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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Uchikake

Tacón que pisa fuerte, no lo borra una chancla.

Hoy sería un día sumamente importante, Saudra se arreglaba para la ocasión con gran esmero, cada detalle, cada parte de su atuendo, minuciosamente elegida.

Hoy tendría su primera visita de estado. Recibiría la Presidenta actual de Autosam, así como al esposo de esta el Primer General Canciller de estado Autosamita. Estos irían acompañados del Segundo canciller de Autosam en asuntos diplomáticos, el ministro consejero, el primer secretario, la cónsul de estado así como y el Primer y Segundo General de Armada. Todos ellos vendrían sólo para presentar sus respetos al nuevo Rey y Reina de Céfiro y para constatar que los acuerdos de paz no fueran a sufrir algún cambio indeseado ahora que se había formado una nueva constitución en Céfiro.

Latis como el Canciller real de Céfiro, había arreglado la visita y también asistiría tan importante reunión y no estaría sólo ya que, al estar de buena bonanza en Céfiro con la presencia de las ilustres Guerreras Mágicas, tendrían como invitada especial a aquella que se había encargado de mediar con este planeta en épocas de guerra y había logrado acordar la paz con ellos. Pues que mejor forma de honrar sus valiosos esfuerzos en batalla que hacerla participe de esta visita de estado dándole el puesto de importancia que merecía.

La presencia de una de las guerreras mágicas daría más prestigio a la reunión. Y de seguro el Primer General de Armada estaría muy feliz de volver a verla.

Toda la corte en Céfiro estaba feliz con la idea de saber que sus soberanos y ministros se harían acompañar de una de las nobles guerreras mágicas en una visita oficial de estado. Hubiera sido aún más pomposo presentar a las tres, pero, acusando deberes personales insorteables en su mundo, las otras dos enviaron sus disculpas, las cuales fueron tomadas con bastante comprensión por la corte y el consejo. Aún con una sola, la reunión se vería lo suficientemente engalanada.

Mientras Saudra hacia correr a sus sirvientas ultimando detalles. Lucy en otra habitación se arreglaba sola para la ocasión.

Realmente tenía que jugar bien su vestimenta hoy. No podía llegar en su estilo casual japonés de siempre, así que recordando los uniformes de gala que había visto en Autosam pensó que lo más cercano sería un elegante traje sastre largo y acuerpado en una tonalidad tinta fosca bastante sobria con detalles en negro y dorado en las solapas, bolsas, mangas y la línea de la pierna izquierda de la falda la cual corría elegante a todo el largo como un adorno más. Esta ropa tan elegante era un préstamo de Marina, y siendo aún Marina la más alta de las tres, la falda, a Lucy le quedaba más larga de lo normal, pero no se veía mal. Además unas elegantes zapatillas negras de tacón dorado le ayudarían a verse un poco más equilibrada al lado de su acompañante de hoy.

Si bien no se había quedado tan bajita como temió se quedaría, su metro con sesenta y seis no era nada, para el metro con noventa y ocho centímetros de Latiz. Por eso, esos tacones de 12cm, le harían un gran favor el día de hoy, y los centímetros de más de la larga falda, la ayudarían a esconder esos enormes tacones, ya que la falda sólo mostraba la punta del zapato de charol con elegancia.

Así, con su artificial metro con setenta y ocho, se sentiría mucho mejor al ir del brazo de ese torreón humano.

- ¿Pero que le daban de comer a ese par de hermanos? –se preguntaba en voz alta mientras se acercaba lo más posible al espejo para ponerse sus aretes.

Su arreglo estaba listo. Había recogido su cabello en un peinado que había sacado de internet y lucia sobrio y elegante pero no opacaba su lozanía. Su joyería se componía apenas de su par de aretes rojos a juego con un anillo. Sus uñas largas y femeninas estaban pintadas del mismo tono de su vestido. Su maquillaje era sencillo, una delgada línea de delineado negro en su parpado superior, un poco de sombra café mate en su parpado inferior para abrir más sus ojos, un poco de mascara en las pestañas, había resaltado de forma sutil sus rojas cejas dándole una apariencia elegante, y en sus labios un tenue brillo color carmín. En realidad un maquillaje bastante natural. El resto de la piel de su rostro iba desnuda, ya que como la mayoría de asiáticas, podía presumir de una piel facial envidiable, apenas había bastado aplicar crema humectante para hacer magia.

- Bueno, creo que ya estoy lista –dijo dando una última mirada en el espejo de cuerpo completo.

Ese traje sastre le hacía bastante justicia a su figura, sin embargo Lucy alzó una ceja y frunció los labios…

Ese estilo tan elegante y sobrio no era lo suyo. Claro que podía vestirse elegante y sobria cuando la ocasión lo ameritaba, pero más valía que no lo ameritara a diario o no lo soportaría. Era más partidaria de lo espontaneo y lo real.

De melena suelta o en estilos locos, de cara lavada y de pies descalzos sobre la hierba si se podía. Los tacones y los trajes sastre no eran lo suyo. Los tacones eran más para Marina, y los trajes elegantes para Anais.

- Bueno es sólo por hoy. –Se miró y se sonrió –Será divertido jugar a la diplomática.

En ese momento alguien tocó a su puerta

- Ah… Bien Lucy ejecutiva, aquí vamos.

Se dirigió a la puerta para ver quién era y de paso luego de atender lo que quien fuera quisiera, dirigirse al encuentro con Latis, seguro y gurú Clef sabría dónde encontrarlo. Pero se ahorró un paso.

Al abrir la puerta se encontró de frente con la pechera de un traje blanco que la obligó a levantar la vista para poder ver la cara de la persona. Y ahí está el que pensaba ir a buscar.

- Oh Latis, justo iba a ir a buscarte.

- ¿Buscarme? –preguntó sin comprender mientras trataba de mantener su mente en la conversación, ya que la apariencia tan formal de la chica lo había sorprendido.

- Sí, para estar listos para la reunión –instintivamente volteó a las paredes de su cuarto pero aquí no había relojes, al menos no del tipo que ella conocía –no sé la hora pero, creo que en media hora… una hora, comienza, eso me dijeron las doncellas que vinieron hace rato a ver si no necesitaba ayuda.

- En veinticinco minutos.

- Pues vaya que soy un desastre con tu tiempo…

- No te preocupes, no estás acostumbrada a nuestro horario. Y no era necesario que fueras a buscarme, esa es mi responsabilidad despues de todo.

- … ¿cómo por qué? –preguntó la inocente descolocando al alto caballero.

- ¿Cómo por qué Lucy? Eres una dama, las damas no deben andar buscando a un hombre, es una descortesía de nuestra parte.

- En Japón piensan tan diferente –pensó con una risa para sus adentros.

- Acompañe por favor, te llevaré a ver el salón de cámara antes que los demás lleguen para que puedas familiarizarte.

- ¿Salón de cámara? ¿No será en el salón comedor?

- La bienvenida sí, la discusión de los acuerdos de paz será en la cámara de reunión.

- Oh, bien, vamos.

Latis le tendió su brazo, Lucy poco acostumbrada a estas cortesías, tardó unos segundos en reaccionar pero luego tomó el brazo del hombre y salió por fin de su cuarto cerrando la puerta.

Cuando Lucy caminó a su lado Latis notó algo raro y al final no pudo evitar preguntar.

- Lucy… es… ¿es mi idea o creciste de la noche a la mañana?

Lucy sólo echó una cristalina carcajada. ¿Qué en Céfiro nadie usaba tacones?


Tokio…

- ¿Cómo le estará yendo a Lucy?

