Como me imagino no se han enterado, tuve problemas en el fandom de saint seiya y me voy por un tiempo. Necesito descansar. Voy a dejar está historia terminada por respeto a las 7 fieles lectoras que me siguen pero independientemente del review de EDDA (que me dejó en un fic de Inuyasha) yo ya había decidido que dejaría el fandom de Rayearth porque ya está un poquito abandonado porque la serie ya casi nadie la conoce (ah pero a sailor moon como la repiten, yo la veía, sólo me gustó la temporada uno y la cristal no me gustó. Pero a las guerreras mágicas que esas sí salen a pelear en lugar de noñear, ni un lazo les echan las televisoras, crueles…)y me sentía presionada porque estaba con otros fics en otros fandoms que sí tenían mucho más movimiento, así que con este fic me despido un laaaaaargo rato de Rayearth.

*…*…*

Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

*…*…*

Uchikake

"No puedo…"

Caminaba entre un mar de gente, las personas la miraban con desdén al pasar, o le daban la espalda con muecas llenas de asco, mientras ella apuraba el paso para salir lo más pronto posible de esa calle. ¿Cómo era que todo Japón la odiaba a ese punto?. En las calles pequeñas, en las grandes avenidas, en las tienditas o en grandes almacenes, todos le habían cerrado las puertas…

Volvió a casa con las manos vacías pues nadie le había querido atender, ni siquiera la dejaban pisar el recinto cuando ya la estaban echando como si fuera un perro callejero y sarnoso.

Su madre y hermana decidieron ir con ella entonces pero todo… solamente empeoró. Comenzaron a lanzarle cosas, pero entre piedras y frutas podridas, lastimaban más las palabras.

"¡Zorra!"

"¡Arribista!"

"¡Hetaira!"

Su madre y su hermana hicieron un escudo con sus cuerpos para evitar que ella recibiera los golpes y ella se sentía impotente viendo a su madre y hermana ser heridas y humillas por su culpa.

"¡Hey nena, mira mis pantalones, este paquete es para ti!"

"Yo podría complacerte linda, pero ¿Podrías complacerme tú?"

"¿Tu hermana es tan buena como tú en la cama?"

De un tirón un hombre asqueroso tomó a Lulu arrebatándola del brazo de su madre, y forcejeando con ella, intentaba rasgarle la blusa.

"¡No te resistas ricura, sé que tú quieres, todas las Hououji son unas malditas perdidas!"

"¡Mamá, ayúdame mamá! ¡Auxilioo!"

La madre intentaba llegar a su hija, pero la gente tiraba de ella y no le permitían acercarse.

Cuando todo parecía perdido su padre apareció y quebrando una botella en la cabeza del agresor logró que soltara a su hija mayor, echando a correr con su familia lejos de ahí mientras el hombre yacía con la cabeza partida en dos en un charco de sangre.

"¡Asesinos!"

"¡Detengan a los asesinos!"

"¡Asesinos!"

Corrieron hasta doler las piernas. No podía creer que lo que estaba pasando, ¿cómo habían llegado a tanto?. La respuesta era ella. Por su culpa ¡Todo era su culpa!. Todos los odiaban, todos los despreciaban.

¿Por qué a mi familia?... ¡¿Por qué no sólo a mí?! ¡Sólo yo tengo la culpa!

Todo había sido su culpa, si no fuera por ella, las otras familias no les hubieran volteado la cara, los habrían ayudado, pero ahora, con la deshonra que pesaba sobre ella, nadie quería saber de los Hououji… ¡Todo era su culpa, su culpa! Gritó y tiró de sus rubios cabellos con tal odio que cualquiera que la hubiera visto pensaría que estaba a punto de arrancar el manojo de hebras doradas…

El repentino sonido del despertador la trajo bruscamente a la realidad, en la cual también sin darse cuenta había estado tirando de las finas hebras logrando arrancar algunas que se desperdigaban por la almohada.

"¡Pero qué diablos!... –el dolor punzante la hizo tomar su cabeza y correr al baño mientras Lulu se desperezaba aún medio dormida y con un poco de baba brillando en la comisura de sus labios.

Al llegar al pequeño y único baño de la casa, descubrió que detrás de las orejas a la altura de las cienes, tenía dos pequeñas calvas de cada lado que sangraban en franca reprimenda al maltrato sufrido.

"¡Shimata!…"

Ahora aparte de todo lo que ya le faltaba como la honra, el apoyo y el sosiego, también le faltaba cabello… Con gran frustración tomó los enseres de limpieza médica del miserable estante que fungía de jabonero y botiquín y comenzó a lavar con yodo y algodón las pequeñas calvas sangrientas que se había ocasionado en sueños.

Luego de limpiar la piel, miró con desilusión la apariencia de su cabeza. Comenzó a sollozar en silencio. Unas calvas no eran el fin del mundo, el cabello volvía a crecer, pero para una persona en su estado emocional, eran la gota que derramaba en vaso.

Se acuclillo debajo del lavamanos y comenzó a llorar en silencio.

No era la primera noche que tenía pesadillas, que despertaba llorando y sufría en silencio la agonía de sus propios pensamientos, con tal de no molestar a nadie. El impacto del ataque perpetrado por Seizo y la difamación consecuente, así como la caída de los Hououji en ese justo mal momento, estaban haciendo pedazos la mente y el corazón de la joven. Quería escapar de todo, quería correr, vivía con miedo, con vergüenza, sentía que todos la repudiaban y sus sueños solo eran reflejo del gran trauma que la consumía.

Debería haber recibido atención psicológica, pero en Japón no había nada de eso. No se hablaba de los problemas y mucho menos de las deshonras, eran temas que en esa sociedad debían ser silenciados a toda costa, fingir que no habían pasado y así, según la creencia nipona, simplemente desaparecerían, pero estaban tan equivocados…

El sumirse en el mutismo sólo agrandaba el problema, y en casos específicos de agresión sexual y presión social, podía con facilidad llegar al suicidio de la víctima. Pero la sociedad japonesa, no entendía eso, y como todo lo referente a un problema, tampoco quería tratarlo, el gobierno se negaba a hacer algo al respecto, y la población apoyaba esas arcaicas ideas. Los problemas debían silenciarse y esa era la única solución.

Pero la supuesta solución sólo acababa con cientos de vidas anualmente y An, prometía convertirse en una estadística más si no se iba de ahí pronto…

No supo cuánto rato estuvo así, replegada sobre sí misma, llorando, hasta que unos toquidos insistentes la sacaron de su distopía.

"¡Vamos Any! ¡Me urge! ¡Tomé mucho jugo anocheeee!" –canturreó Lulu al otro lado mientras brincaba en puntitas.

Anais se puso de pie tan rápido que se golpeó fuertemente la cabeza cosa que le hizo acuclillarse de nuevo un poco mareada.

"En… enseguida voy… Dios… que tonta…"

"¡Apura mujer!"

"Sí, sí… voy… -Se puso de pie aun aturdida y se excusó –estoy desnuda, estaba por entrar a la ducha, déjame cerrar la cortina y quitaré el seguro"

"Date priiiisaaa"

La joven se ocultó como fantasma tras la cortina de baño y con una mano zafó el seguro de la puerta para que la otra entrara. En cuanto se escuchó el seguro salir, Lulu irrumpió en el baño como alma condenada huyendo del demonio. En un movimiento sincrónico entre manos, piernas y posaderas, se acomodó en la taza y con un escalofrió dejó salir aquel líquido que le presionaba los pensamientos…

"Ah…. Gracias… no sabes… cuanto te lo agradezco…"

La rubia no respondió y permaneció oculta tras la cortina.

"¿Y por qué te levantaste tan temprano a bañarte si no tienes a dónde ir?"

"Yo… es que… no tenía sueño, me sentía sofocada y… quería aclarar mis ideas…"

"Oh, comprendo…"

Lulu creyó en las palabras de su hermana, pues la pequeña casita solía acumular algo de calor debido a sus pequeños espacios y el material con el que estaba construida, así que no preguntó más y se dedicó a lo suyo, saliendo al poco rato, recordándole a su hermana que ella también iría a bañarse luego de dormir cinco minutos más.

Anais suspiró oculta tras la cortina… ahora tendría que bañarse de verdad, y… mejor así, quizá el agua corriendo por su cuerpo, podría sanear un poco la sensación de rechazo por su persona…

Luego del baño, mientras peinaba su cabello se miró al espejo redescubriendo sus calvas.

"Diablos… -se dijo mientras movía su cabello con sus manos –supongo… -comenzó a peinar su cabello de distintas formas –que… si… si hecho estos mechones al frente así… quizás… -modeló su cabello un poco más –bien… -suspiró un poco aliviada –nadie lo notará si lo peino así"

Suspiró dejando el cepillo de lado y rociando un poco de spray fijador barato para mantenerlo en su sitio, evitando así el asomo indiscreto de esos pedazos de piel desnuda.

La mañana había sido un poco complicada para ella. Y ahora para las 11:00 am, terminaba sus faenas domesticas en la diminuta casa. No había nada más que hacer, ni adónde ir, ni amigos que visitar… Ella no estaba acostumbrada a no hacer nada con su vida. No lo soportaba. Entre más pronto se fuera, mejor sería para su salud mental.


Cefiro, sendero del Bosque de la Aurora, alrededores del Castillo…

Dos hombres a caballo paseaban a trote ligero mientras conversaban.

- No sé cómo se le ocurrió rentar algo tan grande… la verdad no sé cómo hará para limpiarlo todo en un día.

- Lo más probable es que no tenga tiempo para ti jajajaja. Quizá sólo la verás por las noches cuando caiga rendida de cansancio y ni si quiera te de las buenas noches.

- Mejor… –murmuró sin pensar.

- ¿Qué?...

- ¡Oh! Nada amigo nada, digo que tal vez tengas razón.

- Eso no fue lo que dijiste parís. –le riñó en tono severo- Mira… Paris ya te lo dije… aun estás a tiempo.

- No vamos a comenzar con eso de nuevo Ascot –el tono de voz en París fue bastante serio pero Ascot decidió ignorarlo.

