14. Ignorando al corazón
Carol viaja en autobús rumbo al santuario. Tiene la cabeza apoyada en la ventanilla, la bolsa con el regalo de Sophia sobre su regazo y los tupper con los restos de lasaña y el postre que no disfrutó a sus pies.
Está pensativa, dándole vueltas a lo que ha pasado ¿Está Daryl enamorado de ella? Desde luego es lo que le ha parecido por la forma de mirarle y sonreírle que tuvo en el barco, y el cambio de su rostro cuando le dijo que ya tenía a alguien que la llamaba mi amor.
Sonríe para sí. 'Enamorado de ella' puf ¿Puede ser más estúpida? Sólo está encaprichado como lo estuvo Eduard en su día, quiere tenerla para él, ser el único que disfrute del sexo con ella, hasta que se canse o encuentre una señorita hermosa, de familia acomodada y refinados modales que la sustituya. Nadie quiere una relación seria con una puta.
El autobús se detiene y ella baja silenciosa para encaminarse hasta el Santuario pero sin abandonar el hilo de sus pensamientos.
No puede bajar la guardia, no puede dejarse engañar por sus gestos amables y buenas palabras. Es un putero, un putero más como tantos otros que han estado entre sus piernas. A ella lo único que debe importarle de él es su dinero y nada más, porque si se deja llevar volverá a sufrir. La primavera vez sufrió por inocente, si se enamora de nuevo sufrirá por gilipollas.
Entra al santuario y llama al despacho de Negan.
—¡Mi chica favorita! —saluda él como de costumbre—. Buenas noticias: estás limpia —dice mostrándole el informe médico.
Ella suspira aliviada y sorprendida a la vez. Tantos años prostituyéndose, siendo violada por tíos que no se molestan en usar un puto condón y ni una sola ETS, no entiende esa suerte, ya podría ser afortunada en otros aspectos de su vida.
—Lo que sí tienes es una anemia de caballo y no se qué de una infección del riñón y algo del hígado a un nivel alto ¡Vamos, que estás echa mierda! —informa sin mostrar la menor preocupación, sabe que esa vida acaba pasando factura y que en unos años le faltarán piezas dentales y será consumida por alguna enfermedad que nadie se molestará en averiguar cual es. Le da igual, ella se irá pero llegarán otras. Quizás hasta su propia hija, ha heredado la belleza de su madre.
Se acerca a ella y le arrebata el bolso.
—¿De nuevo te dio comida? —pregunta observando el contenido por encima. Le preocupa un poco la caridad de ese gilipollas adinerado.
Carol mira las bolsas y aprieta con fuerza la que contiene el regalo de Sophia.
—Son sólo las sobras, siempre las traigo —responde con naturalidad esperando no haber levantado sospechas.
—Así que te invitó a comer en su barco —dice con desinterés, no le interesa saber las guarradas que hizo.
Carol no se sorprende de que lo sepa, sabe de sobra que siempre estará vigilada.
—Sí, el muy imbécil quería presumir de embarcación —responde restándole importancia.
Negan gruñe en aprobación.
—Vete a ducharte, anda. Apestas a puta barata —ordena tras tomar los 100$
Carol piensa un instante si reclamarle su parte, pero... ¿Para qué? ¿Para que se ría de ella? Lleva dos días sin ver un centavo, pero por mucho que le suplique sólo va a conseguir que disfrute de su sufrimiento, así que... Aunque sí hay algo que le interesa obtener.
—¿Podría llevarme el informe? —pregunta para sorpresa de Negan —Quizás necesite atención médica —se explica.
Negan rompe a reír.
—¿Atención médica? ¿Tú? ¿Cuántas veces te tengo que decir que tú no eres nadie? No existes, ni DNI, ni partida de nacimiento, ni seguro médico... ¡NADIE! Este informe para lo único que vale es para saber de qué has palmado si un día amaneces muerta —dice rompiendo el informe en mil pedazos —. Ahora lárgate.
Carol guarda silencio unos segundos. De nuevo, al igual que con el dinero, se siente tentada a reclamar, pero él tiene razón ¿Qué atención médica va a recibir? Ninguna, a menos no sin que se sepa la verdad sobre su situación.
Gira sobre sus talones y camina con paso firme hasta su habitación donde se dará una ducha para al fin marchar con su verdadero y único amor.
Daryl gira la cucharilla en la taza del café y mira fijamente al horizonte pero sin ver nada. Está sumergido en sus pensamientos, en las palabras de Nancy 'Sólo hay una persona en el mundo a la que permito que me llame así, y se lo permito porque también es mi amor'.
¿Cómo narices pudo pensar que una mujer tan maravillosa como ella no tenía a nadie en su vida? Es inteligente, simpática, preciosa... Es perfecta.
Se siente estúpido, en su mente ya se estaba imaginando un futuro con ella, que llegaría a enamorarla y dejaría de verlo como a un simple cliente, pero ahora no sabe qué hacer. Debería olvidarse de ella, el problema es que no puede, no quiere.
—Estás silencioso hoy —comenta Patricia —¿Te ocurre algo?
Daryl la mira y sonríe.
—No, nada, sólo estoy casado —miente.
—Oh, se nota. Y dime ¿Le gustó a la muchacha la comida? —pregunta con toda su inocencia.
Daryl hace un esfuerzo en sonreír para que no se le note cuanto le duele pensar en ella.
—Mucho —responde sin dar más detalles.
—Me alegro —dice ella sonriente, y vuelve a sus tareas.
Él vuelve a sus pensamientos meditando si ir a buscarla o no esa noche.
Carol observa a su niña devorar la lasaña que tanto le gusta.
Sonríe al verla, aunque esa comida lo único que hace es traerle recuerdos de lo que pasó esa noche.
Lleva todo el tiempo pensando qué hacer con Daryl. Podría colocarse en otra esquina para que él no la vuelva a ver y así no pueda contratar sus servicios, podría decirle directamente que no quiere irse con él, pero es que sí quiere irse con él, la trata bien, y sabe que estará a salvo a su lado hasta que sus heridas cicatricen. Así que lo que le queda es endurecer su corazón lo máximo posible para que él no pueda romperlo. Recordarse a cada minuto todo lo que el padre de Sophia decía, hacía y como acabó todo. Ver a Eduard en el rostro de Daryl, escuchar la voz de Eduard en lugar de la voz de Daryl, sentir sus caricias, sus besos y no los de Daryl para así odiarlo de la misma manera.
