Capítulo 5

La infancia de Manigoldo no fue placentera, sus padres fallecieron en un accidente automovilístico cuando solo tenía tres años, por lo que quedo bajo el cuidado de su abuelo materno, Sage. Siempre fue un niño solitario, sus compañeros de preescolar y algunos maestros le miraban con un poco de miedo ya que tenía la manía de "hablar solo" incluso le catalogaban de esquizofrénico, por tal motivo se vio obligado a cambiar de escuela unas ocho veces.

Logro controlar su "don" hasta los seis años, diferenciando entre el mundo de los espíritus y el real. Dejo su pequeña casa campirana y se mudó a la ciudad, su abuelo lo considero lo mejor para que olvidase las malas experiencias. No tardo en acostumbrarse a la vida citadina, pero pese a ello seguía siendo un niño solitario.

Un día, esperando a su abuelo a la entrada del colegio, se encontró con un fantasma muy peculiar, un joven griego de cabello azulado.

Kardia se divertía arrojando piedritas a una pandilla de jóvenes que bebían a una cuadra de ahí, los chicos buscaban furiosos al causante pero no veían a nadie, esto sacaba carcajadas de los labios del griego. Manigoldo se acercó hasta él, curioso, era muy raro ver a un fantasma tan alegre por lo general, con todos los que se había topado, tenían un aura deprimente y en ocasiones agresiva.

-ja, que imbéciles.

Su carcajada aumento cuando una de sus rocas rompió la botella.

-esto les enseñara a no beber en la vía publica, y menos junto a una primaria.

-ji,ji,ji

La risita de Manigoldo capto su atención, el chiquillo estaba a su lado, mirando divertido. Kardia se giró a verle, el griego le sonrió enternecido, le agradaban los niños. Enorme fue su sorpresa cuando Manigoldo le regreso el gesto, por un momento creyó que se trataba de un pequeño fantasma pero...

-¡Manigoldo!

Su maestra llego corriendo, preocupada por ver como el niño caminaba directo a esos delincuentes.

-ya te he dicho que no debes salir, tienes que esperar hasta que tu abuelo venga por ti.

Lo tomo de la mano y regreso a la entrada de la escuela, Manigoldo le siguió a regañadientes, pero antes de irse le dio una última mirada a Kardia.

No volvieron a verse hasta después de dos días. El pequeño se encontraba en su salón, resolviendo un terrible examen de matemáticas, desgraciadamente los quebrados no eran lo suyo.

-¡no seas menso! un medio es mayor a un octavo.

Kardia se encontraba frente a su pupitre, inclinado a su altura y mirando su cuaderno. El italianito le sonrió y se apresuró a cambiar la respuesta.

-también estas mal en la de abajo, tres cuartos y cuatro tercios no son iguales.

Ese día su goma viajo de un lado a otro del examen...almenos escribió bien su nombre.

-entonces ¿puedes verme?

-mju, mi familia tiene una maldición que nos permite ver muertos.

-ya.

Se encontraba sentados en una de las esquinas del patio, al chiquillo le agradaba el silencio y privacidad a la hora de comer.

-¿quieres?

Kardia tomo entusiasmado la manzana, su fruta preferida, se la pasó toda la tarde en la primaria, jugando con el pequeño y ayudándole en sus clases, cuando su abuelo lo fue a recoger ya no se sorprendió tanto de que este le viese, regreso con ellos a su casa y ya no se fue de ahí.

-¿de verdad luchaste en todas esas batallas?

-por supuesto, era uno de los mejores, estaban por ascenderme a centurión, pero fui enviado a Venecia.

-¿enserio?

-claro, no tengo por qué mentir. Luche contra los normandos, ingleses e hispanos, conocí Constantinopla, El Cairo, Turquía y otros lugares. Era parte de la décima legión.

Kardia se la pasaba contándole sus aventuras en las batallas, en ocasiones le enseñaba a luchar y blandir una espada, usando una escoba. A Manigoldo le fascinaba oírlas, veía en su amigo una especie de héroe.

-ne, Kardia ¿cómo fue que moriste?

La pregunta tomo por sorpresa al espartano, que se quedó en silencio, la verdad casi no le gustaba recordar la causa, ya que le traía desagradables recuerdos pero...

