¡YAHOI! Bueno, pues os lo debía: el epílogo que da el fin de los fiens a esta historia.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Epílogo


Hacer la ronda era lo peor de su rutina diaria en el hospital. Necesario, por supuesto, pero engorroso. Hablar con los familiares de los pacientes siempre era tedioso. Sobre todo porque lo acosaban a preguntas y en muchas ocasiones hasta llegaban a contradecir su dictamen.

A veces se preguntaba por qué demonios había decidido estudiar medicina y, aún por encima, especializarse en cirugía de trauma y medicina de urgencias. Ambas especialidades le robaban tiempo, mucho. Pero tampoco lo cambiaría por nada. Menos cuando veía el agradecimiento y la felicidad de las personas cuando algún ser querido lograba superar un periodo difícil derivado de su condición.

Se paró frente a la última habitación y se replanteó entrar. El paciente que se encontraba dentro era el más difícil con el que había tenido que lidiar hasta el momento. Cabezota, deslenguado, respondón…

Frunció el ceño. No iba a permitir que un idiota cualquiera le echase a perder el poco buen humor que tenía esa mañana. Las noticias que le habían llegado del ala de maternidad habían hecho que afrontase con renovados ánimos la tarea de hacer las rondas.

Y ningún paciente imbécil iba a aguarle el estado de ánimo. Agarró la manilla de la puerta y empujo, abriendo la puerta y cerrándola tras de sí. Sintió un zumbido en el aire y por acto reflejo puso la mano frente a su cara, atrapando así un yogurt volador.

―Lástima. Me habría encantado ver tu cara llena de ese asqueroso yogurt de arándanos. ―La voz femenina cargada de resentimiento no hizo que variar su expresión imperturbable ni un ápice. Se acercó a la cama, tirando el bote de yogurt en la papelera, sabiendo que no se lo iba a comer.

―¿Cómo te encuentras esta mañana?

―Peor, ahora que he visto tu careto de imbécil.

―Veo que las constantes se han mantenido estables y no has vuelto a tener un ataque ni arritmia. Eso significa que el corazón por ahora te aguanta, pero necesitaremos operarte pronto. Empezaremos las pruebas mañana, estoy seguro de que encontraré hueco. Vendrá una enfermera a sacarte sangre a primera hora…

―¡En tus sueños voy a permitir que me rajes, hijo de puta! ¡Mi cuerpo es mío y no se toca! ¡No pienso dejar que nadie, y mucho menos un inútil como tú, ande manoseando mis órganos internos! ¡¿Me has oído, Namikaze?! ¡Deja de escribir en esa puñetera tablet, maldito idio-

―¡Menmaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Boruto acaba de sonreír! ¡Lo ha hecho! ¡De verdad que sí! ¡Mira, mira!

―¡Señor Uzumaki, por favor, le hemos dicho un millón de veces que no puede salir corriendo así por el hospital! ¡Y menos llevando a un recién nacido!―Menma sintió que un dolor de cabeza comenzaba a palpitar en su sien. Inspiró hondo y exhaló fuerte, armándose de paciencia. Luego, se giró hacia el tarado de su hermano mayor, que ignoraba los esfuerzos de la pobre enfermera por llevárselo y solo parloteaba entusiasmado sobre la nueva incorporación a la familia.

Para sorpresa de todos, el bebé permanecía ajeno a todo, envuelto en su mantita y acurrucado en los brazos de su padre, durmiendo plácidamente. Seguramente tras nueve meses soportando los berridos de Naruto desde la barriga de la santa de su madre lo había hecho inmune ya a cualquier alteración de los decibelios que se considerarían normales.

Menma ignoró toda la extraña situación y se acercó a su hermano, deseando darle un merecido capón pero conteniéndose tan solo porque estaba sosteniendo lo más precioso que había en estos momentos en la vida de ambos. Y por nada del mundo pondría en peligro la vida de Boruto, su sobrino recién nacido, quién era el único capaz de hacerle sonreír de verdad.

