Transcurren las 10 de la noche en un callejón oscuro de una calle poco transitada, tal sitio donde se podian apreciar dos figuras, una era un hombre de un aspecto ligeramente demacrado y de vestimentas poco cuidadas, probablemente era un drogadicto o un alcohólico.

—Hey, tú ¿Qué haces tan tarde por estos lugares? ¿Qué jamás te dijeron los peligros de salir de noche? —. Bajo los efectos del alcohol su mente se nubló con pensamientos más violentos de lo usual, razón por la cual tal hombre trató de golpear al chico con su botella.

La figura que lo acompañaba era poco clara para nombrarla debido a la oscuridad que lograba ocultarla, simplemente estaba ahí parada, estática. Y aún así, la botella de aquél hombre fue parada en el aire por la aparente nada, siendo totalmente destruida.

Consecuente a eso, de tal lugar donde la botella de rompió pudo escucharse no más que un muy tenue y chirriante sonido de un gas que se esparció por el lugar.

—Qué... ¿¡Qué mierda eres tú!? ¡Aléjate! Eres un maldito fenómeno..! —. Aunque poco importaba quién fuera, pues ahora se encontraba tirado en el suelo tratando de retroceder de forma entorpecida—. Ugh.. ¿Y qué es ese hedor? Apesta peor que a pescado podrido—.

Esas fueron las últimas palabras que logró pronunciar de una forma clara, pues pronto su voz empezó a tornarse quebradiza.

—¡Hey! ¿Qué es eso que suena? Supongo que no eres tú.. ¿Verdad?.. ¿¡Verdad!? —. Sus palabras eran referentes a unos gruñidos que se lograron escuchar a la distancia, y aunque el hombre no podía divisar bien su panorama por lo oscuro del mismo, era bastante notorio cómo cada vez se amplificaban más y más, era difícil saber cuántos se escuchaban... Tres, no. Cinco o incluso más de diez.

Lo primero que pudo observar fue que de las sombras de la noche figuras caninas comenzaban a dislumbrarse, eran lobos... Lobos, el hombre dió una mirada que lo decía absolutamente todo, estaba más que aterrado, logró ponerse aún más pálido de lo que su aspecto demacrado ya reflejaba, haciendo también que su voz sonara aún más rota que antes—. ¡No, no, no! ¿¡Qué es esto..!? Hey! Deshazlo, vamos... Fuiste tú ¿No?.., Por favor!—.

No hubo reacción de aquella figura, no más allá que pareció tirarse al suelo y adoptar una posición fetal.

Ante eso, la repuesta del hombre fue un acto de mera supervivencia, sus piernas temblaban de una forma que no le respondían, así que recurrió a su último recurso, tal era arrastrarse hacia un poste de luz cercano usando solamente sus manos para impulsarse, debía de huir lo antes posible, debía... Aunque, parece que el destino no estaba de su lado.

Los lobos eran más rápidos y de forma veloz lo rodearon, su aspecto era aún más lúgubre ante la clara luz que arrojaba la farola, ojos inyectados en sangre, pelaje mal cuidado y sucio, todo acompañado de espuma brotando de la boca de todos ellos... Aunque era raro que ignoraran por completo a la otra figura, casi como si para ellos no existiera, incluso pareciendo que la habían atravesado.

—¡No! ¡Alejense! Dejenme, malditos monstruos! Ugghh! —.

Los lobos no hicieron nada más que quedarse al rededor de él, rodeándolo, pareciendo que simplemente estaban analizándolo y esperando que fuera él quien diera el primer movimiento. Y así fue.

El hombre trató de patalear y golpear al aire en un acto de mera desesperación, incluso tomó una piedra que tenía al lado y se la lanzó a una de esas bestias, probablemente lo peor que pudo hacer, ya que los lobos dejaron tal comportamiento. Siendo el mismo al que le lanzó la piedra el primero en atacar, lanzándose de una forma violenta y ágil hacia la pierna del hombre, no dudando en morder con tanta fuerza que logró arrancar fácilmente un enorme pedazo de carne... Carmesí era todo lo que se veía, el dolor podría llegar a ser indescriptible, aunque, la adrenalina de la supervivencia que todo ser vivo experimenta no tardó en llegar, cegando el dolor.

—Grrrr...! No voy a morir aquí.. No.. —. Aquél hombre lentamente se tornó de un pálido tal que solo podría ser comparable al de un cadáver, todos los factores de unieron para acabar de demacrar su aspecto.

Aún con esas, el hombre trató de huir aún arrastrándose, esfuerzos inútiles ya que la multitud de lobos simplemente era muy superior. El siguiente ataque propinado fue hacia la yugular del hombre, fue tan feroz tal mordisco que no dió tiempo a gritar o producir cualquier sonido más que un grito sordo.

