Mob Mentality.
Cuando comenzó adquirir consciencia, el mayor de los gemelos comprendió que una buena actitud traía beneficios; lo notó en casa cuando comprendió que su madre actuaba como la autoridad, y que su palabra era ley para toda la familia. Ella quería evadir problemas, buscaba a toda costa ser reconocida como el mejor modelo de mujer, así que evitaba todo rumor que pudiese convertirla en un blanco incorregible, lo mismo hacía en la vida laboral, siempre caminaba por terreno seguro. Aunque no le gustase admitirlo, Andy aprendió de ella más que de cualquiera, por eso cuando su gemelo cometía una falta y tal hacía enfurecer a su madre, Andy buscaba no cometer el mismo error para ahorrarse los castigos. A diferencia de su gemelo, Andy no quería recibir gritos, no quería estudiar reacciones o ser maltratado, por ello se convirtió en alguien tan tranquilo como un fantasma.
Siguió el modelo de su padre durante mucho tiempo, porque Andrew siempre parecía buscar molestar a la autoridad con el ruido, con sus juegos extravagantes y con su actitud burlona. Andy se acostumbró a rechazar mezclarse con él debido a ello, así que su gemelo pronto se hartó de tratar de convencerlo de unirse y prefirió tratarlo como a un mueble más.
Al crecer y empezar su vida social se dio cuenta del porqué su madre se preocupaba por agradar a la gente externa, ya que al decir lo que ellos querían oír y tratarlos con cordialidad obtenía todo lo que alguien excluido no podía, así que le tomó el gusto a utilizar diversas facetas para que las personas le dieran lo que necesitaba. Si al integrarse a un grupo de personas él podría ser exculpado de todo pecado, Andy estaba dispuesto a entregar su alma. Por desgracia aquello tuvo consecuencias. Cada vez que alguien se daba cuenta de que poseía un gemelo y que compartían el mismo nombre, aquello generaba curiosidad, entonces se veía obligado a presentarlo. Andrew era impredecible incluso para él, por eso temía que fuera a dejarlo en vergüenza o se adueñara del grupo de personas a las que Andy aspiraba pertenecer.
Con su gemelo siempre fue una apuesta, especialmente porque desde el principio se había establecido una profunda rivalidad entre los dos por culpa de su desconexión familiar. Siempre se trataba de quién obtenía los mejores puntajes, quién se volvía amigo del profesor más estricto, quien conseguía lucir más inocente durante un desastre mientras no estuviera involucrada Leyley.
Ella era más debilidad de Andrew que de Andy, no porque el mayor de los gemelos no la amara, sino porque él a veces se preocupaba más por mantener la imagen que daba, aunque terminase sintiéndose fatal porque la pequeña Ashley fuera catalogada como la villana y tratada como la peste por sus compañeros mientras él recibía victimización para que el mundo lo tratara con lastima. El desarrollo de la culpa lo hizo actuar más y más sumiso con las exigencias de su hermana a medida que la gente lo trataba a él como el ángel bondadoso y a su hermana como el demonio infecto, una dinámica que a Andrew finalmente terminó por fastidiar un día.
—No eres autentico, Andy —le espetó un día que se quedaron solos a la salida de la escuela—. No eres más que otro mentiroso que quiere jugar a ser otra persona, tal y como hace mamá. Apuesto a que te divierte ponerte la piel de cordero incluso frente a Leyley.
— ¿A qué viene eso?
—Tú no amas a nuestra hermana, por eso no la mereces.
— ¿Qué? Yo la quiero, si no la quisiera no cuidaría de ella como lo hago.
—No dudo que la quieras, pero no la amas. Si la amaras no la usarías como escudo y confiarías un poco más en ella.
—Yo no… —La voz de Andy tembló irremediablemente, sabía que era verdad pero su cerebro luchaba por buscar una evasiva a este ataque aunque sólo consiguió repetirse a sí mismo una y otra vez: "no es mi culpa, no es mi culpa, no es mi culpa".
—Cuando me regañaste porque le estaba enseñando cosas malas, realmente pensé que te preocupabas por ella, ¿sabes? Pero viéndote que no la defiendes cuando los insultos han ido demasiado lejos, ya lo estoy dudando. ¿No quieres que conozca quién eres en realidad?
— ¡No voy a hacerme responsable de todos sus errores! ¡Eso no la va ayudar! —Aquel grito tan fuera de lugar resonó por la solitaria calle, haciendo eco contra las duras viviendas.
Guardando un silencio pesado e incómodo, Andrew simplemente se dio la vuelta y continúo caminando hacia la parada de autobús, en cuyo banco fue a sentarse con la mirada turquesa fija en las nubes que se desplazaban por el cielo. Andy se sentó en el otro extremo con la vista clavada en el suelo donde una fila de hormigas negras transitaban presurosas hacia un destino incierto. Le recordaron a la sociedad, tan ocupada en sus propios asuntos sin nunca sospechar que alguien podría arruinarles en camino por mero capricho.
—Me gusta jugar con la gente —comentó Andrew de pronto. Andy le prestó atención pero no lo miró—. Pienso que es divertido cuando puedo engañarlos con mi disfraz pero… no estoy actuando cuando estoy delante de Leyley, no importa que no le guste o que incluso lo odie pero… al menos ella sabe quién soy en realidad, no ve un homúnculo. Ella de verdad cree que eres este maquillaje, Andy. ¿Estás bien con eso?
—…No estoy mintiendo —fue todo lo que Andy pudo responder, sin saber que había dejado al descubierto un semblante hueco y frío, el cual Andrew percibió pero no comentó ni cuando subieron juntos al autobús de vuelta a su hogar.
Una enferma Ashley los recibió en la entrada del departamento, abrazándose –como no podía ser de otra manera– a la cintura del mayor de los gemelos con toda la alegría y energía que podía conservar alguien con fiebre y cuerpo cortado propio de una gripe común.
—Te extrañé, Andy —dijo ella con su mejor sonrisa brillante. Andy sintió una punzada en el pecho al verla así de frágil—. A ti también, Andrew. ¡Me aburría! ¿¡Qué me trajeron!?
— ¡Tachan! Medicina —se burló Andrew mostrándole dramáticamente un frasco con jarabe y una caja con pastillas. La pequeña Leyley hizo un puchero descontento con el regalo.
—No la quiero, pero la basura estaría feliz de probarla.
—La basura no la necesita. Anda, ven acá.
— ¡No! ¡Andrew!
Leyley echó a correr en cuanto vio a su hermano con intenciones de atraparla, porque Andy no hizo movimiento alguno por defenderla. Corretearon por el pequeño departamento mientras Andy miraba sin expresión en el rostro cómo hacían un desorden. Pensó en su madre y lo molesta que estaría al ver las sillas en el suelo y las pocas decoraciones rotas. Sin embargo, la vista de su gemelo tirando a su hermana pequeña al suelo mientras la inmovilizaba con sadismo para administrarle la medicina directo a la boca, le hizo saber en lo feliz que estaba de tenerlos a ellos. Eran ruidosos y un desastre de seres vivos pero estaba convencido de que cuando todos se pusieran en su contra, sus hermanos serían los únicos en aceptarlo, ya que los tres juntos serían capaces de hacer cosas peores.
Se preguntó si sería un error no mostrarle a su hermanita quién era realmente.
