Hola a todos. Comenzamos una nueva temporada. Aquí tenéis el episodio.
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Episodio 15. La calma antes de la tempestad
Los días en el instituto se hicieron rutinarios. Hasta que llegó el momento en que anunciaron algo que dejó a Fuutaro intranquilo.
–La próxima semana darán comienzo los exámenes parciales –anunció una profesora–. Por supuesto, se considerará suspenso cualquier examen con una calificación por debajo de los 30 puntos. Así que ya sabéis, nada de relajarse y a estudiar.
Para el chico, era el momento de la verdad. No tenía dudas sobre su capacidad para aprobar los exámenes. Pero esta vez la preocupación no iba por él.
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La clase había terminado. Había unos minutos de descanso.
Casi todos los alumnos había aprovechado para salir del aula y airearse. Pero Fuutaro vio que Itsuki seguía sentada en su sitio, mirando su lección con un gesto de concentración. Esto llamó la atención del tutor, que decidió levantarse para curiosear.
Se acercó a ella.
–Itsuki…
La pelirroja levantó la cabeza para mirarle.
–¿Qué quieres, Uesugi-kun?
–Oh, nada. Solo que me alegro de verte tan aplicada con los estudios.
–No me queda otra. Ya has escuchado a la profesora. Los exámenes están muy cerca, y con mi nivel no sé si lo voy a lograr –suspiró.
–No pienses tan bajo sobre ti misma –dijo el tutor, provocando que ella le mirara–. Aprovechas las horas de descanso para estudiar, también estudias cuando he finalizado vuestra tutoría. Nunca llegas tarde, ni te saltas las clases. Puedo ver que eres la más aplicada de tus hermanas.
Las mejillas de Itsuki enrojecieron ligeramente ante el elogio. Lo cierto era que el tutor no había podido evitar observar su comportamiento durante los últimos días, y podía afirmar que estaba orgulloso de que fuera tan proactiva.
–¿Eso crees? –dijo apartando la mirada.
–Claro. Nunca dudes de ti misma –la animó–. Y sabes que si tienes dudas, puedes preguntarme. Al fin y al cabo, es mi trabajo.
Fuutaro podía ver que la pelirroja se estaba esforzando bastante en las clases. La había visto intervenir en alguna ocasión ante las preguntas de algún profesor, con buenos resultados.
–Gracias –sonrió–. Pero pese a lo mucho que me esfuerce, me he dado cuenta de que yo sola tengo un límite –dijo mientras pasaba páginas del libro hasta llegar donde quería–. ¿Crees que podrías explicarme este problema?
–¡Claro! –afirmó el chico, quien procedió a explicarle como resolverlo.
Fuutaro sonrió. De alguna manera se sentía más cercano a Itsuki que al resto de sus hermanas. Que pasaran tanto tiempo juntos al ser compañeros de clase ayudaba.
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Tiempo después, Nino caminaba junto a sus amigas, charlando animadamente. Siempre le agradaba pasar el tiempo con ellas y echarse unas risas.
De pronto, sonó una voz.
–¡Nino!
Todas miraron. Fuutaro, con los brazos cruzados, les estaba mirando, desde lo alto de unas escaleras.
Nino puso una cara de asco. Era la persona que menos le agradaba del mundo.
–Quería decirte que los exámenes…
–Vámonos, chicas –ordenó Nino, quien fue subiendo las escaleras en compañía de sus amigas, sin prestar atención al tutor.
–¿Me estás escuchando? –preguntó Fuutaro, al ver que Nino pasaba junto a él.
–Uesugi-san te ha hablado –dijo Otori a Nino.
–Ni caso. No hace más que seguirme –dijo la pelirrosa sin volverse.
–¡Qué miedo! –exclamó Aoki–. ¿Deseas que te libre de él?
–No vale la pena. Descuida, ya se cansará –respondió Nino, restándole importancia.
–¡Nino, no pienso rendirme!
Ella se detuvo.
–¡Salimos juntos el día del festival de fuegos artificiales! ¡Deberías reconsiderarlo!
Yamada, Otori y Aoki se volvieron sorprendidas.
