En aquellos días de duro entrenamiento junto a mi buen amigo Soun Tendo, nos hicimos una promesa de hermanarnos y unir nuestras familias a futuro.

Con la promesa de unión de nuestros hijos en matrimonio partimos, despidiéndonos justo después de deshacernos de aquel odioso y perverso viejo mañoso al que por infortunio llamamos maestro.

Ahora, cerca del final, ese fue el inicio de todo, podría decirse.

Poco después de volver a mi pueblo me comprometí con una hermosa dama, digna y de noble cuna, mucho más de lo que un pobre tonto como yo podía aspirar, pero con la cual formé durante algún tiempo un hogar dentro del que nació mi primogénito, Ranma, un niño de carácter fuerte, tozudo, con el cabello y la mirada oscura como la noche al que su madre amaba más que nada en el mundo.

Tomé a mi hijo al poco tiempo, siendo él aún un crio, llevándolo a entrenar por el mundo con la promesa de regresárselo a su madre como un hombre entre los hombres, digno sucesor de nuestra familia y, por supuesto, poseedor del compromiso con Tendo que le haría heredero de su dojo, ¡un dojo!.

Sí, tenía yo como padre todas mis esperanzas puestas en ese, mi único hijo...e hice todo lo posible por cumplir con ambas promesas. Todo.

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-Cómo puedes ser tan ingrato con tu padre, ¿eh? -exclamó Genma con indignación, blandiendo los palillos vacíos en el aire. Por toda respuesta Ranma, su hijo, engulló sin pesar la albóndiga de pulpo que le había arrebatado del plato en un descuido.

-Te has vuelto demasiado lento, viejo- se burló el chico de ojos azules. Su prometida, sentada a su derecha meneo la cabeza en desapruebo de la conducta del joven, pero no dijo nada y se levantó para salir. -Te acompaño? - preguntó Ranma de inmediato al sentir que ella dejaba su lugar

-Como quieras, pero no tardes, te esperaré en la entrada-respondió ella sin voltear, un tanto desganada. Pronto, el ruidoso hogar se encontró en silencio.

Pensativo, Genma permaneció en el salón vació durante al menos media hora, mirando el atardecer teñirse de tonos rojizos y violetas, quizás pronto llovería. Exhaló. Habían pasado ya 6 años desde que él y Ranma llegaron con los Tendo, pero el matrimonio aún no se había realizado.

Naturalmente, le preocupaba el futuro. Pobre como era él, nada había podido darle a su hijo, más allá de aquella promesa de matrimonio con una de las hijas de Soun. Y, aunque el muchacho renegaba hasta el cansancio, él sabía bien que aquello no eran más que palabras vacías y que el tonto de su hijo amaba hasta los huesos a la menor de las hijas de Tendo.

Inusual a sus costumbres, decidió llevar su plato vacío a la cocina, pero nada más tomarlo entre las manos, la porcelana se resquebrajó a la mitad.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. El mal presentimiento que había estado sintiendo desde la mañana se hizo mayor, pero intentó serenarse y convencerse de que todo estaba más que bien.

Recogió los pedazos y los tiró en el bote de basura de la cocina, ya luego se disculparía con la buena de Kasumi por dañar su vajilla. Desató la pañoleta blanca que le cubría la calvicie y se dirigió al segundo piso de la propiedad.

Quizás, se le ocurrió, un buen baño de agua caliente le haría destemplar los nervios y lo ayudaría a relajarse.

No había razones para estar nervioso, se convenció.

No supo en qué momento se quedó dormido dentro de la bañera, pero cuando despertó lo hizo por el alboroto que se escuchaba desde la sala, a pesar de la lluvia. Voces alteradas, gritos de incredulidad y el llanto incesante de Nodoka, su esposa.

Aquello, realmente, no era extraño. Allá a donde iban los Saotome el escándalo los perseguía. Podría decirse que eso era en cierta forma su culpa, pero desde luego no era totalmente culpa suya.

