con Sakura san si no quieres tener problemas no solo con mi primo Sasuke, que no es muy amable que digamos, sino también conmigo-
Quise reírme a carcajadas ante su amenaza, pero no era muy apropiado para mí, así que solo sonreí.
-Hum…tu primo y tú me tienen sin cuidado, Obito kun- le contesté sereno haciendo énfasis en el "kun" para molestarlo.
¿Quién lo hubiera dicho?, realmente mi amigo tendría mucha razón en eso de que mi relación con Haruno sensei me generaría problemas con su primo, muchos y diversos problemas…además de que también es cierto eso de que no es una persona muy amable.
Rin suspiró esperando los gritos y las amenazas molestas de Obito, pero milagrosamente no pasó, ni siquiera saltó del árbol a retarme, lo cual nos admiró a ambos, pero mi amigo era más maduro de lo que a veces aparentaba (al menos en ocasiones lo era), así que solo permaneció en el árbol hasta que ella llegó.
Y así, entre los entrenamientos, las misiones, las dudas, las sensaciones, los sueños, las pesadillas y el trato diario pasaron varios meses.
Meses en los cuales traté de mejorar mi trato para con ella, no solo por las recomendaciones que mis amigos me hacían o exigían, tampoco porque me fui acostumbrado a ella, a su presencia y a su estilo de llevar su papel como maestra y líder, sino también para restarle importancia a lo que me provocaba.
Porque, en mi lógica, la idea de que, si la trataba como los demás, como el resto de las personas, y no un poco más hostil, como ese día que soñé con ella, me acostumbraría a ella y dejaría de verla, para bien o para mal, incomodo o no, como alguien que me hacía sentir "diferente" que el resto.
Obviamente que aquello no funcionó del todo, ni siquiera me ayudó a verla como solo alguien más, por el contrario, mi admiración, mi respeto, y, porque no decirlo, aprecio, aumentó poco a poco, sin siquiera notarlo, o sin que el resto de ellos lo notara, o al menos eso me parecía a mí.
Los sueños permanecían, asimismo la sensación incomoda que me daba ante su presencia, su aroma o siquiera su chakra, pero trataba, me esmeraba afanosamente, en restarle importancia.
Cierto día, regresando de una peligrosa misión, la alegría recorría las calles de mi aldea, mientras caminaba por ellas escuchaba el cuchicheo de sus habitantes. Mujeres, hombres, adultos, ancianos y niños, todos estaban contentos e ilusionados por las buenas nuevas.
-¿Han escuchado?, se dice que el fin de la guerra está cerca-
-Sí, cuanta alegría me da-
-Si, a mi también-
-Nuestros hijos ya estarán más seguros-
-Y que lo digas, solo misiones comunes, nada más eso…-
Trate de sonreír ante las esperanzadas palabras de esos desconocidos, que hablaban sin importarles que pasara por ahí el hijo del traidor. Porque en ese momento existía algo más alegre en lo cual pensar como para detenerse a analizar a un niño sucio y maltrecho que volvía de misión.
Los rumores del final de la guerra corrían por todos lados, Konoha, con sus civiles y sus ninjas, se encontraba más tranquila, hasta alegre, por las buenas y esperanzadoras noticias que bullían por doquier.
La ilusión de la paz se sentía en la aldea.
Yo también estaba contento de esa frágil ilusión que fue el fin de la guerra shinobi, tenía esperanzas y felicidad ante ello, especialmente ese día, después de esa misión tan complicada y espantosa.
La guerra era un precio muy difícil y cansado de sobrellevar, además de ser terriblemente agobiante, por ello, mientras caminaba de regreso a casa después de aquel extenuante día de misiones, me sentí contento de escuchar hablar a aquellas mujeres algo más que amargura, dolor o repudio, fuese hacia mí, mi familia, o a la guerra.