–¡Podemos hacerlo si quieres en tu casa! –insistió el tutor–. ¡Dame una oportunidad! ¡Solo una!
Las amigas de Nino se miraron entre ellas. ¿Acaso Fuutaro y Nino…?
–¡Te enseñaré cosas que te gustarán! –sentenció.
Nino se volvió para mirarle, mientras comenzó a bajar los escalones hacia él. El chico sonrió.
Pero entonces Nino le miró. Su cara estaba muy enrojecida y tenía una expresión de incomodidad y rabia.
–¿¡No ves que eso se puede malinterpretar!? –gritó furiosa, al tiempo que le pegó un sonoro tortazo en la mejilla izquierda.
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Más tarde, Fuutaro estaba en la biblioteca, con una mano marcada en la mejilla.
–¿Estás bien? –le preguntó Mutsumi preocupada, al verle la cara.
–¿Problemas con Nino? –dedujo Itsuki.
Pero Fuutaro no contestó. Estaba meditando las palabras de su padre:
–No debes preocuparte. Itsuki-chan y las demás cambiarán, como hiciste tú. Solo necesitan tiempo.
Pero eso era justo de lo que no disponían, dada la cercanía de los exámenes. Y tampoco podría decirse que hubiesen cambiado en exceso. ¿Cómo podría hacer para…?
–¡Uesugi-san! –una voz le sacó de su meditación.
Yotsuba se había levantado y se giró sobre sí misma.
–Tengo una pregunta para ti –dijo animada–. ¿En qué me veo distinta el día de hoy?
El chico desvió la mirada. Ya empezaba con sus tonterías.
Decidió volverse hacia las otras.
–¿Tenéis idea de lo que se nos viene encima? –preguntó con gesto agobiado.
–¡No me ignores! –se quejó Yotsuba–. Te daré una pista: está de cuello para arriba.
En cambio, las otras hermanas se pusieron a pensar.
–¡Ah, claro! ¡Dentro de poco será la excursión! –sonrió Ichika.
–Es verdad, los profesores lo dijeron en clase –dijo Mutsumi.
–Yo estoy deseando ir –añadió Miku.
Fuutaro estaba perplejo.
–No os preocupan nada los exámenes, ¿verdad? –preguntó en un tono tétrico–. Con vuestros conocimientos, no tendréis problemas para aprobar.
Ichika rio incomoda, lo que dejó de peor humor al tutor ante la falta de seriedad de sus alumnas.
–Esto es increíble… –dijo echándose una mano a la cara.
–Supongo que la pregunta era demasiado difícil para ti, Uesugi-san –razonó Yotsuba, que aun seguía con su juego.
De pronto, Fuutaro la agarró por los extremos de su listón, como si estuviera sujetando un conejo por las orejas.
–Te has puesto un lazo distinto. Normalmente llevas uno verde –le dijo con un tono tétrico.
–Eeeeee… sí –dijo Yotsuba, algo nerviosa–. Me han dicho que ahora están de moda los cuadros.
–Si tanto te gustan los cuadros, mejor échale un vistazo a los de esta hoja de examen tuya. Todos están tachados –dijo mostrándole un examen con bastantes errores.
–Esos cuadros no me gustan –se quejó.
Ichika se echó a reír.
–¡Menos risa! –ordenó Fuutaro mientras arreglaba el lazo de la pelinaranja–. ¡Al menos Yotsuba le pone empeño!
Podía afirmar que Yotsuba mostraba más iniciativa a la hora de responder preguntas, aunque casi siempre diera respuestas equivocadas. Por eso tenía que dejarles claras las prioridades.
–¡Si seguís así, no aprobaréis los exámenes! –exclamó dando un manotazo en la mesa–. La excursión vendrá después, así que mejor que os la quitéis de la cabeza por el momento. Vamos a tener seis exámenes parciales: Japonés, Matemáticas, Inglés, Ciencias, Geografía e Historia. ¡Durante esta semana vamos a tener que estudiar como nunca!
–¿Eeeeeeh? –preguntó Mutsumi, asustada.
