Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.
Lo que el día le debe a la noche
Parpadeando, esperando pacientemente a que el teclado fuese utilizado para ingresar palabras, el cursor del procesador de texto titilaba miles de veces sin que lograse ganarse la atención de la afligida mujer frente a él. Misato, quien se hallaba en su pequeña oficina, mantenía su cabeza reclinada sobre sus manos entrelazadas al no ser capaz de concluir el informe de la primera batalla contra un ángel.
Habiendo pasado un día entero desde que la pelea inaugural de Nerv se llevó a cabo, según lo estipulado en las normas posteriores a un combate, ya debería haber terminado de redactar y narrar los hechos para que el Comandante Ikari los leyese. No obstante, tomando en cuenta que el mismísimo Comandante presenció la lucha, para Misato era un sinsentido describirle algo que él mismo observó.
Así pues, apeteciendo una cerveza, levantando la mirada por primera vez en más de una hora, Misato soltó un soplido al reacomodarse en su silla al ver el monitor de su computadora. Escuchando los numerosos crujidos de sus huesos al estirar su espalda adolorida por la tensión, Misato, posando sus dedos encima de las teclas, intentó hacer su trabajo sabiendo que no podía evadir tal responsabilidad.
Por ende, releyendo los párrafos iniciales que redactó antes de detenerse, plasmando, de modo escrito, cada uno de los eventos que finalizó en la derrota del primer ángel que se manifestó luego del Segundo Impacto, Misato se vio abrumada, una vez más, al llegar a la frase exacta donde mencionaba el estado actual del piloto del Eva 01, el cual, llenándola de una inmensa culpa, volvió a alejarla del computador.
Viéndose incapaz, de nuevo, de completar aquella tarea, Misato se reclinó hacia atrás colocando su vista en el ventilador que giraba en el techo. Desde el instante en que su padre le salvó la vida en la Antártida, comprendiendo la naturaleza hostil de aquellos seres que buscaban la extinción de la raza humana, Misato, con deseos de venganza, aguardó con impaciencia a que la guerra contra ellos diese comienzo.
Por lo tanto, tan pronto como las heridas físicas que dejaron huella en su cuerpo sanaron, Misato, al ir creciendo, se esforzó por dejar atrás toda debilidad infantil para obtener así la fuerza con la cual vengar a su padre cuando llegase la hora de luchar; empero, para su desdicha, fue al unirse a Nerv que la realidad le hizo darse cuenta que las armas convencionales no podrán eliminar a los llamados "Ángeles".
Debido a cuestiones científicas que se escapaban de su entendimiento, Misato vio sus fantasías desmoronarse al enterarse que esos monstruos poseían la habilidad de protegerse con una barrera de energía totalmente impenetrable para el armamento tradicional humano. Sin importar qué tan poderosas fuesen las bombas N2, los ángeles, gracias a dicho escudo, las resistirán con facilidad.
Tal desilusión, empujándola al alcohol, la incitó a creer que todos sus años de duro entrenamiento militar no fueron más que una pérdida de tiempo. Sin embargo, tomándola por sorpresa, Nerv tenía un as bajo la manga que prometía ser la carta de salvación para la humanidad, el cual, haciendo ver a los ejércitos de las Naciones Unidas como antigüedades obsoletas, la dejó boquiabierta al impresionarla.
Si bien Ritsuko le repetía hasta el cansancio que las Unidades Evangelion no eran totalmente robots, para Misato, quien solía padecer intensas jaquecas al escuchar las explicaciones de Ritsuko, prefería ignorar la compleja terminología técnica al respecto para interesarse más en las capacidades bélicas de aquellos titanes de acero. Así, al hallarse frente a los enormes Evas 00 y 01, otra dura verdad la golpeó.
Ella, por más que quisiese vengar la muerte de su padre con sus propias manos, nunca podrá hacerlo.
Debido a varias razones que, por más que lo intentase, no conseguía entender del todo, Misato jamás logrará la valiosa sincronización que era requerida para pilotear a los Evas; asimismo, al ser ya una mujer adulta, no le era posible cumplir con la edad adecuada para convertirse en piloto de un Evangelion. Por ello, una vez más, su anhelada venganza daba la impresión de ser un simple capricho inalcanzable.
Aunque, al ser promovida al rango de Directora de Operaciones, Misato, quedando a cargo de las niñas que pilotearán a los Evas cuando el momento de pelear se presentase, vio en ellas la oportunidad de plasmar su tan ansiada revancha contra los ángeles. Por ende, olvidándose que eran niñas de la misma edad que ella tuvo cuando el Segundo Impacto ocurrió, Misato las veía como meras herramientas.
Tanto Rei en Japón como Asuka en Alemania, cada una de ellas, siendo llevadas al borde de su resistencia, se preparaban y pulían sus técnicas de pilotaje para estar listas al verse cara a cara ante el primer ángel que apareciese en Tokio-3. Empero, destrozando todos los planes que Misato acumuló durante los últimos años, la primera batalla real contra un ángel no fue encarada por ninguna de ellas.
– Perdóname, Shinji. Por favor, perdóname.
Volviendo a mirar la pantalla de su ordenador donde su informe continuaba incompleto, Misato, mareándose al ver la titilante danza del cursor al seguir esperándola, se vio atacada por unas terribles náuseas provocadas por el remordimiento de haber enviado al matadero a un niño inexperto y asustado. Así pues, necesitando con urgencia aire fresco, Misato se puso de pie para salir de su oficina.
