Marinette encontró a sus compañeros al borde de un ataque de nervios porque acababan de enterarse de que Narcisa no iba a estar presente durante el evento.
—¿Cómo es posible? —inquirió una de las chicas, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Se llevó mi chaqueta para ajustar la sisa y tenía que traerla hoy!
—¡No lo sé, no lo sé! —replicó Francine, tan nerviosa como ella—. ¡No hago más que llamarla, pero no me coge el teléfono ni responde a mis mensajes!
Marinette inspiró hondo y avanzó unos pasos hacia ellos.
—Vamos a ver, calmaos todos. Silvie, tu chaqueta está en el ropero. La arreglé yo misma el otro día, después del ensayo, y la dejé aquí para que no se nos olvidara. Francine, Nathalie me ha dicho que Narcisa tiene gripe. Como es lógico, no estaba en condiciones de venir esta noche.
—Ya lo sé, pero ¿es esa razón para no responder el teléfono? —respondió ella, aún preocupada.
—Quizá tenga fiebre —apuntó uno de los modelos—. Se encontrará fatal, la pobre.
Francine movía la cabeza con incredulidad.
—Pero esta misma mañana se ha reunido con la señorita Nathalie. ¿Cómo ha podido dejarme tirada en un día tan importante? —se lamentó.
A Marinette no le caía bien, pero se compadeció de ella hasta cierto punto. Aunque Francine se hubiese mostrado dispuesta a creer todas las mentiras de Narcisa y no hubiese dudado en aliarse con ella, parecía claro que no lo sabía todo acerca de su amiga y que Lila, como tenía por costumbre, se había limitado a utilizarla para sus propios intereses, sin más.
—Debe de ser un virus muy agresivo —comentó—. Probablemente ha empezado a sentirse mal por la tarde y no quería contagiarnos a todos.
Francine pareció aceptar esta explicación.
—¡Eso debe de ser, sí! —exclamó, más aliviada—. ¡Pobre Narcisa! ¡Siempre está pensado en los demás, incluso cuando se encuentra enferma!
Marinette reprimió un gesto de disgusto ante la oleada de apoyo a Narcisa que inundó de pronto el vestuario. Esperó a que todos hubiesen terminado de expresar lo buena persona que era Narcisa y lo mucho que lamentaban que tuviese que perderse el desfile, carraspeó y dijo:
—De acuerdo, escuchadme todos: aunque Narcisa no pueda estar presente, tenemos que hacer que todo salga a la perfección, para que se sienta orgullosa de nosotros. ¿De acuerdo?
Sus compañeros asintieron, algo más tranquilos.
Una vez reconducida la situación, Marinette se centró en ayudar a Francine a organizarlo todo y se olvidó momentáneamente de su misión. Tenía tantas cosas que hacer, de todos modos, que apenas encontraría tiempo para buscar a Lila, fuera cual fuese el disfraz bajo el que se estuviera ocultando en aquella ocasión.
Lila se había alejado del bullicio de la sala principal y había descendido hasta el sótano, donde se encontraban los almacenes. Allí, en un trastero, había ocultado un objeto que le sería imprescindible para la ejecución de su plan. Aún estaba guardado en la caja en la que se lo habían traído, una caja del tamaño de un armario, en la que cabría una persona no demasiado robusta. La abrió con impaciencia para comprobar todo estaba correcto y dio un paso atrás para contemplar su contenido con satisfacción: una jaula de metal, ligera, pero de barrotes gruesos y resistentes. Había un candado colgado del cierre, y Lila lo examinó para asegurarse de que era lo bastante robusto. Extrajo la llave y la contempló con cierta sorpresa y el corazón acelerado.
—No puede ser… —murmuró.
Hacía semanas que llevaba prendida al cuello una llave exactamente igual. Una llave que su yo del futuro le había enviado a través de un villano ridículo que viajaba en el tiempo para asegurarse de que ella llegaba hasta su época con sus poderes intactos. Lila no sabía cuándo ni cómo debería usar aquella llave, pero no se había separado de ella desde entonces.
La sacó de debajo de la camisa y la comparó con la de la jaula para asegurarse. En efecto: eran idénticas.
Reflexionó sobre aquel hallazgo. Parecía extraño y absurdo, pero había una posible explicación: en algún momento, durante su inminente enfrentamiento con Cat Noir y Ladybug, perdería la llave de la jaula y sería derrotada…, salvo que contase con un duplicado. Por eso Timetagger le había proporcionado aquella llave de repuesto: para asegurarse de que todo sucedía como debía suceder.
