Amor
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Muchas veces me pregunté que era el amor, supongo que como todos alguna vez lo hemos hecho. Sin embargo, creo que no llegué a entender el universo tan enorme que es hasta que me lo mostrarte.
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—InuYasha, creo que ya debe salir del agua —te indico desde la orilla del río al que te hemos acompañado Moroha y yo a pescar la cena en esta tarde de verano.
Junto a mí está la canasta con las piezas que has conseguido, mientras enseñas a nuestra niña a dar zarpazos y enterrar sus garras en el pez. Para ella es más bien un juego y da manotazos en el agua, mientras ríe. Es de esperar, éste es su tercer verano de vida.
—Venga, Moroha, hay que salir —dices.
La niña no parece escuchar y continúa chapoteando en el agua.
—Moroha —intentas nuevamente y ella vuelve a ignorarte.
La tomas con un brazo, desde la cintura y la levantas para caminar con ella hacia la orilla. Durante los pocos pasos que das, veo que la alegría en su cara cambia a sorpresa y en cuestión de un instante su ceño se arruga, dándole un aspecto enfadado muy gracioso. Lo que resulta menos gracioso es el grito enfurecido que libera nada más tocar la hierba. Se gira hacia ti y te mira desde la escasa altura que alcanza. La veo saltar, gritando mientras te araña el antebrazo que has puesto entre su ataque y tú.
—¡Moroha! —llamo su atención. Tú me haces un gesto con la mano para que me detenga.
Decido esperar para intervenir, aunque debo reconocer que la ansiedad comienza a burbujear en mi estómago. Ha tenido berrinches anteriormente, sin embargo esto supera a cualquiera de ellos.
Te acuclillas delante de ella y contienes un segundo ataque que esta vez llega acompañado por los pequeños colmillos de leche que tiene. La escucho gruñir como si estuviese atacando al más feroz de los demonios y al paso de un momento salta hacia atrás con una elegancia fiera que me recuerda mucho a ti. Te enfrenta gruñendo y mostrando los dientes, sus pequeñas manos permanecen preparadas para lanzarse a un nuevo ataque; sin embargo éste no llega, sólo te lanza un nuevo grito que se va aplacando mientras se le saltan las lágrimas. Mira el suelo y yo te miro a ti que la observas en cuclillas con una expresión de serenidad que me impresiona.
Moroha llora, patea la tierra, toma una piedra y la arroja al río, para luego pasarse el antebrazo por los ojos mostrando su frustración. Te mira y tú respondes a esa mirada inclinando un poco la cabeza y ella baja la suya, te vuelve a mirar, espera y suspira y luego se echa a tus brazos. Tú la recibes y ella suelta el llanto.
Cuando veo cómo la abrazas el corazón se me expande de amor. No le dices nada, simplemente la rodeas y la contienes hasta que el llanto se vuelve sollozo y suspiro.
Ahora ella me mira, cobijada por tus brazos, y yo le sonrío.
Acabo de ver todas las fases necesarias para transformar una emoción: la negación, la rabia, la tristeza y la aceptación. No obstante, y sobre todo, he visto el amor.
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N/A
He visto un video de un padre paciente con su hijo y he necesitado escribir esto.
Gracias por leer y contarme lo que piensan
Anyara
