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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes así como la trama original de esta historia son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Protegido por SC e Inda. Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Uchikake

Juicio Mistico

Cuando el Rey entró en el salón de juntas las quejas no se hicieron esperar, atropelladas y demandantes casi no se distinguía lo que decían entre tanto barullo, salvo una cosa, todas exigían deponer a la reina, luego de poder acallar a la multitud para tratar el asunto con claridad y coherencia, al final se le había recordado al consejo que de ser así su deseo, debían seguir el protocolo que esto ameritaba. Debían llamar a la familia de la novia y notificarles de las acciones legales que estaban por tomarse, para que así ellos tuvieran el derecho de réplica en el juicio por venir.

Desde un principio se sabía que un divorcio real no era para nada cosa sencilla, demasiados contratos, demasiados ritos, demasiadas reglas y compromisos. Que lío tenían en las manos.

Primer careo legal…

- Entiendo que mi hija cometió un grave error, pero señores deben entender, aun es joven e inexperta, lo que ocurrió fue a causa del vino. Como su madre aunque me cause bochorno admitirlo debo ser responsable y confesar que sí, mi hija cometió el error de beber del delicioso vino que los cancilleres de Cizeta enviaron, y se le pasó la mano. Pero ¿cómo culparla? Saudra nunca había tomado y ahora como mujer adulta se tomó ese atrevimiento, ese vino es dulce y adictivo simplemente Saudra no midió la cantidad, no pensó que le podría afectar así. No pueden acusarla de posesión por una simple borrachera.

- Mi apreciable señora… ¿Culpa de los efectos de un vino tan noble como el de Mitra, a semejante vesania?

- … -la donquira no sabía que contestar, entonces acorralada apeló a la conciencia de los otros –Señores por favor. Mi hija no es ni la primera ni única persona en cometer acciones inapropiadas a causa del vino. Muchos aquí tienen respetables parientes que se hicieron famosos por ciertos espectáculos lastimeros a causa del vino. –finalizó mirando en especial al primer ministro Excelom cuyo padre en el pasado había hecho un tremendo papel en una de las fiestas en el sur.

El primer ministro se revolvió incomodo en su asiento. Era verdad que su finado padre se había hecho un hueco en la historia de Céfiro por aquel vergonzoso incidente, pero claro que no era nada comparado con el deplorable espectáculo que les había dado la reina.

- Señores por favor, no pueden deponer a una reina por una rabieta. –Insistió la donquira.

- ¡¿Una rabieta?! Una rabieta dice mi querida dama. Aun si quisiéramos aceptar su defensa tan… cándida, respecto a tratarse de solamente una rabieta, no podemos obviar el hecho de que quien armó esta rabieta, no fue una niña, sino una mujer y más aún, nada más y nada menos que la soberana del planeta entero, la reina de Céfiro. Agredir de tal forma a una invitada al castillo es inaceptable. ¡Imaginen que la persona agredida resultara ser una de las cancilleres de los planetas vecinos! Tendríamos una declaración de guerra justo en la puerta. Donquer y Donquira de Antelor, ya deben estar al tanto de la penosa situación que atraviesa Céfiro ahora mismo, al haber perdido el apoyo de Autosam a causa de las… "rabietas" de la reina. Uno esperaría que las rabietas fueran cosas de niños y que no pasaran de unas cuantas patadas al suelo ¡Pero esto mis señores? ¡¿Cuánto más debemos esperar antes de considerarlo un asunto serio?! ¿Cuándo los cañones de una nave extranjera apunten directo al castillo?. Creo que hablo por todos los aquí presentes y por aquellos a quienes representamos. Debemos deponer a esta reina de inmediato, porque a mi ver, es claro que ella sufre de posesión maligna y siendo así, no sólo ella, sino cualquier descendiente que le dé al reino serán un peligro para Céfiro.

- ¡¿Pero cómo se atreve?!

- Mujer basta. –por primera vez desde que llegara, el donquer habló. Había permanecido en silencio analizando la situación, la cual se presentaba demasiado difícil y vergonzosa. – Señores, admito que las acciones de mi hija son altamente reprobables… -el hombre limpió con su pañuelo el sudor de su frente, sabía que las acciones infantiles y arrebatadas de Saudra no tenían justificación, sin embargo pese a todo era su hija, y tenía que hacer lo que estaba en sus manos para ayudarla, deponerla por estas cuestiones, significaría la muerte social de su hija, ningún hombre que se respetase querría casarse con ella, eso en el caso que quedara libre; además, el cargo de posesión era muy delicado, pues a esas personas, a quienes jamás era posible retirarles el mal, habían sido confinadas en el pasado al encierro en los calabozos de Azabae, en la región más alejada del Sur. Al cuidado de los magos ermitaños de la orden Sada. Era una existencia muy triste – Y también sé que todos los aquí reunidos están de acuerdo en deponerla, sin embargo siendo así, les ruego que al menos me permitan apelar al Juicio Místico.

Los presentes ahogaron una exclamación, un juicio místico… El Donquer sabía que apelar a eso no era necesario y era hasta exagerado ya que era evidente la incapacidad para reinar de Saudra, sin embargo Saudra como la reina tenía pleno derecho, y a como estaban las cosas, fue su último recurso para salvar a su hija de un divorcio real y una condena en el sur por posesión maléfica.

- ¿Sabe lo que implica mi Señor?

- Sí, y sé que mi hija como Reina tiene derecho.

- Molestar a los Dioses por algo que evidentemente podemos resolver los humanos… -dijo el primer ministro escandalizado.

- Respetable primer ministro Excelom, le quiero recordar, que quien me llamó y pidió que mi hija fuera la candidata a ser reina fue usted. Sabía todos los compromisos que implicaba, también lo sabía su majestad, todos los acuerdos y contratos, Saudra podrá ser joven e inexperta, pero ahora no es sólo la inexperta hija de un donquer, quiero recordarles a todos que Saudra ya no es una Arnauld, Saudra ahora es parte de la sacra familia real Gent-Pilaris. Pueden deponerla, pero divorciarla no. Todos sabían en quién se convertiría Saudra cuando se firmaron los acuerdos. Pueden quitarle la corona pero no su derecho de dar a luz al heredero y seguir siendo la esposa del Rey.

Y es que era un caso muy difícil. Por eso se le dijo a Paris una y mil veces que pese a los acuerdos que ya se tenían, rompiera ese absurdo compromiso porque el último de los contratos, el firmado el día de la boda, volvería un divorcio casi imposible de efectuar.

Pero hombre enojado no piensa.

Desde la muerte del pilar quien en tiempos pasados se consideraba el ser más cercano a los dioses, este tenía si no un estatus divino, sí sagrado, por lo cual al morir Esmeralda, su único pariente directo, el Príncipe Paris de la casa de Gent, se consideró el más indicado de entre los nobles de Cefiro, para construir una casa, una dinastía real en forma. Esmeralda no era una princesa por ser el pilar del planeta, sino que había sido una princesa por derecho propio. La casa de Gent, una con mucha tradición e historia, eran regentes en una zona del norte. La elección del pilar no respetaba rangos, podía ser elegida una pordiosera o una autentica reina. Y en el caso de los Gent, más que una bendición fue un infortunio, perderían a su hija sin derecho alguno a negarse, sin importar su poderío. La gente común lo veía como una bendición y se sentían honrados, pero los ricos, más cultivados y educados, sabían lo que ser el pilar significaba.

No es como si pudieran escapar. Pero no quiere decir que en el pasado, los poderosos no lo hubieran intentado. Y esa era la razón de que Paris y Esmeralda fueran huérfanos.

Como todo en las esferas de poder, la vida de unos pocos, servían para salvar las de miles, y los sacerdotes de la sagrada orden del pilar, no iban a permitir que el mundo pereciera por un par de padres egoístas que no estaban dispuestos a sacrificar a su hija por un bien mayor.

Paris nunca se había enterado pero Esmeralda se había llevado ese secreto con ella.

Zagato lo sabía, él fue un sacerdote y desde joven aprendiz, fue enseñado a hacer lo que debía hacer por un bien mayor. Cuando aún aprendiz a punto de graduarse, ya sabía que la familia del actual pilar se había negado, y por eso sus superiores habían hecho "lo que tenía que ser hecho"… y sentía mucha pena por la joven a quien aún no había conocido. Sabía que era una princesa del norte. "Pobre joven tan desafortunada" se decía "perdió y seguirá perdiendo todo para salvar a este mundo". "Debe haber otra opción Zagato" le decía siempre su hermano menor cuando ambos hablaban del tema. "¿Acaso te atreverás a matar a un inocente si debes hacerlo?" le preguntaba su hermano menor con congoja, a lo que Zagato siempre respondía "Me alegra saber que a como pintan las cosas, al menos yo y los otros jóvenes sacerdotes nunca nos veremos en esa necesidad. Los pilares son longevos, quizá ella viva más que yo"

"Respóndeme hermano. ¿Si te vieras en la necesitad… lo harías?"

"No… -respondió en un cansado suspiro –No hermano ¿cómo me atrevería?. ¿Sabes? Espero no me castiguen los Dioses pero… a veces siento que tienes razón y que… este sistema es injusto… está mal."

"Yo no lo siento sólo a veces. Todo el tiempo estoy seguro. ¿Acaso no hay un mundo donde las flores florezcan sin un pilar?"

Me sonreíste y solo me dijiste "Ya acuéstate y duerme, o estarás haraganeando mañana en tus entrenamientos". No deseabas matar inocentes, y al final causaste la muerte de cientos de ellos, por amor.

Todo esto mantenía al canciller distraído, cuando había comenzado a pensar en todos los problemas que tendrían para concertar el divorcio, recordó el pasado de Esmeralda y por ende el de su hermano.

Al escuchar más reclamos de la donquira, Latis volvió en sí.

Tenían un problema en las manos. Cuando se había creado la casa real se había formado una constitución especial. La casa de Gent, ahora Gent-Pilaris, había adquirido un carácter sagrado al haber sido la elegida por el antiguo sistema del pilar, por eso, ahora la candidata a ser la esposa del nuevo príncipe regente y futuro rey, no podía ser cualquiera. Al ser Paris el primer soberano de este tipo, se le daría libertad de escoger esposa incluso entre plebeyas, pues urgía dar herederos, sin embargo el hijo de Paris, el primer príncipe heredero que naciera en esta casa sacra, ya no tendría la facilidades de su padre, pues estaba escrito en las nuevas leyes que la joven que sería parte de la nueva familia real debía ser una con los títulos suficientes y además debería ser consagrada en la fuente de los suspiros donde se decía los antiguos pilares solían bañarse en un bautizo y en la cual también estos habían derramado lágrimas al ser arrancados de sus familias y resignarse a su destino, cosas que se creía habían dotado de un carácter mágico y divino al lugar.

Paris era ahora por herencia de sangre sagrado, su esposa, la madre del futuro príncipe, no podría ser menos, por esa razón, el día de la boda justo en la mañana, horas antes de la ceremonia, Saudra había sido rebautizada en la fuente de los suspiros, dándole un carácter santo, ahora la joven princesa había dejado de formar parte de los Arnauld para convertirse en la bendecida princesa de Gent-Pilaris, esto era un estatus que debía ser respetado por todos. No se podía hacer un bautizo así para desdeñarlo despues, los primeros en legitimar tal bautizo debían ser todos los ministros. Ir contra una mujer bendita, no sólo era un escándalo que atentaba contra las leyes del hombre sino que atentaba contra la religión misma, la moral y las buenas costumbres.

Por eso era verdad que Saudra tenía derecho a un Juicio Místico, al igual que era verdad que molestar a los Dioses para deponer a alguien que a todas luces debía ser depuesto era una exageración. Aquí ambos tenían la razón, así que por más engorroso que fuera, las cosas debían hacerse de forma correcta.

- El donquer tiene toda la razón, Saudra como nuestra Reina ha hecho un terrible papel que implica su deposición inmediata por el bien del planeta, pero, como la princesa bendita de Gent-Pilaris, es verdad que tiene derecho a conservar su puesto como esposa del Rey Paris y su derecho a darle un heredero, sin embargo si padece posesión sería peligroso para el reino. Por esta razón, apoyo la moción, por el poder que me ha sido concedido, yo doy un sí, al juicio Místico.

El hombre que había hablado en favor, era nada más ni nada menos que el príncipe del Viento del Este, el regente de toda la región Este de Céfiro, era una de las cuatro Alas del Rey.

Un Ala del Rey era una de las designaciones más importantes para un funcionario en Céfiro, tenían a su cargo a todos los demás nobles y funcionarios de la región del cuarto viento que gobernaban y le rendían cuentas al mando supremo que era en este caso el Rey de Céfiro. El era la voz del Este, no era un ministro o político cualquiera. Y era, aunque nadie lo sabía, el padre de la doncella que tan horriblemente había sido agredida y agraviada en la fiesta por Saudra.

Sin embargo, este apoyo no significaba que deseara defender a Saudra, al contrario, pues estaba actuando con inteligencia. Quería acabar a Saudra, y un juicio místico sería peor que deponerla, pues estaba seguro que los Dioses no aprobarían a semejante bestia en el trono.

Depuesta por los ministros le quedaría aún cierto estatus, pero depuesta por los mismísimos Dioses, la acabaría en su totalidad. Entre más pronto se hiciera el juicio, más pronto se librarían de ella.

- Oh muchas gracias Ala Este, finalmente alguien sensato en esta sala –había dicho la donquira.

El hombre sonrió con cordialidad, mientras tras esa sonrisa el veneno de la serpiente recorría la saliva.

- Yo también doy el sí, del Norte.

- El Sur, apoya la moción por un juicio místico –anuncio Veiron el Ala Sur del Reino, sonriendo cómplice a su amigo del Este.

El príncipe del Norte que había sido humillado en la última junta por Saudra se sumó a la votación en favor del juicio.

