9. A tus órdenes
Carol camina descalza por las calles de Nueva York. Hace frío, el rocío de la madrugada hiela sus pies, y la brisa otoñal corta su piel pálida y delicada.
La gente la observa como de costumbre, mirándola con asco, indiferencia, u ojos viciosos, pero como suele pasar, no hay miradas de compasión, a nadie le preocupa que esté descalza, que esté temblando y sus labios se hayan tornado morados por el frío.
¿De qué le sorprende?
Abrocha la chaqueta de cuero de Daryl hasta arriba, cubriendo así su garganta, procurando protegerse de un posible resfriado, aunque sabe que tarde o temprano caerá. Es el precio que tiene que pagar por ir semidesnuda por la calle para vender su cuerpo.
Lleva su zapato en la mano e intenta arreglar la hebilla que ella misma arrancó.
—Mierda —masculla entre dientes.
Tiene las manos tan heladas que no las siente, y no atina a encajar la pequeña pieza en su sitio. Es imposible, deberá soportar el frío suelo, la suciedad y piedras que descansan bajo sus pies hasta llegar al Santuario, donde sus viejas botas, cuyas suelas están más que desgastadas, la esperan en esa habitación que tantos horrores ha visto.
Se para en seco al llegar al final de su recorrido y se lame los labios inquieta.
Es ahí, la zapatería donde Daryl le compró esos preciosos y carísimos zapatos nuevos que no ha llegado a estrenar, y que nunca tuvo la intención de hacerlo.
Dios, Daryl... se siente tan culpable por haberle robado, odia traicionar su confianza de esa manera, pero... ¿Qué puede hacer? Negan ha dado una orden, y ella debe obedecer sin rechistar, le guste o no. Además, está forrado, no se va a morir por perder algo de dinero.
La mayoría de las veces no tiene reparos en sustraer objetos valiosos, dinero, tarjetas de crédito... Sus clientes suelen ser cerdos puteros que no merecen ni el aire que respiran, por lo que robarles sus posesiones llega a ser hasta placentero, pero con Daryl... él es un buen hombre, nunca le ha hecho nada malo, al contrario, la trata con un respeto que no merece.
Quizás debería buscar otro cliente, algún viejo ricachón aburrido al cual no se le levante a no ser que se atiborre de viagra, alguien dispuesto a pagar mucho dinero por los servicios de una prostituta capaz de soportar y realizar hasta el más macabro de los fetiches sexuales que existan.
Sacude la cabeza, no es tiempo de pensar en eso, tiene asuntos más importantes que tratar.
Revisa si el ticket sigue en la bolsa, y una vez que lo localiza lo guarda a buen recaudo en el interior de su puño.
—Vale... —susurra para sí.
Coge aire y lo expulsa lentamente armándose de todo el valor que necesita para entrar por esa puerta, coger el modelo de zapato que desea, acercarse a la dependienta, pedir el número que necesita, decir que lo quiere descambiar por los que compró unas horas atrás, y marcharse de allí.
Acción fácil para una ciudadana de a pié, el problema es que ella sigue siendo Nancy, y va a entrar en una zapatería de un barrio pijo a descambiar unos tacones por unos zapatos talla infantil.
La chica de anoche la atendió bien, pero quizás ya terminó su turno, y ahora deba enfrentarse a una estirada que la mirará por encima del hombro, que quizás no le dejará descambiarlos, o la echará de la tienda sin más o... o a saber a qué trato humillante deberá enfrentarse en ese lugar.
No le importa, necesita unos zapatos nuevos para su niña y no piensa irse de allí sin ellos. Que la humillen todo lo que quieran, está más que acostumbrada, no pueden dañar su alma más de lo que ya está.
Vuelve a mirar la entrada de la tienda con el cartel de "Abierto" balanceándose sobre esta.
Está nerviosa, se siente como un gladiador del coliseo a punto de enfrentarse a los leones, sólo que en su caso esos felinos han sido sustituidos por arpías criticonas, las cuales se sientes asqueadas por su presencia y así se lo hacen saber. Si supieran que posiblemente sus maridos, padres o hijos han estado entre sus piernas... porque, por muy forrados de dinero que estén, a la hora de contratar sus servicios no hay clases sociales, desnudos todos son iguales.
Pone un pié en la entrada de la tienda. El suelo es de mármol, pero después de haber caminado sobre hormigón que ha cortado sus pies, tiene la sensación de que camina sobre algodones.
—Ahora mismo estoy con usted —escucha la voz de la dependienta, desde lo que supone que es el almacén.
La zapatería está vacía, al parecer a las seis de la mañana pocas marujas tienen ganas de comprar zapatos.
Carol se mueve rápido por la tienda, sabe perfectamente lo que quiere, lo vio ayer, y lo mejor es que por el precio de sus tacones puede comprar dos pares de zapatos para su niña.
Coge una botas color marrón, ideales para la época del año que está a punto de entrar, y una zapatillas deportivas las cuales podrá utilizar tanto para los días que tiene clase de deporte en el colegio como para diario.
Camina hasta el mostrador con ellos en la mano justo en el momento en el que la dependienta sale del almacén.
—Hola, perdone, estaba... —las palabras mueren en su boca cuando se da cuenta de quién es, es la misma mujer a la que atendió un par de horas atrás —Hola de nuevo, ¿Puedo ayudarle en algo? —pregunta con amabilidad, procurando que sus palabras salgan lo más suave posible, porque tiene la sensación de que ella está a punto de huir de allí como un cervatillo asustado.
—Hola, eh... sí, ¿Tendría una talla 12 de estos? —pregunta con timidez.
Agacha cabeza, escondiendo el rostro, suplicando en silencio que no haga preguntas.
—Creo que sí, voy a mirar —escucha decir a la dependienta, que vuelve al almacén a buscar entre las cientos de cajas que tiene, el modelo y la talla exacta de esos dos pares de zapatos.
Mira a su alrededor, sólo desea irse de allí lo antes posible, antes de que la gente de bien se despierte, paseen por la calle y llamen a la policía porque hay una puta comprando en una zapatería.
—Aquí tiene —la saca de sus pensamientos la dependienta, que ha vuelto con dos cajas de zapatos, las cuales le muestra, para que vea que es la talla y modelo correcto.
—Gracias, quiero descambiar estos y llevarme esos —informa cabizbaja, temiendo las preguntas.
Coloca sobre la mesa la caja con los tacones y muestra el ticket.
—Están sin estrenar, lo juro —asegura, como si la palabra de una prostituta tuviese alguna validez legal.
La dependienta vuelve a sonreír. Empieza a inquietarle el hecho de que la trate tan bien ¡Hay una prostituta en su tienda y la está tratando como a una cliente más! Eso es de locos.
La observa teclear algo en el ordenador y pasar el lector de código de barras a las tres cajas de zapatos.
—Aquí tienes su nuevo ticket —informa —Le sobran 5$ ¿Quiere que le de un vale para su próxima compra? —pregunta —La política de la empresa me prohíbe devolver el dinero.
Carol niega con la cabeza.
—Quédeselo como agradecimiento por el buen trato —dice con una dulce sonrisa, y marcha de allí sin mirar atrás.
Esos 5$ no le pertenecen, y duda que vaya a volver a esa tienda alguna vez.