- Yo creo que bien. ¿Ya estará en la junta?

- No sé, no sé qué hora será en Céfiro.

- Con esa inteligencia que tienes deberías ir haciendo tu tabla de horarios comparativos cabecita dorada, porque creo que te van a servir mucho en un futuro cercano.

- Que cosas dices…

- Hazte la que no sabes.

- Ya Marina –dijo ruborizada sólo de pensar en esa hermosa posibilidad -mejor dime que tanto ves en el celular.

- Oh las tonterías más graciosas de tiktok ¿quieres ver?. Son de este mes.

- ¿Las ordenan por mes?

- Para ser una ingeniera en sistemas, eres una gran ignorante de las redes sociales. Pero mejor que no seas una adicta. Allá donde tu futuro pinta no hay Facebook, ni tik ni nada de nada.

- Marina…


Céfiro…

Luego de la recepción y la comida en honor de los visitantes, todo mundo se dirigía a la cámara del consejo.

Geo se había llevado una grata sorpresa al enterarse de que la guapa pelirroja que estaba sentada a la derecha del Rey era ni más ni menos que la "pequeña" Lucy. Este estaba loco por ir a saludarla y sólo esperaba a dejar las formalidades atrás para ir a platicar con ella y su viejo amigo Latis.

Cabe mencionar que pese a que todo mundo había ido a presentar sus respetos al recién entronado Paris y a la nueva Reina, quien se había robado el escenario había sido Lucy, nada más presentarla como una de las legendarias guerreras mágicas y más aún al saberse que ella había sido quien había enfrentado al aguerrido comandante Águila y al casi invicto Iron además de ser la responsable directa de los primeros acuerdos de paz que Céfiro había tenido con Autosam. Pese a que la chica no era de Céfiro, se contaba como tal ya que había peleado en su nombre.

Todo mundo sentía curiosidad y admiración por la chica pelirroja y Saudra inevitablemente fue dejada en tercer plano, ya que incluso para los autosamitas el rey causaba más revuelo que la reina. Cosa que le había estado calentando la cabeza a su petulante majestad.

En la cámara del consejo, la joven guerrera se sentó en una de las sillas principales justo al lado de su majestad el rey, con Gurú Clef a su lado, seguido del Canciller Latis. Al lado de la reina estaban dos de los altos magos de Céfiro y tres ministros de relaciones exteriores de los cuales dos no contaban con la gracia de su majestad la reina, aunque esta era correspondida en sus sentimientos.

La reunión diplomática finalizó con el beneplácito de ambas naciones quienes habían reafirmado los tratados de paz y ayuda mutua. Nada había cambiado con el nuevo Rey, al contrario había mejorado.

Saudra permaneció callada durante toda la reunión ya que, siendo una chiquilla consentida, criada para ser una aristócrata, sólo sabía de banalidades, y no entendía nada de política. Algunas ocasiones su padre había querido instruirla un poco en ella, pero su madre tan consentidora como siempre se escandalizó cuando su marido intentó hacer que su princesita "perdiera el tiempo" con asuntos que sólo le competían a los hombres. Saudra debía ocupar su tiempo en sus clases de etiqueta, danza, música, bordado y el manejo de un castillo pequeño como el de su padre, pues desde pequeña la donquira había planeado casarla con un noble, aunque nunca pensó que sería el mismísimo príncipe y futuro rey de Céfiro. Saudra no tenía ni la más mínima idea sobre relaciones exteriores, ni un poco de política. Había querido hablar varias veces, llamar la atención pero, no sabía qué decir.

Por el contrario aunque Lucy al inicio había mantenido una respetuosa distancia de los asuntos de Céfiro con un educado silencio, los ministros, Clef, Paris y los mismos autosamitas no tardaron en pedir su valiosa opinión sobre varios asuntos, así que la joven se vio implicada de forma activa en la reunión como un valioso miembro más.

Al vivir en un mundo tan lleno de naciones como lo era la Tierra, Lucy sabía lo suficiente de política exterior y acuerdos de paz para sorprender a los presentes con sus acertadas opiniones, y es que, tras tantas guerras y pleitos políticos en la Tierra cada dos por tres, la historia terrestre le había dado su propio "diplomado" en relaciones exteriores. Basada sólo en la experiencia de las naciones de su planeta, Lucy en general contestó muy bien a cada pregunta que le hacían u opinión que le pedían. Tanto que los presentes llegaron a pensar que esa joven mujer seguro había estudiado desde pequeña sobre relaciones exteriores.

Ya que antes de la gran batalla, los planetas vecinos nunca habían interactuado entre ellos, la mayoría apenas estaba aprendiendo a lidiar con otra cultura, eso de "relaciones exteriores" era terreno inexplorado para los cuatro planetas. Sin embargo como Terrestre Lucy tenía muy buenas ideas para aprovechar las bondades de ambos planetas en beneficio unilateral.

Y mientras sin querer Lucy se había lucido en la reunión, Saudra había quedado totalmente opacada, las personas ahí reunidas apenas si estaban conscientes de la presencia de la reina.

Al dejar el salón de cámara todo mundo salía murmurando sobre las acertadas opiniones de la guerrera del fuego, y Saudra las escuchaba todas.

"Maldita sea, se supone que esta estúpida reunión era para que los extranjeros pudieran presentarme sus respetos, pero, ¡ni siquiera me toman en cuenta!"

Y es que desde el besamanos inicial a las puertas del castillo donde había obtenido por unos segundos la tan ansiada atención y admiración de los recién llegados, su papel en la visita de estado se había visto opacada terriblemente por la presencia de la guerrera que pensó le daría más prestigio.

Cuando Lucy se presentó del galante brazo del Canciller Latis, Saudra se emocionó al pensar que junto a ella estaría una de las legendarias e ilustres guerreras. Para Saudra, Lucy no era más que otro de sus bonitos accesorios ese día con el cual podría presumir, pero al final, resultó ser quién le aguara su fiesta.

Los presentes se dirigieron al jardín principal para relajarse despues de la política y dado por terminado así el momento formal, Geo corrió al lado de Lucy para saludarla y abrazarla con gran cariño. Era evidente el júbilo del Primer General de Armada al reencontrarse con la pelirroja. Pero esto, sin importar que tuviera motivos más que válidos, sólo hizo enfurecer más a Saudra quien creía que la atención debería ser sólo para ella.

A pesar que París le brindaba todas sus atenciones a su esposa, esta no estaba feliz.

Latis, Geo y Lucy se separaron y alejaron del grupo encontrando en una banca más al fondo el espacio que necesitaban para platicar y ponerse al día con sus vidas. Bueno Lucy y Geo ya que Latis no tenía mucho que decir y prefería escuchar.

Los minutos pasaban y mientras Geo tan parlanchín no dejaba de platicar con Lucy, los ministros y la presidenta de Autosam departían amenamente con el rey, los altos magos, el gurú, la reina y los ministros de Céfiro. Sin embargo a Saudra le parecía poco.

Todos los llegados de Autosam deberían prestarle su atención a la reina ¡A la reina, no a una mugrosa joven indecente que no perdía ocasión de mostrar su figura para llamar la atención!

Y es que aunque de largo, la ropa entallada y el corte del traje sastre de Lucy delineaban muy bien su bonita forma.

