Pensamientos de una reina
Disclaimer: Nada me pertenece.
Esta historia participa en el Multifandom 5.0 del foro Alas negras, palabras negras con la tabla emociones y el prompt confianza.
()()()()()()()()()()()()()
Rhaenys no puede dormir. Conforme pasan los años conciliar el sueño le cuesta cada vez más. Yace en la cama mirando al techo y repasa su vida. Sus triunfos y sus derrotas desfilan ante ella mientras Corlys, siempre imperturbable, duerme a su lado.
Su matrimonio se encuentra sin duda entre sus triunfos. Pocas mujeres tienen la suerte de casarse por amor y aún menos consiguen que ese amor se mantenga tantos años después de la boda.
Por supuesto, Corlys y ella han discutido en ocasiones. Rhaenys sabe ver los defectos de su marido y su ambición escesiva ha sido siempre un motivo de conflicto , aunque nunca ha habido ninguna discusión que no hayan sabido solucionar. También ha vivido grandes periodos de soledad cuando Corlys se ha embarcado en uno de sus numerosos viajes. No obstante, él siempre vuelve a ella y los reencuentros siempre han sabido compensar las ausencias.
Que ama a Corlys es una de las pocas cosas sobre las que no ha dudado nunca, y eso que su vida nunca ha estado marcada por las certezas. El símbolo de su casa es un dragón, pero Rhaenys es como un cisne. Parece serena, pero bajo la superficie su mente siempre está dando vueltas.
Su propio destino fue una vez un interrogante. Ella nació para reinar, y sin embargo, se convocó un consejo para decidir si podría hacerlo.
Esa fue la primera vez que dudó. Cuando los nobles la rechazaron, pensó en levantarse en armas. Su marido se ofreció a liderar la flota y contaba con el apoyo de algunos señores que tal vez se habrían rebelado por ella. En una de sus primeras noches sin dormir, acarició la idea de tomar el trono que le pertenecía a sangre y fuego. No obstante, entró en razón. No tenía posibilidades reales de vencer y lo único que conseguiría rebelándose sería hacer sangrar al reino.
No se arrepiente de su decisión, aunque no le fue fácil aceptarla. Durante meses la furia y el resentimiento crecieron en su interior: hacia su abuelo, hacia los nobles y hacia Viserys. Incluso resintió a los dioses por haberle quitado a su padre, quien, como heredero de Jaheaerys, podría a su vez haberla nombrado heredera a ella.
Ahora esa amargura no es más que un recuerdo. Si se concentra puede volver a sentirla, pero los años le han dado amarguras nuevas que no tiene que esforzarse por sentir.
Las muertes de Laena y Laenor le pesan tanto como el primer día. Sabe bien lo que siente Rhaenyra. Es la única capaz de comprender su duelo. También comprende a la otra reina, Helaena. Incluso comprende a Aegon aunque lo desprecie. Perder a un hijo es un dolor que va más allá de bandos y de guerras.
La maldición de envejecer es que has vivido tanto que al final acabas entendiendo a todo el mundo. Años atrás no podía pensar en Daemon sin que la cólera la inundara. Lo cree responsable de la muerte de Laenor y lo sabe responsable del fallecimiento de Laena. Le quitó a sus dos hijos y, sin embargo, se encuentra comprendiendo lo mucho que le cuesta renunciar a la idea de ser rey.
Rhaenyra, en cambio, fue capaz de planteárselo. Sopesó dejar la corona en manos de Aegon si con eso el reino se mantenía en paz. Rhaenys había sentido muchas cosas por la hija de su primo: ternura por su ingenuidad cuando era más joven, lástima porque estaba convencida de que la apartarían a un lado como hicieron con ella, cierta simpatía al ver que resultó una buena esposa para Laenor y rencor porque pensaba, y no sabe si lo sigue pensando, que pudo tener algo que ver con su asesinato. No obstante, en ese momento, viéndola mantener la calma mientras todo el mundo intentaba arrastrarla a la guerra, sintió algo que no había sentido por ella antes: lealtad.
Rhaenys nunca se ha permitido pensar demasiado sobre la sucesión de su primo. Las similitudes con su propia historia vuelven ese asunto algo doloroso sobre lo que reflexionar. Ella es ante todo una mujer pragmática y nunca ha querido dejarse llevar por la esperanza ni por los sueños. Creer que Rhaenyra podría lograrlo y luego verla fracasar hubiera sido demasiado doloroso, como revivir su pasado una vez más, así que no se había permitido a sí misma albergar esperanzas.
No obstante, ahora cree en ella. Ya no lo puede evitar. No sabe si Rhaenyra se ha ganado del todo su confianza como persona porque la muerte de Laenor siempre estará ahí entre las dos, pero se ha ganado su confianza como soberana. Será una buena reina y por primera vez Rhaenys se está permitiendo tener esperanzas de que una mujer pueda al fin sentarse en el trono.
Por primera vez en mucho tiempo, no se queda dormida pensando en el pasado, sino soñando con el futuro. Sabe que la guerra será dura y que la derrota es una posibilidad, pero se permite fantasear con la victoria, con encontrarse en el futuro una noche de insomnio reviviendo la coronación de Rhaenyra como el mayor de sus triunfos.
