Marinette se apartó un poco de Cat Noir para que no la grabara la cámara del bastón cuando él atendió la videollamada. En la pantalla apareció Markov.
—¡Cat Noir! —lo saludó—. Ya tengo la información que me pediste. Te la acabo de enviar. —Justo entonces el superhéroe recibió una notificación de correo entrante en su dispositivo—. Si necesitas algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme! —añadió el robot alegremente antes de cortar la comunicación.
Marinette se situó de nuevo junto a Cat Noir mientras él abría el correo con curiosidad. Llevaba varios paquetes de datos adjuntos. Cuando los descargó, descubrió que se trataba de tres documentos diferentes. Cada uno de ellos llevaba el nombre de una de sus sospechosas.
—¿Por cuál empezamos? —preguntó él.
Marinette no lo dudó.
—Por Lila —respondió.
Cat Noir abrió la ficha de Lila Rossi y ambos leyeron los datos en la pantalla del bastón con atención.
—Su madre es la embajadora de Italia en París —murmuró Marinette—. Eso sí era verdad.
—Y tenías razón —añadió Cat Noir—: es tres años mayor que nosotros.
—Sus padres están divorciados, ella y su madre se trasladaron a vivir a París el año pasado desde Roma… —siguió leyendo Marinette. Llegó entonces a un dato significativo y se quedó sin respiración—. Cat Noir —murmuró con asombro.
Él también lo había visto.
—Es adoptada —confirmó. Los dos cruzaron una mirada—. Tiene que ser Violeta, ¿verdad?
—Eso… eso parece —susurró Marinette, impresionada.
Cat Noir no sabía cómo sentirse. Había aprendido a despreciar a Lila Rossi por todas sus mentiras y por cómo había hecho todo lo posible por complicarles la vida a los dos. Pero, ahora que sabía que aquella chica podría haber sido su hermana mayor…, si su padre no la hubiese abandonado en el mismo orfanato de donde la sacó…
La voz de Marinette lo devolvió a la realidad.
—¿Qué estará haciendo ahora? Aquí pone que estuvo estudiando el curso pasado en el colegio Françoise Dupont, pero no consta que se matriculase en ningún otro sitio después. ¿Dónde podríamos encontrarla? ¿Seguirá viviendo en el mismo sitio?
—Pero, si Lila es Violeta… y es también Kallima… —reflexionó Cat Noir—, ¿cómo pudo haber robado los anillos de Adrián? Él estaba prevenido contra ella, ¿verdad? No la habría dejado acercarse tanto.
—Claro que no —respondió ella.
Él, por su parte, no había vuelto a encontrarse con Lila desde que esta había abandonado el colegio sin despedirse de nadie, después de que Marinette las expusiera a ella y a Chloé ante el resto de sus compañeros. Si hubiese vuelto a verla, aunque fuera de lejos, lo habría comentado con Marinette. De modo que aún estaba convencido de que la culpable tenía que ser Cérise. Porque, aunque Lila encajara mejor en el perfil, ¿cómo se las habría arreglado para acecharlo hasta el punto de lograr robarle los anillos sin que él la viese en ningún momento?
Abrió, por tanto, la ficha correspondiente a Cérise y la leyó con curiosidad. Se fue poniendo pálido a medida que lo hacía.
—Esto no está bien —murmuró—. No está bien.
—¿El qué? —preguntó Marinette, desconcertada, sin comprender qué era lo que le había llamado la atención.
Cat Noir no respondió enseguida. La ficha de Cérise decía que ella era hija única, de madre soltera, que había vivido en París toda su vida. Pero él recordaba muy bien toda la historia que ella le había contado: que sus padres eran empresarios de éxito, que tenía una hermana menor y que su familia acababa de mudarse a París.
No obstante, aquello lo sabía debido a su cercanía con Cérise como Adrián, y no podía contárselo a Marinette sin desvelar su identidad. Pero ella descubrió entonces otro dato perturbador:
—¡Oh! —exclamó—. Ya veo lo que quieres decir: es adoptada también.