El color carmesí de la sangre empezó a pintar el pavimento, la gran multitud no dudó más y terminó por lanzarse hacia el hombre, despiadadas criaturas no perdonaron ni un solo pedazo de tejido vivo, entre mordiscos y rasguños finalmente arrancaron todo rastro del hombre, incluso algunos huesos no lograron salvarse para quedar intactos. Fue una muerte sumamente dolorosa aún con la adrenalina amortiguando el dolor. Segundos fueron suficientes para que cuál pirañas no quedara rastro del hombre más que una pila de algunos huesos rotos y un asqueroso charco carmesí terminando de adornar la escena.

El silencio se volvió absoluto, a no ser por los sollozos en posición fetal de la otra figura en la escena, parecía estar simplemente demasiado desconsolado como para poder levantarse y mantenerse de pie cual triste gelatina. Luego de unos cuantos minutos y de observar esa lúgubre escena, simplemente dió la vuelta tropezandose torpemente con sus pies, para solamente huir con un poco de dificultad del lugar.

En la mañana siguiente y ante el primer reporte del cadáver, las autoridades comenzaron a juntarse en el lugar, aunque, este no es nuestro lugar de interés ahora mismo.

Hakamori, una hermosa y pacífica ciudad caracterizada por sus hermosos paisajes naturales llenos de naturaleza y vida, además de gozar de una gran economía por parte del sector pesquero y del sector agrónomo al tener unas tierras tan ricas en nutrientes, destacando en esta área la granja de la familia Hoffman, justamente donde se encuentra la chica que da inicio a nuestra historia.

—¡SÍ, ES HOY! Al fin llegó el día, jaja! —. La paz reinaba la casa de aquella numerosa familia en medio de la granja, eso al menos hasta que un eufórico y energético grito saldría de la habitación de la hija mayor de la familia que estaba recién levantada.

—¡Adeline! ¡¿Qué te he dicho de gritar en la casa tan temprano!? —. Un furioso grito proveniente de una voz masculina y rasposa provino del piso de abajo y resonó con fuerza por toda la habitación de la anteriormente nombrada chica.

—¡Padre! Tú también estás gritando, eso es injusto! —. A pesar de estar divididos por paredes e incluso en diferentes pisos, ambos podían escucharse perfectamente debido a sus especialmente ruidosos gritos, situación que no fue desaprovechada por la chica, que con un juguetón y sarcástico tono pronunció las anteriores palabras.

—Hmph! ¡Cómo sea, señorita! Solo prepárate para ir ya a la escuela —. Un especial tono gruñón era más que notorio en esa última frase por parte de tal hombre en la habitación de abajo, el padre ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones de todas formas así que lo tomó con calma, si es que eso se podría nombrar "calma".

—¡Muy bien! Sólo no me grites así o vamos a tener que llamar nuevamente al otorrinolaringólogo —. «Dios, pude pronunciarlo a la primera, eso sí que es un logro, jaja!»

Luego de esas juguetonas palabras y una risita, aquella chica de larga cabellera rubia daría un salto de cama para ponerse de pie, su gran energía era más que notoria pues tomó un uniforme perfectamente doblado de una silla de madera frente a ella, tal pulcritud no era propia de ella, eso ya que el uniforme fue colado ahí la noche anterior por su madre, ya que Adeline lo había olvidado completamente. «Es cierto, ayer olvide traerlo a mi cuarto, dios, no sé qué haría sin mi madre»

Estaba agradecida, pero eso no evitó que ella se golpeara levemente la frente con su palma con una expresión de vergüenza. Al final terminó colocandose la vestimenta en tiempo record, pasando luego a tomar una mochila semi vacía del suelo para colocarsela de forma apurada. Luego, con fuerza la puerta de la habitación se abrió de un portazo, siendo la misma Adeline que se apresuró a salir del cuarto y bajar las escaleras, estando cerca de tropezarse por un momento. Al bajar vió a sus padres con la comida en la mesa, aún ellos esperando a sus hermanos menores que seguían profundamente dormidos aún con todo el escándalo que se había montado.

—Guten morgen padres! Lo lamento pero yo me llevo esto, no puedo permitirme llegar tarde a mi primer día de clases —. Habló con un tono euforico y travieso, razón por la cuál tomó una rebanada de pan blanco de la mesa y le colocó un puñado de ensalada junto a un huevo hervido y metió toda la comida a su boca, quedando sus mejillas como las de una ardilla con sus nueces. Saliendo de casa con paso acelerado hacia las afueras de la granja en la que vivía, resaltando bastante que la chica tenía una gran condición física pues recorrió en tiempo record aquél terreno, aproximadamente recorriendolo a unos 20 km/h.

