Hola de nuevo. Ha pasado un tiempo, pero aquí llega el capítulo 10.
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Episodio 10. Caos en el festival (3ª parte)
Miku seguía esperando. Hacía ya unos minutos que Fuutaro se había marchado en busca de Itsuki, y aún no habían regresado, lo cual estaba empezando a preocuparla.
Decidió empezar a moverse, ya que no quería quedarse quieta. Pero por si acaso se movió cerca de donde Fuutaro se separó de ella. De este modo no sería difícil que la encontrara a su regreso.
Mientras miraba por los alrededores, empezó a pensar en las palabras de su tutor a aquellos encuestadores.
Tenemos una relación especial
Estas palabras le produjeron un enrojecimiento en las mejillas y un calor en el corazón que no supo explicarse. Desde aquel día en que ella le citó en la azotea del instituto, había empezado a vislumbrar su verdadera personalidad.
Cuando le conoció, creyó que era alguna clase de pervertido que estaba espiándolas a ella y sus hermanas. Aunque tras encararse a él, supo que era una suposición equivocada.
Tras saber que iba a ser su tutor, llegó a odiarlo. Que un compañero de curso fuese a darles clase lo veía absurdo. Al principio, se negó a estudiar, como casi todas sus hermanas. Y luego, en un momento de confusión, llegó a acusarle de haberle robado el chándal. La situación no tardó en resolverse. Él no le guardó rencor por la acusación injusta, y se centró en su trabajo.
El día que conversaron en la azotea, terminó pareciéndole alguien que era solo una fachada y que no era el estudioso en historia que decía ser. Pero eso cambió cuando él la persiguió sin descanso por los alrededores del instituto para demostrarle que sabía de verdad sobre esa asignatura. Aquel día también le hizo ver lo que ella valía, tanto como sus hermanas.
No fue consciente, pero en aquel momento empezó a sentir algo, por mucho que le dijera a Yotsuba que no era así. De alguna manera, sentía que más que engañar a las demás, se engañaba a sí misma.
Desde que dejó de ser una niña, no fue alguien que dejara mostrar sus emociones. Prefería encerrarse para jugar a videojuegos y leer libros sobre samuráis del periodo Sengoku. Se sentía avergonzada de aquellos gustos, así que lo ocultaba a los demás. Solía estar encerrada en su mundo. Pero Fuutaro le mostró algo que nunca antes había hecho nadie. Esperanza. Le tendió la mano para ser ella misma y no esconderse.
Fue entonces cuando se dio cuenta que le gustaba que él estuviera cerca. Que le hablara.
Se miró en un espejo. Pensó en el momento en que había visto a Fuutaro elogiar a Itsuki, quien había llegado con un nuevo peinado.
Una breve idea cruzó su mente. Tal vez fuese algo infantil, pero ella también deseaba un elogio del tutor al cambiarse de peinado. Agarró su pelo y lo sujetó por atrás con un lazo azul.
Se miró bien. Salvo por la expresión de su cara, su estilo parecía el de Ichika, pero eso no le importó. Esperaba que se encontrara pronto con él.
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Nino seguía esperando en la azotea. Ya hacía rato que Fuutaro se había marchado, y los fuegos artificiales seguían resonando en el cielo nocturno. Miró a su alrededor. Donde deberían haber estado sus hermanas, riendo y maravillándose por el espectáculo, no había más que vacío.
Por primera vez en su vida lo estaba viendo completamente sola. Le hubiera gustado que las demás estuviesen allí con ella. Pero por haberse despistado ahora estaban todas dispersas.
Suspiró. Si al menos estuviese Fuutaro con ella. Era verdad que le odiaba. Pocas veces en su vida se había encontrado con alguien tan detestable como su tutor. Pero sin embargo no le importaba que estuviese haciéndole compañía. De ese modo no se sentiría sola.
Su teléfono sonó. Nino lo tenía en la mano continuamente, a la espera de noticias. Sin demorarse un segundo, descolgó.
–¿Diga? Ah, hola, Yamada-san.
