Hola a todos. Con vosotros un nuevo episodio.
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Episodio 12. Caos en el festival (5ª parte)
El casting había finalizado. Las diversas aspirantes procedían a marcharse, mientras que Ichika se puso a hablar un momento con Anzu y Chizuru.
–¡Lo has hecho fenomenal! –exclamó Chizuru ilusionada–. Para mí has sido la mejor de todas.
–Yo no puedo hablar mucho porque es mi primer casting –dijo Anzu–. Pero me ha gustado tu actuación.
Ichika sonrió ante los elogios.
–Gracias por vuestras palabras, pero no ha sido para tanto. Vosotras tampoco lo habéis hecho mal.
–No seas tan modesta. Sé que me has superado y por mucho –declaró Chizuru–. Si tuviera que apostar, estoy casi segura que el papel es tuyo.
–¿En serio lo piensas? –preguntó Ichika–. Algunas de las otras aspirantes también han hecho buenas actuaciones.
–Pero ninguna de ellas ha conseguido dejar al jurado con la boca abierta –terció Anzu–. Esa es una buena señal, ¿no?
–Una buenísima señal –confirmó Chizuru–. Esa forma de actuar no es la de una aspirante a actriz normal. ¿Cuál ha sido tu motivación?
Ichika guardó silencio. A su mente vino la imagen de cierto tutor con cara de pocos amigos diciéndole que fuera sincera mientras le tiraba suavemente de las mejillas. Un ligero sonrojo se hizo notable en las mismas.
–Bu… bueno. No lo habría conseguido si no fuera por la ayuda de cierta persona.
–Ah, ya veo –dijo Chizuru con una sonrisa pícara–. Tranquila, no tienes que explicar nada.
–Tienes razón –dijo Anzu, sonriendo también–. Yo también lo entiendo.
La pelirrosa vio que ambas parecían buenas personas. Podría ser una oportunidad para hacer amigas fuera de su círculo familiar, como hacía Nino.
–¿Qué os parece si nos damos el contacto? Ya que estamos en el mundo de la actuación, podríamos avisarnos de futuros castings y vernos para tomar algo.
–Por mí no hay problema –afirmó Chizuru–. Siempre es bueno tener contactos.
–Yo es posible que no vuelva a presentarme a un casting, pero no diría que no a volver a hablar con vosotras –dijo Anzu.
Así pues, las tres intercambiaron teléfonos. Ichika vio entonces que su jefe estaba esperándola pacientemente junto a la entrada.
–Bien, es hora de marcharme –dijo la pelirrosa–. Chizuru, espero que consigas hacer feliz a tu abuela. Y Anzu, espero que hagas realidad tus sueños.
–¡Gracias, Ichika! –Anzu sonrió.
–Nos veremos en otra ocasión. Y espero que esa motivación te dure por mucho tiempo –dijo Chizuru.
Ichika se despidió con una sonrisa. En este momento no le parecía tan importante saber si había logrado o no el papel. Lo importante para ella era que había logrado superar sus inseguridades. Y había una persona a la que tenía que agradecer por ello, si tenía la oportunidad.
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Por megafonía se estaba escuchando el anuncio que declaraba la finalización del festival de fuegos artificiales, dando las gracias a todos los asistentes por venir un año más. Todas aquellas personas iban abandonando gradualmente el lugar, con la esperanza de poder volver a verlo el año próximo. Sin embargo, había gente que no había podido disfrutar como era debido del espectáculo.
Ichika estaba saliendo en ese momento del edificio donde se había celebrado el casting, acompañada por su jefe. Esperaba poder volver a coincidir en un futuro con Chizuru y Anzu.
Al salir por la puerta, descubrió con sorpresa a Fuutaro, el cual permanecía sentado de brazos cruzados y con la mirada fija en esa puerta. Sin embargo, había un par de cosas anormales en él. Por un lado, un leve ronquido que emitía, y por otro, una burbuja que asomaba por uno de sus orificios nasales, y que se inflaba y se desinflaba por momentos.