Viendo a tan ilustres señores sumarse a la aceptación, y queriendo terminar con todo esto lo más pronto posible, más se sumaron a la petición.

Finalmente y de muy mala gana el Ala Oeste se vio en la necesidad de aceptar, pues negarse a estas alturas con tantos votos a favor sería irrelevante…

- Ah… está bien, doy un sí, aunque igual que el primer ministro pienso que es innecesario molestar a los Dioses.

El hombre tenía sus recelos, pues, se decía que aparte de justos los Dioses eran misericordes, y siendo así ¿qué si le daban a Saudra otra oportunidad? Si se la brindaba la cámara real se podría apelar de nuevo, pero si se la brindaban los Dioses ya no habría nada que hacer. Solo esperaba que los Dioses no fueran a mostrar misericordia justo ahora…

- Muy bien –habló el Rey por primera vez – está pactado, un Juicio Místico se efectuara contra la Actual Reina de Céfiro Saudra Gent-Pilaris, princesa bendita de Gent, princesa feudal de Antelor, antigua integrante de la ilustre casa Arnauld y mi esposa. Mis señores altos magos del consejo de magia por favor, den fecha y lugar para el Juicio Místico.

Los ilustres magos deliberaron y Teliceri el Ishtar, segundo al mando despues de Gurú Clef, fue el encargado de anunciar la fecha.

- Señores, ilustres del reino, el juicio se llevará a cabo el siguiente celestro al medio día en la cámara Aurea, aquí mismo en el castillo Touareg.

- ¡¿Cómo?! ¡¿Pero cómo en este castillo?! ¡Son los Dioses quienes deben deliberar!

- Precisamente mi Señora ¿olvida que por primera vez las mismísimas representantes de los Dioses en el mundo mortal están de vuelta? Las Guerreras Mágicas en calidad de portadoras de los tres espíritus celestes serán quienes hablen por ellos.

- ¡N-no! ¡E-e-eso… no-no es el procedimiento!

- Mi señora si ellas no estuvieran de nuevo presentes, estoy de acuerdo, habríamos de ir a cada uno de los templos a consultar la palabra de los Dioses. Pero en caso que sus legendarias representantes y portadoras se encuentren en carne y hueso, deberán ser ellas quienes se presenten al castillo a ser la voz del cielo.

- Es consistente con las tradiciones, leyes y la antigua religión –confirmó el Ala Sur. –Es el procedimiento correcto, donquira.

- En efecto –aseguró el donquer –gracias por mostrar justicia para mi hija.

- Es lo correcto mi señor. Muy bien, sin más asuntos que tratar, esta sesión ha terminado, las partes involucradas deberán preparase.

Todo mundo se levantó y haciendo la reverencia de rigor, fueron dejando el salón.

Horas más tarde, Tokio…

- Así que asistiremos en representación de los genios.

- Sí Anais.

- Oigan… y… ¿qué tendremos que decir? Yo nunca he hablado por un ser divino. ¿Tenemos que ir con los genios de verdad?

- No, por lo que me explicó Clef, sólo nuestra palabra bastará, nadie pondrá en duda si son nuestras palabras o las de los genios.

- ¿No será hacer trampa?

- No rubia. Por lo que oí de los otros magos y como se ven las cosas allá, es como cuando aquí habla el Papa, son sólo las palabras de un humano, pero los católicos no dudan que sea el representante y palabra de Dios. Tonto y simple pero efectivo. Sólo debemos ser muy prudentes en la elección de nuestras palabras, no debe notarse que es algo personal, debemos sonar totalmente imparciales y neutrales hasta en el hablar.

- ¡Ah! Neutral me define….

- Lucy, si Marina con ese carácter del demonio que se carga puede lograrlo, con mayor razón tú. Eres impulsiva pero no tonta, estoy segura que lo harán bien –le dijo con una dulce sonrisa –pero… Yo… siento que la culpa me corroe.

- ¿Culpa por qué?

- Sé que no tengo culpa y que Saudra lo merece y aun así… saber que le voy a quitar el marido y la estabilidad a una pobre enferma mental… eso no me hace sentir bien. En esas condiciones en Céfiro, Paris es el único apoyo de Saudra y si la vida no me hubiera enseñado de la peor manera que debo pensar en mi felicidad primero, creo que hasta pensaría en dejarla con él…

- ¡Anais, por Dios no-

- Tranquila Marina, no digo que lo haré, sólo digo que mi yo de hace unos años sí lo hubiera hecho o mínimo me lo hubiera pensado mucho para separarlos. En Céfiro, pues… le dan demasiada importancia al matrimonio, sobre todo en una mujer con la situación de Saudra. Clef me comentó que acusada de posesión no podrá hacer una vida normal…

- Si piensas con la cabeza quizá como reina puedas ayudarla si quieres, o incluso como la voz de Windam.

- Tienes razón. –sonrió.

- An, te admiro, tienes un buen corazón.

- Es cuestión de tener un poco de conciencia Lucy, no tanto de un buen corazón. Por cierto hablando de ser elocuentes, espero contar con tu ayuda Lucy, para resolver el asunto con Autosam.

- Sabes que cuentas con mi apoyo.

- Espero que todo salga bien.

- Lo hará, tu tranquila.


Dos días después…

-Lamento mucho haber arruinado tu fiesta Gurú Clef –decía Anais, mientras caminaba entre la bella arboleda dentro del bosque cercano al castillo. –Esperar tantas décadas para que lo hayamos arruinado en segundos…

- ¿Pero de que hablas mi niña? ¡Si fue el jubileo que más disfruté en mi vida!

- Agradezco que trates de levantar mis ánimos.

- Anais –dijo deteniendo sus pasos y tomando las manos de su niña. –No intento levantar tu ánimo, estoy siendo brutalmente honesto.

- ¡Gurú Clef por Dios, este jubileo fue un desastre!

- Para la corte y la política sí. Pero no para mí, que fui el festejado, y eso creo que es lo que más importa.

- No te entiendo. –negó la rubia, seguro sólo quería hacerla sentir bien. –Ni te entiendo ni te creo…

- Anais, dime mi niña ¿cómo es en mundo místico?

- ¿Eh?

- ¿No es también que… el festejado deba ser quien se divierta?

- ¿Eh? Pues sí, sí pero, no creo que haya sido el caso. La verdad me he sentido muy mal desde ese día, setecientos años no se dicen fácil.

- Y fueron setecientos años en los que yo jamás me divertí en un solo jubileo hasta hoy.

- ¿Cómo es posible?

- Ah… -él mago suspiró y miró al cielo –siempre he sido más que una persona, un Gurú, un guardián, el mago… apariencias que mantener… Me preocupaba tanto que todo saliera bien para los demás, que todos se divirtieran, que yo me comportara de acuerdo a lo que se esperaba de un Jefe Gurú, que jamás tuve oportunidad de disfrutar uno solo de esos festejos. No hasta ahora –dijo volviendo sus ojos a Anais.

La joven no acertaba palabra y el mago viendo su confusión la tomó de una mano y la invitó –ven – dijo mientas la llevaba a sentar a la gruesa raíz de un árbol.

- Quiero ser muy honesto Anais. No es nada fácil ser el Jefe Gurú, siempre se tienen que guardar las apariencias, un protocolo que seguir, una imagen que respetar. No sería nada decoroso ver al jefe Gurú bailoteando, haciendo bromas, o… apostando por ahí –dijo en medio de una risa que le bailaba en los labios. –Pero por primera vez, gracias a esa mascara, pude ser yo mismo. Irónico ¿cierto? Que una máscara me haya dado la libertad de ser quien soy, primera vez en cientos de años. Me divertí y mucho, de hecho, tengo que confesar que hice algunas cosas indebidas, como coquetear con desconocidas y hasta… apostar, y gané con ventaja, deshonesto pero divertido –finalizó con una sonrisa de satisfacción que dejó perpleja a la rubia.

¿Había dicho deshonesto con tan desfachatada sonrisa?

- ¿Co-coquetear?

- Sí, aunque sólo estaba jugando. Pero en lo de la apuesta, fui bastante serio, he de admitir que fue un robo, porque yo sí conocía la verdad tras la apuesta pero valió la pena, además no robé a ningún inocente, esos ministros más siniestros que ministros se merecían la pérdida y despelucarlos fue más un acto de justicia. Creo que nunca había sido tan descarado en mi vida.

- ¿Apostaste? ¿Dinero? –decía la rubia con los ojos en blanco.

- ¡Pues claro Anais! ¿Qué otra cosa? –preguntó en medio de una cándida risa.

- Yo creía que… un gurú no-no podía…

- Y no puede, por eso digo que en verdad me divertí. ¿Sabes mi niña? Parecía que jamás había bailado, pero bailando contigo recordé que sí, cuando era un joven aprendiz, bailaba en las fiestas del pueblo, y me divertía, gozaba cada nota, despues, todo… se volvió anodino y estoico, cualquier nota cualquier paso era un requisito más… una obligación. Y olvidé lo que significaba bailar. Olvide lo que era ser travieso, maldoso, atrevido, hacer las cosas sólo por el gusto de hacerlas, ser yo… ser y hacer lo que yo quisiera, sólo porque lo quería, no porque tenía que hacerlo. Aquella noche, pude revivir al que fui cuando joven, e hice sólo porque lo desee, bromas, apuestas, baile, no hubo nada que yo no disfrutara, y por primera vez en cientos y cientos de años si a los demás no les pareció o si no se divirtieron no me importó, sólo no me importó… ¿Sabes acaso lo maravilloso que es eso? Tal vez te suene como una tontería pero… cuando se vive en una jaula tanto tiempo, cualquier paso fuera de ella es como un gran salto en la inmensidad.

- ¿Una jaula?... –la joven le miró profundamente y luego sonriendo miró al pasto –Creo que te entiendo… Si de verdad es así, entonces me alegro mucho por ti.

- Créelo mi niña, ustedes hicieron que este jubileo fuera de verdad especial para mí, y creo que eso es lo que importa. Soy el gurú más longevo y sólo esperaba que mi séptimo jubileo fuera anodino y gris, a pesar de ser especial no esperaba nada de el. Gracias a ustedes fue uno lleno de color y vida, y no sólo para mí, pude ver que todos se divirtieron de lo lindo hasta el terrible final, que he de confesar, lo que para ellos fue terrible, para mí fue la cereza del pastel, ver sus caras llenas de incertidumbre y espantó y saber que no han tenido el estómago en paz desde ese día me causa una maligna diversión.

La sonrisa en el rostro de Clef era tan honesta así como la malicia en su voz y lenguaje corporal tan genuino y placentero que Anais no pudo evitar el dejar atrás su culpa y llenarse de beneplácito.

No podía creerlo pero era cierto, la maldad de Marina sí que pagaba.

- Entonces me alegro mucho por ti –dijo con una brillante y honesta sonrisa, ya no sintiendo culpa sino autentica alegría por su amigo, entonces lo abrazó espontanea y efusivamente.

Esto sorprendió al hechicero, estás reacciones eran más de Lucy, y luego de la sorpresa inicial correspondió con un apretado abrazo lleno de cariño y complicidad.

Y se sorprendió de sí mismo. ¿Hacía cuánto no abrazaba a nadie con todo el corazón? Desde sus padres, sus primeros días como aprendiz que no… ¿Acaso no había vuelto a tener un amigo de verdad? ¿Se había olvidado de cómo ser uno? No cabía duda, la vuelta de sus guerreras había sido para mejorar, en especial para él y por primera vez, no les estaba dando importancia a lo que pensaran y/o pasara con los demás. Por primera vez, Clef importaba, lo demás, podía irse al carajo, y que bien se sentía…

Cuando se separaron ambos tenían una sonrisa honesta en el rostro, y al mirarse, intuyeron que serían cómplices ahora y en un futuro. Y hablando de eso…

- Y yo me alegro mucho por ti –dijo enigmáticamente.

- Buenas tardes –dijo un guapo jinete quien desmontaba su fino corcel.

- Bienvenido su majestad. Que grata sorpresa ¿Qué lo trae por aquí?

- Gran Jefe Gurú, mi apreciable Guerrera Mágica –saludó caballerosamente. –Estaba cazando algunos perdigos, que alegría encontrarlos aquí. ¿Y qué haciendo?

- Sólo platicábamos un poco –dijo poniéndose en pie con Anais -Pero, siendo honestos, me alegra que llegarás, se me fue el tiempo y olvide que tenía que reunirme con los guardianes de Azabae, no quiero dejar a Anais aquí sola. Mi niña deberás perdonarme, me retiro.

- Yo-yo puedo volver al castillo contigo.

- Es que no voy hacia el castillo –dijo invocando a una de sus creaturas mágicas –me veré con los guardianes en Telos –dijo montando con premura su creatura –que olvidos los míos, creo que estoy envejeciendo.

- No digas eso –le reprendió Anais.

- Está bien –dijo con una sonrisa –entonces digamos que me hace mucho bien pasar tiempo con ustedes mis niñas, tanto que se me va volando. Paris te la encargo mucho, cuídala bien, recuerda que es una de nuestras valiosas y legendarias guerreras mágicas.

- No te preocupes maestro, yo cuidaré bien de ella –dijo poniendo una mano en el hombro de Anais haciendo a esta sonrojar ante el contacto y la idea que en segundos se quedaría a solas con él.

Clef les sonrió y su grifo alzó el vuelo.

Luego que el viento levantado por las poderosas alas del animal se disipó permitiendo que los rebeldes rubios cabellos la dejaran ver, se percató que Clef era un punto en el lejano cielo y que la soledad del bosque la rodeaba.

- Es un gran hombre, siempre de aquí para allá ocupándose de todo. Te lo juro, necesita jubilarse de una vez.

- Sí –asintió viendo el punto perderse hacia el sur.

Hubo silencio entre ambos. Querían decir tanto, pero ahora que podían no sabían por dónde empezar. Un silencio incomodo se había apoderado del lugar. Ni siquiera se miraban.