- Paris es evidente que no la quieres. Cualquier futuro marido hubiera estado agobiado con la idea de no ver a su esposa pero a ti te parece mejor así. Sé que no puedes cancelar la boda así como así –dijo de tajo cuando vio a Paris abrir la boca para alegar –Pero tienes el retiro nupcial a tu favor.

- ¿A mi favor? No te entiendo.

- Sabes bien que está prohibido consumar el matrimonio durante el retiro nupcial porque en dado caso que la incompatibilidad de la pareja resulte ser demasiada, el hombre o la mujer podrán devolverse con su familia y el matrimonio será inmediatamente disuelto para que así ambos puedan proseguir con sus vidas y buscar una nueva oportunidad en el amor. Si alegas una incompatibilidad y diferencias irreconciliables entre tú y Saudra podrás disolver este matrimonio.

- Jum…-Soltó una sonrisa irónica y prosiguió –a los del consejo seguro les parecerá mucha casualidad… Además ¿qué puedo pretextar? Sabes que mi contrato de matrimonio tiene las clausulas suficientes para que me sea imposible apelar a la falta de compatibilidad. Además Saudra no está mal, llegaré a quererla, es una chica guapa.

- Paris no te hagas tonto, todos los que somos cercanos a ti vemos que Saudra y tú no son compatibles en nada. Desde que llegó a vivir a Tuareg nos dimos cuenta. Ella es sólo una niña mimada. A Caldina ya no le cayó bien y Gurú Clef dice que tanta bondad de su parte le parece sospechosa.

- ¿Clef te dijo eso?

- No a mí pero sí a Latis, fue él quien me lo comentó. En un principio Latis no estaba de acuerdo con esas suposiciones pero desde que Saudra vive en el castillo su opinión ha cambiado mucho y comienza a ver razones para el recelo de Gurú Clef.

- ¿A qué te refieres? No comprendo por qué últimamente todo mundo está contra Saudra –dijo algo molesto.

- No estamos contra ella Paris. Estamos contigo.

- Pues bonita forma de apoyarme. Ponerse contra mi futura esposa… -espetó en un bufido.

- ¿Y desde cuando eres tan defensor de Saudra? Si el desdén y desesperación por tu futuro matrimonio se te sale por los ojos.

Paris lo volteó a ver bastante cabreado –Escucha bien Ascot, ese es mi problema y sólo mi problema y a nadie más debe interesarle. Me permito recordarte que estás hablando de la futura Reina de Céfiro y madre de mis hijos, mi esposa, y como es mi obligación la voy a defender contra todo y contra todos. Ella es la mujer que ha de compartir mi vida hasta que me muera y exijo que tú, Clef, Latis y TODO MUNDO la respete desde ya ¿entendido? ¡De otra manera tendré que hacerla respetar aplicando los castigos que dicta el protocolo!. ¡Eah!

Atizando el caballo con furia Paris salió al galope perdiéndose por el sendero hecho un demonio, dejando a Ascot confundido y sentido por su actitud, pero luego de unos momentos en que Ascot pensó darle alcance para decirle todas sus verdades a la cara, se tranquilizó y suspiró con melancolía.

Sabía muy bien lo que pasaba y no iba tomarse ese berrinche de Paris en serio porque sabía que esa reacción se debía sólo al dolor, la rabia y la tristeza que Paris cargaba dentro.

Se había resignado… había perdido a Anais para siempre y ahora se aferraba como naufrago a un trozo de madera, a Saudra, lo único que le quedaba para sustentar su ego masculino herido. Si Anais iba a casarse, él también tenía con quién. Pero en el fondo más que su ego, su corazón estaba tan herido que más que retar a Anais, quería cometer suicidio al casarse con Saudra, quería que ese matrimonio fuera su golpe de gracia, para no volver a abrirle el corazón a nadie más.

Ascot dio un largo suspiro y después puso su caballo a paso lento para alcanzar a Paris. Sabía dónde lo podría encontrar, dejaría que se desahogara un poco antes de hablar con él.

Paris seguía atizando al animal, el equino iba a todo galope, estresado por los fuetazos del jinete, y Paris sólo quería correr, entre más rápido mejor, la velocidad del caballo no era más que una manifestación inconsciente de sus deseos enormes de escapar de todo. Sus responsabilidades con el reino, esa maldita boda, el dolor de saber que había perdido a su Anais en brazos de otro…

Si Paris pudiera se plantaría el día de la boda de Anais con Saudra de su brazo como un invitado más a su "pomposa" ceremonia. Para restregarle en la cara que él también había seguido adelante, que el también se había casado, que él también la había olvidado… Aunque lo más seguro es que a ella… ni siquiera le importara…

- "Señor muchos feudos" debe ser un hombre muy interesante ¡¿verdad?! ¡Claro, con tantas riquezas debió enamorarla en un santiamén! –sabía que su Anais nunca había sido una mujer interesada pero ahora no era su cabeza sino su rabia la que hablaba. -¡¿Qué tiene él que no tenga yo?! ¡Si quiere feudos yo puedo ofrecerle un planeta entero!

El animal iba desbordado, si seguía forzándole a correr más aprisa reventaría al caballo.

- ¡¿Por qué no me esperaste?!... ¡¿POR QUÉ?!... ¡Cómo te odio Anais! ¡Cómo te odio!

Como era de esperar el animal que no podía más trastabillo y rodó por la pequeña pendiente del camino lanzando a Paris al lago cuyas orillas poco profundas le propinaron unos buenos golpes.

Paris sacó la cabeza del agua bastante adolorido, se sentó con el agua a la cintura ya que el dolor le impedía ponerse en pie, dándose cuenta del accidente que acaba de sufrir, vio a su caballo tirado en la orilla jadeando agitado y comenzó a reír suavemente, risa que en segundos se volvió carcajada.

Se reía como loco, una risa que más que alegría expresaba notas de dolor. Después de unos momentos las carcajadas comenzaron a tornarse en gritos de rabia que se volvieron un llanto muy amargo.

Arrepentido por lo que había dicho, y lo que le había provocado a su animal, hundido la cara en sus manos y dejó que su alma saliera en torrente por sus lágrimas.

- Perdóname… -susurró mirando al caballo qué recuperaba el aliento en la orilla sin poder ponerse en sus cuatro patas – Soy un idiota… -dijo mirando al cielo antes de hundir la cara entre sus lastimadas rodillas -Como te amo Anais… todavía… siempre…


Tokio, Barrio de San' Ya…

Había bajado en un lugar tan similar a por donde había subido a esa serpiente metálica que se preguntó si todo el trayecto que habían dado había sido solo una vuelta en círculos, y se preguntaba por qué las chicas lo habían hecho hacer tal cosa.

Estaba confundido, este lugar, mejor conocido como "estación de metro" se parecía tanto al otro, pero… había ciertos detalles, cosas que no parecían iguales a las que había visto.

- Por aquí –dijo Lucy llamando su atención y tomándolo del brazo para que la siguiera.

Lo condujeron hacia unas escaleras metálicas que para sorpresa del hechicero se movían solas. Había tenido oportunidad de contemplar la tecnología de Autosam mediante las naves que los visitaban de cuando en cuando, donde había rampas que se deslizaban solas pero… ¿Escaleras que subían solas? ¡¿Cuál era el propósito!?. Definitivamente este día estaría lleno de sorpresas para él.

Las chicas lo enseñaron a subir con cuidado y le advirtieron que con igual cuidado debía bajarse, indicaciones que siguió al pie de la letra, siendo aun así sorprendido por el último aventón que propinan las escaleras a los novatos al bajar.

Luego de ese incidente que provocó unas risillas en Marina, Clef volteó al frente para descubrir un escenario totalmente diferente a aquel donde había estado antes de ir bajo tierra.

Los altos edificios habían desaparecido, a excepción de algunas edificaciones de no más de tres pisos, en su mayoría el lugar se veía lleno de casitas de peculiar arquitectura.

- Aquí no es donde estábamos –pensó en voz alta.

- Claro que no, para eso viajamos en metro Clef.

- ¿Metro? –Volteó a todos lados –es que… no creo que nos hayamos movido sólo un metro Marina. No encuentro las edificaciones de cristal que vi hace un momento, eran muy altas, y no las veo a la redonda.

- Jajajaja no Clef –dijo Lucy con una risa cristalina –le decimos "metro" o "subterráneo", es un medio de transporte en el que viajamos grandes distancias en cuestión de minutos. Claro que nos movimos no sólo varios metros sino más de un Kilómetro.

Clef parpadeó varias veces sorprendido. Apenas si habían viajado unos cuantos minutos. Incluso el caballo más veloz de Céfiro, tardaba bastante más en recorrer un kilómetro.

- Pero tendremos que caminar un poco. Vaya… espero recordar la dirección…

- ¿No la conocen? –preguntó muy extrañado el hechicero.

- Vinimos una vez para traer a Anais a casa luego de una cris… una… una velada que pasamos juntas. Pero, sólo una… Está no es la casa en la que solía vivir, como te comentamos su familia pasó por algunos problemas y tuvieron que mudarse…

- Oh sí, comprendo, aún no se graban la dirección.

- Sí…

Comenzaron a caminar entre las casuchas tratando de reconocer el lugar lo mejor que podían y Lucy reconoció una vieja linterna de pescado que colgaba de una casa, le había llamado la atención aquella vez y fue punto de referencia perfecto para ella.

- Marina, creo que estamos cerca. –le dijo emocionada.

- ¿Cómo sabes? –ella estaba muy confundida.

- Mira, la linterna vieja de pez. La casa de Anais estaba cerca de este punto. Quizá si preguntamos… -en Japón no era costumbre llegar a una casa a preguntar por la dirección de otro, ni siquiera por una calle en medio del centro, se tenía desconfianza con los desconocidos aunque fueran paisanos y había mucho respeto al espacio de cada quien. Así que algo indecisas sobre qué hacer, vieron a una anciana aproximarse y Marina se armó del valor suficiente para llamar su atención.

- Disculpe señora, ¿conoce usted a los Hououji? Es una amiga muy querida y un amigo llegó de lejos para visitarla, pero me temo que no anoté bien la dirección.

