—Esa Kallima…, tanto si se trata realmente de Violeta como si no —murmuró Marinette—, tiene que ser alguien que lleva mucho tiempo en la órbita de los Agreste. Lo suficiente como para haber descubierto el secreto de Adrián, algo que ni él mismo sabía. Y lo bastante cercana a él como para ser capaz de quitarle esos anillos. No sé si Narcisa cumple esos requisitos, y eso me pone muy nerviosa —confesó—, porque estaba convencida de que ya habíamos descubierto la identidad secreta de nuestra Polilla.
Cat Noir cerró los ojos con cansancio. Tenía la sensación de que estaban reuniendo piezas importantes del rompecabezas, pero aún les faltaba información y, lo que era peor, ni siquiera estaba seguro de que las piezas que tenían encajasen unas con otras.
—Es cierto que parece que lleva mucho tiempo planeando esto —dijo—. Imagino que estará furiosa y dolida…, no solo porque los Agreste la abandonaron, sino también porque… la sustituyeron por un niño que había sido creado mediante la magia de los prodigios.
Marinette alzó la cabeza para mirarlo.
—¿Qué quieres decir? No estuvo bien que los Agreste abandonasen a Violeta, por supuesto, pero Adrián es como cualquier otro chico…
—No, no lo es; es una marioneta —replicó él, irritado. Se odiaba a sí mismo por haber causado todo aquello. Porque sus padres habían cambiado una niña real por una criatura construida a la carta, para poder mangonearla a su antojo—. Obligado a obedecer las órdenes de su padre sin saberlo siquiera, sin personalidad propia…
—Adrián tiene personalidad —cortó ella, furiosa—. Él no tiene la culpa de que sus padres se aprovechasen de esa debilidad suya, pero yo le devolví los anillos para que fuera libre…
—…Y entonces rompiste con él —completó Cat Noir. Marinette se quedó mirándolo con perplejidad—. ¿No fue así? ¿No dejaste de salir con él cuando descubriste quién era en realidad?
—¡No! —casi gritó ella—. ¿Cómo puedes pensar…?
Pero había algo en los ojos felinos de Cat Noir, un dolor tan profundo que Marinette se quedó sin habla un instante. Aún sin comprender qué era lo que hería a su compañero hasta ese punto, pero decidida a aclarar cualquier malentendido entre los dos, prosiguió, con suavidad:
—No. Descubrí la verdad sobre Adrián poco antes de enfrentarme a su padre. Cuando Gabriel me dio los anillos y me pidió que cuidara de él, nosotros ya estábamos saliendo juntos. Y fuimos novios después de eso, durante todo el verano, hasta que la Polilla empezó a amenazarlo y decidí distanciarme de él, para protegerlo. Hemos hablado de esto alguna vez, ¿recuerdas?
—Sí —susurró Cat Noir en voz baja—. Entonces, ¿esa fue la única razón por la que rompiste con él…, de verdad?
Ella iba a contestar, pero reflexionó un momento antes de darle una respuesta.
—No, no fue la única —confesó. Inspiró hondo antes de continuar—: ¿Sabes? Cuando me enamoré de Adrián, estaba convencida de que él nunca me correspondería. Pero luego resultó que sí se fijó en mí, y empezamos a salir y…
—¿Sí?
Marinette suspiró y se acomodó junto a Cat Noir. Él la rodeó protectoramente con el brazo.
—Algunas veces —prosiguió ella en voz baja—, no podía evitar preguntarme si Adrián había tenido opción, en realidad.
—¿Qué quieres decir? Nadie lo obligó a enamorarse de ti, ¿verdad?
Estaba bastante seguro, de hecho, de que aquella era una de las pocas cosas en su vida que había elegido por sí mismo.