Camina deprisa por las calles, olvidándose de que está descalza y que puede pisar cristales, cigarros aún calientes, o piedras puntiagudas. Se ha olvidado de todo, sólo piensa en recoger a su niña del colegio y disfrutar de su preciosa carita emocionada al ver sus nuevos zapatos.
Su felicidad es lo único que le importa en este mundo, y no hay cristal lo suficientemente puntiagudo clavado en la planta de su pie, como para cortar la sonrisa que tiene en la cara.
Daryl se despereza lentamente en la cama. No sabe que hora es, pero se siente de lo más descansado, aunque lo cierto es que, desde que duerme en esa cama no ha tenido problemas de insomnio. No sabe si por la comodidad del colchón o por la compañía que tiene todas las noches.
Se gira aún con los ojos cerrados, y estira el brazo en busca de esa preciosa octava maravilla que debería estar...
Abre los ojos.
No está, se ha ido, en lugar de su piel pálida, cálida y suave, se ha encontrado con unas sábanas arrugadas y frías, y lo único que ha dejado, como prueba de que lo que pasó unas horas atrás no fue un sueño, es su dulce aroma y un trozo de papel con algo escrito.
"Buenos días niño rico, me he ido sin despedirme porque me daba pena despertarte, además, necesitas coger fuerzas para esta noche, recuerda que me toca mandar, estarás a mis pies, literalmente, pienso tenerte a mis pies.
Te aconsejo que te depiles el cuerpo, y no te masturbes para desfogar antes de, me daría cuenta.
Lo pasé muy bien anoche, sabes como castigar a una señorita.
Prepárate, porque pienso devolverte por dos todos lo que me hiciste.
Atentamente:
Tu dueña, reina y señora"
Sonríe.
Esa mujer...
¿Para qué narices quiere que se depile? ¿Qué idea tiene en mente?
Dios, sólo de pensar en la cantidad de cosas que es capaz de hacer con él su miembro se yergue impaciente, peeero, deberá esperar, no puede darle la atención que tanto desea.
Entierra el rostro en su lado de la almohada, aspirando su aroma, como un puto yonki necesitado de su presencia.
Si una semana atrás alguien le hubiese dicho que la persona más interesante que iba a conocer en su nueva vida de millonario iba a ser una prostituta que le daría el mejor sexo de su vida no lo habría creído, pero ahora... ni en sus más húmedos sueños habría imaginado hacer todo lo que ha hecho con ella. Jamás pensó que llegaría el día en el que encontraría a alguien que disfrutase y compartiese sus salvajes gustos sexuales, y que además le abriese las puertas a un mundo del placer completamente desconocido para él.
Sonríe como un idiota sólo de recordar todo lo que han hecho en esos... ¿Cinco días? Dios, por alguna extraña razón tiene la sensación de que la conoce de hace muchísimo más tiempo, a pesar de que no sabe absolutamente nada de ella, pero la química que hay entre ellos es algo mágico, casi como si ya se conociesen de otra vida, y estuviesen destinados a volver a encontrarse.
Nunca ha experimentado algo así con otra mujer, y tampoco tiene intención alguna de hacerlo. La quiere a ella, y sólo a ella, a pesar de que sabe de sobra lo que es, que cada frase que le dice sale de un guión que ha utilizado con todos y cada uno de sus clientes, al igual que sus gestos, juegos, y posiciones sexuales, pero no le importa, Nancy es sólo sexo, pero la mujer que hay detrás de ese personaje, la artífice de cada broma, consejo, frase inteligente que sale de los labios de Nancy, esa desconocida, la dueña de la hermosa sonrisa y de esos ojos que alborotan su alma cuando lo miran, esa mujer, es de la que de verdad está interesado, solo que aún no sabe cómo aislar a la prostituta de esa ecuación.
A veces atisba a la verdadera mujer que hay detrás, lo nota en su tono de voz suave, su mirada dulce o su sonrisa amable, pero, al igual que una estrella fugaz, de la misma forma que viene se va, y tiene que volver a estar atento, con la mirada fija en el firmamento de sus ojos para volver a verla otra vez aunque sólo sea un segundo.
—¿Quién eres? —se pregunta en un susurro.
Sostiene un hilo de su cabello pelirrojo, que dejó olvidado en la almohada y lo mira como si fuese a darle la respuesta.
Suspira largamente, esa mujer ha desordenado todos sus pensamientos.
Se levanta de la cama, deslizándose por ella lentamente y la observa. Menudo desastre. Los juguetes que utilizó con Nancy unas horas atrás yacen esparcidos de forma desordenada por la cama, y las sábanas están arrugadas, recordándole la sesión de sexo que han tenido.
Su miembro se excita al pensar en ello, y él se regaña mentalmente. No puede masturbarse.
Coge todos los juguetes y marcha al baño para limpiarlos, y de paso ducharse y eliminar ese embriagador olor a sexo salvaje que desprende por cada poro de su piel.
Carol llama a la puerta del despacho de Negan. Él no responde, está demasiado ocupado charlando con alguno de sus esbirros, por lo que la abre despacio y asoma la cabeza por ella.
—Vaya, hola cariño, ¿Qué me traes hoy? —pregunta con una falsa amabilidad que contrasta con la manera que tiene de arrebatarle el bolso y volcarlo sobre la mesa como de costumbre.
Carol lo deja hacer, y aprovecha para agarrar un trozo de papel y bolígrafo del escritorio y escribir unos números sobre él, antes de que se le olvide.
—Le he robado la tarjeta bancaria, según este niño rico, siempre elige como contraseña su fecha de nacimiento, por lo que he mirado su documento de identidad y memoricé la fecha en la que nació. Es esta —informa con frialdad, ocultando la culpabilidad que siente.
Le entrega el papel, el cual Negan mira un instante.
—Vaya, 35 años, me lo imaginaba más carcamal —ríe él —¿Qué defecto tiene para tener que pagar por follar contigo todas las noches? —pregunta curioso.
—Eso me pregunto yo —responde distraída.
Busca con la mirada sus cigarrillos, sólo para descubrir que la cajetilla está vacía. Genial, deberá quedarse sin su dosis de nicotina necesaria para aguantar a ese imbécil.
Negan le pasa el papel a Simon junto con la tarjeta bancaria.
—Quiero que vayas a todos los cajeros que encuentres, y saques la cantidad máxima que te permitan cada uno de ellos hasta dejar esta tarjeta más seca que los cojones de una momia —ordena.
Simon obedece sin rechistar y marcha de allí a cumplir con esa orden. No es la primera vez que lo hace, está más que acostumbrado al robo de tarjetas, y sabe a qué cajeros acudir sin ser grabado por una cámara de vigilancia.
Negan mira los 100$ que hay en la cartera de Carol. Eso es lo que ha ganado esa noche. No es mucho, pero espera que lo compense con lo que haya en esa tarjeta bancaria.
Es una chica lista, mucho más de lo que aparenta, obediente, aunque a veces tenga esos arrebatos rebeldes y deba recordarle quien manda.
—Has hecho un buen trabajo —la felicita.
Le entrega 10$ como recompensa, y ella los coge sin decir una palabra.
Hoy parece estar extrañamente sumisa. Sonríe, sus dedos aún deben de estar marcados sobre su pálido cuello de cisne, y eso le excita. Supone que no quiere volver a ser estrangulada, y por eso hoy está callada como una puta, valga la redundancia.
Camina alrededor de ella, mirándola cuan buitre acechando la carne muerta.
