MUGEN

Mochi

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—¿Qué haces? Íbamos a ir al río —pregunto, sin esconder mi sorpresa al verte con la yukata que usas para las labores de casa. Al inicio del día habíamos acordado ir juntos a pescar para la cena.

El día está agradable, uno de los primeros días cálidos de la temporada y, secretamente, esperaba que el paseo terminase con besos y caricias a la luz de una fogata.

—Sí, ya iremos —pareces desafectada, centrada en tu labor y noto el movimiento que haces de la piedra en el mortero con el que trituras las hierbas.

El olor que desprende aquello que haces resulta suave, me recuerda a la madera de un bosque frutal cuando aún está lejos.

—¿Qué haces? —insisto con la pregunta y me arrodillo tras de ti mientras observo por encima de tu hombro hacia los elementos que mantienes sobre la mesa. El dulzor del anko que has cocinado resulta intenso a pesar de estar cubierto.

—Estoy moliendo flores de cerezo —en tu voz suena el esfuerzo ligero de la tarea que efectúas.

—¿Esas que tenías secando? —continúo la conversación, aunque mi atención se desvía al aroma de la piel del cuello que llevas expuesta al recogerte el pelo.

—Sí —te escucho sonreír, tal parece que te gusta la atención que presto a lo que haces.

—No deberías esforzarte con esto —me inclino un poco más hacia ti y mi pecho toca tu espalda en un gesto natural de cercanía, de esos que ya se han hecho cotidianos y no nos cuestan nada. Tomo un puñado de flores secas y las oprimo para dejar sobre la mesa un pequeño montículo de polvo rosa.

—InuYasha, tu pelo —me reprendes, te giras en medio del abrazo fortuito que te estoy dando, y me miras intentando parecer severa.

—¿Qué pasa con él? —noto que la voz se me ha oscurecido, me siento fascinado por los infinitos tonos de rosa que hay en tus mejillas. Tú te quedas en silencio por un instante.

—Está suelto, y es largo, y suave —percibo el modo en que tu corazón se ha acelerado un poco.

—Y ¿Ese es un problema? —soy consciente del modo en que tu atención ha cambiado y de lo que ambos parecemos pensar.

Dudas un momento y vuelves a mover la piedra dentro del mortero, esta vez con lentitud, a pesar de que ya he hecho ese trabajo para ti.

—Bueno, sí. Estoy intentando hacer un dulce —el tono de tu voz se ha convertido en un susurro cadencioso, mientras me vuelves a mirar.

—Con flor de cerezo —murmuro y observo tu boca que se ha quedado entreabierta en un gesto que siempre atribuyo a la petición de un beso.

—Y de color rosa…

Esa es la última frase que dices antes de permitirme tomar tus labios.

Te escucho suspirar y yo lo hago junto a ti. La tarde se hace más evidente a través de los olores que el bosque libera y del aire que entra por la puerta entreabierta.

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N/A

Este drabble ha sido inspirado por tres palabras que me ha dado mi querida amiga Len; cerezos, rosa y dulce. Eso me llevó a pensar en los dulces que se hacen con harina de arroz y crear una versión con flor de cerezo. He visto que hay recetas de ello.

Se los comparto.

Besos rosas, dulces y con aroma a cerezo.

Anyara