—¡Espera! No salgas con la comida en la b-... ugh, cómo sea ¡Qué te vaya bien, cielo! —. Su madre trató de detenerla con una preocupada expresión en sus palabras, pero antes de que se diera cuenta la chica ya se encontraba bastante lejos.

—Hmph.. No sé cómo es que nos convenció de cumplir su capricho, aunque.. no voy a negar que es lindo verla feliz, está tan emocionada que aún faltando una hora ya quiere llegar a la escuela, solo espero no se meta en problemas como siempre —. Su padre mostró cierto tono de alegría y satisfacción en sus palabras, siendo algo curioso ya que su expresión siempre parecía ser la de alguien enfadado.

—Parece que a alguien se le ablandó el corazón, cariño —. También se notaba con cierto entusiasmo y felicidad, así que le hizo notar a su esposo de el tono con el que había hablado, soltando una risita mientras se tapaba la boca con su mano.

—Grrr... ¡Jaja! Supongo que tienes razón, Querida —.

Regresando con Adeline, sabiendo que la granja se encontraba cerca del extremo de la ciudad contrario al de ella, empezó a tomar un ligero impulso, para que luego de eso tomara aún más velocidad que antes, entrando en una carrera consigo misma donde ninguna fuerza humana en el mundo que podría llegar a pararla. Personas, mascotas, árboles, tráfico, no se detenía por nada del mundo a pesar de estar consciente de lo que tenía en frente, incluso a veces esquivaba de pura suerte los obstáculos que se le presentaban. Eso al menos hasta que justo antes de una gran calle con mucho tráfico, vió a una anciana bastante bajita y probablemente de una edad bastante avanzada.

«¡Espera! Adeline, tenemos que ayudar a esa pobre anciana». Pensó para si misma, frenando de pura suerte justo al lado de ella y antes de entrar en la autopista.

—¡Buenos días, señora! ¿Necesita ayuda? —. Notó cómo es que la anciana mostraba una expresión de preocupación bastante grande, cosa suficiente para hacerla decidir que debía ayudar sin ninguna duda. Así que usó un tono alegre en sus palabras que fue acompañado por una calida y energética sonrisa de par a par.

—Oh querida, eso sería muy dulce de tu parte.. este tráfico últimamente ha estado más salvaje desde que la ciudad ha crecido y difícilmente puedo pasar.. —. En su voz ya se notaba bastante la edad y el cansancio, sin perder un cálido tono dulce característico de las abuelas. Decidiendo aceptar la ayuda por parte de Adeline.

—¡No se preocupe señora! Aquí presente tiene a la chica que la ayudará, tomeme del brazo —.

Y así fue, la mujer mayor se sostuvo del fornido brazo izquierdo de Adeline apenas con la fuerza suficiente para no safarse.

—Eres muy amable señorita, te agradezco de antemano..—.

—¡Claro! No se apure, señora—.

Dichas esas cálidas palabras por parte de la abuelita, ambas avanzaron por la carretera una vez que está se puso en verde para los peatones, teniendo un paso lento, Adeline adaptó su energía incontrolable al calmado paso de la señora, eso aún si iban lentas hasta el punto de que a la mitad del recorrido el semáforo peatonal regresó a rojo.

«Vaya, qué amables. Los conductores comprenden la situación». Pensó eso agradecida, al menos hasta que un conductor molesto de la multitud tocó el claxon con tal de apurarlas, en el proceso haciendo que la señora dé un pequeño salto del susto. Gesto que Adeline no dejó pasar en lo más mínimo, así que sin dejar de caminar se volteó a tal auto en la multitud ya que era el único que emitía ruido.

—¡HEY! Imbécil, fick dich! —. Acompañado a esas palabras de notoria energía irascible, hizo un gesto de saludo inverso con la mano frente a su misma cara, demostrando lo molesta que estaba. Cosa que aún si probablemente no fue entendida por el conductor del auto, este respondió pitando más fuerte, así que Adeline dejó de prestarle importancia y siguió a su ritmo con la señora, sobre todo ya que antes de darse cuenta llegaron al otro lado de la calle sanas y salvas. En ese mismo instante arrancando los autos detrás de ellas.

—Bah! Qué grosero era ese tipo, pero.. en fin, ya estamos aquí, señora! —.

Como último gesto, acompañó su comentario y aprovechando que tenía una pequeña jardinera al lado suya, tomó una flor que aún era un capullo pequeño, arrancandolo y dándoselo a la abuelita—. Tome, señora! Un regalo de mi parte —.