Es atractiva, siempre lo ha sido. Cuando la conoció hace más de veinte años, tuvo la corazonada de que su belleza y corta edad le harían ganar mucho dinero, no se equivocó, y por suerte maduró bastante bien, es alta, de cuerpo estilizado y con deliciosas curvas.
Su juventud ha ido esfumándose con cada año que ha ido pasando, y su rostro de dulce e inocente muñeca de porcelana ha sido sustituido por uno duro, cargado de picardía que, por suerte, vuelve loco a los hombres a cualquier edad, ya sean jóvenes imberbes con ansias de degustar su primera puta, o viejos a punto de cascarla, amantes de las manos de las señoritas de la noche experimentadas.
Ella es su mejor inversión hasta ahora.
—Eres mi chica favorita ¿Lo sabes, verdad? —susurra expulsando su gélido aliento en su oído.
Carol ríe sarcástica.
—Siempre dices lo mismo cuando te traigo lo que quieres —murmura con una fingida tranquilidad.
Está intentando concentrarse en guardar sus pertenencias en el bolso, e ignorar como sus garras navegan por sus caderas en busca del final de su vestido.
—¿Cuanto tiempo hace que tú y yo no follamos? —pregunta.
Posa un beso en su cuello y aspira ruidosamente el aroma de su cabello, mezcla de champú afrutado y sudor de la noche de sexo que ha debido pasar.
Carol siente como presiona su erección en su magullado trasero. Quiere vomitar.
—No lo sé —miente con voz temblorosa, recuerda perfectamente cuando tuvo su asqueroso cuerpo sudoroso sobre ella, ese momento traumático jamás lo olvidará.
Cierra el bolso e intenta alejarse de él, pero Negan la detiene estrechándola más contra su cuerpo.
Ella tensa la mandíbula y decapita el gemido de dolor que está a punto de escapar de sus labios cuando él clava sus dedos con brutalidad entre sus costillas marcadas.
—Creo que fue cuando estabas preñada —hace memoria —Sí, recuerdo perfectamente tus pechos hinchados —gime llevando una mano a su pecho, y amasando la carne con fuerza, hasta el punto de hacerle daño —Oh, espera, ahora lo recuerdo todo ¡Te pusiste de parto mientras yo te estaba follando —ríe él —Dios, pusiste la cama perdida de sangre, parecía que habían degollado una puta vaca, ¿Recuerdas como llorabas? —pregunta, colocándose frente a ella para ver su rostro.
—Cállate —gruñe ella evitando su mirada, deseando quedarse sorda, o que un enorme tren pase junto a ellos, se lleve el eco de sus palabras, y de paso lo arrolle desperdigando todos sus sesos por la vía.
Negan sonríe sintiéndose poderoso, sabe que por mucho que a ella no le guste lo que va a escuchar no podrá hacer nada para impedirlo.
—Te pasaste todo el polvo suplicando "Por favor, Negan, para" "Algo va mal" "Me estás haciendo daño" "Vas a matar a mi bebé" —imita su voz de forma burlesca.
—He dicho que te calles —vuelve a gruñir, esta vez clavando sus ojos acerados en los suyos. Odia los recuerdos que están llegando a su mente. Incluso puede sentir el dolor, el olor de su sangre, las embestidas de él...
—Fuiste la reina del drama ese día, pero ahora que lo pienso... Sí que podría haber matado a tu cría de un pollazo en la cabeza ¿Te imaginas? Habría sido...
—¡QUÉ TE CALLES YA! —grita.
A Negan no le da tiempo a hablar más, ella le cruza la cara con una fuerte bofetada que no ha visto venir, a pesar de que su mirada furiosa le advertía de ello, pero no imaginó que sería capaz.
Ella respira alterada, lo mira con los ojos llenos de ira, y la mano cerrada en un fuerte puño, preparada para volver a atacar si fuese necesario.
Negan sólo ríe.
—Como me pone tu carácter —gime.
Frota la zona golpeada mientras la mira estudiándola. Aún se sigue sorprendiendo de lo que ha cambiado su pequeño pajarillo asustadizo. Ninguna de sus putas tiene el valor de mirarlo a los ojos, se echan a temblar en cuanto sienten su presencia, o lloriquean si él levanta la voz, pero ella... lleva tantos años ahí que está curada de espanto.
—¿Sabes? Si hubieses mostrado este genio el día que te conocí aún seguirías en tu puto país. Una lástima que las pelotas te saliesen tan tarde —se acerca más a ella y agarra su mandíbula con fuerza —, pero te lo advierto, cariño: Reserva tus impulsos para tus clientes, si no quieres que tu niñita se quede huérfana, a merced de alguien como yo. Seguro que es guapísima como su madre, no le faltarán clientes.
—Juro que como le toques un solo pelo te degollaré mientras duermes —gruñe con toda la fuerza que su instinto maternal le proporciona.
—Pues deja tú de tocarme los cojones con tus desplantes y mal genio, porque como sigas así, la próxima puta que aparecerá en una cuneta con la cabeza reventada serás tú —amenaza agarrando a Lucille para enfatizar lo que ha dicho —Tenemos un trato, yo estoy cumpliendo mi parte, cumple tú la tuya, zorra —ladra furioso —Vete a la ducha, si no quieres que tu hija huela lo puta que es su madre —ordena.
Deja el bate sobre la mesa que está junto a ella y le da la espalda para sentarse en su silla. Sabe lo que estará pasando por su mente ahora mismo, estará imaginando lo fácil que sería agarrar ese palo y reventarle el cráneo con él, pero no lo hará, se conocen demasiado bien, ella sabe que él sabe lo que ella está pensando, sabe que es una trampa por lo que en lugar de intentar nada se marchará de allí dando un portazo.
Sonríe sintiendo como se renueva el poder que tiene sobre ella.
Carol casi se choca con Eugene al salir de esa sala.
—Tengo que ver lo que llevas en la bolsa —dice él con esa voz monótona que tanto le cansa.
—Toda tuya, no son más que unos zapatos para mi niña, y mis viejos tacones rotos, así que ya puedes ir arreglándolos para esta noche, y procura que parezcan nuevos —ordena pagando su enfado con ese hombre que sólo hace su trabajo.
Le entrega la bolsa y camina delante de él rumbo a su vieja habitación.
—¿De...de dónde has sacado el dinero? —pregunta Eugene un poco nervioso. Ella le intimida.
Carol pone los ojos en blanco.
—Engañé a mi cliente para que me comprase unos tacones y a la mañana siguiente los cambié por eso ¿Contento?—aclara —¡Y no, no me devolvían el dinero! —añade, antes de que él haga otra pregunta.
Le arrebata la bolsa de sus rechonchas manos y entra en la habitación donde como siempre expondrá su cuerpo desnudo ante él, que mira sorprendido la cantidad de moretones que tiene sobre sus glúteos.
Se mete bajo el chorro de la ducha, donde las gotas golpean su cuerpo dolorido. Sus pezones están más sensibles de lo normal tras haber sido pinzados, y su trasero arde deliciosamente.
Sonríe suavemente, adora a su encantador salvaje.
Sus pies duelen, ni siquiera se ha parado a mirarlos, pero supone que tendrá algún que otro pequeño corte en la planta. Ha tenido que caminar bastante de la casa de Daryl a la tienda, de la tienda a la parada de autobús, y de la parada al Santuario.