–Se ha quedado dormido con los ojos abiertos. Qué miedo… –comentó con un ligero temblor en la voz.
De repente, la burbuja reventó, haciendo que se despertara. Se percató al momento de quienes estaban ante él.
–¡No… no estaba durmiendo! –pretextó nerviosamente–. Solo tenía los ojos cerrados.
–Ni una cosa ni la otra –comentó con seriedad el tipo del bigote.
–¿Ya terminaste? –Fuutaro cambió de tema preguntando a Ichika–. ¿Cómo ha ido el casting?
–Quién sabe… –Ichika adoptó una sonrisa forzada.
–Ha sido sin dudas la mejor de todas –dijo su jefe en un tono de absoluta seguridad–. Creo que pasará sin problemas.
–Me alegro –dijo Fuutaro sonriendo.
–Observé su actuación, y nunca antes la había visto sonreír de esa manera –dijo el jefe–. Creo que ha sido gracias a ti.
Fuutaro se sorprendió. Recordó el breve momento en que Ichika había ensayado su actuación en su presencia, y como quedó conmovido con sus palabras. Aunque él tuvo que darle un pequeño correctivo antes que se despidiera. Se preguntó si su magistral actuación se debió a que las palabras que le dijo habían obrado efecto.
–Personalmente, a mí también me pareces un chico interesante –dijo de repente el hombre del bigote guiñándole un ojo.
Esta mirada y esas palabras hicieron estremecerse a Fuutaro. Por alguna razón ahora le estaba poniendo nervioso estar cerca de este tipo. Miró a Ichika, quien solo le sonrió incómoda. Probablemente quería decir que así se comportaba siempre.
–Bu… Bueno, esto ha terminado ya, ¿no? Entonces me llevo a Ichika.
Fuutaro tomó la mano de la chica y tiró de ella. A la pelirrosa se le subieron los colores a la cara ante la repentina acción del chico, que la puso confusa.
–¡Esperad! –gritó extrañado el tipo al ver que se alejaban–. ¿Dónde vais?
Pero ellos no se detuvieron, solo corrieron más rápido.
Al cabo de unos minutos, y tras perder de vista a aquel hombre, ambos caminaron en silencio por una zona residencial donde solo había casas. Él iba por delante, guiando a la pelirrosa.
–Es por aquí, nos están esperando.
–¿Nos esperan? –Ichika se extrañó–. ¿Siguen en el festival?
–No, eso ya terminó. Están en un parque cercano –explicó Fuutaro–. Supongo que Nino habrá llegado también.
Ichika no se esperaba esto. ¿Fuutaro había logrado reunir a sus hermanas de nuevo? Aunque parte de ella se sentía algo incómoda.
–Deben estar enfadadas conmigo –reflexionó bajando la mirada, mostrando remordimientos de conciencia–. Tendré que pedirles perdón por no haber visto los fuegos artificiales con ellas.
Fuutaro volvió su cabeza hacia atrás, sonando comprensivo.
–Supongo que sí, pero hay algo en que te equivocas… creo que sí vas a poder ver los fuegos artificiales.
Ambos llegaron a la entrada de un parque. Allí estaban las otras cinco hermanas agachadas, reunidas en círculo. Todas miraban a Yotsuba, quien tenía en sus manos una antorcha encendida, la cual soltaba chispas.
–¡Ah, ya están aquí! –anunció al mirar hacia la entrada del parque y divisar a los otros dos.
Ichika quedó muda de asombro. ¿Qué significaba esto?
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Fuutaro miraba al grupo reunido mientras le explicaba a Ichika.
–Comparados con los de antes no son gran cosa, pero…
–¡Uesugi-san! –exclamó Yotsuba poniéndose en pie–. ¡Está todo listo! ¡No pude aguantarme y he empezado antes de tiempo!
