Por lo temprano de su llegada, Adeline pudo darse el lujo de explorar el edificio sin casi restricciones ni distracciones, admirando lo diferentes y limpias que eran las instalaciones en Japón.
—¡Woah! Aquí todo es bastante!... ¿Genérico? No sé, al menos me da esa impresión..—.
No se dió cuenta que el comentario lo dijo en voz alta, gracias a eso dándose cuenta que al final de un pasillo, en el marco de la puerta del salón una curiosa chica la observaba solamente asomando su cabeza, siendo apreciable a simple vista una corta caballera que llegaba hasta los hombros color rojizo, acompañado de un tono de piel medianamente oscuro.
—Ohhhh ¡Buenos días! Tú tampoco eres de Japón ¿No? Un gusto, soy Adeline, Adeline Hoffman —. Alegre y curiosa se fue acercando hacia ella con una sonrisa deslumbrante.
Aunque, paró en seco bastante atónita al ver cómo es que la chica no dió respuesta e incluso dejó de asomarse, entrando completamente al salón de clases.
—Uhmm.. ¿Eres tímida?.. ¡Ah! Lo siento si te ofendí con mi comentario, no quise supo...—.
Inclusive fue silenciada de sus palabras al escuchar cómo es que era dado el timbre de la escuela, dando por iniciada la jornada escolar, con ella empezando a llegar más chicos listos para tomar sus clases.
«No importa, supongo que luego podré conocerla.. bueno! Debo de llegar a mi salón, no quiero dar una mala impresión en el primer día» Dicho y hecho, se puso en marcha hacia su salón que no quedaba muy lejos de ahí, saludando a todos por el camino. Una vez en el sitio, conforme se iba llenando el lugar fue hablando y saludando a todo el mundo sin ninguna complicación o anomalía. Pero, una vez llegó la profesora de la clase, ella fue la encargada de presentarla formalmente.
—Alumnos, como habrán podido darse cuenta, a partir del día de hoy hasta el fin del ciclo escolar tendrán una nueva compañera de clases —. Dijo aquella mujer de una edad avanzada con gran tono de autoridad en su voz, buscando con su cansada vista a la recién llegada Adeline, hasta finalmente localizarla.
—Señorita, puede pasar al frente y presentarse a la clase—
Adeline no dudó ni un momento en levantarse de su asiento, pasando hasta la pizarra y en frente de toda la clase. —¡Buenos días, compañeros! Mi nombre es Adeline Hoffman y vengo de Alemania, mi color favorito es el verde olivo y mi comida favorita es el Schnitzel!—.
Aún cuando nadie había preguntado nada, ella siempre tenía el gusto de presentarse al completo ya que ella creía que así sería más fácil formar lazos e interés. —¿Alguno tiene una pregunta? Responderé gustosa a cada una!—
Prontamente el salón comenzó a llenarse de compañeros levantando la mano ante ella, y justo estando lista para comenzar a responder preguntas, fue interrumpida por un curioso chico en la puerta del salón.
—Uhmmm.. lamento mucho haber tardado.. ¿Puedo pasar, señorita Miyamoto? —. En su voz se notaba un enorme nerviosismo y timidez al pronunciar las palabras, estando apenado por la hora de llegada y más aún en el primer día de clases.
—Higashikata Jo ¿Qué son estas horas de llegar? ¿Acaso no le da vergüenza en el primer día de clases?—.
—Uhhmm.. lo siento mucho, es que tuve unos cuantos contra tiempo y...—.
—¡Sin excusas! Lo dejaré pasar está vez solo porque su nueva compañera se está presentando—.
Mientras esa pequeña discusión se llevaba acabo por la estricta mujer y el atemorizado joven, la cabeza de Adeline estaba llevando a cabo otro tipo de primera impresión. «Santa mierda... ¿Quién es él? Todo ojeroso, parece un muerto viviente, como si solo comiera una vez al día... ¡Es hermoso!». Un enorme sonrojo se formó en su rostro tan solo por haberlo visto. Estaba totalmente perdida en sus pensamientos.. se podría considerar un amor a primera vista
—¡Señorita! Ya puede continuar con la presentación —.
Adeline fue devuelta a la realidad por el grito de su maestra, dándose cuenta que se había perdido por un minuto completo y que aquél chico ya se encontraba sentado hasta el fondo del salón en una esquina, teniendo una mirada desanimada y desinteresada —. Ah! Ajem. Claro, lo siento, señorita ¿Quién tenía dudas?—.