Tal vez comprometer a Ranma más de una vez no había sido buena idea...o abandonar a Ukyo y robarle la dote...o comer el premio de Shampoo, pero tampoco podía decirse que era culpa de él que aquellas dos no se resignaran a no ser correspondidas, ahí él no tenía responsabilidad alguna, ¡no señor!.

Como sea, se vistió y bajo las escaleras sin prisa atando nuevamente el pañuelo blanco sobre su calva.

- ¡Saotome! - gritó ahogadamente Soun Tendo al verlo llegar

¡Oh, lo supo tan pronto como puso un pie en la sala! El pasado, el pasado lo había encontrado. Los había encontrado a ambos. Ese presentimiento, era él.

Ranma...

El hombre de mediana edad miró los rostros de todos los presentes, como una escena que se reproduce en cámara lenta.

Nodoka, su esposa, yacía desvanecida en el regazo de Kasumi, que lo miraba con reproche. Un poco más allá estaba Akane, siendo sostenida de los hombros por Nabiki, como si estuviera por caerse ante la novedad.

Y en el patio, empapados por la lluvia, ahora una ligera llovizna, ellos dos. Ranma y Ranma.

Su hijo, al que crio durante 19 años y al que abandonó hacia exactamente 19 años, frente a frente. El corazón le dio un vuelco.

Miedo, pavor, desconcierto y sorpresa lo golpearon, todos al mismo tiempo. Pero en cierta forma, estaba aliviado, feliz. Aquel niño al que creyó desahuciado había logrado sobrevivir, se había aferrado a la vida, como todo un Saotome.

¡Su hijo estaba vivo!, quería correr a abrazarlo y decirle lo orgulloso que estaba de verlo convertido en todo un hombre, pero al ver el rostro confundido de Ranma, convertido en la diminuta pelirroja, el pecho le dolió.

-Papá, di que no es cierto-lo escuchó decir con voz femenina-Di que este tipo está mintiendo, ¡que no es cierto nada de lo que dice! -exigió la pelirroja sin soltar el cuello del recién llegado.

-Lo siento, Ranma, en verdad lo lamento mucho-musitó avergonzado.

Nodoka volvió a llorar escondiendo el rosto entre las manos mientras el recién llegado le gritaba una grosería para que guardara silencio y Akane, la pobre chica, corría hacia su prometido sin saber que decir para reconfortarlo.

Lo supo en ese mismo instante, esas imágenes estarían para siempre en su mente.

-Eres un viejo miserable-soltó con rabia el hijo al que abandonó- Me dejaste a mi suerte en ese sucio hospital. Y además te robaste a un niño. Debería darte vergüenza.

-Ranma, por favor, deja que te explique- se apuró a decir mirando a ambos jóvenes.

-Ranma? -cuestionó su hijo biológico – Podrías ser más claro cuando hablas, no sé si te diriges a mí o a este pobre idiota. Tu nombre es Sota, por cierto, que nombre tan patético -señaló con desdén, deshaciendo el agarre

-Dejen que les explique, por favor, ambos son mis hijos-continuó Genma desesperado, bajo las miradas acusadoras de todos

-Calla ya, hombre-resolvió el recién llegado, caminando hacia ellos para sentarse en el suelo de madera y descalzarse- No sé qué es peor, a mí me abandonaste y a él lo convertiste en un fenómeno. - se burló el joven de escaso cabello negro. - Realmente destruyes todo lo que se te acerca, ¿no?

-Tendo-pidió Genma, redireccionando hacia su noble amigo la súplica por ser escuchado.

-Papá-lo interrumpió la voz femenina de Ranma-papá, no puedes haberme hecho eso, ¿verdad que no? -suplicó zarandeando por los hombros al hombre al que siempre creyó su padre

-Deja de decirle papá, eres patético- rezongó el otro Ranma poniéndose de pie-ese tipo te raptó, ¿entiendes? Te llevó lejos de tu familia porque su hijo estaba por morir, solo fuiste mi reemplazo, además te dio una vida miserable, ¡mírate! Mira lo que le pasa a tu cuerpo cuando tocas la lluvia-señaló con asco. - ¿Es que no lo entiendes? ¿No tienes curiosidad por saber quién era tu verdadera familia?