–No será solo Historia, Miku –dijo Fuutaro al tiempo que se acercaba a la castaña, quien estaba haciendo anotaciones.
Entonces observó la libreta. Eran unos apuntes sobre los adjetivos en inglés, comparativos y superlativos. Esto le llamó la atención.
–¿Estás estudiando Inglés? –preguntó sorprendido–. Si siempre dices que no se te da bien… ¿Tienes fiebre?
–Estoy bien –respondió ella, sin apartar la vista de la libreta–. Solo he decidido que podría esforzarme un poco. Eso es todo.
Fuutaro quedó aun más sorprendido. Por alguna razón, las palabras de Miku le hicieron pensar que sí estaban yendo por el buen camino.
–¡Es genial, vamos chicas! –las animó.
Una de las encargadas de la biblioteca les llamó la atención por el grito de Fuutaro, haciéndole callar.
En silencio, se puso a meditar. Las notas de las cinco que accedieron a que les diera clase seguían siendo malas, pero estaba decidido a hacer todo lo posible por que todas aprobaran.
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Más tarde, la sesión de estudio terminó. Los seis se hallaban fuera del edificio del instituto.
–¡Aaaah, estoy reventada! –exclamó Yotsuba, al tiempo que correteaba.
–Yo me quiero ir a casa ya –dijo Ichika, bostezando.
Entonces vio que el tutor seguía pensativo. Muy probablemente estaba pensando en los planes de estudio para los días que les quedaban hasta los exámenes. Ella lo vio muy tenso.
Entonces se le ocurrió una idea, al tiempo que en su cara apareció una sonrisa traviesa.
Con sigilo, se acercó por un lado a Fuutaro y le sopló en el oído.
–¡Aaaaaaah! –exclamó el chico, sobresaltado, mientras se apartaba de un salto–. ¡Ichika!
La hermana mayor se echó a reír. Era divertido sacar de sus casillas a este tutor.
–No hace falta que sufras tanto. No nos expulsarán con los parciales –le tranquilizó–. También estudiaremos por nuestra cuenta. Solo ten un poco de paciencia. Aunque si tuviésemos una pequeña recompensa, nos esforzaríamos más.
–¡Ya lo tengo! ¡Frente a la estación hay una cafetería donde sirven unos parfaits buenísimos! –propuso Yotsuba.
–¡Ah, la conozco! –dijo Mutsumi–. Una de las camareras que trabaja allí es amiga mía.
–¿¡Parfaits!? –exclamó Itsuki haciéndosele la boca agua–. ¡Yo quiero uno! ¡Uno y no más!
–Yo quiero uno de matcha –dijo Miku.
Tanto hablar de dulces empezó a abrir el apetito de Ichika.
–Me están entrando ganas de comerme uno –dijo.
–¿Invitamos también a Nino? –preguntó Miku, sacando su teléfono.
–¿Pero no queríais iros a casa ya? –preguntó perplejo Fuutaro.
Ichika vio que el tutor suspiraba. Esperaba que sus palabras hicieran que fuese menos estricto con ellas.
–¡Uesugi-san! –exclamó Yotsuba levantando la mano–. ¡Date prisa o te dejamos aquí!
Ichika vio la expresión del tutor. Una sonrisa. Parecía que también era capaz de sonreír con sinceridad de vez en cuando.
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Nino estaba con sus amigas en la estación de tren. Desde el episodio de Fuutaro, no había dicho una palabra. Aun se sentía furiosa porque la hubiera dejado en ridículo delante de ellas.
Nino no se fijo, pero las otras tres estaban preocuparadas. No querían decir una palabra al respecto, probablemente por si la pelirrosa se ofuscaba más.
–Nakano-san… ¿estás bien? –le preguntó entonces Yamada.
Nino miró a su amiga. Relajó un poco el gesto.
–Sí. Lo estoy. Solo un poco ofuscada –respondió.
Las demás suspiraron.
–Es por Uesugi-san, ¿verdad? –preguntó Otori–. Tranquila, no te preguntaré más. Sé que no es asunto mío.
