MUGEN

Roto

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Camino de regreso a nuestra cabaña. El día ha sido extraño y frío. La noche llegará dentro de poco y continuará nevando. Presiento que estarás enfadada, enfadada y preocupada por lo mucho que he tardado a la hora de buscar leña; al menos he encontrado algo de eso.

Me miro nuevamente el pecho, los cortes del demonio que me ha atacado están marcados sobre el rojo ensangrentado del haori, aún me cuesta respirar. La herida está cerrando, sin embargo necesita un poco más de tiempo para estar curada del todo. Fui atacado, en un descuido absurdo al que probablemente ayudó la ventisca que resonaba en mis oídos. No me costó acabar con aquel youkai comadreja una vez estuve en alerta, aunque el único ataque que consiguió hacia mí fue certero y cortó con las cuchillas de sus patas la ropa, mi pecho y el kotodama no nenju que lleva conmigo años.

Reuní de él todas las piezas que pude encontrar. Es extraño, dado que es un objeto que al principio odiaba.

A medida que me acerco a la cabaña y consigo captar tu aroma, mi cuerpo se relaja y parece querer sanar incluso más deprisa. Apresuro el paso y no tardo en tener una visión de ti, que permaneces de pie a dos pasos de la puerta de casa, cubierta con una manta que te ayuda con el frío. En cuanto me ves comienzas a caminar en mi dirección y noto el modo en que tu ceño se comprime un poco más a cada paso.

—Estaba preocupada, InuYasha ¿Estás bien?

Preguntas en cuanto nos encontramos. Miras mi pecho y tocas los jirones del haori, para luego mirar con angustia los cristales de hielo y sangre que han quedado en tus dedos y que comienzan a derretirse ante el calor de tu piel.

—¡Estás herido!

La exclamación llega con un tono de desesperación que sólo encuentra paz cuando por fin te enfocas en mis ojos.

—Estoy bien, Kagome. Ya está sanando —te digo y tomo la mano que se te ha manchado de sangre, para arrastrar los restos en la mía—. Vamos dentro, no quiero que te enfríes.

Haces el amago de quitarte la manta y sé que quieres cubrirme con ella.

—No lo pienses —te advierto y te veo hacer una mueca muy divertida que mezcla el enfado y la preocupación.

Una vez dentro pones un leño más en el fuego, el calor en el interior de la cabaña me resulta agradable y me reconforta. Me siento frente a la hoguera y descanso.

—Quítate el haori, voy a preparar un ungüento para poner en esa herida —me ordenas, con ese tono apresurado e inquieto que se entremezcla cuando intentas dominar tus emociones.

—A la orden —te respondo.

Me miras nuevamente, mientras comienzo la labor.

—Si tienes ánimo para bromear, será que no estás tan mal —al fin te veo una pequeña sonrisa.

No obstante recuerdo algo y quizás tú lo notas igualmente, porque veo el cambio de pensamiento en tu mirada.

—Y ¿Tu kotodama no nenju?

Suspiro antes de sacar de la manga el puñado de cuentas, moradas y blancas, y las extiendo por el suelo de madera.

—Roto —respondo.

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N/A

Este es un momento que pensé hace tiempo y recién ahora he podido terminar. Me gusta como ha quedado, en un final abierto para ese kotodama no nenju, sin embargo creo que pide una siguiente parte.

Gracias por leer y comentar!

Anyara