Miré el cielo, faltaba poco para que empezara a llover, estaba oscuro y el viento soplaba con alegría y frescura amenazando con la llegada de una pequeña tormenta. A pesar del mal clima había mucha gente en las calles, ignorando la terrible tormenta que se desataría en escasos minutos, ¿qué importaba?, ¿qué importaba si se decía que el final de la guerra estaba cerca?
Caminé cansado, quería llegar a casa, recostarme, bañarme y descansar. Si bien no estaba herido porque mi maestra me curó, me sentía terriblemente cansado, necesitaba dormir cuanto antes, ni siquiera comer, solo dormir. Descansar era todo lo que necesitaba.
La misión, como las tres anteriores, había sido terriblemente complicada, tanto así que estuvimos a punto de perder a mi amiga Rin, si no fuese por mi maestra ella hubiera desaparecido mucho antes de lo que lo hizo.
La misión, a pesar de ser de rango alto, tenía un objetivo bastante sencillo.
Todo consistía en interceptar a un grupo de una aldea enemiga con el fin de recuperar valiosa información que se habían robado de un grupo de nuestra aldea, el cual, a su vez, la obtuvo de una importante batalla en contra de sus congéneres, obviamente que originando muerte por ambos bandos, generando resquemor para todos. Era un ciclo vicioso por la lucha de aquella información tan secreta e importante.
¿Quién diría que aquellos pergaminos serían tan importantes en el destino de mi equipo y la aldea?
-Son ninjas habilidosos y en extremo peligrosos- nos dijo el clon de Minato sensei cuando nos daba los detalles de la misión, desde hacía meses que estaba tan ocupado que muy raras veces le habíamos visto en persona –no se confíen demasiado o les puede causar la muerte-
-Si- dijimos en coro.
Mi antiguo maestro le entregó el reporte con las indicaciones y recomendaciones de la misión a mi maestra.
-Minato sama, si me permite- dijo Haruno sensei después de hojear el reporte, justo antes de que el clon desapareciera –observando los detalles me he dado cuenta de lo arriesgado de la misión, así que me gustaría, si usted me lo permite, recomendar desistir- el silencio de sus palabras fue el eco que necesitábamos para admirarnos –no es que desconfíe de la habilidad de mis alumnos, pero creo que esto va mas allá de lo que pueden manejar-
Minato sensei (su clon) se quedó sereno, escuchando atentamente las palabras preocupadas de mi maestra.
-Sé que las razones que me presenta son muy acertados, Haruno san- dijo después de una escueta pausa –pero, lamentablemente, no cuento con nadie más para esto- pausó, Haruno sensei suspiró y yo no supe que pensar, ¿se nos llamaba solo por ser la única opción?- además, no dudo que en estos meses de entrenamiento hayan tenido mejoras- dijo en una sonrisa optimista –seguramente ya se han acoplado como equipo-
-Bueno, Minato sama- dijo ella –si las ha habido…y bueno, ya nos conocemos mejor…pero…las personas de las que hablamos…-
-Lo sé…pero debido a lo delicado de la situación…-pausó, suspiró y con su ceño junto habló -cierto que son los únicos disponibles, pero, sinceramente no podría confiar algo tan importante y confidencial en alguien más- aquello nos hizo sentir mejor –quizás no pueda aclarar que es lo que recuperaran, pero créanme, créanme que es algo en extremo importante - un silencio inescrutable se formó después de sus palabras -confío en ustedes cuatro para esto…todos contamos con ello-
-Si, hokage sama- habló mi maestra después de un tiempo, seguramente no muy convencida de aceptar, pero sin otra opción.
Y, francamente, no la culpo, los enemigos eran de alto rango, pero la información era determinante ante la difícil situación por la que pasábamos. Solo quedaba cumplir con nuestro deber.
-Les recomiendo recuperar la información lo más sigilosamente posible, en cuanto lo logren salgan de ahí, y, en lo posible, eviten lo más que puedan una confrontación…de lo contrario solo les quedará eliminarlos-
-Si-
Esa misión la recuerdo claramente porque fue de las primeras ocasiones cuando el miedo de perder a mis compañeros de equipo se hizo más fuerte y terrible, siendo el preámbulo para esa serie de tristes y duros sucesos que nos marcaron a mi sensei y a mi…
Caminé observando el negro del cielo, recordando aún los ojos sin brillo de mi amiga, empapada por la lluvia y la sangre que brotaba de su boca.
