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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Uchikake

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Imposible…. Es una palabra que desconozco.

Mientras tanto en la casita Hououji…

Anais había alegado estar muy cansada y se había metido a su cuarto. Su familia cenaba y mientras tanto ella en el silencio aferrada a su almohada lloraba, quería gritar pero aunque metiera la cabeza en su almohada la casucha era tan pequeña que la escucharían. Estaba harta de todo, estaba confundida, herida, y no podía más. Quería olvidar todo, todo. Quería dormir, dormir y olvidar.

Como desde aquel evento le costaba mucho dormir, le habían recetado unos somníferos con ansiolítico bastante fuertes. Quería dormir, dormir mucho, mucho sin tener pesadillas.

Entonces se levantó a prisa y sacó del cajón la caja de somníferos, pero en lugar de tomar una píldora se tomó las dieciséis restantes. Se las pasó con ayuda de una jarra de agua que tenía en el buró. Sólo quería olvidar.

Una hora despues Lulu entró a la habitación. Llevaba un par de sushis y un vaso de agua de naranja, Anais según le había dicho su madre apenas si había olfateado su desayuno y por la tarde no había comido nada. Tenía días comiendo casi nada, y esto no podía seguir así. Al menos haría hasta lo imposible para que se comiera esa pequeña cena.

Encontró a Anais acostada en la cama en posición fetal, abrazada a una almohada.

- Ah… tendré que despertarla. Any –la llamó poniendo la comida en el buró y luego se sentó en la cama de su hermana y puso una mano en su hombro. –Any, despierta, tienes que cenar…. Any… vamos dormilona –la movió un poco pero no despertó –Any –dijo moviéndola un poco más fuerte –vamos, tienes que comer levántate.

Lulu puso una mano en su mejilla para tratar de despertarla acariciando su rostro con el pulgar pero nada más tocarla la notó muy fría.

- ¿Any? –tomó su rostro con ambas manos y la volteó de frente a ella -¡Anais! –le dio unos cuantos golpes con cuidado en la cara pero Anais no respondía. -¡¿Anais qué tienes?! ¡Despierta!

Lulu la tomó en brazos y la levantó un poco, acarició su cabello y la movía pero la rubia no respondía. Lulu se pegó a su pecho y le costó escuchar los latidos de su corazón. –No… ¡Mamá, Papá!

Ante los alterados gritos de su hija mayor los señores Hououji no tardaron en entrar a la habitación donde Lulu les informó que Anais no respondía. El Padre se fue sobre su hija menor para revisarla y tratar de hacerla reaccionar mientras Lulu llamaba una ambulancia, mientras lo hacía se movía inquieta de aquí para allá cuando pasó cerca del bote de basura, y entonces notó la caja de pastillas ahí.

No tenía sentido, ella misma le acababa de comprar esas pastillas hacia cuatro días, no podía habérselas acabado. La mujer al otro lado de la línea le pedía detalles del estado de su hermana para informar a los paramédicos que estaban por salir y Lulu se agachó a sacar la caja. Estaba vacía.

- ¿Qué hiciste?...

- ¡Señorita? ¡Señorita? ¡por favor responda ¿qué otros síntomas tiene?

- Creo –dijo entre lágrimas –creo que trató… de suicidarse.

- ¿Qué le hace pensar eso?

- Acabo de encontrar una caja de Adromin en su bote de basura. Se la acababa de comprar, debería estar casi llena pero está vacía.

- Adromin debe ser el nombre comercial, deme la formula por favor.

- Adrozilato de Opina de 2 miligramos.

- Bien –Lulu podía escuchar el teclado de la mujer que se afanaba por agregar la información. –La ambulancia va para allá debe llegar en un máximo de 15 minutos, estén pendiente por favor. Su número de reporte ese el 00242, cualquier cosa llame por favor y deme este número.

- Gracias.

En menos de 15 minutos una Ambulancia estacionaba por una calle en San'ya y los paramédicos bajaban corriendo calle abajo ya que las callecitas de San'ya no permitían el paso de vehículos grandes.

No tardaron mucho en dictaminar que la vida de la joven estaba en riesgo y se la llevaron en la ambulancia con su madre y Lulu. El padre conseguiría un taxi para llegar hasta el hospital.


A la mañana siguiente, muy temprano…

Despues de llevar a Clef a comer a un puesto tradicional donde probó por primera vez los ramen, las chicas junto con el mago se dirigieron a la estación del subterráneo que los llevaría a la estación de tren para llegar hasta el bosque de Aokigahara.

Una vez en el bosque, Clef recordó los relatos que le habían contado la noche anterior sobre los suicidas y sintió escalofríos, por la cantidad de que le habían hablado, al parecer mucha gente en mundo místico, sobre todo los jóvenes, tenían serios problemas, lo suficientemente serios como para escoger tan dramática salida.

Recordó entonces que su Anais parecía tener muchísimos problemas, y deseó que los suyos no fueran tan graves para que ella también optara por esa salida, especialmente teniendo este bosque tan cerca de su alcance. El sólo pensar que su niña se quitaría la vida le provocó una enorme tristeza y sacudió esos pensamientos de su cabeza, despues de todo Anais no era una mujer frívola, estaba seguro que el haber perdido ese enorme palacio llamado "mansión" y terminar viviendo es esa casa tan humilde, nos serían razón suficiente para que una chica inteligente se quitara la vida.

Pero no podía evitar preguntarse ¿qué tan grandes serían sus problemas? ¿Cómo podía ayudar? Mientras caminaba por el bosque, una punzada de preocupación no dejaba de azorar su pecho, y siempre revolvía alrededor de los suicidios que realizaban los jóvenes en este lugar.

"Debe ser que me impactó demasiado saber que mucha gente se suicida aquí, eso es todo. Anais está en casa con sus padres, no está en peligro de muerte Clef" se repetía mentalmente.

Como hechicero con un alto sentido extrasensorial desarrollado, jamás había dejado de atender sus presentimientos. Pero Mundo Místico lo confundía, todo era demasiado nuevo y causaba muchas impresiones en él, demasiadas, de forma tal que aquí no distinguía entre un presentimiento o una impresión impuesta por lo visto y lo escuchado. Incluso el campo magnético de la Tierra era muy diferente al de Cefiro y afectaba algunas de sus capacidades extrasensoriales, como las aves que pierden toda orientación cuando los polos magnéticos se ven afectados. Y la energía del bosque, no lo había notado la primera vez, quizá por el asombro mismo de estar pisando el misterioso Mundo Místico, pero ahora, podía sentir claramente un especie de energía muy pesada cubriendo todo el lugar, sin embargo, incapaz de definir las energías de este mundo, era incapaz de decir si su peso se debía a energía maligna o sólo a una sobrecarga de energía neutra en el lugar.

- Clef te ves algo perturbado ¿está todo bien?

- Sí… sí, sólo, creo que es este lugar, en cuanto vuelva a Céfiro estaré mejor.

- ¿Te sientes mal? –preguntó preocupada la pelirroja.

- No mis niñas, todo bien. Tranquilas.

- Bueno en ese caso no te apures ya casi llegamos dentro de poco estarás en casa. Ya me imagino la regañada que te van a poner. ¡El Gran Hechicero supremo no pasó la noche en casa! ¿¡Qué van a decir?! Imagínense si se enteran que durmió con dos chicas –dijo Marina haciendo un gran drama, dando a entender que la honorabilidad de Clef quedaba en duda.

- ¡Marina, no juegues con eso! ¡Respeta a Clef!

Pero Clef no sólo no se ofendió sino que venía riendo por los comentarios alocados de Marina.

- No te preocupes Lucy, no me ofendo. –estas locuras lograron distraerlo un rato, pero el mal presentimiento se quedó ahí en el fondo.


Tokio, hospital Takeda…

Cuando el doctor salió finalmente de nuevo los Hououji se apresuraron a ir con él.

- Por favor doctor dígame ¿cómo está mi hija?

- Fue una noche muy difícil señor Hououji, le practicamos un lavado de estómago y logramos estabilizarla, actualmente está fuera de peligro, pero está delicada, tendrá que pasar unos días aquí.

- Ah… Arigatou kamisama…-La señora Hououji suspiró y cubrió su rostro con sus manos mientras agradecía a los cielos pero casi se desmalla.

- ¡Querida!

- ¡Enfermeros, ayuden aquí! –pidió el doctor.

Al parecer la señora había sufrido una baja de presión, así que la llevaron a un cubículo para revisarla.

Todo para los Hououji estaba siendo una pesadilla ese día. Además Lulu recordó su cita en la embajada, si no la dejaban salir del hospital a tiempo Anais perdería su cita y tendrían que esperar otro mes más. No es que no compadeciera a su hermana, pero sabía lo mucho que Anais ansiaba escapar de este infierno, no quería que su hermana siguiera sufriendo, así que fue donde su doctor para saber en qué tanto les ayudaría un parte médico para tratar de acelerar la cita en caso que perdiera la que ya tenía.

Rato despues salía con una expresión de decepción.

El doctor le había dicho que con todo gusto le podía dar el parte pero que al ser un parte de intento de suicidio sólo conseguiría que rotundamente le negaran la visa. Y tenía razón.

- Kamisama… ¿Por qué nos haces esto?. Es una pesadilla. Primero lo que le paso aquí en Tokio, su vida arruinada, y ahora ¿también vas a arruinar su cita en la embajada?. ¡¿Es que acaso no la quieres en este planeta?! –le gritó furiosa mentalmente.

¿¡Que acaso Dios no quería dejarle ningún lugar a donde correr en este planeta?!. Decían que el cielo siempre sabía lo que era mejor para ti, pero ahora Lulu lo dudaba mucho.

Las chicas dejaron a Clef en el castillo y este fue de prisa a cambiarse y alistarse para sus labores diarias. Mientras, ellas se encontraron con Ascot y salieron a pasear un poco con él.