-veras enano, cuando yo tenía tu edad me diagnosticaron una extraña enfermedad, la cual ocasionaba que mi temperatura aumentara y fuese atacado por una fiebre descomunal, mis padres...bueno, ellos no estuvieron muy contentos con mi diagnóstico y me abandonaron en el hospital. Yo no quería morir en una cama de hospital así que me escape, viaje por muchos días, solo y con hambre. Una noche, la temperatura en mi cuerpo aumento, sentí mi sangre hervir y mi pecho me dolía, la verdad pensé que iba a morir en ese instante, pero no fue así. Unos soldados avanzaban por ahí, me encontraron y uno de ellos me ayudo, cuido de mí y me dio una medicina para controlar la fiebre, se llamaba Krest. Viaje con ellos ya que según él era peligroso para un niño estar solo en el camino, al llegar a Roma creo que se apiado de mí y me llevo a su casa, ahí conocí a su "amigo" Zaphiri, otro soldado. Prácticamente se convirtieron en mis padres adoptivos, me criaron y entrenaron para ser un soldado, como ellos

El griego miraba por la ventana, recordando los buenos tiempos, si bien su enfermedad siempre estuvo presente, Krest y Zaphiri hacían de todo para curarle, en una ocasión Zaphiri le hizo beber un poco de veneno de escorpión ya que, según un brujo egipcio, esto le daría más fuerza para resistir las fiebres...je, fue tan divertido ver como Krest lo regaño por ocho horas seguidas, aun no entendía cómo es que no se le acabo la voz.

-años después fui asignado a la décima legión y vine a Venecia, esa fue la última vez que vi a mis padres, sabes antes de irme Zaphiri me regalo una espada, la llamaba Antares, era una espada increíble. Bueno, nos encontramos luchando contra una flota inglesa, les íbamos ganando pero, llegaron sus refuerzos. Derrote a una gran cantidad de enemigos, Antares se había clavado en ellos robando su calor...ah, fue una gloriosa batalla.

-y que paso ¿otro guerrero te asesino?

-claro que no enano, no existía un guerrero tan fuerte como yo, la verdad...morí a causa de mi enfermedad.

-¿enserio?

-sí. El barco comenzó a hundirse, yo me encontraba luchando contra un estúpido inglés, Antares se clavó en su pecho y fue su final, estaba por retirarme cuando el mástil cayo, envuelto en llamas, escuche unos gritos de ayuda y corrí a la popa, dos de mis hombres estaban ahí. Uno de ellos estaba atado con una cadena a un madero muy grueso, el otro intentaba soltarle pero no lo conseguía, me acerque a ellos cuando la fiebre me ataco, mi sangre comenzó a hervir y mi vista se nublo, llegue hasta ellos casi desmayándome, con la ayuda de Antares le libere, se escuchó un crujido y el barco se partió, arroje a los chicos por la borda, por desgracia no pude seguirlos, en ese momento la fiebre aumento, sentí una fuerte opresión en mi pecho, como si alguien lo estrujara, caí inconsciente y cuando desperté... estaba muerto, flotando en los restos de un barco que encallo en una de las islas venecianas.

-y ¿por qué te quedaste? ¿Por qué no regresaste a tu hogar?

-lo intente enano pero…digamos que la orientación no es mi fuerte, je, je.

-¿enserio? ¿cuánto tardaste en regresar?

-ya es muy noche ¡duérmete!

-¡dime!

-¡No!

-¡dime!

-¡que no!

-¡DIMEEEE!

-¡carajo! ya, me tarde diez años, contento

El menor estallo en carcajadas, de verdad tenía una orientación pésima.

Su relación se reforzó día a día, Kardia era como un hermano mayor, divertido y juguetón, que lo cuidaba y ayudaba en la escuela, al menos hasta que llego Degél. Después el galo se encargó de que pasara con buenas calificaciones, a Kardia le bastaba un seis.

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-Nos vemos después engendros, pórtense mal

-¡Manigoldo!

Se despidieron de los niños y regresaron a su casa, antes de que la lluvia les alcanzara.

-ah, casi lo olvido, toma

Degél le extendió un papel, la lista del súper.

-Tu abuelo me pidió dártela.

-ah, que aburrido, todavía tenemos que ir por esto, ya que, vamos antes de que..

¡AHHHHHH!

El grito de unas chicas les detuvo, las jovencitas se acercaban corriendo, pasaron arriba de Manigoldo dejándole tirado en el piso, con una serie de pisadas en su espalda. Kardia alcanzo a arrastrarle a la orilla antes de que otra horda de jovencitas lo pisara.

-¿qué sucede?

Degél y Albafica se adelantaron a ver. Doblando la esquina se encontraba una congregación de chiquillas, rodeando una librería, las féminas gritaban cual posesas mientras intentaban ingresar al local. En la entrada había un enorme cartel anunciando la novedad de la librería, "Corazón Helado" de Aenas Scorpio, hoy firma de autógrafos.

-¡tsk! tanto para eso, niñas locas.

Manigoldo comenzó a caminar, tenía que comprar los víveres antes de que cerraran. A media cuadra se percató de que solo Albafica le seguía, se dio la vuelta y entonces lo recordó. Aenas Scorpio era uno de los autores favoritos de Degél.

-mm, ya fue.

El chico miro divertido a sus amigos. Degél atravesaba la pared, emocionado por ver al escritorcillo ese, la verdad le faltaba poco para ponerse a gritar como las locas esas, detrás de él Kardia, con una mirada fiera y lanzando maldiciones en su lengua materna.

-vámonos de aquí antes de que Degél se dé cuenta de que no estoy siguiéndole.

Se echó a correr y a Albafica no le quedo de otra más que seguirlo, entro en el mini súper barriéndose.