Poco antes de partir acordamos la estrategia de ataque que seguiríamos.
Finalmente pactamos que Rin haría lo posible por pasar desapercibida y husmear entre las cosas para dar con lo que buscábamos, mientras lo hacía nosotros daríamos un ataque sorpresa con lo cual les distraeríamos, tratando de que todo pareciera un simple ataque de unos renegados de la aldea, siendo primordial no delatarnos como habitantes de Konoha.
Siendo un plan tan simple opté por dar a conocer una mejor y más elaborada estrategia a lo cual ella, Haruno sensei, solo sonrió.
-Bien, es un gran plan, no dudo que funcione- traté de no sonreír ante sus palabras –creo que es mejor que el mío-
-Hum…entonces, ¿lo pondremos en marcha? - dije un poco contento por su reconocimiento.
Ella sonrió.
-No-
Yo, al igual que mis otros dos compañeros, me quedé sorprendido y algo confundido.
-Hum…Haruno sensei, usted dijo que…-
-¿Qué es mejor que el mío?- completó enrollando el mapa –es verdad-
La miré pararse y empezar a guardar las cosas en la mochila, dando órdenes.
-Nos reuniremos aquí para descansar cuando todo termine, es un buen lugar. –mis compañeros asintieron -Entonces Rin chan, ya sabes lo que harás. Obito kun por favor trata de no alejarte mucho de mí y no descuides tu defensa, ¿de acuerdo? Kakashi kun…- no contesté -¿Kakashi kun?, ¿Kakashi kun me estas escuchando?-
-Hum…- asentí.
-Bien, entonces yo partiré antes, tú asegúrate de poner los sellos explosivos antes de que…¿Kakashi kun, me estas escuchando?- asentí de nuevo –pues no lo parece, estas distraído, eso no es bueno, sabes lo peligroso que será esta misión, por favor pon atención y…-
-Hum…lo entendido todo, Haruno sensei, no tiene porque repetírmelo – la interrumpí, ella me miró profundamente, intentando leerme –es que no comprendo- dije al fin.
-¿Qué no comprendes?-
-Porque si dice que mi plan es mejor, y lo es, ¿por qué no lo ejecutaremos? -
Ella sonrió, dulcemente, ingenuamente, guardó la mochila escondiéndola en un lugar seguro y me extendió los sellos.
-Simple…no quiero-
Tomé los sellos, aún admirado por su respuesta, aquella no era una solución aceptable para mi cuestión.
-Bien, partamos- ordenó.
Suspiré. Ya varias veces me había pasado cosas como esas. En algunas misiones propuse alternativas, muchas veces incluso ella misma me las pedía, pero nunca las llevaba a cabo…entonces, ¿por qué me preguntaba?
Ella solía decirme "buena idea", "eres un genio", "tienes razón", "lo tomaré en cuenta", cosas como esas, pero cuando tomaba la decisión mis recomendaciones no le importaban.
Solo quedaba el obedecerla, porque, como cierta vez mientras "discutíamos" me dijo: era muy simple, ella era mi superior, y quien, para bien o mal, tomaba las decisiones, y a mí, como su subordinado, solo me quedaba seguirlas.
-¡Kakashi kun, apresúrate!-
Y partimos a la batalla.
Al llegar supimos lo que siempre supimos, nos superaban en número y se trataba de individuos de cuidado, no por nada habían acabado con un escuadrón entero.
Seguimos el plan, funcionando con cierta eficacia, pero no era sencillo pelear con shinobis tan fuertes, experimentados, empecinados, traicioneros y exiliados, así que la balanza estaba en nuestra contra.
Minato sensei tenía mucha razón al darnos aquellas recomendaciones.
