"Día 7: Paternidad"

La música siempre fue algo común en la casa de los Noceda.

La grabadora de música estaba perdida la mayor parte del día, los ritmos afrolatinos inundaban el espíritu de la casa con una tonelada de alegría, Luz de cinco años fue afortunada al nacer en un hogar así.

Incluso en los días malos como había sido hoy, llegar a casa mejoraba todo para la niña.

Los ritmos le hacían poner una sonrisa en la cara y cuando menos se daba cuenta sus pies ya se halaban siguiendo el ritmo de la melodía, la música corría por sus venas.

-Y eso, lo heredaste de tu padre – Camila siempre se enorgullecía de decirlo cada vez que la acompañaba a bailar alrededor de la cocina.

Sin embargo, cada vez que bailaba apoyada en los pies de papá, la historia era diferente…

-Bailas igual que tú mamá, mi querida Luz, sacaste su ritmo – Antonio le diría con una sonrisa en el rostro – Nunca pares de bailar mi pequeña …

Sin embargo, ninguno de los tres integrantes de la familia Noceda espero que el ritmo de la casa cambiara en tan poco tiempo, la música siempre inundó el hogar, pero desde la perdida de Antonio Noceda, ya nada sería igual …

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La comida siempre fue una tarea de dos.

Luz y su madre disfrutaban de pasar tiempo en la cocina, cuando era niña su madre solía subirla a un taburete mientras tomaba sus manos suavemente entre las suyas, a continuación guiaría sus movimientos para remover

Descubrieron por primera vez ese lugar cuando mamá y ella estaban de paseo por la cuidad, fue uno de esos días extraños donde las cosas se habían alineado para que Luz y su madre pudieran pasar tiempo de calidad juntas, estaban dando un paseo por la tarde, las hojas de los árboles estaban esparcidas por el suelo debido al viento, la calle ese día pintaba un cuadro de otoño muy hermoso.

Madre e hija iban tomadas de la mano, disfrutando del paseo cuando un olor particular llamo la atención de ambas.

Un alucinante aroma a pan recién hecho y un atrayente olor a carne cocinada las freno en seco, vas se miraron a los ojos como preguntando: ¿Oliste eso?, les tomo media fracción de segundo para que sus estómagos reaccionarán al delicioso aroma, fue entonces que las dos chicas se dedicaron a buscar la fuente de su descubrimiento.

Pronto, sus narices lo hallaron.

Un local al final de la calle era el responsable, les tomo treinta minutos y dos sándwiches después decidir que este sería su nuevo restaurante favorito.

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-Si todos esperáramos esa profecía que nos hace especiales… esperaríamos toda la vida, tú debes ser tú propio elegido.

Luz jamás espero oír esas palabras de la bruja adulta.

Cuando levanto la mirada y observo a sus pies la brillante tarde que adornaba este terrorífico mundo con el que se había topado por accidente, ni por asomo creyó que iban a pasar tantas cosas en tan poco tiempo.

La sensación de fracaso y de culpa se detuvieron en el instante en que esas palabras salieron de la bruja criminal.

Luz miró a la mujer, Eda se hallaba con la mirada al frente y una sonrisa en su rostro, tan solo llevaba unas horas de conocerla y sin embargo se sentía tan familiar, fácil y correcto estar a su lado que no dudo demasiado en su decisión de quedarse.

No sabía que tenía esta mujer que le atraía, o lo que el futuro les depararía.

Pero ante todo, una sensación de protección y familiaridad le llego, no sabía de dónde había surgido el repentino impulso, pero todo, por primera vez en mucho tiempo se sintió bien.

A Luz no se le ocurrió ni imaginó que muy pronto esa mujer se convertiría en una segunda madre para ella …

Ni las infinitas lecciones que le enseñaría…

•••

Tendría que pasar mucho tiempo, hasta unas décadas después, para que esa pequeña niña que bailaba en los pies de su padre fuera capaz de sacar brillo a la pista con la misma alegría de ese entonces.

Sin embargo sería muy diferente:

La sala de estar de las Noceda – Bligth estaba rebosante de alegría y vida, mientras una mujer de piel morena y ojos color chocolate guiaba a una personita que a duras penas le llegaba a la cadera, sus pequeños pies apoyados sobre los de su madre y sus manos firmemente apretadas en la mujer mayor, una sonrisa adornaba el rostro de ambas chicas mientras se movían al ritmo de la música.

Luz Noceda sonreía encantada mientras su pequeña hija se divertía bailando con ella, sus pequeños ojos dorados – como los de su madre – chispeaban con adoración.

Y Luz mientras levantaba la mirada, sus ojos se pasaron sobre los de su esposa, Amity estaba recargada en el marco de la puerta, meneo la cabeza divertida y una sonrisa se le reflejo en el rostro.