Paris hacia correr su cerebro para buscar un pretexto para hablarle pero era tanta su emoción que como buen cerebro masculino no podía con dos cosas a la vez, o procesaba las emociones o procesaba algún dialogo inteligente. En breve le saldría humo por las orejas.

Finalmente…

- Yo –dijeron al mismo tiempo –eh, no, tú primero… no, pues… yo…

De nuevo silencio…

- Y… ¿cómo has estado? –atinó la rubia.

¿Cómo no se le ocurrió a él apostar algo tan sencillo y lógico? Se preguntó París.

- Bien… y… ¿tú?

- Bien…

- Me alegro…

Silencio de nuevo.

- ¿Y… tú… –Paris guardó silencio, la verdad que su intención era sólo saber, porque ella le interesaba, no eran celos esta vez, pero temía que ella lo tomara así y pudiera ofenderla.

- ¿Qué?

- No, no importa.

- ¿Qué?

- Yo sólo quería saber cómo has estado. Verás… Marina dice que, tu… boda se canceló así que, yo… me preguntaba si estás bien –dijo con suavidad y genuino interés.

- Ah… eso… sí estoy bien.

- ¿De verdad? –inquirió preocupado, quizá ella había salido lastimada, una ruptura amorosa no era…

- Estoy bien –dijo con una sonrisa viendo la preocupación de él. –La verdad, él no era para mí.

- Yo lo siento mucho. Las rupturas amorosas son, algo doloroso.

- ¿Amor? Difícilmente podríamos llamar a eso si quiera cariño –dijo con desdén.

- ¿...?

La expresión de desconcierto de París era un poema y Anais no pudo evitar echar una suave carcajada.

- Pero… no comprendo, que no… ¿se iban a casar?

- Sí.

- ¿Y que uno no se casa por amor?

- Ay Paris, tú eres el mayor ejemplo que no. O ¿me dirás que amas a tu esposa?

- ¡Para nada! –se apresuró a decir, no quería que Anais lo dudara ni por un segundo. Pero un momento ¿Anais sabía que no se había casado por amor? ¡Él se esforzó tanto en hacerlo parecer así en su momento! – Un momento…. ¿tú sabías que no amo a Saudra?

- Como todos.

- Ya… veo… ¿Y tú… no amabas a tu esposo?

- Ah… amar va más allá de mi alcance cuando se trata de Seizo. Sólo fue un compromiso obligado.

- ¿Obligado? ¿Hablas de un matrimonio arreglado?

- Sí, podemos llamarlo así. Y me alegra que se haya cancelado.

- En-entonces nunca… ¿te interesó o algo? –la esperanza y la alegría eran palpables en el rostro de Paris.

Anais negó suavemente con la cabeza –A decir verdad siempre me cayó mal, lo conocía desde hacía mucho, nunca pensé que terminaría emparejada con semejante patán.

- ¿Patán? ¿Acaso se atrevió a ser descortés contigo? –dijo el otro, evidente rabia en su semblante.

Anais recordó lo ocurrido y un temblor la recorrió, patán era poco para describir la clase de cerdo poco hombre que había sido, pero, no podía decirlo, no quería hablar de eso, no con Paris, no estaba lista, y aun si lo estuviera, la verdad, no estaba segura de querer decírselo alguna vez.

- Ya no importa. Lo que importa es que me libré de ese calvario.

- ¿Clavario? –preguntó el otro más preocupado aún ¿púes qué le había hecho?

- Lo digo sólo porque un matrimonio a la fuerza no puede ser otra cosa que un calvario.

- ¿Tus padres querían obligarte? –preguntó el otro desconcertado.

- No mis padres Paris, el padre de Seizo.

- ¿Seizo era su nombre?

- Sí.

- ¿Pero cómo podría su padre? Entiendo que los padres de una chica pueden forzarla a un casamiento, pero, al menos en Céfiro, el padre del novio no tiene injerencia. ¿La tiene en tu mundo?

- Para nada. Pero… mi padre tenía una deuda muy grande con el padre de Seizo, y yo me ofrecí a pagarla con esa boda. No tienes idea del enorme problema en que estaba metida mi familia entera, no podía poner en riesgo la vida de mi padre.

Paris no sabiendo nada sobre la cultura japonesa y la idea que la forma más honrosa de salir de deudas era el sepuku o suicidio, ató cabos a su manera y preguntó.

- ¿Acaso se atrevió a atentar contra la vida de tu padre y familia si no lo hacías? ¿Te amenazo?

Anais viendo que Paris no comprendía sus costumbres decidió no ahondar en el tema, a fin de cuentas amenazas de Ueara sí hubo aunque no de la índole que París suponía.

- Para resumir, sí. Mi padre habría hecho una locura por defenderme sí se enteraba, así que no dije nada y acepté el matrimonio para salvar a mi familia. No quería que mi padre terminara en la cárcel.

- ¿La cárcel?

- Creo que ustedes lo llaman calabozos.

- Oh, ya veo, no querías que tu padre se ensuciara las manos…. –la rubia sólo asintió sin explicar más porque sería complicado que Paris comprendiera –Marina… ya me había dicho que estabas pasando por muchos problemas aunque no me especificó cuáles. Demonio de barbaján ¿cómo puede un señor feudal caer tan bajo? –dijo furioso.

- ¿Señor feudal?

- Caldina decía que tu futuro marido tenía muchos feudos. Un señor feudal debería ser recto y honrado, pero tampoco es que sigan esos preceptos, aquí mismo en Céfiro hemos tenido algunos patanes asquerosos que abusan de su poder, pero al menos son castigados al ser descubiertos. Dime Anais ¿ese malnacido ya fue castigado?

- Paris… en ciertas esferas de mi mundo, los malvados pueden escapar al castigo de los hombres…

- ¡¿Cómo?!

- Su juicio ha sido llevado a cabo y fue exonerado. No lo creerás pero, la culpable terminé siendo yo.

- ¡Qué? ¡¿Pero es que acaso están locos en tu mundo?!

- Por favor, te ruego que no critiques a un planeta entero sin conocer las razones… es mi planeta madre despues de todo, no somos perfectos, ni nuestras leyes infalibles… Pero siempre se dice que, cuando las leyes del hombre fallan, las divinas no perdonan. Esperemos que sea así para ellos.

- ¿Leyes divinas? ¿Qué tienen que ver con los juicios de los hombres?

- En mi mundo digamos que… es el plan B -dijo sonriendo.

- ¿Plan B?

- ¿No conocen el concepto del plan B aquí?

- Me temo que no –dijo sin comprender.

- Entonces déjame explicarte.

Mientras tanto en los jardines del castillo…

- ¿Ya estará con ella?

- Sí. ¿Quién diría que Clef se prestaría para hacer de celestino?

- Pues fue muy ingenioso de su parte, nadie dudaría de una guerrera que pasea por el bosque con el gurú, y el príncipe sale de cacería esa mañana… Nada como la soledad de un bosque virgen para dar privacidad. Ahora sí esto parece un cuento de Hadas. Pero Anais me preocupa ¿estará bien?

- Tranquila Lucy, Clef dijo que todo saldría bien, él ha estado más tiempo con Paris así que debe conocer bien sus estados de ánimo y reacciones.

- Ah… quisiera estar ahí, por si necesita algo. –dijo preocupada.

- Aunque yo también estoy ansiosa, tenemos que confiar más en ella, debemos dejar que abra las alas de nuevo.

- Deberíamos estar ahí por si cae.

- Tranquila –dijo con una cálida risa –si alguien aquí nació para volar es ella, nuestro gorrión tiene dos pares de alas... hay que dejar que las fortalezca. Créeme no necesita de un lobo y una serpiente marina que la cuiden todo el tiempo, nació para las alturas.

- ¿Serpiente Marina? Es adecuado, muy adecuado para ti.

Marina rio y bromeó –Con lo de serpiente marina me refería a ti.

- Jajaja claro jajaja

- Buenas tardes guerreras mágicas –saludó respetuoso un oscuro caballero que se cruzó en su camino.

- Latis, buenas tardes –respondió Marina.

- Latis, que bueno verte dime, ¿conoces mucho sobre Autosam, verdad?

- ¿Eh? Pues, sí, lo suficiente.

- Eres el canciller, así que supongo que conoces mucho sobre relaciones exteriores.

- Al parecer no tanto como tú Lucy.

- Seguro que sí, más que yo, quiero hacerte unas preguntas al respecto.

- Hablando de ser celestina… –murmuró Marina para sí, y anuncio en voz alta –Bueno me voy.

- ¿Eh, a dónde? –preguntó inocente la pelirroja.

- A ver si ya puso…

- ¿Perdón? -Preguntó el enigmático caballero desconcertado.

- La marrana –dijo para mayor desconcierto de Latis. Mientras Lucy se reía.

- ¿De verdad ya te vas? No hace falta.

- Sí, tengo algo que hacer. Comenta con Latis lo que querías saber. Voy con Caldina, nos vemos al rato.

La joven se marchó en dirección al castillo dejando solos a Lucy y Latis en el jardín.

Cuando latís se acercó a la pelirroja mientras miraban a Marina marcharse el espadachín le dijo muy intrigado a Lucy.

- Lucy ¿qué es una marrana?

- …JAJAJAJAJA.

En Antelor…

- Tenemos que conseguir un legislador defensor –decía la donquira alterada.

- Podría conseguir hasta un ministro elector y no nos ayudaría, las cosas que hizo Saudra no tiene justificación.

- ¿La dejarás a su suerte?

- ¡Claro que no mujer! Pero no tiene caso. Pero estarás contenta, esto es el resultado de tus mimos y exceso de caprichos a Saudra.

- ¿Me culpas a mí?

- Pues mi conciencia está tranquila. Yo siempre quise hacer de mi hija una mujer de bien. Quise educarla en política y leyes pero tú siempre lo impediste argumentando que esas eran cosas de hombres, y tal vez lo sean en general, pero no están vetados a las mujeres. Siempre decías que la querías preparar para que fuera la esposa de alguien importante, pero sólo te preocupaste de sus clases de modales etiqueta y artes, y mientras gastábamos en profesores tú te encargabas de echar todo eso a la basura con tus mimos excesivos solapando sus comportamientos prepotentes cuando era niña. No me imagino que hubiera sido si te hubiera permitido seguir con eso…

Dijo el hombre exasperado sin saber que a solas la donquira nunca dejó de solapar las prepotencias y caprichos de Saudra hacia la servidumbre, y que estás continuaron hasta el día que Saudra se fue a vivir con Paris, repitiéndose en el castillo.

- Ahora por una rabieta, nuestra hija tiene una acusación de posesión maligna. ¿Sabes lo grave que es eso mujer? ¡Más aun para una reina!

- El consejo está exagerando.

- ¡Fue tu hija quien exageró! Hasta yo estoy dudando que de verdad pueda estar posesa, su comportamiento no tiene explicación…

- ¿¡También te creíste ese absurdo cuento?! ¡Que no ves que es sólo un pretexto para deponerla!

- ¿Pretexto?... ¿Olvidas que yo también estuve en esa fiesta?. Ver el rostro de Saudra bajo la máscara… -el hombre se sentó en un sofá y tomó su tabique agobiado.

- Todo –dijo con una sonrisa inquieta y voz temblorosa –todo fue un berrinche sí… a causa del vino.

- No te engañes… tu misma lo estás dudando.

- Yo no dudo de la sanidad de mi hija.

- Yo sí.

- ¡¿Cómo?! ¡¿Pero qué clase de padre eres?!

- Uno que se preocupa por su hija

- ¡No lo parece! ¡Tú nunca la quisiste ¿no es verdad?! ¡Querías un varón y como no se dio por nuestra… poca compatibilidad, has despreciado a tu hija!

- ¿Esto es por ti o por Saudra?

- ¿Qué?

El hombre pese a los espavientos de su esposa mantenía un tono de voz calmo aunque más que nada derrotado – No es secreto para ninguno, que nunca llegamos a amarnos, pero sí llegamos a ser compañeros y colegas. Cada uno jugó su papel a cabalidad. Como esposa no tengo nada que reprocharte, excelente ama del castillo, nunca me tuve que preocupar por su administración, nunca faltó comida a tiempo ni orden en el lugar, la servidumbre siempre presta a mis necesidades sin que tuviera que mencionarlas siquiera. Siempre fuiste una esposa digna y atenta a tus deberes ante la gente y en soledad. Y yo nunca he faltado al sustento y cuidado que les debo. Sabes que la familia Arnauld concertó nuestro matrimonio para dar un heredero que seguiría con la línea de sangre de la familia y para eso poco importa si es varón o niña. En la única responsabilidad que ambos fallamos fue en el deber marital, porque ambos nos respetamos y nos conocemos, no podíamos forzar algo que no deseábamos, el día que Saudra nació, ambos cumplimos con lo que ambas familias esperaban de este matrimonio y nuestra obligación se terminó ese día. Por eso no hubo más herederos…

La mujer bajó la cabeza y dio un largo suspiro adusto.

El donquer continuó –Es verdad que nunca nos deseamos, pero fuimos buenos compañeros, cada uno cumplió con su papel. Se puede decir que fuimos un matrimonio exitoso, para ser uno arreglado, pero que jamás nos hubiéramos amado no significa que no amara a mi hija. Puede que Saudra fuera parte del contrato, pero ella para mí jamás fue un requisito, es mi hija y siempre la amé. La amo, pero no me ciego como tú, amor es ver la verdad y enfrentarla. Apelé a semejante juicio porque ahora sólo nos queda la misericordia de los Dioses. El rostro de Saudra bajo la máscara aquel día… Nuestra hija está rota, creo que ambos fallamos terriblemente como padres. Se dice que… cuando uno es un mal padre, los espíritus malignos te castigan entrando al cuerpo de tus hijos y poseyéndolos. Me temo que es así.