Sin mirar atrás, huyendo de la sombra de la culpa que se extendía hacia ella, Misato cruzó la puerta de su despacho topándose de lleno con los solitarios y laberínticos pasillos de la base subterránea de Nerv. Pese a que trabajaba allí desde hace ya más de un quinquenio, todavía sin memorizar las incontables rutas que conformaban las instalaciones, Misato, para enojo de Ritsuko, solía perderse al confundirse.
– Si tan sólo tuviera una cerveza, ya me sentiría mucho mejor.
Hablando consigo mismo, aprovechando que era la única en aquel extenso corredor, Misato balbuceó con levedad al comenzar a caminar con la intención de despejar su mente. No sabía hacía dónde se dirigía, podría bajar hasta el nivel más inferior para después subir a la superficie; sin embargo, al recordar los daños colaterales dejados por la pelea de Shinji, Misato prefirió quedarse bajo tierra.
Debería sentirse feliz por la primera victoria de Nerv; debería sentirse satisfecha de saber que la matanza de ángeles que deseó por más de una década finalmente empezó, pero como si hubiese bebido en exceso, al mejor estilo de una resaca muy pesada, la imagen mental del rostro de Shinji no dejaba de atormentarla, ya que, al fin y al cabo, fue Shinji, y no ella, quien debió arriesgar su vida por tal victoria.
– ¿Entonces vamos a reunirnos con mi padre?
Sin importar que tan deprisa caminase por aquellos angostos senderos, Shinji, manifestándose más vívidamente en la memoria de Misato, la llevó a recordar la tímida pregunta que él le planteó mientras viajaban en su automóvil en dirección a Nerv. Misato, quien sudaba cada vez más, sintiendo cómo su sudor se acumulaba en su faz arruinando su maquillaje, se escuchó a sí misma respondiéndole a Shinji.
– Así es, tú padre es el Comandante de Nerv. Tengo órdenes de llevarte con él sano y salvo.
Mirándolo de reojo, fingiendo que retocaba sus labios con su lápiz labial, Misato se percató de la creciente incomodidad y nerviosismo que se palpaba en la cara de Shinji. Igualmente, al observar sus manos posadas sobre sus rodillas, notó el ímpetu con el cual Shinji apretaba sus puños. Era obvio que la relación entre Shinji y su papá no era muy buena. El aroma a discordia, como perfume, se olía en el aire.
Tal cosa, haciéndola recordarse a sí misma en su niñez, le hizo pensar en el ferviente odio que ella no dudaba en expresar contra su padre por preferir más sus investigaciones que estar en casa con ella y su madre. Irónicamente, cuando él la invitó a una de sus expediciones científicas para pasar tiempo juntos, el Segundo Impacto, destruyendo el mundo que conocía, se lo arrebató al sacrificarse él para salvarla.
Y fue al pensar en ello, sin olvidar la sangrante silueta de su padre que la refugió en una cápsula salvavidas, que Misato, entendiendo que Shinji será otra arma a su alcance, no se demoró en mostrarle la documentación oficial de Nerv para que el hijo del Comandante Ikari comenzase a familiarizarse con su nuevo entorno. Poco o nada le importaron los temores de Shinji, solamente se mentalizó en utilizarlo.
– Todo esto es muy complicado, hay muchas cosas que no entiendo.
– No te preocupes por eso, te aseguro que muy pronto lo entenderás todo de maravilla.
Luego de verlo impresionándose por la enormidad del Geofrente, explicándole, con rapidez, cuál era la misión de Nerv, Misato se dispuso a llevarlo hacia el lugar donde Shinji se reencontraría con su padre. No obstante, en un giro de los sucesos que sinceramente no vio venir, Ritsuko, quien apareció en su rescate al haberse extraviado una vez más, los condujo hacia el hangar donde reposaba la Unidad 01.
Como era natural suponer, Shinji, al pararse a centímetros del gigantesco rostro metálico del Eva 01, se sorprendió por su colosal tamaño. Misato, en ese crucial instante, comenzó a planear la larga y tediosa rutina de adiestramiento que Shinji recibiría de su parte cuando fuese reclutado oficialmente como piloto; empero, tomándola por sorpresa al no imaginar lo que pasó, nada ocurrió como lo pensó.
– ¿Activar la Unidad 01? –Misato, en tanto continuaba caminando sin rumbo por los pasillos de Nerv, se estremeció al evocar su incredulidad ante las órdenes del Comandante Ikari– ¡Pero Rei aún se encuentra en la enfermería y no tenemos a un piloto de reserva para pilotear la Unidad 01!
– Claro que sí tenemos disponible a un piloto de reserva, lo estoy viendo justo ahora–Ritsuko, con una frialdad que incluso estremeció a Misato, no se anduvo con rodeos con respecto a Shinji.
Shinji, quien no tuvo dificultades para darse por aludido, se encogió sobre sí mismo al ir sucumbiendo ante el pánico que se incrementaba sobre sus hombros. Misato, renunciando a la efímera empatía que poseyó para Shinji, al escuchar los retumbos causados por el ángel que atacaba la metrópoli encima de sus cabezas, sabía que Ritsuko estaba en lo correcto al no contar con más opciones a su disposición.
Asuka, quien ostentaba las mejores estadísticas en todas las simulaciones y pruebas, siendo, sin duda alguna, la mejor piloto en el arsenal de Nerv, todavía se situaba en Alemania, a kilómetros de distancia de Japón, lo cual, por obvias razones, descartaba por completo que ella luchase. Ayanami, por otro lado, habiendo sufrido un accidente con su Eva 00 unas semanas antes, todavía no podía salir a combatir.