Trató de olvidarse de su sonrojo y seguir presentandose a la clase. Pero desde ese momento no pudo sacarse al chico de la cabeza, así que según dió el timbre que indicaba la hora de comida, ella observó atentamente a dónde iría el chico con la intención de hablarle, viendo cómo es que mientras todos salían él se quedaba en el mismo lugar, casi pareciendo una piedra. «¡Bien! Es mi momento»
Una vez todos salieron del salón, no tardó ni un segundo en acercarse hasta él, con su ya típica sonrisa e intentando esconder su sonrojo en las mejillas —. ¡Hola, hola, caracola! ¿Te llamabas Jo Higashikata, cierto? Creo que no alcanzaste a escuchar mi nombre, soy Adeline Hoffman y ahora seré tu nueva compañera de clase, jeje—.
Ante aquella presentación, el angustiado chico pálido no pareció estar muy contento con la presencia de la chica. Todo lo contrario, pareció pasar de un estado relativamente calmado a uno un poco nervioso —. Ah.. si, hola... Uhmm... Soy Jo y eso, pero.. creo que debería irme..—.
Se levantó de su silla que antes parecía estar pegada a él y trató de irse del salón con un torpe caminar. Sin embargo, este mismo fue detenido por Adeline, la cuál colocó una de sus manos en su hombro.
—Oye, chico.. desde que llegaste al salón he notado que tienes una expresión poco convencional y no creo que sea por buenas razones... Sé que soy una desconocida, pero ¿Te gustaría hablar de eso?—.
Al escuchar eso, volteó anonadado y pudo observar una cara de preocupación en Adeline, él no podía determinar con exactitud si era una expresión genuina desde su perspectiva, pero algo de lo que estaba completamente seguro era de que esa era la mayor muestra de preocupación que habia recibido por alguien ajeno a su familia.
Aún con esas, adoptó una posición listo parar correr, pero quedándose quieto y callado por unos 10 segundos, como si esperara a que algo o alguien no se manifestara. Ante la negativa de sus sospechas, se tranquilizó.
—¿Qué ocurre? Parece como si hubieras visto a un fantasma, jaja —. Soltó una pequeña carcajada juguetona ya que ciertamente, Jo tenía una expresión que le resultaba graciosa.
—Ahmmm... ¿de verdad..? ¿No te importa perderte la hora de la comida para hablar conmigo? Vi que eres popular y creo que hay mejor gente en la que invertir el tiempo..—.
—¡Tonterías! Cualquier persona que no sea un cretino para mí vale la pena, y tú no pareces ser uno de ellos—. Soltó una pequeña carcajada al terminar la oración.
—Oh, bueno.. entonces supongo que es una buena idea..—.
—No tienes que suponer nada, vamos, hay que sentarnos, pequeño—.
Ambos chicos regresaron a las bancas y cada uno se sentó en una, tomando Adeline la iniciativa.
—Y dime, ¿Qué cosa te tiene tan angustiado? Pequeño —. Un tono de calma y amabilidad era palpable en sus palabras.
—Tal vez sea algo fuerte para iniciar, pero dime... ¿Tú le tienes miedo a algo..? Ya sabes, miedo de verdad, algo que te haga tener una sensación sofocante y un escalofrío que te llegue hasta los huesos.. —. Pareciera que la timidez no podía abandonarlo en ningún momento, pero eso no evitó que su voz se tornará con un tono más serio aunque quebradizo al mencionar eso.
—... ¿Un miedo? Hmmm... Yo diría que no, no al menos como lo describes —. En su palabra hubo duda, pero luego la llenó de seguridad al pronunciar su afirmación.
—Ya veo... Entonces diría que eres una afortunada, podría decir que casi todo ser humano en este mundo teme a algo a mayor o menor medida, puede ser a algo tan banal como a un insecto así como a algo coherente como la muerte. Todos tememos a mayor o menor escala a algo...—.
—Aunque ¿Sabes? Yo veo el miedo de cierta forma, para mí el miedo es como un virus, es algo que ataca a tu cuerpo y busca apoderarse de él y es más letal en aquellos con defensas débiles, así que lo que debes hacer es erradicarlo completamente, curarte de él! —. Mientras explicaba su punto de vista, comenzó a tomar un tono de felicidad y confianza que crecía cada que avanzaba en su palabra.
