MUGEN

Situaciones

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—Él no entiende que no puedo estar tras todo lo que deja a medio hacer ¡Qué tengo tres niños! —me expresa Sango y yo me limito sonreír intentando hacerle sentir mi empatía— Estoy cansada de ser la que tiene la cabeza sobre los hombros y organiza cada momento del día; no soy su madre —entonces me mira a los ojos con cierta melancolía— y no quiero serlo.

De alguna manera entiendo lo que me quiere decir, aunque no me cuente todo en detalle. Por un momento pienso en si mi relación con InuYasha puede llegar a ser así, quizás no siempre deba hacer las cosas que creo necesarias, tal vez deba permitirle preparar un guiso o recoger la ropa. Intento centrar mi mente, ahora debo pensar en Sango.

—Quizás deberíamos escaparnos un día a los baños termales —le ofrezco. Tal y como yo lo veo, ella necesita un respiro.

—¿Y dejar a Miroku a cargo de todo? —observo el modo en que mi amiga abre los ojos en una clara expresión de incredulidad mezclada con pánico

—Sí —apoyo mi idea. Sango comienza a negar con un gesto de su cabeza.

—No, no, no podría —asegura.

—Deberías poder. De hecho, creo que es una necesidad —asevero, después de todo una mujer nunca debe sentirse como la madre de su compañero.

—¿Y mis hijos? —Sango quiso manifestar su inconformidad.

—También son hijos de Miroku ¿No? —Sango me mira e intenta decir algo, lo veo en el gesto de su boca que se abre y se cierra intentando defender un punto, no obstante, a la vez razona la inutilidad de ello— Ya está, nos vamos mañana, hablaré con InuYasha esta noche —declaro.

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Tengo sobre el futón todo lo que creo necesario para un día fuera; una muda de ropa, algunos frutos secos para el camino, el recipiente para el agua. Por un momento pienso en que quizás debí ofrecer a Sango el pasar también una noche fuera; sin embargo, mucho hace ella con alejarse de sus hijos durante todas las horas del día.

InuYasha llega con la cena.

—Ya estoy —declaras al entrar y yo contengo el aliento al verte con el kosode rojo en una mano, el hitoe colgando por la cintura del hakama y unos cuántos peces atravesados por una rama. Tu masculinidad salvaje me ha pillado de improviso y lamento tener que alejarme de ti mañana.

—¿Estás bien? —preguntas y me observas de ese modo tuyo en el que parece que me escaneas buscando algo que no esté bien.

Cariño, todo está muy bien y en su sitio, agregaría.

Me sonrío al pensar en que definitivamente no me siento como tu madre. Me pongo en pie luego de aquel pensamiento y tomo lo que has cazado para la cena y lo aparto para descansar las palmas de las manos en tu pecho desnudo y caliente. Me miras, comprendiendo y a la vez haciéndote muchas preguntas.

—Kagome, de verdad ¿Estás bien? —insistes.

Asiento y me pongo en puntas de pie para alcanzar tus labios, cuidando que mi pecho presione el tuyo para que me notes y entiendas lo que te pido. Luego, más tarde, te explicaré que mañana tendrás que cuidar de Miroku y de sus hijos.

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N/A

Me gusta llevar a nuestro queridos InuKag a escenarios reales, además de ponerme el reto de hacerlo en el espacio que ellos viven. La vida en pareja está llena, llenísima, de matices y siento que al ponerlos a ellos en éstos, los hago más reales.

Gracias por leer y comentar!

Anyara