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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Uchikake

Piel de Oveja

Han pasado trece años desde que se fueron… desde que tú te fuiste.

Todos dicen que no volverás, y comienzo a aceptar que es verdad… Además… Tengo responsabilidades que me obligan a seguir adelante…

Heredar un reino no es cosa fácil.

"¿Por qué yo? Que sea hermano del antiguo pilar no me hace heredero del trono. Hay otros príncipes en Céfiro que bien podrían tomar posesión"

"Pero te han elegido a ti"

"Pero yo no quiero"

"Hazlo por tu hermana entonces, redímela de su pecado haciendo tú lo correcto …"

Ese fue un gran chantaje de los ministros… Y yo de idiota que me deje envolver… Hace 12 años que soy soberano absoluto, aunque aún no me han nombrado Rey, pues no me he casado, debo contraer matrimonio no sólo para acceder al título, sino para cumplir con el deber primordial: Dar un heredero… Pero eso estará solucionado en unas semanas…

Dos meses atrás…

"Tienes que casarte"

"Lo sé, pero sabes que no quiero, el matrimonio no debería ser una obligación…"

"Amigo lo entiendo, pero al asumir el trono, asumiste también responsabilidades específicas, y… lo sabías, no pretendo sonar como los ministros de la corte, pero…"

"Lo sé, ahora tengo un deber con el pueblo"

"No lo veas así, mira, quizá si pones de tu parte, encontrarás a una chica linda de la que puedas enamorarte y –

"Eso no está a discusión, ya lo intenté… Lo sabes bien… Sabes que no podré"

"Paris… Amigo, quizá… - cayó sabiendo que no había excusa que valiera – Bueno… ¿qué planeas hacer entonces?"

"Tomaré la opción que ofrecen"

"¿Dejarás que el consejo elija por ti?" – preguntó el castaño asombrado.

"Tengo derecho a esa opción, y ya que tanto me presionan, que ellos se encarguen de eso, es su deber en caso que el soberano no elija"

"Pero Paris-

"Está decidido Ascot, que ellos elijan a la indicada"

Y la indicada aparece…

Hoy habrá una cena íntima de gala, van a presentarme a mi futura esposa…

"Es perfecta majestad, es refinada, es noble, bella, joven y sana, le dará un heredero fuerte" – dice el Ministro Ecxelom, la verdad no me intereso mucho en sus palabras pese a que él luce muy complacido por la "elección del producto".

Yo sólo quiero terminar con esto…

Llegamos al comedor y ahí me esperan otros ministros de la corte con sus esposas. Tomo mi lugar de honor y anuncian la llegada de mi casi prometida, sólo falta que yo dé el visto bueno… como sí eso les importara de verdad…

Desde el dintel un general vestido con el uniforme de gala anuncia:

"Presentando ante ustedes a la princesa feudal, Saudra De Arnauld hija de Lord y Lady Arnauld, señores del feudo de Antelor"

Una joven de cabellos rubio paja y ojos amarillos como los míos, hace aparición en el salón. Es bonita, lo admito, pero, no podría competir… con ella.

En la entrada, vestida a la usanza de lo que bien podría describirse en la Tierra como renacentista italiano, una joven aguarda de pie, su vestido blanco con bordados dorados y rosas, reflejaba la opulencia de su casta, con una guirnalda de flores Blumar color rosa coronando su cabeza, simbolizando su pureza.

La joven hizo una reverencia en silencio y luego levantó el rostro para que el soberano pudiera verla bien.

Era bonita, si, una preciosa elección del consejo… elección del consejo.

"Se bienvenida Saudra de Arnauld – digo, y sin pensarlo di mi "visto bueno", no tenía caso alargarlo más- Tienes mi aprobación, serás mi futura esposa"

Un discurso muy escueto, lo sé, pero no estoy para formalidades e hipocresías, no puedo endulzar con miel mis palabras, si no son más que una mentira para ella. Sé que no podre amarla jamás, pero tal vez… tal vez llegue a quererla, pondré todo mi empeño en eso, no tiene caso que alguien más sufra por amor.

Sí, todo mundo se sorprendió con mis palabras, pues había un protocolo que seguir, frases que decir, permisos que pedir, meras formalidades sin importancia, ya que sus padres estaban encantados con esta boda, daba igual si yo pedía primero su bendición o no, la bendición ya estaba dada. Además yo sólo quería terminar con este circo…

Las murmuraciones no se hicieron esperar entre los presentes, quienes esperaban oír algo como: "Saudra de Arnauld, me complace la visita de tan distinguida dama, se bienvenida a Touareg, espero, con la bendición de tus padres, me permitas cortejarte, para entonces si me consideras digno de tu amor, tener el honor de pedir tu ser en matrimonio, para que seas, la futura reina de Cefiro"… De hecho esperaban oír precisamente eso, lo tenía todo anotado en el pergamino que me habían dado para aprenderme desde hacía tres días…

Y qué más da, con palabras de más o de menos, no cambio mi situación…

La joven sonrió, bajó la vista con decoro, hizo otra reverencia y fue flaqueada por sus padres quienes me reverenciaron gradeciendo la deferencia hacia su hija. Todo mundo se mostraba feliz… menos yo, yo sólo sonreía como una cortesía, como un actor que actúa su papel a la perfección, pero no era una sonrisa real.

"Excelom no hay motivo para retrasar las cosas, puedes hacer el anuncio al pueblo" – le ordeno a mi ministro, uno de los más felices con la noticia y este se apresta a cumplir mi orden.

"Sí majestad"


Época Actual…

Al día siguiente, sin casi pensar siquiera, me vi en el gran balcón de palacio, con el pueblo ahí abajo, del brazo de Saudra, saludando, e intercambiando con ella frente a todos, los brazaletes que sellaban nuestro compromiso…

Estaba hecho, no había marcha atrás…. Hace dos meses que me prometí con Saudra, los ritos ya han sido llevados a cabo, ya sólo falta la ceremonia en que hemos de unirnos para siempre…

"¿Cuánto falta ya para la boda?" –me pregunta mi fiel amigo sacándome de mis pensamientos, casi me había olvidado que estaba aquí.

"Tres semanas" –respondo escueto.

"Caray, es tan repentino que casi no lo creo"

"Menos yo… pero… Es una chica dulce y cariñosa, estoy seguro que llegaré a quererla"

"¿De verdad lo crees?" – me dice Ascot incrédulo.

"Tengo que quererla…"

"Esa respuesta no me complace... Paris, ahora que está hecho el compromiso de forma oficial, no puedes retractarte y lo sabes"

"No pienso hacerlo"

"Sé que no lo harás… por eso te lo digo, aun estás a tiempo…"

"¿Ascot? Sí te escuchaste a ti mismo ¿verdad?. Me pides que no me retracte y al mismo tiempo… ¿me incitas a hacerlo?"

"No te pedí que no te retractaras, te recordé que no puedes, por eso mismo es mejor que lo hagas ahora"

"Eee… – mi mente quedó en blanco –amigo… sigo sin comprender"

"Paris ella sí te quiere, o eso parece, tienes que respetarla, esto no es un juego, tienes que darle su lugar como tu futura esposa desde ahora, sabes lo que implica. Sí crees que no la amarás, rompe con todo, justo ahora, es mejor dar unas cuantas disculpas y explicaciones ahora, que pasar culpándote toda la vida y explicándote el porqué de cada día"

"¿No se supone que deberías darme buenos consejos?" – bromeo.

"Este ES un buen consejo" – me dices serio, casi molesto.

"Sabes que no tengo motivos para romper este compromiso"

"¿Qué tal el motivo de no cometer el peor error de tu vida?"

"No lo será…"

"¿Seguro?"