Se estremeció. Todo eso significaba que la batalla que estaba a punto de afrontar no era una contienda cualquiera. Si su versión adulta se había tomado la molestia de enviar a un viajero del tiempo para entregarle aquella llave, sin duda tenía buenas razones para ello.
En aquel momento, la música que llegaba desde el piso superior se interrumpió. Lila alzó la cabeza y prestó atención. Oyó los murmullos de los asistentes y la voz de Nathalie por megafonía.
Sonrió. El espectáculo estaba a punto de comenzar.
—¿Estás segura de que puedes hacerlo? —le preguntó Francine por enésima vez—. ¿No sería mejor que yo sustituyese a Narcisa?
Marinette alzó la cabeza de los folios para observarla. Su compañera estaba mil veces más nerviosa que ella y ni siquiera había tenido ocasión de leer la presentación.
—Todo saldrá bien —la tranquilizó—. Ya he repasado el texto varias veces y, además, los otros te necesitan entre bambalinas para controlar que todo sale bien.
Francine miró a su alrededor. Los modelos, chicos y chicas, estaban ya listos para salir a la pasarela, perfectamente vestidos, peinados y maquillados, y situados en fila en el orden correcto. Todo había fluido sorprendentemente bien hasta aquel momento, a pesar de la ausencia de Narcisa. Se debía, en parte, a que Marinette estaba realizando su trabajo con profesionalidad y sin aspavientos, como si se tratase de una tarea cotidiana. Después de todo lo que había vivido en los últimos días, y teniendo en cuenta que Adrián ya estaba a salvo y ella y Cat Noir tenían una misión mucho más importante en la que centrarse, el evento en homenaje a Gabriel Agreste no le parecía gran cosa en comparación.
—Todo parece… correcto —murmuró Francine con cierta sorpresa.
—¿Lo ves? —replicó Marinette sin piedad—. No necesitamos a Narcisa para nada.
Su compañera se volvió para mirarla con sorpresa, pero no tuvo ocasión de responder. En aquel momento, Nathalie concluía su breve presentación al otro lado del panel e invitaba a Marinette a acompañarla en el atril. Ella respiró hondo, volvió a introducir los folios en la carpeta y salió de entre bastidores para reunirse con ella. Nathalie pronunció unas palabras de introducción y bajó del escenario, dejándola a solas entre los aplausos de cortesía del auditorio.
Marinette se detuvo ante el atril y colocó los folios con calma. Después alzó la cabeza y dio una mirada circular. Vio a sus amigos animándola entre el público y localizó también a Félix al fondo, apoyado contra una columna. No pudo evitar preguntarse cuál de los jóvenes que la contemplaban desde la multitud sería Cat Noir. Sacudió la cabeza, se aclaró la garganta y comenzó a leer su discurso. Tras una fórmula de bienvenida, dio las gracias a los presentes por su asistencia al evento. A su espalda empezó a proyectarse un vídeo documental acerca de la vida de Gabriel Agreste, pero Marinette no le prestó atención. Había colaborado con Narcisa y Francine para realizarlo y se lo sabía de memoria.
Adrián observó a Marinette mientras pronunciaba aquel discurso lleno de hipocresía y falsedades. Ella hablaba sin inmutarse, como si no supiese la verdad acerca del hombre al que estaba elogiando. Adrián, que la conocía bien, podía adivinar por su expresión que su mente estaba muy lejos de allí. La contempló mientras hablaba sin tartamudear ni una sola vez, sin ruborizarse ni ponerse nerviosa. Y no lo hacía así porque de repente hubiese aprendido a controlar los nervios, sino porque, en el fondo, todo aquello no le importaba. Aunque llevase semanas trabajando en aquel evento. Aunque los diseños de la ropa que iban a exhibir los modelos fuesen obra suya.
«Lo estaba haciendo solo por mí», comprendió de pronto.
Se sentía un poco culpable por no ser capaz de valorarlo, pero no podía hacer nada al respecto. Hacía tiempo que él tampoco se sentía vinculado a su padre, por muchas razones. Pero, evidentemente, aquello era algo que tendría que hablar con calma con Marinette. Para que dejara de hacer cosas que ella creía de buena fe que le gustarían o que le harían sentir mejor o más feliz. Como, por ejemplo, participar en aquel homenaje.