-Tú cierra la boca o te la cierro yo- bramó Ranma sin mirarlo-Y te aseguro que no la volverás a abrir en mucho tiempo.

-Tú tenías solo un poco de fiebre, un sirviente de tu familia te había llevado al hospital y te había dejado ahí solo en la sala de espera-empezó a explicar Genma-pero Ranma, mi Ranma estaba a punto de morir, mi pobre muchacho, estaba muy enfermo-gimoteó recordando- Y yo, yo no tenía ni un centavo, nada con que pagar su tratamiento- rememoró sin dejar de mirar al suelo.

-Entonces? -exigió saber Ranma. Akane estaba junto a él y Genma se sintió aliviado de saber que la chica estaría junto a su hijo pasara lo que pasara, sin importar el nombre o apellido que él tuviera.

-Estaba desesperado, Ranma, entiendes a tu padre, ¿verdad? -Genma levantó por fin la mirada para encontrarse de frente con los azules ojos del muchacho al que crio como a un hijo, enseñándole todo cuanto él sabía.

-Te usó como mi reemplazo, qué más necesitas saber-se apresuró a responder el verdadero Ranma, harto ya de presenciar aquella escena.

-No, no, no. No es así, Ranma. -insistió Genma. – Apenas tenías un poco de fiebre, que cedió rápidamente, pero nadie vino a buscarte, yo supe que tu familia era adinerada y que tus padres pocas veces te veían, estabas bajo el cuidado de empleados y...y yo

-Tú qué? -preguntó ya sin emoción alguna en la voz la peliroja

-Se me hizo fácil cambiar los nombres de los niños, de esa manera Ranma sería atendido sin preocuparme de los gastos-explicó pesaroso-y mientras tanto yo seguí cuidando de ti.

-Cómo es eso posible, nadie lo notó? -interrumpió Akane, incrédula ante el relato.

-Era un hospital saturado, con poco personal. Y yo hice todo muy rápido en el momento de ingreso, nadie pareció notarlo cuando estaban ya en la sala, el empleado que te llevó te dejó ahí solo, al parecer tu familia era bien conocida en ese pueblo. El problema empezó porque tu fiebre cedió y después me vi obligado a salir contigo en brazos, dejando a Ranma en el hospital. -continuó Genma

-¡Y dejaste ahí muriéndose solo a mi hijo, desgraciado! -Nodoka Saotome desenfundó su katana con intención segura de utilizarla sin falta esta vez.

-¡Lo hice por su bien, lo juro! - se defendió Genma- Ranma estaba muriendo, habría muerto sin atención médica. Y tú, mi muchacho-habló con especial cariño en la voz, mirando a la pelirroja de ojos azules- me encariñé contigo fácilmente mientras esperaba por noticias debajo de aquel puente. ¡Eras tan alegre y despierto, tenías tanta energía y aprendías tan rápido lo que yo te enseñaba! -explicó emocionado Genma.

-Y, se te hizo sencillo cambiar de hijo, ¿así nada más? -cuestionó Ranma

-No. No fue así. ¡Definitivamente que no fue así!. Cuando, por fin fueron a verte, supongo que algún familiar o algún empleado de confianza, no supe nunca quién, se dieron cuenta de que el que estaba ahí no era el niño correcto y pusieron el grito en el cielo. -se quejó exaltado el hombre de mediana edad.

-Naturalmente-escuchó decir a alguien, no sabía quién a decir verdad y prefirió no darle importancia y seguir con su historia.

-Empezaron a buscarte hasta por debajo de las piedras.

-Así fue, no querían que los padres del niño se enteraran, pero lo hicieron, eventualmente-intervino el verdadero Ranma-Quiere callarse señora!?.-gritó fastidiado por las lamentaciones de Nodoka.

-No me importa quien seas, no te permitiré que le hables con ese tono a tía Nodoka-habló con seriedad Kasumi. El joven soltó otra grosería en respuesta y en adelante ignoró al grupo de mujeres.