Frota la esponja por su piel, enjabonando cada palmo de su cuerpo. Huele a sudor y al fantástico sexo que ha tenido.
Dios, se quedó dormida cuando él le estaba dando el masaje, quien le iba a decir que aguantar el orgasmo durante tanto tiempo iba a ser tan cansado.
No es el primer cliente que le pide "no te corras aún" pero como la mayoría de las veces ni siquiera está cerca de hacerlo pues no le resulta ningún reto.
Llega hasta su bajo vientre y acaricia la cicatriz de la cesárea, o de apendicitis como le ha hecho creer a Daryl.
La besó... besó con dulzura su cicatriz y... ¿Y qué? ¿Qué más le da? Es una marca en su cuerpo la cual no sabe si amar u odiar.
La ama porque es el recuerdo de que su niña estuvo dentro de ella, y la odia por la razón por la que tuvo que nacer de esa forma.
Sacude la cabeza, no quiere traer a su mente el recuerdo de lo que Negan ha dicho hoy, eso es pasado, y su presente es su niña, a la que dentro de un par de horas volverá a tener entre sus brazos, pero para ello, primero debe dejar de ser Nancy.
Sophia presiona un trozo de papel higiénico humedecido con agua sobre su rodilla despellejada.
—Auch —se queja. No es grave, pero escuece.
Está en la media hora libre que tienen de recreo y ella lleva veinte minutos en el baño, sin intención alguna de volver a salir hasta que suene el timbre que anuncia que deben regresar a sus aulas.
Hannah es mala, ha vuelto a llamarla pobre y le ha dicho a todo el mundo que ella huele mal, tiene piojos y viste ropa de niños muertos.
No es verdad, se baña todos los días, su cabello está limpio, y la ropa es de la tienda del padre Gabriel. Pero nadie le cree, y para rematar la ha empujado al salir al patio, haciéndola caer al suelo, golpeándose la rodilla contra un escalón. Los demás se han reído, y ella ha corrido al baño para que los profesores no la vean llorar y llamen a su madre.
Tiene un agujero en el pantalón del chándal. Odia cuando la ropa se rompe. Mamá pierde tiempo de descanso para así poder arreglarla, ya sea cosiéndola o con parches, y luego se marcha más cansada al trabajo. No le gusta que mamá esté cansada por su culpa
Tiene miedo de salir al recreo y que sigan metiéndose con ella, por lo que, pasará la media hora de descanso encerrada en el baño, utilizando el váter como asiento y girando el spinner que mamá le regaló.
Sonríe con amargura, mamá estaba tan contenta de verla con ese juguete...
Le encanta verla sonreír y no quiere entristecerla, por lo que, no le contará que lo está pasando mal en el colegio, ademas, trabaja mucho para que ella pueda estudiar, lo que menos se merece es que se queje de ello, pero... no le gusta ese sitio, los profesores son buenos, y le gusta aprender, el problema es que cuando tienen que hacer cosas en pareja o grupos siempre la dejan de lado, en la hora de gimnasia cuando hay que hacer equipos siempre es la última en ser elegida, y en el recreo pues... a la vista está, y encima se le ha caído la mitad de la suela del zapato, espera que mamá no se de cuenta...
Daryl tamborilea con los dedos sobre el mostrador de una tienda.
Está contento, Gregory no tiene planes para él, por lo que, por primera vez desde que es rico, tiene el día libre para disfrutarlo sin tener que aguantar su presencia.
Tiene pensado ir a comprar un nuevo carrete para su cámara, e ir de tiendas en busca de algo de ropa acorde a sus gustos, pero primero va a adquirir un teléfono móvil.
Nunca ha tenido uno, pero Rick tiene, Abraham tiene, Patricia tiene... y seguro que Nancy también tiene. Le encantaría poder estar en contacto con ella las horas que no están juntos. Saber cómo está, que está haciendo, oír su voz, su risa, tener un poco de sexo telefónico...
Sonríe, y la dependienta se sonroja creyendo que es a ella. Ups, lo siento chica, pero esta sonrisa ya tiene dueña. Piensa.
La mujer coloca frente a él la caja con el teléfono y espera que pague con la tarjeta que... ¿Dónde coño está la tarjeta?
—No puede ser... —murmura.
Busca entre los recovecos de la cartera, se palpa los bolsillos de la chaqueta y pantalón por si por casualidad ha podido guardarla ahí.
—¿Algún problema? —pregunta Rick que está a su lado haciendo su trabajo de escolta.
—He... he perdido mi tarjeta. A ver tengo todas estas —muestra la colección de tarjetas que ha heredado —, pero me falta la mía personal —explica.
Entrega a la dependienta una de las otras tarjetas. Eso es lo bueno de su nueva vida, que tiene tanto dinero repartido por diferentes cuentas que sabe que si no puede pagar con una tarjeta lo hará con otra.
—¿La has utilizado el algún otro lado? —formula Rick.
—No, yo no... ¡La zapatería! —recuerda —Anoche le compré unos zapatos a Nancy, puede que la haya olvidado allí.
Se tranquiliza un poco, sí, seguro que está allí, sólo tiene que ir a la zapatería, saludar a las marujas asquerosas que estén ahí y que con suerte la dependienta de anoche le atienda, reconozca y le de la buena noticia de que su tarjeta está a buen recaudo.
Carol espera nerviosa frente a la puerta del colegio de su niña.
Se siente observada, las mujeres de su alrededor la miran y cuchichean, y eso empieza a inquietarle.
Se mira disimuladamente; está correctamente vestida, no tiene nada puesto del revés, ha maquillado los moretones de su cuello, camuflado el corte de su labio y está aseada ¿Qué miran tanto? Vale que su ropa le queda un poco grande, y la camisa está algo deshilachada, pero por lo demás...
—¡Mamá! —grita Sophia.
Carol sonríe al escuchar su dulce voz y la abraza con fuerza cogiéndola en brazos.
—Hola, mi amor ¿Qué tal el día? ¿Lo has pasado bien? —pregunta.
La estrecha más contra ella para sentir su corazón latiendo a la par que el suyo.
—Sí, he jugado mucho con mis amigos —murmura con el rostro enterrado en el cuello de su madre para que no vea la mentira en sus ojos.
Carol le da un beso en la sien, la achucha una vez más y la deja en el suelo para caminar juntas de la mano.
—¿Qué te parece si dejamos la mochila en casa y almorzamos en nuestro restaurante favorito? —pregunta.
Sonríe cuando a su niña se le ilumina la cara y asiente efusivamente.
Ella se muere de vergüenza cada vez que tiene que acudir al comedor social, pero para Sophia es algo maravilloso digno de celebrar, por ahora... porque cuando sepa la verdad de ese lugar no querrá volver por allí, y la odiará por haberla llevado a ese sitio.
—Hey, ¿Estás bien, mi amor? —pregunta al notar que camina extraño.
Se agacha para estar a su altura y entonces lo ve: uno de sus desgastados zapatos ha perdido parte de la suela, tiene el pantalón roto y una herida en la rodilla.
—Me he caído en el recreo, pero estoy bien —la tranquiliza ella.
Carol observa la herida, es algo muy superficial, no necesita ningún cuidado especial.
—Te echaré un poco de Betadine cuando lleguemos a casa y te daré un beso de esos que lo curan todo —dice besando la punta de la nariz de su hija.
Sophia sonríe.
Sí, los besos de mamá son mágicos, al igual que toda ella, es salir del colegio, estar entre sus brazos y olvidar todas las penas del día.