O como mentir a todo París acerca de la verdadera identidad de Monarca.
En aquel momento empezaron a oírse murmullos entre los asistentes, y Adrián volvió a la realidad. Marinette trató de seguir hablando, pero las voces la distraían. Alzó la mirada hacia el público, desconcertada.
Y entonces Adrián descubrió cuál era el problema. No se trataba de ella ni de su discurso, sino del vídeo que se estaba proyectando a su espalda.
Ya no mostraba una imagen de Gabriel Agreste…, sino de Monarca.
Adrián se irguió, tenso.
Marinette se dio cuenta por fin de que algo sucedía tras ella y se dio la vuelta para ver qué pasaba con la proyección. Reprimió una exclamación de sorpresa.
En la pantalla, la fotografía de Gabriel Agreste parpadeaba, intercalándose con la de Monarca. Antes de que comprendiesen lo que estaba sucediendo, una voz se oyó por megafonía, una voz distorsionada que podría ser masculina o femenina, pero que nadie fue capaz de reconocer.
—Distinguido público —comenzó, parodiando el discurso de Marinette—, os doy las gracias por haber acudido hoy al Grand Palais… para descubrir la verdad sobre Gabriel Agreste.
Nathalie, en pie junto al escenario, lanzó una exclamación de alarma y desapareció entre bambalinas en dirección a la sala de control audiovisual para detener aquel sabotaje. Pero era demasiado tarde: la voz seguía hablando…
En su escondite en el sótano, Kallima percibió los turbulentos sentimientos que comenzaban a apoderarse del corazón de los invitados y el personal del evento: sorpresa, incredulidad, horror… y furia.
Sonrió.
—Ha llegado la hora —murmuró.
Abrió el remate de su bastón y liberó una pequeña mariposa blanca. El insecto revoloteó un poco a su alrededor y finalmente se posó sobre su mano enguantada. Kallima la cubrió con la otra mano y la cargó de energía negativa. Después, sin liberarla todavía, añadió:
—¡Nooroo, Mullo: unificaos!
Mullo emergió de su mochila y fue absorbido por el pequeño colgante circular que pendía del cuello de Kallima. En cuanto ella hubo fusionado el poder del prodigio del ratón con el suyo propio, exclamó:
—¡Multitud!
Y su figura se dividió en doce Kallimas idénticas y diminutas que liberaron doce akumas al mismo tiempo. Eran mariposas muy pequeñas, del tamaño de un mosquito, pero cumplirían igualmente su función, y quizá con mayor eficacia, puesto que nadie las vería venir.
Kallima no perdió el tiempo con largos discursos sobre cómo iba a desatar el caos en París gracias a sus mariposas encantadas. Las observó en silencio mientras se colaban por los conductos de ventilación, directas al salón principal.
Y sonrió de nuevo.
—…Siempre ha sido él, desde el principio —estaba diciendo la voz del vídeo—: Hawk Moth, Shadow Moth y Monarca. El mismo hombre: Gabriel Agreste. ¿Y todo por qué? Para devolver a la vida a su esposa muerta. —La pantalla mostró entonces una imagen de Émilie Agreste en su ataúd de cristal—. Pero no se molesten en sentir compasión por el dolor de este pobre viudo: él no dudó en ponerles en peligro a ustedes una y otra vez, transformándolos en seres monstruosos llenos de odio para sembrar el terror en París. Gabriel Agreste fue un villano, un terrorista. Esta es la verdad que Ladybug ha ocultado al mundo.
Marinette se había quedado petrificada, incapaz de reaccionar. Solo era capaz de pensar en que era una suerte que Adrián no estuviese presente en la sala en aquel momento. Después se fijó en las cámaras de televisión que estaban grabándolo todo y emitiéndolo en directo para el programa de noticias de Nadia Chamack. Y se le heló la sangre en las venas.
—No, no, no… —murmuró.
Miró a su alrededor, preguntándose con desesperación si podrían fingir que todo había sido una broma de mal gusto. Nathalie detendría la proyección y quizá lograrían convencer al público de que todo aquello era mentira…
Pero ante los rostros de algunos de los asistentes, congelados en una expresión de horror e incomprensión, apareció de pronto una máscara luminosa de color violeta.
Y Marinette entendió entonces lo que estaba pasando, y que todos habían caído en la trampa de Lila sin verla venir.