"Llegaré a quererla, creo que ya le tomé aprecio, en estos dos meses, sí, le tengo aprecio"

"El aprecio no es amor, mucho menos la base para un matrimonio"

"¿Desde cuando eres experto en estos temas?" –me rio un poco.

"Paris te estoy hablando en serio" – me dices algo ofuscado.

"Ya, ya… Por algo se empieza…" –suspiro resignado.

"Paris…"

"Es una gran chica, de verdad, seguro se ganará mi cariño, Saudra es cariñosa, dulce, atenta, pese a provenir de familia aristócrata es gentil y amable con todo mundo, si vieras como trata al personal del servicio cuando visita el palacio, será una gran reina, compasiva y justa"

"Bueno, si tú lo dices… Sí estás seguro de esto, no me queda más desearte la mayor felicidad"

"Gracias amigo"

Te levantas y me abrazas, y yo correspondo tu abrazo buscando apoyo, y más que nada, creer en mis propias palabras, porque de verdad, tengo miedo de hacer a Saudra muy infeliz.

Feudo de Antelor, Castillo Arnauld…

"¡Eres una estúpida!"

Una pobre joven del servicio caía al suelo con una mano roja marcada en sus mejillas.

"¿Acaso no puedes hacer las cosas bien? ¡Este vestido cuesta más que tu miserable vida y lo has arruinado! ¡Sabes que una mancha de té de casba no se quita de la ropa!"

"¡Por favor señorita Saudra perdóneme, no ha sido mi intención, fue un accidente!" – suplicada la chica poniéndose de pie.

"¡Haré que te echen del castillo!"

"¡No por favor, mi padre está muy enfermo, necesito el trabajo, se lo suplico!" – gimió acercándose y tratando de tomar las manos de Saudra entre las suyas para suplicar.

"¡¿Qué te pasa insolente?! – Espetó Saura soltándose de un tirón - ¡¿quién te crees para tocar a la futura reina de Céfiro?!"

"¡Perdone señorita!"

"¡Majestad!. No lo olvides, soy tu futura reina"

"Ma-majestad… "

"Mucho mejor… Hmm… Dime Lauril, ¿qué pasaría si mando que los echen a ti y a tu viejo padre de mi castillo? Sabes que puedo convencer a papá de hacerlo"

"¡No señori- Ma-majestad!, le suplico, mi padre ha sido fiel jardinero de su familia toda su vida, si nos echan… no tendremos a dónde ir, papá está muy enfermo, no tenemos parientes, este castillo es todo lo que tenemos, por favor" – decía la chica con los ojos húmedos.

"Mmm… Pídeme perdón"

"Perdóneme por favor"

"No así, de rodillas"

"¿Q-ue?"

"De rodillas, suplica a la misericordia de su excelencia, tal vez te perdone, y decida no echarlos, ni a ti ni al vejestorio de tu padre, que sólo ocupa espacio muerto en el castillo como un costal de arena, bien podríamos usar su casucha como almacén…"

La chica sintió rabia al oír a Saudra expresarse así de su padre, pero también terror de que los echaran, así que sin opción, tuvo que humillarse ante la arrogante mujer.

"Por favor" – inició de rodillas.

"Bah, esfuérzate más, aún puedo ver tu rostro"

Y bajando la cabeza hasta casi tocar el suelo con la boca suplicó de nuevo –"perdóneme, por favor, por favor, se lo suplico" – decía mientras el suelo se mojaba con amargas lágrimas.

"Mmm bien, lo haces bien... Bueno, te perdono por hoy, pero esta semana sólo se te pagará la mitad de tu sueldo, ¿entendido?"

"Pero…"

"¡¿Entendido?!"

"S-sí señorita… ¡quise decir Majestad!"

"Bien, puedes retirarte"

La joven tomó la vajilla y la charola de servicio y dejó la habitación de Saudra, mientras su madre venía entrando…

"Hija que emoción, la boda ya - ¡¿Pero qué le pasó a tu vestido?!"

"Ah la estúpida Lauril, derramó mi té por error sobre mi vestido… es que uno ya no consigue buena servidumbre"

"Oh cielo santo ¿te has quemado?"

"No, sólo ha sufrido mi vestido"

"Oh… ha quedado arruinado… lo descontaré de su paga"

"Ya se lo dije madre"

"Bueno, no hay porque afligirnos por un vestido ¿verdad?. Ahora que seas reina, tendrás cientos de vestidos de la más fina tela, y joyas, y apuesto que la servidumbre de palacio es mucho más competente que la que tenemos aquí"

"Sin dudar madre. Aaah ya me imagino… ¡La de fiestas que disfrutare! Todos me amaran y reverenciaran, y le daré a Paris unos hijos preciosos. ¿Te imaginas madre? Yo, la madre del futuro rey o reina de Céfiro!"

"¡Sí mi amor, serás la corona de este reino floreciente!"

Palacio de Céfiro, biblioteca principal…

"No te ves muy convencido"

"La verdad Latis…"

"No estás contento con la boda"

"No… Sé que Paris ha aceptado esto como una responsabilidad nada más, pero no quiere a esa mujer, no me gustaría que se atara a una joven que lo hará infeliz, ya hablé con él pero no cambiará de decisión"

"¿Crees que hará infeliz a la joven Arnauld?"

"No, en realidad, creo que será ella quien lo haga infeliz a él"

"A qué te refieres ¿acaso no te agrada? ¿hay algo malo con ella?"

"En apariencia nada, ella es perfecta, pero… no lo sé, hay algo en su gentileza que no me convence""

"No te comprendo… parece una buena mujer, siempre se ha portado bien con todos cuando viene al castillo"

"Precisamente porque parece una buena mujer. Hay algo en ella… algo que no puedo creer de su amable proceder…"

"No será simplemente que estás más a favor de la Guerrera Mágica?"

Clef le dedicó a Latis una mirada severa y el otro se dio cuenta de lo atrevida que había sonado su afirmación.

"Perdóname Gurú Clef no quise ofenderte, sé que eres una persona justa e imparcial, sólo que no comprendo tu desconfianza hacia Saudra"

"Latis… no es deferencia hacia Anais, hace mucho que ella se fue, y no espero que vuelva. La verdad es…. Es que no he vivido tanto para nada… algo no me convence de Saudra, pero entiendo tu reacción, yo mismo no tengo pruebas contundentes para pensar así de ella, hasta ahora ha demostrado ser una chica excelente… pero… no lo sé… quizá tengas razón…" –admitió derrotado el Gurú, a fin de cuentas Saudra no había hecho nada ni medianamente reprochable hasta ahora.

"Creo que sólo estás preocupado por Paris, pero al final él tomó su decisión, sólo podemos respetarla"

"Lo sé…"


Planeta Tierra, Casa Hououji…

Anais había estado taciturna toda la tarde, desde que había vuelto del paseo con sus amigas.

"Ay hermanita –dijo Lulú sacándola de sus pensamientos –quizá fue una mala idea obligarte a ir a ese paseo…"

"¿Eh? ¿Por qué lo dices Lulu?"

"Es que has estado tan retraída hoy… ¿pasó algo malo?... ¿Acaso… acaso ellas te rechazaron al saber que nosotros-

"Claro que no, ni siquiera lo saben… Además ellas jamás me harían eso. Es sólo que… removí viejos recuerdos… eso es todo"

"Ya veo… nuestros buenos tiempos de adolecentes ¿eh?. Cuando la familia estaba estable… pero, no te preocupes hermanita ¡Te aseguro que volveremos a levantarnos!" –trató de animar convencida de que An extrañaba tiempos mejores de los Hououji cuando gozaban de renombre y fortuna.