La mujer caminó cansada hacia su marido y tomó asiento a su lado.

- ¿Y qué pasará ahora? Si Saudra es acusada de posesión…

- Ya pensé en esa posibilidad, sé que la enviarán con los ermitaños de Sada, pero no la dejaremos sola, nos mudaremos a aquellos confines si es necesario.

La mujer suspiró y hundiendo su rostro en sus manos comenzó a llorar –Esto no era lo que yo quería para ella…

- Ah… tranquila mujer, algo podremos hacer, no la dejaremos sola, pase lo que pase –dijo el hombre abrazándola para darle apoyo.

En el bosque…

- Anais… yo… quería preguntarte algo. Marina… en una plática que tuvimos mencionó que un prometido que valía la pena había muerto ¿es eso cierto?

- ¿Un prometido que valía la pena?

- Sí.

- Debió referirse a Chojiro.

- ¿Quiere decir que estuviste comprometida dos veces? –preguntó con suavidad no queriendo que su curiosidad se malinterpretara por reclamo.

- Sí.

- ¿Lo… lo amabas?

Anais sólo lo miró interrogante y Paris se apresuró a aclarar.

- ¡No, por favor, no creas que son celos o reclamos! Yo… yo entiendo que tenías derecho a seguir con tu vida. Por lo que me platicó Lucy, ustedes no tenían forma de volver y llegaron a pensar que jamás lo harían. Así que, yo comprendo que decidieras seguir con tu vida.

- Si quieres honestidad, sí Paris, sí pensé en seguir con mi vida. Nosotras no sabíamos que había un portal a tu mundo, y como no fuera para pelear, no éramos requeridas, tu mundo ya estaba a salvo, no había más esperanzas para mí. Así que… -dio un suspiro y siguió caminado con Paris a su lado –me decidí a hacer mi vida. No planeaba nada cuando conocí a Chojiro, era sólo un cliente en un proyecto de la empresa donde trabajaba, luego las cosas se fueron dando.

- ¿Lo amabas? –preguntó suavemente.

- Lo quise –dijo honestamente, y a Paris se le encogió el corazón pero no planeaba reprochar nada –Lo quise mucho, planeaba hacer una vida a su lado. Pero el destino ya había decidido que no sería para mí.

- ¿Un accidente?

- Sí. Diez días antes de la boda.

- Lo siento… debió ser un duro golpe.

- Lo fue…

- Lo siento de verdad, porque, lo que te lastima… me lastima a mí.

Anais se sonrojó pero no comentó nada.

- ¿Ya estás mejor? –preguntó honestamente, como un amigo que ofrece su apoyo y su hombro, el hombre en él cedía por amor a lo que ella necesitara.

- ¿Mejor?

- Me refiero a que aún debe doler…

- Su recuerdo duele –Paris bajo la vista, esa respuesta le dolió –pero duele como se lamenta la pérdida de un gran ser humano.

-¿…?

- Si te preguntas si me duele el corazón por amor, no.

- Pe-pero… ¿cómo? Con él si te ibas a casar por voluntad propia ¿no?

- Así es.

- Entonces…

- Lo quise Paris, lo quise mucho, era un hombre que valía mucho la pena, era cariñoso, atento, tierno, inteligente y gentil, era el hombre perfecto para seguir con mi vida. Pero… me doy cuenta hoy más claro de lo que ya sabía. Lo quise, y lo quise muchísimo, pero, nunca lo ame.

Paris abrió grandes los ojos sin voltear a ver a Anais, con el corazón palpitando ahora porque siguiera con lo que fuera que iba a decir, cuando segundos antes quería que no dijera más.

Y ante el silencio de Anais su boca temblorosa preguntó -¿No lo amabas?

- No… -escapó sincera y suavemente de sus labios –era una gran oportunidad para seguir adelante. Para vivir una vida normal, para dejarme querer y cuidar. Mi corazón necesitaba descansar, la añoranza lo tenía exhausto…

- ¿Añoranza?

- Chojiro era mi salvación, mi nueva oportunidad, un remanso de paz. Un paso adelante luego de estar estancada por tantos años, esperando lo que jamás pasaría –Anais detuvo su marcha y encarando a Paris con valor en su corazón, tuvo fuerzas para decir lo que deseaba gritar desde hacía tanto -¿Es que no lo entiendes?... Nunca te superé –dijo seria y gentilmente –prometí llevarte siempre en mi corazón y así fue. Quise a Chojiro, porque se lo ganó, lo merecía, él sí me amaba, pero yo nunca pude amarlo, tu recuerdo siempre estuvo ahí, detrás de todo, detrás de todas las veces que sostuve su mano, detrás de cada palabra cariñosa que le dije, incluso detrás del sí que le di aquel día, le dije "sí" a tener una nueva oportunidad de ser amada y volver a querer, no al hombre… Y ahora viéndote a los ojos sólo compruebo lo que ya sabía… Nunca dejé de amarte –finalizó poniendo suavemente su mano en su mejilla.

Paris, quien no se había atrevido hasta ahora a mencionar a la rubia sus sentimientos, por respeto, por temor, por dudas y ansiedad, por no saber si era momento o no, encontró en el valor de ella y su confesión, el motivo para romper con cada tabú que lo había enmudecido.

- Anais… mi… Mi Anais… ¡Por todos los cielos –dijo atrayendo a la mujer a sus pecho en aquel abrazo que había deseado darle desde ese día que la reencontró. –no sabes cuánto ansiaba escuchar eso de tus labios! ¡Anais, mi Anais! –aseguró finalmente, con la emoción desbordándose liquida por los ojos, llenándose la boca en esas simples palabras. Su Anais ¡aún era suya!

- Paris… –dijo ella recargando sus manos en su pecho, dejándose envolver en aquel protector abrazo lleno de amor, lo que tanto ansiaba y necesitaba.

Sin más rodeos la verdad que no debía esperar, había sido dicha y expresada mediante las acciones, pero Anais, aún deseaba oírlo de su boca, así que levantando el rostro que escondía en el pecho masculino para buscar su rostro, al mirarlo a los ojos le preguntó…

- Y tú Paris… ¿Aún me amas?

- Pero… ¿no soy obvio? –dijo entre lágrimas de alegría -¿no dicen nada mis ojos? Si es así dímelo y sacaré mi corazón para ponerlo en tus manos, él te dirá que desde que te fuiste cada latido ha sido un lamento de pena porque no estás, una oración por tu regreso. ¡Anais yo te amo, te amo más que nada! Me casé porque había perdido todas las esperanzas, y tenía que hacerlo, estaba obligado, pero yo ni siquiera escogí a Saudra, el consejo me impuso una esposa cuando se cansaron de esperar a que yo escogiera una. ¿No lo ves? Nunca fui capaz de amar a ninguna otra, nunca te olvidé, nadie era como tú, nadie tenía esos ojos verdes que se llevaron mi alma a otro mundo, he vivido sin ella, hasta el día de hoy, que has venido a devolvérmela junto a los deseos de vivir la vida y comenzar mi verdadero camino a tu lado.

- ¡Oh Paris! –finalmente le echó los brazos al cuello y comenzó a llorar en su hombro.

Tenía meses necesitando escuchar eso. Que era amada, añorada y deseada honestamente por alguien que la valoraba en todo sentido. Alguien que fuera capaz de darle la fuerza y la protección que ahora ella tanto necesitaba para volver a abrir las alas. Paris al sentirla temblar apretó el abrazo, haciéndole saber así que él estaría ahí, para protegerla, amarla, comprenderla, ser su pilar, ser su compañero, amante, amigo, su escudo, su pedestal, lo que ella necesitara, el sería lo que tuviera que ser, para que ella fuera siempre feliz.

Un par de horas después en la plaza de la ciudad….

Clef había vuelto de su reunión con los guardianes de Azabae, donde era muy probable que Saudra terminara. Y había decidido pasarse por la plaza de la ciudad. Estaba comprando unas cosas y pasando por un puesto de frutas se compró una minelada, una especie de coctel de frutas bañada con sabia de saleno y frutas secas que semejaban nueces y pistachos. El Saleno era un árbol que derramaba sabia dulce del color de las moras terrestres, y su sabor era bastante parecido al de estas, sólo que una versión melosa y azucarada. No parecía nada especial pero para el hechicero lo era. Y es que el dinero con el que había pagado ese capricho era el dinero que le había ganado a los ministros en las apuestas.

Clef tenía una sonrisa de satisfacción mientras picaba la fruta y recordaba con malévola satisfacción el cómo había ganado ese dinero de manera deliberadamente deshonesta pues, fue él quien primero le había lavado la cabeza a los presentes, asegurando que la mujer del vestido diamantado era la reina Saudra, negándose a apostar pretextando no tener dinero para solventar la apuesta en caso de perder. Y cuando todo mundo estaba más que seguro de que la dama de los diamantes era Saudra, fingió haber caído presa de la duda ante las palabras del único apostador que estaba en contra. Y cuando el ministro le retó diciendo "Si este necio lo ha convencido, y ahora tan seguro está que esa no es la reina, no tendré nada que perder ¿no?. Vamos apueste" Clef fingió caer en la provocación del ministro atreviéndose a apostar, sin que el imberbe ministro supiera que el mago había manipulado todo para desfalcarlos de forma descarada. Saliendo ganadores él y el otro noble, los únicos dos que habían apostado en contra.

Había actuado con premeditación alevosía y ventaja y no se sentía ni un poco culpable, al contrario, lo estaba disfrutando.

- El que a solas se ríe de sus maldades se acuerda.

Clef quien estaba sentado en una banca de la plaza comiendo su fruta levantó la vista para encontrarse con Marina que lo miraba sonriente.

- Mi niña, qué sorpresa, no esperaba encontrarte aquí.

- Necesitaba hablar con Caldina y me dijeron que había venido a la plaza a comprar unas cosas, la estaba buscando pero… quizá y ya volvió al castillo porque no la he visto. Y dime ¿de qué tanto te ríes a solas?

- Oh –el hechicero volvió a soltar una risilla –maldades… Muy acertado lo que dijiste. ¿Se te ocurrió con verme?

- En realidad es un dicho de nuestro mundo. Y creo que es verdad, en general uno suele reírse a solas de sus maldades.

- ¿Cómo dices que dice?

- El que a solas se ríe de sus maldades se acuerda.

- Tendré que anotarlo. ¡Oh! ¿Tú gustas? –dijo ofreciéndole de su canasta de frutas.

- ¿Qué es? –dijo dirigiendo una mirada de curiosidad al plato.

- Es una minelada.

-¿…qué?

- Oh son frutas con sabia de saleno y frutas secas.

- ¿Sabia? ¿De árbol? ¿¡Le ponen sabia a la comida?!

- Sí ¿en tu mundo no?

- No que yo sepa. Bueno… la miel maple… no sé si es una sabia, porque sale de un árbol pero, no la como mucho.

- Está bueno, prueba -dijo ensartando con una ramita afilada de saleno, las cuales eran como su versión de "cubiertos desechables" un pedazo de fruta bañado en sabia y con fruta seca espolvoreada encima.

Marina acepto y abrió la boca para comerse el trozo. Estaba muy buena.

- ¡Oye, esto está delicioso! ¿Qué es?

- Esta es rambla, es una fruta exótica, a muchos no les gusta, pero a mí sí.

- No veo por qué no, está deliciosa.

- ¿Quieres una minelada?

- Oh, no… muy amable pero… no quisiera desperdiciar la comida, verás… yo no conozco la fruta de Céfiro y puedo llegar a ser muy quisquillosa con las frutas. En mi país no hay muchas, todas son de importación y son caras, así que no acostumbramos mucho a comerlas en Japón, por eso soy algo quisquillosa con ellas. Por ejemplo, yo odio el durian, pero a muchos les gusta en china.

- ¿Durian?

- Una fruta apestosa de China, bueno hay en varias partes de Asia. Pero además de su olor tan fuerte y característico su sabor no me gusta.

- ¿Es malo?

- Peculiar, pero a muchos sí les gusta.

- Bueno mira te doy del mío y me dices cuales no te gustan, así conoces más fruta de Céfiro.

Y de apoco y en la boca el hechicero le daba a la chica a probar las frutas. Francamente si la gente no supiera que se trataba del Jefe Gurú, pensarían que se trataba de una melosa pareja de novios que se daba de comer en la boca. Pero ciertamente ver al Jefe Gurú alimentar en la boca a una chica sí comenzaba a levantar murmullos de la gente.

- ¿Pero qué no la reconocen? –preguntó una mujer entre la pequeña multitud de curiosos que se formaban en los puestos cercanos. Todo mundo la miró expectante -¡Es una de las Guerreras Mágicas! ¿Qué no recuerdan que asistieron a la fiesta del pueblo?

La gente volteó a mirar a donde la morena les había señalado. Esa jovencita de cabellos azules… parecía… sí… ¡Sí era!

- Ah –dijo una mujer comprendiendo –con razón el Gurú se ve tan cercano a ella. Mira que cosas, casi estaba pensando mal jajaja.

Las demás personas secundaron el comentario mientras la morena les decía.

- Marina no conoce nada de nuestra comida seguro que Gurú Clef sólo la está enseñando.

- Ah vaya. Claro, es lógico –dijeron varios, ahora todo tenía sentido, uno más inocente del que estaban pensando.

Lo que pasa es que con esas ropas tan sencillas, nadie había reconocido a la otrora elegantísima guerrera mágica quien hoy sólo traía puesto un pantalón capri unas sandalias blancas y una blusa rosa de manga tres cuartos.

La pareja compuesta por Gurú y Guerrera estaban ajenos a la gente y parecían estarla pasando bien entre amigos.

Mientras la gente lo veía disfrutar y sonreían de ver a su gurú tan animado, se iban dispersando y la morena se acercó a la pareja.

- ¡Hola tortolos! ¿De floreo tan temprano?

