Hola a todos. Llegó la hora de un nuevo episodio.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Episodio 13. Demasiado buena
Llegó el día siguiente. Fuutaro se dirigía hacia el instituto como cada día. El tiempo empezaba a cambiar, dando paso a días más fríos, por lo que el tutor llevaba puesta una rebeca gris claro sobre su camisa.
En el transcurso de su camino, solía pasar junto a la puerta del local de una conocida franquicia de cafeterías. Por lo general no prestaba mucha atención, ya que un café de los que vendían allí era demasiado caro para su presupuesto. Sin embargo, en esta ocasión había algo diferente en ese local.
Y era que en la puerta estaba apoyada la figura de una persona conocida, que en una mano tenía un café de los que servían allí.
–¡Hola! –le saludó una sonriente Ichika.
Esto llamó la atención del tutor. Este local no quedaba en el camino que hacía ella para ir y volver del instituto a su casa, aunque fuera andando. ¿Qué estaba haciendo aquí?
–Ichika… –le dijo–. ¿Qué haces aquí?
–¿Ni siquiera has notado que llevo el uniforme de invierno? –preguntó señalando la chaqueta azul marino que llevaba sobre su ropa habitual.
–¿Qué quieres? –insistió él.
–El instituto queda algo lejos, pero he pensado que podríamos ir juntos.
El tutor quedó boquiabierto. ¿De verdad una chica le estaba pidiendo ir juntos al instituto?
En el pasado habría rechazado una propuesta así. Pero sabía que aunque quisiera negarse, ella le insistiría, así que cedió.
–…Está bien, si es lo que quieres.
Ichika sonrió, y de repente, tomó el brazo de Fuutaro, cosa que sorprendió al chico.
–¿Pero qué estás…?
Ella se limitó a sonreírle. Fuutaro no sabía como comportarse. Y mirando a su alrededor, solo vio muchas miradas dirigidas hacia ellos, la mayoría eran de admiración al ver a Ichika, pero algunas de ellas procedían de chicos que le miraban a él con envidia.
–No sé por qué, llamas la atención. Estoy empezando a sentirme avergonzado… –le dijo.
Pensó entonces que quizá no era algo tan sorprendente. Era un hecho que Ichika era preciosa, y con su personalidad apasionada, podría atraer cualquier mirada.
La pelirrosa se echó a reír, mientras soltaba su brazo. Ambos empezaron a caminar en dirección al instituto.
–Después de lo ocurrido ayer, terminé confesando a todas lo de mi trabajo –dijo ella.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
El día anterior
Ichika había tomado una decisión. Iba a contarle a sus hermanas sobre su trabajo. No quería mentirles, y aunque aun se sentía algo insegura sobre la forma en que reaccionarían, estaba convencida de que todo saldría bien. Gracias al apoyo de cierto tutor muy estricto, sentía que podía hacerlo.
Cuando lo contó, las demás guardaron silencio por un segundo. Y entonces...
–¡¿Qué eres actriz?! –preguntó Itsuki con sorpresa.
–¿Es en serio? –dijo Nino mirando su teléfono para corroborar esa información.
–¿Quiénes son tus compañeros de reparto? –preguntó Mutsumi con curiosidad.
–¿Cuándo es el estreno? –preguntó Yotsuba animada.
–¿Me firmas un autógrafo? –pidió Miku tendiéndole un bloc y un rotulador.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Ichika prosiguió su historia.
–Cuando lo hice, se sorprendieron muchísimo.
–Puedo hacerme una idea –afirmó Fuutaro.
–¡Pero gracias a eso, me he quitado un peso de encima! –Ichika sonrió radiante, con un ligero enrojecimiento de sus mejillas.
Fuutaro sonrió. Parece que con sus acciones logró que ella no fuese una chica tan insegura. Sin embargo, había algo que quería saber.
–Pero seguirás sin hacerme caso, ¿verdad? –le preguntó.
–Tranquilo. Estudiaré para no repetir curso –le tranquilizó Ichika–. El plan de hoy es reunirnos para estudiar juntos, ¿verdad? Después de clase nos veremos.
Acto seguido, ella metió la mano en su mochila, de la que sacó un smartphone último modelo.
–Toma –dijo tendiéndoselo a Fuutaro.
El chico la miró extrañado.
–¿Me lo estás dando?
Ichika quedó perpleja por esa respuesta.
–¡Es para intercambiar los correos, bobo! Siendo nuestro tutor, te iría bien tenerlos a mano, ¿no?
