Modernity.
Andrew disfrutaba abrazar a Ashley. A veces ni siquiera necesitaba besarla en la boca o recorrer su lengua para sentirse feliz en su compañía. ¿Cómo llamarían una relación como esta? Enfermo, degenerado, tóxico y todo lo negativo que se le pudiera ocurrir a cualquier persona con un poco de sentido común o consciencia. Tal vez era así aunque sólo se volvería digno del odio hasta que fueran descubiertos, de lo contrario seguirían siendo tomados por simples hermanos, nada más. Si le preguntaran algún ejemplo sobre este planteamiento, Andrew daría el de Nina. Esa pobre niña, triste y olvidada. Las investigaciones que habían parado, el hecho de que dejó de ser noticia para el mundo, nada más que una historia archivada para que familiares o morbosos lo revivieran hasta que algo más consiguiera distraerles en su vida.
Injusto, ¿no? Pero de esa manera funciona el mundo. Un cadáver no detendrá los engranajes, no parará la producción de una sociedad que cada día nace y muere, ni siquiera para los pobres seres que amaron el cuerpo perdido mientras este aún poseía vida.
Por eso cuando la policía encontró partes del cuerpo de su juguete desechable que él había enterrado en distintos lugares, llegó a sentirse un poco más ansioso mientras se preguntaba si lograrían llegar a él de alguna manera. En su cabeza repasó cada menor aspecto, los cuestionamientos de compañeros mutuos o relaciones compartidas, según su propio criterio había sido cuidadoso. Se abrieron interrogatorios pero por suerte jamás lo llamaron a él para participar, pues al parecer las sospechas se dividían entre familiares o amigos más cercanos de lo que no pudo ser él.
Hubiera deseado no distraerse del caso pero de pronto alguien de su clase le hablaba de salidas en las que nunca había participado. Le hablaban personas con las que nunca en su vida sintió interés de mezclarse de manera amistosa, hasta recibía mensajes electrónicos de mucha gente extraña. Sin embargo, no tardó en descubrir de qué se trataba aquello. Por lo que fue directo a la parada de autobús donde Andy solía bajar en su regreso de su universidad, el cual abrió los ojos con sorpresa al topárselo de frente.
—A todos ellos les dije que tenía un gemelo —le espetó, lo que decepcionó a Andy.
—Supongo que es una salida fácil para esos problemas.
—Aunque algunos no me creyeron, felicidades. Ahora eres el trastornado de la familia.
—Esperaba que al menos te resistieras a reconocerme como tu hermano.
—Y yo esperaba que no usaras mi identidad para hacer travesuras. Me siento halagado. No tenía idea de que me admirabas tanto para que quisieras imitarme y fingir que eres yo.
—Es sólo… —La expresión ansiosa de Andy llamó la atención del gemelo menor.
— ¿Qué?
—…Nada, olvídalo. —Andy acomodó su mochila y encabezó la caminata hacia el edificio donde yacía el departamento de sus padres. No hablaron en el trayecto, al menos hasta que esquivaron a un par de niños que corrían en dirección contraria profiriendo groserías del tercer nivel y eso a Andrew le dio el impulso de encenderse un cigarrillo, lo que atrajo los ojos del mayor de los gemelos—. Hey, dame uno de esos.
Confundido por la petición, Andrew le entregó el cigarrillo que sostenía entre sus dedos para que Andy lo colocara sobre sus labios y quemara la punta con un encendedor nuevo que había mantenido oculto en su bolsillo. Lo vio dirigirse al muro para recargar la espalda y aspirar el humo que liberó inevitablemente entre una tos seca. Pero eso no hizo a Andy rendirse, siguió intentando hasta que consiguió fumar de forma decente.
—Mamá se pondrá furiosa cuando perciba este aroma en ti, ¿sabes?
—No me importa, estoy harto de lo que soy.
— ¿Oh?
—Siempre esforzándome en tener un buen comportamiento, ¿para qué? Para que cualquiera venga a pisotearme y se crea mucho mejor porque posee mejor máscara que yo. Siempre habrá uno más alto, más fuerte, con mejor desempeño académico. Siempre habrá uno que coja mejor. Y siempre habrá chicas que se sientan la octava maravilla porque recorren a todo el campus sin tener en cuenta que por los rincones se quejan de que no aprietan nada.
—Wow.
— ¿Qué tiene eso de glorioso? ¿Y por qué debería yo integrarme a ellos? Lo único que me importa es volver a casa y besuquearme con mi hermana mientras mis padres están en la otra habitación.
—Baja la voz, los transeúntes van a oírte —dijo con diversión, pues aunque no era un gran número de personas caminando por ahí, eso siempre detenía a su hermano para volver a reprimirse.
— ¡Me valen tres mierdas! —exclamó en cambio, haciendo reír a su hermano gemelo—. Lo admito, hermano. Desde que tengo memoria te he odiado porque siempre me mostraste tu verdadero ser, cuando te veía en casa pensaba que si yo me diera la oportunidad de librarme de las apariencias aunque fuese un momento, no me sentiría más y más agotado con cada día que pasa. Pero hoy me he dado cuenta que… no poseo una personalidad propia, porque siempre me estoy dejando llevar por todo. Quiero cumplir expectativas, quiero coronarme como una persona cuerda. ¡Pero no lo soy, maldita sea! Y siento que no puedo volver, no puedo recuperar lo que pude ser si no me hubiera dejado arrastrar por la modernidad. ¡Y la culpa es de todos!
— ¿Por eso quisiste sentir como era ser yo?
—Si. —La respuesta de Andy fue contundente.
— ¿Y fue agradable?
—…Si.
— ¿Me matarías para obtener mi identidad?
—Si —contestó dedicándole una mirada oscura. Pero contrario a estremecerse o temer por su vida, Andrew se sintió emocionado, dedicándole su mejor sonrisa complacida ya que ante él estaba su verdadero hermano, no más el recipiente vacío con el que había tratado tanto tiempo; el monstruo con piel de gallina que siempre acompañaba a la diabólica Leyley, cacareando en forma de llanto inocente como su mentira más longeva.
—Estoy feliz de conocerte por fin, Andy.
—Dame otro cigarro —ordenó y Andrew se lo concedió con picardía.
—Te aconsejaría que cuidaras tu impulsividad a partir de ahora. Sé que acabas de liberarte pero dejar ir demasiado acabará condenándote y ninguno de nosotros quiere eso.
—…Trataré de seguir tu consejo.
Y con tal cierre en su conversación, ambos gemelos se quedaron ahí compartiendo humo en absoluto silencio. Cuando volvieran a casa, Ashley estaría sorprendida de que Andy fuera el primero en abordarla en un aplastante abrazo. No lo detuvo pero le sorprendió que Andrew no hiciera una escena de celos como tenía acostumbrado, y por el contrario accedieran a compartir el calor de su cuerpo mientras estudiaban juntos. Con Andy en su regazo y Andrew recargado en su hombro, Ashley sintió como si estuviera atendiendo a dos bestias peligrosas.