El chico que no sabía mentirles a ellas, y entre tanta insistencia de las jóvenes en querer saber si el amor de Paris por Anais estaba realmente muerto como el príncipe siempre aparentaba, terminaron por acorralarlo y hacerlo confesar. Vaya mujeres, sí que sabían imponerse cuando querían.

- Ese Paris y su estúpido orgullo masculino. –espetó Marina muy enojada. Los hombres podían llegar a ser unos soberanos tontos.

- Oh por favor no digan que hablé… me matará –la cara de Ascot era un poema escrito para la angustia, y las chicas tras aguantare la risa, prometieron no decir nada.

La jóvenes dijeron que tenían algo que hacer en casa y pidieron a Ascot que las despidiera de los otros y que volverían por la tarde.


Bosque de Aokigahara…

Nada más salir a una zona del bosque donde la zona no interfería con la recepción sus celulares comenzaron a timbrar y vibrar de forma exagerada.

- ¡Qué le pasa a este aparato? –se quejó Lucy al sentir el escándalo que se traía su celular dentro de su bolsa.

- Seguro son todos los mensajes que se acumularon en nuestra corta estadía en Céfiro y ahora que hay recepción llegan de golpe.

La joven ojiazul sacó sus celular con tranquilidad para ver qué tanta gente le había mandado mensaje pero se sorprendió de ver que todo era de una sola persona.

- ¿Luluxury…? ¿Qué Luluxury?

La banda negra tenía muchos mensajes bajo el nombre de una tal Luluxury y al abrir el Whats app el remitente marcaba un número desconocido para Marina.

Lucy por su parte ya había abierto los mensajes y leía, mientras su rostro se llenaba de angustia.

- ¿De quién es este número?

- ¡Marina, Anais trató de suicidarse!

- ¿¡Qué?!

- ¡Mira! –ambas vieron el celular de Lucy, tenían mucho mensajes de alguien que se hacía llamar Luluxury, en todos se notaba la desesperación y les pedía comunicarse con ella porque Anais había intentado suicidarse.

- Será una broma de mal gusto –dijo Marina sin podérselo creer.

- Luluxury… no será la hermana de Anais?

- N-no sé.

Lucy dio a llamar al número que marcaba el Whats app y pronto al otro lado de la línea una voz llorosa que reconocieron como la hermana de Anais les comunicó la triste noticia.

En el hospital…

Las chicas llegaron corriendo y se encontraron con una Lulu ojerosa y devastada en la sala de espera. Apenas verlas corrió a abrazarlas y se puso a llorar.

La madre de ambas estaba en un cubículo porque había tenido una baja de presión y Anais aunque fuera de peligro estaba delicada de salud. Lulu les dijo que llevaba desde la mañana tratando de comunicarse con ellas y ellas argumentaron que su celular se había quedado sin pila. Lulu les dijo que había sacado su número del celular de Anais y que pensó que por ser un número desconocido no le contestaban por eso les había enviado mensajes.

En Céfiro las llamadas perdidas nunca se registraban, pero nada más llegar a su mundo y detectar señal de internet, el celular enviaba toda la mensajería. Quizá Lulu había intentado llamar despues de las diez por eso no las había alcanzado.

Las jóvenes preguntaron si podían ayudar en algo pero Lulu dijo que con su presencia ya era suficiente.

Lucy y Marina, que habían vivido en el extranjero, estuvieron de acuerdo en que urgía sacar a Anais del país, necesitaba tratamientos psicológicos, y en Japón jamás lo obtendría. Pero Lulu les dijo que no sabían si Anais estaría sana para su cita en la embajada.

- Escucha Lulu no te preocupes por eso, mi padre tiene muy buenos contactos en las embajadas. Le pediré que nos ayude. Por eso ni te preocupes será un juego de niños.

- ¡Ah… muchas gracias! –dijo Lulu abrazándose a ella y con deseos de llorar de nuevo.

Una vez que tranquilizaron a Lulu ambas se retiraron un poco para platicar sin que las escucharan.

- Oye Marina, creo que… lo de Saudra va a tener que esperar…

- Me temo que sí… No sabía que Anais llegaría tan lejos…. No creo que esté en condiciones de casarse con Paris ni con nadie más. Lo que sufrió has sido un shock muy fuerte. Primero necesita atención psicológica y sabes que aquí no la obtendrá.

- Me temo que Céfiro va a tener que esperar…. Indefinidamente. –sentenció la pelirroja con resignación.

- Dios por qué pasó esto justo ahora…. Paris se casa pasado mañana….

- No creo que Anais salga de aquí antes de eso.

- Ni yo, y la verdad en este estado mental… creo que cometería algún otro error y la que podría acusarla de locura sería Saudra a ella. No dudes que la Donquira peleará por eso, es una mujer muy ambiciosa.

- ¿Crees que tu padre nos pueda ayudar con esto de la embajada?

- Claro, Japón presume de correcto pero te aseguro que es tan corrupto como todos.

- Claro que lo sé, luego de lo que sufrió nuestra amiga no me quedan dudas.

- Escucha iré a casa de mis padres a pedirle a papá su ayuda. Él está al tanto de lo que sufrió Anais por culpa de Seizo y jamás ha creído en sus mentiras, sabe que los Uehara son una familia despreciable. Él nos ayudará con la visa. Lo importante es sacarla de aquí, no necesariamente será una visa de trabajo pero si es por razones médicas, la visa saldrá mucho más rápido.

- Muy bien, yo me quedaré aquí alguien tiene que relevar a Lulu, mírala, se cae de sueño la pobre.

- No creo que se vaya del hospital.

- No pero al menos cuidaré que duerma un rato.

- Está bien. Más tarde vuelvo.

- Ok, suerte.


Céfiro, por la noche, hora de dormir…

A Clef le extraño que, a pesar de haber dicho que volverían por la tarde, las chicas ya no habían vuelto. Tenía un mal presentimiento, y aquí en Cefiro se habían acrecentado.

- Espero que no haya pasado nada malo… -estaba en su despacho, era hora de ir a dormir pero estaba intranquilo así que se había dedicado a trabajar.

Unos toques en su puerta llamaron su atención.

- Adelante.

- Señor -le llamó la intendente del castillo al entrar –sólo quería preguntarle algo. ¿Está correcto este plan para la boda? Es que es demasiado… sencillo…

- Así lo decidió nuestro príncipe. No desea nada extravagante.

- Pero excelencia, es la boda real…

- Lo sé Vaniel, pero, así lo decidió nuestro futuro rey.

- A la donquira no le va a gustar –dijo la mujer con congoja.

- Te recuerdo que la donquira no tiene ningún poder ni palabra en las decisiones de este castillo –le dijo severamente.

- Perdóneme su excelencia lo sé es… sólo que…

- Vaniel, acércate. ¿Por qué tan angustiada? ¿Acaso esa mujer o Saudra te han estado presionando?

La mujer en sus tempranos treintas bajo la mirada y ante esto Clef golpeó con las palmas el escritorio.

- ¡Lo sabía!… al parecer esa mujer no sabe cuál es su lugar –dijo muy molesto el hechicero, ya había visto las actitudes de la servidumbre desde que la donquira se instalara en el castillo, y tenía sus sospechas de lo que hacía. – Escucha Vaniel, nadie aquí salvo el príncipe o yo, damos las órdenes en lo referente a este castillo y la organización de sus eventos. Si esa mujer te sigue presionando acude a mí de inmediato y la pondré en su lugar. ¿De acuerdo?

La mujer sonrió un poco y asintió.

- Y en cuanto a la boda, se hará tal cual está escrito aquí.

- Sí mi señor.

Al día siguiente…

Todo mundo corría en el castillo arreglando todo para la boda del día siguiente.

En su cuarto los sastres median a Paris el traje de novio y ultimaban detalles. Paris se veía al espejo y la verdad ese atuendo no le provocaba emoción, más que un traje de novio le parecía una mortaja.

En otro cuarto una mujer y su madre apuraban a las costureras con detalles sin importancia. A diferencia del futuro Rey ellas estaban eufóricas.

- ¡Es hermoso madre!

- ¡Tú eres hermosa, ese vestido no luciría así en otra! ¡Pero mira nada más y pensar que estoy viendo a la futura reina de Cefiro!

Los demás habitantes de importancia del castillo no se veían tan animados. Todos sabían que Paris se casaba por obligación y ni Caldina hacía escándalo sobre lo que se pondría al día siguiente. Ya había elegido un vestido, sabía que se le veía bien, y con eso bastaba. A ninguno de los amigos de Paris les emocionaba la boda. No despues de convivir con Saudra las últimas semanas, en los últimos días había estado insoportable. Y sólo rezaban porque esto no empeorara despues de la boda.

Clef estaba nervioso, no tenía noticias de sus niñas, ¿qué iba a hacer con Saudra? Él solo no podría presentar la apelación para impedir esa boda.

- ¿Dónde están mis guerreras? ¿Por qué no regresaron? Dijeron que veríamos qué hacer…

Latis se acercó a su maestro quien estaba caminando nervioso por los jardines donde la gente corría preparando mesas y adornos bastante austeros.

- Guru Clef ¿te pasa algo?

- Nada Latis…

- Pareces demasiado angustiado.

- No es nada…

- No estás de acuerdo con esta boda ¿verdad?

- Tampoco es como si mi opinión importara…

Latis suspiró mirando al cielo para volver la vista a su maestro –Sé que estás molesto por las decisiones del consejo y yo creo que deberían tomar más en cuenta la opinión de aquel que en los peores momentos se hizo cargo de todo cuando los políticos se encerraron asustados en sus habitaciones del castillo, pero, todo es va a cambiar cuando Paris suba al trono. –dijo poniendo una mano en su hombro.

- No es sólo eso Latis. Esta boda… creo que será una unión desastrosa, no sólo para Paris, sino para todo Cefiro… Además… tengo un muy mal presentimiento, estoy preocupado por las guerreras.

- Pero están en casa, deben estar bien. ¿No me dijiste que su mundo aunque muy extraño es muy seguro para ellas?

