Perdón por el retraso, pero tengo algunos inconvenientes, en compensación les dejare dos capítulos, espero los disfruten ^^.

Capítulo 4

El fin de semana inicio con un agradable y tranquilo desayuno, ya que Kardia y Manigoldo aún se encontraban dormidos.

Sage, Degél y Albafica se encontraban en la cocina, desayunando panquecitos de mantequilla y leche, el anciano les narraba la historia de su familia.

-la aldea fue destrozada, solo sobrevivió un chico, este fue acogido por un monje que le cuido como si fuese su hijo, claro que no se dedicó a la vida eclesiástica, si me entiendes no, cuando creció se dedicó a cazar a la secta que destruyo su villa, los encontró ocultos en las entrañas de una montaña, un santuario donde se adoraba a la muerte, donde se adoraba al Dios Thanos. Lucho contra ellos y al final contra el mismo Dios, logro desterrarlo al infierno, pero antes de eso el Dios le maldijo, le dio el don de ver muertos y poder ser dañado por ellos, esperando así que alguna de las almas lo asesinara, o que quedase loco por traspasar el sutil velo de la vida y muerte, contemplando las visiones que no están permitidas a los humanos...en fin, sea cual sea el motivo, así es como nuestra familia adquirió ese Don.

Albafica escuchaba atento la historia, había decidido indagar un poco más sobre ese Don de Manigoldo.

-aunque...también hay otra versión. Parece ser que el Dios Thanos vino por un tiempo a la tierra, para experimentar la frágil vida humana y...termino en un pleito de cantina con nuestro antepasado, el cual le golpeo la cara, esto hizo enfadar al Dios y decidió maldecirlo con la visión de su mundo, a él y su descendencia, aunque claro, esa no es la historia que contamos en la familia, ja,ja,ja.

Los jóvenes solo rieron, por lo poco que conocía del Señor Sage y Manigoldo...era lo más aceptado.

-¡Demonios! es muy tarde.

El grito de cierto peli azul se escuchó desde la sala. Manigoldo subió corriendo las escaleras, se escucharon el abre y cierre de cajones.

-ah (bostezo) bueno… ¡Panquecitos!

Kardia corrió feliz a la mesa, estaba por tomar un pastelillo cuando su amigo bajo corriendo.

-no hay tiempo ¡vámonos!

Tomo al joven Espartaco de la bufanda y salió corriendo, cargando con su amigo y una maleta negra.

-je,je, ese par no cambia, supongo que es inevitable...ah, les preparare un almuerzo, Degél ¿podrías llevarlo?

-por supuesto señor.

Sage tomo algunas cosas de la nevera y empezó a cocinar, por su parte el peliverde regreso a la sala para ordenar las "camas". Albafica también ayudo, recogía la mesa pero con uno que otro inconveniente ya que en ocasiones evaporaba los platos. Para el medio día los chicos salieron cargando un almuerzo muy completo, de acuerdo al peli celeste.

-y... ¿cómo conociste a Manigoldo?

Albafica decidió romper el silencio, Degél se detuvo ante la pregunta, pareció meditar un segundo antes de caminar hasta una barda y sentarse ahí, invitando a su compañero a seguirle.

-bueno, como Kardia y Manigoldo siempre lo dicen, soy francés, provengo de la región de Borgoña, mi familia era propietaria de unos viñedos, nos mudamos a Italia en 1338, a Florencia, continuando la tradición vinícola. Tenía una buena vida, padres cariñosos y dos lindas hermanitas, todo iba bien hasta que...la peste negra broto- La noticia asusto a Albafica ¿acaso murió por esa horrible enfermedad?- Las personas fallecían por cientos, la escases de alimentos era muy dura, la inseguridad...digamos que cuando el ser humano se encuentra tan desesperado, los peores sentimientos se apoderan de uno. Una noche cuatro hombres entraron a nuestra pequeña granja, papá logro detener a dos de ellos...acosta de su vida.

El peliverde guardo silencio por un par de minutos, las imagines regresaban a su mente, momentos felices que vivió con sus hermanitas, las cálidas caricias de su madre y los sabios concejos de su padre. Albafica le veía preocupado, incluso se sentía mal por haber preguntado.

