Disclaimer

Ranma y ninguno de los personajes de Ranma 1/2 me pertenecen, todos son propiedad y autoría de Rumiko Tahakashi. Este fanfic es realizado sin fines de lucro


Quizás, tal vez.

Akane se encontraba en su habitación sentada tras su escritorio, veía de forma distraída a través de la ventana sin prestarle atención realmente a nada, suspiraba de ratos, su mirada estaba cargada de tristeza y un poco de dolor, podía escuchar a lo lejos el ruido de las peleas y discusiones, otra vez el trío de locas había ido a irrumpir la tranquilidad de su hogar y, como de costumbre, Ranma no había hecho nada para que se fueran, a su forma de ver, parecía que las alentaba a que fueran, siempre era lo mismo con él, ella sabía que al chico le gustaba la atención femenina, y eso le molestaba, y él lo sabía, bufó en señal de molestia mientras la batalla se trasladaba al patio trasero.

Su ceño se frunció a medida que su furia iba creciendo, todo su ser clamaba por ir a golpear a su prometido y gritarles a las entrometidas que se largaran, pero no lo haría, estaba cansada de esa situación, de siempre ser la prometida negada y menospreciada, había pensado… había creído… negó suavemente con la cabeza, realmente había imaginado que, desde aquella ocasión, todo mejoraría entre ellos, que él la reconocería, que sólo la vería a ella, pero se había equivocado, ella era la única que pensaba en el "nosotros"

Hacía algún tiempo que hubo un cambio entre ellos, por un momento sintió que ambos hacían madurado un poco, habían discutido, como de costumbre, y habían perdido los estribos, como siempre, las palabras, hirientes, salieron sin control por parte de ambos, se gritaron, se reclamaron todo lo que querían, esta vez sin interrupciones, no había nadie cerca, estaban en medio de la nada debido a que habían huido de todos los que los perseguían, como ya era costumbre, pero por primera vez, los habían perdido a todos, dándoles unos momentos para aclarar las cosas a su propio ritmo.

No fue fácil, el carácter de ambos era muy complicado, ella acostumbrada a estar a la defensiva ante todos y él tener siempre la razón, pese a que estuviera equivocado, las lágrimas salieron rebeldes por sus castaños ojos, estaba enojada, fúrica, estaba cansada de ser negada, de ser la única prometida maltratada y denigrada, y se lo dijo, le reclamó tantos insultos, las burlas a su cuerpo, a su persona, a su falta de habilidades como mujer, y presa del fuego del momento, le dejó salir lo que llevaba tiempo pensando.

- Si tan poca cosa soy, deshaz el compromiso, no tengo intención de atar a alguien a mi si no soy lo suficientemente buena, no reclamaré, aceptaré, le diré a papá que estoy de acuerdo y, aunque se oponga, yo también diré que es lo que deseo. Seguramente tratará de persuadirnos y engañarnos para que aun así nos casemos, pero si tu también pones de tu parte, aunque sea en este común acuerdo, estoy segura de que lo lograremos.

Su voz salió firme, pese a que todo su cuerpo temblaba de terror y horror, obviamente ella no quería, a pesar de la forma en que la trataba y denigraba, había llegado a quererlo, a amarlo, ninguna persona en su sano juicio se arriesgaría tanto por otra de no ser que estaba enamorada, y eso lo comprendió en aquella pelea contra Saffron, donde se lanzó sin dudar para protegerlo, y aquellas palabras que escuchó en medio de los sueños le dieron esperanzas, muchas, y creyó que tal vez ellos podrían mejorar ahora que al fin él también había aceptado sus sentimientos, sin embargo, eso nunca sucedió, por el contrario, parecía que todo lo había soñado, ya que el chico negó que hubiera dicho algo, se sintió tonta e ilusa, sus deseos porque sus sentimientos fueran correspondidos le habían jugado una broma muy pesada, y no había día que no lo lamentara, se había creado ella misma una ilusión, un sueño, que, ahora, ya jamás pasaría.

Cuando se dio media vuelta para irse a su hogar, el chico la sujetó de su brazo y le impidió la acción, la abrazó fuertemente como si su vida dependiera de ello, decir que su corazón latió de forma desbocada sería poco, su voluntad flaqueó y se auto regañó, no podía dar vuelta atrás, ella merecía algo mejor, no solo las migajas que iban siendo tiradas por el camino, ya no iba a mendigar, había llegado a lo más profundo, y era hora de levantarse, con las pocas fuerzas que le quedaban intentó separarse del fuerte agarre, pero este se cernía cada vez más a ella.