- Ya no sé Latis. Quedaron de volver ayer y es hora que no tengo noticias suyas.

- Quizá están ocupadas con sus asuntos –dijo mirando a los sirvientes trabajar –recuerda que lo que tenían que hacer por Céfiro está hecho, e hicieron de más, no podemos obligarlas a cargar con más de nuestros problemas. Y recuerda que ellas también tienen una boda en puerta, seguramente estarán ayudando Anais.

Clef suspiró, las chicas le habían confiado el secreto de Anais, y él no iba a quebrantar su promesa de silencio.

- Además no te preocupes, vendrán mañana para la boda, recuerda que serán las invitadas de honor…. –Latis hizo silencio un rato y tras suspirar confesó –¿Sabes?... yo también preferiría que esa guerrera mágica se convirtiera en la reina de Céfiro, tiene un gran corazón y seguro gobernaría con gentileza y justicia. Pero el destino deicidió para ambos caminos diferentes. Debemos aceptarlo y dejar que sea feliz.

- Feliz… realmente, deseo que lo sea…

El día entero pasó entre preparativos e idas y venidas. Clef espero todo el día, pero sus guerreras jamás llegaron…

Al día siguiente Clef estaba ahí junto a los invitados de honor, entre los cuales las guerreras mágicas brillaron por su ausencia. Se suponía que el hechicero supremo oficiara la ceremonia real, pero se negó en redondo hasta el final, argumentando que el más indicado era Khaled el mago de los bosques eternos. Otro hechicero de renombre que también era parte del consejo de alta magia.

Clef simplemente no iba a ser quien atara a Paris a esa mujer que él mismo no quería y mucho menos le daría su bendición a un matrimonio obligado de alguien a quien consideraba parte de su familia.

La donquira había hecho un tremendo coraje y le había tratado de convencer rogándole y acosándole pero no había conseguido nada. Y para su mayor desacuerdo las guerreras mágicas a las que tanto había presumido asistirían a la boda, nunca se presentaron, ni siquiera enviaron disculpas.

La mujer tuvo que conformarse, el Gurú supremo no sería quien diera su bendición, las guerreras no asistirían, pero al menos su hija se casaría y sería reina, no podía hacer más escenas.

Cuando llegó el gran momento, Clef aún esperaba que por algún milagro las guerreras se aparecieran para impedir ese circo pero, eso jamás pasó.

Ambos dieron el sí y la ceremonia dio fin oficializando así el casamiento de Paris.

La fiesta, en la que todos los invitados hablaron de lo sencillo del evento, terminó pronto y los nuevos Reyes partieron de la capital hacia su retiro nupcial en Adras.

Por la noche todo era tranquilidad en el castillo y Clef miraba por la ventana de su habitación al cielo nocturno.

- ¿Qué pasó mis niñas? ¿Por qué me dejaron sólo?...

El hechicero suspiro y se fue a la cama. Hoy no había sido su día.

Mientras tanto los jóvenes soberanos llegaban al palacete de Elvos y el cochero bajaba sus cofres de equipaje.

- ¡Estoy tan emocionada!

Paris no contestó sólo entró al lugar detrás de su esposa, era demasiado grande para los dos. Internamente sonrió con malicia, ya vería que tan emocionada estaría Saudra cuando tuviera que limpiar todo ese lugar.

Aunque esa noche durmieron juntos, nada paso entre ellos.

Una de las reglas del retiro nupcial era precisamente el no tener contacto físico sexual, ya que si el retiro no finalizaba con éxito, podría pedirse el divorcio y la virtud de la novia estaría intacta. Se juraba el no sostener relaciones carnales ante los Dioses y todos eran demasiado supersticiosos como para romper ese juramento.

Sin embargo en el caso de la realeza había una cláusula que le permitía a los Reyes tener coito en la primera noche de bodas si así lo querían, ya que el contrato matrimonial en este caso contenía tantos convenios, que si no había razones de peso para negarle el trono a Saudra, Paris ya no podía devolverla.

Pero Paris apoyado en la tradición, argumentó que por respeto a las costumbres no tendrían sexo antes que el retiro terminara.

Así que Saudra estaba loca porque el retiro se terminara pronto, quería embarazarse lo antes posible para asegurar su posición y su matrimonio.

Mientras Saudra dormía Paris derramaba unas lágrimas en silencio porque le dolía tanto el haber perdido a Anais para siempre. Ella debería estar a su lado, ella debería compartir su cama.

A su lado estaba una mujer joven, y no era fea, cualquiera estaría caliente, aguantando las ganas. Pero Paris no sentía ni cosquillas, la mujer a su lado no le movía ni un cabello. ¿Cómo iba a hacer ahora que terminara el retiro para cumplir con sus obligaciones de hombre?

Si tan sólo el beso que le había dado a Saudra en la boda había sido desagradable para él. Ahora pensar en… vaya que no había nada peor que tener que compartir tu cama y tu cuerpo con una persona a la que no deseabas. Pensó que por ser hombre le sería más fácil, apoyado en el deseo sexual… ¡Pero por Saudra sólo tenía deseos de divorciarse!

Aunque para su desgracia ya no podía.

Pensó en su Anais, había grabado en su mente esa tarde que volvió a verla, se veía preciosa en ese vestido, era un vestido muy bonito y decente digno de una princesa, quizá no para los estándares de Céfiro, pero él comprendía la forma de vestir de las guerreras, además sabía que su Anais era toda una dama, vistiera de corto o de largo.

Imaginó que ella dormía a su lado y sintió ganas de abrazarla, de protegerla. Entonces la imagino dormida en sus brazos. Sólo dormida, sin hacer nada más, sólo compartiendo la misma cama, velando su sueño, viendo su angelical figura indefensa en su cama perdida en el sueño, y él dedicado a protegerla de por vida.

Pero no… Anais en breve estaría así, pero en brazos, de otro…

Paris sintió hervir su sangre y se levantó de la cama sin despertar a Saudra, salió al balcón y tomó aire. Ese cuarto lo asfixiaba y la sola idea de pensar que Anais estaría en brazos de otro lo volvía loco.

Pero ahora ¿quién era él para reclamarle nada?. No tenía nada para ofrecerle. La había perdido…

El tiempo comenzó a pasar y los días se volvieron semanas. Paris casi no estaba en el palacete, se dedicaba a trabajar como cualquier campesino, mientras para terminar con su hígado, a la primera semana de su retiro habían llegado tres sirvientas y dos chambelanes enviados por la donquira que tuvo que dejar quedar a base de berrinches de su ahora esposa. Pretextando trabajo, Paris sólo llegaba al palacete para dormir. Ya tenían dos semanas dos días conviviendo y esto no daba señales de mejorar…


Mientras tanto en el Planeta Tierra…

Internada en una clínica de Estados Unidos, Anais era tratada por especialistas.

- ¡No entiendo que en Japón no se le de atención adecuada a estos casos! –comentaba la mujer con un colega tremendamente molesta por la situación de la joven a quien llevaba dos semanas atendiendo.

Mientras tanto en su habitación con vista a un hermoso jardín Anais estaba recostada en la cama con Marina sentada en su cama.

- Gracias por… por ayudarme con la visa y… venir hasta aquí conmigo. Sé que tu familia está pagando por todo…Yo, yo se los pagaré en cuanto pueda conseguir un empleo. –decía la rubia aunque su tono no era precisamente de gratitud.

- Ya Anais, no te estoy cobrando nada y mi padre está muy feliz de ayudar. El jamás estuvo de acuerdo con todo lo que se dijo e hizo con tu familia. Pero no pudimos hacer nada por ayudarlos en su momento. Por eso es que está haciendo esto con todo el gusto del mundo.

- Es que no me gusta deberle nada a nadie.

- Menos a mí ¿verdad? –a Marina lo directa no se le quitaba.

-…

- Sé que estás muy molesta conmigo por lo de la última vez en el 109, pero lo hice por… bueno ya… lo sabes.

-…

- Anais he querido tratar el tema contigo desde que llegué pero debido a tu estado lo pospuse hasta verte mejor. Y me alegra que ahora estás mucho más recuperada que cuando llegaste. Y me gustaría arreglar las cosas entre tú y yo.

- No hay nada que arreglar.

- Anais no seas tan orgullosa y déjame hablar. Yo no quería lastimarte mucho menos burlarme de ti.

- Pues lo disimulaste muy bien…

- An… ¿por qué te portas así conmigo? Ya sabes todo lo que Lucy y yo estábamos haciendo por tu bien y sigues tratándonos como si fuéramos unas malditas traidoras. Lucy ha llamado y tú te niegas a contestar y siempre te encargas que tu negativa se alcance a escuchar por la bocina ¿crees que a Lucy no le duelen tus desplantes?

- A ustedes no les duele nada.

- Anais estás siendo injusta.

- ¿Injusta? ¡Yo injusta! ¡Mi vida se arruino, un imbécil trato de violarme y en lugar de recibir castigo fue compadecido como una víctima, mi familia lo perdió todo por mi culpa y soy la ramera más famosa de todo Japón. El hombre que amaba se casó con otra y yo no pude hacer nada para evitarlo, ahora estoy sola, en un hospital para gente loca, estoy descompuesta y además soy tan incompetente que ni siquiera pude lograr suicidarme! Y ¿Soy injusta? ¿Soy una persona injusta Marina? ¡La vida es injusta!

- An perdón yo no quise-

- ¡Tú nunca quieres pero siempre lo haces! ¡¿Quién te crees, Dios?! ¡¿Crees que tienes algún poder especial para arreglarme la vida?! ¡Pues no, mi vida no tiene arreglo y ya lo acepté, no necesito la ayuda de nadie, mucho menos la tuya o la de la otra hipócrita!

- ¡Lucy no es ninguna hipócrita!

