MUGEN

MALDITO

.

¡MALDITO DEMONIO!

La expresión resulta tan violenta que me giro y miro hacia el lugar desde la que proviene, sin poder responder de inmediato. No soy ajena al trato que recibe InuYasha por parte de algunos humanos e incluso youkais, en ocasiones no es bienvenido en alguna posada o simplemente se niegan a dirigirle la palabra como si no existiera. No obstante, me cuesta entender el grado de odio gratuito que le dirigen en este momento.

¡¿Qué ha hecho?!

¡¿Qué hemos hecho?!

Sólo paseamos por el mercado de este pueblo escogiendo algunas telas y un poco de pintura para el byobu. Mi mente se exprime buscando una respuesta como si mi inteligencia me estuviese traicionando. Sin embargo la respuesta está ahí, es simple, y en su simpleza no parece encajar en el momento.

Nada —concluyo, y ese conocimiento alimenta la indignación que se enciende dentro mí del mismo modo que haría la boca de un volcán preparándose para estallar.

Me adelanto un paso, dispuesta a enfrentar al grupo de personas que nos enjuicia como si fuésemos poco más que alimañas, un par de polutos seres despreciables. No obstante, en cuánto quiero dar un segundo paso, noto que me sostienes por la muñeca. Te miro, decidida a exigir una razón para que me detengas, sin embargo cualquier atisbo de furia es vencido por la dolida comprensión que me piden tus ojos. El compendio de emociones que me muestras pasa por la tristeza, la melancolía, la furia y, ante aquello, una profunda estoicidad. La ira en mi pecho se aplaca y entiendo que por mucho que me hiera el desprecio que sufres, no tengo derecho a cruzar esta línea después de todo lo que tú has soportado.

Te cedo mi voluntad y tus dedos se deslizan de mi muñeca a mi mano y de ese modo nos alejamos del lugar.

.

.

Esa noche, de regreso en nuestra cabaña, el rumor de los grillos nos acompaña y me uno a ti en el descansillo que hay en la entrada. Llevas largo tiempo en silencio, rodeado de una pesada calma.

—InuYasha —digo y me quedo de pie junto a ti, mientras te ofrezco un vaso de agua fría de hierbas que he preparado.

Aceptas e indicas el lugar a tu lado para que me siente; y así lo hago. No tardo en notar tu brazo sobre el hombro y el modo en que te mueves para crear con tu cuerpo un respaldo para el mío. El silencio persiste por un tiempo más, en que los grillos insisten y la luz del farolillo de piedra atrae mi atención.

—No será la última vez que suceda algo como lo de hoy —decides retomar la situación que ha deambulado entre nosotros por horas— y no quiero que te preocupes o intentes defenderme…

—No es justo —interrumpo, queriendo incorporarme y mirarte a los ojos, sin embargo, tu brazo que rodea mi pecho me retiene con suavidad y siento que tu mejilla acaricia mi pelo y mi cabeza.

—No lo es, o sí, yo qué sé —pareces sonreír con cierta ironía y es ese mismo tono en tu voz el que no me permite volver a interrumpir—. Sólo sé que mientras tú me mires como lo haces, el resto no me importa.

Los ojos se me llenan de lágrimas y respiro hondamente para conseguir, al menos, un poco de la valentía que llevas contigo.

—Kagome —mencionas mi nombre, adivinando el pozo de emociones que estoy sintiendo.

—Shhh… —pido y una de las lágrimas cae por mi mejilla, mientras me sostengo un poco más al abrazo en que tú me mantienes.

.

N/A

Ya sabemos que InuYasha en realidad era un marginado y que no siempre era bien recibido. Quise tomar esa situación y construir un momento de amor para ellos dos en los que sólo quien te ama, te comprende.

Gracias por leer y comentar!

Anyara