La chica del lazo agitaba en el aire la antorcha, formando una figura en el aire.
Había sido un plan un poco improvisado. Todo comenzó en el momento en que Ichika se marchó al casting junto a su jefe. Miku le dijo que fuese tras ella, pero él se negó a dejarla sola, ya que estaba con el pie herido. Fue en ese momento en que aparecieron Yotsuba y las demás. Gracias a ello, pudo ir en busca de la hermana mayor mientras las demás cuidaban a Miku.
Después del breve ensayo del papel y que Ichika se fuera al casting, se le ocurrió la idea de que, ya que no pudieron ver juntas los fuegos, podrían reunirse y encender otros fuegos artificiales, los de aquel paquete que compró Yotsuba. Podría ser un buen sustitutivo. Avisó a la chica del lazo por el teléfono de Raiha y ellas se encargaron de avisar a Nino.
No sabía muy bien por qué había ayudado a estas hermanas. Tal vez fuera por estar conmovido por la historia que le contó Miku. O quizá se tratara de la promesa que le hizo a Nino. Sin embargo, estaba satisfecho por el resultado.
Entonces se fijó en que Raiha estaba tranquilamente dormida en uno de los bancos. Probablemente estaría cansada de tanto movimiento, pero estaba seguro que se lo habría pasado bien. Ya le preguntaría al día siguiente.
–Menos mal que compraste esos fuegos artificiales, Yotsuba –la felicitó–. Fue un acierto. Y gracias también por cuidar de Raiha.
La chica sonrió con un ligero enrojecimiento de sus mejillas.
–No ha sido nada. En realidad fue ella quien cuidó de mí.
Se vía algo infantil, pero por alguna razón a Fuutaro le pareció adorable.
Pero no todo fueron alegrías.
–¡Tú! –Nino llegó corriendo ante él, acompañada de Itsuki, su expresión era muy enojada–. ¡Estabas con Itsuki y te marchaste dejándola sola! ¡Ha estado a punto de echar a llorar!
–¡Nino, te dije que no se lo contaras! –exclamó Itsuki muy avergonzada.
Fuutaro se sintió culpable. Era verdad, no tenía que haber abandonado a Itsuki cuando Ichika tiró de su mano. Aunque Itsuki no dijera nada, Nino tenía razones para estar enfadada, y él empezó a sentirse miserable.
–Lo… lo siento –se disculpó bajando la cabeza.
Pero a pesar de las disculpas, Nino no cesó en su enojo.
–¡Y también tengo algo más que decirte o voy a reventar! –vociferó–. ¡Mu… chas… gra… cias!
Fuutaro vio su cara. Seguía con el ceño fruncido, pero le habían subido los colores a las mejillas, y habló casi en tartamudeos, como si le estuviera costando mucho trabajo dedicarle estas palabras. A Fuutaro no le desagradaba verla así, en contraste con su habitual comportamiento hacia él.
Entonces ella se dio la vuelta y volvió junto a sus hermanas. Pese a que le había parecido confuso al principio, supuso que le estaba agradecida por haber reunido a todas para ver los fuegos, como le prometió, y su orgullo le impedía ser más afectuosa con su agradecimiento.
Vio entonces que estaba a solas con Itsuki.
–Como dije, siento lo que ha pasado, Itsuki –le dijo bajando la cabeza–. No debí haberme dejado llevar por Ichika dejándote sola. Entiendo si tú también estás enfadada.
Las palabras de Fuutaro parecieron sorprender a la pelirroja. Itsuki pareció ponerse un poco nerviosa.
–No… no pasa nada, Uesugi-kun –tartamudeó con un ligero sonrojo–. Es verdad que cuando desapareciste de repente, me empecé a poner nerviosa. Pero no tardaron en aparecer mis hermanas para buscarme, así que no me sentí sola.