—¡Es la mejor lasaña que he probado nunca! —exclama Sophia con la boca llena.
Carol le sonríe.
—Me alegro, mi niña —dice acercándole el postre.
—Ala, que buena pinta —se emociona.
Toma la cuchara y la hunde en el esponjoso chocolate que cruje de una forma deliciosa.
—Sabe como el amor —dice saboreando la tarta.
Carol se ríe de su ocurrencia.
—¿El amor sabe a chocolate? —pregunta sonriente.
Sophia asiente.
—Dulce, blandito, suave y con trocitos salados que lo vuelve interesante.
Carol la mira arqueando una ceja y se echa a reír ¿Quién le ha enseñado a hablar así? Menuda crítica gastronómica tiene en casa.
—Oh, casi se me olvida, Nancy me ha dado un regalo para ti.
Sophia salta de la silla cuando su madre saca una caja de la bolsa envuelta en papel de regalo.
Le da vueltas buscando por donde abrirlo y cuando lo encuentra lo abre con cuidado, puede que ese papel les sirva para algo, es bonito, celeste brillante con gatitos blancos como el que en un futuro le gustaría tener y que llamará Bolita.
—¡Guau! ¡Son pinturas para dedos! —exclama Sophia entregándole la caja a su madre para que le quite la cinta adhesiva que impide que se abra.
—¿Te gusta? —pregunta Carol volviendo a entregárselo.
Sophia mira el contenido: Seis botes de pintura de colores, rojo, amarillo, azul, marrón, verde y blanco junto con un pincel y un rotulador negro para perfilar el dibujo.
—¡Me encanta! Ahora puedo darle color a mi familia dedo. Y no necesito el color carne porque mis dedos son de ese color —sonríe.
Carol mira a su niña dibujar esa familia dedo.
El rojo para el cabello y labios de la mamá, el azul para los ojos de todos, el amarillo para el cabello del papá, la niña y el bebé, el blanco para el gato y el marrón para el perro.
—El verde no lo he utilizado así que la ropa de todos será verde —dice pintándose por completo la mano.
Carol ríe y lee disimuladamente la caja. Espera que toda esa pintura sea fácil de quitar.
Observa como toma el rotulador negro y le da los últimos detalles: Los bigotes del gato, la nariz, boca, cejas y orejas de todos, las manchas del perro, el chupete del bebé, la barba y lunar del papá...
Traga saliva. Es obvio que sigue dibujando a Daryl.
—¿Por qué tiene ese lunar el papá? —pregunta como quien no conoce la respuesta.
Sophia se encoge de hombros.
—El señor Daryl lo tiene y me gusta. Sería un papá guapo —responde sin levantar la vista de su obra de arte —¿Me pintas tú la otra mano?
Carol toma la mano de su hija. No sabe por qué pero le molesta que tenga a Daryl como referencia para dibujar al papá. Podría haber elegido a cualquiera: Axel, Big Tiny, Gabriel, Jesús... cualquiera de ellos le daría igual, pero Daryl... Quiere alejarlo de su inocente mente tanto como de la suya.
Son las 22:00 y llueve, llueve mucho.
Daryl conduce el coche a toda velocidad. Se ha pensado mucho si ir o no a buscarla, lo ha estado meditando todo el día, ni siquiera el arduo trabajo de recorrerse cientos de tiendas en busca de los productos de revelado para su fotografía han podido sacarla de su mente.
Ha estado a punto de no ir, hacer un esfuerzo para olvidarse de ella, pero el simple hecho de pensar que otro tío podría propasarse con ella con la de heridas que tiene ahora mismo, o que otro monstruo la maltrate igual que los del crucero ha conseguido que se levante de un salto de la cama y se recorra las calles de Nueva York a toda velocidad para llegar allí antes que nadie.
Le tocará hacer de tripas corazón, y pensar en ella sólo como prostituta.
—No me lo puedo creer —gruñe al verla caminar con la acera bajo el intenso aguacero sin molestarse en cubrirse.
Se quita la chaqueta y sale del coche encaminándose hacia ella.
Carol se sobresalta. La intensa lluvia no la deja ver y de la nada ha salido algo negro que ha cubierto su cabeza. Por un momento pensó que la iban a secuestrar hasta que escuchó su voz.
—¿No sabes lo que es un paraguas, nena? —pregunta buscando su rostro entre esos mechones de cabello pegados a él.
Nancy bufa.
—Y lo dice el que me ha colocado una chaqueta sobre mi cabeza.
—Yo estaba dentro del coche, no necesito paraguas, pero tú...
Daryl le abre la puerta del coche.
—No pienso llevar un paraguas, me restaría glamour —se defiende.
—Ya ¿Y el estar empapada, moqueando, y con voz de maricón arrepentido por un constipado no te quitaría glamour? —pregunta sin esperar respuesta, sólo quiere que entre en el coche, pero no lo hace —¿Qué haces? ¡Vamos!
Nancy lo mira.
—Voy a mojar tu coche.
Daryl resopla, como si eso le importase.
—¡Entra ya, anda!
La empuja suavemente por la espalda hasta que ella da el paso al interior.
Da la vuelta y entra en el coche agradeciendo la calefacción.
Las puertas se cierran, la lluvia golpea con fuerza el lujoso coche y ellos dos se miran como si se hubiesen visto por primera vez.
Él no iba a ir a buscarla, y ella ha estado a punto de colocarse en otra esquina, pero ahí están los dos, a solas de nuevo, y ahora él no quiere que ella se baje del coche y ella no quiere salir.
—¿Cómo estás? ¿Tienes frío? —pregunta al ver como tiembla su labio.
Sube la calefacción un poco más y frota sus muslos con sus manos para ayudarla a entrar en calor.
La chaqueta de cuero que él le regaló brilla como si la hubiesen encerado, su ropa se adhiere a su cuerpo como una segunda piel y su cabello luce liso, sin rizo alguno, goteando sobre sus ojos.