Sin embargo, a Anais poco le importaban ahora esas cosas. No podía creer lo que habían descubierto…

Merodearon el pueblo y descubrieron que en efecto, era Céfiro, confirmación que llegó de las risas escandalosas de una peli rosa que parloteaba en el mercado con unas vendedoras. Caldina…

Ninguna se atrevió a salir de su escondite, sólo observaron por largo rato… querían investigar ¿acaso había existido siempre este portal entre mundos?

Se habían decidido a volver a su mundo, para comprobar, si el portal estaba abierto, si el tiempo se había detenido, si cabía la posibilidad de que ese portal fuera permanente y su conexión directa con ese mundo, y la respuesta a este ultima interrogante fue, sí. Y aunque el tiempo parecía aún transcurrir un poco más lento en la Tierra, al menos ya no se traducía en milésimas de segundo.

Habían pasado toda la tarde hablando de eso, y habían decidido volver la semana siguiente… bueno, en realidad Lucy y Marina lo habían decidido, porque lo que era Anais no estaba segura de querer hacerlo…

Siguiente semana, Bosque Aokigahara…

¿Por qué estaba ahí? ¿Qué fuerza la había motivado asistir a la cita? No lo sabía, sólo sabía que estaba ahí de pie frente a la estación, arreglada como si de una cita con su prometido se tratara.

Con un vestido de vaporosa gaza y piel de durazno, en color rosa pálido que le llegaba justo a la rodilla, de un precioso vuelo y sin mangas, tacones de 8cm y una coqueta diadema de tela que aunado al conjunto resaltaba la lozanía e inocencia de sus facciones así como el tenue rubor natural de sus mejillas, y ese precioso cabello rubio que ahora largo lucia suelto en su esplendor. De las pocas joyas que le quedaban llevaba un brazalete dorado con una incrustación de nácar rosa en forma de corazón y un modesto collar de perlas falsas pero bastante coqueto. Demasiado elegante para quien planea hacer traviesa por un bosque…

Lucy y Marina llegaron al poco rato, aunque vestidas de una forma más modesta, porque si planeaban ir al castillo, caminarían un largo tramo desde la entrada de la gruta, eso sin contar el tramo mismo del bosque Aokigahara cuya cueva se encontraba más allá del primer kilómetro.

Se preguntaron en qué pensaba Anais al llevar tacones e ir vestida así para una caminata por terreno agreste, pero maliciosas y juguetonas, sacaron en silencio sus conclusiones del porqué. Aunque igualmente no lo entendían… An estaba comprometida, o eso habían leído por la red hacia unos meses…

Quizá, pensaron, sólo era la coquetería natural de picar a un viejo amor del pasado, vanidad femenina, y sólo eso…

Castillo de Céfiro, Jardín lateral Este…

Llegar ahí había sido todo un desafío, y no, no llegar al castillo, sino al jardín, ya que los guardias se habían negado a dejar entrar a un trio de frescas e indecentes que se decían ser nada más y nada menos que las Legendarias Guerreras Mágicas, y si no fuera que la discusión que iniciaron había llamado la atención del General Ráfaga y este había logrado reconocer a las chiquillas que ahora no eran tan chiquillas sino unas lindas mujeres jóvenes, Marina seguro habría convertido en brocheta al guardia con su propia lanza.

Marina había dejado de ser impulsiva e imprudente, pero que el guardia le dijera "Las mujeres de la noche no están permitidas dentro del Castillo" había sido razón suficiente para sacar a la asesina que llevaba dentro…

Y es que, las costumbres de Céfiro eran mucho más conservadoras y modestas en cuanto a vestimenta femenina se trataba, todo lo contrario a las japonesas, donde el mostrar la pierna en exceso era normal y bien visto.

Y Marina llevaba un mini short de mezclilla con una sencilla camisa holgada con la bandera de Estados Unidos en glitter y pedrería y bajo esta una blusa de tirantes roja, rematando con unos tenis coquetos.

Y Lucy, cuya blusa azul pálido de manga corta y gaza de algodón, que le llegaba a medio muslo, dejaba traslucir la blusa de tirantes entallada blanca y el short que llevaba debajo, el cual a ojos de Cefiro parecía un pololo muy corto. Esto... era demasiado para un cefiriano… ¡Ni las chicas de las tabernas usarían semejante atuendo!

Pero gracias a Ráfaga, ambos soldados no sólo las habían dejado pasar, sino que habían tenido que pedir mil y un disculpas, y el rojo cereza no dejaba sus rostros tras la reprimenda y caer en cuenta de su error. ¡Habían ofendido a las Guerreras Mágicas! ¡Que bochorno!

Después de su atropellada bienvenida, Ráfaga las había dejado en el jardín, y había corrido a avisar a los demás ¡Vaya gusto les iba dar volver a verlas!

La primera en saberlo fue Caldina quien enviando a su marido a correr el chisme, es decir, la noticia… había salido a recibirlas en su muy particular forma.

"¡No puedo creer que sean ustedes!"

La mujer con su escandalo había servido de guía para aquel que al ori a Ráfaga, había salido como tempestad hacia el jardín, con el corazón latiéndole como tambor, sentía que las piernas no le daban la potencia suficiente para correr tanto como desearía… ¡Volar! eso desearía, confirmar que no era un engaño o una confusión, confirmar que ella había vuelto…

Y al llegar al jardín, ahí parada, como un sueño, estaba ella… su único y verdadero amor… Había cambiado y al mismo tiempo le parecía la misma, sólo que más hermosa, más mujer…

Mientras la morena acaparaba toda la atención de las chicas, él se acercaba a paso lento, sentía que todo le daba vueltas, que la tierra había dejado de ser estable, y que era un colchón de agua lo que ahora estaba bajo sus pies.

Y de pronto ocurrió, sus miradas se cruzaron, y por alguna razón, para ellos dos, el tiempo se detuvo en seco…

Caldina seguía con su perorata, pero sólo Lucy y Marina escuchaban. Anais había dejado de oír otra cosa que no fuera el latir de su corazón… Paris, él, estaba ahí, ahí, una vez más… No podía creer que su sola visión causara tal revolución en su interior, pero ahí estaban, todas esas emociones, y… se sentían… muy bien…

Con paso lento acortaron la distancia entre ellos, sin percatarse tomaron las manos del otro, un choque eléctrico los invadió, como si los años no hubieran pasado, como si fuera aquel día en que le dijo "Nunca te olvidaré, vivirás siempre en mi corazón"… como si jamás hubiera tenido que irse…

Estaban ahí… ella… él… El mundo podría estallar en ese momento y ellos no se enterarían.

Paris estaba a punto de estrecharla entre sus brazos, para no volver a soltarla jamás, y ella ansiaba ese abrazo, esa protección y ese amor que tanto necesitaba, pero todo, todo eso se quebró cuando…

"¡¿Con que te vas a casar Paris?!" –la voz emocionada y picara de Marina se estrellaba como flecha en esa burbuja que los había estado envolviendo, haciéndola estallar como bomba de jabón.

Los ojos de ambos se abrieron de par en par por la dolorosa frase…

Al parecer habían estado contemplándose porque más que sólo un par de segundos, de hecho lo hicieron el tiempo suficiente para que las otras dos notaran a Paris, para que lo saludaran sin recibir respuesta, y para que Caldina tuviera tiempo de explicar "No le hagan caso, ha estado así de distraído desde hace un par de días, es lógico, se casa en dos semanas"…

"¿Qué…?" –preguntó Paris a Marina, saliendo de su trance, como si de verdad no supiera de que le hablaba la chica, ¿él iba a casarse?... Oh no… era verdad… Iba a casarse y no con la mujer a quien sostenía las manos.

"Sí –contestó Lucy –Caldina nos comentaba que por eso estás tan distraído, te saludamos y no nos respondiste, pero te perdono, es obvio que estés nervioso por la boda…"

"¿Te vas a casar?" –el dejo de tristeza y desconcierto en la actitud de la Rubia desarmó al Príncipe.