—No, más bien lo contrario —rió Marinette—. Quiero decir que su padre intentó separarnos, pero… no se trata de eso —explicó—. Es que Adrián siempre ha estado muy solo y apenas ha tenido amigos. Vivía tan aislado que la única chica que tenía cerca era Chloé. Luego conoció a Kagami, y se fijó en ella, pero eran demasiado parecidos y… no funcionó. Lo que quiero decir es que quizá se enamoró de mí porque no había nadie más, ¿entiendes? Se relacionaba con las otras chicas en clase, pero yo fui la primera…, la única, por aquel entonces…, que estaba allí para escucharlo. Como una amiga de verdad, quiero decir, no como Chloé. Y pensaba que, tal vez por eso…
—¿Piensas que lo que Adrián siente por ti… no es real? —preguntó Cat Noir, cada vez más asombrado.
—No, no, sí que lo es… o lo era. Lo que intento decir es que él no tenía mucho donde elegir, porque nunca le habían dado la oportunidad de socializar con gente de su edad. Es verdad que tenía cientos de fans, pero no es lo mismo, y en el fondo se sentía muy solo. A veces, siento que yo fui para él como una tabla a la que agarrarse, ¿comprendes? Porque lo ayudé a enfrentarse a su padre y porque lo escuchaba cuando nadie más lo hacía.
Cat Noir abrió la boca para replicar, pero no dijo nada, porque, en el fondo, sabía que tenía razón.
—Luego se cambió de escuela y empezó a conocer a más gente —prosiguió ella—. Por primera vez era libre para hacer amigos y establecer relaciones sin la tutela de su padre, y yo pensé que sería bueno para él. No solo porque lo habían sobreprotegido toda su vida, sino también por ser… como era. Estaba segura de que, si nuestro amor era de verdad, tarde o temprano volveríamos a estar juntos. Pero también pensaba que era bueno para él conocer a otras personas. Y poder elegir libremente. Y, si volvía a elegirme a mí, entonces estaría bien…, o quizá no, porque yo ya estaba contigo y… No lo sé —concluyó, hecha un lío—. El caso es que Adrián empezó a vivir libre, como cualquier otro chico. Y entonces conoció a otra chica —concluyó en voz baja.
—¿Otra chica? —se sorprendió Cat Noir.
—Es una chica que lo escucha y lo comprende —prosiguió Marinette—, y no sabe nada acerca de… su secreto, así que lo tratará como a cualquier otro, y así Adrián podrá tener la oportunidad de vivir una vida normal con alguien que lo quiere y lo entiende y…
—Espera —cortó él—. ¿Qué otra chica? ¿De qué estás hablando? Adrián Agreste no tiene novia, ¿verdad?
De hecho, sí que la tenía: estaba saliendo en secreto con Ladybug como Cat Noir, pero eso era algo que nadie tenía por qué saber.
—Sí que tiene novia —respondió Marinette—. No la conozco personalmente, pero él habla mucho de ella. Se llama Cérise.
Cat Noir reprimió una carcajada de sorpresa. Estuvo a punto de decirle que Adrián y Cérise eran solamente amigos, pero se contuvo, porque en teoría él no podía saber aquello. De modo que preguntó, con prudencia:
—¿Estás segura de que son pareja? ¿Te lo ha dicho él?
—Sí…, es decir, no. Bueno, no estoy segura de que sea su novia ya —reconoció—, pero creo que le gusta mucho.
—Pero, en ese caso, te lo habría contado, ¿no? —planteó él—. Sé que ya no estáis juntos, pero ¿no sois buenos amigos?
Marinette sonrió.
—Oh, no tienes ni idea de lo que le cuesta a Adrián aceptar sus propios sentimientos. Puede estar muy enamorado de una chica y no darse cuenta hasta mucho tiempo después, aunque sea evidente para el resto del mundo. En eso no se parece nada a ti —comentó.
Cat Noir sonrió ampliamente.
—Ah, ¿de verdad?
—Así que no es de extrañar que no me haya comentado nada —prosiguió ella, muy convencida—. Pero estoy segura de que hay algo entre ellos, y tarde o temprano… ¿qué? —preguntó, al darse cuenta de que su compañero se había puesto serio de repente.
Él sacudió la cabeza.
—Nada, es que…
Pero no terminó la frase.