—¿Qué…? —Cat Noir comprobó que, en efecto, Cérise había sido adoptada por Marie Bianca el año anterior—. Qué raro —murmuró—. ¿Cuántos años tenía entonces? ¿Dieciséis? No es habitual que nadie adopte a chicas tan mayores. Por otro lado… ¿no es demasiada casualidad que tanto Lila como Cérise sean adoptadas?
—¿Quizá eran amigas en el mismo orfanato? —aventuró Marinette.
—Hum —respondió Cat Noir, pensativo—. Pero a Cérise no la adoptaron en Moldavia, sino en un orfanato a las afueras de París, según consta aquí. Oh, hay una nota de Markov al respecto. —La leyó en voz alta—: «Este documento de adopción que se adjunta no se corresponde con los formularios oficiales del orfanato "La Farandole" en Saint Denis. Es una clase de documento que no se usa en la administración desde los años 90, por lo que es muy probable que se trate de una mala falsificación». Qué raro es todo esto —murmuró, desconcertado.
—Entonces, ¿Cérise no fue adoptada, después de todo? —preguntó Marinette, muy perdida.
—No lo sé. Lo cierto es que no entiendo nada…
—Todo esto es muy extraño, pero ninguna de las dos puede ser Kallima, ¿verdad? Habíamos llegado a la conclusión de que la portadora de la mariposa estuvo el otro día en el Grand Palais, cuando akumatizó por segunda vez a Francine. Y no vimos a ninguna de las dos…
Como Cat Noir no respondió, porque aún le estaba dando vueltas al enigma, Marinette tomó su bastón para estudiar la foto de Cérise con curiosidad. «Es bastante guapa», admitió para sí misma, de mala gana.
—Su cara me resulta familiar —comentó en voz alta.
—¿Verdad que sí? —respondió él, sin poderse contener.
Marinette sacudió la cabeza, muy confundida, y buscó la ficha de Narcisa. Leyó la información con curiosidad y dejó escapar una exclamación de sorpresa.
—¿Qué? —preguntó Cat Noir.
—Narcisa… ¡también es adoptada!
—¿Cómo? No puede ser.
Cat Noir tomó el bastón para comprobarlo por sí mismo: Narcisa Gialla era hija de Loretta Gialla, una florista sordomuda de origen italiano, divorciada diez años atrás, sin hijos naturales. Esta había adoptado a Narcisa… también el año anterior, en el orfanato Les Marronniers, al oeste de París. El documento de adopción que había adjuntado Markov estaba en el mismo formato que el de Cérise, y el robot había añadido el mismo comentario: que probablemente fuese una falsificación.
—Narcisa me contó que su madre había sido modelo de alta costura en su juventud —murmuró Marinette con asombro—, y que su hermano menor quería seguir sus mismos pasos, pero que ella era más creativa y prefería estudiar para ser diseñadora de moda… Esta historia no tiene nada que ver con la que consta en los documentos oficiales. ¡Todo lo que me contó era mentira! ¿Cómo puede ser?
—Nuestras tres sospechosas son unas maestras del engaño —constató Cat Noir—. ¿Es posible que estén compinchadas?
—No encuentro otra explicación. Parece que Lila es la única de las tres que fue adoptada de verdad, ¿no? Con tres años, según dice aquí, aunque no hay ningún documento. Quizá porque no sucedió en Francia, sino en otro país. ¿En Italia… o, tal vez, en Moldavia? ¿Eso quiere decir que Lila es… Violeta?
Cat Noir frunció el ceño, pensativo.
—Es lo más probable, sí. Pero, en ese caso, ¿por qué mentirían las otras dos sobre su origen? ¿Y sus madres? ¿Qué opinan al respecto? ¿Saben lo que sus hijas van contando por ahí?
—Tienen que estar al tanto de todo, ¿no? Sus hijas no habrían podido llevar a cabo esa farsa sobre la falsa adopción sin su ayuda.
Cat Noir sacudió la cabeza, muy confundido.
—Cuanto más sé de este asunto, menos entiendo —musitó.
Marinette se sentía igual. Frustrada, pasaba de una ficha a otra, intentando encontrar alguna explicación.