—Mírate, que glamurosa —bromea.
Nancy se ríe.
—Págame anda —pide ignorando su gesto amable.
Daryl saca la cartera del bolsillo. Es hora de ponerse a prueba, de meter su corazón bajo llave e ignorarlo.
—Gracias —agradece Nancy tomando el dinero —¿Qué planes tienes para hoy? —pregunta seductora.
Daryl le sonríe.
—Ya lo verás, hoy vamos a probar algo que seguro que nunca has hecho.
Nancy ríe sarcástica.
—Soy puta, he hecho de todo.
Daryl dibuja una mueca que pretendía ser una sonrisa. Sí, seguro que ha hecho de todo, pero sólo sexualmente hablando.
Llegan a casa, Daryl deja el coche en el garaje y se encamina con Nancy hasta la puerta principal. Dios, qué alegría no tener a Gregory vigilando sus movimientos.
La observa caminar, sus pasos hacen un relajante eco por toda la casa.
Le resulta extraño que no le haya dicho nada de la noche anterior, con lo tenso que estuvo todo al final... es como si cuando vuelve a ser ella por la mañana se olvidase de todo lo que ha hecho Nancy la noche anterior, como si formatease su mente.
—Hola, ojos azules —saluda a Rick —aquí mi niño rico dice que voy a hacer algo que nunca he hecho antes ¿Tienes tú algo que ver?
Rick mira a Daryl esperando ser rescatado de esa mujer que siempre le habla peligrosamente cerca y le hace sentir tan incómodo.
—Nena —regaña Daryl.
Ella sonríe y entra en la habitación.
—Te lo advierto, he hecho tríos, orgías, con hombres, con mujeres...
—No vamos a hacer nada de eso —la interrumpe —Vas a quitarte ese vestido empapado, colgarlo en el secador de toallas, ponerte la ropa que te compré ayer, cenar y luego verás lo que tengo preparado.
Nancy arquea una ceja esperando más datos, pero él se limita a señalarle puerta del baño para que vaya.
—¿Para qué quieres que me ponga la ropa de ayer? No pienso ir...
—No vamos a salir de casa, pero no quiero que te quedes desnuda —explica, pero ella lo sigue mirando como si no le creyera —¡Ay, dios! ¿Por qué eres tan desconfiada? —gruñe.
Se dirige al armario y saca una de sus camisas blancas y unos pantalones de chándal.
—Ponte esto, entonces.
Nancy mira la prenda. No cree que se atreva a sacarla de casa así vestida, así que la acepta.
Daryl observa como ella se va refunfuñando algo rumbo al baño y cierra la puerta tras ella.
Niega con la cabeza. Cuanto le jode lo desconfiada que es. Bueno, al menos así vestida le será más difícil ver la mujer que hay tras la prostituta, porque con la ropa que tenía ayer puesta...
Sacude la cabeza para no pensar en ello y decide aprovechar el tiempo que ella no está para quitarse también la ropa húmeda.
Nancy sale del baño vestida solo con esa camisa blanca que se funde con su piel pálida.
—El pantalón de chándal se me cae, así que no me lo he puesto.
Daryl asiente sin darse cuenta como un perro cabezón colocado en el asiento trasero de un coche.
Puede sentir de nuevo como su corazón le da un vuelco. Lleva su camisa puesta... sólo eso y nada más. Le cubre un poco por encima de la mitad de los muslos y sabe que si se mueve rápido dejará al descubierto sus posaderas. Está tan guapa...tan sexy... que no sabe si habría sido mejor el otro atuendo o quizás haberla dejado desnuda.
Ella camina en silencio y se sienta a la mesa frente a él.
Sobre la mesa hay un plato con ensalada, menestra de verduras, pollo, patatas fritas y pan.
Su estómago ruge.
—Te tomaste el antibiótico —pregunta Daryl buscando su voz.
Le sirve un vaso de agua y otro para él.
Nancy asiente con el tenedor en la boca.
—¿Y las heridas están mejor? —pregunta interesándose por ella, justo lo que no quería hacer, pero no puede evitarlo.
—Parece que sí —responde con sequedad.
Se hace un silencio mientras comen. Ninguno sabe de qué hablar. Él la mira anhelando reencontrarse con la mujer que hay tras Nancy, y por otro lado con miedo a que vuelva a aparecer. Ella en cambio viaja por sus recuerdos a esos momentos en los que Eduard se presentaba con comida en su habitación y pasaban horas charlando. Quiere convencerse de que es exactamente lo mismo.
—¿Le diste mi regalo a Sophia? —se atreve a preguntar Daryl.
—Vida privada —canturrea ella haciéndole saber que no le va a decir nada.
Daryl asiente. La nota más fría que de costumbre y sabe que es por lo que pasó en el barco. Quiere recuperar la confianza que había entre ellos, pero parece que algo se ha roto en esa relación y va a ser difícil recuperarlo.
Siguen comiendo en silencio, cada una sumergido en sus pensamientos, sin cruzar miradas, con la vista fija en el plato hasta que el hambre ha sido saciada.
Nancy empuja su plato al centro de la mesa y busca los ojos de Daryl.
—Bueno... ¿Y qué es eso nuevo que vamos a hacer? —pregunta seductora fingiendo estar interesada.
Daryl le sonríe, le gusta verla impaciente.
Se levanta de la mesa y se acerca a ella.
—Acompáñame —pide, invitándola a que tome su mano.
Ella duda un instante, pero finalmente acepta y se pone en pie.
—Es en otra habitación —avisa él, antes de que ella se tense pensando que van a salir fuera de la casa.
La guía por el pasillo hasta la escalera que da a la zona del garaje, donde hay una habitación amplia.
Daryl abre la puerta, y una luz roja los recibe.
—¿Te has montado una sala del dolor, niño rico? —pregunta ella.
Da un paso al interior y mira la estancia: No hay nada a destacar más allá de un sofá, una mesa frente a este, un estante con chocolatinas y bebidas, una mesa metálica con unas bandejas con algún tipo de líquido, una máquina extraña que nunca ha visto y unas cuerdas con unas fotografías colgando de ellas sujetadas por pinzas.