El terreno fangoso y mojado solo empeoraba nuestra desventaja, sumándole el hecho de que la lluvia disminuía la visibilidad, complicándolo más.
Mi sensei, a pesar de ser buena y pelear con inteligencia y la certeza de un depredador, no podía estar en todos lados; la tenía cercada, manteniéndola lejos del resto, querían dividirnos y así acabar más fácilmente con nosotros.
Rin era la encargada de escapar con la información mientras nosotros seriamos los distractores. Pero algo salió mal en el plan y fue descubierta e interceptada a mitad de su huída.
Cuando dieron con ella trataron de sacarle la información, pero ella con un sello logró mantener la información en su cuerpo, haciendo que fuera incapaz de recuperarla, se trataba de un jutsu de transportación que se completaba segundos después, apenas los necesarios mientras morías en manos del enemigo.
Aquello era una técnica suicida y desesperada en casos como esos, te quedabas sin chakra y a merced de los enfurecidos enemigos. Francamente no pensaba que Rin supiera esa técnica, no es muy común, ni muy recomendada por las altas desventajas.
-Pueden matarme, pero los pergaminos nunca serán suyos-
-¡Maldita perra!-
Sin poder recuperar la información y con la furia encima uno de ellos tomó a mi amiga y la estrelló contra el suelo, pateándole el estomago con saña y sin piedad, una y otra vez, con tal fuerza y certeza que en pocos segundos estuvo a punto de provocarle la muerte.
Era un tipo grande, grueso, pesado y fuerte, dando la apariencia de un toro embravecido que arremete con todo, pero que cegado por la ira y la furia no ve más allá de su torpeza y su víctima.
-¡Rin chan!- gritó Obito, que era él más cercano -¡suéltala imbécil!- logró zafarse del ataque y corrió tras ella, pero tropezó a medio camino -¡va a matarla!-
El grito desesperado hizo que yo y mi sensei miráramos la terrible imagen de mi amiga inconsciente y ensangrentada entre el lodo y la lluvia.
Por un momento dude que aquella mancha roja y sucia fuera mi dulce amiga Rin, parecía un mal sueño, una terrible imagen sacada de mis peores pesadillas. El espectro de la muerte y el dolor nublaban y mutaban sus ojos, su rostro y su pequeño cuerpo.
Luego lo vimos a él, Obito estaba enloquecido, pero muy herido por haberse descuidado más de lo normal al mirar a Rin. Como pudo se había lanzado sobre el agresor, y éste, siendo más rápido, astuto, fuerte y experimentado, logró detenerlo y arrojarlo contra las rocas, provocándole un par de fracturas en las costillas.
Pero los esfuerzos de Obito no fueron en vano, por lo que una tenue sonrisa se instaló en sus labios mientras se retorcía del dolor.
-¡Niño idiota!- le gritó al darse cuenta de que le había despedazado una oreja, cortándosela de tajo, la sangre no dejaba de brotar.
Enfurecido ante su oreja nadando entre un mar de lodo y sangre dejó a Rin y se fue sobre él, tomándolo del cuello, queriéndole ahogar.
-¡He de matarte!, ¡te has de ir al infierno junto a esa perra!-
Obito empezó a patalear, deseando librarse de él, llorando aún por su querida amiga.
Al verlos así por un momento el miedo, la sorpresa y la desesperación me dejaron inmóvil, y poco estuve a punto de ser atravesado por una de las espadas enemigas.
-¡Kakashi kun, despierta!-
El grito de mi sensei se opacó entre el crujido de los huesos de mi adversario, que calló desmoronado y muerto a mis pies. Era ella, que viéndome anonadado y a punto de caer merced del enemigo fue en mi ayuda.
-Despierta…-
-Sensei…- susurré observando aquellos ojos verdes enojados, furiosos, desesperados, sus puños manchados en sangre enemiga y propia. Aún sumergido en mi pequeña pesadilla donde los ojos opacos y castaños de Rin se convertían en los negros y sin vida de mi madre.