La anciana las miró con un poco de recelo pero las vio demasiado inocentes para desconfiar, luego vio al joven de rasgos extranjeros y pensó que de seguro habría viajado desde muy lejos para visitar a los Hououji y sería una pena que se fuera sin hacerlo. Algo raro, ya que la desconfianza sobre los extranjeros era extrema, pero el cielo los estaba ayudando, no cabía duda. Porque sí, ella los conocía, esos, los de modales refinados que nada tenían que ver con la gente pobre que vivía ahí.

- Sí jovencita los conozco. Tienen unas hijas con preciosos ojos verdes ¿verdad?

- ¡Sí los mismos! – se dijo emocionada.

- Viven ahí –dijo apuntando cinco casa más abajo –donde está la cortina rosa.

- Oh, muchas gracias Señora –dijo haciendo una reverencia a la anciana quien asintió y siguió su camino.

Llegaron frente a la casa y Clef no pudo evitar sentir tristeza por su valiente guerrera. En Céfiro… ellas eran Leyendas, dignas de habitar en los templos de los mismísimos Dioses Guardianes Windam, Ceres y Rayearth. Deberían de vivir, mínimo, con el mismo lujo que vivía el gran general de la corte. Pero… esta casa pequeña de maderos roídos… el complejo de casas eran todas bastante deplorables aunque limpias, pero… este lugar… no era lugar para su Anais.

Cuando la había vuelto a ver después de tantos años, tenía todo el porte de una princesa. ¿Cómo imaginar que vivía aquí?. Le parecía irreal.

- Mi niña…. ¿Vive aquí? –la expresión de desconcierto y tristeza fue tan clara que Marina le explico.

- Lo sé, no parece digna de su noble corazón, ¿verdad?. Los Hououji…. No siempre vivieron aquí Clef, ellos vivían en una enorme casa en un barrio muy elegante, pero… las tretas del destino los hicieron perder todo… y terminar así. La que más ha sufrido las consecuencias ha sido ella…

- Ya veo –Clef bajó la mirada apesadumbrado.

- Bueno… –dijo Lucy -Toquemos –las chicas intercambiaron miradas nerviosas.

No sabían si Anais les iba a dar con la puerta en la cara. Era algo muy probable… pero esperaban que no le hiciera el desaire a Clef.

Tocaron y luego de unos momentos que les parecieron eternos, una mujer de mediana edad abrió la puerta y al ver a las jóvenes no las reconoció a la primera.

- ¿Sí? ¿Qué se les ofrece señoritas?

- Señora Hououji, que gusto verla otra vez. -La mujer se les quedó viendo con duda y las chicas entendieron que no las reconocía después de esos años, ya que la vez que habían dejado a Anais en casa, esta estaba sola. –Somos Lucy y Marina, las amigas de su hija ¿nos recuerda?

- ¿Lucy?... ¿Marina? ¡Caramba niñas pero como han crecido! ¡Ya son todas unas mujercitas! ¡Qué gusto verlas! A mi Anais le va a dar mucho gusto saber que vinieron a verla. Pero pasen por favor, Anais se está bañando pero pueden esperarla en la sala.

La mujer les abrió paso y fue ahí que notó al muchacho extranjero.

- ¿Y el joven? –preguntó en tono amable.

- Oh es –se apresuró Marina cuando vio a Clef abrir la boca -… un... Amigo de Norte América. Le aseguro que a Anais le dará mucho gusto verlo.

- ¡Oh un americano, que bendición! Mi Anais esta por viajar a su país, estaré más tranquila sabiendo que tiene un buen amigo allá, pero pase joven. Me imagino que no habla el idioma. Please come in, and be welcome to Japan–dijo la culta mujer que hablaba dos lenguas además del japonés.

Clef no entendió lo que le dijo la mujer y puso cara de espanto, pero Lucy le dio un ligero apretón en el brazo para que le siguiera la corriente y lo hizo avanzar un paso.

- Sí habla el idioma señora, no hay necesidad de hablarle en inglés. De hecho prefiere que le hablen en japonés para poder practicar. Ya sabe, se graduó con honores en el estudio de nuestro idioma y está loco por poder practicarlo.

- Oh sí comprendo. Que interesante. Bueno adelante están en su casa. ¡Les buscaré unas pantuflas!

Los tres entraron y las chicas hicieron esperar a Clef justo en la entrada, explicándole la tradición japonesa de jamás entrar con zapatos de calle a una casa. Cuando al fin les dieron sus pantuflas entraron y se sentaron en un silloncito tan pequeño que quedaron demasiado apretados.

- Iré a traerles un Té.

Cuando la mujer se fue, Clef les preguntó a las chicas…

- Chicas… eh… ¿porque no me dejaron presentarme?

- Es que… nuestras familias no saben nada de nuestro viaje a Céfiro –le aclaró la pelirroja.

- Oh… ¿por qué?

- Te lo explicaremos después por ahora por favor sólo síguenos la corriente.

- De acuerdo –dijo sin comprender mucho.

- El agua está en la tetera iré a informar a Anais –dijo la señora que pasó corriendo.

Y es que la casita era tan pequeña que era probable que Anais saliera a la cocina envuelta en toalla si no le avisaba. Con Lucy y Marina no habría problema, pero, con un varón ahí la cosa cambiaba.

Cuando Anais escuchó la noticia, de que sus dos "amigas" estaban ahí sintió el deseo de pedirle a su madre que las hiciera salir, pero pensó que era mejor no preocupar a su madre con eso y que… ¡Saldría ella misma a echarlas a la calle!

Sin embargo al escuchar la advertencia de su madre sobre no salir en toalla porque ellas habían venido con un amigo de Norte América la dejó sumamente desconcertada.

-No importa –se dijo mientras se vestía –sea quien sea el supuesto amigo, las echaré de todos modos…. Seguro que lo trajeron porque saben que me iré, ¡pero si creen que aceptaré la ayuda de su amigo están muy equivocadas!

Anais se vistió, secó a prisa su cabello y se peinó bien para esconder sus calvas. Era su segundo baño del día. Debía dejar esa manía de bañarse más de un vez al día o terminaría por quemarse la piel.

Una vez estuvo lo suficientemente decente salió hecha una furia de su habitación, lista para decirle a ese par de traidoras que se podían ir justo a…!

Toda la retahíla de insultos que la rubia había preparado palidecieron hasta desaparecer junto a su saludable tono de piel al ver, sentado en su sala, y vestido como un mortal terrestre al gran mago de Céfiro.

- Mi niña –dijo este poniéndose de pie para saludarla.

- Cle… Gurú… Clef? –dijo la joven paralizada por la sorpresa con los ojos abiertos como platos.

- Sí.

Anais miró a las otras con una mezcla de asombro y reproche. ¿Qué diablos hacía el Hechicero Supremo de Céfiro en su casa!?... ¡No! No, no, no, no… ¡esperaba que no le hubieran dicho nada a su madre!

-Eh… hola?... –dijeron tímidamente a coro las otras dos.

- ¿Qué… que… qué hace Guru Clef aquí? –preguntó entre dientes a punto de perder los estribos.

- Bueno… es que –Lucy se puso en pie y metió las manos a sus bolsillo mientras se acercaba a paso lento –él… él necesitaba hablar contigo.

Anais tomó bruscamente a Lucy por un brazo y la acercó a su rostro de un tirón, cuidando que su madre entretenida con la tetera no se diera cuenta.

- Espero –le susurró molesta al oído –que no le hayan dicho nada a mi madre sobre Céfiro.

- Claro que no –respondió Marina acercándose también quedando frente a frente con la agresiva rubia. –Tu madre –susurró –cree que es un amigo de Norte América que viene a ayudarte con tu viajecito.

Clef sólo pasaba sus ojos expectantes entre las chicas. Estos jaloncitos tan comunes en mundo místico no se verían ni por asomo en una chica de Céfiro, a menos claro está que fueran a trabarse en una pelea a golpes, cosa que creyó Anais estaba por hacer con Lucy. Aunque Anais no planeaba tal cosa, pero siendo los de mundo místico más impulsivos, ponían los nervios de Clef en punta.

- Anais por favor sólo escúchalo -dijo Lucy zafándose de la rubia.

- Ah… -Anais se tranquilizó porque despues de todo su problema no era con el inocente Clef. - Disculpa Clef, es sólo que me tomaron por sorpresa, y… algunas personas, ya no son muy bienvenidas por aquí… pero no me malentiendas no me refiero a ti. –se disculpó de inmediato creyendo que Clef podría tomar la indirecta personal.

- Lo sé, y créeme que con lo que tengo que decirte, quizá este mal entendido entre ustedes se arregle también.

- Jum… ¿tú crees? –dijo lanzando miradas filosas a Lucy y Marina, y mientras Lucy bajaba la mirada Marina suspiró y miró al cielo pidiendo paciencia.

- Ya está el té –anuncio la madre de Anais. –Pero… será mejor que pasen a la mesa porque no creo que quepan todos en el sillón.

Todo mundo se aproximó y tomaron asiento en la apretada mesita.

La madre de Anais miró el reloj y pidió disculpas.

- Ya está la ropa de la lavandería… Discúlpenme por favor, se quedan en su casa.

- Madre no puedes ir sola, te acompaño.

- ¿Y dejar solos a tus invitados? ¡Eso es una descortesía! Recuerda tus modales hija mía. Además –le sonrió –no es mucha ropa, sólo unos trajes de tu padre y un poco de Lulu.

Esa semana Lulu le había dejado dinero a su madre para que pagará una lavandería porque no quería verla más maltratar sus manos y su espalda en ese lavadero viejo.

- Pero-

-Nada nada. Me voy. Se quedan en su casa.

La señora se calzó sus zapatos y salió de casa con una gran bolsa ecológica para traer la ropa de vuelta.

En cuanto la señora cerró la puerta Marina se tomó de la frente y dijo.

- Mejor… porque –iba a decir "en esta casita tan pequeña escucharía todo" pero sabía que eso sería un insulto para Anais, aunque no fuera su intención. Así que reemplazo sus palabras – porque… bueno ya sabes no se puede enterar del origen de Clef.

- Y eso es algo que me encantaría me explicaran a fondo pero en otro momento. –les dijo el Hechicero -Ahora lo más importante es que, yo quiero hablar contigo mi niña.

