You weren't supposed to enjoy that.

Con un pronunciado bostezo Andrew se alejaba de la universidad en la que él estudiaba. Al igual que su gemelo, siempre había sido un chico inteligente con una gran capacidad de almacenar información pero –contradiciendo las percepciones psicológicas de ciertas índoles– nunca le interesó poseer un cargo de poder o renombre, así que había elegido una institución al azar para cursar porque estaba más interesado en no sobre esforzarse y tener tiempo suficiente para atender sus proyectos personales. La realidad de sus crímenes permanecía tranquila y aparentemente las investigaciones del cuerpo encontrado en el contenedor de basura hace un par de días atrás, seguía en marcha. O eso se rumoraba. También su convivencia con Andy había mejorado, suponiendo que el haberlo ayudado con su problema de asesinato y haber compartido cama junto a Ashley significara algo. Por el momento Andrew tenía cada vez menos deseos asesinos en su contra, por lo que podía tolerarlo más de lo que nunca pudo anteriormente.

Y pensando en Ashley, su mente divagó en la sensación de su piel, el calor de su aliento y su voz. Quebrada por el placer, les había mostrado aspectos en ella que nunca hubiese podido imaginar a pesar de todo.

En su momento pensó que aborrecería compartir algo tan valioso para él con su gemelo y que se desataría en su interior la inquietud de infringirle una muerte violenta cuando todo terminara. Sin embargo, fue aceptable e incluso agradable que vivieran eso los tres; no le molestó que Andy le ofreciera algunos consejos para no arruinar la unión carnal con su hermana cuando hasta le permitió que fuera quien tomara la virginidad de Ashley. Bueno, Andy había estado sumamente nervioso en ese momento y el hecho de ser el primero hizo que apreciara más a su gemelo, así que Andrew se permitió ser suave con él. Todo era tan anormal que fue precioso.

—Pero miren quién está aquí. —Andrew no tardó en ponerse a la defensiva ante el tono agresivo que le dirigió este desconocido y su grupo de amigos, a quienes miró con indiferencia—. Nada más ni nada menos que Graves. Pensaba que te habías acobardado.

—Disculpa, ¿te conozco?

— ¡No te hagas el tonto conmigo! Sabes bien lo que hiciste.

—Instrúyeme —le retó, asumiendo que lo estaban confundiendo con su gemelo. Andy siempre evitó hablar de él con cualquier persona de su círculo social después de todo; todos siempre solían enterarse por sí mismos de que existía.

—Hijo de perra, te metiste con mi novia. Así que decidimos que resolveríamos todo aquí.

—Si es así, ¿te dio miedo enfrentarme tú sólo y trajiste a todos tus amiguitos contigo para darte ventaja? Tu novia puta no tiene buen gusto por lo que veo. En grupo todo cobarde es valiente.

Y sólo con eso accionó el interruptor de aquel universitario de aspecto malandro para que arremetiera contra él. Andrew se había acostumbrado a las peleas desde que era niño, así que pudo resistir buen tiempo pero desde el principio supo que no saldría bien librado con un grupo tan grande, así que se rindió a la humillación después de que alguien consiguiera tirarlo al suelo. Cuando el grupo pareció satisfecho, se fueron dejándolo agotado y lleno de heridas. Por suerte nadie llamó a la policía y Andrew pudo marcharse cojeando hasta su parada de autobús.

En esa ciudad rara vez alguien se preocupaba por desconocidos, así que el menor de los gemelos siguió su camino hasta el departamento a paso lento. Había empezado a oscurecer cuando estuvo en el elevador del edificio y salió al pasillo hasta el departamento de sus padres.

Al cruzar la puerta el Sr. Graves se encontraba en el sillón mirando televisión y su madre en la cocina preparando la cena para ella y su esposo. la Sra. Graves no hizo más que dedicarle una mirada de desagrado para inmediatamente volver a lo suyo, sin importarle más el aspecto con el que uno de sus hijos volvía, quien inmediatamente después se dirigió a la habitación para tumbarse en la colcha donde Ashley solía dormir; completamente rendido al dolor que le aquejaba. Al poco tiempo Andy entró para hacerle compañía, mirándolo desde arriba con una sonrisa macabra adornando su cara, misma que yacía acentuada por las sombras que los rodeaban, una mueca que Andrew correspondió con ironía.

