Iridiscencia

.

Existe algo sutil en una burbuja de jabón, algo hermoso y perfecto en su forma, color y corta existencia.

Esas habían sido las palabras de Kagome cuando me habló de lo mucho que extrañaba las burbujas de jabón. En ese momento no lo entendí del todo, sin embargo ahora que la contemplo, sí.

Comenzó contándome la forma en que al lavar la ropa en el río una burbuja pequeña se había creado y el impulso de su propio movimiento sobre la tabla de lavar, la había alzado un poco más arriba de su cabeza y el sol había reflejado tantos colores en ella que no podía mencionarlos todos. Le dio un nombre a aquello, con una de esas palabras que ella trae de su época y que a mí me gusta tanto escucharle. Muchas veces le digo que no las entiendo, para que las repita y yo me deleite al oírlas nuevamente en su voz.

Ese día le pedí que me explicara cómo era aquello con que se hacían las burbujas de jabón y Kagome me dibujo en una de sus hojas que tenía para los pergaminos, algo redondo como un aro sostenido por un manguito estrecho y me explicó que no era más grande que su mano. Dijo que con ello sosteniendo el agua jabonosa ella solía soplar y crear burbujas.

Ese día, hoy hace una semana, me llevé ese dibujo y se lo enseñé al hombre de la aldea que talla la madera y le pedí que me hiciera algo así.

Esta mañana le hice el amor nada más despertar; es lo que tiene el otoño, invita a dormir hasta que el sol se asome, cada día más tarde, en nuestro caso aprovechamos esas horas extras en reconocernos, otra vez, una vez más. Kagome tenía todos esos matices de rosa en las mejillas y yo le mostré aquello que hizo el hombre de las maderas, ella abrió mucho esos hermosos ojos castaños que tiene y se le llenaron de lágrimas.

No, por favor, no quiero que llores —le dije, intentando consolar una emoción que no entendí al principio y que luego supe que era agradecimiento y amor. Lo entendí cuando ella me hizo el amor a mí.

Ahora la contemplo, con aquel vaso de madera que llenó de jabón y soplando a través de esa boquilla de madera que le di esta mañana. Sus ojos se iluminan cada vez que consigue que varias de esas burbujas se abran paso en el aire. Los colores son hermosos, tal y como Kagome lo había descrito; sin embargo, para mí la belleza la pone ella, con su alegría y con la sonrisa que adorna esa boca suya que de seguro besaré hasta el agotamiento cuando llegue la noche. Ahora mismo sólo quiero llenarme de los detalles de su presencia, esa que anhelé tanto, por tanto tiempo.

En este momento ella me mira y creo que el mundo tiene sentido a través de sus ojos. Señala las múltiples burbujas que ha creado con un solo soplido suave, y me dice:

—¡Mira, InuYasha, la iridiscencia!

Ahí está la palabra.

Yo sólo puedo mirarla a ella.

.

N/A

Qué maravillosas son las burbujas de jabón.

Por estos días se las hago a mis gatitos y ellos me las piden con sus maullidos amorosos.

Gracias por leer y acompañarme

Besos

Anyara