De haberle sido posible, ella misma, sin que nadie pudiese persuadirla de lo contrario, hubiese piloteado la Unidad 01 para materializar su codiciada revancha contra los ángeles; no obstante, al no tener más cartas con las cuales jugar, Misato, como lo hacían Ritsuko y el Comandante Ikari, depositó todas sus esperanzas en aquel niño sin entrenamiento e inseguro de sí mismo que temblaba de miedo junto a ella.
Pero demostrando un coraje inesperado que contrastaba con su temerosa apariencia, Shinji, gritando en voz alta, se giró en contra de su padre al reclamarle el porqué de su presencia allí. Misato, reflejándose en Shinji por segunda ocasión, rememoró aquellos días antes del Segundo Impacto cuando le reprochaba a su padre por abandonarla a ella y a su madre al optar encerrarse en su laboratorio.
Con tal demostración involuntaria de valor y determinación, Shinji, sin pensarlo ni quererlo, únicamente consiguió que Misato lo catalogase como el arma más valiosa al servicio de la raza humana. Ante tal situación, interrumpiendo el nada amistoso intercambio de palabras entre Shinji y el Comandante Ikari, Misato dio un paso al frente al aproximarse a Shinji para agacharse y colocarse a la altura de su cara.
– ¡Shinji, ya no puedes seguir huyendo más! –Misato, con una crueldad que en el presente la mortificaba por la dureza de sus actos, en aquel entonces, al ir aumentando el número de explosiones causadas por el ángel, intentó, por todos los medios existentes, convencer a Shinji para que pilotease– ¡Sé que estás asustado, pero necesitamos que pilotees o todos moriremos!
– ¿Cómo pueden pedirme que haga algo así? –Shinji, con toda la razón del mundo, les señaló que tal cosa no era más que una completa locura– ¡No tengo idea de cómo controlar ese robot! ¡No podré lograrlo!
A raíz de la insistente y muy justificada negativa de Shinji para no pilotear la Unidad 01, Ayanami, por órdenes directas del Comandante Ikari, fue convocada a su puesto de batalla a pesar de las gravísimas heridas que aún arrastraba de su percance. Misato, por más que consideraba que Shinji era una alternativa más prometedora que una lastimada Ayanami, se dispuso a presentarse en la sala de control.
Pero frenando sus pasos, en un acto que pareció ser inducido por la mismísima providencia, uno de los violentos temblores que sacudió la base de Nerv tiró al suelo a los allí reunidos. Del techo, desprendiéndose justo donde Shinji se hallaba tirado, varias lámparas se precipitaron hacia él con la intención de aplastado; sin embargo, sin ninguna explicación, el Eva 01 se movió para proteger a Shinji.
Ni Misato ni Ritsuko se dieron cuenta debido a la conmoción, pero el Comandante Ikari, sonriendo con confianza y seguridad, fue el único que no se asombró por lo sucedido ni tampoco se cuestionó cómo era posible que la Unidad 01 se haya movido por sí sola. Así pues, conmovido por la fragilidad de una Ayanami que gemía de dolor en sus brazos, Shinji; pese a sus pavores, aceptó pelear dentro del Eva 01.
– Sin Shinji, todos hubiéramos muerto, de eso no hay duda–Misato, haciendo un alto en su camino, extendió una mano hacia la pared de su derecha para reclinarse en ella mientras susurraba–lo que pasó tenía que pasar, un Tercer Impacto hubiera sucedido si Shinji no hubiese salido a enfrentar a ese ángel.
Misato, sintiendo que la culpa se aproximaba a ella al estremecer su espalda, desesperada por ahuyentar aquel sentir, se esforzó en excusar sus decisiones al alegar que de no haber sido por Shinji, toda la humanidad, en ese mismo momento, ya hubiese sido exterminada y borrada del mapa. Por ende, agradeciéndole al cielo que nadie estuviese cerca para mirarla, Misato se apresuró a irse de allí.
– ¿Te encuentras bien, Shinji?
– Sí, creo que sí.
En tanto empezaba a acelerar el ritmo de sus pasos, la sombra de Shinji, sin que abandonase sus recuerdos, la forzó a evocar cuando la lucha contra el tercer ángel se hallaba a escasos minutos de iniciar. Años antes, al imaginar aquella confrontación, Misato confiaba en que Asuka o Rei asumiesen el desafío sin temor, pero al ser Shinji quien lo estaba haciendo, un mal augurio dinamitó sus esperanzas.
– Shinji, quiero que te enfoques en caminar, piensa únicamente en caminar–Ritsuko, acompañándola junto a los demás en la sala de control, no le prestaba ninguna atención al bienestar de Shinji al sólo interesarle su desempeño al pilotear–trata de mover la pierna derecha, intenta dar un primer paso.
Lógicamente, al carecer de cualquier tipo de entrenamiento o preparación previa que le enseñase lo que debía hacer, Shinji, ante la mirada angustiada de los integrantes de Nerv, se desplomó en las calles vacías de la ciudad al no lograr dar un primer paso. Por otro lado, el ángel, quien no vaciló en sacarle provecho a la evidente debilidad de su adversario, se acercó a la Unidad 01 para iniciar con su ataque.
– ¡Cuidado, Shinji! –Misato, asumiendo su rol como la Directora de Operaciones, vociferó de inmediato al darle indicaciones a un Shinji que se paralizó del miedo– ¡Levántate Shinji, tienes que levantarte!