—Siento haber roto el pantalón —se disculpa.
Carol le sonríe con ternura y vuelve a cogerla en brazos.
—No me duele, mamá, no hace falta que me lleves en brazos —asegura.
—Ya, mi vida, pero no puedes caminar sin suela en el zapato, puedes clavarte algo en el pie y hacerte daño.
Sophia se lame los labios, esperaba que su madre no se diese cuenta de eso, y arreglarlo en casa mientras ella duerme.
—Podemos pegarle un trozo de cartón, a lo mejor aguanta hasta que el padre Gabriel traiga zapatos para mí —propone inocentemente.
Carol la mira con ternura, no sabe si reír o llorar. Mientras otros niños lloran a sus madres para que les compren chorradas, su niña le está proponiendo un arreglo casero para esos zapatos destrozados y así evitar que se gaste dinero en unos nuevos.
¿Puede haber algo más hermoso y triste a la vez?
—Buenas tardes, señora Crosby —saluda a la casera que musita un desganado saludo sin dignarse a levantar la cabeza de la revista de cotilleo que está leyendo.
Sube las maltrechas escaleras hasta llegar al rellano de su piso y deja a Sophia en el suelo para poder buscar las llaves en su bolso que... ¡Mierda! Claro, eso era lo que estaban mirando las marujas del colegio.
Antes de ir a recoger a su niña se pasó por la iglesia con la escusa de ver si había algo de ropa para ella, pero su verdadera intención era robar una vela para... para sus cosas.
El problema es que no la ha guardado bien y se ha paseado por todo el barrio con ella asomando por el bolso.
La habrá visto todo dios, es de color granate y en un lateral tiene escrito "Parroquia María auxiliadora"
Ya se imagina lo que habrán estado cuchicheando esas señoras.
Sí, ha robado en una iglesia, es una pecadora, una hereje, una arpía, una zorra mala, le da igual lo que piensen de ella ahora mismo, no le importa, si ese Dios existe, cosa que duda, la sabrá perdonar. Total, es sólo una puta vela, cosas peores roban otros, como la inocencia de una niña, por ejemplo, y pasean por la calle como si fuesen almas cándidas, aunque estén podridos por dentro.
Sacude la cabeza, no es tiempo de recordar el pasado. Abre la puerta de esa pequeña habitación que llama casa.
—Después de usted, majestad —le da paso a su hija.
Sophia se echa a reír y entra corriendo en casa sin perder el tiempo en dejar la maleta cuidadosamente en el suelo y echar a correr al baño para hacer pis y lavarse las manos, pero se detiene a mitad de camino.
—¿Y esto? —pregunta emocionada al ver unas preciosas botas color marrón y unos tenis colocados encima de una caja sobre la cama.
—Son para ti, mi amor.
El corazón le da un vuelco cuando su niña se gira y la mira sonriente con los ojos brillantes por las lágrimas. Ahí está, esa es la razón por la que sigue levantándose cada día y hace lo que tiene que hacer.
—¿Para mí? —pregunta con voz entrecortada aún sin creerse lo que está viendo.
Se acerca a los zapatos y los acaricia suavemente con la yema de los dedos para inmediatamente retirar la mano. No quiere estropearlos.
—El padre Gabriel los ha guardado para ti. Pruébatelos —pide Carol.
Sophia tuerce el gesto, dudando de la veracidad de las palabras de su madre ¿Y si lo ha comprado en una de esas tiendas que no son gratis?
Vuelve a mirar a su madre.
—Vamos, mi amor, ¿Qué ocurre? ¿No te gustan? —se extraña Carol al verla tan quieta mirando los zapatos.
—¿De verdad son del padre Gabriel? —pregunta dudosa.
—Sí, mi amor, te lo juro, puedes preguntarle a él para que veas que es verdad —dice cruzando los dedos a su espalda por ese falso juramento que acaba de hacer.
El padre Gabriel está al tanto de la verdad de esos zapatos, y le tocará mentir a Sophia si le preguntase. Se ha sentido patética rogándole a un cura que mienta a su niña haciéndole creer que los zapatos que llevará puestos son donados, y no comprados con amor, pero sabe como es su hija, se negará a ponerse esos zapatos si sabe que han costado dinero ¿Cómo decirle que han salido gratis? No puede seguir utilizando a Nancy, demasiadas cosas le ha regalado ya. A este paso acabará cogiéndole más cariño que a ella.
Sophia analiza el rostro de su madre buscando la mentira en sus ojos. No ve nada, por lo que decide creerla.
Sonríe, se apresura a quitarse sus viejos zapatos y se coloca corriendo una bota en el pie izquierdo y una zapatilla deportiva en el derecho.
Son súper cómodos, y huelen diferentes a todos los que ha tenido antes.
—¿Te gustan? —pregunta Carol sonriente.
Se agacha frente a ella y presiona con su dedo pulgar sobre la punta del zapato. Son de su talla, y con suerte le durará todo el año.
Sophia asiente.
—Los tenis son muy cómodos, no pesan, seguro que gano a todos los niños en las carreras, y las botas muy calentitas —abraza a su madre con fuerza —Te quiero —susurra contra su cuello.
Carol la estrecha más contra ella, saboreando ese Te quiero, tan sincero y único, que sabe que nadie más le dirá.
—Yo también te quiero, mi amor —devuelve ella.
Puede llamar a sus clientes con todos los apelativos cariñosos que conozca, pero "mi amor"sólo está reservado a ella, al igual que los "te quiero" jamás se los dirá a nadie más, ya aprendió la lección, esas palabras pertenecen a su niña, a ella y sólo a ella. Su razón de vivir, el motivo por el cual ha arrancado hasta la última pluma de sus alas de libertad, porque mientras ella sea una esclava, su niña será libre, y eso es lo único que le importa.
Daryl sale de la ducha y se mira en el espejo. Está un poco arrepentido de haberse afeitado el cuerpo. Vale que nunca ha sido muy velludo, pero le gustaba la sensación de tener a Nancy con la cabeza sobre su pecho y jugueteando con su escaso vello pectoral.
Espera que merezca la pena todo eso, y que no sea una broma de... Dios, puede ser una broma, esa hija de puta es claramente capaz de eso como venganza.
Más le vale que no lo sea.
Se anuda la toalla a la cintura y se siente en la cama a seguir configurando su nuevo móvil.
Rick le ha ayudado un poco a entender ese chisme, le ha enseñado a apuntar números en la agenda, instalar aplicaciones, hacer búsquedas en Google...
Necesita tener la mente ocupada para no pensar en lo que ha pasado ese día.
Su tarjeta bancaria sigue sin aparecer. Fue a la zapatería que visitó con Nancy, por desgracia, no estaba la dependienta que les atendió la noche anterior, pero bueno, tampoco le importó mucho, sólo necesitaba saber si había dejado su tarjeta olvidada ahí. Pero nada... por lo que, tras buscarla por cada rincón de la casa, fue al banco a anularla, para descubrir que alguien la había robado, y usado hasta no dejar un puto duro en ella.
No se lo creía ¿Cómo han podido adivinar su número secreto? pero por lo visto puede que el ladrón haya estado comprando por Internet y para eso sólo necesitaba estar en posesión de la tarjeta. Odia ser un ignorante en todo eso.