-Tuve miedo y escapé cuando escuché que mi hijo estaba ya muriendo-continuó explicando Genma-, pero no tuve corazón para dejarte ahí solo, en mitad de la nada, a la intemperie, sin comida o agua. Pensé que quizás podría dejarte en el siguiente pueblo, pero cuando quise hacerlo, te aferraste a mí, me llamaste padre, Ranma. -explicó con ojos llorosos el hombre.

-Lo recuerdo-balbuceó Ranma contrariado-Es verdad. Recuerdo aquel puente, recuerdo ese día, te pedí que no me dejaras.

-lo recuerdas? - preguntó sorprendido Genma, pues Ranma apenas tenía 3 años en ese momento.

-Siempre creí que aquello era solo un sueño, entonces, ¿era verdad? ¿Tú, no eres mi padre, no soy realmente un Saotome?

-Lo soy, Ranma, por supuesto que yo soy tu padre, y tú eres un Saotome, eres mi hijo, mi muchacho. – sollozó abrazándolo con fuerza

-oigan, ustedes dos, lamento interrumpir su patética escena familiar, pero recuerden, yo soy tu hijo-habló el verdadero Ranma. - Y como tal, exijo que se cumpla lo pactado.

Todos miraron confundidos hacia el recién llegado.

-¿A qué te refieres? -inquirió el acusado padre

-Esa chica-respondió señalando a Akane con un ligero gesto de cabeza- y este dojo, escuché que son míos

-Estás loco, ¡ ni siquiera pienses en ella, intenta tocarla y te mataré!. – exaltada, la diminuta pelirroja cubrió a su prometida con su cuerpo.

-Entiéndelo bien, fenómeno, nada aquí es tuyo, ni aquí ni en ninguna parte, no te queda nada, todo es de Ranma Saotome, del verdadero, por lo tanto, yo solo estoy recuperando lo que es mío.

-Ranma-Akane abrazó a su prometido para contenerlo

- Oye, chiquilla, verdad que prefieres a un verdadero hombre como esposo?-replicó ignorando la fiera amenaza de la pelirroja- Yo soy el verdadero Ranma. Me pertenecen por derecho el dojo y la chica. Y hasta donde sé, aún sigues soltera, no?

- Sueltame Akane, voy a matarlo!-sentenció su prometido

-Oye, fenómeno de circo, puedes quedarte con el viejo y esa mujer tan desesperante, si quieres, no me interesan-desdeñó con una sonrisa burlona en el rostro.-Pero esa chica y todo lo demás, serán míos.

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La suerte estaba echada, la verdad lo había perseguido hasta encontrarlo. Genma Saotome miró el nocturno cielo despejado sentado en el pequeño parque de Nerima. Ante la revelación de los hechos no le permitieron seguir con los Tendo, pero eso no era lo peor.

Lo peor era saber el dolor en los ojos de su hijo, de su esposa, su mejor amigo y la horrible conducta de Ranma al reclamar a Akane y el dojo como suyos.

Aunque ciertamente, debieron ser suyos porque él era su hijo, pero es que Ranma, es decir aquel niño, también era su hijo y era él quien había estado comprometido con Akane durante todos esos años.

Negar el amor que se tenían era negar lo evidente. No podía separarlos. No podía incluso si se trataba de su verdadero hijo.

Ah, aunque se sentía aliviado por que Ranma estuviera con vida, le dolía demasiado haber perdido a su muchacho y aún más, causar semejante caos en la vida de esos dos.

Akane y Ranma eran dos tímidos enamorados que apenas estaban avanzando en su relación con la velocidad de un caracol.

Ese Ranma que acababa de aparecer en sus vidas se le antojaba demasiado similar a él mismo. Egoísta, avaricioso y sin honor. Era, tan diferente al hijo al que él había criado. Su muchacho era noble, leal y, sobre todo, un hombre con honor.

Había cometido muchos errores en su vida, pero estaba convencido de que cambiar a los niños y luego cuidar de Ranma, de su muchacho, Sota o como se llamara, no era un error.

Incluso si terminaba en prisión, no se arrepentía de salvar la vida de su hijo cambiando las tarjetas de nombre y de ese modo tan extraño haber sido el padre de Ranma, al que amaba con toda su alma a pesar de todo.