—¿Un virus..? Vaya, eso sí que suena interesante, parece que tienes un punto..- Estaba bastante interesado por esa interpretación.
—Y tú ¿A qué le tienes miedo? Parece ser que es algo que te tiene muy preocupado para estar con esa cara —. Estaba curiosa por el comentario del contrario, pareciera ser que era un tema el cual tenía como mínimo algo de experiencia.
—¿Ah..? Bueno, ehmmm... ¿Cómo decirlo...? —. Dejó un poco el tono serio y volvió a uno asustadizo, pareciera que de verdad no le gustaba el tema —. Una.. una maldición, no podría decirte bien lo que es porque no me creerías, pero.. podemos decir que es una maldición con la que nací, es algo que cuesta procesar a la primera¿Sabes..? Aunque, estos símbolos de mis manos son como parte de ella.. —. Mostró unos símbolos en forma de un sol en el metacarpo de la mano, parecían ser tatuajes.
—¿Estás diciendo que eres algo así como un niño maldito, y más encima con tatuajes?—.
—Si, básicamente si.. —. Contestó algo apenado, creyendo que su contraria lo tomó por loco.
—No entiendo muy bien a lo que te refieres, pero ¿Sabes una cosa? Ahora somos amigos, así que sería mejor si dejas de pensar tanto en eso y nos divertimos, creo que no te vendría nada mal una forma de curarte de ese virus ¿No? —. Formó una gran sonrisa en su rostro mientras tomaba su hombro de forma confiada y vivaz, su alegría era algo contagioso.
—ahh..! ¿Amigos..? ¿lo dices de verdad? Creo que jamás había tenido antes un amigo. Aunque lo que me pides es un poco difícil... Creo que podría intentar —. Hubo duda en su afirmación, pero aún así trató de despejar sus malos pensamientos. Al final, lo que terminó por distraerlo fue el escuchar el rugir hambriento de el estómago de Adeline.
—¡Jaja! Mira eso nada más, oye, amigo nuevo ¿Te molesta si voy por algo de comer para ambos? Tú puedes quedarte aquí si no quieres ir —. Se levantó de la silla y observó con curiosidad a Jo esperando su respuesta.
—Oh, claro, ja.. creo que algo justo por haberte quitado tu tiempo hablando conmigo ¿No? Y no te preocupes, yo me quedaré aquí —. Se podía notar mayor tranquilidad en su habla, ya no estaba ni la mitad de quebradizo que antes.
—Entiende que no me quítate el tiempo, tonto! Pero, ¡Perfecto entonces! Me alegra verte un poco más feliz, prometo no tardar! —. Un tono juguetón y alegre fue notorio en sus últimas palabras, dichas mientras salía de la habitación y se dirigía al comedor de la escuela.
Jo se notaba un poco más relajado del estrés anterior gracias a la plática y presencia de Adeline, tanto que se sintió con la libertad de dar un suspiro liberador para cerrar los ojos y disfrutar del silencio casi absoluto de la habitación.
—Vaya, vaya, vaya ¿Pero qué tenemos aquí? Tú eres Higashikata ¿Cierto? Higashikata Jo, hemos escuchado cosas de ti, y ninguna buena —.
Jo abrió sus ojos y frente a él vió a dos chicos que parecían ser de mayor edad a él, jamás los había visto en su vida, pero sus intenciones eran de suponer —. Uhmm... Si, soy yo.. ¿Qué quieren? No tengo nada que les pueda ofrecer.. —. Un tono de timidez fue lo que lo condenó a que sus contrarios terminaran de identificarlo como un blanco fácil.
—Ohhh ¿De verdad? Yo creo estar bastante seguro de que tienes mucho que ofrecernos, amigo —. La malicia se podia sentir en el aire.
Jo se libró de dudas y supo que no venían con intenciones precisamente amistosas —. No.. de verdad lo digo, no creo que sea muy conveniente que se metan conmigo.. ahhh.. no en mal plan ¿saben..? —. Al estar esquinado en el salón, no tenía un lugar seguro al que poder correr como era habitual, eso le daba desventaja total.
—Awww ¿Escuchaste al pequeño bastardo?.. Cállate, no te estamos pidiendo opiniones. Así que es así de sencillo, mir..—.
—No, no, de verdad, uhmm... Deben alejarse lo antes posib..—.