- ¡Caldina! ¡Pero si a ti te estaba buscando! –exclamó Marina emocionada al encontrarla.

- ¿A mí? –dijo desconcertada la morena, mientras un gurú escondía su sonrojo detrás de la canasta de fruta.

Y es que Marina no lo tomó en cuenta porque no lo entendía pero Clef sí que había entendido la bromita. Floreo, era una costumbre de Céfiro en que los novios compartían tiempo en un lugar público, que era la norma de respeto, compartiendo comida, aficiones o distracciones consintiéndose el uno al otro y meloseando. Dejándose ver para dejar en claro que tenían compromiso y además el lugar público era adecuado para que no se formaran chismes o malentendidos. Pues los novios no debían estar juntos y a solas. O estaban en lugares públicos, o con varios chaperones de la familia en la puerta de la casa.

- Sí, estaba en el castillo pero me dijeron que habías venido al pueblo, por eso vine a buscarte.

- ¿Para que soy buena?

- ¿Qué tanto sabes de la moda y su relación con el impacto social?

- ¿De aquí de Céfiro o de Cizeta?

- Céfiro.

- ¡Todo! También de Cizeta ¿necesitas consejo?

- Oh sí ¿podemos hablar sobre eso?

- Sí. Volvamos al castillo te invitaré un té en mi cuarto y charlaremos largo y tendido, has llegado con la auténtica Gurú de estos temas. ¿Vuelves con nosotras Clef?

- ¡Eh? ¡Ah, sí!

Los tres tomaron el carruaje que había traído a Caldina y volvieron juntos al castillo.

En el carruaje Marina iba sentada junto a Caldina pero le causó curiosidad una fruta del plato de Clef.

- Oye, esa se parece a una fruta de mi mundo ¿a qué sabe?

- ¿Quieres probar? –le ofreció y esta fue a sentarse a su lado, tomando de la mano de Clef la varita de madera con la fruta pinchada para comerla.

- Oooh ¿Ya no se la das en la boca? Que poco te dura lo floreador Clef. Ya sabes lo que dicen "Floreador que en flores escatima, se casa con chicas de cantina"

Clef le dirigió una mirada endiablada a Caldina y esta soltó la carcajada. Marina ni entendió la que esos se traían porque no entendía costumbres de Céfiro y además estaba sumamente concentrada en dilucidar a qué rayos sabía la fruta.

En el castillo….

Anais bajó del blanco corcel cerca de los jardines del castillo oculta aún por el bosque. No convenía que los vieran llegar juntos, mucho menos a ella en la montura de su majestad. Así que con sumo cuidado Paris la ayudó a bajar para dejarla en un punto donde pudiera volver ella sola sin despertar sospechas.

- Bueno, llegamos, me gustaría dejarte justo en la puerta para que no tuvieras que caminar. –dijo acongojado.

- Vamos Paris, serán sólo cincuenta metros al castillo.

- Aun así, es mucho caminar para tan delicados pies.

- Estás exagerando –dijo con una sonrisa. Entonces Paris tomó sus manos y la miró intensamente haciendo sonrojar a la rubia. -¿Qué-qué pasa?

- Mi Ángel, hablando de exagerar… el sólo saber que tengo que dejarte ir ahora me causa pesar. Ojala pudiera gritar a los cuatro vientos mi amor por ti, a mí no me importaría lo que pensaran de mí, pero tú estás primero, y por más que muera por no dejarte ir, por ahora, tendré que fingir indiferencia. ¡Pero te juro que-

Ella gentilmente puso un dedo en sus labios y dijo –Lo comprendo. Paris hay que actuar con inteligencia y no por impulso, por respeto a mí, a Saudra y a lo que tú representas para el pueblo. Tienes que dar el buen ejemplo –le sonrió, desarmando por completo a Paris –Ya he esperado unos años, unas semanas no serán nada.

- ¡Ah mi Anais! Lo que diera por acelerar el tiempo y estar divorciado de una vez.

- ¿Por qué la prisa?

- Porque yo –el príncipe se contuvo, hubiera querido gritarle que quería casarse con ella de inmediato pero entonces se dio cuenta que quería hacer de esa frase algo especial para su Anais. No quería que fuera sólo una frase, sería, una propuesta. –Yo… estoy emocionado, es todo. –Paris la miró largamente y solo dijo –Déjame abrazarte una vez más antes de tener que soltarte.

Sin esperar respuesta Paris la atrajo hacia sí y la encerró en un dulcemente apretado abrazo que decía claramente "no te quiero soltar". Y Anais se dejó encerrar disfrutando de toda la protección y el amor que él le brindaba. Con algo de timidez, ella fue correspondiendo el abrazo y cada milímetro que sus manos recorrieron suavemente hasta encadenarse en la espalda de él, fueron latigazos de electricidad que recorrieron el cuerpo de Paris, pero no fue deseo carnal sino emoción pura de sentir las manos de su amada caminando por su cuerpo luego de tantos años, brazos que sinuosos, se movieron hasta aprisionarlo en su espalda. Que bellas cadenas… ella poseía en su ser todo para convertirlo en su esclavo y él no clamaría por libertad jamás.

Sin importarles el tiempo disfrutaron de esa cercanía sin pensar en nada más, Anais aspiró el aroma de sus ropas, se dejó sumergir en el calor de su cuerpo, todo el frio que una vez sintió ahora se disipaba. En ese momento Paris uso una de sus manos para acariciar suavemente sus cabellos, y de forma inesperada para ella, ese sólo acto le hizo correr una corriente eléctrica por la columna vertebral.

Suavemente se separó de él lo suficiente para levantar el rostro y mirar a esos ojos ámbar que tanto había extrañado. Su tez bronceada, esa cicatriz en su rostro, la devoción en esos ojos, la sonrisa en sus labios, esos labios, ella… ¡Había deseado tanto el poder...!

Anais sin pensar, en un movimiento suave y al mismo tiempo veloz, acortó la distancia entre ambos dándole un inesperado pero muy ansiado beso a Paris quien abrió grandes los ojos ante la sorpresa pero casi de inmediato se dejó llevar, cerrando sus ojos, perdiéndose en el calor y suavidad de esos labios de durazno. Él la abrazó con más amor y dulzura y con suavidad y ternura indecible, profundizo un poco el beso, llevando la mano que tenía en su cabeza, de nuevo y suavemente a su espalda desde su nuca, sin más intención que la de abrazarla de nuevo, pero eso a ella la hizo vibrar suavemente, algo que Paris no percibió pero ella sintió claramente, su piel entera se había erizado. ¿Qué era eso?... Ella jamás había tenido tal sensación. Entonces reparó en lo que inocentemente había reparado hacia un momento y todo tuvo un nuevo tinte. El aroma de Paris… su calor… por primera vez en su vida el tinte con el que vio esto no fue rosa, sino un rojo apasionado. Y su mente la llevó a un momento privado, ellos dos solos, el calor de ambos cuerpos siendo… su única vestimenta. La joven se sobresaltó y por instinto se apartó de Paris.

- ¿Qué pasa? –preguntó preocupado.

- ¡No!... yo… no-no es nada –dijo escondiendo su cara roja a punto de echar vapor tras su rubio cabello.

¿¡Qué había sido eso?! Era eso…. El deseo?. Tenía tanto miedo del sexo desde que ese imbécil había… pero… esto que sintió, fue, natural, salvaje, quizá hasta temerario, como si el miedo no tuviera cabida ni fuerza ante un poderoso sentimiento de algo que se deseaba.

- Anais ¿estás bien? –dijo tratando de levantar el rostro de su amada pero esta se negó y se zafó de golpe.

- ¡Ok, bueno, sí, nos vemos luego! –dijo y se fue corriendo dejando a Paris girando en un tapete.

- Pero… qué… pasó –se dijo el pobre con cara circunstancias.

Anais corrió hasta llegar al castillo, entró por los jardines traseros y en un solitario pasillo se detuvo a respirar. Entre jadeos por haber corrido tanto, una sonrisa se formó en sus labios y se negaba a irse, y poco a poco una risa se fue volviendo una carcajada. Se sentía feliz, inmensamente feliz, despues de tanto tiempo, su risa loca y traviesa no tendría sentido para nadie, pero era simplemente una manifestación de absoluta felicidad. Que importaba si alguien al pasar la juzgaba loca, Anais sentía que todo el peso en sus hombros se levantaba y la felicidad le inflaba el pecho saliendo en carcajadas para evitar que le estallara. Era libre ¡Era libre! ¡Las cadenas que Seizo le impuso, se habían disuelto!

Ahora ya nada la detendría, pelearía por su felicidad contra lo que fuera.


Día del juicio místico…

Los implicados estaban reunidos afuera del salón Aureo del castillo, y cuando su majestad llegó, todos comenzaron a pasar de forma ordenada. Saudra no estaría presente ya que, como desde hacía semanas, permanecía sedada ya que las pocas veces que se intentó hablar con ella, su agresivo estado emocional lo impedía.

El salón Aureo era imponente. Amplio redondo y con gradas dispuestas en el ángulo correcto para que todos pudieran ver, con acústica pensada para que cada palabra fuera oída con claridad por los presentes. El palco de los jueces con barandales de madera barnizada de dorado. Los sillones principales de rojos cojines de algo parecido al terciopelo. La grada del jurado y los fiscales tenían sillas forradas en un azul oscuro. Tras de estás las gradas de los asistentes que fungirían como testigos presenciales presentaban un gris sobrio, pues ellos debían permanecer neutrales, sólo escuchando y presenciando el juicio. Frente a todo esto, estaba una gradería de seis plazas, diseñada para los acusados, en sillas forradas de blanco inmaculado, simbolizando que el acusado sería inocente hasta que se le demostrara lo contrario y a cada lado de esta gradería en cada extremo, una puerta. La de la derecha, una puerta imponente de madera negra en arco de cortina, por la cual saldrían los condenados, y a la izquierda una puerta blanca de arco apuntado tachonada en clavos dorados, por la cual, saldrían quienes fueran absueltos. En ambas puertas, apostados había dos guardias pretorianos vestidos del color correspondiente a la puerta, quienes eran los encargados de escoltar o arrestar, según correspondía, al acusado.

Y al centro del salón, más arriba justo tras las graderías principales, ahí en la galería, un gran nicho ovalado guardaba tres majestuosas estatuas de pálido material parecido a neolith que miraban hacia la sala en perpetuo escrutinio, con flores, nubes y rayos de sol tallados al alto relieve tras ellos. Eran un lexus, un dragón, y un ave con cuatro alas, y debajo de estas esculturas, había tres tronos hechos de un material parecido al cuarzo blanco, que bien podría ser escudo. Construidos simbólicamente, pues no se esperaba que fueran utilizados por seres humanos, se pensaron para simbolizar el lugar de honor para los espíritus de los tres Genios de Céfiro en la sala de juicios más importante del planeta, donde se creía que la justicia divina debía prevalecer por sobre la humana. Por lo tanto, su tamaño era superior al de un trono pensado para una persona real, en una escala de 2/1, protegidos por una balaustrada marmolea que no dejaba ver la base de los tronos. Si algún humano se sentaba alguna vez ahí, se vería un tanto pequeño pero al mismo tiempo imponente por todo lo que implicaba la estructura completa contenida en el nicho. Logrando un efecto de admiración e idolatría por todos quienes abajo del salón miraran hacia esas personas.

La concurrencia llenaba de a poco el salón hasta que finalmente estuvieron todos los implicados presentes y las puertas se cerraron. El Rey sentado en el palco de los espectadores, esta vez, estaba sólo en calidad de asistente, pues siendo su esposa la implicada, no podía ejercer su poder como soberano ni participar a favor, porque por cuestiones emocionales se creía no sería imparcial.

El primer ministro y el Jefe Gurú fueron los encargados de iniciar el juicio.

- Siendo este un solemne juicio místico, llamo a este salón a las divinidades guardianas. –dijo el mago, dirigiendo todos sus miradas a la parte más alta del Salón.

De una puerta dorada y oculta en un extremo de la galería, que en realidad sólo se usaba para asear ese lugar, dos guardáis pretorianos vestidos de rojo entraron al salón escoltando solemnemente a tres bellas figuras que hoy parecían dignas hadas-sacerdotisas quienes eran ni más ni menos, que las representantes de los Dioses en la tierra de los mortales.

Está vez las chicas venia vestidas cual seres de fantasía. Y es que Marina había hablado largo y tendido con Caldina sobre la ropa el aspecto y el impacto que este podría causar en cada ocasión, preguntando también por las creencias y la religión. En mundo místico quizá juzgarían a Marina de teatral y exagerada, pero en realidad ella sabía lo que hacía. En mundo Místico esto se usaba una y otra vez para mover la opinión pública a donde se deseaba, los medios estaban coludidos con la política, nada se hacía al azar, así que quienes la juzgaran en su mundo, pecarían de ignorantes o hipócritas. Todo en la política se movía por apariencias y manipulación psicológica, en Céfiro no tenía por qué ser diferente. Así que docta ahora en las creencias de Céfiro, Marina se había valido de nuevo de la parafernalia de su mundo, para escoger el tema del vestuario que esta vez fue moda fantástica. Y la misma tienda de disfraces que ya la comenzaba a ver como su clienta consentida fue la encargada de proveer la magia con la que hoy entrarían en la mente del consejo. Y la tarjeta de crédito seguía obrando milagros a meses sin intereses.