Tan pronto como salió el sol se encaminó hasta el dojo Tendo, donde ambos Ranma se habían retado a duelo. No podía haber dos bajo la misma promesa.

Solo uno podría ser considerado prometido de Akane y heredero del arte estilo libre.

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Fue un rito sencillo, la novia llevaba un vestido tradicional y aunque ninguno de los dos parecía del todo contento con la boda se esforzaron por sonreír, más mueca que risa, en la foto.

-Qué dices, eh, hijo? ¿es una boda linda, no lo crees?

-Me da igual. -respondió el joven de escazo cabello, cada día más parecido físicamente a él-al menos la chica es guapa, pero no creo que tenga tanto dinero como prometiste. Y me lo debes, que te quede claro, estás en deuda conmigo.

Genma sonrió y aflojó su corbata.

-Su familia tiene un negocio importante, están por todo Japón, te lo aseguro.-su aprovechado hijo pareció poco complacido pero se integró a la fiesta sin reprochar nada más.

Aquella era la cuarta vez que hacían eso en los últimos dos años.

Genma miró al horizonte y se preguntó cómo estaría ahora su muchacho. Lo extrañaba enormemente, le dolía demasiado la separación y todo lo que había tenido que decir, pero estaba convencido de que todo lo que había hecho, lo había hecho por su bien.

Lo mas importante ahora, pensó, era alejar a Ranma de su muchacho y de los Tendo, pero sobre todo de Nodoka, que no merecía ese hijo al que el no supo cuidar y formar, era mejor que se quedara con Akane y su muchacho, el hijo que ella merecía.

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-Ya basta-dijo interrumpiendo aquel duelo a muerte- No es necesario seguir con esto. Tendo, la verdad es que Ranma, mi Ranma, merece algo mejor que heredar este dojo viejo y feo-afirmó echándole el brazo sobre el hombro al muchacho que lo miro confundido-Tienes otras prometidas con mucha más fortuna que las chicas Tendo-dijo guiñándole un ojo-No creerás que iba a darle un compromiso realmente ventajoso a él?

-Saotome! -reclamó indignado su amigo, pero el continuó

-Y tú, no eres mi hijo, él si lo es. Él lleva mi sangre-prosiguió sintiendo que se le quebraba la voz. - lamento mucho todo lo que tuviste que pasar a mi lado, muchacho. Vuelve a tu hogar o has lo que desees, mi hijo y yo nos vamos-determinó dando la vuelta sin dar tiempo de responder a su hijo, llevándose entre cuchicheos a Ranma, prometiéndole un futuro lleno de esposas bellas y dinero a manos llenas.

Una vida de estafa, sin duda.

Con el tiempo supo por su hijo que los padres de su muchacho, adinerados y frívolos terminaron por dejar la búsqueda del hijo perdido en manos de la policía, tuvieron luego otro hijo y al parecer olvidaron al desaparecido rápidamente.

Ranma, su hijo, creció bajo la tutela de los empleados de esa familia, casi en calidad de rehén, pero con los años se ganó su confianza y terminó estafándo a la familia de Sota y huyendo con el dinero que no tardó en despilfarrar.

Después de tantos matrimonios falsos y ser fichados como estafadores la justicia japonesa lo había alcanzado al fin. Casi diez años después de ese triste día de su vida.

Los años en prisión comenzaron a notarse en su salud, la tos se volvía sangre y cada vez costaba más respirar. Ese hijo tan parecido a él, lo había delatado y huido sin mirar atrás. Solo esperaba que se hubiera olvidado ya de los Tendo.

No le importó, no, después de todo se lo merecía. Sin embargo, casi se sintió revitalizado cuando vio a su muchacho en la televisión, ganando otra medalla de artes marciales en el extranjero, junto a su esposa y sus hermosos hijos de la mano.

Se quedó ahí sentado en el comedor de la prisión, aunque la pantalla ya estaba apagada y la hora de regresar a su celda lo apremiaba.