- ¿Qué ocurre? -Dijo ella desconcertada, también ella tenía sus preguntas como ¿qué hacia él en la Tierra? Pero lo dejaría hablar primero, aunque Marina habló cuando él abría la boca.

- Anais ¿Qué tan lejos queda la lavandería?

- Un poco retirado.

- ¿Tardará mucho tu madre en volver?

- No lo sé, quizá sí, depende de la gente… Ya que lo mencionas –dijo con mirada maliciosa –por qué no nos hacen el gran favor de quedarse afuera a vigilar.

- Indirecta entendida Anais. Bonita forma de corrernos, elegante, no pierdes el toque -dijo Marina en un largo suspiro y ambas se pusieron de pie –esperamos afuera. Sé que no quieres escucharnos a nosotras, pero por favor, al menos escúchalo a él.

Las chicas salieron a la calle sin decir más y al cerrar la puerta Clef miró a su niña angustiado.

- ¿Tan mal están las cosas entre ustedes?

- No tienes ni idea, pero, no me hables de ellas por favor. Si viniste desde Céfiro debes tener una razón de peso, así que, te escucho.

- Este bien. Anais, quiero hablar contigo, sobre Paris y su matrimonio-

- Clef si has venido a invitarme, te advierto que no tengo inte-

- Lo obligaron a casarse.

- ¿Qué? –dijo con una sonrisa burlona -¿Al Rey de Céfiro hay quien pueda obligarlo? ¿A Casarse?

- Paris no es el Rey.

- ¿Cómo… dices?

- Anais, sólo te pediré un favor, escúchame y escúchame bien hasta el final, déjame decir todo lo que vine a decir y entonces aceptaré lo que me digas al respecto.

La rubia asintió y Clef inició con todo detalle acerca de lo que realmente estaba pasando con Paris y Céfiro.

Cuarenta minutos despues, la rubia estaba descolocada, su mundo se había levantado… y vuelto a hacer trisas.

- Anais, incluso esas que están allá afuera lo único que han estado haciendo estos días es conspirar en tu favor. Por eso Marina se comportó así aquel día, como me lo dijo quería estar segura de tu amor por Paris porque se arriesgarían a mover muchos hilos, se han arriesgado mucho por ti, Incluso Marina tan orgullosa se tragó su orgullo para visitar a Saudra y fingir una cordialidad que ambos sabemos que no siente para asegurarse de lo que estaba pasando por tu bien. Y la verdad no creo que se merezcan el trato que les estás dando.

La rubia bajo la mirada… no tenía ni idea… Su corazón se ilumino al escuchar la historia de Clef, ahora, ahora tenía una esperanza, Paris la amaba aún y estaba loco por cancelar esa boda estúpida y tomarla a ella por esposa, sólo hacía falta la palabra de ella sumada a la de sus amigas, unas palabras, sólo unas palabras de su boca tenían tanto peso en Céfiro, y ella había estado sufriendo teniendo la solución en la mano.

- Entonces dime Anais, ¿contamos contigo?

¡Paris aún la amaba, la amaba! Y ella sería tan feliz de…

Un escalofrió la recorrió y todo el mundo que se alzaba ante ella se quebró estrepitosamente bajo sus pies como un cristal. Seizo… aquella noche….

Anais sonrió tratando de lucir normal, pero su sonrisa fue dolorosa.

- Lo siento Gurú Clef, pero… No.

- ¿Qué? –el mago no lo podía creer.

- Yo… yo no puedo ayudarlos porque… porque yo no amo a Paris.

- Pero Marina di-

- Marina está algo loca, y dice cosas sin pensar –dijo sonriendo casual –yo… yo no… puedo darle falsas esperanzas a Paris, pero Saudra, ella… ella lo quiere y seguro que él… aprenderá a quererla.

- Anais…

- Yo –dijo hablando entre risas que más parecían un llanto –yo no podría, impedir ese matrimonio, sería actuar de mala fe.

- ¿Mala fe? ¡Anais, te he dicho que esa loca no es apta para ser la esposa de Paris, mucho menos la reina de Céfiro! ¡Lo va a hacer sumamente infeliz!

- Bueno, lo… lo siento pero, al aceptar el trono, asumió responsabilidades específicas. Lo siento Clef, pero, es su destino, triste quizá, pero es lo que le tocó vivir. A todos nos toca enfrentar a la vida como viene. –La joven se puso de pie – Discúlpame, pero, lamento no poder ayudar a tu planeta ni a tu príncipe en esta ocasión. Además, aparte de decirte que no voy a casarme, no sé si ellas te comentaron también que estoy por viajar a otro país muy lejos de aquí y, estoy muy ocupada con las visas y esas cosas, no creo que lo comprendieras porque en Céfiro no existe más que un solo país y continente pero, aquí… aquí las cosas son muy distintas. No puedo faltar a las citas del consulado, bajo ningún motivo.

- Pero Anais, sólo sería un momento y-

- Lo siento, no puedo. No sé, quizá sí las escuchen sólo a ellas dos, pero, yo ya no puedo ayudarlos. Y la verdad, tengo que salir, mi madre vendrá con una carga muy pesada para ella sola, debo alcanzarla y ayudarla. – Anais tomó un juego de llaves y se dirigió al mago -Disculpa pero tengo que salir.

Anais se dirigió a la puerta y calzó sus zapatos, Clef la siguió e hizo lo mismo, entonces ambos salieron de la casa y Anais cerró la puerta.

- Les deseo suerte –dijo mientras se alejaba a prisa del lugar.

- Que…. ¿Nos desea suerte? –dijo una incrédula Marina.

- Clef –Lucy se acercó muy preocupada al mago -¿qué te dijo?

- Ah… dijo… que nos ayudará….

- ¡¿Qué?!

- Dijo que no amaba a Paris, y que no está dispuesta a darle falsas esperanzas, y que además no puede ir a Céfiro porque tiene cita en… un… cancelado, o algo así, y que no puede faltar.

- ¿Cancelado? -preguntó Marina sin comprender.

- Creo que habrá dicho consulado Marina. –le explicó Lucy.

- Oh sí. ¡Maldita terquedad la suya! ¡¿Cómo puede hacernos esto?! ¡¿Cómo puede ser tan orgullosa?!

- Marina, no creo que sea orgullo…

Marina volteo a ver a su amiga con expresión cuestionante.

- Yo… no sé qué pensar –dijo el mago –mientras me decía todo eso sonreía pero, podría jurarles que estaba a punto de llorar…

- ¡Bueno Lucy dime si eso no es orgullo! –dijo enfurecida la ojiazul.

- No Marina, yo creo que es miedo…

- ¡¿Miedo?! ¡¿A qué diablos?!

Lucy le dio una severa mirada intencionada y Marina comprendió de inmediato.

- Diaaablos… –dijo poniendo su palma en la frente como recordando un gran peso.

- ¿Qué ocurre chicas?

- Clef, te dijimos que Anais pasó por cosas terribles, pero, hay cosas que sólo le compete a ella el querer contarlas o no. Perdón pero nosotras no podemos decirlo.

- Algo… muy malo?

- Sí.

- Y, están seguras que no pueden decirme, quizá podría ayudarla –ofreció de corazón.

- Perdón Clef –dijo Marina –pero de verdad, no somos dueñas de ese secreto, es algo que… le pertenece sólo a ella –finalizó mirando como la rubia iba ya lejos en la larga y angosta callecilla.

- Y entonces –preguntó muy desanimado el mago –¿qué haremos ahora?

- Humm… -Marina suspiró y luego de pensar, miró al mago con determinación –escucha, tú ya hiciste tu parte, y te lo agradezco de corazón, tomarte la molestia de venir hasta aquí…

- Marina tiene razón, yo también te lo agradezco mucho -dijo haciendo una reverencia típica de su cultura.

- Pero… siento que no puede ayudar en nada.

- No Clef al contrario, tu parte está hecha, ahora nos toca a nosotras.

- ¿Ustedes?

- Sí, es obvio que Anais no quiere ni siquiera vernos, pero… tendrá que hacerlo –dijo con determinación.

- Chicas la verdad por lo que vi…

- No te preocupes, los de mundo místico, sabemos manejar a nuestra propia gente. Pero… -dijo mirando al hechicero con una cálida sonrisa –es hora de regresarte a casa.

- Oh –se sorprendió, al parecer a pesar de sus nervios estaba disfrutando esta nueva experiencia, así que sonrió con tristeza y bromeó un poco para aligerar el ambiente tenso –ahora que comenzaba a disfrutarlo.

- Pues sí querido amigo, pero es hora de volver… Aunque, no sin antes… Vengan vayamos a la avenida, tomaremos un taxi.

- ¿Un taxi? ¿Qué no es más barato el metro? –se escandalizó la pelirroja.

- Es que quiero que Clef vea un lugar.

Pelirroja y mago se miraron sin comprender y siguieron a Marina que ya había emprendido camino.

Momentos despues, en Ginza…

- ¿Cuánto es?

- Tres mil yenes.

Marina pasó su tarjeta en el moderno taxi y el cobro quedó realizado.

- Arigatou gozaimashita –dijo el taxista y en cuanto se cerró la puerta automática del taxi, el auto se fue.

- Vaya forma más cómoda de viajar –dijo el mago maravillado que había encontrado el auto mucho más cómodo, rápido y eficiente que las carrozas de Céfiro y los caminos de tierra que generalmente meneaban a todo mundo dentro, aunque fuera la gran carroza real.

- Sí –dijo la pelirroja -mucho mejores que las carrozas –dijo recordando que cuando fueron a visitar a Saudra, habían viajado en una de las elegantes carrozas del castillo pero el camino había estado lleno de saltos, maraqueo y molestos vaivenes –por eso las dejamos de usar hace mucho.

- Pues sí que fue un gran avance –dijo el mago sorprendido sin quitar la vista del taxi que se perdía por las calles. –Nunca había viajado en un vehículo tan cómodo y que no saltara por el camino. Fue como flotar, casi me arrulla.

- Clef –escuchó la voz de Marina llamarlo –es aquí a donde quería traerte.