—¿Vamos a revelar fotos?
Daryl asiente y sonríe.
—¿Lo habías hecho antes?
Nancy niega.
—No, en esto soy virgen, tenías razón, esto es algo nuevo —responde moviéndose curiosa por el lugar —. ¿Por dónde empezamos?
Daryl se acerca a la ampliadora.
—Mira, tengo las películas listas, ahora necesitamos pasarlas de los negativos al papel fotográfico. Para ello lo colocamos en esta bandeja que tiene una luz encima y la imagen se proyecta sobre el papel.
Nancy observa la fotografía. Es ella paseando por las calles de Nueva York. Todo a su alrededor aparece desenfocado, como si se moviesen a gran velocidad, y sólo ella está enfocada en el centro, con las luces de los coches iluminan su silueta.
Sonríe.
—Es una foto muy bonita, Daryl —lo alaba con sinceridad.
Daryl se derrite ante su sonrisa.
—Sí, tengo una buena modelo —dice haciendo que se sonroje ¿Puede ser más guapa?
Se frota los ojos queriendo volver a centrarse y dejar de pensar en ella de la manera que no desea.
—Mira, ahora tienes que coger esta especie de lupa, colocarla sobre el papel fotográfico y mirar por ella para asegurarte que está enfocada, si no lo está vas girando esta rueda hasta que la veas bien.
—Veo unas líneas negras —dice ella con voz insegura.
Daryl se ríe.
—Son tus pestañas, abre más los ojos, anda.
Ella lo mira con odio y le hace una burla.
—No te rías de mí, niño rico, soy nueva en esto —le recuerda.
Daryl le sonríe y mira atento sus movimiento como si de su mentor se tratase.
—Ahora vamos a plasmarla en el papel.
Gira la rueda que fija el tiempo de revelado, quita el filtro protector y pulsa el botón verde.
Nancy mira atentamente el papel.
—No se ve nada.
—Cógela y métela en esta bandeja —le pide.
Obedece, la toma como si fuese de cristal y la deja flotando sobre la bandeja hasta que Daryl empuja el papel con una pinza hasta el fondo y mueve el recipiente de adelante a atrás.
—Este es el líquido de revelado —informa.
Nancy abre la boca sorprendida cuando ve como ese papel blanco va llenándose de detalles en blanco y negro.
—¡Soy yo! —dice como si viese la fotografía por primera vez.
A Daryl le encantaría encender la luz para verla correctamente. Sus ojos brillan bajo esa luz roja desprendiendo auténtica emoción.
—Ahora la coges con la pinza y la metes en la siguiente bandeja para darle el baño de paro.
—Suena algo porno —comenta haciendo lo que le dice —¿Para qué sirve?
—Detiene el efecto del líquido del revelado y neutraliza su alcalinidad para evitar así que disminuya la acidez del fijador.
Nancy lo mira arqueando una ceja.
—¿Desde cuando es tan listo mi niño rico?
—Desde que copié la palabra neutralizar y alcalinidad mil veces cuando estaba estudiando fotografía —explica —Vale, ya pasaron cuarenta segundos, mételo en la siguiente bandeja que es el fijador.
—¿Y te merece la pena todo esto? —pregunta ella con la vista fija en la fotografía sumergida en ese líquido —. Existen cámaras digitales que te dan todo el trabajo hecho.
Daryl bufa.
—La fotografía pierde toda su esencia si la haces así. No tienes nada que aprender, ni la velocidad de obturación adecuada, ni la apertura del diafragma correcto, ni ISO, ni enfoque... todo lo tienes tocando cuatro botones y previsualizando la imagen incluso antes de realizar la fotografía, y si no te gusta borra y haces otra. No, eso no es para mí, me siento más realizado así.
Ella lo mira unos segundos en silencio analizando sus palabras y finalmente sonríe.
—Eres raro, niño rico.
—Mira quién fue a hablar. Mete la fotografía en la última bandeja, anda.
—¿Y esta bandeja qué contiene? —pregunta interesada.
Jamás se había preguntado cómo se revelan las fotografías pero ese ha sido un descubrimiento agradable, y bastante interesante.
—Es sólo agua, para enjuagarla y ya la colgamos para que se seque.
Nancy levanta la fotografía con las pinzas y la mira.
—Quedó muy bien, nunca me habían hecho una foto así —comenta.
Daryl se derrite con su sonrisa dulce mirando esa foto.
—Te la puedes quedar si quieres. Yo puedo sacar otra copia para mí, pero primero hay que ponerla a secar.
Agarra la fotografía con las manos y se gira para tenderla.
Nancy vuelve a la ampliadora y va moviendo la película por esta para ver todas las fotografías. Son realmente buenas, o eso le parece, ella no es ninguna experta.
—¿Quién es esta mujer? —pregunta al llegar a una de las primeras fotos.
—Pues tú —responde Daryl sin mirarla —¿Quieres algo de beber?
—Esta no soy yo.
—Claro que eres tú, no he fotografiado a más mujeres que a ti ¿Prefieres refresco de naranja o cola? No me pidas alcohol porque con los antibio...
—No soy yo —repite —Sé reconocerme en una foto.
Daryl resopla y camina hacia ella.
—Seguro que eres tú, solo que quizás la foto se vea... —y entonces la ve, las palabras mueren en su boca y su corazón se encoge en su pecho. De repente llegan recuerdos que creía olvidados: Sus abrazos, el sonido de su risa, su voz, sus palabras el día que hizo esa fotografía... —No me acordaba —murmura en un sollozo y se sienta en el sofá descansando la cabeza sobre sus manos, sintiéndose derrotado.
Carol mira la fotografía sin comprender nada. Es una mujer de mediana edad, vestida con un fino vestido de verano y un pañuelo sobre su cabeza. Está apoyada sobre una barandilla y mira a cámara sonriente. Es bastante guapa.
Mira a Daryl que parece haberse olvidado de que ella está ahí y decide acercarse y arrodillarse frente a él como tantas veces ha hecho con los hombres, pero esta vez con otro motivo.
—Ey... ¿Estás bien? —pregunta frotando sus muslos.