"Yo…"

"¡Anais también va a casarse! ¡Vaya coincidencia!" –soltó de pronto Lucy con su jovialidad característica.

"¡¿Qué?! – Paris la miró reprochante y su voz era una mezcla de desconcierto y enfado, pero pronto cambió su actitud porque sabía que no tenía derecho… -Yo… vaya… que… que bien –le sonrió con tristeza –es… es… -sintió que le estallaban de pronto una tremendas ganas de llorar, pero no dejó salir ninguna lagrima, y ecuánime apoyado en su ego masculino, interpretó el mejor papel de su vida: el de un hombre feliz -¡Que gusto me da por ti! ¡Que chico más afortunado!"

Y yo que pensé que te dolías por mí, al saber que me casaría… que tonto soy, seguramente fue mi imaginación… era lógico…. Después de tantos años… tenías derecho a seguir con tu vida…

Ella sólo sonrió bajando la mirada.

Y yo que por un momento creí que había encontrado la fuerza que me hacía tanta falta… que ilusa eres Anais…

"Con que está pequeña rompe corazones también se nos casa ja ja ja ¡ya era hora!. Y ¿Quién es el afortunado?"

"Su nombre es Seizo, Caldina –se adelantó a responder Lucy –es un heredero de un muy rico empresario"

"¿Empri..siro?"

"Em-pre-sa-rio. Es… cómo decir… -comenzó Marina preguntándose cómo explicar –es como la aristocracia de nuestro mundo, si lo podemos llamar así en la época actual"

"Un noble… –pensó Paris –Claro… no podía ser menos, siempre pensé… que tu habías nacido para ser una reina"

"¡Oh! ¡¿Y cuantos feudos tiene?!" –preguntó Caldina.

"Pues…" –Lucy rascó su cabeza, ¿feudos? ¿Cómo explicar eso?...

"Muchos, su empresa tiene filiales en tres países de Asia así que, es una… dote respetable jajaja" –finalizó Marina.

Anais estaba sorprendida escuchándolas… ¿Por qué habían dicho eso? ¿Se habían enterado de su compromiso con Seizo? Y si era así ¿acaso no se habían enterado del escándalo que los había arruinado?

"Marina… ¿Cómo... cómo se enteraron de…"

"¿Eh? ¡Oh, sí! Nos enteramos por las redes amiga, ¡Felicidades!"

"¿Po-por las redes?"

"Sí, por unos conocidos, un poco antes de volver a Japón, hace unos meses. –le confirmó Lucy –Me alegro mucho, sé que estuviste muy triste luego de la muerte de Chojiro... Pero me da gusto saber que de nuevo encontraste el amor"

"¿Chojiro? ¿De nuevo?..." – se preguntó mentalmente Paris.

"Muchas felicidades de verdad, espero recibir mi invitación"-finalizó la pelirroja con una gran sonrisa.

Anais estaba desconcertada, sus amigas sabían del compromiso, pero, no sabían lo que había pasado después… Pensó en aclarar las cosas pero el repentino abrazo de Paris la dejó sin habla.

"Felicidades de verdad… -Paris la abrazó tan fuerte, tan fuerte, como no resignándose a perder algo muy preciado, pero sabiendo que debía dejarlo ir… Después de unos segundo que parecieron eternidad, se separó un poco y tomándola de ambas manos tiernamente la miró a los ojos –Espero que seas muy feliz, ese chico debe ser el hombre más afortunado de tu mundo… Debe ser un gran hombre si logró robar tu corazón…"

Anais sintió un terrible nudo en la garganta, y ganas de romper a llorar. ¿Seizo un gran hombre? ¿Ser feliz?... Su vida estaba siendo todo lo contrario, y ahora… ahora se ponía simplemente peor y peor… Pero haciendo gala de autocontrol, sonrió y mirando a su antiguo amor y agradeció sus parabienes.

"Gracias, lo seré…" –claro…

No tenía caso alguno comentar sus desgracias, era algo íntimo y ni siquiera venía al caso… Paris ahora estaba por casarse… dudaba que tuviera interés en escuchar tragedias ajenas. Pero como le hubiera gustado decirle: ¡Lo odio, odio al imbécil con el que me iba a casar, todo fue una farsa, un engaño, una pesadilla¡… Solo quiero irme lejos… tengo tanto miedo, me siento tan sola…

Aún… Te amo…

Una joven ataviada con finas ropas se acercaba por los jardines, y a la distancia divisó al objeto de su interés, rodeado por tres... La joven Saudra se aproximó con paso veloz y se interpuso entre Paris y las jóvenes.

"Amor mío te había estado buscando" –dijo con aires de gran señora, pero sin mirar siquiera a Paris pues clavó su mirada en las mujeres, como quien quiere imponerse ante un usurpador.

"¿Amor mío?" –pensaron interrogantes las tres.

"Saudra… -Paris resintió como nunca la llegada de Saudra… pero decidió usarla para apoyar su papel de hombre sereno –… ¡Qué bueno que llegas! te quiero presentar a unas muy queridas amigas mías"

Saudra miró estupefacta a las mujeres… ¡¿Esas?! ¿Amigas de Paris? ¿De cuándo? ¡¿De sus días de soltero?!. Saudra simplemente no daba crédito al ropaje de esas mujeres, ¿qué era eso? ¡¿Ropa interior?! pensó escandalizada y con gran desprecio. Esa joven de cabello rojo portaba los más indecentes pololos de toda la historia, la otra tipa a su lado de azules cabellos, un atuendo similar al de la otra faciléa, y la rubia, sólo llevaba encima un fondo corto, del tipo de camisón que se usaba debajo de los vestidos… ¡Pero que escandalo! ¡¿Qué hacían estas meretrices en Palacio?!

"¿Quiénes son estás mujeres? ¿Qué hacen aquí? Un palacio no es lugar para este tipo de cortesanas ¿cómo te atreves a humillarme pretendiendo presentarme con unas faciléas?"

"¡Saudra!"

"¡Niña!" –Paris y Caldina le riñeron pero ella no escuchaba.

"¡No! ¡Soy tu futura esposa! ¡¿Qué clase de mala broma es esta?! ¡Exijo que las echen del palacio de inmediato!"

"Si no te disculpas ahora mismo, la única que saldrá de inmediato de este palacio serás tú Princesa Saudra"

La autoritaria voz de Gurú Clef se escuchó tras la joven y al voltear, Saudra vio cómo su ilustrísima el máximo hechicero de Céfiro se aproximaba, seguido de una comitiva pequeña pero compuesta de gente influyente, entre ellos el supremo general Ráfaga y el Canciller real, ante lo cual hizo una pequeña reverencia, ya que mientras no fuera la Reina de Céfiro, tenía que atenerse al protocolo que le correspondía.

"Su ilustrísima… lamento mi exabrupto... pero… ¡Es que Paris ha querido humillarme trayendo a estas mujeres ante mi presencia, una joven decente como yo, no debe mezclarse con esta clase de faciléas!"

"Paris, ¿acaso no le has dicho a tu futura esposa quienes son estas mujeres?" –reprendió el mago.

"No me ha dado tiempo gurú Clef, estaba justo por presentarlas, cuando Saudra inició todo este alboroto"

"Bien, entonces lo aclararé yo. –Inicio con ese porte que sabía imponer respeto y sabía hacerse escuchar –Saudra, estas mujeres a quienes has tenido el atrevimiento de llamar meretrices y faciléas, son a quienes todo Céfiro les debe la vida, incluida tú y tu familia. Estas mujeres son nada más y nada menos que Las Guerreras Mágicas, a quienes debes incluso más respeto que a mí porque por ellas estamos todos aquí. Y es un respeto que deberás mantener aun cuando te hayas convertido en reina, ¿te ha quedado claro?"