- No – fue la fuerte voz que resonó en el vacío lugar – Tu eres mi prometida

- No, Ranma, yo soy sólo una de tus prometidas – le corrigió – No estoy dispuesta a seguir en este ciclo vicioso sin sentido que tu padre creó y tu sigues solamente por comodidad o tu falta de coraje para decidirte, si es tu deseo seguir siendo cotizado por cuanta mujer tu padre te ponga está bien, pero creo que yo… - su voz se quebró un poco – yo no puedo, no puedo seguirte en este juego, y eh decidido, por mi bien, o mejor dicho, por nuestro bien – aclaró – que tengamos caminos separados – finalizó en medio de aquellos brazos, su fuerza había decaído.

Sentía cómo sus ojos luchaban por llenarse de lágrimas, su labio temblaba, su cuerpo quería seguirle, pero se lo impedía, se mantenía quieta, su corazón latía desbocado, estaba segura que podía ser escuchado de forma fuerte y clara. El chico le respiraba en el oído de forma tranquila, lo cual le causaba un poco de cosquillas y, por qué no decirlo, nervios, suponía que meditaba sobre lo que le había dicho, y aunque quería conservar cierta esperanza, realmente no la tenía, si no había hecho nada en tanto tiempo, aún después de un intento de una boda, era lógico pensar que unas simples palabras no le harían decidirse.

Empujó de forma suave pero firme al pelinegro, intentando deshacer el amarre, sin embargo, cada que lo hacía, el otro volvía a agarrarla con fuerza, a pesar de que le hacía feliz, ya que nunca hacía ese tipo de actos, no podía evitar sentirse un poco fastidiada al pensar en que era como un niño que tiene muchas pelotas a su alrededor y que, cuando le quitan una, es justamente esa la que quería tomar, ella no era su juguete. Su coraje aumentó y, con toda su determinación, se separó de él.

- Te elijo – fue la firme voz que se escuchó por el lugar

Akane parpadeó perpleja, ahora más que nunca estaba convencida de que aquello no era más que un juego para el ojiazul ¿Justo cuando se había decidido a dejarlo se había decidido? Le recordó un poco a aquella ocasión cuando Shampoo había usado aquella extraña joya que hacía que sintiera lo contrario a sus verdaderos sentimientos y él, sólo por creer que estaba perdiendo su atractivo, hizo hasta lo imposible por recuperarla. Eso eran ellas para él, un harem para enaltecer su orgullo.

- No – repuso – Te lo dije, no seré parte de tu pequeño ejército de mujeres que están a tu alrededor para enaltecerte y hacerte sentir más hombre, yo… - vaciló – yo te quiero Ranma – confesó con las mejillas ardiéndole y de un color carmín intenso – pero… - su voz se quebró y sintió cómo una lágrima escapó de su ojo – Me quiero más a mí, Ranma

- No te lo permitiré – respondió con algo de coraje – Tú eres mía y de nadie más – confrontó

- ¿Y tú? ¿De quién eres? ¿Tú puedes tener a quien quieras, pero las demás no? ¿Crees que es justo? Estás condenándome a seguir las reglas que tú impongas mientras sólo tú estes satisfecho.

- Yo…

- No te preocupes, Ranma – sonrió, aunque la alegría no llegaba a sus ojos – estoy segura de que esto es lo mejor para ambos

Temblaba de pies a cabeza, y sentía que sus piernas que en cualquier momento fallarían, puso su mano sobre el hombro del chico en un intento de que él comprendiera que no cambiaría de opinión, Ranma mantenía su vista oculta entre su flequillo y se mantenía callado, usualmente no lo veía así, siempre era tan explosivo, los dos lo eran, quería besarlo, sentía que necesitaba hacerlo, pero si cedía ante ello, todo su esfuerzo sería en vano. Cuando al fin retiró su mano del hombro del otro, fue como si todo estuviera en cámara lenta, podía sentir cómo su corazón se partía, junto con su alma.

De forma repentina, el pelinegro la sujetó fuertemente, tanto que debía admitir que le dolía un poco, la sorpresa le imposibilitó reaccionar de forma rápida, y cuando lo hizo, su instinto le decía que lo golpeara y gritara, tal como siempre lo había hecho, pero al estar tan vulnerable, su cuerpo no reaccionó de la forma que debería, por el contrario, sus mejillas se tiñeron de un brillante tono rojizo y su cuerpo entero se comenzó a sentir cálido, presa de la vergüenza, comenzó a removerse entre el agarre con el fin de zafarse, aunque era inútil, el chico estaba usando toda su fuerza en retenerla, siempre supo que él era más fuerte que ella, pero sabía que siempre era sumamente cuidadoso en no usar todo su poder en ella para no lastimarla, de hecho, dudaba que alguna vez hubiese usado siquiera un cuarto de la misma contra ella.