Desde que conociera a las guerreras, su apariencia le había parecido indecente, y aunque esta vez Lucy había tenido el tino de vestir de decente largo, Saudra pensaba que esa ropa entallada seguía mostrando su falta de pudor, ya que la ropa de las jóvenes decentes en Céfiro no era tan entallada. Además sin duda la figura de Lucy era mucho mejor que la suya. Las jóvenes de Céfiro solían ser delgadas, y aunque había algunas que podía presumir de su buena figura, las había también tan delgadas, que su encanto muchas veces terminaba residiendo en su bonito rostro más que en su cuerpo. Y Saudra era del tipo, cara linda cuerpo humilde.

Para ser asiática Lucy había desarrollado bonitas curvas, quizá no al nivel de las occidentales, sin embargo sí más que la japonesa promedio. Sin embargo Saudra no tenía una figura tan agraciada. No al menos en comparación a ninguna de las tres guerreras. Y la idea de que su belleza no estaba tampoco a la altura de esas tres petulantes extranjeras sólo exasperó más los nervios de su majestad.

- Su majestad Paris, su reina es una joven hermosa –comentó la presidenta sacando a Saudra de su rabieta mental.

- Muchas gracias señora Presidenta.

Saudra se emocionó bastante al escuchar el positivo comentario sobre su belleza y comenzó a interactuar con los presentes olvidando su rabieta. Claro, su plática era bastante vacua pero ya que no era un asunto de estado sino finalmente sólo una convivencia informal, nadie pareció molestarse.

Mientras tanto donde Lucy y Geo…

- Y así fue como finalmente terminaste más alta que él. ¡No puedo esperar para contarle!

- Jajajaja Geo jajaja ¿por qué eres tan malo con el pobre Zaz? Jajaja

- Es mi forma de mostrarle amor –le dijo en un tono juguetón.

- Geo tú no cambias.

- Y tú, dime Lucy ¿qué comen en tu mundo?. Si le puedo conseguir un poco a Zaz estaré feliz de regalarle aunque sea dos centímetros.

- Vamos Geo son sólo tacones.

- ¿Tacones? No pueden existir tan altos.

- ¿Quieres apostar? –dijo ella en broma pero Geo se lo tomó en serio.

- ¡Apuesto cien copecs a que no existen tacones que te hagan ganar Diez centímetros, sería una caída mortal! ¡Jajaja!

- ¿Copecs?

- Es la moneda de Autosam Lucy. –Explicó Latis –No es una moneda física, es… algo así como créditos que entran en el registro de la persona.

- ¡Oh, es dinero electrónico!

- ¿Dinero electrónico? -preguntaron ambos hombres.

- Tenemos algo similar en mi planeta pero no lo usamos mucho. No sería inteligente, por muy práctico que parezca, el dinero electrónico es una trampa para conejos, le da control total de tu vida al gobierno.

- Oh…

- Y en cuanto a la apuesta, ya que eres serio, más vale que canjees esos copecs por otra cosa porque creo que voy a ganar.

- ¿De verdad? –dijo con una amena sonrisa no pudiendo creer que nadie caminara en tacones tan altos. En Autosam las mujeres no usaban tacones, la vida tan automatizada había matado esa parte del glamour femenino hacía muchas décadas. –Pues mantengo mi apuesta.

- Entonces… Mira y pierde –Lucy levantó su falda lo suficiente para dejar ver su bonita zapatilla negra revelando un bonito tacón de aguja de 12cm en color metálico.

- ¡Pero… Pero qué es eso?!

- Pues un Zapato Geo.

- ¡Pe-pe-pero no puede ser! –dijo agachándose de inmediato a ver ese raro calzado. Tocó el tacón y se sorprendió -¡Pero si estás caminado sobre una enorme aguja de metal ¿cómo es eso posible?!

- Es posible –dijo orgullosa –y no son diez sino doce centímetros, ya perdiste, ahora ve buscando la forma de pagar.

Hasta Latis estaba sorprendido y también se acuclilló para ver.

- Así que… era por esto… -aseguró Latis cayendo en cuenta.

- Pues sí, la verdad no sabría cómo crecer tanto de la noche a la mañana –dijo la joven pelirroja en medio de una sonrisa, recordando la pregunta de Latis cuando fue por ella.

- ¿Y no son incomodos? ¡Es peligroso, esta aguja podría atravesar tu calzado, es metal! ¡¿No te preocupa?!–preguntó Geo con genuino interés, esas cosas parecían trampas mortales.

- Primero, no es metal, es plástico, es un material mucho más gentil pero resistente, está diseñado para la horma del zapato y te aseguro que es incapaz de atravesar mi talón. Y en cuanto a que si es incómodo, eso depende…. Lo puede ser hasta cierto punto si sabes usarlos y estás acostumbrada, pero quizá para una mujer no acostumbrada… se caería muy fácilmente y podría sufrir alguna lesión.

- ¿Y tú estás acostumbrada a usar esto? –preguntó Latis.

- La verdad Marina y Anais tienen más experiencia, Marina más que nadie, sin embargo yo sé andar bien con tacones cuando se necesita, aunque si les soy sincera, soy más del tipo salvaje.

- ¿Salvaje? –preguntaron intrigados.

- Me refiero a que soy más una chica de andar descalza por la yerba que andar por ahí subida en estas cosas, aunque de vez en cuando sí me gusta usarlos, yo prefiero las plataformas que los tacones, esas sí me gustan. Sin embargo no son adecuadas para situaciones formales.

- ¿Plataformas?! ¡¿Cómo las de embarque?!

- Jajajaja no Geo quién podría ponerse eso en los pies jajaja. Las plataformas son sólo otro tipo de… mm… tacón, por llamarlo de algún modo. En mi mundo la moda en cuanto a ropa y calzado es muy variada.

- Pues vaya calzado más extraño y más peligroso –dijo Geo con una mano en su barbilla. Esa aguja… ¿qué cosa se podría coser con una aguja tan grande? –Y… esta aguja sirve también para coser?

- Jajaja claro que no jajaja.

A la lejanía Saudra pudo escuchar la jocosa risa de la guerrera y desvió discretamente su atención al lugar encontrándose con que los dos hombres estaban hincados ante la joven, quien estaba sentada en la banca del jardín como toda una reina.

¡Que afrenta! ¡Un Primer General y el Canciller real de Céfiro, hincados ante otra mujer que no era la reina! ¡¿Pero que se creía esa guerrera para hacer que dos figuras tan importantes le rindieran pleitesía?! ¡Ella era una extranjera, una advenediza!

Ignorando la conversación que en ese momento el Primer Canciller de Autosam mantenía con ella se puso de pie de repente y se encaminó hecha una furia hacía donde la guerrera estaba.

- No sé por qué pero, de repente siento que está cosa es llamativa –dijo Geo, hechizado sin saber por la sensualidad que un zapato de tacón era capaz de despertar en un hombre. No estaba interesado en Lucy, a quién veía como una chica inocente, pero… imaginando ese calzado en su actual esposa…. Juraría que se vería muy sensual.

- Bueno este calzado es muy popular entre los hombres de mi mundo.

- ¡¿Los hombres también lo usan?!

- Jajaja claro que no Geo, les gusta, les gusta verlo en la mujeres, lo consideran muy sensual.

- Oh, ya veo entonces esta aguja tan extraña-

- ¡Pero cómo se atreven!

Los tres voltearon de golpe hacia la imperante voz.

- ¡Son unos atrevidos y unos irrespetuosos! ¡Enfrente de mí!

Ante tal espaviento hasta Lucy se puso de pie de forma abrupta, pisando sin querer la larga falda que no era de su talla y casi se cae, apenas si se apoyó en el brazo de Latis a tiempo para evitar caer, Latis de inmediato la tomó con su otra mano y la ayudó a enderezarse.