Como si la hubiese podido escuchar, usando las garras de su mano izquierda, el ángel sujetó al Eva 01 de su cabeza al levantarlo en el aire demostrando su titánica fuerza física. Asimismo, extendiendo el brazo izquierdo de la Unidad 01, el ángel estiró y retorció dicha extremidad llegando al extremo de romperla. Misato, junto al horrorizado personal de Nerv, solamente se quedó congelada al oír a Shinji gritar.
Comportándose como lo que era, un niño asustado e indefenso, Shinji gritó sin parar al padecer un dolor tan intenso que le hizo creer que su propio brazo fue realmente destrozado. Misato, reaccionando al recordar que el Comandante Ikari observaba y evaluaba su trabajo desde su trono en las alturas, se prestó a hablarle a Shinji en un esfuerzo infructuoso por persuadirlo de que dicho dolor no era real.
Y sacándole más ventaja al caos y a la confusión que reinaba en Nerv, el ángel, haciendo alarde de sus habilidades, les mostró a los humanos una de sus armas secretas. Una especie de lanza, hecha con sus propios huesos, comenzó a impactar contra el ojo derecho de la Unidad 01, haciendo que los gritos de Shinji, al infringirle más sufrimiento, estremeciesen los oídos de Misato al oírlo suplicar por su vida.
– ¡Shinji, reacciona! –Escuchando a Shinji, quien se encontraba a merced de su contrincante, Misato, una vez más, buscó la manera de tranquilizarlo para comenzar con el contraataque– ¡El dolor que estás sintiendo no es real, si no te defiendes el ángel te matará!
– ¡El cráneo fue fracturado! –Maya Ibuki, volteándose hacia Misato y Ritsuko, les alertó de la gravedad de los daños de la Unidad 01 luego de ver las lecturas en su consola– ¡Si recibe otro golpe directo más, será perforado!
Segundos más tarde, haciéndose realidad las advertencias de Maya, la cabeza de la Unidad 01 fue atravesada por la lanza del ángel perforando su cráneo de extremo a extremo. Enseguida, brotando a raudales sobre la ciudad como si fuese sangre, miles de litros de LCL se derramaron de la herida abierta del Eva 01 provocando que todas las alarmas y sirenas se encendiesen en el cuartel general de Nerv.
– ¡El piloto no responde! –Makoto Hyuga, ladeándose hacia Misato, la puso al tanto del estado de Shinji– ¡No recibimos datos desde el interior de la cabina!
– ¡Shinji!
Habiendo rememorado el llamado angustiado que soltaron sus labios al preocuparse por Shinji, Misato, de vuelta en el presente, se giró hacia su derecha descubriendo que, inconscientemente, su aparente caminata sin rumbo la condujo hacia el pabellón médico de Nerv donde Shinji se mantenía desde que fue extraído de la Unidad 01, al terminarse, con una milagrosa victoria, la lucha contra el tercer ángel.
Así pues, percibiendo el aliento gélido del arrepentimiento chocando en la piel de su nuca, Misato, sin que pudiese seguir escapando, aceptó que la única manera de liberarse de aquel sentimiento era disculpándose con Shinji por lo ocurrido. Por ende, armada de valor y coraje, Misato ingresó en aquel sector de la base mirando la enorme cantidad de camas vacías que yacían a ambos lados de su vista.
No sabía con exactitud qué ruta la llevaría hacia Shinji; no obstante, determinada a no irse de allí hasta haberlo encontrado, Misato vio su búsqueda interrumpirse de repente, cuando Ritsuko, saliendo de una las habitaciones cercanas, se sorprendió al verla en aquel sitio.
– ¡Vaya, qué sorpresa verte por aquí! –Ritsuko, quien nunca se quitaba su acostumbrada bata de laboratorio, pensaba salir a fumar un cigarrillo cuando se topó con Misato– ¿A qué debo tu visita, Misato?
– Quiero ver a Shinji, necesito verlo una vez más.
– ¿Estás segura de eso, Misato? –Asombrada por la respuesta tan clara y concisa de Misato, Ritsuko, arqueando una ceja, volvió a plantearle otra pregunta–no tengo la autoridad para impedirte verlo, pero debo advertirte que su aspecto podría impresionarte demasiado. Incluso a mí me impactó la magnitud de sus lesiones.
– Entiendo, pero, de todos modos, quiero verlo.
Misato, percatándose del breve silencio incómodo que las envolvió a las dos, reafirmó sus intenciones al aproximarse a su vieja amiga de cabellos rubios, y al hacerlo, viendo de soslayo el interior de la recámara de donde salió Ritsuko, la Capitana Katsuragi miró a Ayanami en la distancia acostada en una litera, mientras diversas máquinas, al continuar inconsciente, vigilaban y analizaban sus signos vitales.
La Doctora Akagi, dándose cuenta de las miradas curiosas de Misato hacia la piloto del Eva 00, sonrió con diversión al asegurarle que Rei se repondrá de sus heridas en unos cuantos días más. Misato, no importándole que fuese descubierta, se alegró sinceramente por ella, al avergonzarse, en sus adentros, por no haberse preocupado por Rei al sólo verla como un arma para alcanzar su amada venganza.
Sin más, volviéndole a pedir a Ritsuko que la llevara con Shinji, Misato escuchó a la científica conceder su petición al decirle que la acompañara. De dicho modo, abandonando aquella área del pabellón médico de Nerv, ambas mujeres, sin hablarse durante el trayecto, se dirigieron hacia la morgue. Y fue allí, en tanto Misato sentía los vigorosos latidos de su corazón, que más recuerdos vinieron a ella.
– ¡Misato!