Estaba pensando, de hecho, que Cérise no solo era su mejor amiga en su nueva escuela, sino… su única amiga. Que pasaban tanto tiempo juntos que Adrián apenas se relacionaba con nadie más. Que cualquiera que los viese juntos a todas horas podría llegar a malinterpretar…
…Y que había sido ella quien le había derramado el chocolate por encima en clase. Para que él tuviese que ir a lavarse las manos… y quitarse los anillos.
Se le detuvo un instante el corazón.
—¿Podría ser esa Cérise… la Polilla que estamos buscando? —planteó por fin.
Marinette lo miró con sorpresa.
—No lo creo, ¿no? Hasta hace poco, no tenía ninguna relación con los Agreste. ¿Cómo habría podido conseguir el prodigio de la mariposa?
—No lo sé. —Cat Noir estaba pensando a toda velocidad—. ¿Qué aspecto tiene esa tal Cérise? ¿Podría ser Violeta?
Sabía muy bien que Marinette no podía responder a aquella pregunta, pero él mismo estaba tratando de unir cabos, aunque no pudiese expresarlo en voz alta. Cérise tenía la edad adecuada, puesto que era dos o tres años mayor que Adrián. Y el cabello castaño, aunque sus ojos eran marrones y no verdes. ¿Podría ser…?
—No tengo ni idea —estaba diciendo Marinette—. Pero creo que estás mezclando varias cosas aquí. No sabemos seguro si la Polilla es Violeta; tal vez no tenga nada que ver con ella y esa chica sigue viviendo feliz en Italia con su familia adoptiva, ¿no? En todo caso, tiene que ser alguien que conozca bien a los Agreste. Incluso mejor que Narcisa, y por eso sospechamos de Nathalie y de la señora Tsurugi, ¿recuerdas? Porque toda esta información sobre Adrián…, es demasiado secreta e importante como para que la haya descubierto cualquier extraño, sin más.
Cat Noir frunció el ceño, aún reflexionando.
—La única chica tan cercana a los Agreste es Kagami, pero confiamos en ella, ¿verdad? —quiso asegurarse.
—¡Por supuesto que sí! Y de ninguna manera puede ser Violeta.
—Tal vez no, pero ¿podría tratarse de la Polilla, de todos modos? Su familia está muy unida a los Agreste desde siempre y, según dices, ella conoce el secreto de Adrián. Por otro lado, era el rostro del avatar femenino de los anillos Alliance, ¿recuerdas? Eso significa que rondaba por la casa de los Agreste mientras su madre y Gabriel conspiraban para dominar el mundo…
Marinette negaba con la cabeza.
—Eso no tiene nada de particular; Lila también fue el avatar de los Alliance y no… —Se calló de pronto, golpeada por una súbita revelación, y cruzó una mirada con Cat Noir.
Él captó de inmediato lo que le pasaba por la cabeza.
—Lila —murmuró con asombro—. Lila podría ser nuestra Polilla.
Marinette sacudió la cabeza, pensando.
—Pero no es más que una sabandija embustera e intrigante, y le dimos su merecido hace ya tiempo —objetó—. Yo no la he vuelto a ver desde que la expulsaron de la escuela el curso pasado, y sé que Kagami tampoco ha tenido noticias de ella.
Pero Cat Noir seguía dándole vueltas.
—Cabello castaño, ojos verdes —murmuró—. ¿Podría ser… Violeta? Aunque es demasiado joven, ahora que lo pienso. Estaba en tu clase, ¿verdad? Así que tiene tu edad…
—No —dijo ella entonces—. No, creo que era algo mayor. Recuerdo que una vez le dijo a Alya que iba un par de cursos retrasada porque se había perdido muchas clases a causa de sus «viajes» —concluyó, haciendo las comillas con los dedos—. ¡Oh! ¡Y es de origen italiano! O eso decía, al menos. ¿Sería verdad?
El corazón de Cat Noir latía muy deprisa.
—Podría ser —murmuró—. Podría ser. Si Violeta está aquí, en París, y se ha infiltrado en el círculo de los Agreste, tiene que ser una muy buena mentirosa. Y tan experta en camuflaje como una mariposa Kallima.
