Capítulo 3: El Poder de los Dragones Renacidos
El viento árido de Valyria soplaba suavemente entre las ruinas ancestrales, mientras Daenerys Targaryen se encontraba en el epicentro de una tormenta interna. Sus pensamientos eran como las llamas que danzaban en el horizonte, llenos de dudas y preguntas sin respuesta. ¿Qué le deparaba el futuro después de su transformación? ¿Qué pasaría con su cuerpo cuando su camino llegara a su fin?
Con el corazón cargado de incertidumbre, Daenerys se arrodilló ante los Dioses y Diosas Valyrios, buscando una respuesta a sus preguntas más profundas. Pero en lugar de una respuesta directa, sintió la tierra temblar bajo sus pies y el viento susurrar en su oído, llevándole un mensaje en formas más sutiles.
Los dioses no hablaban con palabras, pero Daenerys entendía su respuesta. Debía seguir adelante, experimentar su camino y descubrir las respuestas por sí misma. Su destino estaba entrelazado con el de la bebé Daenerys, y si esta moría, también lo haría ella. La vida de la bebé era su ancla en esta realidad, y debía protegerla a toda costa y para ello necesitaba a su madre sobre Viserys… dudaba, recordaba todo el dolor que le había causado, desde que eran niños siempre había algo que en Viserys se había dañado. Así mismos, trataba de acordarse sobre el orden de los eventos de la rebelión; porque estaban marcados con la locura de Viserys.
Decidida a cumplir su propósito, Daenerys se concentró en sus nuevos poderes, explorando las posibilidades que se extendían ante ella. Con un pensamiento, cambió su apariencia para parecer más humana, ocultando su esencia divina a los ojos de los mortales. Luego, comenzó a experimentar con sus habilidades recién adquiridas: desaparecer y levitar, teletransportarse a voluntad, dar y quitar energía a los seres vivos, y sanar heridas con un simple movimiento de mano.
Probando sus poderes con una planta marchita, Daenerys sintió la energía fluir a través de ella, reviviendo la vida en la planta y devolviéndola a su máximo esplendor. Una sonrisa de satisfacción curvó sus labios, pero la duda aún persistía en su mente. ¿En qué momento del tiempo debería intervenir? ¿Cómo podría cambiar el curso de la historia sin alterar su propia existencia?
Después de mucho deliberar, Daenerys tomó una decisión. Se dirigiría al Tridente, al momento crucial en la batalla entre Rhaegar Targaryen y Robert Baratheon, donde el destino de los Siete Reinos pendía de un hilo. Con un susurro de palabras antiguas se mueve en el tiempo y aparece en el Tridente donde la batalla ruge, Daenerys se elevó en el aire, oculta a los ojos de los soldados que luchaban en el campo de batalla. Desde las sombras, observó la feroz lucha entre su hermano Rhaegar y el Usurpador, Robert Baratheon. Los golpes resonaban en el aire, y el destino de los Targaryen colgaba en la balanza.
Rhaegar y Robert se enfrentan en medio del campo de batalla, espadas en alto, mientras el estruendo de la batalla retumba a su alrededor.
¡Robert Baratheon! ¿Es este el destino que nos aguarda, que debemos enfrentarnos en un campo de batalla en lugar de buscar la paz entre nuestras casas? - Rhaegar Targaryen
Lord Baratheon gruñe con furia mientras levanta su mazo y dice: ¡La paz murió con tus crímenes, Targaryen! ¡Has llevado a Poniente al borde del abismo con tu lujuria y tus locuras!
Rhaegar, frunce el ceño con determinación. ¿Y qué sabes tú de lujuria y locura, Usurpador? Tu codicia y tu ambición son los verdaderos motores de esta guerra.
¡No me hables de ambición, príncipe! Tú y tu familia han gobernado con arrogancia y desprecio durante demasiado tiempo. ¡Es hora de que el poder vuelva al pueblo! - Robert Baratheon dice mientras balancea su maza con fuerza.