Fuutaro guardó silencio. No creía que mereciera que se le perdonara. Pero Itsuki siguió.
–Y no estoy enfadada. Me dijiste que prometiste a Nino que nos reunirías. Y sé que no es fácil lidiar con todas nosotras, así que lo que hiciste es admirable.
–Yo… no sé si merezco ese elogio –dijo con un hilo de voz.
Ella se acercó a él. Puso su mano en la mejilla del chico, haciendo que este levantara la cabeza, gesto que le sorprendió.
–Créeme, eres admirable. Para mí lo eres.
Ella le dedicó una sonrisa que hizo sonrojarse al chico. En reacción, este solo puso dar un repentino salto hacia atrás, cosa que hizo reír a la pelirroja.
–Vamos, no hagamos esperar a las demás –dijo mientras se daba la vuelta.
El chico estaba perplejo. Desde que empezó el día lo había pasado en compañía de Itsuki, y había llegado a conocerla bastante bien. No era solo una persona obsesionada por la comida que sacaba malas notas. Era una chica alegre, cariñosa y comprensiva. Hoy le había dedicado dos elogios, y nuevamente tenía estos sentimientos que no conseguía explicarse.
Tal vez estuviese pasando por mucho estrés tras lo acontecido en la jornada. Prefirió quitárselo de la cabeza de momento y centrarse en los fuegos artificiales.
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Una vez reunidas, las hermanas se pusieron con los artículos de pirotecnia.
–Toma uno de estos, Ichika –sugirió Itsuki–. Hay de varios colores.
–Itsuki… –dijo ella sin moverse, extrañada de ser tratada con normalidad.
–Miku, ¿nos los pasas? –dijo Itsuki, señalando la bolsa de fuegos artificiales que estaba junto a la castaña.
La hermana de los auriculares fue pasando cohetes a las demás. También le pasó uno a Fuutaro, pero alargándoselo a una distancia prudencial y mirando hacia otro lado, como si temiera mirarle a los ojos.
–Te puedes acercar un poco más –observó Itsuki.
–Ahora que estamos todas, podemos empezar –dijo Nino, algo que ilusionó a Yotsuba.
No obstante, Ichika no se sintió cómoda. No podía quedarse sin decir nada.
Bajó la cabeza, avergonzada.
–Perdonadme. Lamento haber fastidiado los fuegos yéndome. Es culpa mía que hayamos terminado así. Lo siento, de verdad.
Las demás hermanas la miraron.
–No tienes que disculparte, Ichika –respondió Itsuki.
–No ha sido para tanto –aseguró Mutsumi.
–Bueno, ha reflexionado… –terció Fuutaro.
–¡Increíble! –dijo una voz con gesto de molestia, la cual resultó ser Nino–. Ni siquiera nos llamaste. Parte de culpa sí tienes.
Ichika seguía con la cabeza agachada, en un claro gesto de arrepentimiento.
–Pero yo también soy algo responsable por no haberos dicho donde estaba el sitio –repuso Nino mientras apartaba ligeramente la mirada, avergonzada.
Ichika abrió los ojos sorprendida. Las demás también intervinieron.
–Mi sentido de la orientación es nefasto –se lamentó Itsuki.
–Yo también soy torpe para orientarme. Parezco un espadachín de pelo verde de cierto manga de piratas –suspiró Mutsumi sacando la lengua.
–Yo no he dejado de meter la pata en toda la noche –dijo Miku.
–¡No entiendo muy bien lo que pasa, pero yo también lo siento! –sonrió Yotsuba–. ¡No dejé de dar vueltas por los puestos!
Ichika vio que Fuutaro abrió la boca con gesto de sorpresa. Y ella estaba sorprendida por la comprensión de sus hermanas.
–Chicas… –murmuró casi al borde de las lágrimas.
–Ten. Esto es para ti –Mutsumi le tendió uno de los cohetes.