Se le ocurrió de repente que había muchos más secretos que Lila conocía. Como, por ejemplo…, la verdad acerca del origen de Adrián. ¿Estaría dispuesta a revelar aquella información también?
No podía perder más tiempo: debía detener aquella grabación de inmediato.
Abandonó precipitadamente el atril y bajó del escenario, murmurando una excusa. Se abrió paso entre la gente y desapareció por el fondo de la sala, en busca de un lugar en el que transformarse.
La proyección continuaba, mostrando imágenes de Gabriel Agreste como un ciudadano modélico y un genio de la moda, e intercalándolas con fragmentos de la destrucción que los akumatizados habían causado en París en el último año. La voz explicaba mientras tanto que Ladybug había descubierto la identidad de Monarca, pero había decidido mantener aquella información en secreto para que todo París aclamase a Gabriel Agreste como un héroe. Añadió después que el prodigio de la mariposa había desaparecido muy oportunamente tras la caída de Monarca y que ahora había otro villano ocupando su lugar. La grabación insinuaba que la nueva portadora del prodigio de la mariposa… no era otra que Ladybug.
—Porque… ¿qué serían los héroes sin los villanos? —concluía con suavidad—. Para justificar el poder que conserva como superheroína y guardiana de los prodigios, Ladybug necesita una amenaza de la que protegernos y un enemigo al que enfrentarse, real o imaginario. Y, como ya no puede contar con Monarca…, ella misma ha creado un nuevo y misterioso villano en su lugar. Un villano al que nadie ha visto nunca y del que ni siquiera conocemos su nombre…
Adrián tenía la mirada clavada en la pantalla, sinceramente fascinado ante la habilidad de Lila de construir mentiras a partir de hechos verdaderos. Dado que él ya había descubierto por su cuenta el secreto de la identidad de Monarca, no había nada en aquel vídeo que pudiese angustiarlo, al contrario de lo que temía Marinette. Una parte de él, en realidad, se sentía aliviado porque la verdad estuviese saliendo a la luz al fin. Se preguntó con desconcierto si tendría que dar las gracias a Lila por ello.
En aquel momento oyó un ligero maullido procedente de su mochila y lo reconoció de inmediato: era el avisador que le había entregado Ladybug para mantenerse en contacto cuando no estuviesen transformados. Se había activado, y eso solo podía significar que su lady lo necesitaba.
Volvió a la realidad y miró a su alrededor. Y descubrió entonces que las revelaciones que Lila había compartido a través de aquel vídeo estaban alterando tanto a los invitados que algunos de ellos comenzaban ya a ser akumatizados. Los demás se habían dado cuenta también de lo que sucedía y se precipitaban hacia la salida entre gritos de pánico.
—Plagg… —murmuró.
—Lo sé, lo sé —suspiró el kwami con resignación desde el bolsillo de su chaqueta.
Adrián se ocultó tras la columna y pronunció las palabras mágicas para transformarse en Cat Noir. Cuando volvió a asomarse, localizó cerca de una docena de supervillanos sembrando el caos en la sala. A la mayoría los conocía ya, porque se había enfrentado a ellos en tiempos pasados, tiempos en los que el prodigio de la mariposa estaba en manos de Gabriel Agreste. Eso podía significar que Lila no estaba interesada en crear nuevos villanos, o no tenía tiempo, o quizá no era capaz de controlarlos a todos a la vez, así que se había limitado a entregarles el poder y dejar que cada uno de ellos lo utilizase a su conveniencia. Se le encogió el corazón al ver akumatizados a Nino y Alya como Bubbler y LadyWifi, respectivamente. Y descubrió, al fondo de la sala, a Safari, que no era otra que Nathalie. ¿Se habría creído ella también los embustes de Lila acerca de Ladybug o estaba furiosa porque había revelado al mundo el secreto de Gabriel Agreste? Cat Noir no lo sabía, pero no tenía tiempo de averiguarlo. Suponiendo que Ladybug no tardaría en reunirse con él, se dispuso a enfrentarse a aquella nueva amenaza.
Marinette había pasado por delante de la sala de control audiovisual, que estaba cerrada a cal y canto. Un par de técnicos se esforzaban por abrirla, pero la cerradura estaba bloqueada. Marinette supuso que Lila había previsto aquello y había querido asegurarse de que nadie entraba para interrumpir la proyección antes de tiempo. Suspiró con preocupación. Después de aquello, era muy improbable que Adrián siguiese ignorando la verdad acerca de su padre. Una vez más, Marinette había subestimado a Lila y su retorcida habilidad para hacer daño a sus seres queridos.