- Pues si no es hipócrita es una entrometida igual a ti ¡Pobre Anais, es tan inútil que tenemos que arreglarle la vida, un matrimonio y todo lo que ella no pudo conservar!. ¡Pues NO! ¡No las necesito, ni a ti, ni a Lucy, ni a Paris, ni a nadie, sólo quiero que me dejen en paz!. Llevabas semanas a mi lado y ni siquiera puedo decirte lo que pienso porque ahora le debo dinero a tu familia.

- ¡Pues dímelo –la retó muy molesta –si tienes algo que decir que no te detenga el dinero de mi padre! ¡Habla de una buena vez!

- ¿Sí, eso quiere la niña de papá? ¿Podrá soportarlo la princesita?

- Me acabas la paciencia Anais, si ahora eres una mujer fuerte e independiente que no necesita de nadie, qué más da, dímelo de frente, "la princesita" lo puede escuchar.

- ¡Pues bien! tengo semanas queriendo decir que no te soporto, detesto tu compañía, despertar y que seas la primera persona que entra a visitarme, escuchar tu maldita voz todos los días, tener que verte y fingir que te tolero cuando lo único que quiero decirte es ¡Lárgate y no vuelvas! ¡Nuestra amistad se terminó, no somos amigas, ni conocidas ni nada! ¡Sólo eres una cosa más que salió mal en mi vida y espero salir pronto de aquí para no volver a verte la cara!

-… Bien… eso es lo que piensas –la joven aguantó sus ganas de llorar y se puso en pie –Para tu buena suerte te traía noticias de Tokio. Tu madre llegará en breve y se hará cargo de ti. Y para evitarte más molestias, me retiro, ya no te molestaré. No te preocupes por la cuenta. Los Hououji no nos deben nada.

Marina tomó su bolsa del sillón y se dirigió a la puerta.

- ¡Pero voy a pagarles todo! –dijo furiosa.

- ¡No te molestes, no te aceptaré ni un centavo! –Marina salió dando un portazo y Anais se quedó en su habitación llorando de la rabia.

Marina se encontraba en uno de los jardines del hospital tratando de calmarse.

Mientras tanto Anais estaba en su cama procesando todo. ¿Quién se creía Marina para decidir su vida? ¡Nadie debería meterse en esto! Su vida estaba arruinada y ella lo había aceptado, ¿por qué los demás no dejaban de meterse?

En su oficinita Anne Swart, psiquiatra y terapeuta, revisaba el caso de la joven oriental.

Se estaba auto flagelando, autocastigando por algo que ella no había hecho, se culpaba por dentro y esto era muy común en víctimas de violación o acoso. Se negaba la felicidad y las ideas arcaicas que había aprendido de su cultura no le ayudaban para nada.

La doctora Swart había estado teniendo muchos problemas con eso. Había sido todo un circo de tres pistas lograr que la muchacha hablara del tema debido a las costumbres japonesas de no hablar de sus asuntos personales con casi nadie, mucho menos los desconocidos. Además había la creencia en Japón que alguien que necesitara un psicólogo o un psiquiatra estaba "roto" y lo roto no iba con la perfección que se buscaba en la sociedad japonesa. Alguien así sería rechazado. Ella lo sabía, había estudiado sus costumbres y sociedad por más de 5 años y era a ella a quien siempre enviaban los casos de personas asiáticas ya que era muy difícil tratar con ellas, especialmente los japoneses.

Pero al final había logrado llevar a la chica a la catarsis y la había hecho sacar todo, todo. Incluso lo que sus padres no sabían. Habían hablado de sus ideas, de lo que significaba para una mujer japonesa de su posición haber pasado por algo así, sus ideas sobre la pureza y la valía femenina. Incluso habían hablado de su "ex novio" el "extranjero" que se había casado por obligación y ella había dejado ir porque sentía que no valía nada y no tenía nada para ofrecer. Dijo que incluso el "tío" del joven había ido a pedir su ayuda pero ella se había negado.

- Dioses, esas tonterías sobre el honor sólo destruyen vidas… Sin embargo su amiga parece tener ideas más occidentalizadas, seguro vivió un tiempo fuera de Japón. Es una pena que no se lleven bien, una amiga es justo ahora lo que más necesita esta chica.

La doctora sobaba su frente, tenía que arreglárselas para meter en esa cabeza dura japonesa la verdad sobre el efímero valor del himen y el lograr hacer entender a la joven que ella no tenía la culpa de nada.

La mujer tenía la cabeza muy caliente así que salió a tomar aire.

En los jardines vio a la distancia a la otra japonesa, la otra rareza de ojos azules, estaba sentada sobre una de las bancas con las piernas arriba.

La pobre se veía bastante desanimada, así que la doctora decidió ir a platicar con ella, seguro podía darle alguna información sobre su amiga que le ayudara.

- Buenas tardes señorita Musashi.

- ¿Eh?... perdone pero, es Ryuuzaki.

- Oh mil disculpas. Soy buena con los pacientes de su país pero… con su idioma soy un desastre.-confesó con algo de pena.

- No se preocupe.

- ¿Qué hace aquí tan sola?

- Tomando el sol… obligada.

- ¿Obligada?

- Mi amiga me echó del cuarto.

- ¿Pelearon?

- Creo que desde hace mucho estamos peleadas. Bueno, ella conmigo. Sólo que hoy cayó la gota que derrama un vaso…

- ¿Podría decirme qué pasó? No es indiscreción, es que me ayudaría mucho para el tratamiento de su amiga.

Marinas suspiró, sabía que la doctora debía estar al tanto de todo.

- Pues verá, recordará que le comente que todo nuestro distanciamiento se dio a raíz de una pelea por sacarle la verdad.

- Sí.

- Pues… por hacer de celestina termine en el infierno.

- ¿Celestina?

- No me perdona que me haya metido en su vida.

- ¿Eso le dijo?

- Sólo le faltó decirme de qué iba a morir.

- ¿Se portó grosera o agresiva?

- Yo diría hiriente y cruel. Sólo quería ayudarla, y arreglar las cosas…

- Así que no acepta la ayuda.

- Justo ahora creo que lo toma como una ofensa… Ya no sé qué más hacer para acercarme de nuevo a ella. Sé que ese imbécil de su ex no se quería casar y si ella hubiera llegado en plena boda justo antes del "si alguien conoce un motivo para que esta boda no se realice..." él se hubiera escapado con ella, pero… las cosas no salieron, de acuerdo al plan…

- ¿Por?

- Independientemente de su intento de suicidio que dio al traste con todo, ella no quiso intervenir, se negó su felicidad y todo por culpa del imbécil de Seizo, ella siente que ya no vale nada, ¡Pero tampoco es que Paris sea el premio mayor enchapado en oro! No es la gran cosa sin ella, Anais sería el cerebro en esa relación, y estoy segura que el tonto está sufriendo mucho ahora que se casó obligado… -Marina se tomó de la cien –Esto es un desastre total…

- Sí, ese es mi mayor problema con su amiga, se siente culpable de muchas cosas y se autoflagela negándose la felicidad. Le pediría que trajera a su ex novio a hablar con ella pero ahora que está casado con otra sólo me traería más problemas.

- Además Anais primero intentaría morir de nuevo antes que hacerle saber a Paris lo que le pasó. Tiene demasiada vergüenza.

- Ese es mi otro problema con ella.

- Dígame ¿cree que tenga cura? No quiero pensar que se quedará así toda su vida. Hace unos momentos le decía que la veía mucho mejor pero… despues de lo que me dijo, creo que no hay avances.

- No, no se desanime, sí tiene cura, he visto casos peores, casos mucho perores. Sí la sacaremos adelante pero, se llevara tiempo.

- ¿Cuánto?

- No lo sé, un mes… dos… un año… en estos casos depende de cada paciente.

- ¡¿Un año!?... me muero Dios…

- Debe ser paciente.

- Paciente soy, tiempo es lo que no tengo.

- ¿De qué habla?

- Yo me entiendo pero, si esta tonta no quiere perder el amor de su vida tiene poco tiempo para reaccionar… ¿Cree que unas cuantas cachetadas ayudarían? –pregunto la ojiazul desesperada.

- jajajaja señorita usted no tiene madera de terapeuta jajaja.

- Ah…

- Por favor tenga ánimos y paciencia.

- Ah… -Marina suspiró y comenzó a llorar recargando su frente en sus manos.

- ¿Qué le ocurre?

- Es que, todo parece salirme mal, cada vez que intento ayudarla, sólo me gano más odio de su parte, y me duele. Me duelen sus miradas frías, me duele que sea tan obvia en demostrar lo mucho que le molesta mi presencia, me duele todo lo que me dijo y me duele pensar que esta amistad tan valiosa de tantos años se acabó…

La doctora puso su mano en su espalda y trato de tranquilizarla.

- Tranquila por favor, debe tratar de comprender, su amiga no se encuentra en su salud emocional ni mental más óptima. Hay que tenerle paciencia. No debe creer en nada de lo que diga ahora, de momento es su dolor el que habla.

- Paciencia le tengo y vaya que la comprendo, no habré pasado por eso pero también soy mujer. Pero aun así no deja de doler la forma en la que me ha estado tratando…. Ya… por suerte para ella… su madre vendrá a América la semana entrante y yo… -dijo limpiándose los ojos con coraje e impotencia –me regreso a Japón… así le evitaré lo molesto de mi presencia.

La joven se puso de pie y trató de secar su rostro con las mangas de su blusa.

- Con permiso doctora Swart, necesito salir un rato.

- Vaya, vaya señorita y tranquilícese por favor.

La joven se fue abrazándose a sí misma y salió del hospital.

- La chica Hououji está expresando su rabia con las personas equivocadas, aunque es muy común en estos casos, siempre tienden a agredir a quienes más quieren… Hay que arreglar esto pronto o la madre también comenzará a ser víctima de sus desplantes.

Mientras una figura, asomada por la ventana de su cuarto había visto todo y ahora veía a la llorosa peliazul marcharse.

