MUGEN

Fugaz

.

—Apresúrate, vas muy lento —te quejas y sigues dando pasos decididos, mientras sostienes la tela de las piernas de tu hakama de sacerdotisa.

En ocasiones me pregunto cómo es posible que te acostumbrases a llevar esta ropa, después de la que usabas en tu tiempo. He de confesar que en ocasiones extraño el deleitarme mirando tus largas piernas que se coloreaban suavemente al sol, durante nuestros recorridos por los valles en busca de la Perla. No obstante, hay un deleite aún mayor en descubrirlas en medio de caricias que nos reservamos para esos momentos en que la intimidad lo llena todo.

—¡InuYasha! —te vuelves a quejar y obligas a mi mente a regresar de las elucubraciones que ha comenzado a hacer— Si no te apresuras, llegaremos cuando ya no haya nada para ver.

Te lamentas y en medio de ello veo uno de esos mohines maravillosos que sólo consiguen que me enamore más de ti.

—Si querías llegar pronto, deberías haber aceptado que te llevara —replico.

Me vuelves a mirar y sonríes con suavidad.

—Me gusta caminar —repites las mismas palabras que me has dicho al salir de nuestro hogar—. Vamos, las estrellas se verán dentro de un instante.

Estamos aquí, subiendo la colina, en una de esas tantas noches que tienes apuntadas en tu calendario para ver estrellas fugaces. El cielo nocturno te apasiona, es una de aquellas cosas que te hace feliz y que, justamente por eso, yo no soy capaz de negarte. Me acercó con rapidez hasta ti y antes que lo notes ya te he subido en mi espalda. Escucho tu expresión de sorpresa y sonrío al notar que te sostienes de mis hombros con fuerza. Luego de eso escucho tu risa y el corazón se me llena de aquella avara sensación de amor que despiertas en mí.

Corro colina arriba, ya casi llegamos al lugar especial en que te gusta mirar al cielo.

—InuYasha —susurras mi nombre muy cerca de mi oreja—, si pudieras pedir un deseo, cualquier cosa ¿Qué pedirías?

La pregunta me sorprende y, sin embargo, la respuesta en mi mente es inmediata. No obstante, me la reservo.

—No sé —respondo— Y ¿Tú? —desvío el cuestionamiento hacia ti.

—No es justo, responde —me riñes y tiras ligeramente de mi pelo.

Ouch —manifiesto, sin dolor real.

Por un instante medito en si debo o no decir lo que he pensado, ya que es un anhelo que deambula por mi mente y en ocasiones aprisiona mis sentimientos.

Llegamos al sitio al que venía a recordarte cuando no estabas y que se ha convertido en un espacio mutuo. Te bajo y te adelantas medio paso a mí, mientras fijas tu mirada en el azul oscuro del cielo. Entonces me observas, tomas mi mano y vuelves a preguntar con una única palabra.

—¿Y?

Separo los labios, te miro fijamente y respiro hondo; no es fácil para mí decir esto y aun así lo digo.

—Envejecer junto a ti.

Tus ojos se centran con más intensidad en los míos y sé, por el modo en que tu gesto ha variado, que comprendes totalmente lo que quiero decir; una vida humana, fugaz como la tuya, está destinada a dejarme en soledad antes de llegar a marcar una arruga en mi cara.

—Y tú ¿Qué pedirías? —intento cambiar el tenor del momento, volverlo alegre; como debe ser.

Tu gesto vuelve a cambiar y ahora sonríes, mientras te acercas y rodeas mi cintura con tus brazos.

—Que tu deseo se haga realidad —dices y con aquellas pocas palabras consigues que la vida vuelva a ser luminosa, igual que aquella primera hermosa estrella fugaz que navega el cielo antes de caer.

.

N/A

Este drabble nació de una sola frase y se lleva un pedacito de mí alma con él.

Gracias por leer y comentar.

Anyara