-uf, menos mal, hoy si la libre, la última vez que me obligo a asistir a una firma tuve que hacer un montón de preguntas tontas...ah, Kardia debe estar muy molesto.

El chico le sonrió y se apresuró a tomar lo de la lista, sus ojos viajaban de vez en cuando a su compañero. Albafica, pese a estar muerto, seguía siendo una persona hermosa. La verdad desde que le conoció quedo prendado de él, pero no por su físico, había algo en su persona, posiblemente era la seguridad con la que se desenvolvía, que no era arrogante o vanidoso, le gustaba que era amable y se preocupaba por los demás.

El toque frio de Albafica lo regreso a la realidad, el peli celeste le miraba muy avergonzado, señalando unos chocolates. Manigoldo no dudo en comprar dos paquetes, por suerte Albafica no era como sus amigos, de lo contrario el carrito ya estaría lleno de manzanas y revistas de ciencia. Terminaron de comprar y se encaminaron a casa, Manigoldo cargando todo...uf, ahí si extrañaba al heleno, Kardia cargaba con la mitad de las compras volviéndoles invisibles; miraba de arriba a abajo a su amigo, tenía una duda que desde hace mucho quería saciar.

-em...Alba-chan ¿puedo preguntarte algo?

-mm. Claro.

-bueno...veras, quería saber... ¿por qué te gusto Minos, quiero decir que le viste?

La pregunta desconcertó al fantasma, pero es que la duda lo estaba carcomiendo, a Manigoldo se le hacía extraño que alguien como Albafica estuviese liado con un psicópata como Minos. Si bien el peli plata era alguien muy popular y bien parecido, había algo en él que le causaba repulsión, bien podía ser el hecho de que era un orgulloso, ególatra, castrante, pija suelta que gustaba de humillar a los demás, un cretino con el cual ya había tenido roces. Por lo que se le hacía extraño que alguien como Albafica estuviese interesado en él.

El chico no tardó en responder, describiendo las "cualidades" de su novio, que era amable y altruista...lo dudaba, pero la emoción con la que hablaba, mm, tal vez tendría que tratarlo un poco más... ¡No! ¡Nunca!

Sin embargo, cuando Albafica comento cierta anécdota...Manigoldo se quedó en shock.

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-¡¿Dónde diablos estabas?!

Degél llego muy molesto a la casa, ya que no logro preguntar lo que deseaba y Kardia no le dejo poseer a ninguno de los fanáticos para saciar su curiosidad.

-Tsk! no sé qué le vez a ese idiota, es un engreído y pedante.

-¡Claro que no! es un excelente escritor, y lo sabrías si de vez en cuando te pones a leer.

-así, pues no creo que él pue...

Pero Manigoldo no les dejo terminar su discusión marital, tomo a sus amigos y los saco de ahi.

-ahorita regresamos Alba-chan, cuida la casa si

El peli celeste les vio confundido ¿a dónde iban? ¿Porque salían mientras llovía? no le dio mucha importancia, tomo sus chocolates y se fue a ver la tele.

Caminaban bajo la lluvia, Manigoldo con la mirada gacha, pensando.

-Hey cangrejo ¿a dónde vamos?

El chico no respondió continuo su travesía, sus amigos se miraron preocupados, cuando Manigoldo se ponía serio algo malo pasaba.

-Manigoldo ¿que sucede?

-habla cangrejo, nos estas preocupando.

Fue un susurro, por lo que los fantasmas se vieron en la penosa necesidad de pedirle repitiera la pregunta.

-¿qué dijiste enano?

-habla más fuerte Manigoldo.

-les pregunte ¿de qué color era?

-¿eh?

-¿color?

Los fantasmas se miraron extrañados ¿de qué color qué?

-no te entiendo Manigoldo, explícate mejor.

-El gato ¿de qué color era el gato?

-gato ¿cuál gato?

-el gato que encontramos muerto hace unos días, al que le rompieron el cuello ¿de qué color era?

Sus ojos se abrieron sorprendidos, ah, ese pobre animal, la verdad ya lo habían olvidado.

-blanco...blanco con una mancha café en su lomo ¿porque lo preguntas?

El galo miraba fijamente a su amigo, el tono de voz de Manigoldo le preocupo.

Manigoldo no dijo nada, aun recordaba al pequeño gatito que encontró días atrás, tan chiquito, empapado y con su cuello roto. Un escalofrío recorrió su columna al percatarse de un detalle, el lugar donde encontró al gatito, era el camino para la casa de Albafica...y la de Minos.

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Si llegaron hasta aquí muchísimas gracias por haber leído, espero la actualización fuese de su agrado.

GeminiHeart. Gracias por tu comentario. Si, la verdad a mí también me da pena el cangrejo, pero al menos ve el lado positivo… ¡ya le habla! Kardia es un amor, algo bárbaro, pero adorable.

Los leo en el siguiente capítulo, pasen una buena tarde y feliz fin de semana.