Cuando Clef volteó a mirar se encontró frente a una reja de forja tras la cual un camino adoquinado dirigía a una enorme y elegante construcción de color blanco y techos verde esmeralda, rodeada de un bello jardín y con una hermosa puerta principal de madera tallada y cristales de colores.

- Pero… que bonito palacete.

- No es un palacete Clef, es una casa.

- ¡¿Esto una casa?! –dijo sorprendido.

- Si, de las llamadas mansiones, casas enormes y elegantes, pero tipificadas como casas, los palacios aquí son mucho más grandes y los palacetes son distintos que esto.

- Caray, los de mundo místico le dieron un nuevo significado a la palabra lujo… Esto es una casa… ¡No me imagino los palacios!

- Sí –dijo Lucy –aquí no hay reyes ni princesas, bueno no en todos los países, pero, aquí puedes vivir tan lujosamente como tu trabajo e ingresos te lo permita, no necesitas un título nobiliario, puedes vivir una vida de princesa si te la puedes costear y el mismo dinero te da prestigio ante la sociedad, no necesitas ser de familia noble o reconocida, aunque las familias nobles y reconocidas también existen aquí y los Hououji, la familia de Anais, era una de las más reconocidas de Tokio.

- Esta… -dijo Marina tomando un barrote con tristeza –era su casa. Aquí se crio Anais, era su hogar, y le fue arrancado…

Clef entonces se acercó sorprendido al cancel de forja y tomando sus barrotes puso más atención en la propiedad. Ese palacio había sido el hogar de su niña… Ese palacete sí estaba a la altura de una dignísima guerrera mágica, no esa pequeña casa donde había ido a parar. ¿Y que había dicho Lucy? ¿que la familia de Anais era una familia reconocida? Claro, hacia bastante sentido con el refinamiento natural de su guerrera del viento.

¿Por qué una mujer tan noble como lo era una dignísima guerrera mágica tenía que estar pasando tantas privaciones, si desde su cuna pertenecía a la realeza de su propio mundo?

- Está un poco descuidada, el jardín lucia mejor y los exteriores también. Ese miserable de Uehara ni siquiera se ocupa de ella, sólo se las quitó por vengarse –a Marina le hervía la sangre y le encantaría poder clavarle veinte puñales a Seizo y a su padre. Si sólo no fuera delito el asesinato…

- Es una propiedad hermosa.

- ¿Quieres entrar? -le propuso Marina.

- ¿Marina estás loca? Allanar una casa es delito ¿quieres que nos lleven a la cárcel, y a Clef con nosotras?

- Mientras no nos atrapen no hay delito que perseguir.

Clef miraba de una a la otra sin saber qué hacer.

- Y no veo a nadie por la calle.

- Pero están los vecinos chismosos. Llamarán a la policía.

Marina atisbo las ventanas de las casa contiguas –yo no veo a nadie así que… tomando vuelo se saltó con agilidad el cancel de forja que no era muy alto y se escondido de inmediato tras la barda que rodeaba la propiedad- Luego sacó la cabeza para susurrar -¡vamos es su turno!

- Estás loca de remate.

- ¿Yo soy la loca? ¿Quién fue la que se saltó los señalamientos de Aokigahara y descubrió el portal a Céfiro sin importarle lo peligroso que era?

La pelirroja sólo gruño, Marina le había dejado sin defensa.

- Pero… pero aquí nos pueden arrestar –rebatió.

- Y allá pudimos haber muerto atrapadas en alguna caverna. Lucy amiga, tienes que ordenar tus prioridades.

- Diablos, odio cuando tienes razón –dijo molesta.

- ¿Entonces, saltan?

- Pues ya que estás adentro –le dijo lanzándole una mirada de reproche a lo que Marina sólo se rio.

Lucy saltó y luego de cerciorarse que nadie más veía pidieron a Clef hacer lo mismo de prisa. El mago obedeció aunque se quedó a la mitad y las chicas lo ayudaron a cruzar. Nunca le había costado tanto un salto ¿se estaba poniendo en serio viejo?

Luego los tres estuvieron ocultos por la barda.

- Bien hecho, ahora somos criminales profesionales.

- ¡¿Qué?!

- No le hagas caso Clef. Lucy, tómalo como una exploración urbana.

- Claaaaaro, sin exploración y sin cámara.

- Exploración sí habrá y si te consuela, filma con tu teléfono –Lucy volvió a gruñir y Marina se rió comenzando a guiar a sus compañeros por lugares del jardín que los ayudaban a esconderse hasta llegar a la parte trasera donde protegidos por la enorme casa, buscaron por donde entrar.

Buscaron hasta que Lucy encontró una ventana mal cerrada y forzándola un poco lograron abrirla y entrar por la cocina, la cual debido al mal cierre de la ventana estaba cubierta de capas grises de polvo, pero aun lucia muy elegante.

- Bueno Clef, te presento una cocina de mundo místico.

El lugar era espacioso y tenía un montón de cosas que Clef no reconoció de una cocina pero se puso a explorar guiado por las chicas que les explicaban el funcionamiento de todo y respondían cada pregunta del hechicero.

Luego de un rato curioseando salieron al recibidor principal donde un amplio espacio con pisos de mármol blanco les daban la bien venida y justo al frente la imponente escalera principal se mostraba orgullosa.

- Vaya que la tienen descuidada, mira como hay de polvo por aquí. –decía a ojiazul muy molesta.

Clef casi no escuchaba a Marina, estaba impresionado con los materiales, las formas, la gran escalera, el bellísimo candelabro del cristal al centro de la estancia. El lugar conectaba a otras áreas a la que las chicas lo fueron llevando descubriendo la gran sala, con todos los muebles envueltos en sábanas blancas. Lucy y Marina descubrieron algunos para que Clef pudiera admirar los lujosos sillones y el finísimo reloj de péndulo que ya no marcaba ninguna hora, le mostraron las vitrinas que aún conservaban algunos objetos hermosos dentro, cosas que el ladrón de Uehara no se había llevado, quizá porque siendo suya la propiedad no vio necesario el saquearla del todo.

Recorrieron todo el primer piso y luego fueron a los pisos superiores, Clef se maravillaba habitación tras habitación. Esto sería en Céfiro la casa de un noble de alto rango. Las chicas dejaron para el final la cereza del pastel, la habitación de Anais.

La gran cama, aun tendida con elegantes colchas que se cubrían de una fina capa de polvo, los muebles de buen gusto, el tocador con su hermosa luna. El baño con jacuzzy y llaves doradas, con ese hermoso ventanal ovalado que daba una preciosa vista del jardín. Luego el balcón, con un huevo enorme que colgaba del techo y estaba acojinado en su interior que también tenía una hermosa vista del jardín.

- No es un huevo Clef, es un sillón colgante, ¡Y mira! Un libro –Marina se acercó para tomarlo y notó que estaba muy maltratado por estar a la intemperie, casi no se veía su portada. Tenía un separador, lo abrió en la página y reconoció el texo, era u no de los favoritos de Anais…- Vaya -se dijo con ironía y molestia mirando el libro -ese malnacido, no les dio tiempo a nada cuando los echó. Este era uno de los libros favoritos de Anais –dijo mirando a Clef con tristeza –ella jamás lo hubiera dejado a la intemperie.

Clef bajó la mirada y sintió rabia. Cómo habían podido hacerle algo así a su niña, a la que le debía la vida propia, la de su planeta y su gente. Cómo arrancarla de forma tan inclemente de lo que por derecho le pertenecía.

Su Anais era una princesa ¿Por qué tenía que estar viviendo como una campesina?

Lucy parecía estar escuchando algo y salió corriendo sin decir nada.

- ¿Qué ocurre? –preguntó Clef a Marina.

- No lo sé -le dijo desconcertada- quizá… ¿quería… aprovechar el baño?

Ambos se miraron expectantes y entraron a la habitación cerrando bien las puertas de madera y cristal del balcón para evitarle daños a la propiedad por un descuido.

Iban a buscar a Lucy cuando esta llegó corriendo.

- Chicos, tenemos problemas. Una patrulla se estacionó delante de la casa y están buscando como entrar, creo que alguien sí nos vio merodeando la casa.

- ¡Malditos vecinos chismosos! ¡Clef corre, síguenos!

Ambos bajaron con prisa la escalera y se agacharon hasta llegar a la cocina para que los oficiales no los vieran por algunas de las ventanas que estaban faltas de cortinas. Salieron por la ventana y Marina atisbó por una de las esquinas de la casa.

- ¡Maldición están intentando brincarse la reja! ¿Qué hacemos?... –entonces Marina divisó al centro del jardín, pegado a la barda, al Gran Buda de la prosperidad tallado en piedra que tenía años vigilando el jardín de los Hououji y no dudó –hacia allá, subiremos por el buda y saltaremos la barda.

- ¡Y caeremos en la casa del otro vecino Marina!

- ¿Ya lo olvidaste Lucy? Ahí vivían unos rusos ricos que sólo venían una temporada al año, la casa solía estar vacía en esta época.

- ¿Y si ya la vendieron?

- Pues… mala suerte. ¡Ahora suban, no tenemos tiempo!

Rápidamente treparon por el buda y saltaron cayendo en el jardín de la otra casa justo a tiempo pues apenas segundos de estar todos tras la otra barda, oyeron voces acercándose a la parte trasera de la antigua casa de los Hououji.

- Fiu… justo a tiempo.

- Sí ahora sólo espero que esta casa esté vacía.

- Pues, salgamos lo más pronto posible.

Con agilidad rodearon el perímetro del jardín y dieron con el portón que daba a la calle cerrado con candado.

- Bueno esto confirma que la casa está sola, nadie le pondría un candado de este tamaño a la puerta principal si estuviera saliendo a diario –dijo sosteniendo el enorme y pesado candado negro. –Por cierto si esto está por dentro… ¡¿Cómo diablos hicieron para salir?!

- Supongo que por esa pequeña puerta de servició –dijo la pelirroja señalando a la pequeña puerta negra relegada a la esquina de la barda – Aunque la verdad ahora tenemos otro problema –dijo Lucy encontrando la casa muy silenciosa –la casa estará vacía, pero, sus bardas frontales son más altas que las de la casa de Anais y esto es un portón, no una reja. ¿Cómo salimos?