- ¿Qué estoy haciendo?...-la rubia se pegó a la pared y abrazada a sí misma se deslizo hasta hacerse un ovillo en suelo donde volvió a llorar. Lastimaba y se lastimaba, esto era un círculo vicioso…

Marina caminaba por las calles de San francisco y luego de comer algo se fue a sentar a un parque. Estaba muy cansada. Se había desvivido por cuidar de su amiga pero Anais siempre la había tratado de forma brusca. Parecía querer sacar todo su rencor con la vida contra ella, y lo entendía, el cielo sabía que sí, pero, a veces era demasiado.

Marina sintió ganas de llorar de nuevo pero su celular la interrumpió. Su celular marcaba una llamada entrante desde Tokio, era Lucy.

- Hola Lu.

- Hola Marina ¿cómo está todo por allá?

La joven pelirroja había querido ir pero no podía dejar su trabajo, Marina se podía dar el lujo de ser despedida pero ella no. En Japón contaba mucho un buen currículo y un despido ya era razón para perder el 50% de posibilidades para que te recontrataran en otro lugar. Aunque siendo hijo de influyentes como Marina poco importaba. Pero Lucy no tenía esa ventaja. Además alguien tenía que hacerse cargo de los gastos del departamento y no quería cargarle todo a la familia de Marina.

- Mal cerecita, mal…

- No me digas que An se puso peor.

- No, de hecho creo que la doctora está haciendo bien su trabajo porque logró sacarle todo, pero, en lo que a mí respecta… creo que si me cayera de un puente justo ahora sería motivo para que Anais sonriera.

- Marina… ¿tan mal esta la relación?

- Figúrate… hoy me dijo que no quería volver a verme nunca más y que odiaba mi presencia.

- ¡¿Por qué?!

- Porque… porque le pedí que fuera sincera... Si antes no quería verme, hoy quiere verme, pero muerta…

- Que mal y supongo que yo estoy en la misma situación.

- Más…o menos.

- Marina la piedad no es usual de ti, por eso no te sale natural. –dijo muy casual la pelirroja -Ya di lo que haya dicho de mí.

- ¡Oye ni que fuera un ogro!

- No eres un ogro pero sueles ser aplastantemente directa, rayas en la mordacidad. Por eso escupe –exigió.

- Lucy, olvídalo ahora no sabe lo que dice.

- Oh bueno ya me puedo hacer las peores ideas.

- No Lucy.

- Pues dime.

- Ah… dice que eres una traidora hipócrita y que tampoco quiere saber de ti.

- Bueno no esta tan mal como lo esperaba…

- La doctora dice que se recuperará, pero que le tomara tiempo.

- ¿Cuánto?

- Un mes, dos… un año…

- ¡¿Un año?! ¡Marina el retiro nupcial se acaba en dos semanas… no, de hecho cero que una semana y unos días! ¡Si tienen un hijo ¡adiós! Anais no va a mover un dedo para separarlo de esa mujer, la conozco.

- Ya sé ya sé… ¿qué noticias me tienes de Céfiro? ¿Sí pudiste ir?–dijo Marina sobando tu entrecejo.

- Sí. El fin de semana pasado fui a Céfiro. Y aparte de que todo mundo me preguntó el por qué no asistimos a la boda, pude averiguar que hasta ahora no han tenido noticias de Paris, lo que significa que todo va bien en su retiro.

- ¿Clef no se molestó porque lo dejamos sólo con esto?

- Estaba extrañado pero no molesto, se mostró bastante comprensivo.

- ¿Le dijiste lo que hizo Anais?.

- Sí aunque le pedí su máxima discreción. Y simplemente se cubrió la cara con las manos y me dijo un "lo sabía" que me sorprendió bastante… al parecer tenía un terrible presentimiento sobre Anais y yo se lo confirmé. Entiende que no hayamos estado presentes y dijo que no nos perdimos de nada, que el evento fue sencillo y sin gracia, ah, y que Paris estaba furioso de que no hubiéramos asistido aunque sólo fuéramos tu y yo, otro que se sintió traicionado y abandonado por nosotras… Paris también va a necesitar un psiquiatra… Clef quería ir a verla pero le explique que sería imposible sacarlo del país son documentos y ya que no puede usar su magia de la misma forma en la Tierra…

- ¿No puede?

- Creo que las vibraciones de la Tierra inhiben algunas de sus capacidades, lo descubrió en su breve estancia aquí, que es como si el aura del planeta estuviera muy pesada y es una carga que no lo deja moverse con libertad, no sólo en el sentido mágico, dice que a la mañana siguiente amaneció bastante apaleado, como si hubiera hecho muchísimo ejercicio. Creo que la gravedad de la Tierra es mucho más fuerte que la de Céfiro.

- Tiene lógica, somos un planeta mucho más grande… Siempre me sorprendí de los tremendos saltos que eras capaz de dar en Céfiro, y yo noté que podía correr y nadar mucho más rápido que en la Tierra, Anais me hizo algunos comentarios al respecto hacía unos años pero ya los había olvidado.

- Sí, no lo pensamos al traerlo aquí. Y en cuanto a su magia, según yo tiene que ver nuestro campo magnético, ya sabes que leo mucho sobre paralogia y bueno esa es mi teoría. El caso es que comprendió que Anais estaba a muchos kilómetros de distancia y que no podía llevarlo, así que me pidió enviarle sus saludos, pero ni se te ocurra, si ya nos odia, con esto reventaría.

- Ni loca. De todos modos, yo regresó a Japón la semana entrante.

- ¿Por?

- Te lo dije, Anais no me quiere aquí así que le voy a evitar la molestia…

- De verdad lo siento Marina.

- Ah… creo que todo el esfuerzo fue en vano. Anais no creo que esté lista en dos semanas, y Paris deberá cumplir con sus obligaciones…

- Me entristece saber que no pudimos lograr nada.

- A mí también. Bueno cerecita, nos vemos la próxima semana, ya duérmete no te conviene desvelarte tanto, mañana tienes trabajo.

- Sí. Mándame un mensaje, si puedo iré por ti al aeropuerto.

- Esta bien, buenas noches.

- Gracias, buenos días para ti.

Ambas colgaron y Marina vio hacia el mar que se podía ver desde ahí.

- Ah… supongo que no podemos hacer más…


Dos semanas despues…

El retiro nupcial había terminado, y hacia dos días que los nuevos Reyes habían vuelto al castillo, Saudra ahora como la nueva reina comenzaba a mostrar un poco su verdadero yo, aunque se contenía, no podía excederse hasta llevar a un hijo en el vientre.

Por la noche…

Saudra se había puesto un conjunto nupcial de noche, que de sensual no tenía nada, era lo que en mundo místico sería catalogado de "mata pasiones" pero en Céfiro era lo común para estas situaciones, ya que el sólo hecho de ver a una mujer en bata era considerado sensual puesto que era ropa íntima, algo prohibido de ver. Más que en lo visual, la sensualidad de su bata larga residía en los conceptos psicológicos.

Paris entro en la habitación, pero ignoró completamente a Saudra quien esperaba seducirlo con su atuendo, y comenzó a desvestirse ante la mirada curiosa de Saudra, pero este simplemente al quedar en ropa interior, se puso su bata y se acostó a dormir.

Saudra hizo una mueca y se metió en la cama donde se acercó a su marido que le daba la espalda. Lo tomó por los hombros y le habló con dulzura al oído.

- Mi amor, ya terminó el retiro, no debemos… esperar más.

- Saudra, hoy fue un día muy pesado, estoy muy cansado para cumplir con mis obligaciones, por favor compréndeme.

- Es… está bien amor. Como gustes –dijo sumisa, estaban recién casados, no quería pleitos ahora que tenía sólo dos días con la corona puesta…

El tiempo comenzó a pasar…. Hacía tres meses que se habían casado y Saudra seguía tan pura como antes de la boda. Su marido siempre argumentaba cansancio o se inventaba algo para no llegar a dormir y pasar la noche en su despacho.

Y Saudra desesperada comenzaba a mostrar más y más su verdadero yo desquitándose con la servidumbre.

Y en la recamara real, los gritos salían hasta el pasillo.

- ¡Estoy harta Madre! –un finísimo jarrón se quebró contra el suelo en un arranque de rabia de su ahora majestad la reina -¡¿Cómo se atreve a rechazarme?! ¡Cualquier hombre estaría loco por hacerme el amor, pero Paris no deja de darme pretextos para abandonarme o relegarme en la cama! ¡Soy sólo otra maldita almohada! ¡Y ni siquiera eso porque al menos a una almohada la abrazan, a mí ni me mira!

- Saudra ahora eres una reina deja de gritar y romper cosas.

- ¡Pero madre-

- ¡Ya basta dije! Serás una mujer casada pero aún te portas como una chiquilla, el matrimonio no es fácil, es cuestión de tenerle mucha paciencia al hombre. Ahora eres una mujer, comportarte como tal.

- ¡Mujer? ¡Soy tan niña como cuando salí de tu vientreee! ¡Sigo siendo doncella, porque mi esposo no se atreve a hacerme mujer!

- Ya te dije que te calles Saudra estos temas no se tratan a los gritos.

- Ya no sé qué hacer ¿sabes lo que se rumora de mí? ¡He escuchado a las mujeres de la corte decir que estoy seca, estéril! ¡Yo no tengo la culpa que mi marido no sea un hombre de verdad!

- Ya cállate Saudra, si te escucha tu marido expresándote así de él.

- ¡Que me escuche! ¡Que sepa lo harta que estoy de su frialdad! ¡¿Qué debo hacer para despertar su interés?! ¡¿Esperarlo desnuda en la cama?!

- ¡Saudra qué cosas dices! Esos son comportamientos propios de mujeres públicas. –le dijo su madre totalmente escandalizada. Seducir al marido no era cosa de una dama en Céfiro, el hombre era quien debía tomar la iniciativa.

- ¡Entonces moriré virgen!

- Escucha no te desesperes, pediré audiencia con el consejo. Paris tiene obligaciones maritales que cumplir, y seguro ellos lo harán cumplirlo.

