MUGEN
Dolor
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La luna está especialmente hermosa esta noche. El cielo permanece despejado y se pueden apreciar muchas estrellas. Las copas de los árboles susurran al paso del viento y mecen la rama del árbol en que me encuentro. Todo podría ser perfecto, si no estuviese aquí confinado por tus palabras.
Duelen. Aun duelen.
No comprendo bien la razón del enfado que ahora tienes. Sólo quería que entendieras que para mí no era problema traer agua del río a diario para proveer nuestras necesidades. Sin embargo, tú seguías insistiendo en lo de un gran recipiente tras la cabaña. No es el momento, estamos en pleno invierno y el agua se congelará si no corre cuesta abajo. El aire frío que ahora me aguijonea la cara me recuerda que tengo razón. Aun así, me siento triste y el dolor que tengo es extraño, es diferente a los demás dolores que he sufrido; este dolor me quita el aire. Supongo que no esperaba que nuestra primera discusión fuese así.
¡Esta noche no duermes conmigo! ¡Esta noche duermes en el árbol! —tus palabras fueron peores que el uso múltiple del conjuro que alguna vez pusiste sobre mí.
Sé que pude no aceptar tus palabras, siempre se estará mejor al calor del fuego dentro de la cabaña. No obstante, el dolor mismo me echó fuera, no podía ni mirar tu cara cuando noté que había tristeza disfrazada de odio en tus ojos.
El olor de tus lágrimas llega hasta mí y me recojo, hundiendo los hombros en un gesto que busca proteger mi corazón del desconsuelo que me llena. Quiero ir contigo, abrazarte y decirte que las pocas lunas que llevamos viviendo juntos han sido un tiempo de amor para mí. Sin embargo, cuando el alma duele se esconde y busca el silencio y la oscuridad.
Respiro hondo, no debo permitir que algo tan absurdo como un recipiente de agua nos haga esto. Mañana mismo recolectaré la madera necesaria, preguntaré a quién sepa algo al respecto y me pondré a ello; no necesito tener razón si no te tengo a ti.
Me giró para bajar del árbol y te veo aparecer por la puerta de nuestra cabaña. Estás descalza y envuelta en una manta pequeña que apenas te cubre la espalda y el pecho, ante este frío que congela.
InuYasha —escucho que dices mi nombre con la voz tomada por las lágrimas y la congoja.
Bajo de un salto y te tomo en mis brazos antes que alcances a notar que estoy ahí. Te llevo conmigo al calor de nuestro hogar y nos posiciono ante el fuego.
—No vuelvas a hacer eso, Kagome —te pido, más que te advierto, a pesar que desear reñirte por lo descuidada que eres con tu salud.
Nunca te lo he dicho, no obstante, muchas veces temo a que te enfermes y no tener las medicinas que usabas en tu tiempo.
Siento que me abrazas y lloras y moqueas y te disculpas con palabras confusas y rotas por la tristeza y el dolor.
—Tranquila —te mezo e intento que entiendas que no me importa nada más que tú—. Mañana comenzaremos un recipiente enorme para que tengas agua toda la estación.
Entonces, te escucho reír de alivio en medio de las lágrimas, entiendo ese alivio porque yo también lo siento; nuestros corazones están nuevamente cerca y todo el dolor parece un recuerdo.
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N/A
Tenía la imagen en la cabeza la imagen de InuYasha y las palabras de Kagome "¡Esta noche duermes en el árbol¡", lo demás se construyó porque la vida regala el "cómo".
Espero que disfrutaran la lectura.
Besos
Anyara