No era ninguna de sus hermanas. Aun así, escuchar una voz amiga le hizo sentirse menos sola.
–Sí, estoy viendo los fuegos artificiales. Quería verlos con mis hermanas, pero nos hemos despistado. Ese idiota que tengo por tutor ha ido a buscarlas.
Escuchó a su amiga decir algo.
–No, no fue idea mía invitarlo. Una de mis hermanas le propuso venir a su hermana pequeña. Y él vino solapado. Yo hubiera preferido que se largara.
Dio una vuelta mientras escuchaba hablar a su amiga.
–Sí, claro. A pesar de ser un pesado, al menos está siendo útil para algo.
En ese momento, se puso a pensar en cuando el tutor impidió que se cayese. ¿Por qué había sentido algo en ese momento?
Decidida a no darle más vueltas, charló un poco más con Yamada. Ella también había ido a aquel lugar a ver los fuegos junto con Aoki y Otori, pero Nino no podía unirse ya que había prometido verlos junto a sus hermanas.
Durante su conversación nadie apareció en aquella azotea. Y tampoco estaba escuchando sonidos de que estaba recibiendo otra llamada en su teléfono. Eso empezó a preocuparla. ¿Había logrado Fuutaro encontrarlas? ¿Por qué no contactaban con ella? Pensó en llamar a Yotsuba en cuanto terminara de hablar con sus amigas.
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Mutsumi había estado corriendo durante un largo rato. No estaba tan en forma como Yotsuba, ya que se pasaba la mayor parte del tiempo dibujando, pero podía con esto.
Desde que se separó de Fuutaro, había tenido que esquivar como pudo a la gente que había acudido al festival. A rato echó breves vistazos al cielo para ver los fuegos artificiales. Como le hubiera gustado poder verlos junto a sus hermanas, como cada año. Pero esta vez había surgido este inconveniente. Solo esperaba poder ayudar a Fuutaro a que se reuniesen todas antes que fuera demasiado tarde.
Al fin llegó a la torre del reloj. Por suerte, a quienes buscaba estaban allí esperándola.
–¡Eh, Yotsuba! –gritó haciendo señas con gesto de cansancio.
Su hermana y Raiha se volvieron a mirarla.
–Menos mal que llegas, Mutsumi –dijo Yotsuba–. Tranquila, ya puedes recobrar el aliento.
La hermana menor resopló. No era fácil correr con el calzado que llevaba puesto.
–Me… Menos mal. Ya podemos ir al sitio que alquiló Nino.
–Genial. Vamos Raiha-chan –dijo Yotsuba poniéndose de pie.
La niña la imitó, recogiendo también las bolsas con las cosas que habían comprado.
Antes de empezar a caminar, Yotsuba se volvió al grupo de Tomoyo, que aun seguía por allí.
–Nosotras nos marchamos. Adiós, Tomoyo-san.
–Adiós, Yotsuba-san. Espero que nos volvamos a encontrar –dijo ella agitando su mano.
–Yo también lo espero –dijo la pelinaranja.
–¡Hasta pronto! –dijo Raiha.
Entonces las tres se pusieron en marcha.
–Veo que habéis hecho amistades –dijo Mutsumi echándole un vistazo al grupo del que se habían despedido.
–Sí, han sido muy amables con nosotras –dijo Yotsuba.
–Me alegro –dijo Mutsumi–. Yo también conocí a alguien amable que me ayudó a encontrar a Nino y Fuutaro-san.
–Ya que lo mencionas, ¿por qué no ha venido Nino? Fue ella quien dijo que vendría por nosotras –preguntó Yotsuba con curiosidad.
–¿O mi Onii-chan? –preguntó Raiha.
–Nino se quedó en el ático esperando por si alguna de las demás llegaba. En cuanto a Fuutaro-san, fue a buscar a Ichika.
–Vaya, entonces eso nos deja con el interrogante del paradero de Miku y de Itsuki –dijo Yotsuba.
