La cólera

La noticia se había propagado rápidamente. Esa misma mañana, un cuerpo había sido encontrado cerca del faro de la punta de Mercurio, un lugar conocido por sus peligrosos acantilados puntiagudos y sus vivas corrientes.

Pronto comenzaron a anunciarse nombres con más o menos mórbida curiosidad y David tuvo que hacer prueba de sangre fría para mantenerse estoico frente a las preguntas de los habitantes: ¿de qué reino venía? ¿Era un accidente o un asesinato?

Hacía ahora más de un año que reinaba una relativa paz en Storybrooke y todos sus reinos. Regina reinaba con justicia y devoción y, en el presente, la "Buena reina" era respetada y amada por todos.

‒ ¿Es…de verdad él?‒ cuestionó Regina que acababa de llegar a la comisaría donde la esperaban David y Mulan

‒ Sí. Según todas las evidencias. Emma tendrá que reconocer el cuerpo de forma oficial, pero no quiero infligirle eso…Cualquiera podría decir si el cuerpo encontrado es el de él.

‒ No

‒ ¿No?

‒ Ella…debe verlo. Forma parte del proceso

‒ ¿Del proceso? ¿Qué proceso?

‒ El del duelo. Permanecerá en la negación mientras no se enfrente directamente a los hechos. Este mismo mediodía pensaba aún que él iba a volver

‒ ¿Estuviste en su casa todo el día?‒ se asombró David

‒ Después de tu anuncio esta mañana, ella se derrumbó en mis brazos. Se quedó dormida y la llevé a su casa. Se quedó durmiendo el resto del día y me quedé hasta que se despertó. Cuando tomó consciencia de los hechos, me pidió que me marchara. Pero estoy convencida de que necesita esta etapa, da igual lo penosa que sea, para avanzar.

‒ Estoy de acuerdo con su majestad‒ se pronunció Mulan ‒ Yo también he tenido que enfrentarme a pérdidas y, aunque es una etapa dolorosa, es necesaria.

Regina asintió como agradecimiento y se giró hacia David

‒ Voy a avisar a Whale para que se encargue de todo y cuando Emma se sienta preparada…Irá a reconocer el cuerpo

David, a pesar de sus reticencias, sabía que la morena tenía razón

‒ Voy a hacer que todo se haga lo más rápido posible

‒ Bien. Tendremos que dar un comunicado oficial, la gente habla y podrían propagar un rumor idiota

‒ Eso te toca a ti, te dejo hacer

‒ A partir del momento en que la situación sea del dominio público, las cosas serán más difíciles para Emma: los murmullos, los rumores…‒ se lamentó Regina ‒ La planificación está ajustada.


La noche fue agitada para Emma. Desde el momento en que Regina se marchó de su domicilio, Emma se quedó allí, en la cocina, con la mirada en el vacío. Eso no podía estar pasando: Killian no podía…Cerró los ojos y volvió a vivir sus últimas interacciones y la cólera se apoderó de ella. Esto no podía ser posible, esto no podía haber acabado.

De repente, algo la golpeó y miró la hora.

‒ ¡Mierda!

Sin pensar, se teletransportó en un remolino blanco delante de un modesto inmueble. Subió los escalones de cuatro en cuatro antes de tocar una puerta decorada con un "12a"

Cuando la puerta se abrió, apareció una joven de unos treinta años.

‒ Oh, Emma, iba a llamarte

‒ Lo siento, yo…Me quedé dormida

‒ ¿Estás enferma?

‒ No, solo…Algo cansada. ¿Todo bien?

‒ Perfectamente. Ha comido bien y ha dormido al menos dos horas y media este mediodía

Emma entró en el apartamento y vio enseguida a su hija en un parque infantil, mordisqueando un juguete de goma.

‒ Hey, ratoncito, lo siento, mamá llega tarde‒ la cogió en sus brazos y depositó un tierno beso en su frente ‒ Venga, nos vamos a casa

‒ Emma, ¿todo bien?‒ se inquietó la joven

‒ Todo va bien‒ respondió en tono neutro la bella rubia. Y apenas hubo abandonado la casa se teletransportó hasta la suya y dejó a su hija en su asiento. Emma suspiró y de repente, una idea le vino a la cabeza: ¿se quedaría huérfana de padre su hija? Crecería sin él, y le tocaría a Emma perpetuar la imagen y la idea de su marido.