Sonrió con sinceridad y cerró los ojos, agotado, cuando se recostó en su litera. Esperaba que su hijo, tan descarriado, recompusiera el camino antes de que fuera demasiado tarde, pero en ese momento solo podía pensar en lo mucho que le alegraba saber que su muchacho, su Ranma, el hijo al cual había criado con tanto esfuerzo para ser el mejor, con el que había compartido sus conocimientos y de quien no esperaba perdón, tenía una vida feliz junto a Akane, con los herederos que siempre deseo tener su buen amigo Soun.

Se felicitó mentalmente por haber tomado la desición correcta para todos, al menos una vez en la vida.

Y lo correcto había sido alejarse de ellos, llevándose con él al que amenazaba su felicidad.

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Los guardias de la prisión estatal pusieron las pocas pertenencias de Genma en una bolsa sellada. Una solitaria carta fue puesta junto al resto del correo de esa mañana.

Ranma abrió esa carta exactamente un mes después. Una lágrima se deslizó por su mejilla involuntariamente.

Miró a su familia reunida en la sala de la propiedad Tendo. Akane hablaba con Nodoka, mientras sus pequeños hijos jugaban corriendo inocentemente en el patio.

Apretó con fuerza la hoja de papel en su mano. Aún estaba molesto con su padre por todo lo que le había hecho pasar, pero cuando veía sin rencores el pasado, su presente y su futuro junto a su esposa y sus dos hijos, casi podía perdonarlo.

Si conocía bien a ese hombre, y estaba seguro que así era, Genma había dicho y hecho todo aquel alboroto ese día para protegerlos.

-Ranma, deberías venir dentro, o al menos ponte un abrigo, hace frío.

-Sí, ya voy-respondió guardando el papel en el bolsillo de su pantalón. El nombre se lo había quedado él. Ranma no conocía ningún otro nombre.

Akane, su esposa y probablemente lo unico bueno que le brindó Genma Saotome, le sonrió con cariño y le dio un amoroso beso al sentarse junto a ella.

-Deberíamos tener otro, no lo crees?-preguntó Akane mirando a sus hijos jugar

-Tan pronto?-respondió él-el pequeño apenas tiene tres años

-No quieres?

-No lo sé, hacerlos seguro que me gusta. Pero, me gustaría tenerte solo para mí un poco más. Acabamos de dejar los pañales.

-Ranma, cómo puedes decir algo así? No tienes vergüenza.

-Eres mi esposa, por qué debería? Dime:Tú quieres otro pequeño tornado en casa?

-Sí, ya sabes, los Tendo somos famos por tener familias grandes, eso dicen.

-Bien, que sean tres entonces.

Akane sonrió complacida.

-Mamá, cuidas a los niños unas horas?!-gritó Ranma a Nodoka, que debía estar en la cocina.-Te daremos más nietos!.

-Claro, hijo-respondió la mujer-iré en un momento.

-Ranma, pero qué estás haciendo?

-Me dijiste que querías otro hijo.-contestó él con obviedad

-Sí, pero se más discreto!-lo regañó su esposa.-Eres un bobo, qué vergüenza.

-Qué importa? Vamos-invitó a su esposa ofreciéndole la mano para ayudarla a levantarse.

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Buenas, buenas!. Qué dicen? Si ya sé que Genma es de lo peor y nada sacrificado, pero pues debe tener su corazoncito, tan malo no ha de ser

Y también, saben que últimamente, en broma y en serio, he estado pensando y diciendo que Ranma no parece hijo de Genma, y yo si lo creo capaz de robarse a un niño como Ranma, todo lindo, para beneficiar sus intercambios por comida En fin, no quería dejarlo tan mal así que lo puse con una pizca de motivos y conciencia, algo así.

Pues bien, este fic digamos que es en conmemoración al día del padre Ya crecidos y casados ese par seguirían y seguirían practicando lo de hacer bebés .

Es irónico que mucho sea protagonizado por Genma si aceptamos que es el peor padre del mundo del animé (o al menos esta en el top5) y por eso dejé a Ranma preparando a su tercer heredero.

Pues eso, besitos!