—Si las tres son sospechosas, ¿cuál de ellas robó los anillos de Adrián? —se preguntó entonces, angustiada—. No tenemos tiempo de investigarlas a las tres antes de que se cumpla el plazo.
Cat Noir inspiró hondo.
—Estoy seguro de que fue Cérise quien los robó. Era la más cercana a Adrián. Además…, ¿recuerdas la falsa alerta akuma de esta mañana, en su colegio? ¿Y si no fue obra de un gracioso que quisiera gastar una broma?
Marinette se quedó mirándolo con la boca abierta.
—¡Eso es, tienes razón! Tuvo que ser la persona que robó los anillos..., probablemente Cérise, entonces. Aprovechó la confusión para acercarse a Adrián y quitárselos de alguna manera. Si al menos pudiese contactar con él… —se lamentó—. Pero lo he llamado varias veces a lo largo del día y no responde al teléfono ni a mis mensajes. Me he acercado a su casa, pero tampoco estaba allí.
Cat Noir había pasado casi todo el día transformado, así que no era extraño que Marinette no hubiese podido localizarlo bajo su identidad civil.
—No te preocupes, está bien —se apresuró a responder—. Lo he visto esta tarde con sus amigos en… la feria —improvisó—. Quizá no ha oído el teléfono porque había mucho ruido, o tal vez se haya quedado sin batería.
Marinette alzó la cabeza para mirarlo con interés.
—¿Con sus amigos? —repitió—. ¿Estaba Cérise entre ellos?
Cat Noir iba a responder, pero recordó a tiempo que en teoría él no conocía a aquella chica. De modo que tomó de nuevo el bastón y fingió que estudiaba su foto con atención.
—No me suena —respondió al fin—. No, creo que no.
Marinette suspiró.
—Pobre Adrián. Si Cérise solo pretendía manipularlo para quitarle los anillos y él se enamoró de ella sin saberlo…
—Creo que estás sacando conclusiones precipitadas —se apresuró a replicar Cat Noir—. No sabes si Adrián y Cérise son novios, quizá solo sean amigos. Y no creo que él esté enamorado de ella. Quiero decir —añadió con suavidad, al ver que Marinette le dirigía una mirada de sorpresa— que no es tan sencillo olvidarte a ti, milady.
Ella se ruborizó de inmediato.
—Yo… yo… —Se quedó sin palabras y sacudió la cabeza para centrarse y retomar el hilo—. Sé que Adrián aún me tiene mucho cariño, pero estoy bastante segura… de que hay otra chica en su vida. —«Claro que la hay», pensó él. «Y eres tú… otra vez»—. No se lo reprocho —seguía diciendo Marinette—; ya sabes que solo quiero que él sea feliz, aunque sea sin mí. Pero preferiría que esa otra chica no fuese… amiga de Lila ni aliada de la Polilla. —Se cubrió el rostro con las manos, muy angustiada—. No sé qué voy a hacer. No debería haberlo dejado solo. Debería haberme quedado a su lado para protegerlo y…
—Oye —interrumpió él, poniendo una mano sobre su hombro. Ella alzó la cabeza para mirarlo y Cat Noir le sonrió con ternura—. No te tortures. Lo solucionaremos, te lo prometo. Aunque parezca que no avanzamos, lo cierto es que hemos aprendido muchas cosas hoy. Por ejemplo, que Lila tiene que estar implicada de alguna manera. Si realmente es Violeta, tiene cuentas pendientes con los Agreste. Además, estuvo muy cercana a su círculo hasta poco antes de la caída de Monarca. Pudo haber descubierto su identidad secreta y aprovechar su derrota para robar su prodigio durante el caos que se produjo justo después. En ese caso, Lila es también la Polilla que andamos buscando. Y si conocemos su identidad, podemos sorprenderla y recuperar los anillos… y el broche de la mariposa.
Marinette se había animado un poco, pero frunció el ceño ante aquella última frase.
—Pero no podremos acercarnos a ella —objetó—. No como superhéroes, al menos. Y tampoco confía en mí como Marinette. Si sospecha algo, destruirá los anillos…
—Nosotros, no —admitió Cat Noir. Se planteó brevemente la posibilidad de presentarse ante a ella como Adrián, pero comprendió de inmediato que aquella era una muy mala idea, al menos, mientras Lila conservase aquellos anillos. Y en aquel momento se le ocurrió algo—. Pero sé de alguien que sí puede. Alguien que es capaz de engañar a Lila y recuperar esos anillos sin que ella sospeche absolutamente nada.