Sintió un escalofrío que la hizo estremecerse. Una vez más, sintió ganas de vomitar y su cabeza le dio vueltas. Solo salió de su torpor al escuchar el llanto de su hija. Se secó sus lágrimas y preparó el biberón en silencio.

Cuando su hija estuvo saciada, la cambió y la acostó directamente antes de ella misma desvestirse y hundirse en su cama. Le hubiera gustado conciliar el sueño, pero una multitud de cuestiones se juntaban en su mente: ¿qué iba a hacer? Era viuda…Jamás habría pensado que eso le sucedería tan pronto. Y ella creyendo que ahora vivir en Storybrooke era pacifíco y sin peligro. Jamás habría imaginado que tal desgracia la golpearía tan pronto.

Evidentemente su noche fue corta y agitada, cuando se despertó sus ojos parecían pegados debido a las lágrimas nocturnas. Se levantó y echó una ojeada a la habitación de su hija que, felizmente, aún dormía. Bajó al salón y se preparó un café. Entonces tocaron a la puerta. Frunció el ceño mirando la hora temprana y fue a abrir. Casi hizo una mueca cuando vio a su padre y a su madre tras la puerta.

‒ Hey, Emma…Yo…Nosotros…

‒ ¿Qué?‒ dijo amargamente la bella rubia

Ante la agresividad latente de su hija, los Nolan apenas se sorprendieron.

‒ Hemos venido para ver cómo estabas

‒ ¿En vuestra opinión…?

‒ Emma, sé que no es el momento, pero…

‒ ¿Acaso hay un buen momento?

David tragó en seco

‒ Yo…El cuerpo está en el hospital, Emma, te necesitamos para identificarlo

Emma se quedó quieta y su cabeza se vació como si su sangre se hubiera congelado en su cerebro

‒ ¿Q…Qué?

‒ El cuerpo está en la morgue, Emma…‒ suspiró David suavemente

‒ ¿No podéis hacerlo vosotros mismos?‒ replicó ella

‒ Emma, pensamos que…Tú debes…Hacerlo

‒ ¡Súper, como si necesitara eso!

‒ Puedes tomarte tu tiempo, pero…

‒ ¿Pero qué?

‒ La noticia se ha propagado como el polvo y…

‒ …Y queremos proteger, cariño‒ completó Snow

‒ ¿Protegerme? Las cosas ya están hechas, ¿no? ¿Qué se puede hacer?

‒ Emma, te lo ruego, sabemos por lo que atraviesas y…

‒ No, yo creo que no‒ Los Nolan se quedaron fijos en el sitio ‒ Vosotros tenéis esa cosa de "Nos encontraremos siempre", ¿no? Tenéis suerte‒ dijo ella irónicamente

‒ Por favor, no la tomes así…No tenemos nada que ver, estamos aquí por ti

‒ Ok, ok, voy a ir, ¿está bien?‒ soltó molesta

‒ ¿Sola?‒ se inquietó David

‒ No necesito a nadie, ¿ok? Ahora, lo siento, pero tengo cosas que hacer, como ocuparme de un bebé o ir a reconocer el cuerpo de mi marido muerto.

Tras eso, cerró la puerta dejando a sus padres estupefactos en el exterior.

‒ David, no podemos dejarla completamente sola como está

‒ Conoces a Emma, necesita tiempo. Ella hará lo que le dé la gana. De momento, está en cólera y arrasada, dos cosas que forman un cóctel explosivo en ella. Si insistimos, nos la pondremos en contra, o peor…Podría alejarse de nosotros…De Storybrooke.

‒ …

‒ Me hace daño decirlo, pero…La única que estaría en condiciones de comprenderla es…

‒ …Regina‒ completo Snow ‒ Lo sé

‒ Vamos

‒ ¿Y con Emma? ¿Y el hospital?

‒ Le he pedido a Whale que me avise cuando ella vaya…Si no acepta ni nuestra ayuda ni nuestra presencia, al menos él puede ser nuestros ojos y oídos.