Fuutaro reparó en ese momento que ella tenía razón. Si hubiera dispuesto del contacto de ellas durante el festival de fuegos artificiales, podría haberlas localizado más fácilmente. No debía volver a repetir el mismo error, así que intercambió esa información de contacto, mientras no dejaba de preguntarse por qué no había conseguido estos correos antes.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Más tarde, en la biblioteca, Fuutaro se hallaba reunido con casi todas las hermanas para estudiar. Solo estaban ausentes Itsuki y Nino. La primera dijo que se incorporaría más tarde, mientras que la segunda declinó completamente la propuesta. Todas las presentes llevaban también chaquetas azul marino sobre su ropa habitual.
En ese momento, el chico había hablado a Yotsuba sobre intercambiar correos.
–¡Claro que tenemos que intercambiarlos! –exclamó con entusiasmo la pelinaranja–. ¡Estoy de acuerdo! Pero deja que termine esto antes.
–¿Se puede saber qué estas haciendo? –inquirió el tutor.
Delante suyo, Yotsuba tenía un montón de cuadrados de papel, así como varias figuras de origami.
–¡Mil grullas de papel! –explicó la pelinaranja–. Han ingresado en el hospital a la amiga de una amiga.
El chico recordaba aquella leyenda de regalar mil grullas de papel a alguien hospitalizado para desearle que se recuperara, pero a sus ojos esto solo era una absoluta pérdida de tiempo.
–¡Ponte a estudiar de una vez! –le exigió.
Pero entonces reflexionó. Si forzaba a Yotsuba a estudiar, entonces igual no se centraría tanto, ya que no dejaría de tener en mente la idea de terminar las grullas de papel. Esto empezó a hacer que le doliera la cabeza.
–Permite, te haré la mitad –dijo suspirando mientras tomaba algunos papeles–. Pero después tienes que ponerte sin falta a estudiar.
Yotsuba sonrió ante la propuesta. Fuutaro no se percató, pero Ichika estaba algo sorprendida de verle ayudando a su hermana con aquello.
–¡Ah, estás ahí, Nakano! –dijo de repente un profesor que apareció por la biblioteca–. Por favor, reparte todas estas libretas por las mesas.
El profesor le entregó a Yotsuba un montón enorme de libretas, mientras la pelinaranja asentía. Esto solo hizo que Fuutaro enfureciera.
No tenía remedio. Yotsuba era demasiado buena. Y uno de los problemas de la gente demasiado buena era que muy a menudo había otras personas que se aprovechaban. Sin embargo, cabía otra posibilidad, y era que Yotsuba estuviese buscándose excusas para perder el tiempo a propósito y no tener que estudiar. Si era verdad eso, entonces esta chica tenía una personalidad muy retorcida, peor incluso que Nino.
El chico estaba empezando a pensar que quizá no era tan necesario obtener los correos de todas, ya que ahora tenía el de Ichika y esta podría pasarles los mensajes a las demás. Pero entonces sintió su teléfono vibrar.
Cuando lo miró, en la pantalla se mostraba que tenía un mensaje nuevo de Ichika. Esto le extrañó un poco, ya que ella estaba sentada cerca suyo. No tenía sentido que le enviara un mensaje por el teléfono.
Abrió el mensaje. Lo que vio le dejó helado.
¡Qué cara más linda! ¡Si no quieres que la difunda, consigue el correo de las cinco que faltan!
Este mensaje llegó acompañado de una imagen suya durmiendo sobre el regazo de Ichika. ¿¡Cuándo le había tomado esta foto!? Le daban ganas de pedirle explicaciones, pero levantar la voz solo le perjudicaría en ese momento. Y lo que era peor, si dejaba que alguna de las otras hermanas viera esa foto, su reputación de tutor se vendría abajo. Esto le puso nervioso.
Miró a la pelirrosa, quien le devolvió la mirada con una sonrisa maliciosa. Vaya forma de chantajearle.
–¿Me pasáis vuestro correo, chicas? –preguntó él en un tono forzado. Estaba empezando a detestar a Ichika por su forma de aprovecharse de él. Aunque tenía que ser positivo.
Miku le tendió su teléfono.
–Yo cooperaré –le dijo.
Fuutaro tomó el aparato y copió la información de contacto. Entonces recordó algo al mirarla a los ojos.
–¿Cómo sigue tu pie?
La chica se sonrojó ligeramente y apartó la mirada.
–Mejor. Ya no me duele.