Daryl se anima a retirar la mano de su rostro y mirarla a los ojos. Esos enormes ojos lleno de preocupación.
—Yo... había olvidado que la película estaba a medio usar y que había hecho algunas fotos años atrás —mira hacia arriba y toma aire antes de seguir —. Esa foto es la última foto que le hice a... a mi madre —responde sin poder evitar llorar, sintiéndose avergonzado por ello.
Nancy dibuja una sonrisa tierna, se pone en pie y se sienta en su regazo para abrazarlo con fuerza queriendo aliviar un poco su dolor.
Pasa unos minutos así, hasta que siente como él se calma un poco.
—¿Qué le paso? —pregunta. Tiene la sensación de que él necesita hablar de ello.
Daryl le devuelve el abrazo y la estrecha más contra él hundiendo el rostro en su hombro, aspirando su dulce aroma.
—Un maldito cáncer, pero... fui yo quien la mató —confiesa.
Ella se aparte un poco de él mirándola extrañada, esperando una explicación. Duda que tenga esa sangre fría, pero su mierda de vida le ha hecho desconfiar de todos, así que no le sorprendería que sus manos estén manchadas de sangre.
—Yo quería estudiar fotografía, por lo que me esforcé mucho en ahorrar dinero para ello, pero cuando estaba cursando el primer año a ella le diagnosticaron el cáncer... Necesitaba dinero para su tratamiento, así que yo... dejé de estudiar para ayudarla a ella —baja la cabeza apoyando la frente sobre el pecho de Nancy y ella acaricia con delicadeza su nuca antes de posar su cabeza sobre la de él.
—Mi madre se enfadó mucho, quería que estudiara, que tuviese algo en la vida. Le rompí el corazón, y eso agravó su enfermedad.
Nancy niega con la cabeza.
—No fue tu culpa, Daryl. Tú sólo querías ayudar, cariño —le susurra tomándolo de la barbilla, instándole a levantar la cabeza —Hiciste lo que cualquier hijo habría hecho.
Daryl la mira a los ojos sin creer aún sus palabras.
—Mi madre me suplicaba que no dejase de estudiar, aún recuerdo una frase suya que me rompió el corazón 'No gastes tu dinero en mí, hijo, voy a morir de todos modos' pero yo no escuché, estaba seguro de que la quimioterapia le salvaría la vida, pero no fue así, era demasiado tarde y lo único que conseguimos fue alargar su agonía —Daryl cierra los ojos cuando siente los dedos de ella limpiar sus lágrimas. Tiene unas manos tan suaves... —.Me quedé sin madre, sin estudios, poco después sin hermano y con 7000$ sin gastar que al final me robaron.
Nancy siente un sabor agrio subir por su garganta al recordar que fue ella quién le robó ese dinero.
—No es tu culpa —repite, no sabe si para autoconvencerse ella o para tranquilizarlo a él.
Le da un suave beso en los labios en un tierno intento por consolarlo.
Daryl cierra los ojos relajándose en ese beso. El primero que le da en toda la noche. Su piel se eriza, y su corazón se acelera como siempre suele hacer ante ella.
Abre los ojos cuando ella se separa de sus labios. No, necesita más. Toma su nuca y la atrae hacia él para fundirse en un profundo, apasionado y necesitado beso —.Te he echado de menos —dice como si no la hubiese estado besando 24 horas atrás.
Desvía sus labios hasta su cuello por donde besa, lame y arrastra sus dientes sin llegar a morder. No se ha olvidado de que aún está recuperándose de sus heridas.
Nancy levanta la cabeza dejando su cuello expuesto para que él se mueva a su antojo. Le gusta el escalofrío que siente al sentir su respiración a quemarropa. Es agradable, demasiado agradable, no puede permitirse sentir eso.
Decide cambiar de posición y pasar de estar sentada sobre sus muslos a sentarse a horcajadas sobre él.
Siente su miembro presionando contra ella.
—¿De nuevo en plan comando, niño rico? —ronronea en su oído.
Se deja caer sobre él pero al momento se levanta al sentir una punzada de dolor en sus genitales. Esos bestias la han destrozado.
Daryl se da cuenta de su gesto y vuelve sus caricias más delicadas. Se había olvidado de que estaba desnuda, de que no tiene nada más bajo esa camisa, pero a pesar de ser una situación que le excita de sobremanera debe aguantar sus deseos, ya desatará toda su lujuria cuando ella esté recuperada.
Acaricia suavemente sus glúteos, sus muslos, busca con su otra mano los botones de la camisa y empieza a desabotonarla lentamente sin dejar de besarla, volviendo a sus labios otra vez.
Nancy gime cuando él pasa sus dedos por sus pezones suavemente, demasiado suave, su toque está siendo desesperante.
Él tira de ella para tumbarla sobre el sofá y quedar por encima contemplando su cuerpo desnudo ahora que la camisa está desabrochada y olvidada en el suelo
—Llevo un preservativo en el bolsillo de tu camisa —informa —Lo guardé ahí cuando me cambié de ropa.
Daryl no dice nada, está memorizando cada lunar de su cuerpo marmóreo ahora teñido de rojo por las luces de la sala.
Ella le mira expectante, aguardando su siguiente movimiento, pero él no sabe cual será. Tiene tantos moretones y heridas...
—No quiero hacerte daño —dice al tiempo que acaricia suavemente su pecho.
Nancy dibuja una media sonrisa. Odia que se preocupe por ella.
—No me lo harás —lo anima tomando una de sus manos y llevándola a su pecho mostrándole la presión máxima que debe hacer para que no sienta dolor.
Deja que él tome el control, que acaricie su pecho, que bese su cuerpo y arrastre su lengua desde su ombligo al cuello y suba por su mandíbula para volver a besar sus labios y de nuevo bajar.
—Dios, Daryl —gime cuando él comienza a lamer sus pezones de forma suave pero con movimientos circulares rápido que hace que sienta una presión en el bajo vientre.
Daryl sonríe ante su reacción. Está disfrutando de esto, pero no sabe qué hacer para llevarla al clímax sin tocar el centro de todos sus placeres.