Siendo la voz enfurecida de Ritsuko la que la sacó de su letargo, Misato, viéndose a ella misma de nuevo en medio de la batalla de ayer, contempló con impotencia cómo la Unidad 01, dañada y reclinaba en un edificio residencial, no daba señales de vida al permanecer inmóvil. Ante esto, maldiciendo mentalmente por haber fracasado, dejó a un lado sus deseos de revancha para enfocarse en Shinji.
– ¡Esto se acabó! ¡Aborten la misión! –Misato, girándose hacia Maya y Hyuga, ante la mirada atenta del Comandante Ikari a varios metros por arriba de ella, no vaciló en dar órdenes– ¡Nuestra prioridad es rescatar al piloto con vida! ¡Expulsen la cápsula de inmediato, sáquenlo de ahí!
– ¡El sistema de expulsión no funciona, no tenemos ningún control sobre la Unidad 01!
Sin saber cuáles eran las condiciones de Shinji, esperando que el sistema de soporte vital interno del Eva 01 lo mantuviese a salvo, Misato, junto a todos los demás, presenciaron lo que sólo podían catalogar de un milagro. La Unidad 01, tal y como ocurrió en el hangar al moverse por sí sola, se reactivó al emitir un bestial rugido animal que fue escuchado con claridad a pesar de hallarse lejos de ellos en la superficie.
Seguidamente, la Unidad 01, realizando una acrobática pirueta propia de un atleta olímpico, se arrojó como una fiera salvaje contra el ángel embistiéndolo al caerle encima. Fue tan impresionante e inesperado aquel suceso, al menos no para un sonriente Comandante Ikari, que Misato y sus subordinados se olvidaron totalmente de Shinji al no tener palabras para describir lo que observaban.
La pelea se alargó por unos cuantos minutos más, en los cuales, conteniendo el aliento, Misato vio al Eva 01 realizar una larga lista de hazañas imposibles para un piloto inexperto como Shinji. Empero, al mantener un endeble atisbo de raciocinio, era más que obvio que ni siquiera alguien entrenado como Asuka o Rei, podrían regenerar un brazo roto o penetrar un Campo AT empleando solamente las manos.
Pese a eso, sea lo que sea lo que estuviese sucediendo, estaban ganando. El ángel, quien hasta hace unos cuantos instantes poseía la ventaja a su favor, sin que sus poderosas ráfagas de energía tuviesen efecto alguno en el Eva 01, empezaba a ser ampliamente superado por las abrumadoras capacidades ofensivas de su oponente, el cual, al ser imparable, se dio el lujo de romperle sus extremidades.
Por tal motivo, habiéndose invertido los papeles, el ángel recibió una interminable lluvia de puñetazos y patadas que lo hicieron caer al suelo sin que lograse revertir la situación. En consecuencia, renunciando a ganar, el ángel tomó la decisión de inmolarse a sí mismo al abrazar al Eva 01 con el propósito de autodestruirse. Y así, sin que Misato ni nadie más en Nerv consiguiese hacer nada, el ángel explotó.
Una cegadora detonación, dibujando una resplandeciente estela con forma de cruz, iluminó la urbe en su totalidad al elevarse hasta las alturas, superando, inclusive, a los más altos rascacielos de Tokio-3. Aquello, causando una conmoción gigantesca en Misato y sus subalternos, los hizo cuestionarse cuál era al paradero de la Unidad 01 y Shinji, la cual, como si los hubiese escuchado, les respondió al reaparecer.
Dando la impresión de ser una criatura infernal, cruzando una pared de llamas al estremecer el piso bajo sus pies, la Unidad 01 avanzó victoriosa e indomable enmudeciendo a todo el personal de Nerv que; a pesar de estar en el mismo bando, la veían con absoluto terror al desconfiar de ella. Sin embargo, sin importarle lo que pensasen de ella, la Unidad 01 se detuvo pacíficamente antes de apagarse de nuevo.
– ¡Envíen al equipo de rescate! –Misato, recuperando la compostura, se acordó de Shinji al olvidarse de celebrar por el primer triunfo de su venganza– ¡Saquen al piloto de la Unidad 01!
No hubo vítores ni gritos de júbilo, nadie se atrevió a aplaudir ni a celebrar por haber eliminado al ángel, el miedo, como agua caliente, aún corría por sus venas al haber sobrevivido a la primera de las muchas batallas que vendrán. Empero, al escuchar las órdenes de Misato, recobrando el dominio parcial de sus emociones, Maya y sus colegas se prestaron a acatar las indicaciones de Misato al pensar en Shinji.
– ¿Cuál es la posición del equipo de rescate? –Impaciente, no habiendo transcurrido ni cinco minutos desde que ordenó la extracción de Shinji, Misato, inclinándose por encima del hombro izquierdo de Makoto, le indagó al respecto.
– ¡El equipo de rescate ya se encuentra en el sitio de la batalla, Capitana Katsuragi! –Makoto, girándose hacia Misato, le replicó mientras sus manos todavía temblaban luego de la feroz pelea de titanes que presenció– ¡Ya están abriendo la cápsula para extraer al piloto!
– ¿Cuáles son los signos vitales del piloto? –Una tras otra, sin darles la oportunidad de recuperar el aliento, Misato los bombardeó con más preguntas.
– ¡No hemos podido restablecer la telemetría de la Unidad 01! –Shigeru Aoba, respondiendo él a la interrogante de Misato, le indicó desde su consola– ¡No tenemos información del piloto, desconocemos su estado!
– ¡Aquí el equipo de rescate, tenemos contacto visual con el piloto!
