.

Permanezco sentada en el borde de madera que separa el genkan de nuestra cabaña, del resto de ella, que es la zona en que comemos, en la que dormimos y en la que ahora está la cuna que ya tenemos preparada para ti. Tu padre ha ido por algo de agua fresca para que yo pueda poner los pies. Llevo algunos días en los que se inflaman y el agua fresca me viene bien.

Sonrío cuando te mueves y me quejo despacio, aprovechando que tu padre no está. No le he dicho que en ocasiones tus movimientos duelen un poco, sé que no quieres hacerme daño, es sólo que hay una parte de ti que es como él, tienes su fortaleza y su dinamismo, y a esta hora del día parece que despertaras y la manifestaras con ansia.

Acaricio mi vientre en la zona en que uno de tus pies ha decidido que debe presionar con ímpetu, tal parece que quisieras abrirte paso para salir y comenzar a ver el mundo.

—Mantente tranquila, pronto estarás entre nuestros brazos.

Te acaricio, a través de mi propio cuerpo, sintiendo el enorme amor que despiertas en mí e intentando aplacar el miedo profundo a perderte. Oprimo los labios en un gesto destinado a contener las lágrimas que se asoman por mis ojos y tomo aire.

—No puedo asegurarte el mundo hermoso que quiero para ti, sin embargo siempre velaré por tu bienestar. Y tu padre… oh, deja que te hable de tu padre

Me emociono y continúo con la caricia sobre mi vientre y las palabras.

—Tu padre es el más maravilloso ser que he conocido. Él es fuerte, valiente, decidido y tenaz.

Sonrío y la emoción va en aumento en el momento en que noto como te has relajado dentro de mi vientre. No puedo evitar soñar con que un día te quedarás mirándome con atención cuando te cuente las hazañas que hemos compartido él y yo

—No obstante, intenta no llorar demasiado si no quieres que toda su fuerza se convierta en pesar e inquietud; tu padre es muy sensible, aunque intente ocultar ese rasgo suyo, que es el más amado por mí. Él no permitirá que te pase nada, tú eres lo más importante para nosotros.

Suspiro, cuando siento la presión del temor instalarse en mi pecho.

—No preguntaré con quién hablas —tu padre entra por la puerta, con dos cubetas llenas de agua fresca.

—No necesitas hacerlo —le respondo y él deja las cubetas en el suelo y se acerca a nosotras.

—¿Qué le estás contando? —se inclina para poner su mano sobre mi vientre y sentirte.

—Le cuento más o menos lo mismo que le cuentas tú —sé que él habla contigo cuando cree que aun duermo.

—Son conversaciones privadas entre ella y yo —acomoda un mechón de mi pelo tras la oreja en un gesto próximo que nos conecta siempre.

—Lo sé, por eso no intervengo —le sonrió para que él calme ese inquieto corazón que tiene y que late más fuerte cuando muestra su hermoso mundo de sentimientos.

—Está tranquila —sentencia y continúa con la caricia en mi vientre, acariciándonos.

—Lo está —confirmo.

Tú siempre lo estás cuando él habla de ti.

.

N/A

La idea inicial era hablar de la fuerza de Moroha en el vientre, creo que debía de ser algo mayor que la de un bebé humano del todo. Sin embargo terminé creando este momento y me ha gustado.

Gracias por leer y acompañarme

Anyara