MUGEN
Sueños
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"Los sueños contienen una sabiduría que pocos saben leer."
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El sonido del amanecer se filtra por mis oídos y noto el modo en que mi cuerpo comienza a despertar poco a poco. No abro los ojos aún, me mantengo quieto y reconociendo el espacio. Los sonidos me dicen que el día viene en calma, puedo escuchar a las aves que cantan paseándose de un lado a otro y parando en las ramas de los árboles, del mismo modo que pequeños animales lo hacen por la hierba del bosque. El tacto me lleva a reconocer la curva suave y desnuda de tu cintura y sonrío cuando en mi mente aparece el recuerdo nítido de ti, quitándote la yukata que no volviste a vestir esta noche. Respiro profundamente y me lleno de tu aroma; esa especial fragancia que ya me resulta inconfundible. De pronto una duda se instala y me pregunto si olerías diferente en el supuesto de esperar un hijo. Una nueva pregunta surge ¿Cómo sería un hijo nuestro?
Abro los ojos y te miro; aún sigues dormida.
La pregunta se queda en mi mente y noto que el corazón me late muy rápido, del mismo modo que haría en medio de una carrera o una lucha. No hemos hablado de hijos, quizás por el miedo intrínseco que me invade cuando pienso en su vida con un padre como yo; un padre hanyou. Todo lo que yo conozco de la paternidad es la ausencia.
Y si naciera un hijo, o una hija, con una deformidad como la mía. Y si tú no quieres que los tengamos. Y si los demás lo rechazan. Y si no sé ser padre.
De pronto el mundo me parece incluso más hostil de lo que ha sido hasta ahora.
Te escucho respirar hondamente y te pegas un poco más a mí. Yo te acerco, prefiero que te mantengas ignorante por completo a las torturas de mi mente. Te despejo el pelo de la frente para poder mirar tu cara con más detalle. Mantienes los labios separados de forma suave, creando un diminuto suspiro al respirar y tus mejillas están arreboladas por el calor que te da mi cuerpo y las mantas. De pronto a mi mente llega la imagen de un bebé, con el pelo hermosamente oscuro como el tuyo y las mejillas rojizas por el calor de tus brazos.
No soy de creer en premoniciones, el mundo me ha hecho dudar de todo lo bueno, excepto de ti; y quizás sea por eso que me permito imaginar que, después de todo, un hijo o hija podría llegar a ser una asombrosa realidad.
—¿Ya ha amanecido? —preguntas, escondiendo el rostro hacia mi hombro— Estaba soñando.
Yo me giro de medio lado y te protejo del amanecer inescrupuloso que te arrastra desde los sueños.
—Si quieres podemos quedarnos en la cama y dejar el día fuera —te propongo con una sonrisa.
Escucho tu sonrisa lánguida y tu piel se desliza por mi piel de ese modo que se ha hecho cotidiano e íntimo entre nosotros.
—InuYasha —me nombras y pareces tener algo más que decir.
—Kagome —juego con tu nombre para instarte a continuar.
En ese momento alzas la mirada y buscas mis ojos con los tuyos aún adormecidos.
—He soñado con una niña.
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N/A
Un poco más de amor, de ese que me gusta tanto en esta pareja.
Besos
Anyara