–¿De verdad mi Onii-chan está queriendo reuniros a todas? –preguntó Raiha.
–Lo que escuchas, Raiha-chan –dijo Mutsumi–. Lo vi bien decidido. Casi parecía uno de esos héroes caballerosos de los mangas y novelas ligeras, dispuestos a todo por cumplir con su deber. Es inspirador.
Ambas vieron a la menor de las Nakano con estrellas en los ojos. Pese a que normalmente era una persona seria, era inevitable que a veces la mente de Mutsumi la llevara a esos pensamientos fantasiosos.
–Despierta ya, Mutsumi –dijo Yotsuba–. Tenemos que llegar junto a Nino.
–¿Eh? ¡Ah, sí, cierto! –dijo saliendo de su ensimismamiento–. ¡Vamos, es por aquí!
El grupo se puso en marcha. No pasó mucho tiempo hasta que se encontraran con dos caras conocidas.
Mutsumi vio a la pareja de chicos que les hizo la encuesta a Fuutaro y ella.
–¡Ah, hola de nuevo! –saludó la chica de pelo castaño.
–Hola. Me alegro de volveros a ver –dijo.
–¿Los conoces, Mutsumi? –preguntó Yotsuba.
–Sí, nos han hecho una encuesta hace un rato.
–Hacemos encuestas a los visitantes del festival para el sorteo de un vale de cien yenes –explicó el chico rubio–. Nos encontramos antes con ella y su "inspiración".
–¿"Inspiración"? –preguntó Yotsuba con extrañeza.
–Está refiriéndose a Fuutaro-san –respondió Mutsumi–. Es alguien muy inspirador, ¿no crees?
–¿Onii-chan inspirador? –murmuró Raiha extrañada.
–Ahora que lo pienso, ¿le habéis visto por aquí? –preguntó Mutsumi a los chicos.
–Yo no recuerdo –dijo el rubio, pensativo–. ¿Y tú, Onodera?
–Hmmm… –la chica meditó–. Creo que le he visto hace un momento. Iba en compañía de una chica con el pelo rosado y corto. Creí que eras tú, ya que salvo por el pelo se te parecía mucho.
–¡Entonces sí encontró a Ichika! –exclamó Yotsuba–. Podemos encontrarnos con él. ¿Dónde lo has visto?
–Fue por esa dirección, si no recuerdo mal –dijo Onodera señalando.
–Bien, entonces podemos encontrarlos y volver todos juntos –dijo Yotsuba–. ¡Vamos!
–Espera, avisaré a Nino primero –dijo Mutsumi tomando su teléfono.
Así las tres se despidieron de aquellos chicos.
–Parecen gente interesante, ¿no lo crees? –preguntó el chico.
–En cierto modo, me dan envidia –dijo Onodera con un ligero sonrojo–. Esa chica de las gafas se veía muy pasional al mencionar al chico.
–Vamos, no te preocupes, seguro que tú encuentras a alguien pronto.
–Quizá ya lo tenga… –murmuró mientras pensaba en cierto chico con el pelo negro alborotado con quien años atrás hizo una promesa.
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Mientras tanto, Ichika y Fuutaro seguían en el callejón. Ella seguía teniéndole arrinconado. Él aún se veía tratando de procesar las palabras de ella. ¿Por qué le había dicho que se iba a perder esto? La respuesta no tardó en llegarle.
–Me ha salido un trabajo –le explicó–. No puedo ir a ver los fuegos.
Ella siguió sonriendo, mientras se apartaba de él. Pero Fuutaro vio algo extraño en esa sonrisa.
–¿Pero qué más da? –añadió ella sin perder la sonrisa–. Todas tenemos la misma cara. Si falta una no se notará mucho…
Pero el tutor seguía desconcertado. ¿Por qué estaba diciendo estas cosas con tanta naturalidad?
–¿Estás hablando en serio? –preguntó con seriedad.
–Lo siento, me están esperando –cortó Ichika volviéndose para salir del callejón.
Había esquivado su pregunta. Pero eso no le dejó satisfecho. Tenía que saber.
