MUGEN

Tiempo

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—Aquí estaremos bien —digo, al dejar caer las maderas que he podido traer con nosotros.

—Está húmedo —mencionas con cierto tono particular que me hace observarte

—Claro, Kagome. Es una cueva —tienes los brazos algo extendidos como si buscaras los límites del espacio en mitad de la oscuridad.

—Sí, lo entiendo, pero hay más —insistes y un rayo, perteneciente a la tormenta que está cayendo, ilumina el interior de la cueva y le da un particular dramatismo a tus palabras.

Vuelvo a la hoguera que pretendo encender para pasar la noche en este lugar con algo más de calor.

—¿A qué te refieres? —pregunto, mientras concluyo que ya no te refieres al espacio visible para mis ojos de hanyou que, a pesar de ser muy agudos en el espacio físico, no lo son igualmente en el espacio en que tú te mueves.

Te mantienes en silencio durante un momento que me permite comenzar a encender el fuego que poco a poco empieza a dar luz. En ese instante te observo y me sorprendo por la forma profunda en que tus ojos miran las llamas.

—Han sucedido muchas cosas entre estas paredes —comienzas a decir—. Ellas contienen los recuerdos de muchos que han pasado por aquí y de otros que pasarán.

—¿Recuerdos que pasarán? —necesite saber, aquella era una forma muy particular de hablar.

—Sí… —dices y te silencias nuevamente, parece que buscas en tu interior algo más de información.

Yo me mantengo a la espera y ahora que el fuego ha tomado fuerza, me permito observarte en tu calmo y maravilloso estado de concentración. Durante un instante me permito sentir con plenitud el amor que te profeso, el que de un modo muy fuerte proviene de lo luminosa que siempre me has parecido. Y como si se tratara de una alegoría a mis pensamientos, la luz de las llamas crea un cálido color en los brillos de tu pelo.

Te inclinas y tomas una rama de las que tenemos para la hoguera, con ella trazas unos círculos sobre la tierra que hay en el suelo del lugar. Finalmente vuelves a hablar.

—Hay recuerdos de momentos que sucederán. Sé que no es fácil de comprender porque estamos acostumbrados a mirar el tiempo como algo que sucede de forma lineal —comienzas. Yo ya estoy pensando en la forma en que las semillas de tus pensamientos se transforman en árboles que tienen fruto en cuestión de un instante. Entonces indicas tu dibujo—, sin embargo en realidad el tiempo es espiral y cuando leo la energía, sólo estoy mirando hacia arriba o hacia abajo en esa espiral; futuro o pasado —tu voz se ha vuelto clara y nítida como cuando me dices que me amas— ¿Se entiende?

Me encojo de hombros ¡Qué más me da a mí el tiempo!

Me maravillas tú.

—Supongo. Arriba; futuro. Abajo; pasado —indico los puntos de la espiral que has dibujado.

—Eso es —aceptas—. Y esta cueva me habla de nosotros en otros tiempos y universos.

—¿Universos? —te pregunto.

Sonríes.

—Sí, pero eso lo dejaremos para otro momento, InuYasha.

—O tiempo —aclaro.

—Lo vas pillando.

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