–Lo agradezco –dijo Nino esbozando una sonrisa.
No le apetecía dar demasiadas explicaciones sobre su relación con el tutor. Y además, tampoco quería que ellas se imaginaran que había alguna relación entre ellos, más allá de ser tutor y alumna.
–Me he dado cuenta de que no llevas pendientes –le dijo Yamada–. ¿No decías que te ibas a hacer los agujeros?
Nino se puso nerviosa.
–Eh… estooo… me lo pensé mejor. Lo haré un poco más adelante –dijo apartando la mirada–. No hay prisa…
Su amiga aceptó esas explicaciones. Nino prefería no mencionar sobre su miedo a las agujas.
–¿Tardará mucho el tren? –preguntó entonces Yamada a Aoki.
–Cinco minutos –respondió la pelirroja–. No, no falta mucho.
–Aun no me puedo creer que esa chica con la que peleaste en el torneo de kárate te haya sugerido visitar la cafetería donde trabaja –le dijo Nino, uniéndose a la conversación.
Aoki se encogió de hombros.
–Dijo que acababan de reabrir y no tenían demasiada clientela –explicó–. Me contó que una de sus compañeras prepara unos dulces deliciosos, así que pensé que no era mala idea echar un vistazo. Es una pena que esté tan lejos.
–Junto a la playa, ni más ni menos –dijo Otori mirando su teléfono–. Bueno, podemos darle una oportunidad.
Nino recordó a aquella karateka de pelo azul tan boba. Se preguntó qué clase de gente trabajaría con ella. Probablemente la soportarían a duras penas.
–¿Te contó si trabajan chicos guapos en ese cafetería? –curioseó Yamada.
–Me dijo que todas las camareras son chicas –contestó Aoki negando con la cabeza–. Pero que su jefe, el dueño de la cafetería, es majo, aunque algo amargado.
–No sé qué pensar respecto a eso –dijo Otori–. ¿Y tú qué opinas, Nakano-san?
–¿Otro amargado? Si es como Uesugi, le quiero cuanto más lejos mejor –suspiró–. Sin embargo, hace poco vi la foto de alguien que es mi tipo.
Sus amigas miraron sorprendidas.
–¿En serio? ¿De quién se trata? –preguntó Yamada con curiosidad.
–Eso no lo sé. Solo lo he visto en una foto, y de hace tiempo –respondió–. Pero es alguien que quiero conocer a como dé lugar.
Nino recibió más preguntas, pero no quiso dar más detalles. No le apetecía contarles que el chico de sus sueños era pariente de Fuutaro. Tras los exámenes le presionaría para que se lo presentara, lo había decidido.
El tren llegó en ese momento, puntual a su hora.
–Subamos –dijo Aoki–. Vayamos a conocer esa cafetería.
Nino sonrió. Al menos hoy no tendría que soportar a Fuutaro y sus clases. Solo esperaba que este dueño del Café Familia no fuese como él. No quería dos Fuutaros en su vida.
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–Que alguien me explique qué estoy haciendo aquí –murmuró Fuutaro.
Sin entender bien como, se encontraba con las hermanas Nakano (excepto Nino) en una cafetería de nombre Flora.
Ichika y las otras le habían insistido para que las acompañara y él, sin explicarse bien por qué, terminó cediendo. Ahora se encontraba sentado junto a ellas en una mesa, con un magnífico parfait ante él.
Dadas las dificultades económicas de su familia, no solía acudir a cafeterías, y mucho menos pedir un postre tan ostentoso como este. Si hubiese estado Raiha con él, se lo habría dado sin dudar. Pero estando en aquella situación, solo podía mirar el parfait sin decir una palabra.
–¿No le gusta el parfait, señor? –preguntó de repente una voz.
Fuutaro levantó la cabeza. Ante él tenía una camarera de ojos verdes y pelo rubio claro, bastante largo y suelto, salvo por dos mechones que llevaba por delante del cuello, en uno de los cuales se había atado también en trenzas una tela marrón que terminaba en un lazo. Su uniforme de camarera era rojo, con la parte de los hombros y el pecho blancos, mismo color del delantal, así como unas largas medias también blancas. Una cofia blanca con lazos rojos a los lados completaban el uniforme.
