MUGEN
Primavera
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Adoro la primavera. Me gusta cuando su luz comienza a calentar la hierba y puedo ver el modo en que los colores despiertan en el bosque. El olor de la mañana cambia y las tardes son más largas y están llenas de tonos maravillosos. Todo eso me anima y aunque tú no lo entiendas, he querido hacer una composición con flores silvestres en torno a nuestra cabaña.
No puedes ordenar todas las flores, Kagome —fueron tus palabras cuando te lo mencioné esta mañana. A eso le acompañó un—. Estás loca, mujer.
Eso me molestó y supongo que no dejé demasiado espacio a las dudas cuando te respondí con un—. InuYasha, largo, no quiero verte en todo el día.
Probablemente eso ayudó a que te perdiera de vista hasta ahora, ya pasada la media tarde. Suspiro, me pongo en pie y observo mi obra de colores y espacios. He puesto flores amarillas, naranjas, violetas y azules a los pies del farol de piedra que hay a metros de nuestra entrada y otras tantas junto a la misma puerta. Ahora sólo me falta algo de agua y que aparezcas tú, para hacerte parte de lo que he creado, de otro modo no tiene sentido.
Camino hacia la parte de atrás de nuestra cabaña, en la que se encuentra el depósito de agua que mantenemos y que te encargas de conservar siempre lleno. Mientras subo a la escalerilla que me permite acceder a la parte alta y al agua, me lamento por mis palabras de esta mañana; después de todo no siempre la realidad debe ser como yo la veo y se me olvida que tu mundo ha sido diferente al mío.
Consigo el agua y vuelvo sobre mis pasos con cuidado de no derramar nada de la vasija en que la llevo. Entonces te veo aparecer por entre los árboles, caminas con calma en mi dirección y sé que vienes para ayudarme. Es en ese momento que te observó con la mirada limpia de cuando la emoción ha vuelto a su sitio y el corazón prima y late fuerte y me recuerda las muchas cosas por las que te amo. Entre todas ellas; la hermosa persona que eres.
Estás a dos pasos de mí y me miras directamente a los ojos mientras extiendes una mano.
—¿Te ayudo? —preguntas y no hay rastro de resentimiento en tu voz, casi podría decir que al contrario.
—Gracias —te sonrió, porque no podría ser de otro modo.
Caminamos juntos en dirección a mi labor de esta tarde.
—He estado con Kaede y dice que mañana irá tras la colina para recoger algunas de esas flores anaranjadas que usa para los ungüentos —me cuentas.
Yo, simplemente, respondo con un asentimiento.
—InuYasha —te nombro. Tú me observas y te vuelvo a sonreír—. Te amo —me parece necesario decirlo, porque adoro la primavera, sin embargo sólo es perfecta cuando la puedo compartir contigo.
Me sonríes, te inclinas y dejas un toque de tus labios en los míos.
—Lo sé —respondes—. Yo también a ti.
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N/A
Un pedacito de la vida que he querido poner aquí. Espero que lo disfrutasen.
Gracias por acompañarme en la aventura de crear.
Anyara