Su miembro presiona con fuerza contra su pantalón de chándal queriendo enterrarse entre sus piernas, cosa que no va a pasar, y en esa habitación comienza a hacer mucho calor.
Se quita la camiseta rápidamente dejando su torso desnudo y vuelve a la carga.
Nancy acaricia sus hombros anchos y fuertes. No puede negar que ese hombre le resulta atractivo, cosa que agradece, siempre es más fácil realizar su 'trabajo' si siente cierta atracción.
—Quítate los pantalones, anda. Lo estás deseando —gime de nuevo ante la deliciosa tortura.
Daryl se levanta del sofá y desanuda sus pantalones sin dejar de mirarla.
—Túmbate bocabajo —le pide con ojos oscuros de deseo.
Ella obedece sin rechistar dándole una hermosa imagen de sus posaderas que tanto maltrataron.
Sale rápido de sus pantalones y se acerca a Nancy para acariciar su cuerpo. Subiendo desde sus tobillos, haciendo una parada en sus glúteos apretándolos suavemente hasta escucharla gemir y sube por su espalda. Repite lo mismo, esta vez con su boca, alternando besos con su lengua, dejando un rastro de saliva a lo largo de su columna vertebral, repitiendo lo mismo varias veces.
Agarra sus muslos obligándola a separarlos. Rozando levemente su entrepierna. Ahora el que gime es él al notar lo húmeda que está.
Se tumba tras ella presionando su miembro contra su trasero sin querer introducirlo en ningún lado, sólo rozarla.
—Me muero por volver a a hacer el a... a follar contigo —susurra contra su oído teniendo que corregirse a última hora.
Nancy gime. Él no lo sabe pero la está torturando. Sus besos, su lengua recurriendo toda su piel, su aliento soplando sobre el rastro húmedo que va dejando por su cuerpo, su miembro presionando contra su trasero. Está excitada, necesita su orgasmo pero no sabe como conseguirlo.
—Ponte de lado —Pide.
Él se coloca tras ella y acaricia su piel una vez más en esa posición.
—Cruza tus piernas. Quiero que te des placer así —susurra en su oído.
Él se mueve tras ella, con su miembro presionando su trasero buscando encajarse entre sus piernas pero sin entrar en ningún lado, sólo rozar suavemente.
Coloca las manos sobre sus pálidas rodillas y hace una ligera presión obligando a sus piernas a juntarse aún más, aprisionando su clítoris entre ellas.
—¿Duele? pregunta.
Ella niega con la cabeza, por lo que él comienza a moverse adelante y atrás, dándose placer a él mismo al rozarse contra ella.
—¿Sientes placer? —gime contra su oído.
Nancy se muerde los labios y gimotea un sí. Aprieta sus piernas presionando con fuerza buscando la posición perfecta para ampliar su placer y se concentra en las sensaciones que está sintiendo. El miembro de Daryl moviéndose entre sus piernas adelante y atrás, rozando suavemente su clítoris, sus manos adueñándose de sus pechos, atrapando los pezones entre sus dedos, su boca por su cuello, lamiendo, mordiendo, recorriéndolo.
—Juro que cuando te recuperes tendremos sexo duro en esta sala —gime Daryl —. Pienso atarte, vendarte los ojos, azotar este precioso trasero —aprieta sus nalgas —, Colocarte pinzas en estos pezones tan perfectos —aprieta los pezones —, Y tenerte al borde del orgasmo durante horas, pero ahora... ahora quiero que te corras, Nena, porque yo no voy a aguantar mucho más.
Nancy gime, puede sentir cada una de sus palabras, visualizar todo lo que le relata con una claridad asombrosa. Su miembro se mueve frenético entre sus piernas, al igual que sus manos y su boca que buscan desesperadamente que ella termine.
—D... Daryl —gime cabalgando su propio orgasmo y sintiendo un líquido caliente y espeso derramarse entre sus muslos.
Aguarda unos segundos en esa posición recuperando el aire, recopilando lo que ha pasado y finalmente se gira para mirar a Daryl.
Él la mira sonriente apoyado sobre su codo.
—Eso ha sido...
—¿Extraño? —termina ella la frase —. Pero muy excitante. Ha estado bien, niño rico muy bien —dice acercándose a él para besarlo de nuevo —. Ya es la segunda experiencia nueva que he vivido hoy.
Daryl le aparta un mechón de cabello que cae por su rostro y acaricia su mejilla con ternura. Qué afortunado es de tenerla, aunque sólo sea de noche. Sabe que hay otro hombre que disfruta de su compañía durante el día, que la besa, hace el amor con ella y seguramente se pierde en su mirada al igual que él, pero por la noche Nancy vuelve a él y se da cuenta que prefiere eso a renunciar a ella y no verla nunca más.
—Siento lo de anoche —se disculpa, aunque tiene la sensación de que se está mintiendo; no siente ese paseo en barco, la cena o haberla llamado 'mi amor' lo único que siente es haberla hecho sentir mal.
Nancy sonríe suavemente y se deja caer del sofá resbalándose lentamente hasta posar los pies en el suelo.
—Tranquilo, no eres el primero que cree haberse enamorado de mí —acepta sus disculpas.
Camina por la sala mostrando su desnudez, no le importa, no se avergüenza —. Unos meses de obsesión, gestos bonitos, hermosas palabras... —sigue hablando mientras se coloca frente a la ampliadora dispuesta a revelar la fotografía, la cual lleva al líquido de revelado —. Hasta que conoces a alguien que de verdad merece la pena y te das cuenta de que lo que tienes a tu lado no es más que una puta —aguarda cuarenta segundos en el baño de paro, treinta en el fijador, enjuaga la fotografía en la última bandeja y se acerca a Daryl con ella en la mano —Tu madre era muy guapa, seguro que querría verte feliz con una buena mujer, no perdiendo el tiempo con rameras.
Daryl toma la fotografía y la acaricia. Sí, su madre era preciosa, y siempre soñó con tener nietos, pero eso era algo que no entraba en los planes de ninguno de sus hijos. Muy locos tenían que estar para traer una criatura al mundo teniendo en cuenta el pozo de pobreza en el que estaban. Pero ahora... podría plantearse la paternidad, buscar una mujer adecuada y formar una familia, el problema es que para ello tendría que renunciar a Nancy y no quiere.