–Me alegro –dijo Fuutaro sonriendo–. Estaba preocupado.
Después de lo acontecido en el festival de fuegos artificiales, se temió que Miku hubiera sufrido un impedimento físico más grave, ya que a pesar de estar herida había tenido que forzar el pie durante un rato. Por fortuna solo fue un enrojecimiento leve y la cosa no pasó a mayores.
De alguna manera, él sintió un bienestar interno cuando supo que la castaña estaba mejor. ¿Por qué se preocupó tanto? Era verdad que desde que ella aceptó que le diera clase, se fijaba más en ella, y a veces se sorprendía a sí mismo alegrándose cuando ella se sentaba cerca suyo, como ahora.
Estaba tan metido en sus pensamientos que no se percató de que Miku había bajado la mirada y se había sonrojado más ante su comentario. Pero eso no era lo que ocupaba su mente en ese momento.
–Yo también coopero –dijo Mutsumi tendiéndole su teléfono–. Siempre que sigas siendo mi modelo.
Fuutaro suspiró. Anteriormente ese día había tenido que hacer de modelo para esta hermana, ya que se lo debía por haberle ayudado con el malentendido con Nino. Por fortuna, lo único que tuvo que hacer fue quedarse quieto y posar, encargándose ella del resto. Se llegó a sentir ridículo, pero la cosa no duró demasiado tiempo, hasta que ella se sintió satisfecha. Una vez más, él no quiso mirar el resultado, hasta que ella le obligó. Al menos esta vez el dibujo quedó un poco mejor. Se notaba que iba aprendiendo.
Tomó nota del contacto de Mutsumi.
–Con esto, ya solo me faltan Itsuki y Nino –comentó.
–Las vi antes, estaban en la cafetería –recordó Yotsuba–. ¿Vamos a buscarlas?
–¡No hace falta que vengas tú! –replicó el tutor–. ¡Solo reparte rápido esas libretas y ponte a estudiar! Ah, por cierto, tampoco tengo tu correo…
Pero la chica del lazo no hizo caso de su comentario.
–¡Vamos, deprisa! –apuró–. O se irán si nos demoramos mucho.
–¡Te he dicho que estudies! –insistió Fuutaro.
Definitivamente, iba a costarle trabajo que Yotsuba le escuchara.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Mientras Fuutaro y Yotsuba desaparecían de la vista, Ichika estaba mirando a sus hermanas. Ambas estaban mirando sus teléfonos después de haber obtenido la información de contacto de Fuutaro. En especial Miku se veía muy sonriente y con un ligero sonrojo en las mejillas. Este detalle no le pasó desapercibido.
–¿Qué bien, verdad? –le preguntó guiñándole el ojo.
–Sí –respondió ella sin apartar la vista del teléfono.
Lo tenía claro. A Miku le gustaba Fuutaro. Lo intuyó desde aquel día en la cafetería. Aunque Yotsuba le dijera en secreto que Miku lo había negado cuando ella le preguntó, la hermana mayor estaba segura de que eso no era verdad. Y sus sospechas crecieron aún más cuando en el festival vio la reacción de la castaña cuando Fuutaro le hizo un cumplido a Itsuki.
Sonrió. Tal vez no lo dijera, pero le hacía feliz ver a su hermana tan contenta ilusionada con alguien. Claro que también sabía que Miku no era la única Nakano que estaba fijándose en el tutor, pero aquella era una historia para otro momento.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
En el comedor, Itsuki y Nino compartían mesa. Nino tenía en su bandeja un refresco servido en vaso con una pajita, mientras que Itsuki tenía dos panes en la suya.
–¿Estarás satisfecha solo con eso, Itsuki? –preguntó con cierta preocupación Nino–. Normalmente habrías comprado el doble.
Itsuki negó con la cabeza.
–Ya no. He decidido empezar a comer menos –le dijo decidida–. Sé que tengo un problema con la comida, y he decidido controlar más lo que como.
Esto sorprendió a Nino. La cual entonces pareció recordar algo.
–¿Es porque me metía contigo por eso? –Nino se preocupó más.
El ver a Itsuki bajando la cabeza fue lo que confirmó sus sospechas. Empezó a sentirse culpable.
–Yo… lo siento, Itsuki –dijo Nino avergonzada–. No fui consciente de lo hiriente de mis comentarios. Debería haber tenido un poco más de tacto.