- ¿Pero qué ocurre Saudra? –preguntó la pelirroja en cuanto estuvo derecha agarrada al brazo de Latis.

El sólo hecho que Lucy le hablara de tú la hizo enfurecer más. Lucy nunca le había llamado majestad ni había hecho diferencias con ella, pero ahora Saudra estaba tan cegada por su orgullo que cualquier pequeño detalle era tomado en cuenta.

- ¡¿Cómo te atreves?! ¡Insolente Guerrera Mágica! –Saudra hizo por darle una bofetada a Lucy pero fue detenida por la mano de Latis.

- Majestad ¿qué ocurre? ¿cuál es la razón de su molestia? –preguntó en tono calmado y amable sin embargo, su intención en defender a la guerrera y la molestia en su mirada había sido demasiado obvia.

¡Levantarle la mano a su reina! ¡Inconcebible!

- ¡Eres un atrevido canciller Latis! –Saudra se soltó del suave agarre de Latis y pese a su tamaño hizo un esfuerzo por alcanzar su rostro y abofetearlo pero este sólo se movió un poco y esquivó la mano de la reina.

- Su majestad, por favor tranquila, no hay motivo para tanta violencia –pidió Geo en tono amable inclinándose un poco para quedar a su altura mientras le dedicaba una sonrisa amable.

Sin embargo esto no hizo más enloquecer más a Saudra quien no interpretó amabilidad en la sonrisa de Geo sino burla, y con el ego tan herido fue la gota que derramó el vaso.

Así que teniéndolo a su alcance, Saudra estalló su furia contra Geo.

- ¡Insolente!

Al pobre Geo sí que le tocó el tremendo bofetón, mientras todos los presentes ahogaban un suspiro de asombro e indignación.

Saudra hervía de furia, había sido ignorada todo el día, eclipsada por la guerrera, humillada, pues tanto propios y extranjeros se hincaban frente a esta forastera, y para terminar su mal día, había sido detenida en sus intentos de darle una lección a Lucy por su propio súbdito, que era lo que Latis era en ese momento, y el imbécil Primer General de Autosam se atrevía a burlarse de ella ¡en su cara!

- ¡Son unos insolentes, los tres! ¡Ustedes dos, ¿cómo se atreven a inclinarse ante otra mujer que no sea yo? la reina legitima de Céfiro! ¡Y tú intrusa de mala sangre ¿quién te crees que eres?! ¡¿Cómo te atreves a hacer que la gente se incline ante ti en mi presencia?! ¡Eres una-

- ¡Saudra! –Paris tomó la mano de Saudra cuando esta la elevó en un nuevo intento por abofetear a la guerrera -¿Qué te pasa? ¡Por todos los Dioses!

- ¡Paris, has que me respeten! ¡Yo soy la reina, la reina!

- ¡Pero Saudra-

- ¿Es esa la hospitalidad de Céfiro hacia la gente de Autosam?

Cuando escucharon la seria y ofendida voz de la Presidenta de Autosam hasta Saudra se congeló ante lo que eso representaba.

- N-no… yo…

- Majestad, si hubiera sido otra persona quien tuviera tal atrevimiento, podría pasar por alto el incidente, pero, quien ha ofendido sin razón a mi Primer General de Armada ha sido nada más ni nada menos que la propia Reina de Céfiro. Esto es sin duda un asunto de estado mi señora, creo que pese a las palabra de su Rey, no gozamos de la gracia de la reina. Como señora de esta Tierra usted debe saber muy bien lo que representa nuestro Primer General de Armada. El ejército es tan importante en la sociedad autosamita que golpear así a nuestro Primer General es una afrenta contra nuestra entidad.

- E-es que… ¡No… no… no ha sido sin razón! ¡Su primer General me ha faltado al respeto!

- Geo, explícate.

- Señora, juro sobre mi honor de soldado que no he hecho nada para ofender a su majestad la Reina Saudra de Céfiro. El Canciller Latis de Céfiro es mi testigo.

- En efecto señora Presidenta, el General Geo no ha hecho nada para incurrir en la furia desmedida de nuestra señora. Ruego en su nombre y en nombre de Céfiro que disculpe este injurio.

- ¡Cómo te atreves canciller! –espetó muy ofendida la joven que no recibió apoyo de Latis.

- Primero –dijo la presidenta con su voz aunque respetuosa, imperativa no dejando en oculto su molestia –ha dejado con la palabra en la boca a mi esposo y justo despues abofetea a mi Primer General. No, no la comprendo majestad, no veo más explicación que su disgusto hacia nosotros. Y siendo así el caso. Me temo que deberé entender que Autosam ya no es más bienvenido en Céfiro.

- Mi señora por favor, esto es un terrible mal entendido. Juro que Céfiro no tiene intenciones de romper sus lazos de amistad con Autosam. –se apresuró Paris a disculparse.

- Mi señor Rey de Céfiro, aunque sus palabras parecen sinceras, la actitudes de la reina me son totalmente incomprensibles. Y una reina no actuaría de forma tan ilógica en un asunto de estado, si no contara con el total respaldo de su esposo. Por lo tanto me temo que esta reunión amistosa llega a su fin. Nos retiramos y no se preocupen, no habrá guerra entre ambos planetas por la bofetada de una joven demasiado sincera en su desagrado, sin embargo no habrá más cooperación entre nosotros. Quizá cuando un nuevo rey se siente en el trono. Espero que su futuro hijo –dijo dirigiéndose a Saudra –sabrá enmendar los errores de los padres. ¡Señores, volvemos a casa!

Toda la gente de Autosam se movió hacia la entrada del jardín para dirigirse a la salida del castillo.

Escoltados por Paris y los ministros quienes ofrecían disculpas sinceras, mientras por dentro sudaban frio.

Clef se quedó atrás para reprender a la Reina.

- Ya estará contenta su majestad. Acaba de hacer su primer gran movimiento como Reina soberana, es una lástima que fuera en perjuicio de Céfiro. Me retiro –dijo con voz respetuosa haciendo una reverencia –veré si aún se puede hacer algo por arreglar este desaguisado, majestad.

El orgulloso hechicero le pasó por un lado en todo su garbo y la reina pese a los modales educados y respetuosos del gurú, sintió el sermón y la actitud de Clef peor que una bofetada.

- Pero Saudra, una reina nunca hace tales escenas frente a la gente, y mucho menos causa un incidente político de tal magnitud, por una tontería. –dijo Lucy fingiendo inocencia.

- ¡¿Qué, una tontería lo llamas?!

- Pues qué más.

- ¡Te estaban reverenciando!

- Oh, así que eso es. Que desafortunado mal entendido –dijo llevando una mano a su frente y habló de forma dulce y comprensiva –Pero Saudra ellos no estaban reverenciándome, solamente se agacharon para tratar de auxiliarme, que no ves que tengo herido un pie.

- ¡¿Co-cómo dices?!

- Mira, tengo una aguja encajada en mi zapato –al decir esto dejó asomar uno de sus zapatos, que extraño como era a ojos ajenos, sí parecía un zapato atravesado por una enorme aguja dorada. ¡Vamos si hasta la horma estaba deformada hacia arriba del daño que había causado la aguja! -ellos sólo querían ayudarme. ¡Ah… me estaba matando! –dijo acongojada.

- Pe-pero… era… por esto?

- ¿Pues por qué otra cosa se inclinarían ante mí estando la respetable reina de Céfiro presente? Latis no sabía cómo sacar este objeto y Geo que sabe de mecánica pensó que quizá hallaría un modo con sus herramientas de bolsillo.