Marinette inspiró hondo, pensando.
—Recuerdo el primer día que vino a la escuela —murmuró—. Lo primero que hizo fue lanzarse sobre Adrián e intentar… seducirlo, o algo parecido.
Cat Noir alzó una ceja.
—¿Seducirlo? —repitió, con un acento divertido en su voz.
Marinette resopló, irritada.
—Oh, tenías que haber visto cómo se pegaba a él —masculló—. Batiendo las pestañas y llevándolo de la mano por donde ella quería. Disparando una mentira tras otra sobre su vida perfecta...
Cat Noir reprimió una sonrisa. Era evidente que Marinette hervía de celos cada vez que lo recordaba, pero a él le parecía una situación muy graciosa.
—Ah, y por eso fuiste a echárselo en cara más tarde como Ladybug, ¿verdad? —comprendió entonces—. Porque ya la habías visto en acción como Marinette.
—Sí, pero… espera, ¿cómo sabes eso?
Aquella escena, en la que Ladybug había ridiculizado a Lila poniendo al descubierto sus mentiras, había sido presenciada por Adrián solamente. Pero él se apresuró a responder:
—Bueno, todo el mundo lo sabe. Las noticias vuelan, ¿verdad? De todos modos —prosiguió, volviendo a centrar el tema—, ¿crees que es por eso por lo que se acercó a Adrián? ¿Porque es… Violeta?
Marinette frunció el ceño, pensativa.
—Si los Agreste no la hubiesen devuelto al orfanato, Adrián y Violeta serían hermanos ahora —murmuró—, así que no tiene sentido que intentase ligar con él. En su momento pensé que lo hacía solo porque él era un modelo famoso. Todas las chicas intentaban llamar su atención, pero Lila era… tan descarada que resultaba casi agresiva.
—No serían hermanos biológicos, en realidad —puntualizó Cat Noir—. Y quizá Lila…, o Violeta…, pensó que podría llegar hasta los Agreste a través de Adrián. —Sonrió con cierta tristeza—. Si hubiese intentado ser su amiga, sin más, probablemente él no habría tenido ningún problema en aceptarla.
—Seguramente no —coincidió Marinette—. Pero, de todos modos, ni siquiera pareció darse cuenta de lo que ella pretendía. —Suspiró—. Adrián es así, no tiene maldad ni ve segundas intenciones en nadie. Hasta el último momento estuvo dispuesto a creer que Chloé podía cambiar. También pensó que Lila dejaría de mentir si tenía amigos de verdad.
Cat Noir la contempló, apenado. Era muy consciente de que su ingenuidad había puesto en apuros a Marinette más de una vez. Y, aunque ella no se lo tenía en cuenta y lo consideraba más una virtud que un defecto, él no podía evitar sentirse culpable por ello.
—Pero, aun así, Adrián fue uno de los pocos que se dio cuenta de que todo lo que Lila decía era mentira —prosiguió Marinette, como si se sintiese obligada a defenderlo—. Y no logró conquistarlo, por mucho que lo intentó, porque él jamás se sentiría atraído por una chica como ella.
—Y por eso buscó una alianza con Gabriel Agreste —comprendió Cat Noir de pronto—. Para seguir relacionándose con la familia aunque las cosas no hubiesen salido bien con Adrián.
Marinette frunció el ceño, pensativa.
—Pero, si Lila es en realidad Violeta… —Se detuvo un momento, sorprendida, porque acababa de darse cuenta de la similitud entre ambos nombres. Sacudió la cabeza y continuó para no perder el hilo—: Si consiguió el prodigio de la mariposa… ¿cómo ha podido robarle los anillos a Adrián? Él no se habría dejado engañar por Lila. La conoce demasiado bien.
Cat Noir frunció el ceño.
«Tiene que ser Cérise», se dijo a sí mismo. Quizá ella y Lila estuviesen compinchadas, y en tal caso…
—Tenemos que investigarlas a las tres —decidió—. A Lila, a Narcisa y a Cérise. Quizá una de ellas sea Violeta y las otras sus cómplices.