–¡Espera! –Fuutaro fue tras ella–. ¡Dame una explicación, al menos!
–¿Por qué debería? –preguntó Ichika sin perder la sonrisa.
Eso sorprendió a Fuutaro. Ella pareció algo molesta de repente.
–¿Por qué te metes en nuestra vida?
Le había hecho una pregunta para la que él no tenía contestación. Si lo pensaba bien, ¿por qué?
–¿Lo haces solo porque eres nuestro tutor? –insistió ella.
Tenía un punto. Le habían contratado para ser el tutor de estas chicas. Y ahora de repente se veía intentando reunirlas para un evento familiar. ¿Por qué había decidido meterse en esto?
–Es verdad –concedió entonces–. Si lo miro así… ¿por qué me estoy preocupando de algo que no tiene que ver conmigo?
Eso pareció bastarle a Ichika.
–Bien, me alegro que lo entiendas –dijo dándose la vuelta para abandonar el callejón–. Me voy.
Esta vez Fuutaro guardó silencio. Era la decisión de ella, y no debía detenerla. No podría cumplir lo prometido a Nino. Había fracasado.
Pero de repente ella se paró.
–¡Ay, no! –exclamó preocupada.
Fuutaro se acercó a ella para ver qué le inquietaba. Y se encontró un rostro familiar.
–Es el tipo que estaba contigo antes –dijo reconociendo su característico bigote.
Ese hombre se movía entre las hileras de gente mirando de un lado a otro. Parecía nervioso, como si estuviese buscando a alguien.
–Es un compañero de trabajo –explicó ella.
Fuutaro conectó las piezas en su mente.
–Y te está buscando, ¿verdad?
De repente, el tipo se movió en dirección a la entrada del callejón.
–¡Viene hacia aquí! –exclamó Ichika, volviéndose hacia dentro–. ¡Se enfadará conmigo al haberme escapado! ¿Qué hago?
–¡A mí no me preguntes! ¿Y si intentas salir corriendo antes de que llegue aquí?
–¡No me dará tiempo! ¡Me verá!
Poco después el tipo llegó a la entrada del callejón. Echó un vistazo al mismo, pero lo único que vio fue la silueta de una pareja abrazándose en actitud cariñosa. Volvió la vista para darles intimidad, pero permaneció donde estaba.
Fuutaro estaba muy nervioso. Ichika le había dicho que la abrazara, para que si el tipo les veía creyera que eran una pareja. Esto le puso peor. Tener tan cerca a Ichika, sentir su aliento, oler su pelo… esto era como cuando Nino se apretó contra él buscando sus lentillas. ¿Por qué se tenía que meter en estas situaciones tan incómodas?
Al estar tan cerca uno del otro, pudo sentir los latidos del corazón de Ichika. También latía con fuerza.
Discretamente, volvió la cabeza. El tipo no se movía de la entrada del callejón. Vio que sacaba un teléfono.
–¿Hasta cuándo tenemos que quedarnos así? –le preguntó a Ichika.
–Lo siento. Solo un poco más –suplicó algo sonrojada–. Cualquiera que nos viese, creería que somos pareja, ¿no?
–Los japoneses no hacemos esto con cualquier persona –razonó Fuutaro–. Así que creo que nadie pensaría otra cosa.
Ichika soltó una risita.
–Es emocionante. Me siento como si estuviésemos haciendo algo malo. Y eso que no somos más que amigos.
Fuutaro abrió los ojos con gesto de sorpresa.
–Espera, ¿somos amigos? –preguntó extrañado mientras se apartaba de ella.
–¿Eh? –ella puso una sonrisa incómoda–. No vamos a ser más que eso solo porque nos hayamos abrazado. Más despacio, velocista.
–No… ¡No me refiero a eso! –exclamó nervioso Fuutaro–. Soy vuestro tutor. Si no hubiera sido por eso, jamás habría tenido contacto con ninguna de vosotras. Es raro que nuestra relación se considere "amistad" en estas circunstancias.