— ¿Qué tal la pelea? —Andrew no respondió, así que Andy se tomó la libertad de explicar su situación—. Ese tipo siempre ha creído que intento cogerme a su novia pero es ella la que siempre se me está insinuando. Hoy la rechacé frente a todos y la llamé puta, así que en venganza ella debió decirle al imbécil de su novio que la violé o algo. Gracias por hacerte cargo de las consecuencias por mí.

— ¿Y Ashley?

—Mamá la mandó a comprar pasta, no debe tardar en volver.

—Maldita sea, la próxima avísame.

— ¿Dónde estaría lo divertido en eso? —se burló el mayor de los gemelos, el brillo en sus ojos evidenciando su nulo arrepentimiento de ver a su gemelo en un estado tan lamentable—. Ahora… por fin, estamos a mano. Espero que hayas disfrutado perder contra mí por una vez.

—…Je, bien jugado, hermano.

—Traeré el botiquín.

Andy se retiró y Andrew entonces tuvo tiempo para reflexionar lo ocurrido. Su gemelo había cambiado, del marica total que se arrinconaba a llorar por sus debilidades no quedaba mucho desde aquel día que fumó su primer cigarrillo a su lado. Ya no temía arriesgarse o reprimir sus verdaderos pensamiento, insultar a una mujer que lo perseguía habría sido algo que el Andy del pasado jamás se habría atrevido hacer. Mientras tanto Andrew comenzaba a sentir que se estaba volviendo bastante más suave y menos amenazador que antes. También Ashley estaba irreconocible últimamente, ya que en su preparatoria comenzaba a socializar más, a utilizar el disfraz adecuado para evadir problemas con profesores u otros compañeros. Por supuesto que su comportamiento no era perfecto todavía pero era menos impulsiva al momento de que algo la molestaba y desbordaba más confianza a diferencia de cuando sólo pretendía poseerla. También habían empezado afectarle menos los comentarios despectivos de su madre.

La revelación le causó tristeza pero también felicidad, pues si aquello seguía así ya no estarían tan dispersos y formarían un equipo como se esperaría que hubiera sido desde pequeños. Pronto ni siquiera necesitaría cuidar de cada uno por sí mismo y podrían coordinarse en movimientos futuros, sólo esperaba ser capaz de verlo antes de que los recientes crímenes se destaparan.

—Andrew~ —La voz cantarina de Ashley una vez más lo sacó de sus cavilaciones. Ella cruzó la puerta con el botiquín, resistiéndose a lanzarse sobre él para mallugar mucho más sus moretones, limitándose a tan sólo a pincharlo aquí y allá con un dedo—. Te queda lucir maltratado.

—Vete a la mierda, Ashley —espetó irritado por los toques desconsiderados. Andy se unió a ellos en el suelo mientras la hermana menor se reía a carcajadas, sacando del botiquín lo poco de materiales que contenía en su interior.

—Supongo que hay una primera vez para todo.

—Espera, ¿vas a ser tú quien me cure?

—Sí, ¿por?

—Me curaré yo solo, muchas gracias. Ya que todo lo que tocas se convierte en armas peligrosas.

— ¡Oye! ¡Jódete! Te demostraré que puedo hacerme cargo de ti.

—Prefiero que te hagas cargo de mí de otra forma.

—Eso también pero esta vez voy a ser una maravillosa enfermera —dijo ella estirando los labios.

—Esa es mi Leyley —comentó Andy con orgullo, rodeándole los hombros con un brazo y dándole un beso en la sien, gesto con el que Ashley se estremeció por la dicha.

—No quiero ser tu conejillo de indias, así que aléjate de mí. —Andrew intentó empujarla pero aún con ese simple movimiento se había activado un dolor indescriptible en su cuerpo de pies a cabeza.

—Si sigues así me obligarás a amarrarte desnudo en la cama —advirtió Ashley con autoridad.

—Hey, vamos, para de quejarte y déjanos cuidar de ti —intervino Andy.

Y aunque bastante más avergonzado de lo que creería estaría en la vida, Andrew por fin cedió a las demandas de sus hermanos, permitiendo que se hicieran cargo de él. Odiaba mostrarse frágil e inútil, más sorprendentemente terminó por aceptar que no era tan malo dejarse llevar por un mal trabajo de primeros auxilios, pues la situación lo transportó a cuando todavía era niños. Definitivamente estaba bastante melancólico esos días.