—Eso tiene sentido —asintió Marinette—. Pero, ¿por dónde empezamos? A estas horas ya está todo el mundo durmiendo. ¡Oh! Se me acaba de ocurrir una idea.
Se incorporó, irradiando energía y determinación, y buscó a Tikki con la mirada. Ella se acercó de inmediato.
—Necesito ser Ladybug para hacer una llamada a través del yoyó —le dijo. Cuando el kwami asintió, Marinette pronunció las palabras mágicas—: ¡Tikki, puntos fuera!
Y se transformó en Ladybug. Cat Noir la contemplaba, entre intrigado y maravillado. Ella le dedicó una tímida sonrisa.
—Vamos allá —dijo, y abrió el yoyó para marcar un número en el teléfono.
Era cierto que, a aquellas horas, casi todo el mundo en París estaba durmiendo ya…, salvo aquellos que no lo necesitaban. De inmediato, un pequeño robot respondió a la llamada.
—¿Ladybug? —dijo—. Max está dormido, pero si quieres que lo despierte…
—No hace falta, Markov, porque es contigo con quien quiero hablar. —Los ojos cibernéticos del robot se transformaron en dos interrogantes—. Necesito que busques toda la información disponible en la red sobre tres personas: Narcisa Gialla, Lila Rossi y Cérise…
«Cérise Bianca», pensó Cat Noir. Pero no lo dijo, porque en teoría él no debía conocer aquel dato.
—Es una alumna de la escuela del señor Damocles —continuó Ladybug—. Adolescente, pero no conocemos su edad exacta. No debería ser muy difícil de localizar, porque Cérise no es un nombre muy común.
—Cérise Bianca —dijo entonces Markov, que acababa de hallar aquella información en internet—. ¿Lila Rossi es la misma chica que iba a la clase de Max, en el colegio Françoise Dupont?
—Sí, exacto. Necesito toda la información que seas capaz de reunir sobre esas tres chicas: fecha de nacimiento, dirección, familia, procedencia, relaciones…, cualquier cosa. ¿Podrás hacerlo? Es muy importante: la seguridad de París está en juego.
—¡Por supuesto! —respondió el pequeño robot, ligeramente ofendido—. Dame unos minutos y te llamaré con lo que encuentre.
—Llama a Cat Noir, por favor; yo voy a estar ocupada después.
—¡Eso está hecho! —contestó Markov, y cortó la comunicación.
Ladybug suspiró y pronunció la fórmula mágica para volver a transformarse en Marinette. Después dirigió una tímida mirada a Cat Noir, que la contemplaba con emoción contenida.
—No me siento con ánimos de ser una superheroína ahora mismo —le confesó. Él no dijo nada, y ella continuó—. ¿Hay algún problema con que yo… sea yo?
Cat Noir volvió a la realidad.
—¿Qué? No, no, en absoluto. Ya te he dicho que ya lo sabía, es solo que…
No terminó la frase. Era cierto que no tenía ningún problema con ella. El hecho de que Marinette fuese Ladybug, de hecho, resolvía de un plumazo el conflicto de su corazón dividido. Pero aún no tenía claro qué era lo que ella sentía por él, con o sin máscara, ni estaba seguro de cómo reaccionaría cuando le revelase su verdadera identidad. Después de todo lo que había descubierto aquella noche, se sentía más perdido y vulnerable que nunca.
—¿Sigues… enamorada de Adrián? —se atrevió a preguntar.
Marinette no supo qué contestar, al principio. Se quedó mirándolo, conmovida. Se dio cuenta de que su compañero se mostraba tímido e inseguro, y malinterpretó su pregunta.
—Creo que siempre lo querré, de una manera o de otra —le confesó—. Pero ya me he hecho a la idea de renunciar a él…, para poder estar contigo. Porque… ya no imagino mi vida sin ti. Hace mucho tiempo que sueño con un futuro a tu lado —murmuró, ruborizada, sin atreverse a mirarlo a los ojos—. Sé que me diste otra oportunidad y no quiero dejarla pasar esta vez, pero entiendo que todo es… complicado.