-yo...no pude ayudarle, la sangre no paraba y...escuche el grito de mis niñas, entre corriendo a la casa pero no estaban, tan solo encontré el cadáver de mi madre en el suelo, murió protegiéndolas. Las oí gritar de nuevo, se dirigían a la cava...seguidas por esos hombres. Sabes, ese lugar siempre me parecía frio y húmedo, un congelador, pero me agradaba, era como un refugio para mí, pero esa noche. Cuando baje los escalones mi Corazón latía acelerado, por un segundo creí que saldría de mi pecho. Mis pequeñas estaban en una esquina, abrazadas y llorando, frente a ellas esos dos sujetos. No dude ni un instante, tome una de las palas y golpe a uno de ellos en la cabeza, luego me abalance contra el otro mientras les gritaba que corrieran, les vi salir por las escaleras mientras yo detenía a ese sujeto. Todo iba bien hasta que...frio, sentí mucho frio en mi costado izquierdo, después algo caliente y húmedo, recuerdo que mi vista se nublo, esos sujetos comenzaron a golpearme mientras caía al suelo, pero el dolor se desvanecía poco a poco, cerré los ojos y todo termino.

Degél bajo de un brinco y hecho a caminar, Albafica le seguía en silencio.

-Cuando desperté no había nadie, esto me aterro, salí corriendo al viñedo, esperando encontrar a mis pequeñas ahí pero no conté con suerte, regrese a la casa, pero no estaban, corrí con los vecinos, pero estos habían desaparecido, las busque por unos cinco días sin éxito. Regrese a casa donde me dedique a llorar y auto compadecerme, alimentándome de pan viejo y queso. No te voy a mentir, tarde un buen tiempo en darme cuenta de lo que ocurrió, un buen día llegaron unos viajeros a mi casa y...sabes, en ocasiones el dolor juega con tu mente y te hace ver lo que deseas, aun después de muerto. Esas personas fueron amables, enterraron nuestros cuerpos y nos dieron un funeral digno, tal vez por ello no me molesto que se quedaran ahí... Llegamos.

Se detuvieron frente a una enorme reja de metal, algo oxidada, a su lado un gran cartel de madera con la leyenda de "Orfanato". Degél traspaso la reja y Albafica le siguió, con un poco de dificultad. Ante ellos una vieja casona de dos pisos, con techo de tejas y madera, sus paredes despostilladas dejando al descubierto los cimientos rojos.

-¡Ahora yo, ahora yo!

Los gritos de los niños captaron la atención del menor. Ocho pequeños se encontraban jugando en el patio, rodeando a un...payaso. Era un payaso con ropa muy colorida y grandes zapatos, solo que en lugar de estar maquillado portaba una gran cabeza de ratón, hecha de papel mache, muy casera se podía decir.

-ese es Kardia

-¡¿Qué?!

Degél sonrió al ver la mirada incrédula de su amigo, se encamino a un pequeño jardín, sentándose bajo un roble. Albafica no lo podía creer, miraba sorprendido al bufón. Kardia jugaba a la pelota con los pequeños, los levantaba y les daba vueltas pero ¿cómo lo hacía?

-ja,ja,ja

Degél comenzó a reírse por su cara de estupefacción, le hizo la seña para que se acercara.

-Kardia tiene más de mil años, créeme, su control de ectoplasma es mucho mejor que el mío. La verdad es que si no fuera tan cabezota, orgulloso e infantil sería mejor maestro que yo, pero ya viste, sus métodos son un poco salvajes. Para hacer lo que está haciendo se requiere mucha energía, por eso le traje todo esto, para que se reponga.

Los ojos de Albafica se abrieron sorprendidos, con razón tanta comida, se sentó al lado de Degél y este prosiguió su relato.

-Me quede en mi casa por un muy largo tiempo, hasta que los nuevos dueños decidieron derribar la propiedad y construir un hotel, a partir de ahí estuve viajando, hasta llegar aquí. Habitaba en la biblioteca central, ya que los libros me apasionan, comida no me falto, los chicos nunca respetan la norma de no introducir alimentos, un día llego un pequeño, buscaba información para su tarea y...lo acompañaba un fantasma.

Albafica abrió los ojos sorprendido ¿se trataba de Manigoldo? la sonrisa de Degél lo confirmo.

-Manigoldo era muy pequeño, tenía nueve años. No te voy a mentir ¡me hartaron a los cinco minutos! con sus bromas tontas y sus gritos que no tarde en presentarme ante ellos para que se callaran... ¡ah! grave error. En un principio creí que Manigoldo era un niño fantasma, ya había conocido a algunos, pero resulto que no, estaba vivo...me sorprendí tanto como tú al saber la verdad.

-entonces ¿él ya conocía a Kardia?

-Sí, eran muy buenos amigos. Pero no me extraña, Manigoldo era un niño y Kardia...bueno él tiene la mentalidad de un niño de cinco años. Ese par regresaba todos los días a molestarme, ya que según ellos, yo era muy divertido ¿lo puedes creer?