Para cuando le dió tal capullo, de una forma inexplicable ya se había convertido en una flor totalmente crecida y de un tono violeta realmente hermoso.

—Eres muy amable pequeña, gracias por la ayuda.. —. Tomó encantada la flor, notandose la gratitud en sus expresiones sin necesidad de más palabras.

—¡No hay de qué! Pero con permiso que se me hace tarde, buen día! —. Seguido de aquellas enérgicas palabras, Adeline nuevamente retomó su carácteristica energía y comenzó a correr de una forma bastante energizante con una velocidad gradualmente más veloz, cada vez llendo más rápido mientras podía divisar que la escuela cada vez estaba más y más cerca.

—Ya estoy demasiado cerca, no puedo permitirme parar ahora! —.

Más sin embargo, la emoción del momento y sus palabras la hicieron totalmente ignorante de que frente a ella en la acera de la calle se encontraba un hombre de una aproximada mediana edad que llevaba una gran carreta llena de cajas grandes, pareciendo que le costaba moverlas por el peso, y lo peor es que cada vez estaba más y más cerca de ella. Al momento en el que se dió cuenta fue demasiado tarde.

—¡Con cuidado, señor! —. Trató de frenar para evitar lo inevitable, claramente inútil pues terminó en un choque con el mismo y con ambos en el suelo y algunas de las cajas tiradas con el contenido tirado.

—Aishhh... ughhhh ¡Niña! ¿Acaso no te fijas por dónde vas? —. Aquél curioso señor según recuperó la consciencia puso una mano en su cabeza, tratando de aliviar el dolor mientras recriminaba a su contraria por el incidente.

—Uhhhh... Mi cabeza.. lo siento mucho señor, u-uhhmm, déjeme ayudarlo —. Se notaba la vergüenza por lo ocurrido, lo cual la llevó a que según pudo levantarse, al instante y sin tanto esfuerzo comenzó a recoger parte del material salido aún si era pesado, regresandolo a sus respectivas cajas, dándose cuenta que el variado material de las cajas era bastante curioso, parecía ser que habían barras de metal bastante pesadas y de buena calidad, tornillos y pernos además de bastantes circuitos y cableado, parte del material siendo dañado.

«Qué interesante, me pregunto, ¿Este señor será un mecánico o algo parecido? Dios, espero no haber arruinado algo importante» Se aterró totalmente por la idea de haberle arruinado el día a una persona, más si era alguien que estaba en proceso de algo importante.

Eso hasta que fue regresada a la realidad por unas furiosas palabras provenientes del hombre.

—¡Imbécil! Deja ahí ya, mira lo que me hiciste perder, ugh.. me costó bastante dinero todo esto —.

Adeline perdió toda la lástima que le tenía al hombre al haber sido insultada a pesar de que se mostró arrepentida, aunque aún con intención de ayudar —. Ugh.. lo lamento bastante, señor, al menos déjeme que lo ayude a llevarlo a su casa ¿Si? —. Ya no tenía un tono amable o avergonzado en sus palabras, era un simple tono neutro y seco.

—¡No, no, no! Tú ya has hecho suficiente, mejor lárgate por ahí y déjame con mis propios problemas, estúpida niña —. Estaba incluso poniéndose bastante rojo, no estaba nada contento por lo ocurrido y se terminó de mostrar con el mismo haciendo una seña, indicando a Adeline que se largue de ahí.

—Claro, señor.. para la otra espero que se encuentre de mejor humor y no rechace la ayuda que le dan —. Ese último comentario salió con un gran disgusto ya que a pesar de que ella sabía que era su culpa, no iba a permitir que la tratarán de rebajar.

—Lo que tú digas, niña —.

Luego de ese comentario en tono bastante gruñón y sin ningún arrepentimiento por parte de tan extraño sujeto, ella simplemente pasó a retirarse del lugar y apenas prestando atención al aspecto del hombre, pareciendo vestir una bata de laboratorio y portar un cabello muy descuidado y desalineado.

«Uhhmm... Qué extraño hombre, su vestimenta es demasiado peculiar, espero que no sea alguien peligroso con esos humos que lleva».

Cuando ella ya estuvo lo suficientemente lejos, sin darse cuenta finalmente había llegado a su destino, las puertas de la Preparatoria Técnica de Hakamori —.¡Oh! Cierto! No debo dejar que esto arruine mi día, esto solo mejora a partir de ahora! —.

Parecía que había olvidado por completo el anterior hecho, pues felizmente entró por las puertas del edificio aún con media hora de antelación antes de que las clases comiencen.

«No te preocupes, mocosa, en el futuro podrás ser útil y pagarás por el dinero que me hiciste perder»