Saudra miró a las mujeres con incredulidad y desdén y luego miró al jefe gurú, ¿acaso estas rameras… eran las guerreras mágicas?

La mirada de Saudra no pasó desapercibida para Clef quien de inmediato retó.

"¿Te atreves a dudar de mi palabra niña?"

"¡No!... –Saudra sabía que sería un error terrible retar al gran gurú, más aún si no estaba casada todavía, así que acorralada, no le quedó más que desplegar toda su hipocresía -¡Les ruego me disculpen, todos ustedes!... Es que… sus ropajes… Gran Gurú le suplico me perdone, y comprenda, la vestimenta de estas doncellas es muy confusa…"

Clef volteó a mirar las ropas de las chicas, pero acostumbrado a haberles visto siempre de corto, no le extrañó y continúo.

"Comprendo que sus ropas te parezcan demasiado extrañas y discordantes con las costumbres de Céfiro, pero harías bien en recordar, como todos sabemos, que las guerreras mágicas han venido desde otro mundo, en otra dimensión, así que no tienen por qué lucir como nosotros. Debido a que ignorabas quienes eran, y tu educación ética de lo que una mujer debe ser, perdonaré tu falta, por esta vez, pero te advierto que no deberá volver a repetirse. ¿Te ha quedado claro?"

"S-sí señor"

"Bien. –ignorando por completo ahora a la muchacha, Clef cambio su cara de seriedad por una luminosa sonrisa cuando dirigió su mirada nuevamente a sus niñas –Bienvenidas de nuevo hijas del planeta Luz, que gran alegría verlas de nuevo" –dijo contemplado por un momento en las bellas mujeres en las que sus niñas se habían convertido.

Luego y en un acto inesperado por todos, se acercó a abrazar a cada una.

Saudra quedó atónita con el acto. Si el estoico y esquivo Jefe Gurú se había acercado a abrazar a ese trio de indecentes que se decían las guerreras mágicas, con semejante familiaridad, mejor se andaba con cuidado en la forma que las trataba.

Las chicas por su parte aún estaban contrariadas, ¿y quién era este apuesto hombre joven que les daba tan calurosa bienvenida? De alguna manera les parecía familiar pero…

"Perdón… pero… ¿Quién... eres?" –preguntó con cierta timidez Lucy.

"Pero… ¿no me reconocen mis niñas?... Claro –sonrió con indulgencia –ustedes no me habían visto en los últimos cinco años… Hace cinco años que tengo esta nueva apariencia. Pero soy yo, Gurú Clef"

"¡¿Queeeeé?!" -¡Pero eso no podía ser! Este, este… ¡Este modelo de revista medieval era Clef?

"Ha cambiado mucho ¿no?" –preguntó Ascot tomando a Clef del hombro.

Ascot prácticamente no había cambiado, sólo que ahora su flequillo era más corto dejando al descubierto esos precisos ojos verdes, y el resto de su cabello era más largo, a los hombros, apariencia que lo hacía lucir muy guapo.

"Entonces… ¡eres tú!" –la pelirroja sin tardar e impulsiva como todos los Leo, se lanzó nuevamente a los brazos del gurú para está vez corresponder con gran cariño el abrazo del hechicero.

Cosa que luego imitaron las otras dos, aunque con menos efusividad, una por su naturaleza más tímida y sus propios temores, y otra, porque tenía cierto historial pendiente con el Gurú.

Saudra no salía de su asombro, esas indecentes… ¿Serían de verdad las Guerreras Mágicas?

Ellas eran más que una leyenda, eran las salvadoras, casi las mesías de Céfiro, la gente solía idealizarlas, y Saudra no había sido la excepción, pero ella se las había imaginado de forma tan distinta que… no podía creer que esas insignificantes mujeres lo fueran.

Saudra las había imaginado como mujeres fuertes, muy altas, incluso quizá algo toscas de complexión, con facciones rudas, enfundadas en recias armaduras mágicas, y largos ropajes y capas. De carácter estoico, estricto, y definitivamente beligerante en batalla. De voces gruesas, y cabellos recogidos en gruesas trenzas.

Pero estás jóvenes, eran todo lo contrario. De cuerpos delicados y curvilíneos, más altas que ella, en efecto, pero no un trio de torres humanas, de facciones faciales tan delicadas que asemejaban muñecas vivas, ojos redondos al tiempo que rasgados, que les daban un aire felino bastante místico, y ropajes que… muy poco dejaban a la imaginación… Tenía que admitirlo, aunque indecentes eran… muy bellas… quizá hasta frágiles… No podían ser las guerreras… ¿le estarían tomando el pelo?... No, no podía ser…

"Bienvenidas Guerreras Mágicas. Espero me recuerden aún" –el serio canciller real también se unía a la bienvenida.

Habiéndose dejado crecer su cabello hasta la cintura, recordaba mucho a su finado hermano Zagato, así, era imposible no reconocerlo. Pero hablando de imposibilidades… ¿Era posible? ¿Era imaginación o de verdad… estaba más guapo?

"Pero claro Latis –aseguró Anais recobrando de pronto una actitud normal y hasta alegre –eres una persona difícil de olvidar"

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué reaccionaba así? ¿No debería estar a punto de quebrarse? Tal vez… Y tal vez por eso, sacaba su mejor mascara… "Hokori wo motte" (Preserva tu orgullo) resonaba en su cabeza, un dicho japonés tan importante para su raza, que era más una filosofía de vida, y que seguramente esa doctrina era lo que le daba fuerzas para aparentar de forma tan monstruosa esa alegría que no sentía.

"Conque esta señorita… es tu prometida –aseguró Marina con una pisquita de desdén. La verdad que la llamaran prostituta dos veces en el mismo día, no la ponía de muy buen humor –Preséntanosla, espero está vez ella lo permita" –finalizó clavando su azul mirada en la joven, a quien más remedio no le quedó que bajar la vista.

"Oh sí… Ella es Saudra…"

Las tres le quedaron viendo, ¿eso era todo?

"Oh, es decir, ella es la princesa feudal Saudra de Arnauld, mi… futura esposa…"

"Mucho gusto, es un placer para mi conocerlas" –dijo haciendo una reverencia digna de una doncella de la época victoriana.

"Igualmente" –dijeron las chicas, Marina sin mucho afán. La verdad si alguna curiosidad tenía por ella, con su actitud la había matado. No tenían intenciones de saber más.

Las chicas se voltearon a saludar cálidamente a sus antiguos amigos, y después de la cálida bienvenida, llena de sonrisas y abrazos, las jóvenes fueron invitadas a pasar al interior del castillo. Tenían tanto que conversar con ellas, tanto que mostrarles, tanto que agradecerles… Todo el día no iba a ser suficiente…

Luego de ver esto, Saudra sí que se había arrepentido de su arranque de vanidad. Esta jóvenes eran muy queridas por gente muy importante de palacio, ahora sí había errado, y en grande… Tenía que buscar la manera de congraciarse con ellas.

...

Una comida de bienvenida se organizó rápidamente, aunque fue algo íntimo, pues las guerreras como buenas japonesas, se abochornaban terriblemente ante el vitoreo y la multitud. Además odiaban las formalidades, y sólo deseaban pasar un rato entre amigos.

La belleza de la rubia no pasó desapercibida esa tarde, tampoco la de las otras dos, pero es que Anais, era la única que se había arreglado de forma más elegante, así que exudaba un aire de refinamiento, que sin corona alguna, la hacía parecer una princesa. Mientras que las otras dos, se defendían muy bien con su natural carisma y encanto, a pesar de la sencillez de sus ropas.

