PADRE

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Anoche soñé que mi padre me abrazaba. No era un sueño alegre, a pesar de lo mucho que he deseado por años tener algo parecido al afecto de una familia. En ese sueño me lo encontraba en mitad de un paisaje yermo, como la zona rocosa que hay más allá del gran Fujisan, y lo reconocía aunque nunca he visto su cara.

Un día, no hace mucho, me encontré con un demonio lobo de una tribu lejana y éste dijo que me parecía mucho a mi padre. No hablamos demasiado, él tenía prisa; sin embargo dijo que mi padre era un gran guerrero y que debía de estar orgullosa. Sinceramente, no sé cómo se siente el estar orgullosa de alguien a quien nunca has conocido. Quizás por eso he soñado con él, para verlo al menos en sueños. Una parte de mí, la que todos llaman espiritual, me ayuda a saber cosas y en mi sueño supe que ese hombre a los lejos, en medio del desierto y la roca, era mi padre.

InuYasha, dicen que se llama y ese fue el primer nombre que salió de mi boca cuando lo vislumbré a la distancia. Caminó hacia mí con calma y seguridad. Su pelo era blanco como la nieve del invierno y sus ojos del dorado que toma el sol cuando nace al amanecer. Al llegar frente a mí su ceño se endureció como si contuviese cientos de enfados hasta que estos se condensaron en furia; sin embargo en el iris de sus ojos había una emotividad que me llevaba a ignorar cualquier otra señal. Alcé la mano un poco, lo suficiente como para mostrar mi deseo de cercanía. En el pecho el corazón me latía con la inquietud de quien ha esperado lo indecible para esto y él lo entendió.

No tengo palabras para explicar las tantas emociones conexas que me recorrieron en el momento en que mi padre puso su mano en mi hombro y con la fuerza de quien se conoce, me llevó hacia él y me pegó a su cuerpo. Me quedé muy quieta durante un instante y cuando comencé a sentir el calor de la mano que me sostenía por la espalda supe que podía confiar, que no importaba todo el tiempo de soledad, que en ese momento se acababa el vacío que me había acompañado desde que comprendí que estaba sola. Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas sin que les diese permiso, sin siquiera notarlas, hasta que se me había anegado los ojos. Me refugié en el pecho de mi padre y sentí su total calor y amor. Supe que era un sueño, incluso antes de despertar, sin embargo no quise apartarme de él hasta que mi consciencia me obligó a regresar.

Hoy voy de camino a la zona rocosa que hay más allá del gran Fujisan, por si lo encuentro, por si es cierto aquello que susurró sobre mi cabeza mientras me abrazaba: estamos esperando por ti, Moroha.

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N/A

Este drabble nació de la imagen de InuYasha abrazando a Moroha en el avance de HNY. Sólo diré que no se merecen los años que les han arrebatado.

Besos

Anyara