Ichika adoptó una expresión de perplejidad.
–¿Te parece bonito lo que me estás diciendo?
–¿Eh?
–Yo pensando que éramos amigos. ¿Y tú no piensas igual? Eso duele.
–No… no, yo…
Fuutaro no sabía qué decir. Cuando estuvo con Miku, dijo que tenían una "relación especial", pero con Ichika no había tenido todavía tanta interacción para considerarse en ese mismo término.
–¿Hola? –la voz en alto del tipo del bigote se escuchó de repente, viendo ambos como estaba hablando por teléfono–. Ha habido un pequeño contratiempo… Pero no habrá ningún problema para la grabación.
Esto le llamó la atención a Fuutaro.
–¿Grabación? –preguntó a Ichika–. Me estás diciendo que tu trabajo es…
Ichika volvió a abrazarle. Se acercó a su oído.
–Ese hombre es un cámara –le explicó–. Y yo trabajo para él.
–¿Eres ayudante de cámara? –preguntó Fuutaro sorprendido.
–Sí, bueno… son necesarias muchas pruebas para sacar buenas tomas –dijo algo avergonzada–. La verdad es que me encanta ese trabajo.
Fuutaro meditó un momento.
–Puedo entender que te guste, pero ¿crees que es el mejor momento para dedicarte a eso? Con nuestra edad estudiar es lo más importante –objetó–. Si no estudiáis ahora, lo tendréis complicado para ir a la universidad.
Ichika pareció sorprendida.
–¿Y tú para qué estudias, Fuutaro? ¿Qué quieres conseguir?
Esta pregunta le descolocó. Un flashback vino a su mente. Algo que ocurrió seis años atrás. La imagen de una niña de la que solo podía ver su sonrisa apareció en su memoria.
–¿Para qué? –preguntó–. Pues…
–¡Por fin te encuentro, Ichika!
El grito del hombre del bigote sorprendió a los dos. Pero se dieron cuenta que no estaba mirando hacia el callejón.
–¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó a alguien el tipo con algo de molestia en su tono de voz.
–¿Eh? –dijo una voz femenina.
–Es igual, me lo explicas luego –dijo apareciendo ante la vista de Ichika y Fuutaro–. ¡Vamos, date prisa!
–Pero… pero…
Ambos vieron como el tipo pasaba delante del callejón tirando de la mano de alguien. Entonces se dieron cuenta que era Miku, aunque con otro peinado. Se veía asustada.
A los dos se les quedó una expresión de perplejidad.
–¡Miku! –exclamó Ichika con perplejidad–. ¿La ha confundido conmigo?
Fuutaro en cambio no se sintió tan extrañado. Salvo por el tono de pelo y el peinado, las seis hermanas tenían la misma cara. No era difícil confundirse en determinadas situaciones. Pero no podía hablar de eso ahora con ella. Tenían que ir a ayudar a Miku y sacar de su error a ese hombre.
–¡Vamos tras ellos! –dijo él. Tenía que resolver aquel malentendido lo antes posible.
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Los fuegos artificiales seguían iluminando el cielo. Nino seguía esperando en la azotea, pero su mirada estaba enfocada hacia su teléfono, en el que no dejaba de contemplar una foto de seis niñas de espaldas, contemplando unos fuegos artificiales, como los que estaban lanzando en aquel momento.
Era una foto de varios años atrás.
De repente, su teléfono empezó a vibrar. La estaba llamando una de sus hermanas. Respondió de inmediato.
–¿Itsuki? ¿Dónde estás?
–No lo sé –respondió la voz entristecida de la quinta de las hermanas–. Me he perdido. No creo que pueda llegar con vosotras a ver los fuegos.
Esas palabras dejaron a Nino con la boca abierta.
–No te rindas –Nino la animó–. Mira, voy a…
La llamada se cortó de repente. Nino se sorprendió. Se encontraban en una situación muy complicada. Pero ella también tenía que hacer algo. Ella no se rendiría. Se levantó con decisión.