–Recuerda lo que nuestra madre solía decir… –recordó Itsuki–. Cuando una se equivoca, debemos superarlo las seis juntas –las hermanas de fueron repartiendo los cohetes–. Cuando una es feliz, tenemos que repartir esa felicidad entre las seis –todas acercaron sus cohetes a una vela para encenderlos–. Y también la alegría, la tristeza, la rabia, el miedo… y el amor. Juntas, somos las seis partes de un todo.
Todas los encendieron al mismo tiempo, con unas sonrisas radiantes.
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Fuutaro había estado contemplando toda la escena sentado en un banco contiguo a aquel en que Raiha dormía. Entre sus manos tenía una de las bengalas encendidas, la cual brillaba soltando chispas. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que se divirtió con unos fuegos artificiales. Esto le estaba dando cierto sentimiento de nostalgia.
¿En qué momento de su vida se había vuelto alguien tan huraño y sin ganas de divertirse? ¿Fue después de aquel acontecimiento de seis años atrás o…?
Suspiró. Miró al frente. Incluso desde donde estaba podía sentir la emoción que irradiaba en los rostros de las hermanas.
No sabía por qué, pero en ese momento estaba sintiendo una inmensa alegría. Sonrió mientras pensaba en todas las penurias que había pasado ese día, las cuales terminaron dando esta escena como resultado.
Fue en esos momentos de reflexión cuando un pensamiento vino a su mente.
Las seis estaban reunidas al fin disfrutando de los fuegos artificiales. Raiha se había divertido mucho en el festival y ahora estaba felizmente dormida. Entonces… ¿quería esto decir que ya había terminado su labor y podía irse a casa? Era un poco más tarde de las nueve y media, pero si se daba prisa, aún podría estudiar un rato. Sentía que todo el día había sido un desperdicio.
–¡Ahí va! –anunció con expectación la voz de Yotsuba.
Todas se apartaron corriendo de una batería. Al segundo siguiente, de la misma empezaron a salir cohetes, los cuales se elevaban en el aire y estallaban en el cielo con chispas de diversos colores.
Por espectacular que Yotsuba lo hiciera sonar, a Fuutaro le parecieron unos pésimos fuegos artificiales. No obstante, las seis hermanas estaban abrazándose con caras de felicidad.
Fuutaro meditó. Quizá el día no hubiera sido un completo desperdicio después de todo. Decidió que se quedaría un poco más.
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Mutsumi fue a sentarse junto a Fuutaro. Había estado divirtiéndose con los fuegos artificiales junto a sus hermanas. Pero también había algo de lo que quería hablar con el tutor a solas.
–Fuutaro-san… –dijo.
–Mutsumi. ¿Ya te has cansado de la pirotecnia? –preguntó él.
–En absoluto. Quería hacer un descanso para hablar contigo.
El tutor puso cara de sorpresa.
–¿Hablar… conmigo?
–Quería darte las gracias por habernos juntado. Ya sabes que ver fuegos artificiales todas juntas es importante para nosotras.
–Lo sé. Pero no lo habría logrado sin tu ayuda –le dijo con una sonrisa, cosa que sorprendió a la pelirrosa–. Si tú no hubieses ido por Yotsuba, seguramente no habríais encontrado a Itsuki, y hubiésemos tardado un poco más en juntaros. Así que parte del éxito de este plan te lo debo a ti. Soy yo quien debería darte las gracias. Has sido de mucha ayuda.
Mutsumi se sorprendió. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.
–N… No, no creo que fuera para tanto –dijo bajando la cabeza–. Te agradezco tus palabras, pero siento que no he hecho tanto.
El tutor pareció extrañado.
–Siempre que hemos hablado te veías bastante alegre. ¿Por qué tienes entonces tan bajo concepto de ti misma?
Por toda respuesta, ella miró hacia arriba.
–¿Sabes? Cuando miro a mis hermanas, hay veces que pienso que sobro yo en este grupo. Tenemos los mismos genes, pero yo soy muy diferente a ellas.