Con las fantásticas coronas sobre sus cabezas, y los adornos que semejaban sutiles y delicadas armaduras que aferraban las capas de tela traslucida que a la vez hacían de mangas, las telas tan vaporosas, los colores, la apariencia angélica de maquillaje iridiscente al tiempo que natural, las hacia parecer Hadas más que humanos. Caminaron solemnes hasta quedar bajo la estatua de su respetivo genio, con Lucy en el medio y Marina y Anais a sus costados. Al llegar a su respectico lugar giraron al frente y tomaron asiento al mismo tiempo como en un acto coreografiado. Las tres lo hicieron con porte y hieratismo, pues no debían bajo ninguna circunstancia dejar duda de su poder ahí, por más nerviosas que estuvieran tenían que imponerse a la multitud que en esos momentos creía representaban a los Dioses, no podían lucir humanas y mundanas hoy. No por el bien de todos ahí. Cuando las chicas tomaron asiento los guardias salieron de la galería y las dejaron a solas.

Los presenten ahogaron un suspiro y reprimieron comentarios de admiración y asombro. Las guerreras lucían de verdad heteras sobrehumanas y seráficas. Sin duda, este día venían imbuidas del espíritu puro imponente serenísimo y mágico de los Dioses guardianes, eran sus representantes en la tierra de los mortales.

- Muy bien, con los Dioses presentes, podemos iniciar. –dijo el juez.

Todo mundo tomó asiento y el juicio comenzó.

Uno a uno los implicados testigos y fiscales fueron dando su testimonio o acusación según correspondía. Y a pesar de haber contratado a uno de los mejores legisladores defensores de la capital, el pobre legislador no se daba abasto para encontrar atenuantes en favor de la reina. Fue tal la contienda, que el hombre docto y profesional, pensó en no cobrarles nada a los donquers de Antelor pues, este caso, estaba perdido, y él francamente por más que lo había intentado, aun con todos sus conocimientos de leyes no creía poder lograr nada. Sin embargo estaba decidido a defender a la joven hasta que su derrota no le permitiera seguir adelante.

- Muy bien –dijo el segundo juez –ya que no se ha presentado una defensa y pruebas contundentes a favor de la Reina Saudra, este consejo la declara culpable de los cargos de daño a la nación y abuso de funciones, por lo cual, le es retirado el título de Reina de Céfiro y se impone que sea removida inmediatamente de sus funciones como soberana del reino. –sentenció el segundo juez ante lo cual, uno de los fiscales bajó de su estrado y se dirigió parsimonioso al padre de Saudra.

El Donquer en el palco del acusado, estaba en representación de su hija, sosteniendo en sus manos, la corona de Saudra. El hombre resignado se puso en pie y en un gesto militarizado ofrendó la corona al fiscal, que con iguales ademanes militares la retiró de sus manos, giró solemne y caminó varios pasos para entregar la corona a uno de los soldados apostados en la puerta negra, quien tomó solemne el símbolo real y dejó el salón a través de la puerta negra, luego de unos momentos, el soldado pretoriano volvió al salón con las manos vacías.

El donquer suspiró y tomó asiento de nuevo.

- Ahora –dijo otro de los fiscales –respecto al cargo de posesión diabólica que pesa sobre la bendita princesa de Gent-Pilaris. El jurado debería convenir en el divorcio, pues en estas condiciones cualquier heredero que ella aporte a la corona será un engendro demoniaco.

- ¡Momento señores fiscales! –Exigió el legislador defensor –Señores jueces, las pruebas presentadas ante los cargos de daño a la nación y abuso de funciones fueron debidamente probados, es verdad, sin embargo, su petición respecto al cargo de posesión no tiene fundamentos, y coacciona a los jueces en su favor. Les recuerdo que no se ha presentado ningún testigo que pruebe que la princesa sufre tal mal. Se presentó la queja anónima de la persona que fue atacada en la fiesta, es verdad, pero todos sabemos que una queja anónima representada por un legislador prestanombres no es válida para alegar un cargo como el de posesión mucho menos en un juicio místico. Y a menos que la propia víctima no se presente a declarar en contra, esa declaración deberá ser desestimada de este caso.

El Viento del Este se mordió los labios fastidiado. Era verdad que deseaba castigar a Saudra pero también quería proteger el honor de su hija, y ella definitivamente no quería presentarse a declarar, por eso habían decidido que fuera representada por un legislador prestanombres. Sin embargo con esto le daban derecho a la defensa a desestimar el testimonio. Si fuera un juicio civil hubiera sido tomado en cuenta, pero en un juicio místico…

- Ha lugar –dijo el primer Juez. –Si no se presenta un testigo frontal y presencial respecto al cargo de posesión, será desestimado y Saudra podrá conservar su matrimonio, su derecho a dar un heredero a la corona y su título como Bendita Princesa de Gent-Pilaris.

- Señorías –dijo el legislador que representaba al consejo real –tenemos un testigo al respecto –dijo haciendo que la Donquira en el palco de los asistentes casi sufriera un desmallo ¿¡Quién diablos podría hablar contra Saudra?!

- Preséntenlo –pidió el tercer juez.

- Llamo al estrado a la Señorita Lauril Cardo.

Una jovencita de evidentes bajos recursos entró a la sala, con nerviosismo y fue a sentarse quedando de frente al Donquer a quien nada más ver, bajo la mirada apenada. El hombre por su parte no comprendía ¿qué hacia la hija de su jardinero ahí?

- ¡Momento, esa joven no puede presentarse a declarar! –grito furiosa la Donquira desde las gradas de los espectadores.

- ¿Por qué no mi Dama? –preguntó el segundo Juez.

- ¡Esa mujer es una simple sirvienta en mi casa, no tiene los títulos ni rango necesarios para estar aquí!

- Señora le recuerdo –dijo uno de los fiscales –que a un juicio tiene derecho a asistir cualquier persona como testigo, ya sea de noble cuna o una cantinera, los testigos son testigos, la justicia no pertenece sólo a los de alta cuna.

- ¡Pero esa niña está desequilibrada, ella sí que sufre posesión, la tengo en mi casa por lástima! ¡Exijo que salga de aquí!

- ¿Es eso verdad Legislador de la corte?

- La Señorita Lauril está en todas sus capacidad y sanidad de su espíritu su señoría, está sana y competente para declarar.

- Bien procedan.

- Señorita Lauril, ¿es verdad que su antigua señora Saudra ha mostrado en el pasado comportamientos violentos agresivos o incoherentes como para sospechar de ella una posesión?

- Bueno ella… se comporta de modo… extraño…

-Puede decirnos que clase de comportamientos encuentra extraños.

- Pues ella-

- ¡Cierra la boca niña! ¡Después de todo lo que hemos hecho por ti, cómo te atreves a venir a declarar contra mi hija!

- Señora usted sólo es testigo presencial, no declaratorio, le ruego que guarde la compostura –pidió el primer juez.

- ¡¿Cómo guardarla?! ¡Esa mujer y su viejo padre viven de nuestra caridad, sin nosotros no tendrían ni siquiera techo donde guarecerse! ¡¿Es así como agradeces la bondad de tus señores Lauril!

- ¡No- yo-yo…

- Señora está prohibido intimidar u ofender a los testigos, mantenga la compostura. Siga señorita.

- Yo… bueno… no…

- ¡No tiene nada que decir! ¡Siempre los hemos tratado como parte de la familia! ¡No es verdad? Y no es verdad Lauril que Saudra siempre fue piadosa y compasiva contigo, te trataba casi como su amiga, te regalaba ropa y algunas de sus joyas, Saudra siempre ha sido una joven bondadosa ¿no es cierto?

-…

- ¡¿No es eso cierto?!

La joven se tomó de la cabeza asustada.

- Señora basta, está coaccionado e intimidando a la testigo, cierre la boca de una buena vez o será expulsada de la sala. Jovencita, responde ¿es verdad lo que ha dicho la donquira?

- Yo…

- ¡Dilo Lauril! ¡Di la verdad! ¡Di lo bien que siempre te hemos tratado!

- Señora es la última vez que le pido guardar silencio.

La joven bajó la cabeza y estaba a punto de llorar. Nunca había estado en el castillo de Cefiro con gente tan importante, nunca había estado en un juicio civil mucho menos en uno Místico, esta gente, el salón, el lugar, le imponían demasiado, y sumado a tener de frente al donquer quien sí había sido siempre bueno, pero a un lado ladrando a la donquira, tenían a la chica paralizada. Lauril era una chica inocente de campo y mente simple, todo esto era demasiado. Sintió deseos de sólo salir corriendo del lugar…

- Señorita por favor, declare.

- Yo-yo-no…

- Habla sin miedo jovencita, todos los aquí presentes estamos para hacer justicia, y si la verdad está de tu lado, nada tienes que temer.

Marina habló por primera vez, siendo la primera de las guerreras en pronunciar palabra desde que llegaran, haciendo a todos los presenten mirar al nicho sacro, y Lauril luego de unos segundos en que las desconoció debido a su feérica apariencia, al reconocer en ellas a dos de las guerreras mágicas que le habían salvado y ayudado, se llenó de valor ante el asentimiento que de cabeza que Marina le dio el cual sólo ella entendió como "Adelante, todo saldrá bien, nosotras te apoyamos"

Y envalentonada con esto, pensó en que ya era hora de hacer justicia para ella y su viejo padre.

- Sí señores –dijo mirando con determinación a los fiscales -mi antigua señora, podría sufrir una posesión.

- ¡Perra desgraciada! –la donquira se levantó de su estrado y se dirigía hacia las escaleras con toda la intención de tomar a Lauril por los cabellos pero fue atajada por tres chambelanes que la contuvieron.

- Se lo advertí señora –dijo el juez principal –Chambelanes, sáquenla del lugar. Sabrá del veredicto cuando todo haya acabado.

Y entre quejas y un tremendo espaviento fue sacada del salón, para perjuicio de su hija, y vergüenza de su esposo.

Cuando la calma volvió el juicio continúo.

- Señorita Lauril podría decirnos que la hace pensar que Saudra podría padecer de posesión demniaca.

-Bueno, ella hacia cosas, muchas cosas, que yo no podía comprender.

- ¿Cómo cuáles?

- Pues…

La joven comenzó a narrar poco a poco lo que había visto, una cosa la llevaba a otra y poco a poco fueron saliendo a la luz más manías y comportamientos ilógicos agresivos y prepotentes de la joven reina. Así como también salió a colación el constante maltrato y humillaciones al que Saudra la tenía sometida. Además de las amenazas y humillaciones a su padre, así como el evento donde las guerreras y Clef la habían ayudado a salvar a su enfermo padre, ya que Saudra no sólo le había negado toda ayuda sino que además le había retirado su sueldo.

- Lauril… si esto es verdad ¿por qué jamás me dijiste nada de esto? –pregunto con duda el donquer, sin querer creer, pero en el fondo sabiendo que podía ser cierto.

- Por que… la donquira me amenazo con echarnos a la calle a mi padre y a mí si yo le decía algo a usted. Mi señor, usted sabe que mi padre es viejo y débil, no teníamos a donde ir. No… discúlpeme por decirlo delante de todos pero, no es la primera vez que la donquira hace cosas a sus espaldas, todo siempre para solapar los comportamientos de la señora Saudra. No sólo me maltrataba a mí, es verdad, pero era conmigo con quien más se ensañaba.

- Por todos los Dioses… -dijo el hombre sobando su tabique.

- Muy bien jovencita. ¿Algo más que desees declarar?

- No, ya he dicho todo lo que sé.

- Muy bien, muchas gracias por su testimonio Señorita Cardo, puede retirarse. –dijo el fiscal y acompaño a Lauril a la salida.

- Señor –llamó asustada Lauril antes de salir –me… echaran a la calle junto a mi padre luego de esto ¿verdad?

El donquer levanto la mirada lentamente y sin rencor, más bien apesadumbrado le dijo –No Lauril, ve tranquila, no echaré tu padre ni a ti. Ve a casa allá hablaremos, pero no tengas miedo. Yo me encargaré de resarcir los daños que hicieron mi esposa e hija.

La joven respiró más tranquila, el donquer era un hombre honorable y si él lo prometía podía creerlo. La joven se fue y el fiscal habló de nuevo.

- Señores jueces, también deseo invitar a declarar a algunas personas de la servidumbre del castillo.

- Adelante.

- Llamo al estrado a las tres doncellas personales de la reina.

Eran tres debido a que ya habían renunciado dos, así que tanto la actual como las dos anteriores se habían llamado para declarar sobre su tiempo al servicio de Saudra.

Las declaraciones de esas doncellas aunadas a las de otros sirvientes del castillo terminaron de hundir a Saudra hasta el fondo.

- Bueno –todo mundo escuchó atento al juez principal –dadas las pruebas y declaraciones presentadas en este caso, como mortales, hemos llegado a un veredicto. Se ha encontrado a la Reina actual de Céfiro culpable de todos los cargos imputados en su contra –al oír estas palabras, al donquer se le fue el alma al suelo –Saudra de Arnauld será removida de su cargo como reina de Céfiro, pues no está capacitada para reinar y tampoco para dar un heredero a la corona. También le será revocada la bendición del bautizo y dejará de ser parte de la familia real sacra. Se concede el divorcio necesario de su majestad el Rey y este estará en libertad de buscar una nueva esposa. Y ya que sufre de posesión demoníaca será enviada a los calabozos de Azabae, quedando al cargo de los sabios de la orden de Sada. Se le permitirá la visita de sus familiares una vez al mes, y vivirá recluida con sus demonios en las cuevas del sur.

Los presentes murmuraban más que satisfechos. Al fin se quitarían ese problema de encima. Sólo faltaba un paso.

- Deidades –dijo el Ishtar Teliceri segundo al mando, pues a Clef le correspondía abrir el juicio, pero a Teliceri, cerrarlo –el juicio de los hombre se ha llevado a cabo, y ha dado su sentencia, pero, más allá de las pruebas presentadas hoy aquí, necesitamos de aquellos ojos que todo lo ven. Así pues, hablen Dioses a través de sus hijas, cuál es su veredicto, ¿aceptan el fallo del hombre como justo?

Ante esto todos los presentes se pusieron respetuosamente de pie y voltearon en dirección del nicho para escuchar el veredicto.