Ella le miraba con curiosidad, más que reproche.
–Eeeeeeh. No, no es eso –pretextó–. Solo que no tengo mucha hambre, es todo.
La camarera pareció aceptar sus explicaciones.
–De todos modos, estoy segura que si lo prueba se le despertará el apetito –dijo mientras se daba la vuelta para regresar a la barra–. Cuando lo haga, hágame saber sus impresiones después.
Ella se alejó, mientras Fuutaro la miró sin decir una palabra.
–Vaya, vaya. Alguien se está volviendo popular –dijo una voz femenina–. Me siento celosa.
Fuutaro miró. Ichika le miraba con una sonrisa traviesa. Y no era la única de sus hermanas que había reaccionado a este episodio, ya que Miku estaba haciendo un puchero e Itsuki miraba con cierta incomodidad.
Mutsumi en cambio se echó a reír.
–Parece que le caíste bien a Kareha-san –dijo.
–¿Kareha-san? –preguntó el tutor.
–La camarera que acaba de hablar contigo –explicó–. Es de nuestra edad, y se le da muy bien preparar dulces.
–¿Ella ha preparado esto? –preguntó Fuutaro, sorprendido.
–Exacto. Y para que lo sepas –dijo Mutsumi acercándose a él para susurrarle–: No tiene novio.
Fuutaro se sonrojó ligeramente, ¿Qué quería insinuarle Mutsumi?
–Solo bromeaba –dijo con una risita–. Aunque desde que la conozco nunca le he visto ser tan atenta con los clientes. Probablemente le hayas caído bien.
–No me interesan esas cosas –murmuró el tutor apartando la mirada.
–Al menos deberías probar el postre. No sería cortés no apreciar sus esfuerzos, como haces con nosotras –le dijo la pelirrosa.
Fuutaro suspiró. Ahora iba a tener que comerse aquel dulce, quisiera o no.
Bueno, después de todo, no se veía tan mal. Tomó su cuchara y decidió probar un poco. Al menos le haría olvidar el sabor de lo que comía todos los días en el comedor.
Al probarlo, sintió una explosión de sabores en su boca. El dulzor del chocolate contrastaba con la acidez de las fresas y la cremosidad del yogur. Una experiencia única al gusto. Nunca había sentido nada igual. Mutsumi tenía razón, se le daba bien preparar dulces. Se preguntó qué pasaría si compitiese contra Nino preparando un postre.
El resto del tiempo transcurrió en una animada conversación de las hermanas, en la que Fuutaro apenas intervino, ya que fuera de las clases, se sentía algo fuera de lugar en este ambiente. Al menos tenía aquel parfait, que era realmente delicioso.
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Más tarde, Fuutaro decidió volverse a casa, ya que no quería perder demasiado tiempo. Las chicas en cambio prefirieron quedarse un poco más. Se despidió de ellas e insistió en pagar de su bolsillo el parfait que se había tomado, ya que no quería ser invitado, aunque no era precisamente barato.
Para abonar su consumición, se dirigió a la camarera, a quien por educación felicitó por aquel postre. Ella le sonrió, y cuando le entregó el ticket de la consumición, se dio cuenta de que había un número escrito a bolígrafo.
Se puso nervioso, y no dejó que ninguna de las chicas lo viera. Lo que le faltaba era que se rieran de él. Así pues, dio a las chicas un saludo de despedida y se marchó del local.
Por el camino a casa fue reflexionando de nuevo sobre los exámenes. Tenía que preparar un programa intensivo de estudio para aquellos días. Solo de pensar en ello, comenzó a dolerle la cabeza.
–¡Esperaaaaaa! –gritó una voz.
Se volvió. Itsuki estaba ante él, y parecía cansada, como si se hubiera dado una larga carrera.
–Estaba en el baño, no deberías haberte marchado sin despedirte –le reprochó haciendo un puchero.
El chico se sintió mal. Las prisas por volver a su zona de confort nublaron su juicio, y provocaron que ignorara a Itsuki. Tenía que arreglarlo.