Ranma, por su parte, estaba preso de la desesperación, su corazón latía rápidamente, si no fuera por el hecho de que sabía controlarse probablemente en ese momento estaría temblando, no sabía que hacer, siempre se había sentido seguro de todo, su fuerza, su técnica, sus habilidades, incluso en cierta medida sobre su futuro, que si bien, gracias a su padre, a veces no sabía dónde iba a dormir o si iba a comer algo, sabía que con sus habilidades y un poco de esfuerzo podía lograr algo, y aunque no lo admitiera, su actualidad se había vuelto algo también, que pese a que en ocasiones le molestaba, no lo odiaba, se había vuelto parte de su vida, de su rutina, se había vuelto algo seguro.

Las peleas constantes, los ataques, las chicas discutiendo por él, el correr desesperadamente de todas ellas para no lastimarlas físicamente, porque él podía ser el mejor artista marcial del mundo, pero jamás levantaría su mano contra una mujer, todo eso se había vuelto parte de su día a día, y en cierta medida le gustaba el saber que era importante, y además obtenía un beneficio adicional, que era el entrenamiento que realizaba cada vez que alguno de los locos chicos lo desafiaba, sobre todo Ryoga con su obsesión con Akane.

El pensamiento de que sería el chico cerdo el que se quedaría con la peliazul llegó a su mente, y no le gustó, siempre supo que era egoísta, pero nunca supo hasta ese momento el cuánto, el sólo imaginar a la chica con alguien más le hacía hervir la sangre, y también podía sentir el miedo. ¿Acaso era eso lo que ella siempre sentía? Podía entender un poco el porqué estaba tan molesta, sabía que era popular, muchos hombres veían todas sus cualidades, eran demasiado evidentes, su amabilidad y buen corazón hacían que cualquiera se enamorara de ella, tal y como él lo había hecho, sin embargo, siempre confió que la simple promesa de un par de hombres borrachos los mantendría unidos por siempre, sin tener que sacrificar nada, sin tener que aclarar nada, ahora veía lo equivocado que estaba. Sentía la boca seca.

- Ranma – le llamó con voz suave, el agarre comenzaba a dolerle – Por favor, suéltame

- No – contestó firmemente

La chica se frustró por la obstinación del chico, era obvio que no daría su brazo a torcer, pero esto no era por él, era por ella, sin embargo, mientras más fuerza usaba para soltarse, más fuerte era el agarre del pelinegro, mentalmente se preguntó si sería buena idea golpearlo, o si serviría acaso de algo.

- ¡Ya basta! – exigió el chico asustando en cierta forma a la peliazul – No te soltaré hasta que cambies de opinión

- ¿Cambiar de opinión? Ranma, nunca he estado más segura en algo, yo no voy….

- ¿Quieres seguridad? Te daré seguridad. Te elijo, tu serás mi esposa, yo, Ranma Saotome, me comprometo voluntariamente a casarme contigo únicamente

La cara de Akane se tornó de un rojo brillante, su ser entero se sintió avergonzado y emocionado al mismo tiempo y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, había una mezcla de emociones en su interior, no sabía si podía creer en él, ya antes se había retractado de sus palabras ¿Qué le aseguraba que no lo haría otra vez? Las dulces palabras sólo eran eso, no podía confiar en ellas y, sin embargo, su corazón latía desbocado por la simple idea de que ella fuera la elegida, entonces ¿Qué podía hacer? ¿Podía dar un salto al vacío sólo porque él se lo pidiera? Se dio cuenta de que sí, sí podía, podía confiar en él de forma tan ciega que hasta ella misma se sorprendía. Y es así como dio otro salto al vacío, con solamente una promesa dicha al aire.

Ese día, regresaron ya tarde a casa, en un silencio que sólo era roto por los clásicos sonidos de la noche, tomados ligeramente de la mano, avergonzados, pensando cada quien en lo dicho y las decisiones tomadas, el corazón de Akane latía emocionado mientras contenía sus ganas de sonreír, por su mente cruzaban pensamientos de qué pasaría en el momento de que llegaran a su hogar ¿Ranma diría algo? ¿Hablaría con su padre? ¿Establecerían la fecha de la boda? ¿Qué pasaría con las otras prometidas? Sacudió ligeramente la cabeza, no, ya no había más prometidas, ella era la única, y seguramente Ranma se los haría saber.