No debería importarle mucho esa pérdida, total, no había mucho dinero ahí, tiene mucho más en cualquiera de sus otras tarjetas, pero aún así...
Sacude la cabeza, debe de dejar de pensar en ello, ese dinero ya lo ha perdido, sólo puede esperar que Rick lo llame con noticias o alguna pista sobre por cuales cajeros ha pasado su tarjeta y si alguna cámara de seguridad ha llegado a grabar al ladrón.
Mira el reloj.
Debería ir vistiéndose, dentro de poco volverá a ver a su diosa de los placeres, la cual le hará olvidarse hasta de su nombre.
Esa mujer...
Carol se para en seco antes de cruzar la esquina donde Daryl debería de estar esperándola como lleva haciendo todos estos días desde que se conocieron. Aunque a lo mejor no va a buscarla, puede que tenga algún tipo de compromiso, otro plan, o sencillamente no tenga ganas de verla, total, tampoco es que ella sea el centro de su universo.
Quizás sea mejor así... no sabe qué va a hacer hoy para volver a casa con más de 100$. No quiere volver a robarle.
Mira sus tacones, Eugene ha hecho un buen trabajo, parecen completamente nuevos, quizás lo sean, Daryl no se dará ni cuenta de que no está estrenando los zapatos que le compró ayer.
Mira su reflejo en el cristal del escaparate de la boutique de moda que tiene justo en frente.
—Hola, Nancy —se saluda, y casi le parece ver como su reflejo le devuelve una sonrisa pícara.
Ajusta bien el vestido, se yergue cuan alta es, coge aire y camina dispuesta a hacer resonar sus pasos por la calle fingiendo que es capaz de controlar el mundo con el simple vaivén de sus caderas.
—Gracias a Dios —murmura sintiendo una agradable sensación de tranquilidad cuando ve el coche de Daryl aparcado frente al Hotel Alexandria.
Hoy él volverá a ser su cliente, lo que por un lado es un quebradero de cabeza por el tema del dinero, pero por otro, le asegura que sobrevivirá una noche más para ver a su niña al día siguiente, él siempre la trata bien, nunca la ha hecho temer por su vida, además, hoy manda ella.
Sonríe al recordarlo.
—Hola nena —saluda Daryl devorándola con la mirada.
Está aún más guapa que la noche anterior ¿Cómo es posible?
—De nena nada, hoy me debes obediencia, así que baja del coche, niño rico, conduzco yo —ordena.
Daryl se echa a reír.
—¿Qué dices? ¿Se te han subido las ansias de poder a la cabeza? Aún no ha empezado el juego, no hemos llegado a ningún acuerdo, aún no mandas, por ende no pienso dejarte conducir, loca, sube ya —se niega él.
Carol finge ofenderse y lo asesina con la mirada.
—21, 22, 23...
—¿Qué haces ahora? —pregunta con una suave sonrisa. A veces no entiende a esa mujer, o casi nunca, mejor dicho.
—Nada, añado azotes a tu castigo por desobedecer a tu reina —responde mirándose las uñas distendida —24, 25...
Daryl resopla.
—Vale, vale, conduce tú —se precipita en aceptar. Como siga añadiendo azotes no podrá sentarse en una semana.
Se quita el cinturón, sale del coche y espera junto a la puerta a que el eco de sus tacones acercándose se detenga.
Su corazón se acelera aún más de lo que ya está cuando la tiene frente a él, su delicioso aroma inunda sus fosas nasales y su sonrisa pícara le revela que está disfrutando con todo eso.
—Estás preciosa, mi reina de la noche —dice perdido una noche más en sus hermosos ojos.
Ella se muerde el labio juguetona.
Preciosa...
Se inclina para besarla, pero ella lo esquiva con un resoplido, se introduce corriendo en el coche y cierra la puerta tras ella.
—Mis 100$ —pide asomando la mano por la ventanilla.
Daryl pone los ojos en blanco, ya había olvidado que no puede besarla hasta haber pagado la noche, y tampoco puede besarla una vez que esa noche termine. Odia eso.
—Aquí tiene, su majestad —le entrega el dinero haciendo una reverencia.
Carol arranca el coche.
—¡No vayas a irte sin mí, loca! —grita apresurándose a entrar por la puerta del copiloto.
—¡No prometo nada!—bromea ella pisando el acelerador del coche para hacerlo rugir.
Agarra el volante y mira los mandos. Lleva un par de años sin conducir, desde el día que Tara le pidió el favor de que la llevara a urgencias porque se encontraba mal, y le dejó las llaves del coche.
Espera que sea como montar en bici que nunca se olvida.
Daryl la observa, está de lo mas sexy mirando toda concentrada los mandos de su coche.
—¿Te puedo besar ahora? —pregunta mirándola suplicante.
Carol sonríe dándose aires de grandeza, le hace gracia lo metido que está en el papel de sumiso, fingiendo estar desesperado por un beso.
Ella comienza a regular el asiento, retrovisores exteriores, interior, al tiempo que, por alguna extraña razón, tararea "Pequeña serenata nocturna" de Amadeus Mozart.
Daryl se impacienta ¿En serio le va a negar el beso? Vamos, lleva casi todo un día sin besarla, se muere por probar sus labios de nuevo.
—¿Me estás ignorando? —pregunta, pero no obtiene respuesta —Sí, lo estás haciendo.
—¿Te has ganado el beso? —murmura sin mirarle, más pendiente de averiguar cómo se regula el retrovisor derecho.
—Te estoy dejando conducir nuestro coche, y ni siquiera sé si sabes. Lo mismo nos estrellamos, la palmo y te arrepientes toda tu vida de haberme negado este último beso.
Carol se muerde la mejilla procurando aguantar la sonrisa que lucha por escaparse.
—Eres el chantajista emocional más cutre que he conocido en mi vida —masculla fingiendo desinterés.
Se incorpora correctamente a la circulación.
Hay mucho tráfico como de costumbre en Nueva York, y las luces de los automóviles que vienen de frente la ciegan momentáneamente, pero le gusta conducir, esos coches de ricos se manejan solos.
Cuantas veces habrá pensado en hacer la maleta con sus cuatro posesiones de mierda, tomar un coche y huir con su niña a un lugar donde Nancy no exista.
Pero... imposible... sabe que está vigilada, que su libertad es sólo una ilusión y que en cuanto haga algún movimiento extraño los esbirros de Negan se echarán sobre ella para...
Sacude la cabeza, no puede traer su vida personal a su mente en este momento, tiene un papel que interpretar, y un dominante queriendo ser sumiso al que controlar.
—Mastúrbate —ordena sin más.
Daryl la mira sorprendido, no se esperaba para nada esa orden, bueno, un poco sí. De ella se puede esperar cualquier cosa.
Piensa en negarse, no le apetece nada hacer eso ahora mismo, está más preocupado en mantener la vista fija en la carretera por si ella se despista y debe advertirle, pero no quiere arriesgarse a que añada más azotes a su castigo, y además, él le pidió exactamente lo mismo un par de noches atrás, es justo que ella quiera devolvérselo. Y total, conduce bien.
—A tus órdenes, pero te aviso que no estoy muy excitado ahora mismo —informa un poco tímido.
Desabrocha sus pantalones y libera su miembro que se encuentra totalmente flácido.
Traidor...
Mira a Nancy en busca de la excitación que tanto necesita.
Le gusta mucho su perfil, su semblante serio, sus ojos capaces de devorar las luces de la noche, su silueta envuelta en un halo de luz y misterio... Dios, es el más hermoso de los enigmas.