–Lo siento –se disculpó–. Pero quería volver a casa cuanto antes para estudiar. ¿Qué ocurre? ¿Has venido a decirme solo eso?
–No –dijo Itsuki tendiéndole su teléfono–. Dice que te pongas.
–¿Eh?
El chico miró el teléfono de Itsuki. En la pantalla decía "Papá".
Tomó el aparato y lo acercó a su oreja.
–¿Diga?
–Uesugi-kun –dijo una voz de hombre–. Gracias por dar clases a mis hijas.
Fuutaro abrió los ojos con gesto de sorpresa, al tiempo que soltaba una exclamación de asombro.
–¡Padre, es usted! –gritó algo nervioso–. ¡Ha pasado un tiempo!
–¿Me explicas por qué me llamas "padre"? –dijo su interlocutor serio.
–¿Me explicas por qué le llamas "padre"? –preguntó Itsuki perpleja.
–Siento no haber tenido la oportunidad de saludarte en persona –siguió el señor Nakano–. ¿Cómo van las clases particulares?
–Van estupendamente –respondió con nerviosismo–. Precisamente ahora estábamos reunidos en una. Estoy hablando con tu padre, Itsuki, luego responderé a tu pregunta.
La aludida en realidad observaba la conversación totalmente perpleja.
–Todas trabajan bien. Si seguimos así, aprobarán sin problemas –mintió.
–Me alegro –dijo el señor Nakano–. Es bueno saberlo, ya que sé que los exámenes parciales serán pronto.
El tutor se puso pálido. No se esperaba que el señor Nakano estuviese enterado de esta información. Era probable que Itsuki se lo hubiese contado.
–Sé que esto te sonará duro, pero quiero aprovechar esta ocasión para que me muestres los resultados de tus tutorías –prosiguió el señor Nakano–. Los parciales serán en una semana. Y si una sola de las seis suspende, dejarás de ser su tutor.
Fuutaro quedó de piedra al escuchar esas palabras, mientras sudaba por los nervios. Tenía el reto de lograr que seis malas estudiantes aprobaran los parciales. Y apenas una semana para prepararlas. ¿Qué podía salir mal?
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Mientras Itsuki salió en persecución de Fuutaro, las demás permanecieron en la cafetería.
Mutsumi se separó un momento del grupo y fue a la barra para hablar con la camarera, que en ese momento no estaba ocupada.
–Hola, Kareha-san. Veo que te va bien –le dijo.
–Me alegro de verte de nuevo, Mutsumi –respondió ella con una sonrisa–. ¿Cómo has estado?
–Últimamente, no demasiado bien –suspiró ella–. Mucho trabajo con los estudios. Los parciales están cada vez más cerca.
–Igual por aquí –confirmó la rubia–. Yo tengo que compaginar mis estudios con este trabajo. A veces incluso tengo que aprovechar cuando hay poca clientela para repasar algunas lecciones.
–Vaya, lo siento mucho. Espero que mis hermanas y yo no te estemos molestando en exceso.
–Descuida, no molestáis en absoluto –sonrió la camarera–. Por cierto, no me habías dicho que tenías cuatro hermanas.
–En realidad son cinco –rio la pelirrosa.
–¿¡Cinco!? –exclamó Kareha impresionada–. ¿Quieres decir que sois sextillizas?
–Correcto –afirmó Mutsumi.
–Va… Vaya –Kareha se avergonzó por su reacción al ver que otros clientes la miraban–. Siento haber gritado así. Esto no se ve todos los días.
–Descuida, nos pasa a menudo –dijo Mutsumi restándole importancia–. Siendo tantas hermanas casi iguales cuando vamos juntas llamamos la atención en todas partes.
–Ya veo… –dijo Kareha, sin terminar de salir de su asombro.
–A propósito de hermanas. ¿No está contigo Tsubomi-chan? –preguntó Mutsumi mirando a izquierda y derecha.
–Está en casa, estudiando. Ella también tiene parciales dentro de poco, así que prefiere estudiar todo lo que pueda. Por suerte, no tiene dificultades con los estudios.