Cuando llegaron al dojo, las luces ya estaban apagadas, no sabía qué hora era, seguramente ya era bastante tarde ¿Habían demorado tanto? No importaba realmente. Al cruzar el umbral, los dos se quedaron quietos, sin saber realmente qué hacer, al cabo de unos segundos, ambos se desearon buenas noches de una forma algo torpe, sin esperarlo, el pelinegro la jaló ligeramente para darle un suave beso en la mejilla para después desaparecer rumbo a su habitación sin decir nada más.

La peliazul sintió su cara arder mientras sus mejillas mostraban un fuerte color carmesí, sus labios, que habían mostrado una señal de sorpresa, poco a poco fueron cambiando por una sonrisa, se sentía soñar, como si estuviera en una nube, Ranma le había dado un beso no porque fuera un gato o estuviera bajo un hechizo sino por voluntad propia. Caminó a su habitación como en medio de un sueño y en ese mismo estado se fue a dormir.

La mañana llegó llena de luz, cuando Akane despertó lo hizo de forma emocionada, se arregló como de costumbre y bajó al llamado de Kazumi para el desayuno, con cada paso que daba su corazón latía con más fuerza y sus labios mostraban la alegría que sentía por dentro, estaba nerviosa. Cuando llegó, pudo ver a todos sentados como de costumbre sin mostrar signos de que el chico hubiera dicho algo, de hecho, el pelinegro se encontraba peleando con su padre, como siempre, por un trozo de comida, se tranquilizó a si misma pensando que, seguramente, no había habido un momento oportuno para mencionar nada, y que ya sería más tarde. Con un poco de consternación, se sentó para comer.

El resto de su día transcurrió de una forma tan normal, que para el final del mismo se llegó a preguntar a sí misma si es que acaso todo había sido un lindo sueño, su corazón dolió ante el pensamiento y las ganas de llorar se presentaron, pero las alejó diciéndose que tal vez el chico no había encontrado momento para acercarse a ella, y es que sus amigas no la habían dejado ni a sol ni a sombra preguntándole por el disturbio de ayer, y aunque quería contarles lo sucedido, aún no era el momento. Al menos ese día el trío de locas no se habían presentado, aunque si lo pensaba un poco tal vez no era tan bueno porque así Ranma no podría aclararles que él ya se había decidido.

En la hora de la cena, su corazón volvió a latir emocionado, pensando que, tal vez, ahora sí Ranma diría algo a su padre, se había imaginado todo el día las palabras que su prometido diría, sabía que no era un romántico y que no se le daba bien el hablar y tal vez sólo diría unas cuantas palabras, pero eso estaba bien para ella, sin embargo, cuando todos se retiraron para dormir y nada había sido dicho, sus esperanzas se terminaron de romper.

Cuando llegó a su habitación, ésta se vio enorme y abrumadora, la oscuridad amenazaba con consumirla y ella la dejaría, sus ojos comenzaron a llenarse de un líquido salado que conocía bastante bien, sin embargo, antes de que las lágrimas siquiera salieran de sus cuencas, un ligero golpe en su ventana llamó su atención, no necesitaba ver de quién se trataba para saber quién se encontraba al otro lado del cristal, sólo podía ser una persona.

Con nervios abrió la ventana para darle paso al chico mientras se regañaba mentalmente por ser tan débil al pelinegro, debía estar enojada, furiosa, sin embargo, lo que sentía era miedo, miedo de que otra vez el chico se retractara, sabía que debía estar temblando, de hecho, lo hacía por dentro, pero por fuera no lo demostraba, le sorprendía el control que tenía sobre su cuerpo. Esperó pacientemente a que el ojiazul estuviera completamente en su alcoba imaginando tantas cosas que se sentía mareada. Sin embargo, nada la preparó para lo que hizo, la abrazó de forma tan fuerte y a la vez tan suave, que todos sus miedos desaparecieron sin dejar rastro.

En la oscuridad todo se sentía tan íntimo y reconfortante que la dejó sin defensa alguna, su cuerpo actuó por sí mismo y correspondió el cálido abrazo, dejándose llevar, posando su cabeza en el fornido hombro, no le era ajeno el cuerpo del chico, varias veces había sido cargada y protegida por él, pero le sorprendía que, pese a tanto músculo, fuera tan suave, ninguno dijo palabra alguna. No supo cuánto tiempo pasaron en esa posición, pero estaba segura que no habían sido minutos, de cualquier forma, no le importaba, cuando el chico se retiró del lugar, sus demonios internos se habían calmado.