- Madre Paris ahora es el rey, el consejo perdió el poder que solía tener. Por decreto Real ahora el consejo de alta magia y el gran gurú tienen más poder político de lo que el consejo real volverá a tener jamás.

- Pues buscaré la manera de presionarlo. Tienes que embarazarte ya.

Saudra se sentó con desesperación en el borde de su cama y su madre fue a abrazarla.

- Ya hija mía, algo haremos, tranquila.


En el planeta Tierra, a seis meses de haber ingresado al hospital…

Felizmente ese día la daban de alta. La joven que dejaba la clínica ese día, era una mujer totalmente diferente. Había comprendido muchas cosas, entendía que no tenía ninguna culpa, que no era impura, que no había perdido su valor como mujer y que merecía ser feliz. Comprendió muchas cosas y también descubrió con todas estas revelaciones, que no podría volver a vivir en Japón nunca más… Sus creencias tan arcaicas, y represoras la habían inducido a atentar contra su propia vida, ¿cómo volver a ese lugar que tanto dolor le había causado?

Además, ahí, ya no le quedaba nada. Si volviera su propia gente con sus creencias y costumbres se encararían de acabar con sus existencia. Necesitaba estar lejos, en un lugar donde se sintiera amada, aceptada por todo lo que ella era, no por lo que le había pasado, y Japón no era ese lugar.

Sin embargo de momento estaba forzada a volver, su visa médica había caducado y se le requería que saliera del país de forma inmediata para tramitar su visa de residencia. Apelando a un asilo por la persecución social de que era víctima en su país y que atentaba contra su salud. Algo sencillo con todas las pruebas y los contactos de los Ryusaki.

De hecho, esa tarde el señor Ryuusaky había viajado en persona hasta Estados Unidos para acompañar a la madre de Anais cuando la chica saliera. Las llevaría al aeropuerto y se encargaría de los boletos de avión.

Anais se daba un último pase con su cepillo para salir.

- ¿Lista cariño?

- Sí madre.

- Bien, el Señor Ryuusaki nos espera.

Anais sintió nerviosa, seguro venía con Marina y la verdad, ahora que veía todo más claro estaba profundamente arrepentida del trato que le había dado…

Desde aquella tarde Marina no había vuelto a entrar a su habitación, aunque sabía que a diario iba a la clínica a preguntar por ella. Y la semana entrante cuando por fin la señora Hououji había llegado, Marina se había marchado a Japón, y no había vuelto a saber nada de ella, ni de Lucy. No las había llamado y no había recibido llamada de ellas. Seguro Marina le había contado a Lucy la situación y por eso ambas habían decidido no molestarla.

Anais estaba muy arrepentida, estaba dolida, pero no con ellas, esta vez estaba dolida con su propio actuar ¿cómo había podido ser tan cruel con quienes le habían brindado sólo amor y apoyo? Y todo por una pleitecillo sin importancia en una cafetería.

La doctora Anne tenía razón, su estado mental y emocional había estado más delicado de lo que ella creía. Pero ahora que veía todo claro, se sentía muy mal, sin embargo también estaba consciente de que en su situación era comprensible que hubiera actuado como una loca, despues de todo, estuvo a un paso de la locura real.

Había aprendido a no culparse de más, pero también sabía que debía afrontar y corregir sus errores.

Pensando en esto dio un último suspiro y tomó valor, salió del cuarto acompañada de su madre. Tenía que hablar con Marina, tenía que darle la cara y pedirle perdón, explicarse por su comportamiento y tratar de sanar las heridas que le había causado con su actitud. Pero, el vuelo a Japón era, largo, tendrían tiempo de platicar. Sólo esperaba que Marina quisiera escuchar…

Al salir del hospital el Señor Ryuuzaki las esperaba con una amable sonrisa y en cuanto vio a Anais le dio sus parabienes deseándole que de ahora en adelante todo en su vida fuera para mejorar.

La joven agradeció la amabilidad del hombre y buscó con la mirada, pero no veía al objeto de su interés.

- Vengan por favor –dirigiéndose a un taxi que estaba a unos metros estacionado, quizá ella estaba dentro.

Al llegar al auto el taxista cargó las maletas y los tres entraron al auto, pero, no había nadie más salvo el conductor.

Anais se sintió muy decepcionada. "Quizá esta en el aeropuerto esperando" se dijo para darse ánimos.

Tenía vergüenza, no sabía si Marina le había comentado a su padre de su ruptura así que no se atrevió a preguntar.

La plática hasta el aeropuerto fue más que nada entre su madre y el señor Ryuusaki. Y una vez en el aeropuerto sus esperanzas se esfumaron al subir al avión. No había nadie más. Sólo había venido el señor Ryuuzaki.

"Pero… tendrá que ir con su madre a recibir a su padre en el aeropuerto sin duda… ahí, podremos hablar…"

El viaje fue largo y cansado. Llegaron de madrugada, por lo cual, nadie fue a recibir al señor Ryuusaki, ya que este no quería a su familia en la calle a esas altas horas de la noche. Una de las limosinas de los Ryuusaki los esperaba a la salida y esta las llevó hasta una dirección que Anais no conocía. Era un mejor barrio, si no de clase alta, si mucho más decente. La limosina paró frente a una casa pequeña pero limpia y mucho mejor que la casucha en la que vivían en Sann'ya. Esta era una verdadera casa en forma. Pequeña pero con los servicios y comodidades necesarias.

Su madre le explicó que los Ryuusaki los habían ayudado conseguirla. Era una de las propiedades de la cuñada del señor Ryuuzaky, ya que ella se dedicaba a los bienes raíces y vendía y rentaba propiedades. Le habían dado la casa en calidad de préstamo indefinido, pero los japoneses eran gente orgullosa y los hombres más, así que el señor Hououji no había aceptado la casa sin pagar, así que para lograr que aceptara le estaban cobrando media renta, pero sin que el señor lo supiera, ya que en Tokio la rentas eran muy altas aún para casas pequeñas.

Además el padre de Marina le había ayudado a conseguir un mejor empleo digno de un hombre con su experiencia en el ramo. El señor Hououji estaba muy agradecido con los Ryuusaki y había jurado pagar hasta el último centavo aunque los Ryuusaki le dijeron que no se presionara pues no necesitaban otro enfermo en su familia, debía cuidarse, les pagaría cuando la situación lo permitiera.

Bajo esa promesa el señor Hououji había aceptado la ayuda y la situación de los Hououji había mejorado bastante.

Aunque todos coincidían en que era mejor sacar a Anais del país o el acoso comenzaría de nuevo. Se tenía planeado que la muchacha sólo residieran en Japón lo indispensable para tramitar la visa. A lo mucho un mes.

El chofer de los Ryuusaki bajó las maletas y las ayudó a meterlas en casa. En la puerta el padre recibió a la chica con lágrimas en sus ojos y su hermana salió al encuentro también. Fue un reencuentro muy efusivo y cargado de emoción. El señor ryuusaki se congratuló de haber ayudado para que todo esto fuera posible, y luego de varias reverencias y agradecimientos de los Hououji el hombre ya se retiraba cuando la chica llamó su atención.

- Ryuusaki-san, espere por favor.

- ¿Qué ocurre?

- Disculpe… Marina… ¿cómo está?

- Bien –contesto el señor de buen ánimo, al parecer, no sabía nada del pleito que estas dos habían tenido.- … ¡Oh, lo dices porque no viajó conmigo! Es que no está en Tokio, viajó con Lucy ayer a Hokaido, querían aprovechar el fin de semana.

- Ya veo… -"Justo ayer, seguro que no… querían estar aquí para mi regreso"

- Le diré que venga a verte ahora que regrese, le dará mucho gusto saber que ya estás de vuelta.

- ¿No lo sabe?

- No, mi mujer y yo le queríamos dar la sorpresa. Ha estado muy preocupada por ti todo este tiempo.

A Anais se le levanto el ánimo al escuchar eso… a menos que el señor Ryuusaki lo dijera sólo por amabilidad… pero si de verdad Marina estaba preocupada por ella, quería decir que tenía una oportunidad.

- Entiendo. Muchas gracias por todo –dijo la rubia haciendo una reverencia.

- No más reverencias por favor. ¡No soy el emperador de Japón! –dijo sonriendo –me da gusto haber podido ayudar. Sé que eres muy preciada para mi hija y has sido una amiga intachable –Anais sintió como un balde de agua ante la inocente afirmación del señor –y además nosotros jamás estuvimos de acuerdo con lo que hicieron a tu familia. Debimos ayudar antes pero no sabíamos cómo. Disculpa por mi lentitud de acción.

- No debe disculparse al contrario, le estaremos siempre agradecidos.

- Bueno, me retiro es muy tarde. Que pasen buenas noches, si necesitan algo llámenme por favor.

- Sí. Muchísimas gracias.

La limosina se fue del lugar y los Hououji entraron a su casa donde una cena madrugadora le daba la bienvenida a la joven.


Cefiro, madrugada…

Todo mundo dormía en el castillo, incluidas las invitadas que dormían en el último piso del palacio, el más importante y esta vez en una recamara mucho más digna que la que les habían dado en la última batalla, esta recamara era espaciosa y elegante, digna de una princesa. Les habían ofrecido una recamara para cada una pero ellas habían insistido en querer dormir en la misma habitación. Así que les dieron una de las elegantes recamarás para invitados de la realeza en la cual había dos amplias y cómodas camas.

Esos colchones eran unas nubes, nubes… sentías como podían hundirte en ellos al tiempo que te hundías en tus propios sueños. La menor gravedad del planeta, el aire más limpio, la energía planetaria más ligera, la tranquilidad absoluta de la noche, y la gran comodidad de sus camas, hacían que las chicas cayeran en un sueño profundo, y era bastante difícil despertarlas. Más que dormir se podía decir que estaban muertas… Nada podía despertarlas, nada.

- ¡ESTOY ARTAAA!