—Cualquiera diría que quieres que pase de ti —comenta sonriente intentando ocultar el temor a oír su respuesta.
—Si te digo la verdad pensé que no ibas a aparecer —dice sin mirarle. Está mirando el estante con las chocolatinas en busca de una que le interese.
Daryl mira sus dedos como si fuera la primera vez que los ve.
—La verdad es que me planteé no ir —confiesa.
Ella se gira con la chocolatina en la boca esperando oír una explicación.
—Pero estás herida y temía que te hicieran más daño.
Nancy sonríe suavemente.
—Estaré bien, niño rico, no tiene que hacer esto por mí.
Daryl suspira ruidosamente. Esperaba al menos un gracias por su parte, pero no, se ha limitado a empujarlo fuera de su vida otra vez.
—Bueno —carraspea —¿Seguimos revelando fotos? —cambia de tema en un esfuerzo por olvidar esa conversación.
Ella se adelanta a él y se coloca frente a la ampliadora.
Daryl adora ver lo predispuesta que está, se ve que le gusta lo que están haciendo.
—Tienes futuro como fotógrafo, niño rico —comenta con sinceridad. Espera que Aaron lo llame y le ayude a exponer sus fotografías y darse a conocer.
—Y espero que tú estés en primera fila viéndome triunfar —desea en voz alta a lo que ella responde con un encogimiento de hombros.
Pasan horas revelando fotografías completamente desnudos porque en otra cosa no, pero en ese aspecto la comodidad que sienten ante el otro es única.
Nancy despierta con el sonido del despertador del smartphone de Daryl.
—Odio tu teléfono —se queja adormilada negándose a abrir los ojos.
—Por mí puedes dormir más, eres tú la que quiere irse a esta hora.
Besa su espalda aprovechando los cinco minutos que le quedan de ella siendo Nancy.
—Necesito mi ropa —pide sentándose en el sofá que por suerte para su espalda es bastante cómodo.
Daryl se despereza como quien está harto de dormir y no se ha pasado la noche observándola.
—Voy a por ella —dice en un bostezo.
—¡Los pantalones! —grita Nancy al ver como casi abre la puerta completamente desnudo.
Se muerde el labio cuando el gira hacia ella mostrando su erección mañanera apuntándola.
Sacude la cabeza ¡Por dios, no es la primera que ve! ¿Qué coño le pasa?
Revisa su bolso asegurándose de que el dinero sigue ahí y pasea la mirada por todas las fotografías que revelaron esa noche hasta que el sueño les pudo. Ha sido una noche extraña pero agradable, como de costumbre suele pasar con él. Recuerda esas noches con Eduard en la que veían películas, comían palomitas de maíz y dormían hasta que el sol se levantaba. Fue una época feliz, tan parecida a esta que se recuerda una y otra vez que no debe bajar la guardia para caer en la misma trampa.
—Vale, aquí tienes tú vestido calentito, como recién salido del horno —dice Daryl entrando por la puerta —, Y tu chaqueta, póntela que hace frío.
—Sí papá —bromea ella.
—Vamos, te acompaño a la puerta, o si quieres te puedo llevar a casa.
—No digas tonterías —rechaza su proposición.
Sale de la sala y camina a paso ligero por la casa apresurándose a salir por la puerta sin escuchar las súplicas de Daryl de que se detenga.
—¡Adiós, niño rico! —le grita sin molestarse en girarse.
—¡Nos vemos a la noche! —grita Daryl desde la puerta sin poder detenerla. Le ha costado seguir su ritmo y ahora quiere echar a correr hacia ella, pero sabe que eso no le hará ninguna gracia, por lo que la observa marchar, perdiéndose de su vista y echando de menos ese casi beso que tenían como ritual todas las mañanas.
—Hasta la noche —repite en un susurro.
Carol llega al santuario y entra con paso firme al despacho de Negan, al cual encuentra hablando con uno de los peces gordos de la trata de blancas.
—¡Carol! —la saluda visiblemente animado —¿Se acuerda de ella? La niña rusa que quedó huérfana tras un accidente de coche. Fue difícil sacarla de su país, pero lo conseguimos —se enorgullece.
El hombre la mira de arriba a abajo.
—Ha madurado bien, tu padre siempre tuvo buen ojo con la mercancía —alaba el hombre.
Carol se muerde la lengua y respira hondo para no responderle. 'Mercancía' eso es ella.
Le extiende a Negan el dinero y reza para que la deje ir. Odia como la está mirando y tocando ese tío, y por desgracia Negan se da cuenta.
—¿La quieres probar? —adelante, no hay problema ¿Verdad Carol? —pregunta con tono amenazante sin darle la oportunidad de negarse.
Ella baja cabeza y niega dando su aprobación para lo que desee hacerle.
Siente como el hombre le quita la chaqueta y baja la cremallera de su vestido dejándola expuesta ante él.
Cierra los ojos, aguanta el dolor y finge que no está ahí. Está en una sala oscura tumbada en un sofá teniendo un orgasmo maravilloso.
'Sexo sin penetración'
Borra.
'Sexo sin penetración ni tocamientos'
Borra.
'¿Cómo llegar al orgasmo sin penetración ni tocamientos?'
Teclea Daryl en Google y lee atento las notas que hay sobre ello.
—¿Control de los chackras? ¿Qué pollas es eso? —lee extrañado —¿Ese no es el arma de Xena? —pregunta en voz alta.
—¿Cómo dice? —pregunta Abraham que está sentado a su lado viendo una película en su Smartphone.
Daryl no entiende nada de lo que lee. Quiere darle placer a Nancy sin hacerle daño, pero no encuentra muchos datos, y lo que encuentra suena a ciencia ficción. Tendrá que limitarse a hacer lo que hizo hace unas horas.
Su teléfono comienza a sonar imposibilitando seguir leyendo eso de los chackras.
—Dios, seguro que es Gregory con G de gilipollas —se queja antes de responder —Daryl Dixon al habla —responde molesto.