Vio entonces que Itsuki la miró sorprendida. Y la verdad era que Nino se sentía mal. Había veces en que no medía bien sus palabras, y eso la llevaba a que la demás gente se molestara. Normalmente, si fuese hacia gente como el inútil de su tutor, no le importaría. Pero Itsuki era su hermana, y no quería llevarse mal con ella.
–Espero que puedas perdonarme –se disculpó.
Itsuki entonces esbozó una sonrisa.
–Claro que puedo –le dijo–. Para eso están las hermanas.
Nino también sonrió. Se dijo a sí misma que a partir de este momento no volvería a meterse con la cantidad de comida que se echaba al estómago su hermana.
Este momento de fraternidad quedó interrumpido cuando de repente apareció el tutor, seguido por Yotsuba. Y cuando este les pidió la información de contacto, eso hizo que Nino se molestara.
–Me niego –dijo tajantemente.
–Yo no –dijo Itsuki pasándole el teléfono–. Aquí tienes, Uesugi-kun.
Esta acción no le pilló por sorpresa a Nino. Sabía que su hermana se llevaba bien con el tutor, y por mucho que le molestara, Itsuki podía decidir por sí misma. Pero no dejaba de pensar que si se hubiera negado, Fuutaro habría intentado engatusarla diciendo que si lo hacía le pasaría el correo de su hermana pequeña. Y eso la irritó más. Le parecía la clase de persona que "vendería" a su propia hermana. Realmente despreciable.
–Digas lo que digas, no pienso darte esa información –se enrocó sin dejar de mirarle con desprecio.
Pero lejos de preocuparse, el tutor puso una sonrisa maliciosa.
–Bien, estás en tu derecho –le dijo–. Pero entonces cada vez que nos comuniquemos por correo, serás la única que no se entere de nada.
Esto enfureció a Nino. Este tipo era un verdadero manipulador. De buena gana le habría mandado al infierno. Pero tenía razón en que debían estar comunicados para el tema de las tutorías.
Se puso a temblar. Rechinó los dientes mientras le subían los colores a la cara. Era incapaz de contestar a lo que le dijo. Este granuja había ganado la partida.
–De… déjame un bolígrafo –se rindió.
Fuutaro le pasó un bolígrafo y su agenda, la cual se sacó del bolsillo de la camisa. Su teléfono aun lo tenía Itsuki para apuntar el correo. Nino procedió a anotar sus datos, mientras no dejaba de gruñir. Más le valía a este idiota que no usara este contacto para otra cosa que no fueran las clases. De lo contrario se iba a enterar.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Fuutaro estaba satisfecho. Itsuki accedió sin problemas. Si no hubiera sido, así, había pensado en proponerle el darle el contacto de Raiha. Pero no fue necesario. Sin embargo, había tenido que presionar un poco a Nino, pero se alegraba del resultado, ya que le había pasado también su contacto.
–¿Ya nos tienes a todas, no? –vio que Yotsuba le preguntaba.
Él le dirigió la mirada.
–Me falta una.
–¿Eh? –se extrañó la pelinaranja, que acto seguido empezó a contar con los dedos–. Veamos. Ichika, Miku, Mutsumi, Itsuki, Nino… ¡Aaaaaah! ¡Yotsuba! ¡Esa soy yo!
Fuutaro quedó perplejo. ¿Tan boba era esta chica para no haberse dado cuenta antes?
Itsuki le tendió de vuelta su teléfono a Fuutaro tras terminar de apuntar su contacto, mientras que Yotsuba sacaba el suyo a toda prisa.
–Aquí tienes, esta es mi dirección –dijo ella mostrándole la pantalla del dispositivo.
Una música alegre sonó de repente procedente del mismo. Fuutaro vio que en la pantalla ponía "Presidenta del club de baloncesto".
–Te llaman –le indicó.
Ella miró la pantalla sorprendiéndose.
–Ah, ya recuerdo. Me habían pedido algo –dijo con gesto incómodo mientras se daba la vuelta–. ¡Nos vemos luego!
El tutor quedó perplejo mientras vio como Yotsuba salía corriendo del comedor. Esto le trajo un recuerdo a la memoria. ¿Otra vez tenía que ir a ayudar a las del club de baloncesto, como el día en que tuvo aquel percance con Nino? Aquí pasaba algo, y tenía que saber qué era.
–¡Espera un momento! –gritó mientras salía corriendo tras ella.