Un grito en medio de la madrugada y un cristal rompiéndose con violencia en el suelo, hizo que ambas guerreras saltaran de su cama.

- ¡Por todos los cielos… ¿qué diablos fue eso?! –se quejó Marina.

- Por favor Saudra tranquilízate –se escuchó una voz mucho más baja.

- ¡NO, ESTOY ARTA, ¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA QUE ME DES UN HIJO? ¿CONVERTIRME EN UNA PROSTITUTA? ¿QUIERES QUE BAILE DESNUDA SUBRE LA CAMA?

- ¡Saudra por favor, baja la voz, te van a escuchar en todo el castillo!

- Demasiado tarde Paris… –dijo Marina en su habitación tallando sus ojos.

- ¿Pero qué diablos le paaaaaahsa a esa mujer? –preguntó Lucy en medio de un bostezo.

Más cristales y cosas quebrándose se escucharon poniendo en alerta a todo mundo.

Las chicas se pusieron el ensamble de sus batas y salieron al pasillo encontrándose con Caldina que también venía en bata.

Caldina era muy desinhibida, y las chicas no veían nada de malo en salir en bata, así que salieron al pasillo.

Cuando Ascot y Rafaga salían se taparon los ojos de inmediato. ¡Las guerreras mágicas estaban en bata! Una cosa era ver a Caldina a quien ya se habían acostumbrado y otra muy diferente ver a cualquier otra mujer en bata.

- ¡¿Pero… qué les pasa?! –se preguntó Marina escandalizada cuando estos se taparon los ojos y se voltearon a la pared.

- Aah, es que en Céfiro no es común ver a una mujer en bata, se considera casi como verlas desnudas.

- ¡¿Desnudas?! Pero Caldina esta bata no me deja ver ni los pies. ¡Me arrastra! Y con en el ensamble encima menos se ve la figura. –le dijo Marina mientras los otros se negaban a dejar su posición.

- Lo que pasa Marina es que… –un florero rompiéndose interrumpió a Caldina, pero luego prosiguió –…que la bata se considera algo del ajuar íntimo de una mujer. Es considerado algo muy sensual. –culminó cerrándole el ojo.

- No le veo lo sensual a esto –dijo Lucy mirando su bata de conjunto de camisa y pantalón chino totalmente holgado.

- Es más que nada el secreto, lo oculto, lo que lo vuelve sensual a sus ojos –dijo apuntando a los dos con una sonrisa.

- ¿O sea que una mujer no anda en bata por su casa?

- No si hay invitados.

- ¿Y si tiene que salir como ahora? –preguntó Marina contrariada.

- Para eso hay una capa llamada campanela, es de tela gruesa y casi tiesa, tiene el corte de una campana, de esa forma la bata no se ve y el cuerpo no forma curvas.

- Pero los vestidos forman curvas –acotó Lucy.

- Pero los vestidos son vestidos, son ropa para dejarse ver, las batas no.

- O sea que la cosa es más que nada mental. –añadió Marina comprendiendo.

- Sí Marina, yo creo que pasa lo mismo que en nuestro mundo con la ropa interior y los bikinis. Tienen la misma forma y dejan ver lo mismo, pero la diferencia radica en la percepción mental de las cosas. –concluyó Lucy.

- Tienes razón. –dijo Marina.

En ese momento Paris salió huyendo de su habitación y se agachó a tiempo antes que una jarra de cristal se estrellara en su cabeza. A prisa tomó la perilla y cerró.

- ¡MALDITO, DESGRACIADO, POCO HOMBRE! –se escuchó desde dentro del cuarto seguido de un llanto muy dramático.

- ¡Bueno Paris, qué le pasa esa fiera que tienes por mujer?

- Caldina… que pena, sus gritos te despertaron.

- A todo mundo –dijo Marina haciendo que Paris volteara a verla y al notar que lo que traía puesto parecía una bata, se volteó asustado –¡Perdón Marina, no me había fijado que estaban en paños menores!

- ¡¿Paños menores?! ¡Pero si no se me ve nada!

- ¿Paris estás bien? Ese proyectil casi te alcanza –Paris al ver a Lucy en pantalón y camiseta larga pensó que estaba vestida y le respondió con más confianza mientras daba la espalda Marina en señal de respeto.

- Sí… por poco.

Paris les había perdonado el dejarlo sólo el día de su boda ya que Clef le explicó que ese día las chicas habían tenido un muy fuerte problema en su mundo, aunque no le dijo de qué índole.

- ¡¿Qué diablos le pasa a tu esposa?! ¡Llora como posesa y grita como demonio del averno!

- Lo que pasa Marina –dijo París dándole la espalda y con la mirada en el piso –es que Saudra está enojada porque… no… bueno… no…

- ¿No qué?

- Mm un pleito marital, no congeniamos en algo y se molestó.

- Paris… no me quiero meter de más ni faltarte al respeto pero sus gritos no parecían a causa de una desavenencia. Fue muy clara cuando gritó que si acaso debía bailar desnuda en la cama para que le dieras un hijo.

- Dioses… escucharon…

- Sí –asintieron Ascot y Ráfaga aun con los ojos tapados.

- Paris creo que todo Cefiro la escuchó. Asumo que no ha quedado embarazada por… problemas… ¿uterinos? No sé ¿no saben si es estéril?

- Pues yo… eh… no… no lo sé… -contestó muy nervioso.

- Sus lloriqueos me están volviendo loca, vamos a conversar a otro sitio –sugirió Caldina pues hasta afuera escuchaban sus llantos.

- No hay mucho de qué hablar Caldina.

- Amor Paris tiene razón, esas son cosas de pareja. - Dijo Ráfaga -Disculpa Paris, sólo salimos porque nos preocupamos pero si estás bien nos retiramos.

Ráfaga tomó a su mujer de la mano y despidiéndose de todos se retiraron a su habitación. Ascot se despidió también con los ojos en el piso y se fue a su cuarto.

- Bueno… creo que dormiré en un cuarto de huéspedes.

- Tu vienes con nosotras –dijo Marina tomándolo de la mano y arrastrándolo con intenciones de llevarlo a uno de los jardines internos para platicar.

-¡Marina, no puedes hacer eso! ¡Estas casi desnuda! –dijo acongojado mirando a Lucy para pedir ayuda.

- ¡Bueno ya basta! Mírame bien, tengo cubiertos hasta los pies, y por si no lo sabías lo que Lucy trae puesto también es una bata.

- ¡¿QUEEEE?! –Paris bajó la mirada y trataba de zafarse de Marina. –¡Esto es inmoral, y ustedes son las guerreras mágicas, no podemos estar así, les debo respeto!

- ¡Déjate de tonterías Paris y camina!

- ¡No! –el inocente se tapaba los ojos con su mano libre muy compungido.

- ¡Paris es muy importante que hablemos!

- ¡No puedo hablar con mujeres en paños menores y menos si son las guerreras mágicas!

- ¡Ay Paris tú no tiene idea de lo que son los paños menores! ¡Muévete!

- ¡Noooo!

- ¡Ay por todos los Dioses del shinto!... y mira que son muchos…. Está bien señor correctiski, iré a ponerme ropa y Lucy también, y nos iremos a reunir contigo en el jardín interno que está en este piso.

- Marina disculpa pero… ¿no es algo noche para habla? Podemos dejarlo para mañana.

- No te has de dormir ahora, y sí, tenemos que hablar, ¡te queda claro? –dijo la joven encarándolo y apuntando amenazadora con su índice.

- Es… está bien…

- Vamos Lucy hay que "vestirnos".

Las jóvenes se metieron a su cuarto y un Paris muy confundido y casi obligado se fue a sentar a la fuente del jardín para esperarlas, cuando estás volvieron ya vestidas no pudo evitar pensar que se veían más modestas con las batas, pues ambas venían con esos shorts cortos de encaje que solían ser tan populares entre las asiáticas y unas blusas de tela ligera encima aunque sin escote pronunciado.

Despues de todo en Japón la cultura de mostrar mucha pierna y poco escote, era lo común así que sus fabulosas piernas asiáticas no dejaban nada a la imaginación. Además venían con unos sencillos zapatos de piso de silicón transparente que dejaban al descubierto sus pies.

- Bueno ya estamos vestidas señor pudor.

- Sí… -las batas eran menos reveladoras…. -Bueno, de qué… querían hablar?

- De tu mujer.

- Marina estos temas-

- Perdona mi honestidad, pero así soy yo y me vas a tener que soportar. Mm… ¿No han tenido sexo verdad?

- ¡MARINA! –el hombre se puso de pie, rojo hasta la medula.

- Sí, sí entiendo que eso es tabú aquí en Cefiro pero sólo responde.

- ¡No sé qué signifique tabu! ¡Pero eso es un asunto íntimo!

- ¿Y los asuntos íntimos no se platican con los amigos?

- ¡Con los amigos, no con las amigas!

- Pues en nuestro mundo no importa el sexo del amigo, un amigo es un amigo, así que puedes hablar libremente.

- Marina perdóname pero no hablaré de esto contigo, por respeto a ti y a Lucy.

- Paris… eres tan inocente… En nuestro mundo existe algo llamado internet y créeme, sin querer hemos visto muchas más perversiones de las que tu verás en toda tu vida. Así que no te preocupes por nuestra inocencia mental. Esa esta arruinada desde hace mucho. El que se cría en nuestro mundo ya no tiene mucha inocencia que salvar para los 14 años cumplidos.

- ¿Juegas conmigo?

- No –dijo Lucy –además es común que a nuestra edad se pueda hablar de temas sexuales sin problemas, ya somos mayores de edad en nuestro mundo desde hace algunos años.

- ¡Pero son demasiado jóvenes, no están casadas!

- Eso no importa en nuestro mundo…

- Pero…

- Paris escucha –dijo Marina seriamente –sólo contesta ¿ya tuviste tu primera vez con Saudra?

- ¿Primera vez de qué? –preguntó el inocente.

- Marina ese coloquialismo no parece tener antecedentes en Cefiro, se directa.