Baja la mirada. Sus clavículas marcadas su...
—¡Cuidado! —grita al ver como se sale del carril.
Carol para el coche en el arcén bajo la atenta mirada de él que poco a poco va pasando de alarmada a interrogante. No pretendía asustarlo, sólo ayudarlo un poco con su tarea.
Lo agarra por la corbata y tira de él hacia ella para golpearlo con un beso, ahogando su pregunta, devorando su boca como mejor sabe hacer, adueñándose de su lengua y gimiendo contra sus labios para alimentar su masculinidad.
Tiene que confesar que por lo general no le agrada besar a sus clientes, incluso procura evitarlo, total, la mayoría suelen olvidarse que es una mujer y no un simple trozo de carne con agujeros donde meter la polla, pero con Daryl... supone que lo puede añadir a su lista exclusiva de clientes a los que no tiene reparos en besar.
Daryl acaricia su mejilla, desliza lentamente la mano hasta su nuca donde los bucles de su cabello se enredan en sus dedos y la estrecha más contra él.
Si por él fuera pasaría la noche entera besándola. Ama su forma de besar, la suavidad de sus labios, la maestría de su lengua, su respiración a quemarropa... Si le diesen la oportunidad de detener el tiempo en algún instante de su vida elegiría ese, para besarla hasta el momento del último soplo de su corazón, pero por desgracia, la única que controla el tiempo en esa relación es Nancy, la cual separa sus labios de los suyos dando por finalizado ese ansiado beso.
Abre los ojos y la mira con la boca entreabierta, prácticamente ha olvidado hasta su propio nombre, cosa que no le sorprende.
—Joder —exhala.
Ella sonríe mostrando sus hermosos dientes.
Alza la vista hacia él, para seguidamente bajarla hasta su entrepierna y volver a recorrer el camino de regreso hasta sus ojos y mirarle con una mueca orgullosa dibujada en sus labios.
Daryl se echa a reír.
—Sí, ya se que tienes un don para levantar cosas sin tocarlas, me encanta eso de ti —gime él.
Intenta volver a besarla, pero ella lo detiene presionando dos dedos contra sus labios y empujándolo suavemente hacia atrás.
—Yo decido cuando besar —sonríe altanera —Ahora mastúrbate.
Daryl la mira un instante ¿Es normal que le excite tanto verla con esos aires de grandeza?
—Como ordenes —obedece.
Desliza su puño cerrado por su miembro totalmente erguido. Arriba, abajo, arriba, abajo...
Es increíble lo que es capaz de hacerle con un simple beso.
Esa mujer...
—Quiero que te masturbes hasta que lleguemos a casa, pero sin llegar a correrte —ordena ella.
Piensa tenerlo al límite toda la noche, a ver si ese machote es capaz de aguantar tanto como ella.
Daryl reduce la velocidad de sus movimientos y procura no tener pensamientos sucios para durar toda la noche, o hasta llegar a casa al menos. Sabe que se va a pasar la noche poniendo a prueba su aguante.
Carol mira de reojo a ese Adonis que tiene sentado justo a su lado, bombeando su poderoso miembro cuyas venas están fuertemente marcadas y en la punta asoma la primera gota de líquido preseminal.
Dios, Carol, deja de mirarlo, ni que fuera la primera polla que ves. Se regaña.
Procura concentrarse en conducir, y estar atenta al espejo retrovisor por si ve las luces rojas y azules de la policía acercándose.
—Tengo que confesarte que no tengo permiso de conducir —revela.
Daryl detiene sus movimientos y la mira entre asustado y sorprendido.
—¡La madre que te parió! ¡Lo sabía! ¿Pero sabes conducir? —pregunta alarmado.
—Que va, nos estrellamos en cuanto salimos del aparcamiento y ahora yaces moribundo en el suelo. Todo esto no es más que un sueño producto de tu mente inconsciente ¡Pues claro que sé conducir, imbécil! ¿No me ves?
Daryl se regaña mentalmente por su estúpida pregunta.
—¿Y por qué no tienes permiso de conducir? —pregunta curioso.
Carol lo mira de soslayo y se encoge de hombros.
—¡No dejes de masturbarte —le regaña al darse cuenta de que ha parado—Nunca me interesó conducir. Aprendí gracias a un cliente al que amputaron las dos piernas por la diabetes y necesitaba a alguien que condujese su auto. Era un viejo de unos 70 años, muy raro, se pasaba la noche diciéndome que le recordaba a su hija, incluso me llamaba por su nombre cuando se corría. Era asqueroso.
Murió en un accidente de coche, supongo que intentaba enseñar a conducir a otra puta con menos facultades de aprendizaje que yo —revela ella arrepintiéndose al instante. No debería haber desvelado eso.
Daryl la mira incrédulo.
—¿70 años? ¿Por qué aceptaste acostarte con él? —pregunta asqueado.
—El dinero es dinero, cariño, me da igual del que salga. Además, los ancianos y minusválidos también tienen derecho a desfogarse —responde ocultando la realidad. ¿Qué decirle? ¿Que ese viejo era el padre de su proxeneta y que estaba encaprichado de ella de una forma que llegaba a ser enfermiza? —¡No pares de masturbarte! —grita al ver como sus movimientos se han detenido y su miembro ha perdido rigidez. Es su culpa ¿A quién se le ocurre contarle que se acostaba con un viejo que la llamaba por el nombre de su hija? Eso baja la libido a cualquiera, y si le hubiese dicho la edad que tenía cuando todo eso ocurrió...
Tiene que arreglar eso.
—Me gustó mucho todo lo que me hiciste anoche, estuviste genial. Tengo el culo lleno de moretones, y cada vez que tomo asiento siento un delicioso dolor que uhmm, hace que recuerde cada azote que me diste. Dios, me encantó cuando me pusiste las pinzas en los pezones y tiraste de ellas, y cuando pasaste el hielo por mi clítoris dejándolo congelado, para luego azotarlo haciendo que se descongelase al instante. Es recordar todo eso y ponerme cachonda, hasta el punto de mojar bragas —gime ruidosamente esperando obtener una reacción en él. Los hombres son muy simples, aunque debe admitir que ella también se siente un poco excitada por esos recuerdos.
Preocupante...
Daryl vuelve a bombear su miembro sin entender como ha podido caer en ese truco de seducción tan simple. No sabe si es su voz, el tono, sus gemidos...
—Tú no llevas bragas —le recuerda. Ella sólo sonríe —Déjame tocarte, por favor —suplica. Dios, se muere por deslizar sus dedos entre sus muslos y comprobar si es verdad lo que le dice, que disfrutó de todo lo que le hizo anoche, y se excita en el recuerdo, aunque dada la manera que han tenido sus pezones de erizarse mientras hablaba tiene la corazonada de que no le ha mentido.
—No —se niega con sequedad, disfrutando de su necesidad.
Sacude los hombros haciendo que uno de los tirantes de su vestido resbale por él de una forma extrañamente sensual.
—Dios, eres una reina malvada ¿Lo sabías? —se queja en un gemido. Ama y a la vez odia el poder que tiene sobre él. Le está haciendo perder la cabeza y ni siquiera lo ha tocado.
Ella ríe con esa risa malévola tan suya.