De repente, adelantándose a cualquier cosa que Misato alcanzase a decir, una voz desconocida, perteneciéndole a uno de los rescatistas que fueron enviados a sacar a Shinji del Eva 01, se ganó la atención de los miembros de Nerv al contactarlos por radio. Ante esto, preguntándole cuál era el estado de Shinji, Misato, ansiosa por tener noticias del hijo del Comandante Ikari, aguardó con inquietud.
No obstante, para enfado de Misato, el tiempo transcurría sin que ninguno de los socorristas que escuchaba se dignara a contestar a sus preguntas; por el contrario, murmurando y exclamando frases de incredulidad, aquellos individuos no dejaban de mencionar a Dios en tanto examinaban a Shinji. Por ende, harta y cansada de no recibir una contestación clara a sus consultas, Misato volvió a reiterarlas.
– ¿Cuál es el estado del piloto? ¿Necesita asistencia médica? –Misato, preocupándose más por Shinji que su propio padre que se limitaba a lucir su clásica pose de manos cruzadas, le hizo más preguntas al equipo de rescate enviado a la zona– ¿Acaso el piloto está inconsciente? ¡Respondan, maldita sea!
El ruido de la estática, acompañado por unos cuantos murmullos incomprensibles, resonó en el cuarto de control antes de que la respuesta que tanto deseaba Misato, al término de una eternidad, al fin fue recibida con claridad.
– Negativo, el piloto está muerto. Repito, el piloto está muerto.
Desde entonces, no pudiendo sacarse aquella frase de la mente, el arrepentimiento por haber enviado a la muerte a un niño inocente, le impedía a Misato realizar cualquier actividad con la normalidad de antaño. Así pues, después de unos instantes, gracias a Ritsuko que la llevó por el camino correcto, Misato se halló ante la puerta de la morgue de Nerv donde el cadáver de Shinji reposaba desde ayer.
– ¿De verdad quieres hacer esto, Misato? –Ritsuko, previamente a deslizar su tarjeta de identificación en la cerradura electrónica de la puerta, se volteó hacia Misato–ya te dije que su aspecto no es…
– Shinji está muerto por nuestra culpa, necesito despedirme de él con la dignidad que se merece.
Dejando de pensar en el pasado para enfrentar definitivamente el presente, la Capitana Katsuragi, con una apatía que ya no la sorprendía, vio a la Doctora Akagi abrir el cerrojo de la entrada para ingresar en el depósito de cadáveres con el que estaba equipado el pabellón médico de la base. Así, dando un primer paso en aquella habitación, la bajísima temperatura fue la encargada de darles la bienvenida.
Ritsuko, quien nunca había visto a Misato actuar de ese modo, analizándola, psicológicamente, dedujo que debía estar padeciendo un período de estrés causado por el fallecimiento de Shinji. Creyendo que pronto regresaría a ser la misma Misato impulsiva e imprudente que ha conocido desde hace más de una década, Ritsuko, aproximándose al congelador donde se ubicaba Shinji, procedió a sacarlo de allí.
– Si te sirve de consuelo, por la gravedad de sus heridas, la autopsia a la que fue sometido concluyó que su muerte fue instantánea y que no agonizó.
Con aquella afirmación, extendiendo una larga bandeja metálica de acero inoxidable, Ritsuko extrajo los restos mortales de Shinji ante la mirada temblorosa de Misato, la cual, verdaderamente consternada por lo que veía, dirigió sus ojos hacia los pies descalzos de Shinji que sobresalían de la sábana blanca que cubría su cuerpo desnudo. Aún así, teniendo una deuda muy grande con él, Misato no retrocedió.
– ¿Estás lista?
– Sí, hazlo.
Apretando sus puños, conteniendo las náuseas que volvieron para poner a prueba su temple, Misato contestó con seguridad segundos antes de que Ritsuko dejase al descubierto la cabeza de Shinji. La rubia, quien lo había visto con anterioridad, pudo mantenerse estoica cuando el rostro mutilado del niño fue revelado. Misato, temiendo vomitar, a duras penas se exigió a ella misma no apartar la vista.
Ritsuko, teniéndole más lástima a Misato que a Shinji, pensando que su vieja amiga se marcharía pronto de allí, procedió a explicarle lo que ocurrió con el único hijo del Comandante Ikari. Según la científica rubia, a raíz de un anormal incremento en el nivel de sincronización entre Shinji y la Unidad 01, todo el daño que el Evangelion recibió en su bautismo de fuego, fue experimentado, simétricamente, por Shinji.
Tal cosa, era la culpable que el brazo izquierdo de Shinji se haya roto tal y como le sucedió a la Unidad 01; igualmente, siendo la causa directa de su deceso, la perforación que recibió el Eva 01 en su cabeza, se vio reflejada, con precisión milimétrica, por la horrenda herida que taladró la cavidad ocular derecha de Shinji que atravesó también la totalidad de su cráneo, dejándolo, en su faz, con un agujero enorme.
Misato, no importándole que Ritsuko la viese derramar algunas lágrimas, se llevó una mano a la boca al sentirse sumamente impactada por las laceraciones que exhibía el cuerpo de Shinji. Así pues, dándole un instante para que recobrase la calma, la Doctora Akagi no se resistió más a su adicción a la nicotina y sacó una cajetilla de cigarrillos de su bata de laboratorio para proceder a encender uno allí mismo.
– ¿Cómo es posible que esto haya sucedido? –Misato, girándose hacia su amiga, intentaba comprender que algo semejante hubiese ocurrido– ¿Acaso no se supone que la sincronización de un Evangelion con su piloto es medida y vigilada en todo momento para mantenerla dentro de los límites de seguridad?
– Sí, en teoría sí.
– ¿En teoría?