—¡No interrumpas, ¡escoria!.. Mira, como decía, puedes hacerlo rápido e indoloro, o hacerlo doloroso hasta que ya no quieras estar en esta escuela, maldito fenómeno ¿Qué acaso no te da el sol? Estás más pálido que la mierda —. Ambos se intercalaron para pronunciar esas palabras, acercándose amenazante aunque de forma lenta.
—Ahhh.. No, oigan, alejense... ¡ALEJENSE! —. Lentamente, su voz comenzó a tornarse quebradiza e histérica, cosa que los bully tomaron como simple debilidad... Sin embargo. Los tatuajes de sus manos estaban cambiando de manera inexplicable, pareciendo que ahora tomaban la forma de una media luna. Además, algo estaba manifestándose justo desde la espalda de Jo, una figura humanoide.. una ciertamente enorme, junto a ella, el aire en la habitación se heló, aquella cosa tenía una presencia muy pesada.
—¡Hey!, Chicos grandes ¿Qué acaso jamás les han dicho que se metan con uno de su tamaño? Aunque, ciertamente yo soy más grande que ustedes y eso lo haría algo más injusto.. ¡Pero no importa eso ahora! —. Para fortuna de Jo, detrás de él y aquellos chicos, justo en la entrada del salón apareció Adeline, dejando dos bandejas de comida que tenía encima de una banca, justo a tiempo pues ante la aparición de la chica, la gigantesca y fantasmal figura terminó por desaparecer, junto a ella todo esa mala vibra.
—¡Jajajaja! Mira eso ¿Qué acaso llegó la novia a defender al bastardo? Qué conmovedor —. Ambos voltearon y postraron su atención ante la chica, pareciendo no verse intimidados por el hecho de que sea más alta o musculosa.
—¿Novia? Nah, aún no al menos.. ¡Bueno! Lo importante, váyanse por dónde vinieron y lo dejaré pasar está vez, pequeños busca problemas —. Quedó un poco sonrojada por las provocaciones de los chicos, aunque fue un sentimiento rápidamente ignorado para comenzar a manifestar un tono desafiante.
—¿Crees que nos vas a intimidar con esos brazos y la ventaja de tamaño? Nosotros tenemos la ventaja numérica, imbécil extranjera! —. Se acercaron ambos a la vez a ella, como si por separado no fueran nada.
Estando a una posición adecuada, ambos pareciendo no tener honor atacaron, uno tratando de posicionarse detrás de ella para someter sus brazos, mientras que el otro trató de propinar un golpe con su puño izquierdo hacia la quijada de la contraria.
—『Bad Romance』—. Fue lo único que salió de la boca de Adeline, teniendo un tono bastante desafiante, justo antes de que, debajo de aquellos chicos empezarán a manifestarse lo que parecían ser raíces, junto a ellas una gran figura que parecía imitar a un espantapajaros por su pose, las raíces crecieron rápidamente hasta atrapar los pies de los chicos, haciendo a ambos tropezar y caer al suelo, ya que, pareciera que ellos no podían verlas y tampoco a aquella figura. Pero Jo sí que podia.
«Asi que tú también tienes uno... Creo que entonces lo lograste ver...» vió asombrado aquella habilidad, y aún más asombrado de que la presencia detrás de él se haya dejado de manifestar.
—¡Gah! ¿Qué mierda es esto? Algo se me enredó al pie!—.
—A mí también! ¿Qué carajo?—.
—Yo se los advertí, chicos —. Dijo confiada y con un peculiar tono alegre, ganaba satisfacción al poner en su lugar a personas como ellos —. Pero claro que aquí no acaba, queridos—. Más raíces comenzaron a brotar del suelo y terminaron por atrapar completamente los cuerpos de ambos, dejándolos cubiertos de raíces.
—¡Ahhh! Está bien, está bien, nos rendimos! Solo déjanos levantarnos, ugh.. —. Ambos parecían estar sufriendo, pero no de dolor físico, si no del esfuerzo que estaban haciendo al tratar de levantarse, pues no entendían qué cosa los tenía pegados al suelo. «¿Qué clase de fenómenos son estos dos sujetos?» Fue un pensamiento compartido de ambos muchachos.