Aunque, para ser sinceros… sencillez no sería exactamente el término que se le daría en Céfiro a semejante atuendo, debido a su poca cantidad de tela. Peros todos ellos curados de espanto al haber vivido con Caldina, no se escandalizaban por ese revelador estilo.

La noticia del matrimonio de Anais pronto se supo entre sus amigos, y los buenos deseos no se hicieron esperar, y todo mundo, incluido Paris asumieron sin preguntar si quiera, que el brazalete que llevaba la rubia al brazo, era la prueba de su compromiso inquebrantable, pues en Céfiro, no se usaban anillos, sino brazaletes incrustados con una placa redonda similar al nácar donde se grababa una nueva insignia que era la mezcla del escudo de cada casa, la del novio y la de la novia.

Paris portaba un brazalete masculino que era en apariencia similar al de Anais, pero notó que el de ella, no llevaba grabado ningún símbolo… bueno, quizá en mundo místico no se acostumbraba a grabar escudos familiares, sino la intención, pues la placa nacarada del brazalete de Anais era un corazón. Y, era obvio lo que eso significaba…

Por su parte, Saudra, se sentía terriblemente insegura e ignorada por la importancia que se le estaba dando a estas impúdicas, y en especial… porque Caldina había tenido la ocurrencia de comentar que la rubia de camisón, una vez había estado envuelta en una relación sentimental con Paris…

Hubiera sido un comentario inocente, como lo tomaron todos, ya que se sabía que Anais también estaba próxima a casarse con un "aristócrata" de su mundo, si no fuera… Porque Paris, pese mostrarse alegre, tenía la mirada totalmente apagada.

La mayoría no lo notó, estaban muy distraídos con las chicas, pero Saudra… era mujer, y una mujer lo capta todo, más aun cuando ese todo, pone en riesgo sus intereses…

Pese a que Saudra trató de mostrarse amable y anfitriona durante la comida y la tarde restante, en la que no se separó ni un momento de Paris, no lograba captar ni la atención, ni mucho menos el agrado de las guerreas, de Marina en especial, quien no sólo seguía ofendida por la altanería y el atrevimiento de la muchacha, sino que perspicaz, había notado que todas esas sonrisas no eran más que hipocresía, y no tenía interés en amistar con una mujer que a su ver, era evidentemente vacía y superficial.

Revuelo había causado la noticia de que las chicas habían encontrado una forma de ir y venir entre mundos a voluntad, pero no habían querido revelar esa "secreta" forma, cosa que sus amigos decidieron respetar. Sin embargo, el júbilo los invadió al saber que ahora podrían volver a verlas y con mayor frecuencia, así ni tardos, les rogaron que les visitaran la semana siguiente, si las ocupaciones de su mundo se los permitían. A lo que Lucy y Marina aceptaron, aunque Anais sólo sonrió, sus amigos de Céfiro lo tomaron como un sí, pero en su mente ella no tenía intenciones de volver a pisar ese lugar.

La noche cayó más pronto de lo deseado y las chicas se vieron en la necesidad de volver a casa, aunque no se dejaron encaminar. Y es que, su intención era proteger a sus amigos, si descubrían por dónde habían entrado y se les hacía fácil meterse a su mundo… No querían ni imaginarlo, la gente de Céfiro, definitivamente no era para caminar sobre el Planeta Tierra, el cual era sin lugar a dudas salvaje, caótico e impredecible.


Tokyo, Shibuya cross, 11:00 pm…

Asobi de sakasete koi wa adabana

Ah ah ah I'm not gonna

Ah ah ah I'm not gonna

Narihibiku neat mimi moto de cheers I'm telling you adabana

Okikete yumette mireru no ne do you wanna be my lover?

Las pantallas del Shibuya 109 vibraban con la música del estroboscópico video musical y el cruce se abigarraba de gente que iba y venía, pues Tokio, parecía ser simplemente otra de esas ciudades que nunca dormía.

"Será el sereno, pero la tipa no me cayó nada bien, es una doble cara... ¿Cómo pudo Paris enredarse con alguien así?"

Una hermosa joven acompañada de otras dos, se quejaba mientras cruzaban el mar de gente, con dirección al 109 para tomar un pequeño tentempié mientras charlaban.

"¡Ja ja ja ja! ¿Sigues ofendida Marina? Ja ja ja ¡No te lo tomes tan enserio! ¡O tendríamos que ir a matar al guardia también! Ja ja ja ja… Ah… Mira, quizá sólo la escandalizó nuestra ropa… las doncellas que pude ver en palacio vestían todas de largo"

"Es que no es sólo eso Lucy, y al guardia se lo perdono… ¡pero a ella no! ¿es que acaso no te diste cuenta del tipo de persona que es?"

"¿Mm?... Pues no ¿a qué te refieres?" –dijo fingiendo demencia.

"Ay… es obvio que es la clásica wanna be, y eso sólo para comenzar, pues no es una persona honesta. Y no me dirás que de verdad no notaste nada, porque tú tampoco quisiste ceder a hacerle mucha platica, y a ti te encanta hacer nuevos amigos"

"Bueno… sí, tampoco me cayó muy bien, pero si se va a casar con Paris, lo mejor sería llevar la fiesta en paz…"

"Jum… ya salió el peine, ya me extrañaba… Aunque creo que tienes razón, si va a ser su esposa, mejor mantener cordialidad, ¡Pero amistad que no espere de mí! No me gusta la gente falsa. ¿Verdad Any?"

"…"

"¿Any?"

"¿Mn?... Ah, sí…"

"¿Qué te pasa An?"

"Nada…"

Lucy y Marina sólo se miraron y no dijeron más, continuaron en relativo silencio hasta el interior del edifico donde fueron a parar al Café Adabana. Vaya ironía…

Pidieron unas malteadas con cup-cakes y continuaron la plática sobre las emociones vividas ese día, pero pese a su emoción y asombro por haberse reencontrado con sus antiguos amigos, y una forma de mantenerse en contacto con ellos, había algo que las tenía preocupadas desde hacía semanas. Y ese algo era Anais.

Ambas habían visitado la antigua Mansión Hououji con la esperanza vaga de encontrar a Anais aún ahí, o mínimo trazos de la dirección de su nueva casa, pero nada… Anais había estado tan esquiva, que cuando le enviaron la invitación a Aokigahra, casi estaban seguras que sería su último intento y que An no les respondería, pero para su buena suerte lo había hecho. Sin embargo, presentían que algo no andaba bien y cuando la oportunidad se dio aprovechando el tema del casamiento de Paris, sacaron de inmediato a colación el futuro matrimonió de Anais.

La rubia, quien había estado distraída en todo momento, respondiendo apenas en monosílabos a cada comentario, no soportó más al oír el nombre de Seizo y las felicitaciones sinceras de sus amigas deseándole lo mejor y queriendo saber detalles, fechas y por supuesto obtener una invitación.

Todas las emociones contenidas ese día, y desde aquel horrible incidente, se le vieron encima estallando su sistema nervioso. Sin mayor motivo, la rubia rompió a llorar amarga e histéricamente, la catarsis finalmente había llegado y vaya que estaba causándole estragos.

Como el estado emocional totalmente inestable de Anais comenzaba a llamar la atención de la gente, la sacaron de ahí y se la llevaron a un parque solitario para tratar de tranquilizarla y ayudarla en lo que estuviera en su alcance.

Dos horas después, la rubia remplazaba el llanto histérico por humildes sollozos que se asomaban entre espasmo y espasmo.

Gracias al cielo Japón era un lugar tan seguro que tres jovencitas podían estar solas en un parque a la una de la mañana sin temer ningún peligro, y no era poco común que los jóvenes llegaran muy tarde a casa cuando salían a divertirse, así que las chicas habían permanecido ahí sin inmutarse del tiempo, consolando a su amiga, quien entre balbuceos histéricos había hilvanado frases de su terrible historia, aunque nada lo bastante claro para que las otras terminaran de entender.