–Qué envidia –se quejó Mutsumi–. Ya me gustaría a mí ser como ella. Al menos mis hermanas y yo no necesitaríamos tener un tutor. Aunque yo tampoco me quejo de tenerlo.
–¿Un tutor? –preguntó Kareha–. ¿Era ese chico que se ha ido antes?
–Exacto. Lo contrató mi padre para que nos diera clase.
–Es atractivo –dijo Kareha mirando a la puerta como si creyera que iba a regresar–. ¿No será novio de alguna de vosotras, verdad?
Esto último lo dijo en un tono preocupado. Por toda respuesta, Mutsumi se puso roja como un tomate.
–¿¡Qué!? N… No, claro. Es nuestro tutor. Solo eso… aunque también es mi inspiración –añadió eso último en una voz muy baja que Kareha no pudo oír.
Ante esto, la camarera suspiró de alivio. ¿Por qué habría hecho eso?
–En fin, será mejor que te deje estudiar tranquila –dijo la pelirrosa encogiéndose de hombros–. Regresaré con mis hermanas.
–Si necesitáis algo más, no dudes en avisarme –avisó la camarera agitando su mano mientras Mutsumi se alejaba.
Pero la chica de las gafas estaba algo intranquila. Pese a que ella misma antes había bromeado con Fuutaro sobre que la camarera estaba soltera, que ahora Kareha le preguntara si el tutor era novio de Mutsumi o de alguna de sus hermanas la alteró. ¿Por qué había reaccionado poniéndose tan nerviosa? No creía sentir por el tutor algo más que simple admiración… ¿O tal vez se trataba de algo más?
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Yotsuba vio que Mutsumi regresaba a la mesa para sentarse con las demás. La conversación entre las hermanas era distendida, pero todas estaban algo intranquilas.
–Siento que este momento es la calma antes de la tempestad –dijo Miku de pronto.
–¿Lo dices por la cercanía de los parciales? –preguntó Ichika bostezando–. La verdad es que siento que nuestros días a partir de ahora van a ser más largos.
–Lo peor es que tenemos que memorizar un montón de conocimientos de todas las asignaturas –Mutsumi se agobió.
–Tranquilas. Tenemos a Uesugi-san para que nos dé clases –tranquilizó Yotsuba, quien intentó animar a sus hermanas–. Si él nos enseña, seguro que conseguimos aprobar.
–Eres muy optimista, Yotsuba –dijo Mutsumi con una sonrisa triste–. Es verdad que explica bien y nos corrige cuando nos equivocamos, pero a pesar de su ayuda, no sé si será suficiente para que nuestras notas mejoren.
–¿Y qué hacemos entonces? ¿Rendirnos? –preguntó Miku–. Recuerda qué ocurrió la última vez.
Esas palabras hicieron que Yotsuba entristeciera. Le vinieron a la mente malos recuerdos.
–Ya, ya –dijo Ichika dándole un abrazo–. Todas sabemos lo que pasaste. No estás sola.
–Gracias –dijo la chica del listón con una sonrisa triste–. No quiero que la historia se vuelva a repetir.
–Tampoco nosotras. Estamos juntas en esto, recuerda –dijo Miku poniendo su mano sobre la de su hermana.
–Y seguro que Itsuki y Nino piensan igual –añadió Mutsumi poniendo también su mano–. Para eso están las hermanas.
Esto hizo que Yotsuba sonriera. Tal vez lo que estaba por venir eran días difíciles, pero si estaban todas juntas, podrían con ello.
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Hola a todos. Con este capítulo comienza la tercera temporada de esta historia, en la que abarcaré los eventos del tercer tomo.
Este episodio comprende el capítulo 15 del manga y 6 del anime.
El parfait es un postre muy popular consistente en helado cremoso con rodajas de fruta o galletas.
Kareha es un personaje del manga/anime Shuffle!, y quien ya ha hecho aparición antes en otra de mis historias.
No olvidéis seguir esta historia y dejar vuestros comentarios. Nos vemos en el siguiente episodio.
