Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi.
InuKagWeek Día 1: Anhelo
Uno…
Dos…
Tres…
Se había vuelto un ritual el contar los segundos pasando por el reloj en su pared antes de ir a dormir. El constante golpeteo del cambio en las manecillas tenía algo que lograba adormecerla. Sabía que debería poder dormir mejor en su hogar, en su cama, en su época; pero la verdad es que las noches se habían convertido en un martirio cuando se quedaba sola con sus pensamientos.
La mañana siguiente serían tres años. Tres años desde que no lo veía.
Veinte…
Veintiuno…
Contar la ayudaba a distraerse de sus pensamientos intrusivos, de las memorias que, a pesar de ser lejanas, revivían en ella cada noche. Cada día intentaba animarse, y tomar todo lo vivido como una experiencia fantástica e irrepetible. Se reconfortaba con la idea que sus amigos estarían bien, que la perla ya no existía y que habían terminado con el mal que los persiguió durante tantos años.
Esperaba que sus amigos finalmente continuaran con sus vidas. Se imaginaba a sus amigos juntos, a Sango y Miroku felices y formando una familia, llenos de pequeños niños corriendo a su alrededor. Se imaginaba a su amiga resplandeciente en compañía del monje, y eso le daba un poco de consuelo.
Entre esas imágenes mentales no podía evitar pensar en Shippo, esperaba y fuera un valiente niño que pudiera convivir y jugar con los niños de la aldea, o quizá hasta ayudara a cuidar el lugar de pequeños demonios que se atrevieran a atacarlos. Por otro lado, pensaba en Rin y Kohaku, ¿Seguirían con Sesshomaru?, no podía imaginarse a la pequeña sin la protección del gran Taiyoukai, cómo fuera, esperaba que los pequeños pudieran vivir relajados, sin preocuparse de la muerte asechándolos a cada paso.
E Inuyasha…
Mierda, perdí la cuenta ¿En qué iba?
Uno…
Dos…
Su Inuyasha.
Por Kami, esperaba que estuviera bien.
Conocía a la perfección la fortaleza de Inuyasha, esperaba que el continuara con su vida y pudiera ser finalmente feliz. Sin nadie que lo juzgue, conociendo a más personas que se den cuenta de lo maravilloso que es. Se lo merecía. Tanto esfuerzo y tantas cosas por las que había pasado desde que era muy pequeño. Inuyasha merecía finalmente ser feliz. Aún si ella no estuviera con él.
Aunque, si se permitía ser un poco honesta, esperaba que la extrañara un poco. Que se acordara de ella una vez a la semana, aunque no podía ser tan egoísta, ¿una vez al mes? ¿Era mucho pedir?
Quería ser un bello recuerdo en su memoria, que cuando pensara en ella recordará solamente los momentos agradables. Sus atenciones cariñosas, sus pláticas sobre el futuro y pasado a media noche y, su último beso.
Esperaba la recordara con cariño, y no con un gran dolor en el pecho cómo el que ella sentía todos los días, llorándolo cada noche, extrañándolo y deseando estar con él en cada minuto.
Ciento veinte…
Ciento veintiuno…
….
Al final, cómo cada noche, el cansancio tras contar los segundos, era lo único que la ayudaba a dormir, esperando poder verlo en sus sueños.
Los días eran un poco más sencillos que las noches, al menos lo habían sido hasta la mañana anterior, antes de graduarse. El estar cada día con sus preciadas amigas la ayudaba a olvidarse por un momento de la época feudal. Pero ahora, no tenía esa perfecta distracción que tanto le había ayudado en esos tres años.
Kagome pensó en inscribirse a la universidad, pero siendo sincera, no contaba con los créditos suficientes para que algún instituto de buen prestigio se interesara en ella. ¿Cómo explicaría todas sus faltas? Seguramente no serían tan ingenuos para creer que estuvo enferma de tantas cosas extrañas que se le ocurrían a su viejo abuelo. Además, no tenía la menor idea de lo que le gustaría estudiar. Su mente era un cúmulo divagante que no podía concentrarse nuevamente.
Esa mañana, extrañaba a Inuyasha muchísimo más.
Caminaba de manera errante por su casa, sin darse cuenta en el momento que sus pasos la llevaron al pozo devorador de huesos.
Tenía mucho tiempo sin ir ahí, queriendo bloquear de su mente el impulso de lanzarse al fondo con la esperanza de volver con él. Y lo había hecho, incontables veces, tanto que juraba que sus rodillas le reclamarían toda la vida.
¿Por qué? ¿Por qué no puedo volver?
La única respuesta que tenía era que su propósito se había cumplido. Así cómo la perla se la había llevado, al final, la devolvió a dónde pertenecía. Era eso, o su intenso alivio al salir del pozo y encontrarse con su familia.
Fue su deseo de estar con aquellos que amaba lo que hizo que el pozo se cerrara de esa manera. Pero entonces, ¿por qué la había alejado de él? ¿por qué tenía que vivir de esa manera sin su amado?
La frustración la consumía, y el anhelo que estar con él la llenaba por completo, tanto que pensó que alucinaba. Un resplandeciente cielo se observaba en el interior del pozo. Las nubes lejanas, se mecían suavemente con el viento tranquilizador, incitándola a saltar.
¿Era real?
Unos pasos tranquilos se escucharon en el exterior, pero Kagome no quiso voltear, temía que, si por un momento su vista se alejaba de aquel brillante cielo, este desaparecería tan pronto cómo apareció.
—¿Kagome? —la voz preocupada de su madre la alertó, pero no apartó la vista—¿Qué pasa? —le preguntó acercándose aún más a ella, tomándola cariñosamente de su hombro.
—Mamá—logró articular con dificultad—el cielo…
Las palabras quedaron trabadas en su garganta. ¿Su madre podía ver cómo ella aquel azul brillante al fondo? ¿percibía el aroma diferente del pasto y de la brisa primaveral? Quería preguntarle todo eso, pero no podía, y no fue necesario.
Las palabras de despedida no serían suficientes, pero la decisión estaba tomada. Un abrazo cálido la reconfortó el alma y la invitó a seguir su deseo. Tenía miedo, pero subió nuevamente por la orilla del pozo y se armó de valor antes de dar un salto al vacío. Un salto a su nueva y antigua vida.
Una última vez.
Uno...
Dos…
Tres…
Se había vuelto un ritual el contar los latidos del corazón del hombre que la abrazaba antes de dormir. Su rostro recargado en el pecho de él, le permitía escuchar a la perfección la respiración y el tranquilo golpeteo del corazón de Inuyasha. Un relajante recordatorio de que había regresado, un sonido que le permitía dormir tranquilamente, cada noche.
*FIN CAPÍTULO*
Quiero que disfruten de mis historias como yo lo hago con muchas de las de ustedes. Dejen sus sugerencias en sus comentarios.
Muchas gracias.