Tras la puerta, Emma se había dejado resbalar lentamente hasta el suelo, la espalda apoyada en la madera, antes de apoyar su frente en sus rodillas y echarse a llorar. Qué injusto y cruel era que en una ciudad ficticia, tenga que reconocer oficialmente el cuerpo de un hombre que, en el mundo real, no existe. Es más, oficialmente, nada existe: ni los matrimonios, ni los divorcios, ni los decesos…Nada existe fuera de la esfera de Storybrooke, y ahora de los reinos de los alrededores.

Tal como estaban las cosas en ese momento, Emma no era en realidad viuda, porque previamente no había estado casada…Sus mismas existencias eran dudosas: después de todo ella era la hija de personajes de cuentos de hadas.

De las lágrimas pasó de repente a las risas cuando constató que toda su vida era una mascarada. Sí, la vida no era un cuento de hadas, irónico cuando se vive en ellos 24 horas al día. Entonces pensó en esa prueba que en ese día tenía que pasar: reconocer el cuerpo de su difunto marido, qué cosa más horrible tener que vivir eso.


No pudo contenerse a ir antes del mediodía. No pudo decidirse a ir en coche, así que se teletransportó hasta la entrada del hospital para minimizar las interacciones y tener que responder a las miradas compasivas y de condolencias hipócritas. Se dirigió al mostrador de recibimiento donde, al parecer y felizmente, no parecían estar al corriente de los hechos.

‒ El doctor Whale, por favor, de parte de Emma Swan.

‒ Enseguida lo llamo

Unos minutos más tarde, y cuando Emma no dejaba de escanear el hall con la mirada, a la búsqueda de los menores rumores o miradas suspicaces, Whale llegó, con expresión sombría

‒ Emma. Mis condo…

‒ ¿Dónde está?‒ lo cortó ella secamente

Whale no se lo tuvo en cuenta y bajó la mirada.

‒ Venga

Los metros de pasillo parecían kilómetros para Emma que ya no soportaba más cada ruido que le parecía más ensordecedor aún: los ruidos de pasos sobre el suelo de baldosas, los bip de las máquinas, las ruedas de las camillas…Después cogieron un ascensor que los conduciría al subsuelo, a un pasillo más lúgubre aún, apenas alumbrado.

‒ Lo siento por este lugar…Tenemos…Poca costumbre de usarlo

‒ …

Él abrió una pesada puerta y de repente un viento frío golpeó a Emma en pleno rostro. Ella se paró en seco: una morgue. Sin embargo, no era la primera vez que ella ponía los pies en un sitio como ese, y había pasado por cosas peores en su vida. Pero las cosas demasiado personales aparecían siempre más crueles y difíciles. Siguió a Whale con la mirada cuando éste se colocó delante de un cajón en acero inoxidable.

‒ Emma…

Ella tomó aire y se acercó, a paso pesado y lento. La escena le pareció extraña, como en los sueños cuando se camina, pero la distancia se alarga más y más.

‒ ¿Está lista?

‒ Venga‒ respondió ella fríamente.

Whale entonces abrió el cajón y apareció un cuerpo bajo una sábana. Emma contuvo el aliento y agarró un trozo de sábana. Le pareció que ella misma salía de su cuerpo cuando elevó la sábana y vio la cabeza de su difunto marido. Su respiración se volvió anárquica, entró en pánico.

Era él, el rostro frío, lívido. No se atrevía a tocarlo, lo sabía. Conocía esa sensación de frialdad y de dureza de la piel de un muerto. No podía. Entonces volvió a bajar la sábana y dio un paso hacia atrás

‒ Sí, es…Es él

Y sin esperar, se dio la vuelta y salió de la estancia, el aire le faltaba. Se apoyó un momento en la pared y cuando escuchó a Whale acercarse, se enderezó y aceleró el paso.

‒ Emma, espere…Hay que…Firmar…

Emma se paró y se dio la vuelta

‒ Es suficiente por hoy, ok. Eso tendrá que esperar

Después desapareció en un tornado blanco, dejando a Whale solo. Este entonces sacó su móvil e hizo una llamada.


Cuando volvió a su casa, Emma estaba como vacía: de toda energía, de todo deseo, de toda emoción. Miró a su alrededor y de repente su mirada se posó sobre una chaqueta de cuero posada en el borde del sofá. Su corazón se saltó un latido y una ola de cólera la invadió. Corrió hacia la chaqueta, la tomó, la hizo una bola y la tiró lo más lejos que pudo, tirando de paso un jarrón que se rompió al caer al suelo y un par de portarretratos.