–¡Las seis vamos a ver juntas los fuegos artificiales! –exclamó.
Su teléfono volvió a sonar. Esta vez se trataba de Mutsumi.
Respondió. Iba a hacer lo posible para que un año más se cumpliera la tradición.
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Ichika y Fuutaro habían salido del callejón. Una vez más se encontraron con el gentío. Pero al fondo, el chico distinguió las figuras de las personas que estaban buscando.
–¡Aun podemos alcanzarlos! –dijo mientras corría en esa dirección.
Mientras iban, se fijó en que Ichika estaba con su teléfono en la mano.
–¿La estás llamando?
–¡Sí!
La hermana mayor estaba preocupada. Pero había algo que a Fuutaro le estaba escamando.
–Ichika, ¿por qué te has escapado del trabajo, si puedo saberlo?
Ella guardó silencio unos segundos. Su cara reflejaba un gesto de incomodidad.
–No quiero contártelo –dijo orgullosamente–. De todas formas, tú y yo no somos amigos, ¿verdad?
La respuesta le dejó perplejo. Otra vez le estaban restregando por la cara sus palabras.
–Eso fue lo que dije, pero…
Los pensamientos le invadieron. ¿Por qué le había preguntado? Estas hermanas no tenían nada que ver con él.
¡NADA QUE VER!
Recordaba las palabras de los demás.
La voz de aquel tipo.
–¿Qué relación tienes con Ichika-chan?
Las palabras de Mutsumi.
–¡Él es mi inspiración!
La sonrisa de Miku.
–No pasa nada.
La respuesta de Itsuki.
–No necesitas preguntarme. Tú sabes la respuesta.
Todo esto hizo que Fuutaro pusiera un gesto decidido. Apretó el paso.
Mientras tanto, el tipo del bigote seguía avanzando, tirando de la mano de Miku. Ella caminaba torpemente debido a las molestias que aun tenía en el pie. Y al mismo tiempo, ella trataba de hacerle entrar en razón.
–Oiga… yo… ¡Yo no soy Ichi…!
Entonces una mano apareció de repente, agarrando la de Miku y tirando de ella hacia atrás, lo que hizo que el tipo del bigote la soltara. Cuando la castaña miró, Fuutaro estaba protegiéndola, interponiéndose entre el tipo y ella.
La castaña se sonrojó de repente. Se sintió aliviada de ver a su tutor protegiéndola, pero ¿por qué su corazón estaba latiendo con tanta fuerza?
Sin embargo, el tipo quedó desconcertado con la acción de Fuutaro.
–¡Otra vez tú! –exclamó molesto–. ¿Quién eres y qué tienes que…?
–Yo… –empezó Fuutaro.
Estaba en una situación límite. No podía decir que eran amigos… era más apropiado decir lo que le vino a la mente aquel día que cambió su vida.
Estas chicas y él… estaban juntos en esto.
–Déjala en paz –dijo con el tono más firme que le fue posible–. Somos compañeros.
No podía verlo, pero Ichika le estaba mirando con la boca abierta.
Pero el tipo del bigote no pareció ceder.
–¿"Compañeros"? ¿Qué quieres decir con eso?
–Mírela bien, ella no es Ichika –expuso Fuutaro.
–¡Claro que es Ichika, está clarísimo! –exclamó el tipo del bigote–. ¡Ya está bien de bromas! ¡Apártate de mi actriz!
Esto dejó boquiabierto a Fuutaro. ¿Qué acababa de decir este tipo? Se volvió hacia la verdadera Ichika.
–¿Actriz…? Entonces, lo de "trabajar para el cámara"… ¿era eso?
Ichika se sonrojó con una expresión incómoda. Trataba de taparse la cara con las manos. Aquello que tanto temía había quedado al descubierto.
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Mutsumi, Yotsuba y Raiha seguían avanzando en la dirección que les habían indicado. Pero por el momento no encontraban a nadie que conocieran.