Ahora todo tenía lógica a los ojos de Saudra… No podía ser… ¡Había causado un gran problema por malentender a una chica en apuros!

- ¡Di-dioses! ¡Pero… ¿qué he hecho?!

- Oh reina Saudra, deberías pensar más antes de actuar. Pero parece que no aprendes rápido –Lucy chasqueó la lengua un par de veces fingiendo más congoja –lo mismo hiciste cuando nos conociste, ¿recuerdas? Nos llamaste rameras sólo porque a tu modo de ver, vestíamos de forma indecente y fuiste bastante altanera con las Guerreras Mágicas –si bien no le gustaba abusar del título ni presumir de sus acciones pasadas, ahora sí que lo estaba disfrutando. Lucy hundió la cabeza en el pecho de Latis quien aunque le siguió el juego fue tomado por sorpresa mientras Lucy hacía un drama muy bien actuado del asunto -parece que nuestros esfuerzos para salvar a Céfiro serán inútiles despues de todo. Mira que ocasionar una guerra entre dos planetas sólo porque me lastimé un pie… ¡Ah, esta cosa, no la soporto! ¡Latis por favor llévame a mi habitación, que venga un sanador! ¡Con esta herida me es imposible caminar y ya no aguanto el dolor! Necesito que un experto me saque esta cosa del pie.

Antes que Latis reaccionara Lucy ya le había echado los brazos al cuello, y este desatontándose para que todo se viera lo más real posible, la tomó con delicadeza y entró al castillo cargándola en brazos.

Saudra se quedó de piedra en el jardín. ¿Guerra? ¿¡Había dicho Guerra?! ¡No podía ser, acaba de ocasionar un grave incidente político! Saudra salió despavorida hacia la entrada del castillo, intentando alcanzar a los invitados y pedir disculpas.

Pasó corriendo por los corredores del castillo dejando a Lucy y Latis detrás. Se la veía muuuy perturbada…

Lucy la conspiradora estaba más que feliz. No había planeado nada con respecto al tacón, pero había sido muy astuta para usarlo a su favor. Su plan inicial había sido dejar que la natural arrogancia de Saudra actuara y como Mulan, se inventaría algo conforme a la situación, y Saudra no le había fallado, era tan arrogantemente estúpida que le había puesto todo en bandeja de plata.

Para Lucy desde un inicio, no pasó desapercibida la molestia de Saudra desde que su presencia causara más revuelo que el de la reina. Y así fue atizando el orgullo de Saudra que poco a poco, no tardaría en estallar ocasionando otro incidente vergonzoso que demostrara su falta de cordura ante la gente más importante ahora no sólo de Cefiro, sino de un planeta vecino. Lucy sólo buscaba un pretexto para hacerse notar, ya que sabía que eso provocaría la ira de Saudra. Sin embargo las cosas habían sido más sencillas de lo que ella misma había esperado. Incluso en la reunión en la cámara de estado. Lucy había decidido no meterse en los asuntos políticos por respeto, ya había llamado demasiado la atención durante el banquete, esperaría a que terminara la reunión, pero la gente también pidió su participación ahí así que… la verdad en lo tocante a la reunión de cámara sus opiniones y acciones fueron honestas, simplemente fue todo un plus que esas acciones honestas terminaran por enrabiar más a Saudra.

Ya solo faltaba cualquier gota para derramar el vaso y su zapato había obrado milagros.

- Quien dijo que un par de tacones pueden hacer mucho por una mujer… tenía razón –pensó la inteligente pelirroja en voz alta.

- ¿Qué dices Lucy?

- Nada –sonrió traviesamente a ojos cerrados –Yo me entiendo Latis. Pero cierto –dijo mirando por donde Saudra se había perdido. –Ya me puedes bajar. Saudra está fuera de vista.

- Pero –dijo Latis cerrando los ojos y con una sonrisa maliciosa –tienes el pie atravesado por una gran aguja. Sería poco caballeroso dejarte caminar hasta tu habitación en el último piso, yo te llevaré en brazos.

Latis sería hipócrita si dijera que no había disfrutado ver como Saudra se ponía en evidencia. Lucy era demasiado astuta, pero ni hablar, no podía esperar menos de la mujer que había salvado a todo un mundo.

Lucy decidió molestarlo para diversión propia, porque era traviesa y tenía la oportunidad. ¿Sería un hombre como Latis capaz de sonrojarse?. Aunque sabía que la sonrisa pícara de Latis no tenía nada que ver con ella, sino con lo que le habían hecho a Saudra, usó sus palabras y costumbres cefirianas "santurronas" en su contra.

- Pero que caballero… sin embargo ¿te escuchaste a ti mismo Latis? Llevar cargando en brazos a una dama que no es tu esposa hasta su habitación… ¿Qué tan caballeroso puede sonar eso?. A mí me suena a peligro.

Latis se respingó abriendo los ojos de golpe y sin poder evitar un rabioso sonrojo.

- ¡N-no, yo, no quise decir eso! ¡N-no eran mis intenciones! –dijo con los ojos muy abiertos poniendo a Lucy de inmediato en el suelo e irguiéndose rígido como tabla.

- Jajajaja pero que serios son aquí jajaja. Bueno iré a quitarme este par de "agujas". Nos vemos luego, deberías ir a ayudar a Clef y Paris. Discúlpame con los visitantes por no salir a despedirlos y dile a Geo que muchas gracias por tratar de "curar mi herida" –cuando finalizó esto, le cerró un ojo dejándole claro el mensaje.

La joven corrió por el pasillo perdiéndose por las escaleras.

Latis dejó escapar el aire en sus pulmones en un suspiro acongojado, mientras aún estaba sonrojado.

- Debo cuidar más lo que digo…

La verdad, según sus costumbres sí había sonado atrevido. Esperaba que Lucy, no se lo tomara en serio, y aunque había reído, Latis se sentía acongojado de que la guerrera se pudiera ofender al pensar las cosas.

Sería su propia conciencia quien lo acongojaba, pues, llevar a Lucy en brazos se había sentido… placentero. Culpa, quizá más que algún reclamo de la propia Lucy, la culpa lo atizaba.

Y cabizbajo casi arrastrando los pies se dirigió a donde seguro estaba Paris ofreciendo una y mil disculpas.

Mientras todo un show protocolario se llevaba a cabo en las puertas del castillo, Lucy cambiaba sus tacones por unos tenis de plataforma y su elegante traje sastre por un pants holgado blanco y una sencilla camiseta de algodón azul con un gato imprimado al frente. Se puso una gorra del mismo tono en la cabeza y tomó la bolsa que contenía el traje sastre que le prestara Marina, y su par de zapatos de tacón, que eran de los pocos que tenía. Salió por otro lado del castillo y se dirigió hacia la cueva que conectaba ambos mundos.

Cuando Latis llegó, encontró a Saudra dando explicaciones del por qué se había molestado con el Primer General Geo, ya que este estaba reverenciando a otra mujer.

- Respetables ministros de Autosam -dijo Latis llegando al lugar –permítanme despedirles en nombre de la Guerrera Mágica del fuego. Está sumamente apenada por no poder venir en persona a desearles buen viaje, pero aunque insistió en venir, sería una imprudencia en su condición.

- ¿Su condición? -Pregunto el Primer General Canciller.

- Verá, cuando salimos al jardín, no se percató que una enorme aguja se encontraba tirada en el jardín, alguna hilandera descuidada debió perderla por accidente, y, desafortunadamente nuestra guerrera se la encajó en su pie derecho, atravesando su calzado e incrustándose en el. Por cierto Geo, Lucy agradece mucho tu esfuerzo en tratar de sacar la aguja para aliviar su dolor, pide que no te preocupes, ya la están atendiendo.