– Aunque te cueste trabajo creerlo, aún no tenemos el control absoluto sobre los Evas–Ritsuko, aspirando el fuerte sabor a menta que impregnaba el tabaco del cigarro, le afirmó luego de dejar salir el humo por su boca–no olvides que Rei sufrió un accidente cuando la Unidad 00 enloqueció durante una simple prueba de activación. Son máquinas muy impredecibles, Misato, especialmente la Unidad 01.
– Primero logró moverse por sí sola, dos veces, sin que nadie la estuviese controlando. Segundo, sus niveles de sincronización se elevaron más allá de los límites seguros–Misato, resumiendo el historial operacional del Eva 01, se volteó de regreso hacia Shinji mirando su rostro cercenado–la Unidad 01 no es confiable, ya ha demostrado ser un peligro tanto para el piloto en su interior como para los demás en el exterior. Lo mejor sería sacarla de operación, es muy peligroso seguir utilizándola.
– El Comandante Ikari no piensa lo mismo; al contrario, ya dio órdenes para que Rei sea reasignada como la nueva piloto de la Unidad 01–Ritsuko, sin dejar de fumar, continuaba sin mostrar ni un ápice de humanidad con respecto a Shinji.
– ¡Pero la Unidad 01 es muy peligrosa! –Señalando una verdad igual de inmensa que el propio tamaño de un Evangelion, Misato, incrédula de las decisiones del Comandante Ikari, no ocultó su desaprobación– ¡Shinji murió piloteándola, lo mismo podría pasarle a Rei!
– ¡Capitana Katsuragi, no olvide la situación en la que nos encontramos! –Alzando la voz con moderación y dureza, la Doctora Akagi, dejando caer al suelo su cigarrillo casi terminado, lo aplastó con uno de sus zapatos al contestarle a Misato–entiendo que esté afectada emocionalmente por el fallecimiento de Shinji, es una verdadera pena que un chico tan joven haya fallecido de esta manera, pero si él no hubiera piloteado la Unidad 01, todos ya estaríamos muertos.
Misato, no teniendo argumentos para replicar, se vio forzada a guardar silencio.
– Nos guste o no, ya el Comandante Ikari tomó la decisión de continuar empleando a la Unidad 01. Además, ya que solamente contamos con un único piloto, se está considerando la opción de trasladar a aquí desde Alemania al Eva 02.
– ¡Asuka! –Misato, pensando en la piloto del Evangelion Unidad 02, evocó su etapa como su tutora durante su estadía en tierras teutonas–así que Asuka vendrá para darnos apoyo, era algo que tarde o temprano tenía que suceder. No podemos quedarnos únicamente con un piloto, necesitamos toda la ayuda posible.
– ¡Al fin dices algo coherente! –Dirigiéndose hacia la salida, cansada del frío que le helaba los huesos, Ritsuko se prestó a salir de la morgue–ven conmigo, vámonos ya. En una hora se llevarán el cuerpo de Shinji para incinerarlo.
– ¿Incinerarlo? ¿No recibirá un funeral? –Misato, regresando su atención a Shinji, se sorprendió que alguien que dio su vida por rescatar a la raza humana de un potencial Tercer Impacto no recibiese un funeral digno– ¿El Comandante Ikari ni siquiera piensa venir a despedirse de su hijo?
– El Comandante Ikari está muy ocupado en este momento, se encuentra en una reunión con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas informando de lo sucedido ayer–Ritsuko, una vez más, no mostró ninguna empatía con el niño que murió salvándolos del apocalipsis–de todos modos, incinerar el cuerpo de Shinji fue una orden directa del Comandante Ikari. No hay nada que ni tú ni nadie más pueda hacer.
Misato, uniendo los puntos dentro de su cabeza, fue recordando todas las pistas que notó con respecto a la rota relación de Shinji con su padre. Si bien Misato también llegó a odiar y a despreciar a su propio padre por abandonarla a ella y a su madre al preferir sus investigaciones, al menos él, a diferencia del déspota Comandante Ikari, asumió su deber paternal al protegerla de morir en el Segundo Impacto.
Por ende, indignándose y enojándose por el accionar tan cruel del Comandante Ikari con su único hijo, Misato, empezando a darse cuenta del tipo de persona que era el mandamás de Nerv, deseó, con todo su corazón, que algún día el karma hiciese justicia para Shinji. Asimismo, aún estando en deuda con él, pidiéndole a Ritsuko que la dejase a solas con Shinji, Misato prometió que no se demoraría mucho.
Queriendo encender otro cigarro, recordándole que vendrán por Shinji en una hora, Ritsuko aceptó su solicitad y se retiró de allí con la misma desidia con la cual entró al cerrar la puerta detrás de ella. Misato, hallándose solamente con Shinji, soportando un nudo en la garganta, hizo caso omiso a las amenazas de su estómago y se ubicó más cerca de él al atreverse a colocar una mano en su pecho.
– Desearía haber tenido la oportunidad de conocerte mejor; desearía que las cosas hubieran tenido un final diferente–Misato, hablándole a Shinji, se armó de valor para mirar el lado intacto de su rostro mientras se despedía de él–durante muchos años, Nerv se preparó para cuando llegase el momento de enfrentar a los ángeles. Exorbitantes sumas de dinero se invirtieron para que tuviéramos las mejores armas del mundo, pero nada de eso nos salvó, fuiste tú, Shinji, quien nos permitió vivir un día más.
Destapando una de las manos de Shinji, sintiendo lo fría que se hallaba su piel por estar en aquel congelador, Misato la apretó al empezar a llorar.