Aquello rápidamente se volvió una rutina, donde después de que todos se habían retirado a sus aposentos a dormir, el pelinegro se escabullía a la habitación de la chica y pasaban ahí un largo rato, a veces sólo tomados de la mano, a veces abrazándose, cuando ambos se sintieron con un poco más de confianza, sobre todo por parte del ojiazul, las suaves y delicadas caricias se hicieron presentes, donde sus ásperas y cálidas manos delineaban su rostro de forma gentil o su cabello. Una noche, en la que el ambiente fue ideal y la intimidad del lugar les brindó el valor que necesitaban, ambos dejaron sus miedos e hicieron caso a lo que sus corazones gritaban y finalmente compartieron lo que, probablemente, ambos deseaban desde el momento que se conocieron, un beso.

Akane comprendió por primera vez porqué decían que sentían mariposas en el estómago, era un sentimiento bastante extraño pero maravilloso, su cuerpo hormigueaba y sentía una extraña necesidad de que ese encuentro no terminara, pero el tiempo es extraño, cuanto más disfrutas de algo más rápido pasa, como lo fue en ese instante, donde aquello se sintió como si hubiera durado apenas unos segundos, pero dudaba que eso fuera real, puesto que el sol comenzaba a asomarse por el horizonte. Conscientes de que no podían pasar más tiempo juntos, el chico se retiró a su habitación dejando a la chica en una sensación de flotar.

De eso último habían pasado apenas unos cuantos días, los encuentros brindaban algo de tranquilidad al corazón de Akane, sin embargo, nada fuera de eso había cambiado entre ellos, en el día seguían peleando y discutiendo como de costumbre, la hería de la misma forma, le decía las groserías de siempre y seguían los mismos pleitos por parte de sus otras prometidas, así que, en ese momento, se encontraba sumamente confundida, y más por la pelea que se presentaba frente a sus ojos donde era evidente que ella era la única que pensaba en ellos dos como un algo, mientras que él se sentía cómodo en la situación actual.

Suspiró cansada y derrotada, no sabía qué hacer, por una parte, no quería terminar lo que tenían, pero ¿Qué tenían? ¿Acaso tenían algo? O solamente eran sus esfuerzos banales por conservar a su harem, el pensamiento hizo que su corazón doliera. Distraída en sus pensamientos no notó que la pelea se había trasladado a adentro de su hogar ni que se dirigía hacia su habitación hasta que pasó por ahí el maestro Happosai, seguido del pelinegro, y éste perseguido por el trío de locas, dejando a su paso desorden y destrucción que tendría que levantar ella sola. Lamentó su suerte.

Con resignación comenzó a recoger las cosas que habían sido tiradas encontrándose en el piso con un extraño pero hermoso espejo de mano, lo tomó con cuidado, temiendo que en el encuentro se hubiera roto, sin embargo, se encontraba intacto. Se notaba algo antiguo, no muy valioso, pero si elegante, seguramente habría sido tirado por Shampoo o tal vez el maestro Happosai, ninguna de las dos opciones le parecían muy buenas, ya que conocía la reputación de ambos, pero había algo en él que le atraía, además era realmente hermoso.

Escuchó un estruendo afuera, seguramente el muro de su hogar habría caído nuevamente, y como siempre, su padre tendría que correr con los gastos que implicaba repararlo, a veces se preguntaba si realmente su compromiso con Ranma era para bien del dojo o simplemente había llegado a empeorarlo, suspiró nuevamente, mientras se sentaba en su silla y colocaba el espejo entre sus manos apoyándolo levemente en su escritorio, dejando olvidado todo el desastre a su alrededor, sus labios se curvaron en una sonrisa amarga, pese a todo, no se arrepentía de haberlo conocido, por el contrario, estaba muy agradecida, pero al mismo tiempo, no podía evitar sentirse adolorida.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas por el sentimiento agridulce que tenía al pensar que, seguramente, su futuro con el chico sólo existiría en su pensamiento, y mientras las gruesas gotas salinas rodaban por sus mejillas, no pudo evitar pensar en un futuro con el chico donde ella fuera la mujer con la que caminaba tomados de la mano a la vista de todos. Las lágrimas cayeron de forma descuidada sobre el hermoso espejo sin que la chica le prestara realmente atención, por lo cual no fue consciente del cómo éste comenzó a brillar hasta que el brillo fue cegador, atrayendo su atención, sin embargo, para este momento ya fue tarde y nada pudo hacer.