Vuelve a observarla, aunque quizás debería dejar de hacerlo, tiene que aguantar hasta llegar a casa, y ya empieza a notar un dolor en el bajo vientre que...
Gruñe frustrado, tiene que aguantar, la muy canalla piensa devolverle todo lo que él le hizo la noche anterior tal y como le advirtió.
Supone que se lo merece.
Llegan a la casa, Carol mete el coche en el garaje.
Misión cumplida, la policía no la ha pillado.
—¿Quiere mi reina que la lleve en brazos? —se ofrece servicial él, inclinándose en una burlesca reverencia.
Carol lo observa con una media sonrisa al ver su erección presionando con fuerza contra sus pantalones.
Que se burle todo lo que quiera, lo tiene a su merced.
—No, gracias, me conformo con que lleves mis zapatos —pide entregándoselos —. Vamos —Lo agarra de la corbata y tira de él, guiándolo por los pasillos de la casa como si de un perrito se tratara.
—Por favor, dime que no me vas a pedir que ladre —bromea él. Aunque sabe que sería capaz de llegar a ese nivel de humillación.
Nancy sonríe enigmática. Miedo le da...
—¿Dónde está tu guardaespaldas? —pregunta al ver que no hay nadie frente a la puerta de su habitación como suele ser habitual.
—Está ocupándose de unos asuntos —responde sin dar mas detalles. No quiere aburrirla con lo de la pérdida de su tarjeta bancaria.
—Mejor para mí, así nadie acudirá en tu ayuda cuando te escuchen gritar —ronronea en su oído, entreteniéndole al tiempo que abre la puerta de la habitación y lo empuja al interior.
Daryl cae sobre la cama y la mira sorprendido, no sabe de dónde saca tanta fuerza esa mujer.
—¿Y esto? —se sorprende ella al ver una mesa con comida.
Daryl se incorpora para hacer la presentación .
—Berenjenas gratinadas rellenas de carne y de postre uvas, espero que te gusten.
—Me encantan las uvas —informa ella cogiendo una e introduciéndola lentamente en su boca, empujándola con el dedo mientras lo mira con una sensualidad que atraviesa su alma.
Daryl siente como su miembro se remueve en sus pantalones.
—Joder, y eso que te he puesto uvas, si llego a ponerte plátanos...
—Pues los habría utilizado para metértelos por el culo como castigo por no dejarme comprar ningún juguete con forma de polla —murmura distraída mirando todo lo que hay en la mesa.
Tiene sobre su plato dos mitades de berenjenas que huelen que alimentan.
Se comerá una y la otra se la llevará a casa, junto con un buen racimo de uvas.
Su estomago ruge y cruza los dedos para que Daryl no lo haya oído.
—Bueno... ¿Cenamos? —propone él.
Se hace un silencio y siente como un escalofrío recorre su espina dorsal al ver la forma tan malévola que tiene de mirarle.
—Aún no, primero quiero que entres al baño, te desnudes dejándote sólo la corbata y no salgas hasta que yo te llame —ordena —Ah, y métete esto —añade sacando de su bolso el huevo vibrador.
Se sienta a la mesa olvidándose de él y comienza a comer.
Daryl la mira sorprendido. ¿Cuándo ha cogido ese juguete? La madre que la parió, aún no han acordado nada sobre el juego y lleva dándole órdenes desde que ha ido a buscarla, y ahora está tranquilamente sentada a la mesa comportándose como si fuese la dueña de todo aquello.
Dios, le encanta esa mujer.
—¡Obedece! —mete prisas.
Daryl sale de sus pensamientos y marcha al baño, cuanto antes obedezca antes comenzará su noche de sexo.
Tiene que admitir que está nervioso. Él es un ignorante en todo aquello, nunca ha hecho eso antes, su vida está llena de encuentros sexuales rápidos en los aparcamientos de una discoteca o en moteles de mala muerte, pero lo que está viviendo con ella es algo completamente nuevo para él, en todos los sentidos.
Dios, recuerda lo que pasó la noche que ella tuvo poder sobre él, fue maravillosa, y esta sabe que no será menos. Aunque esos juguetes... ¿Cómo los irá a utilizar? No sabe si sentirse asustado o excitado...
Se desnuda lentamente, liberando su miembro que se encuentra desesperado por enterrarse entre los muslos de esa diosa. Por desgracia, sabe que le hará esperar.
—La corbata —recuerda que le pidió que se la dejara.
La recoge del suelo, la anuda correctamente al cuello y espera impaciente tras la puerta a que ella lo llame y así...
¡El juguete! Se había olvidado de él.
Lo coge entre sus dedos y lo observa. Si su hermano viese el uso que le está dando a ese cacharro... no sabe si se sentiría orgulloso o lo mataría a palos.
Carol saborea su cena. La carne se deshace en su boca y llena su estómago vacío. A lo largo del día sólo ha comido el guiso que almorzó en el comedor social. El pan y postre se lo dio a Sophia, y no suele merendar para que la comida de casa dure más.
Sonríe al recordar a su niña en el comedor, lo contenta que estaba enseñando sus zapatillas deportivas y spinner a todos los que estaban allí.
Cuando llegaron a casa tras haber almorzado se quitó los zapatos, los limpió con esmero y volvió a guardarlos en su caja.
Ama eso de su pequeña, es tan cuidadosa con lo poco que tiene, sabe apreciar el valor de las cosas.
La echa de menos. Le encantaría poder estar más tiempo con ella. Intenta mantenerse despierta lo máximo que puede, dormir el ratito que tiene antes de ir a recogerla al colegio para estar más horas con ella por la tarde, pero el sueño le acaba venciendo y, o duerme un poco, o Nancy no podrá rendir. Por suerte anoche durmió un par de horas junto a Daryl, cosa que hoy ha agradecido enormemente.
Niega con la cabeza.
A lo largo de su vida ha pasado la noche con innumerables hombres y mujeres, pero jamás ha tenido la oportunidad de acurrucarse con su pequeña mientras el manto de la noche las acuna.
Cuando era un bebé estuvo la primera semana las 24 horas del día con ella, pero dormir, lo que se dice dormir era lo último que hacía.
Sonríe amargamente "pasar una noche al lado de su niña" que sueño más pequeño tiene, y qué lejos están de hacerse realidad.
Bueno, le compensa saber que su niña está encantada con Tara, que la chica la trata bien, lo pasa bien cuando cuida de ella y que mañana no le faltará la comida.
Mira el reloj. Han pasado diez minutos.
Sonríe, sí que tiene paciencia ese hombre. Casi que le dan ganas de hacer vibrar el juguete para que sepa que no se ha olvidado de él.
No, un poco más...
Hola, espero que os haya gustado este capítulo :) Informo a quienes no me siguen en Twitter que este capítulo es doble, y la otra parte está casi terminada, por lo que en un par de días lo tendré. Lo he dividido para que no fuera muy largo y pesado de leer ^^
(Según Google la talla "12" de zapato es la que corresponde a la de un niño de 6 años en USA (En Europa utilizamos una medida diferente) Si es erróneo avisadme, por favor :) )
Quizás algo que os estéis preguntando tras leer este capítulo es ¿Qué edad tiene Carol? pues... es algo que iréis averiguando poco a poco ^^
En el próximo capítulo hablarán sobre el robo de la tarjeta, y tendrán su escena de sexo BDSM, más sus momentos tiernos poscoito.
Un saludo, y como siempre, gracias por vuestra paciencia y comentarios ^^