- Pues… busquemos algo en que subirnos. Rodearon la casa y encontraron el enorme bote de la basura vacío y lo tomaron como escalera. Aun con él no les fue fácil saltar esta barda, y al hacerlo, lo hicieron con tan mala pata, que justo cuando Lucy brincó de último, una patrulla que venía haciendo el rondín por aquel barrio elegante y les marcó el alto a lo que Marina simplemente dijo.

- ¡Corran!

Como conocían el barrio, las chicas guiaron ágilmente a Clef por las callejuelas donde no podía entrar la patrulla, hasta perder al policía que un poco pasado de peso, no quiso seguir persiguiendo a esos chiquillos que de seguro, concluyó, no eran ladrones, sino los hijos locos de los habitantes de la casa que se salían sin permiso a alguna fiesta.

- ¡Jóvenes rebeldes! ¡Son un dolor de cabeza! -Se dijo sacudiendo las manos y volviendo con paso pesado a su patrulla.

Escondidos en un rincón del elegante barrio los tres reían y tomaban aire recargados en la pared y en sus rodillas.

- Vaya niñas… -dijo Clef, casi sin aliento pero con una gran sonrisa –en que líos me meten….

- Bueno ya… tienes… algo nuevo que contar…. Jajaj-cof cof cof.

- Te andas ahogando Marina –dijo Lucy entre risas.

- Es que cof…. Me falta el aire… ah… estuvo divertido ¿no?

- Sí. -Asintió Clef sorprendiendo a las chicas que lo miraron como si fuera un ente raro y luego los tres rompieron a reír.

- Díganme chicas… la…. La policía… es… como… ¿la gendarmería de Céfiro?

- Sí… –dijo Lucy tomando más aire –exactamente…

- Vaya vaya, qué diría la gente si… se enteraran que el Gurú Supremo, se estaba escapando de unos gendarmes jajajaja- Clef comenzó a reír contagiando a las chicas por su jocoso comentario.

- Bueno –le dijo Marina –por nosotros no lo sabrán, te guardaremos el secreto -dijo guiñándole un ojo.

- Oh Clef, ahora te conocemos un oscuro secreto –bromeó Lucy –ahora te estaremos chantajeando por toda la eternidad.

Los tres volvieron a reír y Clef, se sintió joven otra vez. Hacia cientos de años que había olvidado cómo se sentía.

Tenía la apariencia de un joven, pero él, ya se sentía como un viejo, que no tiene aspiraciones, emociones, ni sentido de la aventura por la vida, sólo responsabilidades y una soberbia madures que a veces pesaba bastante. ¿Cuántos cientos de años hacia que no hacía locuras? Ni siquiera lo recordaba.

Justo en ese momento no sintió ser el jefe gurú supremo con cientos de años de sabiduría ancestral, junto a tres guerreras de leyenda. Sólo, se sintió un joven que paseaba haciendo locuras con dos de sus mejores amigas. Que bien se sentía eso… era como comenzar a vivir otra vez.

Barrio de San'ya, los suburbios más pobres de Tokio…

Había alcanzado a su madre justo a tiempo para ayudarla aunque fuera la mitad del camino con la gran bolsa. Habían llegado a casa y mientras su madre descansaba acostada sus cansados pies, ella preparaba la merienda, riendo con amargura de cuando en cuando al pensar que la sopa quedaría muy salada, pues sin poderlo evitar, varias lagrimas habían caído sobre el caldo.

No era de buena suerte ofrecer a la familia una comida preparada con lágrimas, pero no estaban en condiciones de tirarla y hacer una nueva… Ante ese sólo pensamiento su desesperación creció más y tomando un puñado de servilletas de cocina se fue a un rincón de esta y ahogó sus llantos en ellas, tratando de hacer el menor ruido posible.

No podía, ya no podía con todo esto, la pobreza de su familia, el matrimonio forzado de Paris, el saber que Seizo había arruinado su vida en todos los sentidos y aun así, ahora él era la victima de la historia.

Que injusta era la vida, que injusto el mundo con la mujer…


Bosques de Céfiro…

A trote lento Ascot había alcanzado el lugar donde se encontraba Paris. Lo encontró con la ropa enterregada, mojada y con algunas hojas pegadas, acariciando con ternura la crin de su animal que pastaba.

- ¿Y esté? ¿Ahora se pelea con los elementos? Nada está a salvo a su lado –dijo para sí recordando el incidente de las cortinas. Desmontó su caballo y se acercó al lugar donde estaba Paris.

- Hey… -dijo suavemente para llamar su atención - ¿Todo bien?

Paris al escucharlo se sorprendió pues se pensaba sólo y al ver a Ascot acercarse sólo bajó la cabeza y asintió en silencio.

- Bien… sí… -Ascot notó entonces los raspones de tierra en el caballo y fue fácil adivinar el accidente. – Paris ¿estás bien? Es decir ¿te hiciste daño?

Paris se sorprendió por la pregunta con obvia intención y luego supuso que su aspecto era suficiente para suponer que se había caído del caballo.

- Yo… sí… una… una rama en el camino, pero todo bien. –dijo un poco serio pues como hombre le costaba bajar su orgullo y coraje, a pesar de saber que las intenciones de Ascot eran las mejores. La prueba es que estaba ahí, después de lo grosero que se había portado.

Ascot miró hacia atrás y no encontró la dichosa rama, pues él había llegado por el mismo lugar.

- ¿Sí? Que… suerte tuve. Supongo que la hiciste salir volando.

- Eh, sí, supongo.

Ambos permanecieron en silencio un rato.

- Seguro te molestaré con esto pero ¿de verdad, no te hiciste daño?

- Lo dices como si hubiera sido la gran cosa. Ya te dije que fue una caída sin importancia.

- Oh, de acuerdo. –dijo el castaño siguiendo la corriente del peliverde para evitar exaltar al ya trastornado príncipe.

- ¡Esta bien sí! ¡No fue una rama –Paris estalló ante su propia presión –me caí por imbécil, casi reviento a mi caballo y ambos rodamos hasta aquí! ¡Contento!

- Paris, tranquilo. Yo no decía nada… pero ya que lo confiesas, dime ¿estás herido?–dijo acercándose pero Paris puso sus manos al frente para evitar que lo hiciera.

- ¡YA TE DIJE QUE ESTOY BIEN… MALDICION!

- Si quieres estar solo, sólo dímelo, no hay necesidad de ser tan grosero. Pero la culpa no es tuya, es mía por seguirte –Ascot dio la vuelta para ir a su caballo y cuando casi alcanzaba la montura de su caballo una mano lo detuvo por el hombro.

- Tienes razón… perdón… no tienes la culpa de mi maldito mal carácter… perdóname.

- Paris –Ascot se giró -… aunque somos hombres, si quieres llorar, no voy a juzgarte… -le dijo con una cariñosa sonrisa.

Paris sonrió bajando la cabeza y luego abrazó a su mejor amigo dejando salir todo lo que llevaba dentro.


Tokyo, San'ya…

No era el único deshecho en lágrimas perseguido por sus propios fantasmas.

Luego de la merienda Anais se había encerrado en su cuarto y se la había pasado llorando. Para su suerte Lulu se había quedado viendo la minitele con sus papás en la sala.

Cuando creyó que todo se solucionaba para ella, fueron sus propios miedos, sus propios fantasmas quienes la atacaron de forma traicionera.

¿Cómo ofrecer su mano a Paris en matrimonio? ¿Qué iba a ofrecerle? Ya no era una mujer pura, ya ni siquiera le quedaba su apellido para apoyarse en su orgullo como la mayoría de los japoneses.

Una de las sociedades más cerradas y opresivas del mundo, especialmente entre la clase alta.

Una mujer DEBIA ser pura en toda la extensión de la palabra. El apellido de abolengo NO DEBIA caer en desgracia jamás.

HOKORI WO MOTTE - Mantén tu orgullo, cada japonés era grabado con esa frase como con un hierro candente que les traspasaba hasta el alma. Y ella ya no lo tenía, por lo que le habían enseñado, ella ahora, no valía nada.

En Japón el honor y el orgullo eran los valores más altos, aún más que la vida misma, por eso cuando se perdía alguno de ellos, se creía preferible la muerte pues la vida sin estos valores carecía de total significado. Y esa filosofía de vida, era la principal razón de tanto suicidio en aquel país de moderna infraestructura pero arcaica mentalidad.

Una gran ironía de la vida, el país más moderno del mundo, era el más arcaico de pensamiento…

Y ella, ya no era pura. No lo que le habían enseñado que eso significaba en una mujer. Sobre todo en una señorita respetable de clase alta, las plebeyas se podían dar el lujo de cometer ciertos errores, las de clase alta, no.

Ahora ni siquiera podría ofrecer a Paris el provenir de una familia respetable. Y él no era cualquier campesino, era el futuro Rey de todo un planeta, se merecía algo mejor… Que él la siguiera amando tanto como ella a él, ahora le parecía totalmente irrelevante.

Céfiro era casi un mundo medieval, sin dudar la virginidad, la pureza de la mujer tenía el valor más alto de todos.

¿Se casaban ellas de blanco? ¿Qué significaba para ellos ese color?. Seizo la había tocado, si bien no había consumado la violación, había recorrido su cuerpo, ese cuerpo que se había cuidado desde su infancia por sus padres como una figura del cristal más delicado, encerrado en una vitrina para que ni el polvo lo ensuciara. Y ahora estaba manchado, revolcado por el lodo. En todos los sentidos, pues su reputación había sido tan vapuleada, que no creía que quedara una sola alma en todo Japón, que no estuviera segura que la virginidad de Anais Hououji, era historia pasada.

En occidente esto no tendría tal importancia, pero en Japón, su sociedad se había encargado de hacerla sentir una basura, una vil ramera, la cualquiera que se arrastraba por el lodo para que todos la pisotearán.

Y claro el hombre, el apreciado varón, lo más valioso de cada familia, no tenía ni mancha ni culpa, pues por mandato divino no era él quien cargaba con el honor de la familia, sino la mujer, y si esta lo manchaba se merecía el peor de los castigos, el peor de los tratos.