Todo mundo volteó a ver a Geo y este descolocado miró a Latis sin comprender, así que el espadachín valiéndose de que nadie lo miraba en ese momento le hizo una seña.

- Oh si… su… herida… ¿es… está mejor… de…?

- La aguja dorada Geo, la que estábamos tratando de sacar del Zapato de Lucy cuando llegó nuestra Reina. ¿Recuerdas? La pobre Lucy no soportaba el dolor –dijo Latis en un tono que fue clave para Geo.

- La aguja dorada… ¡Claro claro, la enorme aguja de su zapato, digo, que se incrustó en su zapato! Y-y- cómo está Lucy ¿f-fue muy… grave?

- No, gracias a los Dioses, pero los sanadores dicen que le causará algo de problemas para caminar.

Así que había sido eso, esa era la causa de que ambos hombres estuvieran a los pies de la guerrera. Todo encajaba, de hecho los presentes habían visto casi caer a la joven guerrera cuando esta se puso de pie ante la llegada abrupta de la reina, seguramente por la herida que tenía en el pie, que no podía no pararse bien.

- Me-me alegro –dijo Geo dramatizando más –cuando vi esa enorme aguja atravesando su zapato… por un momento temí que hubiera alcanzado el hueso.

- Que desafortunado –dijo preocupada la presidenta –envié nuestros parabienes a la joven y amable guerrera mágica.

- Si señora. Ella lamenta profundamente no haber venido a despedirlos.

- No tiene importancia, debe descansar. –dijo la mujer muy comprensiva. A diferencia de la Reina, la guerrera era muy agradable e inteligente, era una pena que se hubiera lastimado.

- ¡Y vaya que sí, señora Presidenta, si usted hubiera visto el tamaño de esa aguja! –aseveró Geo ganándose la atención y preocupación de su gente.

- Aprovechando que seguimos aquí ¿desean que nuestros médicos la revisen? –dijo preocupada por las declaraciones de su general de armada.

Paris y Clef quienes no sabían nada estuvieron a punto de decir que sí pero Latis se adelantó.

- Mil gracias por sus atenciones, pero no será necesario seguro ahora le estarán vendando el pie.

- Pero Latis-

- Tranquilo Paris, sabes que Felin es muy buena sanadora.

- Bueno, con este asunto aclarado, ahora sabe majestad que mi Primer General de Armada, no pretendía ofenderla, como usted nos lo explicaba hacía un momento… Nos retiramos, trataremos de nuevo con Céfiro, cuando haya alguien más coherente en el trono. Parabienes a la guerrera mágica, es una mujer mesurada e inteligente, pudo haber hecho un gran escándalo con tremenda herida, pero no lo ha hecho, ni aun cuando la reina usó formas tan bruscas con ella, se comportó como una dama. Quizá debería aprender de esa joven, majestad.

Dicho esto la presidenta se dio la vuelta y se marchó con su sequito, no tardaron en alcanzar la nave en la que habían llegado y se marcharon.

Por los tres Dioses… que vergüenza para Céfiro…

Y pese a todo Saudra sólo podía pensar en las últimas palabras de la presidenta. ¡Mujer engreída! ¡¿Cómo se atrevía?! ¡Ahora sí que los de Autosam habían ofendido a la reina de Céfiro!

- Majestad –dijo un ministro –acaso tiene una idea de lo que acaba de provocar?

- ¡Que esa mujer y su planeta se vayan al diablo!

- ¡Mi señora!

- ¡Saudra!

- ¡Majestad!

- ¡Me ha ofendido despues de todo, y mirándome a la cara! ¡¿Cómo se atreve a compararme con una guerrera mágica?! ¡Imperdonable, totalmente imperdonable! ¡Yo soy la reina, la reina, la mujer más importante de todo Céfiro!

- Majestad está siendo infantil.

- ¡Y tú atrevido, eres un imbécil, no puedes llamarme infantil, soy tu reina! ¡Paris échalo del consejo!

- Pero Saudra…

- ¡No, sin pero's, soy tu esposa, la futura madre de tus hijos, la madre de un futuro heredero! ¡Este hombre me llamo infantil, no puede quedar sin castigo!

- Es… verdad. Eos, no puedes faltarle así al respeto a tu reina.

- ¡Pero majestad!

- Vamos hombre –pidió de forma amable –no te estoy echando del consejo, pero creo que sí le debes una disculpa a mi esposa. Demuéstrale que tú no eres infantil. –dijo con una sonrisa. Paris también estaba manejando todas las situaciones con inteligencia.

- Es… está bien. Le ofrezco mis sinceras disculpas majestad.

- ¡Tus disculpas no me bastan! ¡Arrodíllate!

- ¡¿Cómo?! –todos los presentes se escandalizaron.

- Querida vamos no es para tanto. Vamos, entremos, tenemos que ver cómo se encuentra Lucy.

Paris se llevó a su mujer con amabilidad aunque casi arrastras ya que esta exigía a voz en cuello castigo para el atrevido, y así entre sus quejas y Paris tratando de tranquilizarla con palabras amables se perdieron de la vista en el interior del castillo.

- Pero…. ¡Qué clase de loca tenemos en el trono!

- Bueno, a mí no me miren señores ministros, mi opinión no fue requerida al escogerla, así que es un asunto que no me compete.

- ¡Pero si usted es el gran Gurú, claro que le compete!

- Le recuerdo gran ministro Paios, que cuando le impusieron a Paris una mujer, dijeron que el jefe Gurú no tenía por qué meterse en asuntos políticos y ni siquiera pude conocer a la joven hasta el día que la trajeron al castillo para formalizar algo que ustedes ya habían formalizado desde antes con sus padres. Así que, lidien ustedes con el problema.

- Pe- pero ahora usted tiene más importancia política, debe ayudarnos.

- ¿Y qué puede hacer un simple mago? ¿Desaparecerla? Jaja… No, me temo que, la corte que la eligió debe hacerse responsable de sus decisiones, yo lo haría si hubiera estado presente. Es una lástima que no haya estado. Buenas tardes señores ministros.

Clef entró al castillo seguido de Latis mientras los otros magos se despedían de ellos, comentando las locuras de la reina mientras se marchaban, dejando a los ministros en soledad.

- ¡Qué horror! ¡En qué lio nos ha metido la reina! –los ministros estaba aterrados. ¡No querían más enemistades con los planetas vecinos!

Mientras por los solitarios pasillos…

- ¿Dime Latis cómo se encuentra Lucy? ¿Seguro que no es grave?

- Ni siquiera es de observar.

- ¿Cómo dices eso Latís? –le reprendió.

- Es literal Gurú Clef –dijo con una leve sonrisa –no lo podrás observar porque no hay tal herida.

- ¡¿Cómo?!

- Todo fue una treta de la astuta Lucy. Esa chica sí que sabe pensar rápido cuando la situación lo requiere.

- Explícate –pidió confundido.

- Pues verás…

Mientras tanto Lucy salía por la cueva del bosque en Aokigahara.

- Eso salió como seda. Partir lo hecho y rehacer lo partido. Toda va conforme al plan.

Saudra iba tan enfrascada en su rabieta que en lugar de dirigirse a ver a la guerrera se dirigió justo a su habitación con Paris siguiéndola y consecuentando todo lo que decía, mostrándole su cariño y apoyo.