Así que extendió los brazos, en una exigencia silenciosa. Entusiasmado y sonriente, Naruto le pasó con sumo cuidado a Boruto, insistiéndole una y mil veces―como si él fuera el torpe de la familia―en que le sujetase la cabecita. Menma lo acomodó en el hueco de su codo. Boruto arrugó un momento su naricita de bebé y buscó acomodo en esos nuevos brazos, para luego suspirar y soltar un balbuceo, volviendo a quedar plácidamente dormido. Menma sintió el calorcito crecer en su pecho y, una vez se hubo asegurado de tener a Boruto bien sujeto, entonces sí, le propinó a su hermano el tan merecido capón―aunque un poco más suave de lo acostumbrado; tal vez ser tío lo estaba ablandando.

―Idiota. Te dije que no causaras problemas en el hospital. ¿Has dejado a Hinata sola?―Naruto parpadeó.

―La dejé dormida. Necesita dormir. Y además, ¡Boruto me ha sonreído! ¡¿Lo has visto?! ¡¿Lo has visto?!

―Vaya, ahora entiendo de donde viene la idiotez. Es de familia. ―Ambos hermanos giraron la cabeza hacia la voz. Menma maldijo para sus adentros y Naruto pareció avergonzado al darse cuenta de que, en sus prisas por presumir de su hijo ante su hermano pequeño, había invadido la privacidad de otra persona.

―Oh, lo siento. No me di cuenta de que esta era una habitación ocupada'ttebayo. Menma, devuélveme a Boruto. Ya nos vemos luego. ―Menma se resistía a obedecer, pero sabía que sería lo mejor dadas las circunstancias.

―Mmm… me pregunto quién es la desgraciada que se ha casado con el tonto del año. ―Menma se puso rígido. Una cosa era que él pensara o insinuara que su hermano era un idiota―porque lo era, la mayor del tiempo―y otra muy distinta que otra persona completamente ajena lo insultara, a él y a su cuñada, la persona que había conseguido que su hermano por fin abriera los ojos y dejara de ponerse en peligro de manera absurda.

Además, él amaba a su hermano. Era tan simple como eso.

―Ten. ―Puso a Boruto nuevamente en los brazos de su padre―. Menos mal que Hinata ha podido descansar algo lejos de tu careto. ―Naruto frunció el ceño.

―¡Oye!

―¿Aún estáis aquí? Me pregunto si podría entonces descuartizaros y lanzaros al mar. Total, sería defensa propia si es mi habitación, ¿no?―Naruto palideció y apretó el cuerpecito de su hijo contra él, observando para la sonrisa siniestra y terrorífica en el rostro femenino.

―Menma… Tu Hinata da miedo'ttebayo. ―El aludido alzó las cejas.

―¿Mi Hinata? ¿De dónde has-

―¡Eh, qué cuchicheáis vosotros dos, engendros del demonio!―Naruto retrocedió y miró con compasión para su hermano pequeño, poniendo una mano en su hombro.

―Yo te apoyo, hermano. Lo sabes.

―Largo―soltó entre dientes. Naruto sonrió y, tras levantar el pulgar en su dirección y guiñarle un ojo, finalmente se fue, seguido de cerca por la enfermera, que quería asegurarse de que ese exasperante padre primerizo no volviera a salir de la habitación donde su pobre esposa―a la cual todo el hospital ya compadecía―descansaba.

Cuando la puerta finalmente se cerró, Menma se enfrentó de nuevo con su paciente, la cual lo observaba, ahora entre curiosa y recelosa.

―Bien, como iba diciendo-

―¿Ese era tu hermano?―Menma le disparó una mirada de reproche por haberlo interrumpido.

―Sí.

―Ajá, y llevaba un bebé. ¿Tu sobrino?―Menma arqueó las cejas, como preguntando a qué venía tanta curiosidad. La joven, por primera vez desde que estaba encerrada entre esas cuatro paredes, desvió la mirada, sonrojada―. Se nota que te quiere―murmuró.