Akane se sintió algo mareada y parpadeó varias veces en un intento de aclarar su visión, la cual se encontraba algo borrosa, miró a su alrededor mientras sus ojos se readaptaban a la cantidad de luz, se encontraba en el piso que daba al patio trasero, su cara denotaba su clara confusión, no recordaba haberse desplazado hacia ese lugar, lo último que recordaba era que estaba en su habitación completamente desordenada, se levantó lentamente del piso, pero al hacerlo notó que en su mano sujetaba aquél extraño espejo, buscó con su vista a algún miembro de su familia, pero no había nadie. La calma en la que se encontraba el lugar le causaba un poco de preocupación, su hogar no solía estar tranquilo.

Caminó por el lugar intentando encontrar a alguien, sin éxito alguno, todo era tan extraño y familiar al mismo tiempo, nada se veía diferente o fuera de lugar, sin embargo, parecía como si su hogar tuviera más vida y brillo que antes, como si irradiara calor. Subió a la segunda planta continuando con su búsqueda, ahí si que encontró algunas diferencias, los cuadros donde estaban los nombres de ella y sus hermanas en sus respectivas habitaciones no estaban, llena de curiosidad, ingresó a cada una de ellas. La habitación de Kasumi estaba llena de peluches, sus cortinas eran de un color rosa pálido que hacía juego con la cama, muy hermoso, pero en definitiva no acorde a los gustos de su hermana, además había un escritorio con algunos materiales de estudio. La vista se le hizo extraña, pero pensó que tal vez la castaña había decidido redecorar su alcoba, sin querer pensar más en el asunto, cerró la puerta dejando el lugar atrás.

La siguiente que abrió fue la de su hermana Nabiki, y al verla, no pudo ignorar más el hecho de que algo extraño pasaba, sabía que los gustos de su hermana solían ser un poco particulares, pero a fin de cuentas era una mujer, y aquella habitación no tenía ningún toque femenino, cortinas y cama en tonos azules, un escritorio, un balón tirado en la habitación, Nabiki no era para nada deportiva, no había motivo para que hubiera ahí algo como eso, su corazón comenzó a latir rápidamente en señal de su nerviosismo, cerró la puerta sin mover nada.

Ahora con más preocupación, se dirigió a su alcoba, la cual realmente no tenía muchas diferencias, salvo una muy importante, su pequeña cama había cambiado por una más grande, y su escritorio había desaparecido, mentalmente se preguntó si alguien le estaría gastando alguna especie de broma, pero sonaba bastante risible ¿Quién dedicaría tanto tiempo en hacer algo tan elaborado sólo por diversión? Ni siquiera Nabiki gastaría tanto tiempo y dinero en algo tan tonto.

Bajó nuevamente, aún con la mente hecha un lío y se dirigió a la entrada principal, esperando que hubiera alguien ahí, sin éxito alguno, salió hasta la calle con las mismas esperanzas, pero estaba desértica, al darse la vuelta para volver a ingresar algo llamó su atención por el rabillo del ojo, el nombre del dojo, el que su padre mostraba con orgullo y por el cual había decidido casar a una de sus hijas para que pudiera subsistir, había cambiado, su corazón latió deprisa al notar el cambio, en lugar de Tendo, decía Saotome.

Sus labios se curvaron en una enorme sonrisa, y con premura ingresó de vuelta para encaminarse hacia el dojo, tuvo que hacer un esfuerzo para no hacerlo corriendo, pero no quería demostrar lo nerviosa que se sentía, en caso de que en verdad alguien le estuviera gastando una broma de mal gusto. En el sendero que conectaba al dojo, pudo notar uno hermoso árbol de cerezo, lo cual le extrañó, ellos no tenían ningún árbol de ese tipo, su padre nunca había querido uno ya que su madre había fallecido cuando los cerezos estaban en flor, y le despertaban sentimientos bastante agridulces, además, estaban bastante grandes y frondosos, lo cual denotaba que tenían algunos años ahí.

