Dulzura
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¿Qué es un beso robado?
La pregunta surge en mi mente mientras descanso junto a un árbol y tú estás a mi lado clasificando las hierbas que has recolectado en el campo este día.
Puede que sea el tipo de beso que te doy cuando te abrazo por la espalda y pongo mis labios en tu mejilla; en ese momento noto la sorpresa en tu voz y en la reacción de tu cuerpo cuando se tensa durante un instante, para luego ir cediendo a mí. O quizás sea la clase de beso que te doy en la oscuridad y sólo me reconoces con los labios. Puede que se trate del beso que te doy por la mañana, cuando estás apenas despertando y se te corta el aliento. También he pensado que podría haber sido ese beso que te di en la colina el día que regresaste de tu tiempo y yo me sentía tan feliz que simplemente te besé.
Ahora que lo recuerdo me humedezco los labios. Tengo en mi memoria la mayoría de los besos que he comenzado a darte, del mismo modo que evoco los que tú comienzas. Luego, cuando los besos se vuelven intensos y confundimos el inicio y el fin de ellos, dejo de contarlos.
Probablemente ese fue un beso robado, porque caminabas conmigo por la ladera que da a esa alta saliente que nos permite ver la aldea y los campos de arroz. Habías mencionado lo mucho que extrañabas esa vista durante los tres años que pasaste en tu tiempo y que deseabas estar ahí nuevamente. Recuerdo que te ofrecí llevarte a mi espalda y tú me miraste de ese modo tuyo que mezcla lo dulce de tu carácter, con lo imponente de él. Tomaste mi mano y expresaste tu deseo de caminar y de ese modo ambos lo hicimos y ya no pude soltar tu mano en largo rato.
Cuando finalmente llegamos a aquella saliente todo tu mundo se amplió, lo vi en la hermosa dulzura que brillo en tus ojos. Debo reconocer que en más de una oportunidad pienso que has renunciado a mucho de tu mundo para quedarte aquí conmigo, sin embargo, recuerdo la dulzura y el brillo de tus ojos ese día y comprendo que aquí tu espíritu se expande. Fue esa visión maravillosa la que me llevó a inclinarme hacia ti sin aviso y tocar tus labios con los míos. Debo reconocer que no fue un beso tímido, al contrario, fue un beso destinado a mostrarte lo mucho que te había extrañado. También recuerdo que te costó responder, te tardaste justo el tiempo que abarca un corto pensamiento, y entonces con tus manos buscaste mi ropa y yo busqué tu espalda para darte apoyo.
¡Kami! ¡Cómo necesitaba ese beso!
En este momento me miras como si mis propios recuerdos te llamaran y veo en tus ojos la misma dulzura, el mismo brillo. Me incorporo y te robo un beso; no lo pienso demasiado, no necesito hacerlo.
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Anyara