Cuando se dio cuenta, un sentimiento de alivio penetró en ella, una dulce y salvadora ola. De repente, sintió el irreprimible deseo de romperlo todo, de destruir esa casa que le recordaba aún a él que la había dejado.

Así que, cogió un cojín y la balanceó por todos lados, rompiendo jarrones, vasos, cuadros…Cuanto más rompía, mejor se sentía. No supo cuánto tiempo estuvo arruinando su salón, pero le hizo un bien de locos.

Cuando tocaron a la puerta, casi se sintió decepcionada por no poder continuar. Durante un instante, dudó en ir a abrir y continuar con su empresa de destrucción, pero la insistencia del timbre le molestó.

Abrió enérgicamente la puerta y vio allí a Regina que llevaba en sus brazos a Hope.

‒ ¿Qu…Qué es esto?

‒ Me supuse que tenías la cabeza en otro sitio como para ir a buscarla…

Emma tomó a su hija en brazos, con algo de rudeza y retrocedió

‒ Gracias

‒ Emma, si lo necesitas, estoy aquí

‒ ¿Por qué?

– ¿Por qué? Bueno, después de esta prueba…

‒ Bah, es de locos como las noticias vuelan aquí

‒ No tiene nada que ver. Le pedí a Whale que me avisara cuando tú te hubieras pasado

‒ ¡Joder! ¿Podéis dejarme en paz?

‒ ¿Perdón?

‒ Ya no tengo cinco años, ¿ok? Soy una mujer adulta. No es la primera vez que veo a alguien morir

‒ Lo sé, Emma. No he querido que creyeras que te tengo piedad, pero como amiga, quiero saber cómo estás

Emma dejó la sillita de coche de su hija en el suelo de la casa, después avanzó con expresión amenazadora hacia Regina.

‒ Escucha, sé que tú conoces un montón sobre muertes…Primero por haberlas causado y después por haber sido testigo un montón de veces

El corazón de Regina se encogió: sabía que era la cólera y la tristeza quienes hablaban por Emma, pero no podía impedir sentir cierta amargura.

‒ Ya veo…

‒ ¿Ah, sí? ¿Ves? ¿Qué ves?

‒ Voy a dejarte…

‒ Sí, haz eso

Ella lanzó una ojeada furtiva al interior de la casa y comprendió: un tornado había pasado allí dentro.

‒ Emma, si quieres que me quede con Hope algunos días, para que tú…

‒ ¿Para que yo qué? ¿Tienes miedo que le haga algo a mi hija?

‒ No, por supuesto que no. Pero podrías necesitar un momento para…Hacer tu duelo

Emma rió

‒ Súper. Gracias, pero no, gracias

‒ ¿Estás segura? No me molestaría‒ dijo ella dando un paso hacia delante, cosa que Emma se tomó como una intrusión y una agresión. Frunció el ceño, molesta y enfadada por la insistencia de Regina

‒ ¡TE HE DICHO QUE NO!‒ gritó moviendo su mano para hacerla retroceder. Pero, habiendo calculado mal la distancia, el dorso de la mano golpeó involuntariamente la mejilla de Regina. Su anillo de casada le arañó la mejilla.

‒ ¡Ah!

Sorprendida, Emma se quedó fija en el sitio, estupefacta y durante una fracción de segundo, su mirada se cruzó con la mirada sorprendida de Regina.

‒ Yo…Yo…

Regina se tocó la mejilla antes de elevar la otra mano.

‒ No es nada, Emma. Yo…Me marcho…

‒ Regina…‒ susurró Emma al ver a la morena, de cuya mejilla resbalaba un hilo de sangre, alejarse.

Cuando el Mercedes se alejó de la casa, Emma cerró la puerta y tomó, de repente, consciencia de su locura pasajera: su interior estaba devastado, como su vida, como su corazón. Estaba en cólera, pero no solo contra ella misma, sino contra el mundo entero. La vida era injusta. Finalmente tenía felicidad, una familia, un hogar acogedor y tranquilizador. Hoy lo había perdido todo, o casi.

Se dejó caer en el suelo y hundió su cabeza entre sus manos y, una vez más, lloró hasta el agotamiento.