- No lo aceptamos –dijo Lucy sorprendiendo a los presentes quienes dejaron escapar un ahogado suspiro de desconcierto.

- Mi señora Lucy ¿es unánime?

- Hablo por las tres, ¿no es así hermanas?

- En efecto -respondieron al unísono en sus tronos.

- Pero… -dijo el primer juez desconcertado, pero luego retomó una actitud respetuosa, no iban a llamar a los Dioses a la sala para imponer su veredicto humano, eran ellos quienes debían escuchar. –Hablen mis señores y señoras –dijo refiriéndose a la creencia que los genios hablaban a través de ellas. –díganos entonces cuál es su fallo su veredicto y sentencia.

- La princesa de Arnauld –dijo Marina, con toda la intención de dejar en claro lo que se venía. –no puede ser más la Reina de este mundo, eso es verdad. La reina de Céfiro debe ser una mujer justa, honesta, bondadosa, amable, pero también con la fuerza suficiente para ser no un vientre para el trono, sino su complemento, reinar a la par con el rey y así equilibrar las fuerzas femeninas y masculinas que mueven el universo, las cuales por cierto, ustedes han subestimado e ignorado. El poder no debe recaer sólo en el hombre. ¿Acaso sólo con el hombre se construyen un hogar y una familia? No mortales, se necesita de ambos. Por lo tanto la reina debe ser una mujer con gran madurez mental, temple, que aporte fuerza y sabiduría al reino, digna, y de inteligencia notable, capaz de dirigir ella sola el reino de llegar a ser necesario. Y me temo que Saudra no cuenta con ninguna de esas cualidades. Por lo cual, no está capacitada para ejercer. Sería un peligro y una insensatez permitirle permanecer en el trono, eso es claro como las aguas. Por lo tanto será despojada de su título y cargo como reina de Céfiro, pues no ha demostrado ser merecedora de ese honor. ¿Están de acuerdo hermanas?

- Sí.

- Ahora –habló Lucy –respecto a concederle la gracia de seguir siendo la esposa del trono, eso tampoco puede ser –el Donquer las miró acongojado, triste ante el veredicto pero no había nada que pudiera hacer. –Una esposa debe ser un apoyo y un complemento para su marido, y Saudra, lamentablemente ha demostrado ser una carga y una enorme distracción. Si ella es una fuente de problemas, su esposo no podrá dividirse entre resolver los problemas personales y los problemas del reino. Los problemas familiares son a menudo la causa de la falta de concentración y competencia en asuntos externos tales como los sociales y laborales. Un rey con demasiada carga emocional negativa, pronto dejará de ser diligente y eficiente en sus labores y responsabilidades, y la gente sufrirá por eso. Además Saudra, no sólo le ha traído problemas al Rey sino al reino mismo de Céfiro, provocando la perdida de los lazos de amistad con el planeta vecino Autosam. Hay que agradecer a los Dioses su gracia, puesto que bien pudo desencadenar un conflicto bélico. –dijo haciendo sudar frio a los presentes –Esta no es la clase de apoyo que una esposa debe dar a su marido. Es más que evidente que el carácter de la princesa de Arnauld es algo que va más allá de lo que el Rey puede manejar. Saudra ignora a su marido constantemente para imponer su voluntad –ante esto varios ministros torcieron la boca y asentían dándole la razón a la guerrera pelirroja, pues habían sido muchas las veces que Saudra ignoraba a Paris para hacer sus berrinches contra la corte. –No lo respeta ante los demás ni le da su lugar, si en una mujer ordinaria es reprobable, en una reina es inaceptable pues no sólo humilla al marido, sus acciones humillan y traen problemas al reino entero. No se puede tomar a la ligera algo así. Además, tengo que decir que el matrimonio al jamás haber sido consumado –la gente exclamó sorprendida –revoca la validez de esta unión sacralizada. Yo doy fe por las llamas eternas que Saudra de Antelor es una joven pura y tan virgen que podría volver a tomar un esposo casándose con todas las designaciones que a una virgen corresponde. Por esa razón, la sentencia al respecto de su estado civil, es el divorcio inmediato de su majestad el Rey Paris, y su exclusión de la Casa bendita de Gent-Pilaris. Por esa razón, yo, en representación de Rayeath y el fuego que purifica, la despojo de la bendición recibida en la fuente de los suspiros y le devuelvo su nombre de soltera y su designación como princesa Feudal de Antelor, hija de la casa Arnauld.

El donquer se dejó caer en la silla con una mano sobre su frente, derrotado mientras el veredicto seguía.

- ¿Nunca se consumó el matrimonio? –preguntó el juez sin creerlo aún.

- ¿Duda de mi palabra? –dijo Lucy con esa fiera mirada y estoica postura imponiéndose al juez quien se respingó apenado.

- ¡No-no, no mi señora no me atrevería! Una disculpa por favor, es que… no-no teníamos idea.

- Rey Paris –dijo Lucy a lo cual Paris se puso en pie y dijo.

- Nuestra señora del fuego dice la verdad, yo jamás consumé mi matrimonio.

- ¿Po-por qué su majestad?

- Ah… no quiero hablar contra mi pobre esposa y deseo proteger su intimidad… -dijo muy solemne –Sólo diré que un buen marido debe anteponer las necesidades y bienestar de su esposa antes que sus propios deseos. Saudra no estaba bien emocionalmente, no quería forzar nada en su estado.

- Co-comprendo… -dijo el juez. –Bien, eso… facilita las cosas… Y, respecto al cargo de posesión ¿qué deciden mis señoras?

Cuando el juez preguntó esto, toda la corte presente en ese juicio ya se frotaba las manos por dentro, pues si todos los demás cargos habían sido aceptados por los genios, este último seguro lo sería también, sin embargo parece que pudo más el rencor que la memoria, pues Lucy previamente ya había dicho dijo que no habían aceptado el veredicto humano.

- No lo aceptamos –dijo Anais provocando una exclamación de sorpresa entre el público.

- ¿Co-cómo?

- La princesa Saudra no padece de ninguna posesión demoniaca, y pese a su errático comportamiento puedo asegurar que su alma se encuentra limpia como la de cualquier otro aquí. Por esa razón no se le puede acusar de posesión.

Mientras el donquer se levantó de su asiento con esperanza en la mirada, los demás miraban hacia el nicho con el rostro desencajado ¡¿Cómo que esa loca no estaba posesa?!

- ¡No… no-no es posible! ¡Mi señora ¿están ustedes seguras de lo que dicen?! –exclamó desconcertado el juez principal.

- ¿Desde cuando deciden los mortales si los Dioses están seguros de su omnisciencia? –dijo Marina en forma imperativa, poniéndose en pie y muy metida en su papel de ser superior, aunque por dentro se moría de pena por tratar de forma altanera a un hombre mayor. -¿Nos llamaron hoy aquí sólo para cuestionar nuestras decisiones?

- ¡No-No! –dijeron todos los presentes en un alarmado coro.

- Mis señores y señoras perdonen -dijo el juez secando con su pañuelo su frente con evidente nerviosismo y congoja –no fue nuestra intención blasfemar es… es-es sólo que… si… si pudieran explicar un poco –dijo buscando como resarcir su falta de respeto –somos mortales y no comprendemos los designios divinos. Por favor hablen que escucharemos. –finalizó con solemne actitud.

- Si quieren escuchar… –dijo Anais con un poco de soberbia, aunque todo era parte de la actuación.

- Señora, hable, yo se lo suplico –pidió el donquer esperanzado a lo que fuera a decir.

- La joven princesa de Antelor no merece una sentencia de exilio en los calabozos de Azabae, ya que ningún espíritu la posee. Sé que muchos aquí tienen sobradas razones para estar molestos con ella, sin embargo, más que odio y reproches, la princesa Saudra necesita ayuda y comprensión.

El murmullo en la sala se elevó. ¡¿Cómo era posible que los Dioses dijeran tal cosa?! Saudra era un peligro y una molestia, una joven consentida y mal educada, prepotente y estúpida. ¿Qué se había ganado de ellos sino su rencor?

- Silencio -exigió Lucy con un tono calmo pero imperante que no dejaba espacio a la desobediencia.

Cuando todos hicieron silencio Anais habló de nuevo.

- La princesa Saudra no está posesa, está enferma.

- ¿Enferma?

- Las enfermedades del cuerpo físico no exentan a la mente, puesto que nuestro cerebro es parte de nuestro cuerpo. Es verdad que existen las posesiones, como también es verdad que existen las enfermedades mentales. Debemos aprender a diferenciarlas si queremos un trato justo e igualitario para todos. Y mucho me temo que habrá muchos inocentes en Azabae que ahora mismo están sufriendo por la ignorancia, la irresponsabilidad y la incompetencia del consejo Político –puso tal énfasis y reproche en las últimas palabras que estás fueron peor que un balde de agua fría para los políticos presentes.

No sabían nada sobre enfermedades mentales, pero que los Dioses los consideraran ignorantes, irresponsables e incompetentes era terrible para sus puestos, sus carreras, su vida social y su futuro… ¡Si hasta podían destituirlos por eso!

- Esto no es un juego. Las personas que padecen alguna enfermedad mental, sufren mucho, necesitan de paciencia, comprensión, amor y sobretodo un tratamiento médico adecuado y un entorno tranquilo. Cosas de las que carecen totalmente en Azabae, tratados como criminales, no, peor aún, como animales. Me gustaría saber quiénes fueron los barbaros que sugirieron tal tratamiento a esta clase de personas. Aunque –dijo enigmáticamente poniéndose de pie –sólo es retórica, porque… Yo lo sé todo –al decir esto, las gemas en la corona de Anais comenzaron a brillar con luz propia, lo mismo otros elementos en su traje. Sus ojos verdes se tornaron de un blanco azulado neon brillante y su voz cambió, a un tono imponente, aun se podía escuchar su suave voz pero esta vez secundada por una voz más gruesa, con un vibrato y eco inquietante que evidentemente no era humano… ¡Por los tres poderes! ¡El Dios Windam se había posesionado de su cuerpo! Ante esto todo mundo puso una rodilla al piso. –¿No fue su tatarabuelo ministro Eamon quien designó tal destino para esta gente? Todo porque no sabía qué hacer con ellos y le causó molestia lidiar más con la situación.

En hombre agachó la cabeza apenadísimo, que bochorno, eso era algo que sólo miembros de su familia sabían. Sin duda el Dios estaba hablando a través de esta joven guerrera.

- ¿Enfermedad mi señor Windam? ¿Es esto sólo una enfermedad?

- Sí, primer ministro Excelom, de las más crueles e incomprendidas que pueda haber. Quienes la padecen sufren mucho. Y ya que fue usted quien eligió a Saudra para reina de este mundo, se implicará activamente en su convalecencia. ¿Ha entendido?

- S-sí mi señor.

- ¿Entonces… mi hija no sufre de posesión? –preguntó el donquer tanto sorprendido como aliviado.

- Tu hija sólo está enferma buen hombre. No temas por ella, no sufrirá en los calabozos. Céfiro ha sido negligente en esta área, aumentando así el sufrimiento de estas personas. Es un tema que necesita urgente atención, por eso, como el Dios de la Salud que soy, dejaré a mi niña a cargo de este tema, y deberán escucharla y atender a sus reformas. No permitiré más injusticias por la tibieza de las leyes humanas –sentenció –por esa razón la princesa Saudra será permitida de volver al hogar de sus padres, quienes habrán de cuidar de ella y ver que tenga un tratamiento adecuado de por vida, en el cobijo y amor de su familia, y conforme vaya evolucionando, podrá vivir una vida casi normal.

La gente ya no intentó rebatir nada más, no se atreverían. Los Dioses habían hablado y era deber de la tierra obedecer al cielo. Y el donquer, se adelantó lo más que pudo abriéndose paso entre los atónitos jueces y dijo con la voz quebrada y el corazón en la mano.

- Gracias Dioses y señoras mías, gracias por mostrar su misericordia a mi hija.

- Vete en paz donquer de Antelor, lleva a tu hija a casa y dale atención inmediata. Pretoria Blanca –ordenó a los soldados –escóltenlo hasta la Princesa Feudal Saudra de Antelor para que comience los preparativos para llevarla a casa.

La guardia asintió e hizo una reverencia, yendo de inmediato a escoltar de forma amable al donquer.

El hombre se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar de alivió mientras la guardia de la puerta blanca lo escoltaba para dejarlo salir por la puerta de la absolución. Antes de irse el hombre levantó el rostro viendo hacia las guerreras, y de sus labios se pudo leer en repetidas ocasiones un gracias hasta que dejó el salón.

Una vez el donquer se hubo ido... Para sorpresa de todos, Lucy y Marina parecieron entrar en el mismo estado de posesión y se pusieron de pie con la majestad propia de sus Dioses Guardianes.

- Es más que evidente, que el consejo político ha estado tomando las peores decisiones desde hace mucho tiempo ¿no es verdad? –dijo Marina mirando hacia abajo sin bajar el rostro, lo que logró hacer sentir aún más pequeñitos a los políticos. –Desde imponer a una Reina enferma, hasta hacer a un lado a uno de los grandes pilares de un mundo mágico como lo es Cefiro, desdeñándolo como a cualquier pasante. Me refiero a Gurú Clef –el aludido miró al piso y abrió grandes los ojos, casi sonrojado, no había esperado que sus niñas fueran a reclamarles eso al consejo. –Años de sabiduría y experiencia hechos a un lado por la soberbia y arrogancia de jóvenes e imberbes políticos. ¿Desde cuándo 56 años de vida le ganan a más de setecientos de experiencia ministro Excelom?

- Mi-mi señor Ceres yo-yo-

- ¿Pensaron que haciéndolo de lado manipularían mejor el trono? –dijo esta vez "Rayearth"

- ¡No! ¡Lo juro no era esa nuestra intensión! –exclamó apurado otro de los ministros.