- ¡Son unos atrevidos!. Ja, Céfiro no los necesita… ¡Ellos nos necesitan a nosotros! Veremos quién le ayuda con la restauración de su sucio planeta.

- Tienes toda la razón cariño. –afirmó mientras ambos entraban a su habitación.

- Ay Paris… es maravilloso que mi esposo sí me comprenda –dijo dándose la vuelta y arrojándose a los brazos del Rey quien la recibió en un cálido y cariñoso abrazo acunándola entre sus brazos como a una niña pequeña, sonriéndole con cariño.

Pero… si su yo interno pudiera hablar le diría lo mucho que le molestaba su aroma, el timbre de su voz y su contacto.

Saudra se sintió tan cómoda en sus brazos, contra ese pecho fuerte…

- Paris, ya que las visitas se han sido… quizá… quizá podríamos pasar tiempo a…. solas –dijo sonrojándose.

Paris sudó frio y puso su mejor sonrisa.

- S-sí, yo…. Eh… creo que sí, despues de todo, ya… ejem… va siendo tiempo de…

- Paris… -la joven levantó la vista y cerrando los ojos se paró en puntitas y acercó sus labios a los de Paris.

Sin más opción este concretó el beso, pidiéndoles a los tres Dioses no lo dejaran vomitar porque ganas no le faltaban.

- Mi amor, tus labios son tan dulces. ¿Por qué no cerramos la puerta y les mandas avisar que no nos interrumpan?

- Yo…

- Su majestad.

Ambos se respingaron y mientras Saudra volvía el rostro rojo como tomate pues había sido descubierta en la intimidad con su marido (ya que un beso en la habitación conyugal se consideraba demasiado íntimo) Paris se puso en firmes y respondió con toda gallardía.

- Diga usted gran Gurú.

- Lamento interrumpirlos pero, necesito que por favor venga conmigo.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Cómo qué? El estado tan delicado en el que está Lucy y ni siquiera te dignaste a ir a verla. Es un de las legendarias Guerreras Mágicas, y tú el Rey de Céfiro, tú más que nadie tienes la obligación de mínimo ir a verla y desearle una pronta recuperación.

- Ti… ¡Tienes razón! Dioses guardianes, que descortesía. Pero es que –dijo aproximándose a Saudra y tomándola por los hombros –cuando estoy con mi amada esposa, pierdo la noción de todo.

La joven lo miró con una expresión de mujer tonta, se sentía en las nubes. El Rey de Céfiro perdía la noción de todo por ella… Ah…

- Cof… -Clef hizo su característico además de toser para llamar la atención en una situación seria y Paris fingió volver a la tierra de los vivos. –Majestad, las intimidades déjelas para la soledad de la alcoba, pero ya que estoy presente respéteme un poco –Saudra se sonrojó de nuevo –Ahora acompáñame de una buena vez.

- Sí, vamos Gurú Clef.

- ¡Yo también voy! Es obligación de la reina también.

- ¡No! –ambos vieron a Clef con cara de espanto. –Yo ejem –dijo carraspeando un poco – Mi reina, despues del espectáculo que nos brindó en el jardín, creo que debería idear una muy buena disculpa para presentarse a la cara de nuestra guerrera a quien humilló hace unos momentos, y si no tiene a la mano esa disculpa, me temo sería mejor que se quedara.

- ¿Una disculpa? –la reina ¿disculparse?

- Por supuesto.

- Jum… la que al final salió ofendida fui yo.

- No tiene que disculparse si no lo desea, pero en ese caso, por favor absténgase de visitar a nuestra guerrera, nada la obliga. Sin embargo Paris tú sí tienes la obligación.

- En efecto. Vamos. Amada mía espérame aquí, yo le daré tus buenos deseos a Lucy.

Clef hizo una reverencia y en compañía de Paris dejaron el dormitorio real.

- ¡Jum! ¿Cómo disculparme con esa tonta? Despues de todo ella tuvo la culpa por torpe. Ojala este sufriendo mucho esa herida.

La reina fue a sentarse a la cama muy ofendida, ese día no había salido como ella lo esperaba.

Mientras tanto por los pasillos…

- Gracias Clef, llegaste justo a tiempo… -decía un aliviado Rey.

- Pasaba por ahí en el momento justo, creí conveniente ayudar a un amigo en apuros.

- Y vaya que me salvaste… No sabes cuánto te lo agradezco –dijo haciendo énfasis en la última frase. -Y dime ¿cómo se encuentra Lucy?. Qué pena, con todo este problema olvide a Lucy por completo ¿es grave?

Clef sonrió un poco y repitió las palabras de Latis –No, ni siquiera es de observar.

- ¿Eh? Clef…. Te desconozco. Sé que a veces eres tan serio que la gente se pregunta si tienes emociones y hasta se puede pensar que eres un viejo gruñón y amargado pero-¡Auch!- ¡Oye, soy el Rey, se supone que no me puedes tratar como antes! –se quejó sobándose su chichón con una lagrimilla.

- Serás el rey Paris, pero todavía te puedo dar cuantos bastonazos necesites para reformarte. Respétame. Y en cuento a Lucy, es tal cual lo escuchaste. No se puede ver su herida porque no hay tal.

- ¿Cómo?... ¡Pero…. Si Latis dijo-

- Latis dijo lo que tenía que decir. Lucy se encuentra bien, sólo que nuestra querida niña usó su astucia para voltear las tornas a su favor.

- Oh, comprendo, entonces, ella está bien, de todos modos vamos a verla para agradecerle lo que están haciendo por mí.

- Será otra ocasión Paris, Lucy se fue a casa hace ya un rato.

- ¿Qué, ya se fue?

- Sí.

- Bueno, en ese caso… ¡por favor, invéntame algo qué hacer! ¡No quiero volver a ese cuarto con Saudra!

- Ah… Ojala fuera tan simple como eso.

- ¡¿Simple?! ¡Cómo se nota que tú no eres el casado!

- No tengo nada que inventar –dijo ignorando las quejas del casado –en realidad tenemos un gran problema en las manos, cortesía de esa joven con la que te empeñaste en casarte por despecho.

- Clef-

- Es la verdad.

- ¿Qué querías que hiciera? Estaba presionado por todos lados.

- Paris si no fuera por tu orgullo masculino quizá hubiéramos podido hacer algo pero a unos días de la boda estabas demasiado impertinente con todos. No cabe duda que hombre enamorado y enojado no piensa… Lo hecho, hecho está y hay que ver cómo solucionar lo que acaba de hacer tu mujer…

- Clef… ¿no crees que a las guerreras se les está yendo la mano?. Ellas fueron las que insistieron en que Latis organizara esta reunión. No estoy seguro si planearon este incidente interplanetario, pero… esto es grave.

- Lo sé. Espero tener noticias suyas pronto. Latis dijo que Lucy no se veía preocupada en lo más mínimo, así que supongo que algo habrán pensado….

- Eso espero –dijo preocupado. –Bueno al menos… me dará un pretexto para estar todo el día ocupado y no ir a dormir a mi cuarto.

Al caer la noche, los ministros se habían reunido en la casa de otros aristócratas en una cena informal en la cual esperaban enterarse de los últimos acontecimientos de la política exterior.

Sin embargo las noticias le habían arruinado la digestión a todos. Cuando la cena acabó, las mujeres fueron a cotillear al salón de té, y los hombres salieron al jardín preocupados por los asuntos políticos.

- ¿¡Y no hizo nada?!

- Trató de arreglar las cosas con los extranjeros. Pero, respecto a la reina no hizo nada. Al contrario me obligó a pedirle una disculpa.

- ¿Una disculpa?