Un cálido sentimiento se instaló en su pecho mientras la música sonaba y su hija se aferraba a ella.

Su papá siempre había tenido razón … nunca debió parar de bailar …

Un par de minutos después del baile improvisado, la pequeña familia de tres, decidió que era hora de comer.

-Mami – la pequeña Azura tiró el pantalón de Luz tratando de llamar su atención.

-Si mija, ¿Qué pasa? – pregunto la morena.

-Podemos – la niña empezó a jugar con sus dedos – podemos tener sándwich hoy?

Luz se resistió – no, esos ojos de cachorrito, no … - sin embargo nunca pudo resistir suficiente a los encantos de su hija – dándose por vencida, lo único que pudo hacer fue menear la cabeza ante su debilidad .

-Ayyy – suspiro, sabía que por estos motivos Amity, su mamá y Eda ( en ese orden ) la regañarían o se burlarían por su falta de control – Está bien mi brujita – le acaricio la cabeza – por supuesto que podemos.

Y en cuanto las palabras salieron de su boca, su hija dio un pequeño grito de triunfo mientras corría escaleras arriba para informarle a su mamá.

Luz se resigno a su destino.

Miro una antigua foto donde estaban su mamá, ella y su papá, le sonrían desde el marco de la foto mientras su mini versión parecía bastante feliz comiendo spaghetti de forma desordenada.

Ser padre no era fácil …

Sin embargo, cuando Amity y su pequeña bajaban de la mano y Azura explotaba en felicidad, la latina decidió que todo valdría la pena, tomo la mano de su hija y las tres salieron en la búsqueda de esos sándwiches.

Al caer la noche, Luz y Amity se encontraban en la cama con su hija, la pequeña Azura estaba felizmente entretenida con su hora del cuento.

Las páginas desgastadas pero aún brillantes del séptimo tomo de la buena bruja Azura se escuchaban en el interior de la habitación:

"Entonces Azura tomo su bastón mágico, lo elevó al cielo y grito: ¡Hécate te desafío a un duelo de brujas!

La otra bruja sonrió confiada y con toda la confianza del mundo miro a su rival, dijo con voz fuerte y confiada: Acepto tú duelo, buena bruja Azura"

-Eh! – la niña asustada se escondió debajo de las sábanas.

-¿Qué pasa cariño? – Amity se miró con Luz un momento, antes de dirigirse a su hija, la pequeña se aferró con fuerza a las sábanas, Luz por su parte busco las manitas de su hija, las acaricio suavemente y dejo el libro a un lado por un momento.

-Mi brujita, ¿Qué sucede? – La morena secundo a su esposa hablando con suavidad.

-Es que … Azura … Azura y Hécate van a pelear .

Las madres se miraron un tanto preocupadas y otro tanto divertidas.

-¿Y eso te molesta cariño?

-Si.

-Mhm … ¿Por qué?

-Y si Azura se lastima – la niña asomo un poco la cabeza – Ella no es la elegida en esta misión y si le pasa algo? – los ojos dorados brillaron con temor.

Los irises de Luz brillaron en comprensión, luego le hizo un gesto a su esposa y la bruja reconoció de inmediato que sería la morena quien se encargaría.

-Bueno mija, no deberías tener miedo, ¿Sabes por qué?

La niña lentamente salió de su escondite y negó con la cabeza a su madre.

-Hace mucho tiempo, una bruja muy poderosa me dijo, que cuando quieres lograr algo, no necesitas ser elegido.

Ahora Luz había captado la total atención de su hija.

-No entiendo mami.

-Si Azura, verás, cuando era una niña, una poderosa bruja me dijo una vez, que no necesitas una profecía para hacer lo que quieras hacer.

-Lo que yo quiera?

-Todo lo que quieras – aseguro la madre.

-Entonces … Azura también estará bien verdad?

-Si mi pequeña, lo estará – Luz y Amity atacaron de besos a su hija hasta que la niña se sintió mejor.

Ambas madres retomaron la lectura, en unos minutos la niña estaba dormida, le dieron un beso en la frente y salieron sin hacer ruido de la habitación.

-¿Una poderosa bruja eh? – Amity golpeó juguetonamente su cadera.

-Que te puedo decir, solo me rodeo de lo mejor – una sonrisa engreída se apoderó de Luz.

Su esposa puso los ojos en blanco, más pronto lo reemplazo por una sonrisa -Buen trabajo ahí cariño.

-Gracias amor.

-Dormir a Azura puede ser todo un desafío.

-No lo dudes.

Ambas se vieron agotadas pero con amor, la paternidad no era fácil, pero no lo cambiarían por nada del mundo …