En cuestiones sexuales, el hombre siempre tendría la razón, y la mujer la culpa.

Así se había criado, así era Japón, era lo único que conocía. ¿Cómo no temer… a atreverse a amar luego de no tener nada que ofrecer a su hombre?

La sociedad hacia a la mujer olvidar que era más que una membrana, más que un cuerpo intacto, más que una reputación intachable. Y Anais sufría de esa amnesia impuesta.

Por eso lo había negado, por eso le había dicho a gurú Clef que no amaba a Paris, y que no los ayudaría.

¿Con qué cara se iba a presentar en Céfiro? ¿Cómo juzgar a Saudra por locura? ¿Quién era ella?

Y si aunque solo fuera para salvar a Paris de ese matrimonio. ¿Cómo verlo libre para sólo decirle adiós de nuevo? No tenía las fuerzas, no las tenía. Hacía tiempo que había perdido su rumbo, su propio valor y su fuerza para pelear. Aquella tarde en Céfiro, al saber que Paris se casaba había sido su golpe de gracia para hacerla caer en ese pozo sin fondo. Su mente y su alma estaban heridas, necesitaba atención y cuidado profesional, una atención que sabía en Japón jamás tendría.

Anais necesitaba ayuda y amor, y se lo estaba negando a sí misma.

Calles de Tokio, 8:45 pm…

Se suponía que devolvieran a Clef de inmediato, pero fue una frase que salió de la boca del hechicero sin pensar, lo que incitó a Marina a invitarlo a conocer su ciudad.

El "joven" hechicero estaba alucinando, casi como si le hubieran dado LSD y es que Tokio y de noche era un lugar simplemente estroboscópico alucinante y bastante rampante para una mente medieval.

Él ni idea tenía del concepto de Plaza Comercial. Para él una plaza era un lugar donde se juntaban los puestos del mercadillo del pueblo. También era el lugar donde se realizaban eventos importantes como festivales tradicionales o el año nuevo.

Pero esto era un concepto totalmente diferente. No eran puestecillos hechos de palos mesas y lonas, los de aquí eran locales completos, hechos de roca pulida, llenos de ropa, accesorios, cosas para el hogar, electrónicos, video juegos, lugares para algo llamado "frikies" todo lo de ahí bastante llamativo, y lugares donde comer las cosas con la pinta más llamativa que hubiera visto jamás, y además solía componerse de más de tres pisos, algunos alcanzaban los nueve y los diez pisos.

¿Pero qué vorágine de locura y luz era todo aquello?

Con razón sus guerreras eran tan osadas y arrojadas en batalla, vivían en un mundo loco, por eso estaban tan locas y dispuestas a hacer, muchas cosas de las que la mayoría de gente en Céfiro se pensaría más de diez veces hacer.

Entre la música de K-pop y J-pop sonando a todo lo que las bocinas podían prodigar en distintos locales llenos de luz y colorido. Y los vibrantes videos que se podían ver en las enormes pantallas del Shibuya Cross, la noche parecía tan brillante como el día. Y hablando del Shibuya Cross, vaya lugar peligroso. Que si sus guerreras no lo agarran, la multitud lo arrastra.

Nunca había visto a tanta gente reunida, ni siquiera en los festivales de la capital. ¡¿Pues cuanta gente vivía en mundo místico?!

En Céfiro serian a lo mucho unos seis millones de personas. Pero podía jurar que en mundo místico había el doble.

- Disculpen chicas, tengo una pregunta, ¿de casualidad saben cuántas personas viven aquí?

- ¿Te refieres a la ciudad o al país?... O ¿Al planeta?

- …. –al parecer su pregunta iba a sorprenderlo más de lo que esperaba -¿Saben la cifra de… las tres cosas?

- Sí –respondió Marina. – En la ciudad de Tokio somos una población aproximada de 9.262.046 personas.

-¡¿Qué, sólo en esta ciudad?!

- Sí. En todo Japón, nuestro país, hay un total de 126.529.100 personas habitantes.

- ¡126.529.100 personas¡

- Sí. Y en el planeta somos… ahora te digo… -Marina sacó su Smartphone e hizo la consulta en google, entonces respondió –en el Planeta somos 7625 millones de habitantes.

- ¡7625 millones de personas! ¡¿Pues qué tamaño tiene su planeta?!

- Eso también te lo puedo responder, dame un segundó –volvió a consultar en google y dio está avasallante información – Según esto tenemos un radio de 6,371 km. Y son…. 12,742 km de diámetro.

- ¡No es posible!

- Pero no miento.

- Es… es… ¡Eso es un monstruo de planeta?! –dijo el hombre rebasado por su asombro.

- Oye yo nunca he dicho nada grosero sobre Céfiro.

- Oh, una disculpa por favor mis guerreras, no pretendía ofender su planeta madre –dijo haciendo una reverencia con cara de angustia.

- No te lo tomes tan enserio Marina estaba jugando.

- Así es Clef.

- Pero fui descortés, el planeta es algo muy importante, lo sé, casi sagrado para sus habitantes, ruego disculpen mi impertinencia.

Lucy y Marina se miraron alzando las cejas. Al parecer en Céfiro se profesaba un respeto absoluto por el paneta, no había patriotismo sino, "planetismo". Si Clef supiera lo poco que los humanos en realidad valoraban a la Tierra….

- …Es que no puedo digerir la información… -volvió a hablar ahora con más tiento en su selección de palabras. - Este planeta es casi setenta veces más grande que Farem, el planeta más grande que de nuestro sistema solar. Debe ser una esfera de enormes proporciones… o… ¿es una tierra palana?

- No, es redonda. ¿Cefiro también no?

- Su atmosfera es una esfera Marina, pero se podría decir que Cefiro sólo es un enorme pedazo de roca plana flotando dentro.

- ¡¿No es redondo tu planeta?!

- No, sólo su atmosfera, que mantiene la gravedad y el agua en su sitio, es la encargada de devolver al centro el agua que se desborda por los límites de los Mares.

- ¡No lo sabía! – dijo Lucy con gran sorpresa -¡Que sorprendente siempre creí que era un planeta redondo. ¡Cuando caímos desde el cielo nos dio esa impresión! No llegué a ver la caída de los mares…

- Nuestros mares son muy extensos, pero tienen un límite mi niña. Quizá por su extensión no llegaste a notar su borde. O quizá por la sorpresa. Recuerden que su llegada a Cefiro no fue la más convencional de todas.

- En eso tienes razón, dejar caer a alguien a kilómetros desde el cielo es muy poco considerado. –se quejó Marina.

- Una disculpa por eso –les dijo con una sincera sonrisa.

- No hay problema.

- Vaya, su planeta debe ser el más grande de su sistema solar.

- No realmente, sólo es el quinto.

- ¿Qué?! ¡¿O sea que hay cosas más grandes?!

- Par comenzar nuestro sol. Luego Jupiter un gigante de gas de… espera –nuevamente busco en su teléfono y mostrando la imagen le dijo – de 139,820 km de diámetro.

- ¡Dios mio! ¿Cómo es que no han sufrido una invasión? O ¿La han sufrido? He de suponer que un planeta tan poderoso no debe ser muy amable.

- Al contrario, esta deshabitado, por sus condiciones no puede albergar vida, al menos no vida como la conocemos. –le aclaró Lucy.

- Estamos bastante en paz con nuestros vecinos, nuestro planeta no tiene problemas de invasión o guerras interplanetarias ni nada de eso. Más bien son los humanos de aquí mismo quienes se buscan guerras unos a otros. Política…

- ¿Y por qué pelean, si todos son parte de un mismo planeta?

- Pues algunos países no se llevan bien, otras veces es por los recursos naturales, etc.

- ¿Países? ¿Quieres decir que hay más de uno?

- Sí.

- ¿Pero por qué? Son un mismo planeta.

- Las cosas aquí son muy diferentes a Céfiro Clef.

- Caramba, este mundo no deja de sorprenderme.

Marina miraba su celular y hacia cálculos –mmm –se quejó –demasiado tarde.

- ¿Para qué?

- Según CityMaper, nos pasamos de la hora, por más que nos diéramos prisa a esta hora los trenes que van para Aoikigahara están fuera de servicio. Podríamos pedir un Uber, aunque saldría algo caro, pero creo que entre las dos podemos pagar el viaje de ida. Dime Clef, es muy indispensable que regreses a Céfiro, es decir esta noche. Porque podrías quedarte con nosotras.

- Ocurrió algo malo…

- No, sólo que el transporte que nos lleva al bosque a estas horas está cerrado, y pensándolo bien, aunque tomáramos un uber, cuando llegáramos el bosque estaría cerrado también. Aoikigahara no es nada seguro por la noche.

- ¿Por qué?

- Independientemente de los fantasmas de los suicidas – Clef puso cara de espanto –la Geografía del bosque es peligrosa. Por eso los senderos están claramente marcados con cuerdas y salirse es muy peligroso. Verás, el bosque tiene demasiado musgo, y bajo ese musgo hay muchas grietas naturales que pueden ir desde los cinco hasta los veinte metros de profundidad, y hay demasiados árboles que te confunden en el camino y tapan l sol, por eso lo llaman "mar de árboles", y cuando alguien cae en una de esas grietas es muy difícil encontrarlo, incluso el rescate del cadáver puede tomar meses. Es un lugar hermoso pero peligroso.

- Vaya… se veía tan lindo en la mañana.

- Así se ve siempre, pero no quieres verlo de noche te lo aseguro. Y lo que dije sobre los fantasmas no es juego, hay mucho Ayakashi por la noche, sobretodo Yureis.

- ¿Yureis?

- Almas en pena furiosas, son muy agresivas porque tuvieron un final trágico. Y eso sin contar los animales endémicos, muchos son de uña, es decir cazadores, depredadores, salen por la noche a cazar y si ven un humano en su camino no se lo piensan, para ellos sólo somos bocadillos como cualquier otro animal.

- ¿Y hay monstruos también?

- No, solo fantasmas y animales, por eso está prohibido el paso en la noche, por eso y el peligro de la geografía natural del bosque. Me temo que tendrás que pasar la noche aquí. Espero que no extrañen mucho al gran gurú.