–¿Por qué piensas que eres diferente?
–Todas tienen algo que las hace únicas. Itsuki se esfuerza para estudiar. Nino es muy sociable y tiene un buen círculo de amigas. Miku tiene su pasión por la historia. Yotsuba es muy buena en los deportes. Y ahora Ichika tiene su carrera como actriz. Pero yo… ¿qué tengo yo?
Fuutaro meditó por un momento.
–Tienes tu pasión por dibujar, ¿no? Eso ya es algo.
–Tienes razón, lo es. Pero sigo siendo mala para esto. Ya lo viste. No se podría diferenciar el retrato que te hice del dibujo de un niño de guardería.
Fuutaro suspiró.
–No sé si puedo servirte de ejemplo, e igual no debería ir contando esto, pero yo no siempre fui tan bueno en los estudios como ves ahora. Hubo un tiempo en que mis notas tendían a ser más promedio, hasta el punto de que había veces en que creía que no pasaría de curso.
Estas palabras sorprendieron a Mutsumi.
–¿En serio? –preguntó con incredulidad–. ¿Y qué hizo que cambiaras?
Fuutaro pareció distraerse por un momento mirando el largo cabello rosado de Mutsumi.
–Ocurrieron… circunstancias que me hicieron cambiar de dirección. Desde ese momento, empecé a esforzarme más, aunque me llevara bastante tiempo –él la miró decidido–. Lo que quiero decir con todo esto es que es normal que a veces sientas dudas y pienses que no vales para dibujar, pero si te esfuerzas a diario y no te abandonas, seguro que descubrirás si es de verdad tu pasión o no. Claro que yo preferiría que dedicaras ese tiempo a estudiar, pero…
Mutsumi pareció mirarle con estrellas en los ojos.
–¡No me equivoqué al decir que eras mi inspiración! –exclamó la pelirrosa abrazándole, cosa que le tomó por sorpresa, haciéndole sonrojar–. Gracias, Fuutaro-san. Tienes razón, debo dar el máximo de esfuerzo.
–Solo he hecho lo que un tutor haría. Espero que también te esfuerces en los estudios.
–¡Puedes contar con ello! –Mutsumi hizo el gesto del pulgar hacia arriba–. Te prometo que en la próxima clase que nos des atenderé más. Y no me distraeré haciendo garabatos durante las clases del instituto.
–Eso es, buenas palabras. Espera un momento. ¿¡Quieres decir que te pones a dibujar garabatos durante las horas de clase!? –vociferó el tutor con perplejidad.
–¡Ups, no he dicho nada! –exclamó la chica con una sonrisa incómoda mientras se levantaba–. Me… me alegro de haber hablado contigo.
Fuutaro estaba algo ofuscado ante la frase de Mutsumi, quien fue corriendo a unirse a sus hermanas. Sin embargo, al cabo de un momento, su furia dio paso a la perplejidad. ¿Qué era lo que acababa de sentir cuando la miró mientras le contaba su pasado? ¿Era un sentimiento de… algo conocido? No, quizá solo era que se sentía cansado y no razonaba correctamente. Solo esperaba que esta chica no se fuera de la lengua y le largara a sus hermanas que él una vez fue mal estudiante. No quería darle a Nino otra razón para detestarle.
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Un rato más tarde, las hermanas vieron que ya habían gastado casi todos los cohetes de la bolsa. Miraron las que quedaban. Cinco bengalas y una antorcha.
–Quedan seis… –observó Nino.
–¿Nada más? –preguntó Miku.
–Han durado poco, ¿verdad? –rio Yotsuba.
Decidieron contar hasta tres para que cada una tomase el que quisiera. Tras la cuenta, Mutsumi, Nino, Itsuki y Yotsuba tomaron unos. Pero Ichika y Miku se dieron cuenta de que habían tomado el mismo.