–¡Eh, oye! –gritó Nino, quien vio como el tutor se alejaba sin escucharla–. Acabo de escribirte mi correo… –dijo sosteniendo la libreta del tutor con una mueca de desagrado.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Yotsuba llegó corriendo hacia el ala donde estaban las aulas en que se reunían quienes integraban los diversos clubes. Se plantó ante una puerta verde que daba a la sala donde estaban reunidas las integrantes del club de baloncesto. Había acudido tan pronto como le fue posible.
Abrió la puerta, observando las chicas reunidas. Todas llevaban uniformes de baloncesto y se veían cansadas y sudorosas, como si hubieran estado entrenando antes de entrar en esa sala. Una de ellas, con el pelo rubio oscuro que le cubría la mitad izquierda de la cara, fue la que le dirigió la palabra.
–Nakano –dijo–. Gracias por ayudarnos el otro día.
–No fue nada –Yotsuba esbozó una sonrisa–. Me alegro de que todo saliera bien.
Aquel día lo pasó bien jugando con el equipo. Y el que se agradeciera su ayuda era algo que le alegraba. Pero ese no era el motivo por el que le habían pedido que viniera.
–¿Cuál es tu decisión? –preguntó aquella jugadora–. ¿Te has pensado lo de formar parte del equipo?
Yotsuba suspiró.
–Lo he pensado –respondió–. Agradezco mucho vuestro interés.
–Genial –dijo la rubia–. En ese caso…
–Pero lo siento mucho –Yotsuba se agachó para disculparse–. Me temo que tengo que decir que no.
Su interlocutora la miró sorprendida. La pelinaranja prosiguió.
–Soy consciente de que el equipo no está pasando por un buen momento. Pero después de clases tengo un compromiso importante. Sin embargo, si os hace falta una jugadora en algún partido, os ayudaré encantada.
Las demás miraron a Yotsuba con gestos comprensivos. Ella se alegró de que no se tomaran a mal su negativa.
–De acuerdo, respetaremos tu decisión –dijo la rubia suspirando–. Pero es una pena, porque creo que tienes talento.
Yotsuba se sorprendió. Sin embargo, agachó la cabeza, avergonzada.
–No, no lo tengo –dijo sonriendo–. Lo que sí tengo son personas que me apoyan.
Ella no se sentía como alguien con talento para los deportes, por eso no creía merecer ese elogio. Si no fuera por el apoyo de sus hermanas y Uesugi-san, habría pensado que no valía para nada.
Eso hizo que se sintiera afortunada. Afortunada de tener gente que la quería, y que estaba ahí cuando más lo necesitaba. Esa era su verdadera fortaleza.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Fuutaro se encontraba sentado en el suelo, tras una esquina. Había seguido en secreto a Yotsuba y había escuchado toda la conversación.
Tras haber visto aquel nombre en la llamada, sospechó que ella seguía teniendo relación con las chicas del club de baloncesto, pese a que se suponía que solo las iba a ayudar en un partido. Por eso decidió seguirla para averiguar qué estaba ocurriendo.
Cuando escuchó la propuesta de las integrantes para que Yotsuba se uniera al equipo, se sorprendió, y se molestó bastante. Si no hacía más que entrenar, no estudiaría. Parecía que nunca había tenido la intención de tomarse en serio los exámenes.
Pero cuando escuchó el rechazo a aquella propuesta, se sorprendió aun más. Sus suposiciones eran equivocadas, y eso le hizo sentirse algo culpable, por no haber confiado más en Yotsuba. Eso era algo que no le gustaba de sí mismo, el juzgar a los demás sin comprender toda la situación, como pudo haber ocurrido el día que conoció a Itsuki.
Se escuchó como alguien cerraba la puerta corredera, y unos pasos sonaron hacia su dirección.
–¡Ah! –se sobresaltó Yotsuba al verle–. Ue… ¡Uesugi-san! ¿Qué haces aquí?
–Esto… iba en dirección a la biblioteca –pretextó él, ya que no quería que supiera que la había estado siguiendo.
–¡Qué raro! ¡Si la biblioteca está al otro lado del edificio!
Esto le puso un poco nervioso. No era tan boba como creía. Pero por suerte tenía la forma de desviar la conversación.
–¿Terminaste lo que tenías que hacer? La sesión de estudio de hoy va a ser intensa. ¿Estás preparada?
Yotsuba pareció sorprendida. Entonces sonrió y se echó la mano a la frente, como si fuese un soldado acatando órdenes.
–¡Sí! ¡Estoy lista!
Fuutaro sonrió. Yotsuba sí quería tomarse en serio el estudio.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Itsuki llegaba sola a la biblioteca. Se despidió de Nino en el comedor, ya que ella se negaba a acudir a las sesiones de estudio del tutor. Pese a lo mucho que las demás le insistían, Nino no cedía en su posición.