¿Sería conveniente que los Hououji vieran llegar a la menor de ellos en ese estado? No.

Marina telefoneó a Lulú y argumentó que se habían divertido tanto que se les había ido el tiempo volando, y que mejor iban a continuar la parranda en el departamento que ahora Lucy y ella compartían, avisando que se quedarían a dormir ahí. Lulú colgó el teléfono tan contenta de saber que su hermanita al fin estaba volviendo a tener alegría autentica, después de todo lo que había pasado…

Si sólo supiera…

Las tres fueron al apartamento y aunque no era muy grande ni lujoso, sí era limpio y confortable. Como la mayoría de casitas japonesas, amuebladas con austeridad, el tatami hacía las veces de dormitorio, y ahí mismo en frente al genkan tendieron dos futones y unas sábanas ya que no había un tercer futon para Marina quien había cedido el suyo a la rubia. Y con la luz apagada, se tendieron a platicar y a escuchar a una más clamada Anais quien pudo contar con mucha mayor claridad esta vez, los detalles y circunstancias de lo ocurrido, hablando por primera vez de las cosas que no había contado ni a su familia…

Las chicas estaban consternadas, querían ir a matar a Seizo, arrancarle los ojos y por supuesto los testículos y alguna otra cosa que le colgara. ¡Puerco miserable! ¡Hacerle eso a una mujer como Anais!

Y es que no sólo la había agredido esa vez, anteriormente, el acoso si bien no había pasado de toqueteos fugaces que disfrazaba de accidentales, había estado presente en las últimas citas. Continuas faltas de respeto físico y psicológico que no ameritaron si quiera una disculpa de su parte, sólo una sínica sonrisa…

Y si esto hubiera sido frustrante para una occidental, para una japonesa resultaba conminatorio y sumamente estresante.

Ahora entendían por qué Anais se mostraba tan retraída y renuente a verlas, no estaba avergonzada de su situación económica, estaba avergonzada de su propia persona, de su moral y de su cuerpo.

Y lo peor había venido el día del ataque… Si bien Seizo no había alcanzado a cumplir con su asqueroso cometido de penetrarla con su miembro viril, entre el forcejeo en el auto… Sí que había logrado llevar sus manos y dedos bajo la pantaleta, y lo había hecho con tal vehemencia, que logró rasgar un poco el himen, causando un pequeñísimo sangrado, que había quedado oculto en la pantaleta negra que llevaba puesta la rubia.

Le perito médico eran quien lo había descubierto, la joven conservaba su himen aún, aunque un poco rasgado. Anais sintió tanta vergüenza, los japoneses le daban tanta importancia a eso… Toda su vida le habían enseñado la importancia, física, moral y espiritual de esa delicada membrana. Anais se sintió fatal, sucia, impura y sin valor alguno, además un miedo y una desolación terrible la habían estado acompañando desde entonces.

¿Y si se enamoraba de nuevo? ¿Qué iba a pasar en la noche de bodas? ¿Y si no sangraba? ¿Cómo se lo iba a explicar a su marido? ¡¿Y si él se enteraba de lo ocurrido?! Ningún hombre decente la iba a querer así… El estigma machista al que se había sometido a la mujer por años, ahora la atezonaba también…

No importaba que Seizo no la hubiera penetrado con su miembro, la penetración manual era suficiente para considerarla ya una mujer impura, sobre todo en el círculo social donde ella solía moverse. Anais rogó a la doctora que no pusiera eso en el informe, que se limitara a declarar que si bien había ocurrido un intento de violación, no había ocurrido daño físico interno.

En un principio la doctora se negó, pues era demasiado ética y estricta con su deber, además ese asqueroso engendro de la sociedad debía pagar… Pero… luego comprendió, que la chica hououji sería quien a fin de cuentas saldría perdiendo, y mucho, si ponía eso en el reporte. Y así, en un acto de empatía femenina, decidió omitir tal cosa. Medicamente, podía decirse que quedaba himen suficiente para que la chica aún sangrara un poco en su primera noche cuando se casara, y así, no tendría que dar explicaciones innecesarias a su marido.

Y es que... ¿Quién demonios le iba creer que había sido un intento de violación? Más aún con todo lo que se dijo de ella, ya se imaginaba a algún futuro marido reprochándole la suciedad de su alma…

La doctora conocía tantas historias de mujeres que perdían la tan llamada "virginidad física" por montar en bicicleta, a caballo, o por hacer gimnasia, y nadie jamás les creía, vivían toda su vida con el estigma de haber sido la cualquiera que se había acostado con muchos hombres antes de casarse, lo que le daba a sus maridos el derecho de ofenderlas y cobrarles ese supuesto "error" toda la vida.

La daban tanta importancia a una membrana tan frágil que se podía romper incluso de un golpe externo. ¿Qué les hacía creer a los hombres que eso era un "sello de garantía"? Sólo su colosal ignorancia. Ella misma había tenido que explicar el caso medicamente a varios maridos, pero estos tercos y cerrados en su ego masculino herido, nunca terminaban por entender, mucho menos creer, a pesar de ser un tema del que no conocían NADA.

Ese hecho había quedado sólo entre la doctora y Anais, pues a su familia también se le dio la versión oficial de los hechos: Intento de violación sin consecuencias.

Su padre no hubiera podido soportar la verdad…

Un nuevo ataque de pánico sobrevino a la joven al contar esta parte y Lucy y Marina volvieron a doblar esfuerzos por tranquilizarla, aunque no lo lograron por mucho tiempo.

Anais necesitaba un psicólogo, pero en Japón no había tal cosa, dado las costumbres del honne y el tatemae, la gente se negaba en redondo a contar sus problemas a desconocidos, razón por la cual, no había psicólogos en aquel país, y las víctimas de agresiones sexuales, entre otras, jamás recibían ese tipo de tratamiento profesional. Anais había estado generando demasiada carga emocional y psicología y la había retenido todo este tiempo, era obvio que estallaría de la peor manera…

La cosa se había puesto tan mal que Lucy había terminado por recurrir a su hermano Cameo, quien estudiaba medicina y actualmente cumplía con su R3, teniendo el muchacho que verse en la necesidad de sedarla. Por petición de su hermana, había sido muy discreto en no preguntar nada y limitarse a atenderla, pero era obvio que algo terrible le había pasado a la joven, y le preocupaba que su hermana estuviera envuelta en un problema grave, pero Lucy había logrado tranquilizar los temores de su hermano, quien finalmente confiando en su hermanita, regresó a casa a dormir un poco más, pues ese día tendría guardia.


Castillo de Céfiro…

La noche no sólo había sido catastrófica en Mundo Místico, en Céfiro, el los aposentos reales, se terminaba un drama similar.

Encerrado en su habitación, el príncipe de Céfiro, yacía sentado al pie de su cama, con la mirada perdida y vacía, marcados en sus mejillas, había dos caminos salados ya secos que le agrietaban un poco la piel, tan secos, como su interior…

El cuarto estaba hecho un desastre, había muebles tirados, floreros rotos, y las cortinas sacadas de su eje pendían a la mitad.

Había perdido los estribos… Gracias al cielo los aposentos reales estaban en el piso más alto, aislados de las demás habitaciones, le hubiera sido tan vergonzoso que Clef o Latis lo encontraran en ese estado o escucharan el escándalo que había armado en un arranque de rabia e impotencia…

"Y pensar… que por un segundo… estuve dispuesto a cancelar todo por ti enfrentar el mundo… ya nada tiene caso… " –se dijo en la soledad con una voz tan apagada, que quizá el susurro de un muerto habría expresado mayor emoción.