– No fue justo lo que sucedió. Yo debí ser la que debió haber muerto, no tú–Llorando sin ninguna censura, encarando sus culpas, Misato esperaba que Shinji pudiese oírla en dónde sea que estuviese ahora–me siento muy avergonzada por mi descaro y cinismo, solía ver a los demás como herramientas para vengar la muerte de mi padre, incluso te vi de esa forma cuando nos conocimos. Soy una persona horrible, si mi padre supiese cómo me he comportado, se sentiría muy decepcionado de mí.
Tomando una gran bocanada de aire, permitiendo que saliese todo el remordimiento que llevaba consigo, Misato sujetó, aún más fuerte, la mano de Shinji.
– Tú y yo nos parecemos mucho, Shinji. Cuando tenía tu edad, también tuve problemas con mi padre–Siéndole imposible no hacer alguna mención al líder de Nerv, Misato, no importándole que algún micrófono oculto grabase sus palabras, le expresó su solidaridad al difunto niño–hubiera sido maravilloso que pudiéramos conversar más, incluso hubiese pedido autorización para que te mudaras a vivir conmigo en mi departamento.
Dibujando una leve sonrisa, imaginando cómo hubieran sido las cosas si Shinji se hubiese hospedado en su hogar, la Capitana Katsuragi se acordó de un miembro más de su extravagante familia.
– Tengo una mascota, se llama Pen Pen. No es un perro ni un gato, es un pingüino–Misato, ya un poco más animada, supuso que Shinji se hubiera sorprendido al escuchar algo así–te juro que no estoy mintiendo, por más increíble que te parezca, es la verdad. Reconozco que Pen Pen ha aprendido algunos de mis malos hábitos, como el gusto por la cerveza, pero no dudo que él te hubiera simpatizado mucho.
Tragando saliva, reclinándose un poco sobre la cara de Shinji, Misato lo contempló con valentía pese a que el prominente agujero que travesó su cráneo la estremecía. Aquella espantosa herida, del mismo modo en que la cicatriz en su vientre la marcaba como sobreviviente del Segundo Impacto, era un reflejo de haber estado en una situación, donde un niño, por ninguna razón, no debió haberse visto.
– ¡Perdóname, Shinji! ¡Por favor, perdóname!
Le gustase o no, como se lo indicó Ritsuko, el deceso de Shinji dentro de la Unidad 01 significó la supervivencia de tanto ella como del resto de la humanidad. Muchísima gente, millones de personas en el planeta, le debían un día más en sus vidas a Shinji Ikari, un héroe que, no buscando serlo, tuvo el coraje de enfrentar un desafío para el que no estuvo preparado, afrontando, igualmente, sus miedos.
No obstante, en otra de las tantas injusticias de las que Shinji ha sido víctima, su nombre, no llegando a ser conocido más allá de los muros de Nerv, no será pronunciado por nadie más ni en tierras japonesas ni extranjeras. Su fallecimiento se mantendrá anónimo y desconocido para la mayoría, incluso, con la aprobación de su propio padre, ni siquiera tendrá el mérito ni el decoro de recibir un sepelio digno.
A pesar de eso, sin atreverse jamás a negar que ella fue cómplice en su muerte, decidida a velar por la seguridad y el bienestar de los pilotos bajo su mando, Misato no olvidará el sacrificio de Shinji. Desde ese día en adelante, dejando de ver a Rei y Asuka como medios para lograr un fin, sino como aliadas para proteger a la raza humana, Misato no cometerá los mismos errores ni las abandonará a su suerte.
Así pues, introduciendo de regreso el cuerpo de Shinji a su tumba provisional, teniendo los ánimos necesarios para terminar de escribir su informe inconcluso, Misato caminó con prisa hacia su oficina ansiosa no por consumar una estúpida venganza; por el contrario, hambrienta por alcanzar la libertad en honor a Shinji, su padre y todos los demás. Si antes luchaba para sobrevivir, ahora lo hará para ganar.
Sin embargo, todavía estando demasiado lejos de descubrirlo, Misato acabará entendiendo, ya muy tarde, que los ángeles nunca fueron sus peores enemigos, sino los mismísimos humanos que tanto intentó salvar, ya que ellos, en contraste con los ángeles, conspiraron y fraguaron su propia extinción.
Fin
Hola, les agradezco por haber leído esta historia. En una ocasión anterior, en otro de mis "universos alternos" de NGE, imaginé qué hubiera pasado si Shinji no hubiese piloteado la Unidad 01 en el primer capítulo de la serie, esto en mi fic titulado Cenizas de una tragedia. Ahora, como ya pudieron leer, quise imaginar lo que hubiese sucedido si Shinji hubiera fallecido precisamente en ese mismo episodio.
Más allá de este punto, conociendo la forma de ser de Asuka y Rei, creo que hubiese sido un reto muy grande para Misato conseguir que las dos trabajasen en equipo, especialmente por Asuka. Por otro lado, sabiendo que el alma de Yui reside dentro de la Unidad 01, es posible que ella se hubiera negado a aceptar a Rei como piloto. Honestamente, en esta línea temporal sin Shinji, el futuro se ve muy oscuro.
Para terminar por hoy, como siempre acostumbro hacerlo cuando trabajo en un fic, estuve escuchando un poco de mi colección de bandas sonoras de películas mientras escribía y encontré una canción que me pareció perfecta para la historia. Si alguno de ustedes quiere oír la música que yo escuché al escribir, pueden buscarla en You Tube con este nombre: Shin Kamen Rider Soundtrack - At the rail yard.
Muchas gracias por leer y hasta la próxima.