–Es raro que coincidamos –se rio Ichika–. Puedes quedártelo, yo tomaré el que ha sobrado. No quieres dejarlo ir, ¿verdad?
Miku quedó sorprendida, tanto por la elección de su hermana como por aquellas palabras.
Un repentino pensamiento vino a su mente. Fuutaro estaba ante ella, separándola del tipo del bigote que la había confundido con Ichika.
–Somos compañeros.
Los ojos de Miku brillaron con intensidad. Pero sus pensamientos quedaron interrumpidos por la voz de Yotsuba.
–¡Miku, fíjate! ¡Este es más vistoso que las bengalas! –gritó mientras movía el la antorcha encendida en círculos, formando figuras en el aire.
–Las bengalas me van bien –respondió.
–¿Tanto te gustan? –preguntó Yotsuba mientras su hermana encendía la bengala.
–Sí… –dijo sonriendo–. Me gustan.
El recuerdo de cuando le tomó de la mano aun seguía en su mente. Aquel día había sido de los más felices desde que conoció a Fuutaro. Y quería que esa felicidad siguiera con el tiempo.
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Ichika se acercó a Fuutaro, el cual seguía firmemente sentado, con la mirada fija hacia el frente.
–No te he dado las gracias –dijo la pelirrosa mientras esbozaba una sonrisa–. Con todo lo que me has animado, estoy en deuda contigo. Voy a tener que devolverte el favor –la chica puso una sonrisa pícara–. Somos socios, ¿verdad? Aunque te advierto que no te lo voy a poner fácil.
Fuutaro seguía con la mirada fija y sin decir una palabra. Y de pronto, Ichika se acercó un poco más y observó una burbuja asomando por una de sus fosas nasales, lo cual sorprendió a la pelirrosa. El tutor otra vez se había quedado dormido con los ojos abiertos. No dejaba de ser algo extraño y perturbador.
Lo que hizo ella a continuación fue sentarse a su lado y mover el cuerpo del chico, cuya cabeza quedó sobre el regazo de Ichika, momento en que él cerró los ojos. Verle así de adorable le hacía sentir feliz.
–Estás agotado, ¿verdad? –ella le observó con una sonrisa, mientras los colores subían a sus mejillas–. Gracias por todo. Descansa por hoy.
Su impresión hacia él había cambiado. Cuando le vio por primera vez pensó que solo era un chico que quería ligar con su hermana Itsuki. Pero con el paso del tiempo empezó a ver a una persona seria y responsable, que fue capaz de notar las inseguridades detrás de sus falsas sonrisas, algo que ninguna de sus hermanas había logrado. Aun se sonrojaba al recordar aquel suave tirón de mejillas.
Sin embargo, lo que de verdad admiraba de él era su sinceridad. Gracias a su ayuda, se había sentido capaz de esforzarse para representar el papel en el casting, y también de ser sincera con sus hermanas y contarles lo de este trabajo. El ser aceptada la hizo sentir feliz.
Miró una vez más el rostro del tutor durmiendo. Solo deseaba que aquel momento en que se encontraban no terminara nunca.
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Hola a todos. Y listo. Con este capítulo se termina el arco argumental del festival de fuegos artificiales. Espero que haya sido de vuestro gusto.
No he encontrado demasiada información sobre como se denominan los diversos tipos de artículos pirotécnicos japoneses, así que he tenido que improvisar un poco. Si alguien sabe de como se llaman los que aparecen en el manga o anime, le agradecería que me lo comentara para mejorar la redacción de este episodio.
Las antorchas en pirotecnia son unos cartuchos que al encenderse pueden soltar chispas o humo.
Las baterías en pirotecnia son cajas que al encenderse lanzan cohetes.
Solo quedan dos capítulos hasta el final de la segunda temporada de esta historia. Nos veremos en el próximo episodio. Espero vuestros likes y comentarios.