Menma apagó la tablet y la metió bajo un brazo, mirando fijamente para ella, ahora curioso. Era la primera interacción positiva que recibía de la chica. Se acercó con paso seguro a ella y se sentó en el alféizar de la ventana, mirando para el paisaje de fuera como estaba haciendo ella.

―Y yo a él. Aunque lo negaré si algún día se lo dices. Fervientemente. ―Un amago de sonrisa curvó los labios femeninos.

―¿Cómo sabía mi nombre?―Menma suspiró.

―Porque es un cotilla. Parece la vieja chismosa del barrio algunas veces.

―Te preocupas por él. ―Menma pensó lo siguiente que iba a decir a continuación. No quería desaprovechar esa rara oportunidad en que su paciente se estaba abriendo a él. La confianza era imprescindible en la relación médico-paciente.

―Es lo menos que puedo hacer. Se lo debo. ―La chica quiso indagar más. Aquel críptico y serio médico era el primero que no se rendía con ella. A pesar de todos sus desplantes, su comportamiento y sus amenazas era el único que la había escuchado. Cuando tuvo si primer ataque de pánico en urgencias fue él el que dio orden de trasladarla a una habitación individual con ventanas al exterior.

Cuando intentó huir la primera vez, la pilló en la parada del bus que había cerca, lloviendo a cántaros y empapada y, bajo la lluvia, se la echó al hombro―le avergonzaba haber perdido la pequeña pelea―y la llevó de vuelta al hospital, con ella chillando como la loca que todos decían que era.

No sabía porqué, pero no volvió a intentar irse. Su instinto le decía que él la encontraría y la volvería a traer de vuelta, a la fuerza si era necesario.

―¿Por qué te preocupas tanto por mí?―Menma suspiró. Eso mismo se preguntaba él. ¿Tal vez había desarrollado una especie de complejo de cuidador después de haber pasado toda su vida intentando que su hermano no se muriera por culpa de la insensatez del mismo?

O tal vez, es que esos ojos lila le recordaban demasiado a Hinata, la única mujer que había sabido doblegar la férrea voluntad de su hermano y también la suya propia, al obligarle a ser menos huraño y más accesible, al menos para Naruto y ella.

Y no solo su voluntad, sino también…

Sacudió la cabeza. Aquellos pensamientos sobre el pasado no le hacían bien. Hinata era lo mejor que le había pasado a Naruto en toda su vida. No iba a ser él el que echara por tierra el amor que ambos se tenían. Porque Hinata, desde el primer momento, solo había tenido ojos para su hermano.

Y en lo más hondo de su alma, Menma deseaba lo mismo para él. Aunque no hubiera podido ser con quién realmente deseaba.

La miró, con la determinación brillando en sus ojos azules.

―Porque ahora, eres mi responsabilidad. Y hasta que no considere que has dejado de serlo, no saldrás de este hospital. ―Se levantó de la ventana y se encaminó a la puerta, mientras sentía una ligereza en el pecho que solo le había sentir su pequeño sobrino en el mismo instante en que su madre se lo puso en brazos, para que el pequeño conociera a su tío.

Sonrió para sí mientras cerraba la puerta. Tendría que darle las gracias a su cuñada. Por dejar que la oportunidad de abrirle su corazón a la persona adecuada arraigase en su interior.

Ahora, podía dejar su corazón abrazase por fin esa posibilidad. Solo le hacía falta paciencia y mucho, mucho aguante.

Pero estaba seguro de que valdría la pena.

Todo lo valía por poder tener su propio final feliz junto a su familia.

Y fueron muy felices y comieron perdices.

Fin Epílogo


¡AL FIN! He tardado lo mío y sé que no es lo que muchos esperaríais, pero quería darle a Menma su nuevo comienzo. Y sí, esta Hinata del final es la Hinata chunga de la película Road to ninja. Desde que empecé a escribir este fanfic corto, supe que el epílogo sería de este estilo.

Así que ahí está. ¿Me dejáis vuestra más sincera opinión en un bonito comentario? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.