«Pero esta será la última», se prometió a sí misma. «Encontraré a esa intrigante, recuperaré los prodigios y me aseguraré de que no vuelve a darnos problemas nunca más».
Activó el dispositivo que alertaría a Cat Noir de que debía entrar en acción, aunque suponía que, si él se las había arreglado para estar presente en el evento, se habría dado ya cuenta de que tenía que transformarse. Se dirigía a los camerinos para transformarse allí, pero se cruzó en el pasillo con una oleada de personas aterrorizadas que escapaban del salón principal. Así pues, se alejó de la multitud en busca de un lugar más discreto para transformarse. Bajó a toda prisa por las escaleras que conducían al sótano y entró en la primera habitación que encontró. Pero, antes de pronunciar las palabras mágicas, frunció el ceño con extrañeza: allí había una enorme jaula dorada apoyada contra la pared. Se estaba preguntando si formaría parte de algún otro espectáculo programado en el Grand Palais cuando oyó una risa y una voz dulzona a su espalda:
—Qué considerado por tu parte venir a visitarme, Marinette…
Ella no tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que pudiese darse la vuelta, sintió un pinchazo en la espalda y ya no pudo moverse más.
Kallima había recuperado su tamaño normal y volvía a ser una sola persona. Ya no necesitaba el poder del prodigio del ratón, porque su plan estaba en marcha, pero había invocado el poder del prodigio de la abeja para llevar a cabo exactamente lo que acababa de hacer: paralizar a Marinette. Había dado por hecho que tendría que salir a buscarla, pero ya no sería necesario, puesto que ella había tenido el detalle de acudir a refugiarse en su propio escondite. Ahora, su rival se hallaba congelada como una estatua, completamente a su merced.
Había contado con que su vídeo de revelación turbaría también los sentimientos de Marinette, puesto que había arruinado su gran noche por completo. No obstante, Kallima no había percibido ira ni frustración en ella. Quizá algo de angustia, pero no la suficiente como para poder akumatizarla. Sus mariposas encantadas, por otro lado, no se habían visto atraídas hacia Adrián, dondequiera que estuviese. Tal vez el chico no había visto la grabación aún, aunque no era algo que a Kallima le preocupase especialmente: estaba convencida de que, ahora que la verdad había salido a la luz, no había nada que Ladybug pudiese hacer para evitar que él la descubriese.
No importaría, en el fondo, puesto que, en cuanto Kallima se hiciese con los prodigios de Ladybug y Cat Noir para pedir su deseo, Adrián dejaría de existir. No obstante, y hasta que llegase el momento…, nada le impediría hacerlo sufrir un poco.
Los labios de Kallima se curvaron en una aviesa sonrisa mientras observaba a Marinette. Aún no había decidido qué papel jugaría aquella estúpida entrometida en el mundo que iba a recrear. En un principio había pensado hacerla desaparecer sin más. Pero, a medida que se acercaba el momento de su triunfo, la idea de crear para Marinette una vida miserable le resultaba cada vez más atractiva. Así, cuando Lila se convirtiese por fin en la legítima heredera de los Agreste y su vida fuese perfecta, podría asistir al espectáculo de ver sufrir a su enemiga cada día.
Pero, antes de que aquello sucediese, Kallima tenía otros planes para ella.
La arrastró hasta la jaula y la encerró en el interior, asegurando el candado con una de las llaves gemelas que poseía.
Marinette, por descontado, no pudo evitarlo, porque aún seguía paralizada por el poder del prodigio de la abeja. Kallima contempló su gesto de sorpresa e incomprensión y sonrió.
Todas las piezas estaban ya colocadas en el tablero. Ahora solo faltaba que el gatito mordiese el cebo y cayese en la trampa que estaba a punto de tenderle.
NOTA: ¡Muchas gracias por vuestra paciencia! He tardado un poco más en poder escribir este capítulo y es un poco más corto de lo que me habría gustado, ¡pero lo importante es que la historia sigue adelante! Como habréis imaginado, aquí ya comienza la Gran Batalla Final y poco a poco todas las piezas irán encajando hasta la resolución. Calcul capítulos más y quizá un epílogo. Intentaré escribir el final del tirón para terminar el fan fic este mismo mes. ¡Espero que os esté gustando, y muchas gracias por leer!