Esquivando un golpe Rhaegar Targaryen contraataca y grita ¡El poder no puede residir en la mano de un salvaje como tú! ¡Los Targaryen son la verdadera sangre real de Poniente y no permitiremos que usurpadores como tú mancillen nuestro legado!
Se mantiene firme Lord Baratheon, mientras enfrenta el ataque de Rhaegar ¡Tu legado se ha vuelto una mancha en la historia, príncipe! ¡Y hoy, en este campo de batalla, terminará!
La lucha continua entre las dos fuerzas y los dos hombres que la representan continúan su feroz enfrentamiento, intercambiando golpes y palabras mientras la batalla ruge a su alrededor. El destino de los Siete Reinos pende de un hilo mientras su espada y mazo chocan en un duelo.
Mientras la batalla alcanzaba su punto álgido, Daenerys extendió sus manos hacia el cielo, invocando el poder de los dragones. Una energía ardiente y poderosa fluyó a través de ella, envolviendo a Rhaegar en un aura de fuerza y protección. Sus heridas se cerraron, su fuerza se renovó y sus ojos brillaron con la determinación de un dragón. Pero nadie más vio los cambios, pero Rhaegar los percibió y se sintió empoderado de una fuerza divina, pero no sabía de donde venían. La lucha continuó, pero esta vez, el destino estaba del lado de los Targaryen. Rhaegar luchó con una ferocidad renovada, y sus golpes encontraron su marca una y otra vez. Finalmente, la victoria fue suya, y Robert Baratheon cayó derrotado a sus pies.
Rhaegar Targaryen se acerca a Robert Baratheon, quien yace en el suelo, gravemente herido por la estocada final de Rhaegar. La atmósfera está cargada de tensión mientras Rhaegar contempla al caído Usurpador con una mirada serena pero dice, La hora de la justicia ha llegado, Robert Baratheon. Tu rebelión ha traído sufrimiento y muerte a Poniente, pero ahora es tiempo de que rindas cuentas por tus crímenes.
Robert Baratheon, tose débilmente, luchando por mantenerse consciente. ¿Justicia? ¿Acaso crees que la justicia reside en la punta de tu espada, príncipe? ¡No eres mejor que tu padre loco!
Rhaegar, levanta la espada con un gesto majestuoso y dice: La justicia no es venganza, Usurpador. Es la aplicación de la ley divina que rige sobre todos nosotros. Y ahora, esa ley demanda que el caos que has sembrado sea purgado.
¡No tienes derecho a juzgarme, Targaryen! ¡Eres un monstruo, un asesino que ha sumido a Poniente en la oscuridad! - Robert Baratheon
Baja la espada y se inclina hacia Robert con un aire de autoridad y Rhaegar Targaryen dice: Yo soy el legítimo heredero del Trono de Hierro, Robert. Mi sangre es la sangre de los dragones, y mi destino está entrelazado con el de Poniente. Ahora, el tiempo de los usurpadores ha llegado a su fin.
Rhaegar mira a Robert con una mezcla de lástima y determinación mientras levanta su espada una vez más, preparándose para el golpe final y dice: Que tu muerte sea un recordatorio de los peligros del orgullo y la ambición desmedida. Que los Siete te reciban en su reino con misericordia, pero realmente espero que las 14 llamas de condenen y torturen por la eternidad.
Se descarga el golpe final, poniendo fin a la vida de Robert Baratheon y sellando así el destino de la rebelión. Con una mirada de profunda resignación, Rhaegar se endereza y contempla el campo de batalla, sabiendo que su victoria marca el comienzo de una nueva era para Poniente.
Entre el estruendo de la batalla, Rhaegar buscó con la mirada a Daenerys, ¿pero cómo puede verla?… y Daenerys se da cuenta que no la ve, pero, sin embargo, percibió la presencia de los Dioses y Diosas Valyrios, y busco la energía.
Nota: Esta historia se basa en el universo creado por George R.R. Martin en la serie de novelas "Canción de Hielo y Fuego", así como en la adaptación televisiva "Game of Thrones" de HBO. Los personajes y el mundo en el que se desarrolla esta historia no me pertenecen y son propiedad del autor original y de la cadena televisiva.