—No,no, pequeños busca peleas, ustedes aún deberán quedarse ahí un tiempo, y más les vale aprender o si no esta no será la última vez, incluso puede que los deje en el techo a la próxima. En cuanto a ti, Jo ¿Qué te parece si vamos a comer a otro lado? Yo te cuido de los chicos malos —. Guiñó un ojo, extendiendo su mano e invitándole a irse de ahí, riendo un poco al escuchar los gritos enfadados por parte de los dos chicos ahí tirados.
—Aaaah.. claro! Vámonos, jeje.. —. Pasó justo al lado de los chicos atrapados en las líneas, cuidadoso de no pisarlos, para después salir del salón de clases junto a Adeline.
—Ehmm.. ¿Y cuánto van a durar ahí atrapados? —. Comentó eso bajando las escaleras con un tono ligeramente preocupado.
—¿Oh? No te preocupes, cuando salgan de mi rango las raíces desaparecerán por si solas —. Estaba despreocupada totalmente, llevando su bandeja y la de Jo.
—Oh.. bueno—.
Luego de ese pequeño incidente, el resto del día transcurrió con absoluta normalidad. Las clases fueron mucho mejores para ambos chicos y ya no hubo nadie que tuviera las agallas de molestar a Jo. Al final del día, aproximadamente a eso de las 2 de la tarde, Ambos muchachos estarían justo en el patio delantero, saliendo de la escuela y listos para regresar a casa.
—Entonces tú vives en una granja ¿No es así..? Debe ser duro el trabajo ahí..—.
—Bueno, tal vez al inicio puede serlo, pero créeme que con el tiempo te acostumbras! Además, claramente no lo hago sola, están mis padres, mis 4 hermanos menores y también ahí un chico que trabaja ahí, pero no es muy hablador que digamos.. incluso mi padre dice que no sabe mucho de él —. Comenzó la oración con un tono vivaz, el cual se fue apagando mientras más avanzaba, como si lamentara algo
—Pero eso no importa, dime ¿Tú vives lejos? Hoy casi no llegas a la escuela, tal vez vives hasta la punta de la ciudad como yo —. recuperó un tono neutro con matices más alegres.
—Ah... yo.. claaaro, si, vivo super lejos.. —. Ganándole la vergüenza, trató de disimular la ironía de sus palabras con una mentira.
—¿De verdad? Qué pena, pensé que sería buena idea que vengamos juntos a la escuela ya que estamos ¿Quieres que te lleve? —. Su pequeña inocencia de creer en él la hizo ciega a la obvia mentira.
—Es muy amable de tu parte, pero hoy llegaré primero a casa de un.. amigo, no sé si se le pueda decir así como tal, pero es similar a eso.. —. Pensó un poco antes de referirse a tal persona así, pero más bien en un buen sentido pues parecía estar feliz hablando de tal sujeto.
—Bueno, bueno, no hay problemas, ya nos veremos mañana ¿No?- Dijo mientras caminaba lentamente a la dirección donde había que dirigirse para llegar a la granja, siendo está el norte.
—Claro, y muchas gracias por toda la ayuda que me diste el día de hoy, nunca pensé que podría tener a una amiga.. —. Al ver la acción de la chica, él lentamente comenzó a caminar en dirección contraria, pues en esa dirección se encontraba su destino.
—Oh, no tienes que agradecer por eso, querido!—. Soltó una pequeña risa juguetona —. Y... Jo —. Se paró en seco, pero sin voltear a verlo, logrando la misma reacción en el contrario.
—Yo también la ví, ví a lo que te refieres con tu "maldición".. hablemos luego de eso ¿Te parece? —. Dijo para reanudar su marcha, podría notarse un poco el temor en su mirada, un temor que estuvo tratando de ocultar desde que vió aquella cosa, el aura era más que pasada, pudo darse cuenta al instante que fuera lo que fuera "eso", no era nada bueno.
—Ahhh.. Claro, ya veremos...—. Reanudando su caminar al unísono con ella, quedó un poco avergonzado, ya que aunque ella lo ocultara él estaba más que seguro que ella estaría como mínimo un poco asustada por lo que vió.
De cualquier forma, ambos siguieron sus caminos, y aproximadamente a unos 10 minutos de camino de la escuela, Jo llegaría a una pequeña casa entre los suburbios, una casa que parecía tener un aspectohumilde y anticuado por fuera, sacando unas llaves de su pantalón, usando una de ellas para abrir la puerta.
—¿Oh? Buenas tardes, Jo ¿Qué tal estuvo tu primer día de escuela? —. Una avejentada pero calida voz masculina fue lo que lo recibió.