Albafica rio nervioso, la verdad consideraba a Degél una persona seria y responsable, pero divertido...

-Una noche ocurrió algo malo, estaba leyendo en el lobby cuando escuche un grito a las afueras de la biblioteca, un grito desgarrador, decidí salir a ver qué ocurría...Esa fue la primera vez que vi a un Poltergheis tan cerca, son horribles, tienen un aspecto humanoide, con piel negra y grandes garras, de ojos rojos y, a veces, algunos tienen cuernos. Una chica estaba tirada en las escaleras, intentando respirar, sobre ella el Poltergheis, esa cosa había introducido sus manos en el pecho de la joven, apretando su corazón. Tal vez fue el recuerdo de mis hermanitas lo que me hizo actuar, me arroje contra esa cosa, alejándole de la joven, el problema fue que…después me perseguía a mí. Sus garras son muy afiladas y pueden lastimar a los fantasmas comunes, como nosotros, por eso siempre les evitaba. Termine en un callejón, si bien podía atravesar la pared y continuar corriendo, no lo hice, el miedo me había bloqueado la razón, cerré los ojos y espere el golpe, pero este no llego, los que llegaron fueron Kardia y Manigoldo.

-¿Kardia y Manigoldo?

-sí, los muy idiotas iban a verme...para tener una pijamada, me vieron pasar seguido por el Poltergheis y fueron a ayudarme. Sabes, Kardia fue un soldado del Imperio Romano de Occidente, uno de los mejore, según él. Comenzó a pelear contra esa cosa mientras Manigoldo me sacaba de ahí, salimos del callejón y esperamos, Kardia apareció después de unos minutos, tenía algunos raspones per nada grave, ellos me dijeron que el Poltrgheis era uno recién convertido, por eso no era tan fuerte, después me llevaron con ellos...y ya no me dejaron marchar...mira que lo intente varias veces, pero siempre salían a buscarme y me obligaban a regresar. "no tienes por qué estar solo, nosotros somos tus amigos y te vamos a proteger"...siempre me lo decían.

Los ojos violeta se clavaron en el ratón, que daba vueltas a una niña de cabello lila, la sonrisa apareció en su rostro, la verdad es que si, estaba muy solo y se sentía triste...pero eso cambio al conocer a ese par.

-desde entonces estamos juntos...los tres.

El relato termino, Albafica veía a su compañero, parece que conto con suerte al encontrarles tras su muerte...mmm...pero... ¿cómo habría sido si se hubiese tomado la molestia de conocer a Manigoldo en vida?

-¡Hey, engendros! hora de comer.

Manigoldo apareció cargando una caja, detrás de él una monja de cabellera rubia, muy alta y con rasgos algo extraños... ¿era una hermana?... ¿o hermano?

-Manigoldo querido, por favor, no los insultes

El italiano bufo e ignoro a la monja, la cual solo rio. Tomo la caja y continúo su camino hasta que la voz de Verónica lo detuvo.

-¿no comerán con nosotros?

Los ojos azules viajaron al cielo, las nubes comenzaban a formarse.

-dijiste que tenían goteras, no, mejor arreglo el techo o si no los mocosos terminaran durmiendo bajo el agua...tsk, estamos bien así, solo asegúrate que esos demonios no se acaben todo... ¡Hey, ratón! ayúdame con el techo

-¡Ahhhh! T-T odio trabajar.

Verónica sonrió, tomo a un pequeño de las manos y se adentró a la casa.

-¡Niños a comer!

-¡Sí señorita!

La horda de diablillos ingreso a la casa, mientras los chicos subían la escalera y comenzaban a arreglar las tejas. Pasados algunos minutos Albafica apareció frente a ellos.

-Kardia, dice Degél que bajes a comer.

-¡Siiii! Lo siento cangrejo, si no voy mi vieja se enoja (abajo, una venita apareció en la frente de Degél al oír aquello), te veo abajo.

El traje cayó al suelo, Kardia le regalo una sonrisa pícara a su amigo antes de desaparecer. Manigoldo continuo con su labor, con uno que otro martillazo en su dedo cada que se giraba a ver a su compañero peli celeste.

Albafica sonreía ante esto, Degél le había contado la atracción que ejercía en su compañero, por lo que los accidentes le parecían divertidos. Abajo Kardia se atragantaba con la comida, mientras Degél palmeaba su espalda intentando que no se ahogara.

-Oye, Manigoldo

-mmm

-¿cómo conociste a Kardia?

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