Parecía querer abofetearme y hacerme entrar en razón, pero solo tomó la espada del enemigo y mi propio sable, arrebatándomelo, dio la media vuelta y partió en dos a uno de los extraños que se abalanzaba sobre nosotros, desapareciendo escondido entre la negrura de la noche y la lluvia. Una técnica de ataque muy efectiva, peligrosa y sigilosa.
El cuerpo maltrecho del enemigo apareció esparciéndose con sangre a ambos lados. Ella me miró de nuevo, aún con aquella sangre lloviendo sobre nosotros. Me había salvado, dos veces en tan solo unos segundos.
-Te necesito aquí…Kakashi kun-
Los gritos de dolor, la sangre, la lluvia y el lodo imperaban en el ambiente…pero aún así yo no podía ver otra cosa más que a ella.
-Si…- susurré, y ella sonrió, y pensé que aun envuelta por la muerte y la sangre lucía hermosa.
Los enemigos que restaban eran pocos, y las órdenes claras: salvamos la información, pero fuimos descubiertos, solo quedaba matarlos, aunque fuera muriendo junto con ellos.
El objetivo se había cumplido, pero la batalla aún no había acabado. Utilizaron un jutsu de tierra en nuestra contra para separarnos. Mas pronto de lo que quisiéramos un estruendo sacudió la tierra y tuvimos que brincar para no caer al vacío. Afortunadamente ya estaba listo para pelear.
-¡Rin chan!- gritó Obito con sus últimas fuerzas, dejando de luchar para solo comenzar a llorar. Lo miré aún mientras saltaba, verlo llorar de esa forma, de rabia, dolor y frustración logró despertarme por completo y me apresuré a ayudarlo.
-Sensei…Rin- le dije antes de caer –yo puedo con los demás-
-¿Estás seguro?-
-Si-
Asintió y me arrojó mi pequeña espada, mirándome con determinación. Yo caí en un lado de hueco, y ella del otro, donde estaba Rin, apenas llegó y golpeó la tierra, desapareciendo a dos de los ninjas que ante su fuerza y velocidad cedieron cayendo en el vacío, que terminó por cerrar atrapándolos bajo tierra, ataques como ese son su especialidad.
Corrió y llegó hasta mi amiga y formó una esfera de tierra, una barrera, protegiéndose para dedicarse a sanarla.
Por mi parte estaba muy ocupado en acabar con los últimos cuatro ninjas que había. Una de las trampas me ayudó a atrapar a uno de ellos, llevándole a caer presa en una lluvia de sellos explosivos que lo bañaron por completo y que terminaron por explotar junto con él.
El segundo fue más difícil, su buena puntería con las armas hacía complicado acercarse, pero no imposible ante un ataque a distancia.
Al final solo quedaban dos, el bruto que estaba por matar a mi amigo y uno que se retorcía en el suelo presa de una estocada del pequeño sable blanco de mi padre.
Cansado y herido me limpie los restos de sangre, agua y sudor que me nublaban la vista. Todo empezó a moverse y caí al suelo.
Una risa estridente inundó el lugar, era el tipo que se retorcía en el suelo.
-El veneno de Sakaki te matará, pequeño demonio gris-
Lo miré con desprecio y terminé con su agonía con un limpio corte en el cuello, su sangre baño mis ropas, pero poco o nada importaba.
Dejé el sable en mi espalda, complicándoseme en demasía hacerlo, todo se movía, estaba mareado. Miré mis manos temblorosas, cada vez volviéndose más y más torpes. Y recordé como al brincar evitando aquel gran hueco, un kunai me rasguño el cuello por escasos milímetros, pero no le di importancia, ni siquiera sangré mucho.
-Obito…debo…ayudarlo-
Decidido me levante, no veía bien y el cuerpo me ardía, per debía ayudarlo. Como pude corrí y llegué donde ellos, tomando un kunai y lanzando una estocada al rostro del enemigo, que cegado aún por la ira no logró evitarme del todo y lo herí en el otro oído.