- Ok. ¿Ya tuvieron su primera relación sexual?

- ¡Marina!

- Sólo responde no es tan difícil es un simple sí o no.

- Claro que es difícil ¡Cielos! ¿Qué clase de mundo es mundo místico?

- No tienes idea… pero me responderé yo sola. La respuesta es NO ¿me equivoco?. Tu mujer grita como hembra en celo.

- ¡Marina!

- Es la verdad, sólo una esposa insatisfecha se pone así de loca.

- ¡Marina no te permito que-

- No estoy poniendo en duda tu hombría –Paris se puso totalmente rojo –realmente lo que pongo en duda son tus deseos de cumplir con tus obligaciones, pero no te culpo, no hay nada menos sensual para un hombre que una mujer a la que no desea ¿verdad?

-… -Paris guardó silencio, rojo como tomate, no podía ni hablar. ¡Esta mujer era demasiado directa, ni Caldina era tan mordaz en estos temas!

- Lo pregunto por tu bien y el de An.

- ¿Anais? ¿Qué tiene ella que ver en esto? –preguntó muy interesado, pero viendo que su interés había sido demasiado obvio cambió su expresión y miró al costado con expresión de enfado. –Ella ya se casó ¿no? Seguro ahora está muy feliz viviendo con su esposo. Poco le importa lo que pase conmigo. Y con todo respeto mis amigas lo que pase entre Saudra y yo tampoco es de su-

- Anais no se casó. –soltó lacónica la peliazul.

Paris se quedó frío.

- ¿Qué… que no… ¿Se… se pospuso la boda? –dijo con voz temblorosa.

- No, no se pospuso –Marina decidió hacer un silencio dramático que puso el corazón de Paris en vilo -… de hecho -dijo muy seria –se canceló. Ella jamás se casaría con… alguien así.

- ¿De… de qué hablas?...

- Ya la oíste –dijo la pelirroja uniéndose a la conversación – Anais no va a casarse con nadie. Pero más que nada a mí también me interesa saber ¿por qué Saudra sigue tan virgen como tú?

Paris se puso nuevamente de mil colores.

- ¿Qu… quién te ha dicho que… yo… sigo virgen?

- Paris, ¿nos va a presumir tus aventuras sexuales con las chicas de las cantinas? Eso sí que sería faltarnos al respeto, como tú lo dijiste, entre amigos hay límites, pero… si así fuera no te creería ni media palabra. Me dijo un pajarito… que habías pasado años de celibato esperando nuestro regreso.

- Jajajaja Lucy eso sonó enfermo.

- Jajaja tienes razón Marina. No "nuestro" regreso, mejor dicho, el de Anais.

- ¿¡De… de qué hablan?!

- Paris -Marina volvió a encararlo –tú no le has hecho el amor a Saudra porque no puedes, no la deseas y tu corazón sigue atado a otra. Cuando un hombre se enamora se enamora y eso en un hombre pasa sólo una vez en la vida. Y mi amiguita es la afortunada. Le perteneces en todo sentido.

Paris bajó la mirada, iba del pálido muerte al rojo fuego pasando por el azul y el morado. ¡Estas cosas no se hablaban con mujeres!

- Para tu buena suerte, puede que tengas aún una oportunidad de ser feliz.

- ¡¿De qué hablas?! –dijo el otro volviendo a su compostura, ¿ser feliz? ¿de verdad?

- Es una posibilidad, debí cerrar la boca hasta confirmarlo, pero, creo que mi corazonada es correcta.

- ¿De qué corazonada hablas Marina?

- Sólo dime, sin que tu ego masculino se atreviese al contestar o te juro que te daré la bofetada que te mereces por idiota –ante esta amenaza Paris se puso serio, ¿estaba amenazando de forma tan descarada al Rey de céfiro?...

Era Marina por todos los Dioses, si desafiaba a Cef como a cualquier pasante, qué se esperaba él.

- Espero que tu cachetada tenga una razón válida -le dijo muy serio encarándola también –o te meterás en problemas.

- La tiene, y no te tengo miedo, no soy tu súbdita. ¿Me enviarás al calabozo? ¿A una Guerrera Magia? –se burló -¿qué dirá el pueblo majestad? Seguro te destronan en un santiamén, pero no sería nada comparado a lo que te pasará si no me contestas con la verdad. –dijo mientras unos cristales de hielo se formaban en su mano amenazantes.

- Pregunta entonces. –la desafió el Rey, viendo esos cristales como un descarado desafío de la guerrera.

- ¿Amas a Anais?

Paris perdió todo su hieratismo… paso grueso la saliva y desvió la mirada.

- Mira que no estoy bromeando con eso de la cachetada. Y estos cristales de hielo no están para enfriar el calor de tu rostro.

- No bromea Paris, pregúntale a Ascot… o Clef –amenazó con una sonrisa mordaz la pelirroja.

- Lo sé Lucy –dijo pasando su vista de una a otra preocupado.

- Responde.

- Sí –dijo con determinación sosteniendo esa mirada celeste –la amo, con todo el corazón. Aun cuando ella, ya no…

- Nadie dijo eso idiota.

- Se iba a casar.

- Se iba a casar porque te creyó perdido, igual que tú a ella, y esa ocasión se iba a casar con un buen hombre, uno que la amaba, pero él murió en un accidente. Anais nunca lo amo como te ha amado a ti, eso yo lo sé bien. Pero esas cosas no me corresponde a mí decírtelas.

- ¿Su prometido murió?

- El que valía la pena sí, pero eso fue hace mucho tiempo.

- ¿El que valía la pena?

- Escucha Paris –le dijo Lucy muy seria –hay muchas cosas que no sabes y que nosotras no podemos contarte porque sólo le corresponde a Anais decirte si así lo quiere. Sólo queremos saber si estás dispuesto a pelear contra todo por ella. Y sí… la amas incondicionalmente. Piensa bien en tu respuesta y en lo que incondicional significa.

- Porque si la haces sufrir más de lo que ya ha sufrido –agregó Marina -no me importara que estos cristales terminen en tu estómago.

- ¿Están jugando conmigo? –pregunto molesto pero una Marina con bastante carácter le respondió.

- ¡¿Crees que jugaríamos con esto idiota?! ¡Anais es muy importante para nosotros, no tienes ni idea lo que hemos pasado los últimos meses, lo que ella ha pasado! ¡¿Te sientes una víctima?! Déjame decirte que sólo eres un pobre niño llorón en comparación a lo que ha acontecido en los últimos meses en mundo místico, ¡así que no acabes con mi paciencia, porque aunque seas el rey te voy a hacer reaccionar con una paliza si eso es necesario!

- ¡¿Por qué la agresión Marina?!

- ¡¿Irás contra todos por Anais sí o no?!

- ¡Lo haría, ahora mismo si me lo pidieras, no sé qué haya pasado, pero lo que sea, yo estoy y estaré siempre para ella! ¡Si supiera que hay aunque sea una pequeña, una ínfima oportunidad para nosotros!

- Pues es lo que te estoy ofreciendo.

- ¡¿Qué?!...

- Escucha…. –la joven suspiró haciendo desaparecer sus amenazantes cristales–por ahora es verdad que sólo es una ínfima oportunidad hasta que Anais no regrese a Tokio y pueda hablar con ella para saber si es más que eso, pero, por esta ínfima oportunidad ¿estás dispuesto a todo?

- Sí –aseguró firmemente convencido.

- ¿Incluso a ir contra Saudra y los Arnauld? –preguntó Lucy.

- Lucy, contra Céfiro entero. Pero… no es tan sencillo ahora –dijo apretando los puños.

- ¿No te atreves?

- Por Anais me atrevo a todo Marina.

- Entonces siéntate y escucha.

A la mañana siguiente el Rey se había levantado con demasiados ánimos, había cumplido sus tareas de forma amable y eficiente, y había salido a pasear con su mujer, estaba cariñoso y caballeroso como nunca, y Saudra no cabía en sí en su alegría.

Por la tarde habían salido a pasear en coche y la había llevado a un día de campo junto a un lago.

- ¡Paris esta ha sido una tarde hermosa espero que siga así!

- Claro amor mío – respondió con galantería "Confió en ustedes chicas, una vez más, dejaré mi salvación y la de Cefiro en manos de la Guerreras Mágicas…"


Oook, hasta aquí por hoy. Cuando digo que salieron a pasean en "coche" me refiero a eso, a los antiguos coches que no eran automóviles, de hecho por costumbre llamamos a nuestros automóviles "coche", pero el "coche" era aquella carroza tirada por caballos, de ahí la palabra "cochero" que era quien dirigía los animales.

Ahora nuevamente las guerreras están en una cruzada por el bien del príncipe y Céfiro aunque en esta cruzada no será la espada sino la lengua y la pluma las armas más afiladas. Además ahora no están solas, en esta ocasión el Gran Gurú se dará el gusto que no se dio en la primera batalla de unirse a ellas en combate.

Chicos perdón pero, me tuve que inventar el fármaco, aunque basada en el verdadero, pero me temo que a estas alturas es peligroso dar formulas mortales por internet, mucha gente se siente muy depresiva y desesperada por el encierro y la pandemia, y ya que lo puede leer una persona inestable o un asesino, preferí inventarle un nombre así que no se molesten en buscarlo. Por ahora les recomiendo tener cuidado con las medicinas que mencionan. A veces he mencionado medicinas reales porque son muy famosas así como sus efectos y en cualquier lugar o hasta en la tele hablan de ellas, pero esta, no es tan famosa así que preferí cambiarle el nombre, ya que no es muy común que lo receten, de hecho las farmacéuticas saben que puede ser mortal, no sé porque sigue en el mercado, bueno sí lo sé, mientras ellos ganen no importa quién muera.

Díganme qué les gustó de este cap y ¿qué tal Marina amenazando al rey? Esa mujer es la mujer ideal para alguien que necesita una chispa en su vida….

¡Contesto reviews en el proximo cap, muchas gracias a todas!