- Lo siento Clef pero Marina tiene razón, incluso si fuéramos y traspasáramos la entrada, sí es muy peligroso entrar al bosque a estas horas. Espero de verdad que no te estemos causando un problema pero tendrás que pasar la noche en mundo místico.

- Una disculpa -dijo Marina –se me fue el tiempo enseñándote el lugar y no me puse a pensar que debías volver pronto a casa.

- No te disculpes, fue un día maravilloso –confesó con una radiante sonrisa -¿Saben chicas? Tenía un siglo sin sorprenderme tanto, hasta me preguntaba si había perdido mi capacidad de sorprenderme, pero este viaje, la ha hecho renacer de nuevo.

- Me alegro –dijeron al unísono sin proponérselo.

- Entonces te quedarás con nosotras.

- ¿En casa de sus padres?

- No, en nuestra casa.

- ¿Tienen una casa aparte?

- Sí.

- Pero si son muy jóvenes y no se han casado.

- Clef, aquí la mujer es muy independiente. Todos somos independientes, no necesitas casarte para dejar la casa de tus padres. Sólo necesitas un empleo para mantenerte y la madures suficiente para hacerte responsable de tu vida.

- Lo dicho, este mundo está lleno de sorpresas y novedades.

- Hoy dormirás con nosotras, en nuestro departamento. No es muy grande pero sí cabemos los tres.

- ¿Viven solas ahí?

- Sí.

- Entonces no puedo hacerlo –dijo muy estoico.

- ¿Por qué? –preguntaron contrariadas.

- Jamás pondría en entredicho la honorabilidad de mis guerreras.

Ambas rieron un poco sin malicia y explicaron.

- Clef no te preocupes, aquí las cosa no son así, un par de jóvenes pueden invitar a su amigo a pasar la noche con ellas sin que se piense mal, sobre todo si tiene cara de extranjero como tú. Lo más que llegarán a pensar es que te estamos ahorrando el hotel que en Tokio suelen ser muy caros.

- ¿Están seguras? ¿No me lo dicen sólo para que me sienta bien?

- Te lo aseguro ve a tu alrededor ¡Crees que esos chicos y chicas que van juntos por la calle son todos parejas?. No, algunos lo son y otros son sólo amigos. Es común que las chicas jóvenes salgan a pasear con sus amigos varones sin necesidad de un acompañante tutor.

Clef vio a su alrededor y notó lo que decían sus chicas, nadie parecía ver mal la interacción entre los sexos, al contrario parecía cosa natural.

- Pero aun así.

- Aun así nada, estás atrapado. Te ofrecería pagarte un cuarto de hotel pero la verdad dejarte sólito a tu suerte una noche en Tokio sería muy cruel de mi parte. Así que vienes con nosotras.

Las jóvenes tomaron otro taxi y se dirigieron a casa.

Al llegar Clef se sorprendió con el lugar, despues de ver la mansión Hououji, este departamento le pareció demasiado pequeño para sus Guerreras aunque estaba en mucho mejores condiciones que la casa actual de Anais.

Para los estándares de Tokio en realidad era un departamento de mediano tamaño. Bastante cómodo para dos chicas. Hasta se podría decir que amplio. Pese a la superficie cuadrada que ocupaba, estaba tan bien diseñado que sus espacios se veían amplios, aunado a la austera forma japonesa de amueblar y los muebles inteligentes. Y además era el último piso de los cuatro que la torre poseía. El departamento se componía de un pequeño genkan, una sala de estar amplia que al recorrer el modesto silloncito se podía usar como dormitorio para invitados con unos futones, un comedorcito, una bonita cocina limpia y bien iluminada, un baño completo y dos recamaras con un pequeño closet.

- ¿Aquí viven las dos?

- Sí –respondieron.

- Y ¿está bien que dos chicas tan jóvenes vivan solas? ¿No es peligroso?

- No, te aseguro que es muy seguro, además, lo que la mayoría de jóvenes de nuestra edad desean sean hombres o mujeres es contar con esto, su propia vivienda, su independencia.

- Cielos, esto es muy nuevo para mí. En Céfiro generalmente la mujer y el hombre no abandonan el hogar de sus padres hasta que se casan.

- Que medieval. –dijo Marina sacando unos platos y unos vasos de la alacena.

- ¿Qué es medieval?

- Ah… fue un periodo de tiempo de nuestro mundo, hace cientos de años. Las costumbres eran otras –se apresuró Lucy a responder antes que Marina diera una de sus francas respuestas.

- ¿Es… es todo el lugar?

- ¿Cómo?

- Es que pareciera que fuera una sola casa pero sobre otra. ¿O hay más aquí?

- Oh no, esto es lo que se conoce como un piso o apartamento. Son, casas hacia arriba.

- ¿Hacia arriba?

- Sí, una casa sobre otra.

- ¡¿Una casa sobre otra?! ¡¿Y no se vienen encima?!

- ¡Claro que no! Están construidas para soportar el peso -Dijo Marina entre risas desde la cocina -¡Lu ayúdame con esto!...

Lu le dijo a Clef que podía sentarse en el sillón mientras ellas acomodaban las cosas para cenar y fue a la cocina con Marina

-Espero que a Clef le caiga la comida nuestro mundo –dijo Marina con preocupación viendo en el refrigerador los congelados. Lucy llegó a su lado y se asomó también.

- Si la comida de Céfiro no nos ha hecho daño dudo que le haga daño a él la nuestra.

- Lu –dijo en un susurro – la comida de Céfiro es completamente orgánica, no tiene conservadores y te aseguro que esa sopa de ave que nos dieron hace tres días estaba tan pero tan fresca que esa ave murió esa mañana. Pero esto –dijo señalando con desesperación las bolsas de pollo y pescados congelados y pre cocidos, listos para la cazuela y microondas –Este pescado tiene por lo menos dos meses muerto, y el pollo teriyaki debe andar en las mismas condiciones. Nuestra comida tiene muchos conservadores, y varios de ellos están en la tabla periódica de venenos, sólo que los terrestres nos hemos acostumbrado a ellos con el paso de los años y no nos matan tan rápido… Pero a Clef…

- Oye… ya me dio miedo hacerle de comer algo de esto.

- Oye… ¿y si pedimos comida del puesto de Tatake-san?. No creo que le caiga mal un udon de camarón y al menos sabemos que él si va todos los días a comprar sus camarones al mercado del mar. Él camarón está tan fresco que se lo venden aún vivo.

- ¿Pero mariscos Marina? Algunas personas de nuestro mundo son alérgicas a ellos…

- mmm… Bueno uno de res.

- Puede ser.

- Le llamaré… -la joven tomó su celular y buscó en sus contactos. Ya marcaba cuando preguntó a Lucy - ¿Tú quieres algo?

- Yo sí quiero uno de camarón.

- Ok… ¿Hola? –el ayudante respondió al teléfono -¿Nori-san, me podría traer un pedido? Soy Marina la del shiroke. Sí… sí, quiero hacer un pedido de…

Mientras Marina hacia el pedido Lucy se acercó a Clef quien se asomaba por la ventana.

- ¿Te gusta la vista? Aunque no hay mucho que ver… las casas y bueno aquellos rascacielos iluminados a lo lejos.

- Sólo me sorprende.

- ¿El qué?

- Pues todo, estoy de noche aquí, en mundo místico… La vista…es tan distinta a la de Céfiro, hasta el aire, los aromas, todo es un mar de nuevas sensaciones para mí…

- ¿Traumática? –le dijo riendo.

- Casi -respondió con una sonrisita. –Pero es bueno. Me sorprende, la cantidad infinita de casas… aquellos enormes… -dijo apuntando a los edificios a la lejanía que resaltaban por sus luces y su altura -son castillos o…?

- Son rascacielos. Edificios muy altos. Y no son castillos, generalmente son oficinas de empresas, aunque algunos como ese de allá, el que brilla con luces azules, es un complejo apartamental muy lujoso. Sus departamentos son cuatro veces más grandes que este.

- Nunca había visto casas construidas hacia arriba. ¡Eso es muy nuevo para mí!

- Pero el castillo de Cefiro es una torre hacia arriba.

- Pero tiene muchas habitaciones en un solo piso. Esto de tener una casa completa e individual sobre otra, es algo que jamás se me hubiera ocurrido.

- En Autosam hay cosas similares, Águila me enseño unas "fotos" de su mundo cuando estuve en su nave.

- Oh, es que yo jamás he estado en Autosam, Latis es nuestro canciller así que él conoce los estilos de los otros planetas, yo no sé mucho sobre la arquitectura de Autosam, más que nada me interesa la política y los términos de paz que mantenemos.

- Ya veo.

- Listo -dijo Marina acercándose a los dos. –La comida viene en camino.

- ¿Viene en camino?

- Sí aquí hay algo que se llama "comida a domicilio" pides algo a un restaurant y lo llevaban a tu casa.

- ¿Restaran?

- Restaurant. Un negocio que se dedica a vender comida.

- Oh. Lo siento chicas debe ser cansado darme explicaciones sobre cualquier cosa todo el día. Yo apenas si les di algunas instrucciones y se las arreglaron completamente solas en Céfiro. Una disculpa por mi ineficiencia.

- Clef ya lo habíamos hablado, hiciste lo que pudiste.

- Creo que debí hacer más.

- El deber y el poder son muy diferentes. Ya olvida eso. Mejor ven, con el trajín de todo el día no pudimos hablar. Siéntate y cuéntanos ¿qué más te dijo Anais?


Y aquí está otro episodio, la pandemia FAKEE, nos tiene a todos en casa y bueno pude actualizar como ya lo dije por respeto a mis lectoras pero en cuento este fic se acabe me retiro de Rayearth. T-T Tantos años por aquí… pero bueno la vida avanza… ¡Y los clásicos shojo se olvidan! T-T. Princesa Ana, Lulu Hououji, Maru-cha, Luna Yuzurika, Tsukihime, Kuu de Cefiro, es por ustedes que sigo en esta sección y voy a terminar el fic ya que me estoy retirando de fanfiction por un tiempo.