MUGEN

Entendernos

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Me siento en el pequeño banco de madera que tenemos junto a la pared del fondo. Observo mi entorno, la vajilla de madera y arcilla está recogida, junto con los baúles en los que guardamos la ropa que ayer lavé en el rio y que hoy estaba seca. El futón y la manta permanecen doblados a mi lado. Me detengo a mirar la madera lustrosa del espacio en que hacemos nuestra vida. Estoy complacida del resultado, a pesar del trabajo extenuante de cepillar el suelo para aplicar la cera de abejas que pude conseguir. Sí, estoy cansada y a la vez feliz. Es entonces que te veo entrar por la puerta con una canasta de pescado, además de una sonrisa.

—Ya estoy aquí, Kagome —te acercas y te subes a la tarima de madera para dejar la canasta a tu lado.

Caminas hacia mí y vas dejando manchas de barro sobre la madera recientemente abrillantada, en tanto la canasta escurre el agua que aún conservan los peces. Es tal mi agotamiento que no soy capaz de verbalizar el enfado que siento. Pienso en resumirlo a través de un conjuro que te lleva al suelo, sin embargo no me compensa dado el agotamiento emocional que me ocasiona.

—¿Te pasa algo, Kagome? ¿Estás bien? —preguntas y no sé qué es lo que acrecienta mi enfado, si tu incapacidad para observar el trabajo que estás arruinando o que me obligues a explicarlo.

—Sí, InuYasha, estoy bien —mi voz parece calmada, y parece que realmente me siento así.

—No lo parece —acercas una mano para tocar mi frente y yo la rechazo con la palma abierta. Me miras con incomprensión y agravio— ¡Oye, mujer ¿Qué te pasa?!

Oprimo los labios, deseando que las palabras se queden dentro de mí. No obstante, es tal mi enfado que comienzo a verbalizar todo sin resumen.

—¡Estoy cansada de ser la mujer que organiza y arregla todo, la que limpia, la que se acuerda de las cosas y además debe ponerte un castigo si no cumples las normas mínimas de cuidado! —te espeto— ¿Cómo se supone que sea una mujer atractiva y deseable si siempre tengo que ser la malvada? Me siento perdida en las labores cotidianas ¿Dónde está mi belleza en medio de todo esto?

Te quedas callado mirando mis ojos llorosos. Arrugas un poco el ceño como si quisieras abrir un pensamiento.

—Para mí siempre eres bella —dices finalmente, y no me sirven esas palabras.

—No tienes que cumplir con halagos —miro a un lado.

Noto que te acuclillas delante de mí.

—No son halagos vacíos —comienzas diciendo, luego tomas aire y continúas—. Lo siento si no soy receptivo a los detalles de lo que haces, seguro que son muchos. Para mí eres atractiva y deseable siempre, con los cuidados y los regaños incluidos. Yo no sé separar las partes de ti, para mí eres mi lugar seguro siempre; mi hogar.

Te miro y no sé si comprendo del todo tu visión de las cosas, sin embargo te abrazo y las lágrimas se me caen cuando me recibes.

—Mujer tonta.

—InuYasha, no lo estropees.

—Entendido —dices y siento una de tus manos acunando mi pecho. Entonces me echo a reír.

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N/A

Un poco de amor cotidiano para esta pareja hermosa.

Un beso

Anyara