En la entrada del dojo, pese a que se veía igual que siempre, no se sentía así, parecía más renovado, más brilloso, como si hubiera vuelto a cobrar vida, sintió una calidez en su pecho que lentamente se esparcía por todo su cuerpo que, extrañamente, comenzó a sentirse pesado, lo cual ocasionó que tuviera que dejarse caer al suelo, sentía como si aquél fuera su hogar ideal, lleno de calma y amor, y en medio de tanta alegría, un pensamiento aterrador se atravesó ¿Sería aquél su hogar? ¿Qué tal si era el de alguien más y por eso irradiaba tanta paz? El dolor en su pecho reemplazó la calidez.

El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos, y presa del miedo, salió corriendo del lugar para esconderse debajo del dojo, se sentía una intrusa en su propio hogar, pero tal vez, ese ya no era su hogar, sacudió la cabeza intentando despejar esa idea. A lo lejos pudo escuchar un par de dulces y risueñas voces gritando de forma alegre la palabra mamá, se preguntó de quién serían hijos, nadie en su familia había tenido aún hijos. Pudo ver los pequeños pies corriendo de un lado para el otro buscando a su progenitora mientras ella procuraba no hacer ningún ruido, de pronto una voz masculina resonó por el lugar.

- Niños, no puede ser que apenas llegamos y empiecen a buscar a su madre ¿No pueden darle un poco de tranquilidad?

Ante el regaño, que en realidad no lo era, los dos pequeños rieron aún más alegremente mientras se perdían en el interior del hogar. El corazón de Akane dolió, podía reconocer aquella voz donde fuera, era Ranma, y por lo que había dicho, deducía que aquellos dos pequeños eran sus hijos, las lágrimas comenzaron a anegar sus ojos, era obvio que, al final, ella no había sido la elegida, lo había perdido todo, a su hogar, su prometido y su futuro, aquellos niños no podían ser de ella, tenían que ser de alguna del trío de locas, su cabeza giraba, sus pensamientos iban y venían sin orden, su respiración comenzaba a ser agitada, quería huir de ahí, quería correr y alejarse lo más posible de aquella pesadilla, pero el azabache no se había movido de en frente del dojo y podía escuchar a los pequeños volver a acercarse a su escondite, sujetó con fuerza el pequeño espejo de mano como si le pudiera brindar fuerzas o protección y, aunque intentó evitarlo, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas cayendo directamente en el artefacto, el cual comenzó a irradiar de nueva cuenta una luz cegadora la cual la envolvió totalmente, haciendo que todo a su alrededor comenzara a desaparecer, y justo antes de que esto sucediera pudo escuchar la voz del chico.

- ¡Akane! ¿¡Dónde estás!?

El corazón de la chica dio un vuelco, y quiso salir de donde se estaba para encontrarse con el chico, sin embargo, esto ya no le fue posible, sintió como si algo la jalara hacia un vórtice haciéndole sentir mareada, hasta que pronto ya no supo de sí.

Los ojos de la peliazul se comenzaron a abrir lentamente y con algo de pereza, le costó algo de trabajo adaptarse a la poca luz del lugar, al parecer se había quedado dormida sobre su escritorio y la noche se había hecho presente. Una vez que sus ojos se adaptaron miró a su alrededor, notando cómo todo se encontraba en el mismo desorden en el que lo había visto por última vez, confundida, miró el pequeño espejo que tenía en su mano y sonrió de forma amarga, había sido un sueño, uno extraño y lindo, pero sueño, a fin de cuentas, era lógico, algo como eso nunca pasaría.

Meneó la cabeza con el único fin de quitarse aquellos restos del hermoso sueño, y decidió que limpiaría un poco el lugar, al menos lo suficiente como para poder dormir cómodamente en su cama, se estiró para quitarse lo adolorido del cuerpo y, justo cuando iba a comenzar su labor, algo captó su atención. Sobre su escritorio se encontraba un pequeño paquete, en medio de la noche le era difícil distinguir de qué se trataba, así que prendió la luz de su escritorio, era una suerte que no hubiera sido destrozada en medio de tanto alboroto, se preguntó hacía cuanto había acabado aquella pelea, tal vez seguía en algún lugar de Nerima.

Cuando la luz cumplió su función de iluminar, Akane pudo notar que se trataba de un pequeño árbol, decir que estaba confundida era poco, usualmente se regalaban flores, nunca un árbol, y lo que era más importante ¿Quién le podría regalar algo así? Tomó la pequeña planta con delicadeza para analizarla mejor, y al hacerlo, una pequeña nota cayó, se preguntó dónde habría estado para que no la hubiera notado. Al comenzar a leerla su corazón dio un brinco, conocía de sobra aquella caligrafía descuidada.