-¡AH!-
El grito de horror y dolor invadió el cielo, su oreja palpitante y sanguinolenta cayó a sus pies junto con mi amigo. Obito cayó contra el suelo completamente de bruces, el tipo lo soltó y se tomó la parte derecha, donde la sangre brotaba afanosamente.
-¡Malditos!, ¡desgraciados!-
Ignorando las quejas y el dolor lo esquivé tanto como pude, mareado no pude evitar uno de los golpes, afortunadamente el tipo estaba tan sorprendido que no coordinaba bien, así que no era tan complicado esquivarle.
Era fuerte, pero no muy listo, o al menos no sabía controlarse.
Al final di contra el suelo, bastante mareado y aturdido por el veneno, el tipo, que aún herido era fuerte, rio con maldad, como un demonio cegado por la venganza y la muerte. Se lanzó en mi contra, con la intención de partirme en dos con su gran fuerza.
Me tomó de la cabeza y me levantó.
-¡Te aplastaré como un gusano asqueroso!- habló escupiendo sangre y odio -¡al menos eso me quedara!-
En una de sus manos el brillo intenso de su chakra surgió.
-¡Te cortaré en dos, como hiciste con mis amigos y mis orejas!-
Alzó la mano, intenté tomar mi sable, pero estaba tan torpe y aturdido que se complicaba en demasía.
De pronto su cabello y su ropa comenzaron a incendiarse, me arrojó fuertemente contra el suelo y gritó furioso, ardiendo a pesar de la lluvia que nos rodeaba.
Caí contra el suelo, rodando un poco, aproveché su distracción y cogí mi espada, tomé aliento y brinqué, atacándolo, cortándole el cuello de lado a lado.
Cuando estuve en el suelo, mirando la enorme y ensangrentada silueta del bruto, visualicé a lo lejos a Obito, que hincado, respirando agitadamente, me veía con cierta alegría.
Me había salvado con su jutsu de fuego.
Después de acabada la lucha no recuerdo más. Solo miré a lo lejos como la silueta de mi sensei aparecía al desaparecer aquella maltratada barrera de tierra. Ella nos gritó algo, pero no la escuché, el veneno terminó por desvanecerme una vez seguro de la buena salud de mis compañeros.
Desperté al día siguiente, kilómetros lejos del lugar de batalla, en aquel lugar que quedamos reunirnos. Me sentí bien, rodeado por la calidez y el aroma de Haruno sensei, recordando aquel primer sueño que tuve meses atrás con ella.
Es divertido recordar lo mucho que aquello me avergonzó, cuando, al despertar, la miré sobre mí, con su rostro sereno y ya limpio de cualquier lodo o sangre, mirando atentamente mi rostro.
-Buen día Kakashi kun- me saludó.
No supe que decir, estaba aún un poco aturdido, quise incorporarme, pero solo logré dar contra el suelo.
-Tranquilo, aún falta un poco para quitar las últimas secuelas del veneno- dijo tomándome del brazo, incorporándome y provocando que me sonrojara al tenerla tan cerca - ¿te duele la cabeza, verdad?
-Y yo que pensé que era más fuerte- dijo Obito desde lejos, burlándose –solo resultaste ser un debilucho-
Estaba sentado en una gran roca, cruzando sus brazos detrás del cuello, sonriendo.
-No le hagas caso- dijo ella, sonriendo y ayudándome a caminar.
-¡Pero es verdad!, sin mi estaría perdido, ¡yo le salve la vida!-
Ella sonrió y asintió, calmando ese desasosiego inquieto que Obito tenía, yo solo seguí ignorándolo, más preocupado por su cercanía que por otra cosa.
-Puedo solo, no se moleste-
-¿Seguro?- dijo insegura.
-Si- y me solté.
Quise caminar, pero me estremecí un poco, la cabeza me dolía horriblemente, me apoyé en mis rodillas, respirando un poco agitado.
Obito rodó los ojos –eres un bebé-
-Obito kun…- lo reprendió mi sensei, que me ayudaba nuevamente, haciendo que mi sonrojo no desapareciera.