- Pues es evidente que lo intentaron de una forma u otra. Imponer una reina puede ser un método adecuado cuando el reino lo requiere, pero, la mujer elegida debe ser capaz de llevar a cabo la empresa de cuidar de todo un planeta como se cuidaría una casa personal, no una marioneta de los políticos. Ella representa despues de todo a la madre del reino. ¿Y a quién eligieron? A una joven enferma a quien exigieron más de lo que sus capacidades le permitían, inmadura e inexperta, sin una preparación previa y con una educación demasiado básica, sólo por ser noble y bonita. ¿Y así pretenden dirigir al planeta?

El juicio ahora evidentemente ya no era para Saudra sino para la propia política interior del reino. Todo el consejo político sudaba frió y las Alas de los Cuatro Vientos estaban más que de acuerdo con lo que los Dioses acusaban.

- Es evidente para nosotros –dijo "Ceres" –que no están en capacidad de tomar decisiones serías para el reino. –Pero haciendo gala de la "misericordia divina" dijo –Sin embargo comprendemos que como mortales sin la capacidad de conocer lo absoluto, cometen errores, más aún siendo un reino nuevo que por primera vez enfrenta la responsabilidad de responsabilizarse por sus vidas y su planeta. Por lo tanto, esta vez, ninguno perderá la cabeza –lo políticos y ministros casi se orinan al escuchar esto. Definitivamente debían dejarse de tonterías arrogancia y corrupción, si los siguientes en el palco de un juicio místico no querían ser ellos. Sin dudar acatarían lo que dijera los Dioses. Y para terminar de afianzar su "fe" Marina sentenció –pero no habrá una próxima vez.

- Es claro que un reino tan joven y patriarcal no dispone de jovencitas con el suficiente conocimiento, temple, madurez, educación, fuerza y conocimientos para asumir la responsabilidad de reinar, a la par del Rey. Puesto que la Reina al ser el complemento, debe tener igualdad de poder y decisiones que su majestad el rey, como los padres del reino que son. Por eso esta mujer debe poseer, bondad, pero también sensatez, inteligencia y sabiduría. Y ser capaz de dar a luz, de educar y preparar al futuro soberano o soberana del reino para que sea un sucesor o sucesora digna inteligente y capaz de cuidar y hacer prosperar el reino. En este caso particular, al ser un reino nuevo, necesita de un pilar sólido, una base fuerte y sabia para iniciar así la verdadera familia real de sangre sacra.

- Tienen toda la razón mis divinidades –admitió el primer ministro con humildad –creo que hablo por todos los aquí presentes al decir que aceptamos humildemente nuestros errores, y seguiremos sus mandatos y reformas y trataremos de mejorar día con día para ser merecedores de este planeta que nos legaron. Pero mis Dioses y guerreras, me temo que como ustedes bien han dicho, no disponemos de jovencitas con esas cualidades. A la mujer nunca antes se le había preparado para gobernar. Y pasarían años antes de tener preparada a una joven con esas cualidades. Lo que nos deja con un problema. El Rey ha vuelto a quedar soltero, y en esas condiciones no podrá dar un heredero.

- ¿Acaso un hombre o mujer soltero no puede reinar?

- No-no es eso mi señor Rayearth. Es que, bien… es importante para la corona tener herederos.

- Los hijos son la cristalización del amor, no un sucesor precautorio. Ningún hijo que no haya nacido del amor podrá heredar jamás el trono de Céfiro. Un humano que nace y crece sin amor carece de alma, y un Rey sin alma, es la muerte de cualquier imperio –les sentenció la pelirroja, imponente con su voz, su atuendo y sus brillantes gemas y ojos.

- Los hijos deberán venir a su tiempo ministro,¿ ¿acaso no han notado que hay mucho por arreglar en Cefiro? Si los Reyes se avocan a tener hijos, no tendrán tiempo para solucionar los problemas que actualmente apremian en el reino. ¿O ya han olvidado el problema que este reino tiene con un planeta vecino? ¿Deberemos volver a los cielos a pelear por su vida, porque no aprenden las lecciones?

- Oh, mi señor Windam, perdone nuestra premura, no… no habíamos reparado en eso.

- Si no son capaces de reparar en las cosas que apremian pero sí en banalidades pronto a nosotros no nos quedará nada que proteger.

Antes las palabras de Windam-Anais, los presentes bajaron la cabeza apenados y abochornados. Sus Dioses tenían toda la boca llena de razón. Tenían otros problemas que resolver en las manos y ellos seguían presionando con una nueva reina.

- Sin embargo –dijo "Rayearth" –nosotros comprendemos su premura mortal por una nueva reina, aunque desde una perspectiva más objetiva. No son hijos lo que ahora requiere el reino, sino un poder equilibrado y confiable. Paris no podrá sólo con todo esto, necesitará el apoyo de una reina capaz y dedicada.

- Por esa razón –dictaminó "Ceres" –recaerá en nosotros la responsabilidad de tomar bajo nuestro cuidado al reino, hasta que sean más sabios y maduros. Permaneceremos un tiempo más entre ustedes para ayudarlos en este camino.

Al decir esto las chicas desaparecieron tras imponentes remolinos de viento agua y fuego respectivamente. Cuando los elementos que hicieron volar cabellos y ropajes de los presentes se desvanecieron, el nicho con los tronos se encontraba vacío y silencioso. Dejando a los presentes emocionados y con mucho para comentar.

¡Habían estado en presencia de los Dioses!

…Mientras tanto la puertecita oculta se abría discretamente y por ella salían reptando por el piso las ilustres guerreras.

Pues les habían aplicado la de la sabana engaña perros. Es decir mientras ellos se distraían con los remolinos mágicos que las chicas crearon con ayuda de su magia. Ellas se agacharon tras ellos y comenzaron a reptar protegidas por la balaustrada marmolea que guardaba toda el área del nicho.

Cuando salían del lugar por el pasillo secreto que llevaba hasta la galería donde el nicho se encontraba, las chicas iban comentando y agradecían enormemente que sus celulares no habían fallado. Porque la verdad era que…. No había que molestar realmente a los genios para esto. Si bien sus celulares no tenían recepción de ningún tipo, todas sus otras funciones estaban al 100%. Y esa aplicación de Morfovox que habían bajado para Halloween aunada a la acústica especial del salón había obrado maravillas a la hora de personificar la posesión celestial. Y así validas de sus aplicaciones y el microfonito oculto en su ropa que redirigía la voz a la aplicación habían logrado ese efecto de cambio de voz.

- Caray, Marina sí sabe lo que hace - les dijo Anais al agradecer que Marina se decantara por los accesorios con foquitos led de sus trajes.

- Pues no estoy tan segura. Yo todavía vengo encandilada –dijo la pelirroja -no saben cómo me costaba enfocar con estas cosas prendidas. ¿¡Segura que no me quedo ciega Marina!?

- No Lucy, ya se te pasará, sólo no estás acostumbrada.

Y es que esos ojos neon blanquecinos que no dejaron lugar a duda que un espíritu divino estaba en ese cuerpo, no eran otra cosa que pupilentes UV, de esos que se usaban en los antros y brillaban ante la luz negra, de la cual, traían una tira oculta en la línea interna de sus tiraras que funcionaba con pilas de reloj y un botoncito en el traje. Marina se había inspirado en los cospayer que hacen el papel del malvado Dios Loki y ponían estas luces led negras bajo sus yelmos de foami para hacer a sus ojos brillar en la convención.

- Pues tengo que admitirlo, eres muy creativa Marina, la magia del cine y el teatro es lo tuyo. Puede que no seas una hechicera de verdad, pero en cuanto a la magia de la "producción" eres toda una jefa Gurú.

Las tres rieron ante el comentario de Anais y Marina agradeció entre risas el cumplido.

- Bueno vamos a cambiarnos, tenemos que volver a casa. Apenas tengo tiempo para llegar a la cena con mi familia.

- Gracias por ayudarnos con esto amiga –dijo sentidamente agradecida Anais –mira que tenía que caer en una fecha importante para ti. ¿Segura que no tendrás problemas si llegas tarde?

- Mi abuela me dará un sermón por la impuntualidad y la falta de respeto a los mayores de la familia, seguro no me dejará asistir al rito shinto por el aniversario luctuoso de mi abuelo como castigo, pero nada que me mate –dijo riendo.

- Lo siento mucho.

- No te apenes tanto, sabes que me aburren sobremanera esos ritos funerarios antiguos. Conque me dejen sentarme a la mesa a comer estará bien. Total que es a lo único que voy a los eventos jajaja.

- Uy cuidado el día de tu boda Anais, no la sientes cerca del bufete jajaja

- Tú cállate, que también tienes cola. ¿No sólo vas a la mesa de postres a arrasar con cuanto te cabe?

La pelirroja solamente se rió ante la verdad y Anais sonrió enternecida, ¿Qué haría sin este par de pillas?

- Por cierto Anais mientras Marina va a la cena con su familia, vente a mi departamento porque quiero hablar contigo de los planes que tengo para arreglar ese político problema.

- Dirás problema político.

- Es lo mismo.

- La sintaxis cambia el significado.

- ¡Eres insoportable Marina!

- ¿No creen que los genios se molesten? –dijo de pronto la rubia.

- Siempre han estado de nuestro lado Anais –aseguro cándidamente Lucy –no creo que les moleste, hasta estarán felices de que no se les haya molestado para algo tan trivial.

Y era verdad, despues de todo esos espíritus guardianes no eran cualquier cosa, el despertarlos a ellas les había costado mucho trabajo y eran seres evidentemente serios, severos, formales, verdaderamente sagrados, hieráticos, algunos un tanto gruñones como Rayearth, y con poca paciencia para ciertas cosas, además, tratar con ellos no era cosa fácil, eran seres que gustaban de poner a prueba el corazón de los humanos. Y en esto de la paciencia, los tres tenían una cantidad limitada de esta, Ceres simplemente expulsaría como a un insecto de la sala sin dejarle hablar siquiera, a cualquiera que considerara que estaba de más y no servía al propósito del juicio, o Windam, él no comprendía ciertos formalismos y locuras humanas innecesarias y le desesperaban, aunque Windam sería ciertamente el más paciente de todos y el más amable para rechazar ciertas locuras, pero no querían ni saber cómo Rayeath haría ministros a las brasas a la primera pendej… incoherencia que dijeran, o Ceres metía en un ataúd de hielo al primero en caer presa de sus acertijos y sacar el cobre. Haberles llamado para un evento tan mundano que los propios mortales podrían resolver con un poco de inteligencia, hubiera sido de verdad molesto para ellos y hasta peligroso para los asistentes. Así que aunque no hubieran abandonado a sus guerreras si ellas les hubieran pedido ayuda, si les preguntaran, sí, ellos estarían más que de acuerdo en no haber sido molestados para algo tan banal que era resolución de mortales.

*…*…*…*


Kris de Andromeda: Hola Kris espero este Cap te haya gustado y me hagas saber que te pareció. Y más que castigo para Saudra creo que la Tierra no merece más locos de los que ya tiene, pero tranquila, con Anais las reformas para esa gente harán posible un tratamiento en Céfiro. Espero leer tus reviews pronto.

Anaryuuzaki: Ah, muito obrigada por seguir minha fic e por sou ótimos reviews, eles me dão um incentivo para continuar. Sim, Lucy teve que aproveitar porque ultimamente não há muito no planeta Terra. E claro que a Marina é uma boa menina, uma má muito boa hahaha. Como você pode ver, ela é a responsável por toda a encenação, ela é uma mágica de palco e seu cartão de crédito é o acessório mais mágico e poderoso que ela possui, comparável ao cajado do Guru Clef. Espero que goste deste novo capítulo e possam ler seus comentários sobre ele. Um forte abraço! (Perdoe meu português, faz muito tempo que não tenho a oportunidade de praticá-lo. T.T)

Anyelasaray: Habrá que hacer una en Céfiro XD.

Guest 1: Me encantó encantó tu review! Gracias por leer!

Guest 2: Que maravilla que lo leyeras con soundtrack y todo! Eso me gusta mucho, pero no puedo forzar al lector a oír la música, sólo la pongo y es decisión del lector si la oye, pero creo que le aporta mucha vida a un fanfic. Me emociona bastante que le pongan soundtrack al leer. Es verdad hay que crear conciencia para esta pobre gente. Deseo te guste este capítulo y me comentas que te parece!

Mari-anais: Lo siento de verdad, me tardé en publicar, hago lo que puedo pero por más que trato se me va, hace poco publiqué un capítulo de otro fanfic e iba a actualizar todos mis fics, aunque fuera sin respuestas, pero me tuve que levantar a hacer unas cosas y me quede con la idea, de esas veces que piensas en lo que vas a hacer, te quedas con la imagen, pero luego crees que lo hiciste. Espero te guste este capítulo y me platicas que opinas de la resolución de las guerreras y las trastadas de Marina haciéndose la divina XD.

Minelava: Sip ahora sí al menos estará tranquilita en casita y bien atendida. Eh pero querida Mine sí se dijo en el cap quién era quién. Paris era el búho ojón y Clef el Lexus apostador. Y como ves Clef sí que disfrutó de su fiesta que es al final lo que importaba, hasta sacó ventaja el pillo. Muchas gracias por tus buenos deseos lo aprecio mucho y claro que las bendiciones sirven de mucho, igualmente para ti te deseo éxito en los proyectos que tengas y éxito en tu vida. Espero te guste este cap y el pequeño instante entre Paris y Anais y Clef y Marina. Me comentas qué te pareció.

Perdón si ahora la respuesta es corta a los reviews pero eso es lo que me había estado deteniendo de publicar pues el cap estaba listo desde hace mucho, sólo me tarde por mi trabajo, pero llevaba un mes queriendo publicar y hoy dije, daré respuesta rápida o me tardaré otro mes XD. Eso y que según yo ya lo había publicado XD. En el próximo les daré una respuesta más larga.