Marinette negó con la cabeza.
—Tengo miedo de confiar este asunto tan delicado a otra persona. El secreto de Adrián no debe…
Cat Noir sonrió.
—Se trata de alguien que ya lo conoce, no te preocupes. Y que estará tan interesado como nosotros en recuperar esos anillos.
—¿Y quién…? Oh —comprendió ella de pronto—. Félix.
—Exacto: Félix.
Marinette ladeó la cabeza, considerando aquella posibilidad.
—Pero todo el mundo sabe que Argos está de nuestro lado ahora…
—No me refiero a Argos, sino al propio Félix. —Y la miró con las cejas alzadas, esperando que ella captara la indirecta.
Sin embargo, Marinette estaba demasiado cansada como para pensar con lucidez.
—No estoy segura de que Lila se fíe de Félix tampoco…
—Tal vez no; pero no tiene nada que temer de Adrian, ¿verdad? Especialmente si cree que puede controlarlo con los anillos que ha robado.
Marinette lo miró un momento sin entender. Y entonces, de pronto, se hizo la luz en su cabeza.
—Oh, claro. ¡Claro! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? —Miró a Cat Noir, perpleja—. Era la solución evidente. ¡Gatito, eres un genio!
—No lo creo —murmuró él, algo azorado—. Lo que pasa es que estás agotada y no piensas con claridad. Deberías dormir un poco.
—¿Cómo podría dormir, con todo lo que está pasando? Tengo que ir a hablar con Félix de inmediato y contarle…
—Milady —cortó él—. Escúchame. —Marinette se detuvo para mirarlo a los ojos—. Deja que me encargue yo de esto, ¿de acuerdo?
—Pero…
—Yo hablaré con Félix y lo pondré al tanto de la situación. —Tenía, de hecho, una larga conversación pendiente con su primo. Y, dadas las circunstancias, no se le ocurría mejor momento que aquel—. Tú, entretanto, procura descansar. Te necesito… Todos te necesitamos al cien por cien.
—Pero Félix… no sé cómo reaccionará al descubrir que te he contado toda esta historia…
—Mejor de lo que crees, seguro. —Cat Noir le dedicó una sonrisa llena de afecto—. Por favor, confía en mí. Te prometo que solucionaré todo este asunto.
Se sentía responsable, en realidad, porque Marinette…, Ladybug…, estaba dispuesta a traicionar a todo el mundo en París por salvarle la vida a él. Así que, si había alguna manera de arreglarlo…, tenía que ser él quien lo hiciera.
Y, si no la había…, estaba dispuesto a sacrificarse por el bien común. Aunque Marinette no fuera a permitirlo.
Ella respiró hondo, abrumada.
—No sé si…
—Marinette —la interrumpió él—. ¿Confías en mí?
Ella alzó la cabeza. Cruzaron una mirada intensa, repleta de sentimiento, y Cat Noir se inclinó para besarla. Marinette le echó los brazos al cuello y le devolvió el beso, y después se abrazaron con fuerza.
—Confío en ti —susurró—. Ahora mismo, en realidad, ya no confío en nadie más que en ti.
—Eso es una gran responsabilidad —respondió él en el mismo tono—. Escúchame: quédate aquí descansando, duerme un poco y recupera fuerzas mientras yo voy a hablar con Félix y le cuento todo lo que está pasando. Mañana nos reuniremos los tres y terminaremos de perfilar el plan. Pero te necesitamos al cien por cien, despejada y recuperada. No podemos permitir que Lila te akumatice, ¿verdad?
Ella se estremeció.
—No, ni hablar.
Entonces, Cat Noir dudó un momento.
—Si fue Cérise quien robó los anillos, ¿no los tendrá ella? —planteó.