Cuando llegó, se encontró a Ichika, Miku y Mutsumi reunidas en una mesa. Todas estaban trabajando con sus libros. Miku fue la primera en divisarla.
–Hola, Itsuki –la saludó.
–¿Dónde están los demás? –preguntó mientras tomaba asiento.
–No sé dónde fue Yotsuba, pero parecía muy apurada –respondió Mutsumi.
–Y Fuutaro me ha enviado un mensaje, diciendo que se va a retrasar, y que empecemos sin él –añadió Ichika–. Me ha dado unas indicaciones de por dónde debemos empezar.
Itsuki se sintió un poco decepcionada de que el tutor no se encontrara en ese momento, pero entendió que debía tener sus motivos.
Así pues, fue sacando sus libros y siguiendo las instrucciones dadas a Ichika comenzó su estudio.
Durante esos momentos, empezó a meditar sobre los eventos previos. Fuutaro había llegado y les había pedido el correo electrónico. No se negó porque le parecía bien la idea. E incluso se alegró de tener una forma de contactar con él, ya que hasta ahora solo se veían en el instituto. La única excepción a eso fue el día anterior, cuando fue a su casa para entregarle sus honorarios. Por alguna razón él no había considerado conveniente hasta ese momento el que tuviesen más contacto que eso. En cualquier caso, era bueno que hubiese cambiado de idea.
Suspiró. El tener que estudiar sin la asistencia del tutor se hacía tedioso. Miró a sus hermanas. Ichika parecía concentrada, pero se le escapaba algún bostezo. Miku echaba miradas furtivas a su teléfono, con un ligero sonrojo en las mejillas. Y en cuanto a Mutsumi, de vez en cuando garabateaba algo en una hoja de papel. Parecía que no era la única en aburrirse.
El sonido de pisadas hizo que girara la cabeza. Hacia ellas venía Fuutaro acompañado de Yotsuba, quien iba muy animada. Eso le hizo sentirse aliviada. No sabía por qué, pero tener a Fuutaro cerca le hacía sentir más segura.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Aquella noche, las hermanas estaban en el ático, cenando. Yotsuba se dedicó a relatarles lo que había acontecido desde el momento en que se marchó corriendo del comedor escolar.
–Y eso fue lo que pasó –dijo alegremente.
–Ahora entiendo por qué llegasteis tarde –comentó Miku tras escuchar el relato.
–Todas estabais preocupadas, ¿verdad? –dijo Yotsuba–. Sobre todo tú, Miku…
–N… No. Nada de eso –respondió nerviosamente la castaña.
De pronto, se escucharon cinco teléfonos sonar al mismo tiempo. Las hermanas fueron tomándolos para revisarlos.
–Es un mensaje de Fuutaro –dijo Miku.
–Yo también tengo uno –observó Yotsuba.
–Y yo –agregó Mutsumi.
–¿Nos los ha enviado a todas al mismo tiempo? –dudó Itsuki.
Yotsuba se echó a reír.
–Este Uesugi-san… Seguro que le ha hecho ilusión tener nuestro contacto…
Abrió la aplicación del correo. Y lo que vio la dejó helada. El tutor les había enviado deberes. Y por la extensión del correo, estaba claro que iban a tener que trabajar un buen rato.
–No tendríamos que haberle dado nuestros correos –suspiró abatida, mientras veía que el resto de sus hermanas tenían expresiones similares.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Nino había guardado silencio durante todo el rato. Su teléfono era el único que no sonó, ya que Fuutaro no tenía su correo aún.
Ella se había quedado mirando la agenda del tutor. Tanto pedirle que le anotara el contacto y al final no había venido a buscarla. Como ella no acudió a la sesión de estudio en la biblioteca, no tuvo ocasión de dársela de vuelta. Y tampoco se la entregó a Itsuki para que se la diera, ya que estaba segura que si lo hubiera hecho así, el tutor habría tenido una excusa para reprocharle su falta de compromiso al no querer entregársela en persona.
No sabía qué hacer con esta agenda. Tal vez debiera entregársela cuando volviera a verle. Pero le desagradaba la idea de tener que dirigirle la palabra.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Hola a todos. Este episodio es el penúltimo de la temporada. Correspondería al capítulo 13 del manga.
Nos veremos en el próximo episodio. No olvidéis dejar vuestros likes y comentarios si os gusta la historia.