- No me quejo, la altanera jovenzuela pedía mi deposición del consejo.

- ¿Cómo se atreve? ¡No tiene argumentos válidos para pedir tal cosa!

- ¿Han visto como trata el Rey a la Reina desde hace unas semanas? –preguntó uno de los aristócratas.

- Sí. Tiene enajenado al rey. Y pensar que en un principio él no la quería.

- No sean tontos. Es su mujer, y bueno, las mujeres tienen sus técnicas para doblegar a un hombre. Ella puede más sobre el Rey que nuestras opiniones, ya que le puede dar lo que nosotros no. Yo pensé que era una joven decente pero, ahora veo que esta princesa de Arnauld no es más que pura fachada. Algo debe hacer, porque no hay forma que una mujer tan altanera y sin talento o inteligencia para gobernar, sea capaz de doblegar así al Rey. Saudra es una mujer superficial sin gracia ni talentos como ganar el respeto y la admiración de su marido a ese grado por méritos propios. Creo que sólo tendrá uno. No hay duda, debe ser una… "experta" en su ramo…

Vaya ironía, la que juzgaba a todas las mujer de libertinas y vulgares, ahora sin saber, era víctima de suposiciones maliciosas, por parte de aquellos que la habían puesto en el trono.


Mientras tanto en Mundo Místico, las chicas también se habían reunido a cenar…

- ¿Y qué tal Lucy? Nos tuviste en ascuas todo el día.

- Pues, digamos que siempre tuviste razón Marina, como tú siempre dices "Un zapato ofrece mucho más que sólo caminar"

- ¿…? Pero…

- Quizá nosotras conspiramos con Clef para hacer posible esta esta reunión, pero quienes eliminaron a la reina del set de hoy, fueron estos tacones.

- No te entiendo.

- Pues les cuento. Fue difícil… porque no estoy acostumbrada a usar tacones, pero lo demás salió como seda.

Las chicas comenzaron a reír ante la aclaración y Lucy comenzó a relatarles los acontecimientos del día y el problemón que le había causado a Céfiro, pero, no le tomaron mucha importancia ya que ellas lo tenían todo calculado.

- Clef y Paris deben estarse parando de pestañas jajaja.

- Toda la política de Céfiro Marina. Ay pobrecillo, al menos debí decirle algo, pero, ya sabes lo que dicen, si quieres engañar a tus enemigos, primero…

- Debes engañar a tus amigos.

- Así es Anais. Ahora a la siguiente fase.


Pronto el suceso corrió como la pólvora entre toda la corte y en un par de días, otro escándalo más relacionado con la reina se esparcía desde la clase más alta hasta la más baja.

En las últimas semanas en que Paris había sacado a pasear a la reina no habían sido pocos los desplantes que Saudra le había hecho al pueblo quien se le acercaba con amor, pero recibía desprecio a cambio, así que la popularidad de la reina iba en decremento. Esos paseos también habían sido idea de las guerreras.

Debían contar con el testimonio no sólo de nobles sino del pueblo mismo.

La historia de su mundo les había enseñado a las guerreras que deponer a una reina no era cosa tan fácil si no se contaba con las razones adecuadas.

Pero también siendo que reinas inocentes habían sido depuestas en su mundo por ardides e intrigas de la corte, con mayor razón, deponer a una loca tirana sería sencillo si lograban demostrar a los ojos de todos la incapacidad de la reina para gobernar sabia y correctamente.


Maru-chan: Lo siento Maru-chan, lo que pasa es que he estado ajetreada de nuevo, tuve que salir y cuando lo hago no me llevo mis cosas para evitar pérdidas. Ahora que regresé me apuré a subir este capítulo. Deseo te guste. Ay pero que lindo detalle, le diste prioridad al capítulo, muchas gracias, esos detalles son de los mejores pagos que recibe un autor. Si caray, es que cuando escribí el fic traté de hacer capítulos ni tan largos ni tan cortos para no enfadar o dejar en ascuas, pero se lo que sientes respecto a la barra. Yo también la checo cuando escribo. Y respecto al inicio pues Anais uso a Lulu para citarlas porque tenía miedo que por la forma en que las trató no fueran a aceptar la invitación, pero fue una treta para asegurarse que irían a la cita en el café. Es que con las amigas a veces uno no sabe. Y el título hace referencia a que An es una guerrera, recuerda que una mujer es una guerrera más que en un campo de batalla, son guerreras de la vida, y superar lo que An superó sólo una guerrera. Pero es mujer, claro que tiene la fuerza. Por eso lo titulé así porque darle la batalla a la vida y pelear por su sueño también es una guerra contra las circunstancias. Y muchas gracias por tu comentarios sí me gusta ponerle empeño a mis historias de hecho, ahora estoy en booknet y estoy por sacar novelas originales, la verdad sólo espero que me den luz verde en derechos de autor una vez concluya el trámite para evitar que mis historias originales sean plagiadas. Este fic de Anais esta en booknet para quienes me quieran apoyar por allá, decidí ponerlos ahí como lecturas gratuitas para comenzar, y porque booknet ofrece una protección extra contra plagios aún en los fanfics, sólo tengo dos fanfics allá. Qué bueno que seas fan de esta pareja, siempre pensé que Fuu (bueno yo le digo Anais porque así la conocimos en Latinoamérica y Fuu… eh bueno no me suena tan lindo para una chica jeje) debía ser más que una guerrera si se hubiera quedado en Céfiro porque es muy inteligente. Me dices qué te pareció este cap, y respecto al fic ya también se acerca a su final, deseo te guste y muchas gracias por leerme. ¡Te mando un abrazo y mis mejores deseos de año nuevo!

Tsukihime: Complacida, aquí está Latis en su papel de canciller, y sí Saudra está de psiquiatra, para deponerla se debe argumentar algo de fuerza mayor y la locura es una de las grandes razones para quitar a una persona del trono. Ya sabes lo que dicen, no todo es como lo pintan, los ministros la escogieron por su familia y rancia aristocracia, pero la enfermedad no respeta títulos. Además Latis ya descubrió que ser el caballero en brillante armadura les gusta… ¡Un abrazo y feliz año nuevo!

Mari-Anais: ¡Oh que gusto de volverte a ver! Que bien que sigas por aquí y te esté gustando la historia. Muchísimas gracias por el apoyo, deseo te gusten los fics que sigan y el final de este. ¡Un saludote y Feliz año nuevo!

MarsEs7: Muchas gracias por tu review y que bueno que te hice enojar y sufrir como tú dices. Nada como vivir la historia en carne propia. No, no dejo de escribir por simples ladronas, uno debe seguir adelante. ¡Feliz año nuevo! El año nuevo trae nuevos comienzos, y nada como comenzar aprendiendo de los errores y problemas. Hay que dejar lo hecho en el 2020 atrás para tener un mejor año, como dicen por ahí, quién no aprende de sus errores está condenado a repetirlos.

Muchas gracias a todas por leer, deseo les haya gustado. Sé que el título del capítulo 8 está algo loco pero aparte que yo misma me reí con sólo ponerlo, creo que es lo indicado a la situación. Les deseo un 2021 lleno de cambios positivos, felicidad y el volver a la NORMALIDAD, nada de "nueva normalidad", lo del 2020 no fue normal, y no hay que dejarnos imponer una vida artificial. Si se superó la peste negra sin cambios, con mayor razón esto.

Un abrazote a todos mis lectores anónimos que no se dejan ver pero las estadísticas los delatan. ¡Manifiéstense no muerdo jajaja! ¡Feliz año para todos!