"Para Akane" se podía leer. Confundida y llena de curiosidad la abrió, sin embargo, en el instante en que lo hizo se arrepintió ¿Qué pasaría si era algo malo? Ya no había vuelta de hoja. "Sé que mis acciones no dicen mucho, y que me he comportado como un cobarde al no enfrentarme a Shampoo, Ukyo y Kodachi, y tampoco a mi papá, y también sé que es egoísta de mi parte pedirte esto, pero si está en ti, quisiera que me dieras más tiempo, a cambio, te regalo este árbol de cerezos como símbolo de mi compromiso hacia ti y al mismo tiempo como una disculpa, sé que lo ideal sería un ramo de flores, pero no es mi estilo, y se marchitan, en cambio, este árbol te dará flores cada año, recordándote que a la que eh elegido es a ti. Si decides darme ese tiempo y esta oportunidad, por favor plántalo donde puedas verlo crecer y donde cada año, cuando los cerezos florezcan, puedan recordarte el compromiso que hice contigo.

Akane quiso reir, era la carta más extraña que jamás había recibido y, sin embargo, tal vez la más sincera ¿De dónde habría sacado Ranma aquella idea tan extraña? De pronto recordó algo, en su sueño, había un árbol de cerezo en el camino al dojo, miró con ojo acusador a la pequeña planta mientras las dudas asaltaban su mente ¿Habría hablado mientras dormía? Seguramente sí, y tal vez de ahí sacó el chico la idea. Suspiró de forma pesada, pese a haber dormido se sentía cansada, volvió a ver el desastre de su habitación y decidió que sólo arrinconaría todo en un lado, temprano en la mañana acomodaría todo. Dio un último vistazo al cielo nocturno y, sin más, se dispuso a dormir.

La mañana llegó llena de vida y luz, el cielo despejado indicaba que sería un día caluroso, Ranma, como de costumbre cuando no había clases, se había despertado bastante tarde, aunque no tanto como para haberse perdido el desayuno, el cual, según el llamado de Kasumi, pronto estaría listo. Caminaba de forma perezosa por los pasillos mientras rascaba su barriga y su cabello y daba un gran bostezo intentando despertarse por completo. Llegó al patio trasero y se sentó ahí a disfrutar el suave viento matutino, sin embargo, ni bien había tomado su lugar cuando algo captó su atención.

La peliazul se encontraba ahí, junto el camino al dojo, vestida en un overall rosa, el mismo que le habían obligado usar en varias ocasiones, en él lo detestaba, pero en ella le daba un aire infantil que simplemente le encantaba. Debido a que estaba de espaldas no podía ver bien qué era lo que hacía, pero parecía ser importante, quería ir junto a ella y averiguarlo, pero no se sentía en la confianza, lo de ayer había sido demasiado, y no sabía si la chica estaba enojada con él, o qué tanto, y admitía que tenía él toda la culpa, por eso le había regalado aquél árbol la noche anterior, y también influía que a la hora que pudo volver a casa no encontró ninguna florería abierta, había sido un golpe de suerte encontrar a un vendedor ambulante a esas horas de la noche. El llamado de Kasumi atrajo su atención, quizás en la noche intentaría hablar con ella y saber cuál era su respuesta, con esa idea en mente se dirigió al comedor dispuesto a desayunar, antes de que su padre se devorara todo.

Akane limpió el sudor de su frente de forma descuidada manchándose en el proceso de tierra su rostro, sonreía suavemente, había escuchado el llamado de su hermana mayor y había terminado justo a tiempo su tarea, miró al cielo notándolo despejado, recogió sus herramientas y se fue a arreglar para poder desayunar, tras de ella, un pequeño árbol había sido plantado a la espera de poder crecer con el paso del tiempo, a la espera de una promesa. El camino no sería fácil, ni sería rápido, pero ella podía esperar, tenía esperanza y confiaba en aquél chico, y quizás, tal vez, algún día, podría ver a los pequeños que escuchó y, quizás, tal vez, podría ver vuelto realidad su hermoso sueño.


Notas del autor

Este fanfiction estaba destinado para ser parte del #Rankaneday de parte de #mundo_fanfics_inuyasha_y_ranma y, se me hizo tarde... mucho. Pero ya tenía la idea y no lo quise dejar pasar, así que, aunque ya no sea parte de la dinámica, les dejo este pequeño fanfic.

Como siempre les agradezco a ustedes, los lectores, porque sin ustedes este escrito no tendría vida, y aprecio cualquier review que pudieran dejar.

Hasta la próxima