«No te imaginas cuánto», pensó Cat Noir. No obstante, y a pesar de la confesión de Marinette, él no podía evitar preguntarse si de verdad estaría dispuesta a ligar su destino al de un sentiser creado mediante el prodigio del pavo real. Bajó la cabeza, abatido. Marinette le tomó el rostro para mirarlo a los ojos.
—Te quiero, gatito —le dijo con cariño—. Soy consciente de que no he estado a la altura de lo que tú sentías por mí, pero de verdad que me gustaría repararlo, si aún estás dispuesto a aceptarme.
—¿Aceptarte? —murmuró él, aún confuso—. Pero…
—Solo necesito saber que Adrián estará a salvo —prosiguió ella, embalada—. Que tiene la oportunidad de ser feliz, aunque no sea a mi lado. Estoy segura de que seré capaz de pasar página, si…
—Marinette —la detuvo Cat Noir. Se quedó mirándola un momento, tratando de descifrar su corazón—. Te sientes responsable por Adrián, ¿verdad? —comprendió—. Necesitas protegerlo. No porque tú seas Ladybug, sino porque él es… él.
Marinette vaciló mientras consideraba aquella perspectiva.
—Es posible —reconoció—. Pero creo que ya me sentía así con respecto a Adrián mucho antes de descubrir el secreto de su origen. Saberlo solo me volvió más paranoica al respecto. —Se rió sin alegría—. Ojalá lo conocieras como yo, Cat Noir. Es extraordinario, como una vela encendida en el interior de una campana de cristal.
—Si cubres una vela con una campana de cristal, acabará apagándose en cuanto haya consumido todo el oxígeno —observó él con desconcierto, sin comprender a dónde quería ir a parar.
—¡Lo sé! —exclamó ella, triunfante—. Por eso Adrián es tan especial. Porque lo han protegido toda su vida pero nunca han conseguido asfixiarlo, ¿comprendes? A pesar de todo, su llama sigue brillando con fuerza y nunca se apaga. En eso me recuerda a ti —añadió, pensativa.
—¿Soy una vela en el interior de una campana de cristal? —preguntó él, cada vez más perdido.
—No, tú eres una vela bajo la tormenta —continuó ella, en un arranque de inspiración—. Te enfrentas a la lluvia y al viento y tu llama nunca se apaga. Eres mi luz en la oscuridad. Siempre lo has sido —murmuró, abrazándolo de pronto.
El corazón de Cat Noir latía con fuerza. La envolvió entre sus brazos, mientras el amor que sentía por ella se expandía por su pecho en oleadas.
—Milady —le susurró al oído—. Salvaremos a Adrián, te lo prometo.
«Y, si no lo conseguimos», pensó, «si Kallima se cansa de esperar y destruye esos anillos… habrá valido la pena cada segundo que he pasado a tu lado. Si he de desaparecer y desvanecerme como si nunca hubiese existido, que sea entre tus brazos».
Marinette se dio cuenta de que estaba temblando y, cuando alzó la cabeza para mirarlo a la cara, descubrió que tenía los ojos húmedos. Se acercó para besarlo, con cierta timidez, pero él le devolvió el beso sin dudarlo, acariciándole el rostro con ternura. Ella cerró los ojos y se dejó llevar.
Se separaron, sin aliento, y se miraron a los ojos, emocionados.
Cat Noir abrió la boca para decir algo cuando, de repente, la alarma de su bastón empezó a sonar, sobresaltándolos a ambos.
Era Markov, que los llamaba para informarles de los resultados de su investigación.
NOTA: Sé que he tardado mucho en actualizar y que en este capítulo no pasa nada importante, ¡pero tengo buenas noticias!, porque ya he entregado el proyecto en el que estaba trabajando y a partir de ahora tendré más tiempo libre para escribir este fan fic. Así que subiré capítulos más a menudo y espero poder terminar esta historia como muy tarde a principios de julio, quizá incluso antes. ¡Muchas gracias por leer!