—No —respondió Marinette—. Estoy segura de que Lila no perderá la oportunidad de poner sus sucias manos en un objeto que puede darle un poder absoluto sobre Adrián. —Se estremeció—. Debería alegrarme porque hayamos descubierto la identidad de Kallima, pero la idea de que sea precisamente Lila quien tenga esos anillos… me revuelve el estómago.
Cat Noir la contempló con simpatía.
—Estamos un poco más cerca de derrotarla para siempre, milady. Ten fe y deja este asunto en mis garras, ¿vale?
Marinette asintió, sonriendo. Cat Noir se incorporó para marcharse.
—Una cosa más —recordó—: has dicho que fue Félix quien te contó la historia de Adrián. ¿A quién, exactamente? ¿A Marinette… o a Ladybug?
Ella sonrió con cierta tristeza.
—No tiene importancia, en realidad, porque él ya sabe quién soy yo.
—¿Cómo…? —Cat Noir parpadeó con desconcierto—. ¿Cómo es posible que él siempre lo sepa todo? —refunfuñó.
Marinette sacudió la cabeza.
—En este caso fue Kagami quien descubrió mi identidad y se lo contó a él. —Suspiró—. No se me da muy bien lo de guardar secretos, ¿verdad?
Cat Noir la miró con simpatía.
—Cuando hayamos acabado con Lila, todo eso ya no importará —respondió.
Se dio la vuelta para marcharse, pero ella lo detuvo:
—Espera, Cat Noir. ¿Volverás después?
—¿Quieres que vuelva? —se sorprendió él—. Pero será ya muy tarde, ¿no?
Marinette desvió la mirada.
—Tienes razón. Supongo que querrás regresar a casa…
—Lo cierto es que no tengo especial interés en regresar a casa esta noche, Marinette —respondió Cat Noir con suavidad—. Pero tú necesitas descansar.
Ella negó con la cabeza.
—No sería capaz de dormirme sabiendo todo lo que está en juego, gatito. Por favor, prométeme que volverás cuando hayas hablado con Félix. Necesito…
Se interrumpió. Iba a decir que necesitaba saber cómo había ido la conversación, pero lo cierto era que no se sentía con fuerzas para separarse de él durante mucho tiempo.
—Te necesito a mi lado esta noche —concluyó con sencillez.
La expresión de Cat Noir se suavizó.
—Volveré —le prometió.
La besó suavemente en los labios y abandonó la habitación, tan serio que a Marinette se le encogió el corazón.
—Tikki, creo que en el fondo sigue enfadado conmigo —murmuró—, pero es demasiado amable y generoso como para decírmelo ahora, porque sabe que estoy muy preocupada por Adrián.
El kwami, que había estado presente durante toda la conversación sin intervenir, dejó escapar un suspiro de abatimiento.
Cat Noir estaba preocupado por muchas cosas, en realidad. La principal de ellas era el secreto que había descubierto acerca de su propia naturaleza y la posibilidad de que aquellos anillos estuviesen en poder de Lila.
La más urgente, sin embargo, era el hecho de que, si Marinette decía la verdad, Luka no era el único que conocía la identidad de los dos superhéroes…, sino también Félix. Cat Noir no sabía cómo era posible aquello. ¿Tal vez había sido Kagami quien lo había descubierto también y se lo había contado a Félix, como en el caso de Marinette? No lo sabía, pero estaba dispuesto a averiguarlo.
Se detuvo en un tejado y sacó el bastón para llamar a su primo. Era muy tarde y sospechaba que Argos ya no estaría transformado a aquellas horas; probablemente incluso habría regresado a Londres, pero no leimportaba. Si no conseguía contactar con el superhéroe, llamaría al número personal de Félix. Y, si tenía el teléfono apagado, Cat Noir estaba dispuesto a volar personalmente hasta Londres para sacarlo de la cama a rastras, si era preciso.
No hizo falta, sin embargo, porque Argos respondió a la primera.
—¿Y bien? —le preguntó—. ¿Has descubierto qué se trae entre manos Ladybug?
—Sí —contestó él—. Necesito hablar contigo con urgencia. Tengo muchas cosas que contarte. Y muchas preguntas que hacerte —añadió.
Argos no respondió, pero entornó los ojos, intrigado.