–Oye, Yotsuba. ¿No deberíamos ir ya con Nino? –preguntó la hermana más joven–. Estoy viendo que encontrar a Ichika y Fuutaro-san aquí va a ser imposible.
–¡No podemos! –dijo Yotsuba decidida–. Ya escuchaste a Nino, nadie ha llegado todavía. Lo que significa que siguen por ahí perdidos. Es nuestra responsabilidad encontrarlos.
Mutsumi asintió. Yotsuba podía llegar a ser algo testaruda a veces, pero en este caso solo podía estar de acuerdo con ella. Si regresaban con Nino y no estaban todas, sería un desastre. Sí, iban a ayudar también. Por suerte, al ser tres, podrían abarcar más terreno.
–¡Estoy viendo a Itsuki-san! –exclamó Raiha.
–¿Itsuki? ¿Dónde? –preguntó Yotsuba.
–Allí.
Raiha señaló hacia una multitud. Entre medias de la gente, se veía la nuca de la pelirroja, que movía nerviosamente su cabeza de una dirección a otra.
–¡Vamos! –ordenó Yotsuba, dirigiendo el paso.
–¡Itsuki-san! –la llamó Raiha.
Los gritos de la niña obraron su efecto. Al escuchar su nombre, Itsuki se volvió, y al ver a sus hermanas, se alegró bastante.
–¡Yotsuba! ¡Mutsumi! ¡Raiha-chan! ¡Menos mal que os encuentro! –dijo aliviada.
–Gracias a la vista de Raiha-chan –dijo Yotsuba–. ¿Dónde te habías metido?
–¡Ojalá lo supiera! –respondió una desconcertada Itsuki–. Cuando me separé de vosotras anduve perdida durante un buen rato. Entonces me encontró Uesugi-kun.
–¿Onii-chan está contigo? –preguntó Raiha mientras miraba de un lado a otro–. ¿Dónde?
–Eso tampoco lo sé, Raiha-chan –respondió preocupada–. Íbamos a encontrarnos con Miku para regresar los tres, pero cuando quise darme cuenta, había desaparecido.
–¿Encontró a Miku? –preguntó Yotsuba–. Mutsumi, creía que habías dicho que iba a buscar a Ichika.
–Y así es –respondió ella–. Puede que la terminara perdiendo de vista y por accidente se encontrase con Miku.
–Es una posibilidad –dijo Itsuki cabizbaja–. Solo recuerdo que dijo que Miku se había apartado de la muchedumbre. Pero después de quedarme sola de nuevo, no he visto a ninguno de los dos. Intenté llamar a Nino, pero no pude comunicarme durante mucho antes que se cortara la llamada. Le dije que no podría llegar a tiempo.
–¡No debes rendirte ahora! –le dijo Yotsuba–. Si estamos juntas, podremos con lo que sea. Todavía queda tiempo, así que no falta más que encontrar a esos tres.
Itsuki se asombró de las palabras de su hermana. Nino justamente antes le había dicho lo mismo. Era verdad, no podía rendirse ahora. Allí ya estaban tres reunidas, cuatro si contamos a Nino. Solo debían encontrar a sus otras dos hermanas.
–¡Tienes razón, Yotsuba! –exclamó Itsuki, más animada–. Gracias por recordármelo. Sí, tenemos que encontrar a Ichika y Miku.
–¡Así se habla! –exclamó la chica del lazo en la cabeza, quien acto seguido tomó la mano de su hermana y echó a correr. ¡Vamos allá!
–¿Pero a dónde vas? Si no sabes dónde están –gritó Raiha mientras corría tras ellas.
Mutsumi suspiró.
–Bueno, por lo menos hemos encontrado a Itsuki –dijo mientras empezaba a correr también–. Pondré al corriente a Nino de la situación.
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Hola otra vez. Ya hemos llegado al ecuador del arco del festival de los fuegos artificiales. Este capítulo corresponde al 10 del manga y parte del 5 del anime.
No olvidéis seguir esta historia y dejar vuestros comentarios. Nos veremos en el siguiente episodio.