-Sí, sí, lo siento- dijo en un suspiro -ya sabemos quién es el favorito de la maestra- dijo entre broma y verdad, muy bajo, pero lo suficiente como para que yo lo escuchara.
Haruno sensei río tenuemente y yo morí de vergüenza.
-Vamos, siéntate un poco, anda, no hay prisa-
-Yo creo que solo finges- siguió mi amigo.
-Y yo que tu…- de repente dejé de hablar, las escenas se repitieron en mi mente, abrumándome –Rin-
Haruno sensei sonrió, tranquilizándome ante su mirada segura y feliz.
-Tranquilo- me dijo dulcemente, y apuntó al frente.
Giré y la vi, estaba del otro lado de la gran roca donde Obito se sentó, durmiendo aún, pero ya sin aquel rastro de muerte rodeándola.
-Pronto despertara y podremos partir a casa- me dijo tiernamente, sentándome.
Suspiré tranquilo, estuve muy preocupado por ella, pensé que tal vez había muerto, pero afortunadamente ella pudo salvarla.
-Sakura sensei la salvó, realmente es una excelente médico, tenemos suerte de tenerla de nuestro lado-
–Gracias- dijo sonriendo, y me miró repentinamente, como quien olvida algo –oh, Kakashi kun, que tonta, quizás tienes hambre, te traeré algo para comer-
Cuando al fin llegamos a la aldea me sentí sumamente contento, volvíamos cansados y maltrechos, pero con el equipo completo, sin bajas, enteros, y eso era algo porque sentirse afortunado y contento.
Al llegar nos encontramos con las buenas nuevas, llenándonos de aquellas dulces y esperanzadoras ilusiones de que los rumores del fin de la guerra shinobi fueran verdad. Siendo un trago tan amargo como el que acabábamos de pasar, aquello no podía ser si no lo mejor que pudieron decirnos.
Nos despedimos y partimos cada quien a su casa, Obito hacía su clan, donde seguramente su familia lo esperaban más que ansiosos; yo a mi casa solitaria, donde esperaba llegar y descansar; Haruno sensei y Rin juntas, apoyándose una sobre la otra (Rin aun no se recuperaba del todo por la gravedad de los golpes).
Pequeñas y delgadas gotas de rocío empezaron a caer avisando que pronto llovería con gran ímpetu.
Sonreí, al fin estaba en casa.
-¡Kakashi kun!-
Escuché mi nombre, era Kushina san, que corriendo presurosa se acercaba a mí, con su largo y rojo cabello esparciéndose por todos lados, detrás de ella venía Minato sensei, sonriendo ante el entusiasmo de su reciente esposa.
Una sonrisa discreta se formó en mis labios, completamente feliz de verlos, los extrañaba y me alegraba de verlos después de tanto tiempo, felices y seguros.
-Kushina san, Minato sensei- los saludé.
Los esperé con la certeza de que me hablarían aclarándome que tan ciertos eran esas frágiles ilusiones que se hablaban sobre la esperada paz que todos deseábamos en Konoha.
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Saludos desde Sinaloa, México
Hola:
Llegando al fin a este fic n.n
Pues hoy tocó narrar una escena de acción, de esas a las que temo tanto xD, espero y no haya quedado tan…este…patética xD, no soy buena en esa clase de cosas, pero supongo que tengo que aprender a perderles el miedo…
Pobre Rin, sinceramente su escena en mi cabecita, bueno, como ella se veía, es realmente tétrica, no sé si fui clara con ello, pero créanme que como la imaginé es muy triste y muy…cruel…
Esta historia tendrá varios episodios, pero trataré, ojo, "trataré" de hacer episodios no muy largos n.n….así es más fácil actualizar n.n….Pronto, se viene acercando uno de los episodios más complicados para mí en esta historia u.,U
Nos vemos pronto, y ya saben, como siempre sus comentarios son bien recibidos, Dios los cuide n_n…
Hasta pronto.