Entornando los ojos, una nueva marea lo invadió, cerrándolos por fin dejó brotar más y más lágrimas, se abrazó a sus piernas y se hizo un ovillo en el suelo, llorando como un niño abandonado…


Castillo Arnauld, Feudo de Antelor, 4 horas antes…

"No puedo creerlo ¡Conociste a las legendarias guerreras mágicas!"

"Sí…" –soltó sin mayor afán.

"¿Y cómo son? ¿Qué te dijeron? ¿Saben que conocieron a su futura Reina?"

"No digas tonterías mujer, ten más respeto, sabes que las Legendarias Guerreras Mágicas, no están supeditadas a las leyes de Céfiro, y por su alto rango, no deben obediencia ni pleitesía alguna a los monarcas ni a la aristocracia" –reprendió el Señor Arnauld a su mujer, la Donquira Danelis de Antelor.

"Pero nuestra pequeña será la futura reina, le deben respeto"

"Es todo Céfiro quien se lo debe a ellas, y bien harías en inculcar esa idea en nuestra hija, con ellas aquí de nuevo, sería terriblemente bochornoso que Saudra cometiera agravio alguno en su contra por sentirse superior"

Saudra se mordió los labios y bajó la mirada, si su padre se enterara… seguro la reprendería como cuando era una chiquilla… Siempre había sido un hombre recto y estricto… No podía saber del agravio y la escenita que ya había cometido. Como siempre sabía que contaría con la complicidad y respaldo de su consentidora madre, pero su padre, eso sí sería un problema…

Más tarde a solas, inició una plática de mujer a mujer con su madre.

"Ese sí es un peligro… Yo había escuchado varios rumores al respecto de las damas de la corte. Sobre todo de Erémis, sabes que siempre me tiene bien informada de lo que ocurre en el castillo y ella sabe de muy buena fuente que él príncipe le guardó "luto" a ese amor por varios años"

"Lo ves madre, entonces tengo razón en estar tan preocupada"

"Ciertamente hija mía, ciertamente… Pero dime algo, ¿es bonita esa guerrera mágica?"

"No tienes idea, además es una impúdica, deberías de ver su vestuario… ¡Madre, va a provocar a Paris, estoy segura! Qué hombre ve eso y no se calienta… No sé qué hacer…"

"Pues tendrás que adelantarte"

"¡Madre! ¡¿Qué me estás proponiendo?!"

"Tranquila Saudra, no pienses mal, jamás te aconsejaría trocar con tu honra. Me refiero a que te adelantes a cualquier movimiento de esa joven, deberás estár muy pendiente de Paris, y en todo momento… Y para comenzar, pretextando que debes aprender los comportamientos y deberes de la futura señora del castillo, no mudaremos a Touareg mañana mismo. Yo misma hablaré con el príncipe, el canciller y el Jefe Gurú, no me podrán rechazar…"


Y bien aquí va otro cap. ¡Wuuu juu! ¡Si actualicé a la semana!

Y ahora reviews:

Lulu Hououji: Muchas gracias por seguir mis historias, me honran mucho tus palabras y me animas mucho, y de verdad deseo que estas historias te sigan agradando. Y sí ¿qué harían los hououji sin ti Lulu! Jajaja, y como vez sí lo logré con este cap, sí actualicé a la semana ^^. Y respecto a la linea, bueno es que como dijo Luna en su review las cosas simples de la vida son a veces motivo de mucha alegría, y es que… yo quería usar la línea desde hace mucho…T.T… Muchas gracias por leer y deseo te guste este cap.

Luna: ¡Hola Luna! De nuevo por aquí, que gusto me da que te hayas dado una vueltita por los fics de Rayearth. Sí… perdón por lo de Saint Seiya pero no me he dado a basto, pero estoy trabajando en eso. Gracias por considerarme una buena escritora, esta clase de comentarios son los que a un autor lo animan a seguir adelante. Pues verás, ese lado oscuro está ahí siempre tan tentador… Y respecto a dónde andaban este par de traviesas se irá viendo (como siempre) en los caps venideros. ¡Y no lo hago de adrede T.T! Simplemente así salen los caps.

Oh por cierto… ¿te refieres al final final del fic Guerreras Mágicas La nueva historia? Es que… ese salió hace mucho tiempo XD… salió como 6 días después del final oficial. Vaya que si andas despistada, es el capítulo 36 por sí lo quieres ir a leer. Un abrazote y espero te guste este cap. ¿Sabes? Tu kyaaa me trajo buenos recuerdos, me recordó mucho a una amiga de japonés que estaba bien loca y gritaba algo similar cada que veía algo que le gustaba, creo que el Kyaaa está muy de moda junto con el Yey y el Yay jajaja, últimamente lo veo mucho, tenía otra amiga querida que usaba mucho el "Yeey" yo le aprendí esa expresión a ella, antes ni la conocía ni la usaba, a todos se nos pega un poco de todos ^^

¡Glosario Time!

Pololos: Eran los también llamados bloomers o calzones de manga larga que usaban las mujeres en la antigüedad.

Faciléas: Expresión (creada por mi) de Céfiro para llamar a las prostitutas y las chicas de las tabernas, que ofrecían compañía y escote a los hombres a cambio de dinero. Y ya que conseguir los favores de una mujer decente era en extremo difícil, por no decir imposible, se consideraba que hacerlo por dinero era una forma demasiado fácil de obtenerlos, razón por la cual se les llamaba Faciléas, algo como nosotros les llamamos "facilotas" pero con una connotación ofensiva más grave parecida a "ramera" o "hetaira".

¿Contradiccion?: No, no es una contradicción, eso de que tengan ojos redondos y rasgados al mismo tiempo. En mis andanzas por Japón aprendí que de hecho si se es observador sí se puede notar que hay diferencias entre los asiáticos. Por ejemplo, de entre los asiáticos, se puede decir que los ojos japoneses son de los más redondos, contrario a los chinos que son rasgados definidos pero con una cierta elegancia en ese ángulo. Los coreanos por otra parte, tienen los ojos pequeños y muy rasgados también pero de forma más horizontal que la china (comparativamente hablando) que tiende a ser más diagonal. Son como decir… más "ojitos de rendija" como dicen por ahí.

Adabana: Literalmente significa "flor sin fruto", pero es también un eufemismo que significa "amor falso"

¿Que no existen psicólogos en Japón? Sí eso es verdad, dadas las razones mencionadas en el fic.

Donquira: Rango ficticio que describiría a la regente femenina de un feudo, algo así como "pequeña reina feudal"

Piel de durazno: Una tela con la textura precisamente de la piel del durazno, mate, y tiene sus variantes, desde para tapizado hasta una más delicada que es para hacer ropa.

El tatemae: Es la fachada, la cara que le das al mundo, lo que se espera de ti, que puede estar de acuerdo o no, con lo que sientes en realidad.

El Honne: Es tu verdadero yo, que los japoneses no muestran a nadie salvo a su familia. Se considera inadecuado revelar tu verdadero ser ante los demás, porque puede ser muy discordante con lo que la sociedad espera de ti. Y como hay que tener consideración con los demás (menos contigo mismo) es mejor callar. Además otro punto muy importante, en Japón no se suele hablar de los problemas, es preferible evitar el tema a toda costa. En pocas palabras la presión social, incluso dentro de la propia familia es tal que por eso hay un número tan elevado de Hikikomori y suicidios en Japón.

Cuando viví en Japón, junto a una amiga, fue de las cosas que más odiamos, la verdad, como dice ella, entre más conoces a los japoneses más los odias, y luego finalmente, los entiendes, aprendes a sobrellevarlos y a mantener la calma.

Bueno chicos deseo les guste y muchas gracias por seguir leyendo y mil gracias a aquellos que le dieron fav. Nos estamos leyendo.