—Hola, buenas tardes señor Dixon, me llamo Aaron Stafford, conocí a una amiga suya que me dio su número de teléfono. Me gustaría concertar una cita con usted para ver su trabajo y valorar si merecen estar en mi galería de arte ¿Es posible?
Daryl se levanta de un salto de la silla, ya se había olvidado de lo que Nancy le comentó.
—¿Hola? ¿Sigue ahí?
Daryl reacciona.
—Sí, sí, sigo aquí ¿Cuándo y dónde podríamos quedar? —pregunta emocionado.
—¿Puede venir esta noche a mi galería y traer su trabajo?
—Sí, claro, dígame donde es. Espero un momento que... —Daryl busca como un loco un bolígrafo y hace gestos a Abraham para ver si puede proporcionarle uno. Él le señala la mesa de escritorio donde hay un lapicero con una veintena de bolígrafos y hojas en blanco —Vale dígame —Daryl comienza a apuntar la dirección que le da. No tiene ni idea de donde es, pero para eso está google maps —Vale, muchas gracias, allí estaré —está a punto de colgar cuando recuerda algo —¿Puedo llevar a mi amiga? Nancy, quien le dio mi número.
—Sí, sin problema, estaré encantado de volver a verla.
—Vale, gracias.
Daryl cuelga el teléfono y mira a Abraham sin poder ocultar su sonrisa.
—¡Tío, estoy tan contento que hasta te besaría en los labios! pero me da asco, mejor me lo reservo para Nancy.
Guarda el número de ese hombre en su agenda con una sonrisa dibujada en su rostro que no puede borrar, ni siquiera al recordar que Nancy le dijo que 'folla de escándalo'.
Carol espera a Sophia a las puertas del colegio, tapándose la cabeza con su viejo abrigo para no mojarse.
Puede ver como el resto de las madres la miran con asco y cuchichean a sus espaldas. No sabe por qué lo hacen, supone que por el hecho de que no lleva paraguas cuan desarrapada que es. Le importa una mierda lo que piensen.
Le duele todo, se siente arder por dentro, caminar es una pesadilla, pero con su niña debe dibujar la mejor de las sonrisas y fingir que todo va bien.
Ese tío que no podía medir más de metro y medio se ha ensañado con ella. Negan le ha dado permiso para probar la mercancía y él ha aprovechado bien. Se ha tenido que tragar las lágrimas mientras la penetraba abriendo esas heridas que poco a poco estaban cicatrizando. A él le dio igual, como a todos, a nadie le importa infringirle daño, excepto... excepto a Daryl, y a Eduard, él también se preocupaba por ella, o eso parecía...
—¡Mamá! —grita Sophia al llegar a su madre.
Carol la abraza corriendo y coloca el abrigo sobre su cabeza mientras emprende el camino.
—Hola, mi amor ¿Lo pasaste bien? —pregunta.
Sophia asiente. Es mentira, pero no quiere decirle la verdad.
Le gusta estar así, metida bajo el abrigo de su madre, su rostro pegado al suyo resguardándose de la lluvia, como si estuviesen en una cueva estrecha.
Carol se arrima a la pared, donde las fachadas salientes las protegen de la lluvia que parece amainar hasta el punto de cesar.
Deja a Sophia en el suelo. Le encanta cargarla, pero hoy su cuerpo no puede más.
—¿Te comiste el bocadillo?
—Sí, estaba muy bueno —miente. No sabe si estaba bueno o no porque John se lo tiró a la basura.
Toma a su madre de la mano y camina junto a ella sonriente. Le encanta que la recoja del colegio, es el momento más feliz del día.
—Mamá... ¿Qué es una puta? —pregunta frotando la mano de su madre. La tiene helada.
Carol siente el terror subir por su cuerpo.
—¿Qui... quien te ha enseñado esa palabra, mi vida?
—Hannah, dice que su papá le ha dicho a su mamá que tú eres puta.
El aire le falta, las piernas le tiemblan y la visión se le nubla ante el pensamiento de que va a ser descubierta por la última persona que quiere que conozca su vergonzoso secreto.
¿Quién cojones es el padre de Hannah? ¿Por qué sabe que es puta? ¿La ha visto? ¿Es un cliente?
—¿Qué es una puta, mamá? —vuelve a preguntar Sophia ante el silencio de su madre.
Carol toma aire llenándose de valor dispuesta a escupir otra mentira por el bien de su hija.
—Es... es una mujer que se besa con muchos hombres a cambio de dinero —explica de la forma más light que puede.
Sophia dibuja una mueca de asco.
—Tú no eres eso —dice. Su madre lo que hace es servir cafés a los adultos y zumos a los niños, eso es lo que hacen las camareras. El papá de Hannah está loco.
Carol sonríe y respira feliz de no tener que darle más explicaciones a su hija, y mucho menos mentirle, pero no está del todo tranquila. Dios... ¿Y si es eso de lo que cuchicheaban esas madres? No, por dios, no puede permitir que se extienda ese rumor.
—¿A dónde vamos, mamá? —pregunta Sophia al ver que no toman el camino a casa.
Carol sale de sus pensamientos, se agacha para estar a la altura de su hija y le sonríe.
—¿Te apetece ir a la tienda del padre Gabriel antes de comer? Necesitas ropa de invierno, y mamá un abrigo nuevo.
—¡Sí! —grita animada, le encanta buscar cosas chulas en la tienda.
Carol mira a su hija feliz. Ojalá su inocencia dure muchos años más.
Daryl lleva toda la mañana en su cuarto oscuro revelando fotografías. Ha comprado un papel fotográfico más grande para llevarles unas ampliaciones a Aaron y que vea mejor los detalles de su fotografía.
No sabe cuales elegir, Nancy sale perfecta en todas. De perfil, de espalda, de frente... y las fotografías de su madre y lugares de Georgia también tienen su encanto.
Mira la fotografía de su madre que Nancy se encargó de revelar. Si lo viera ahora... a punto de cumplir su sueño, cuanto orgullo sentiría. Le encantaría que estuviese viva, tenerla a su lado ahora mismo, disfrutando de la vida que merecía pero que por desgracia tuvo, aconsejándole sobre qué hacer con Nancy.
Anoche tenía claro que aceptaría tenerla solo de noche, pero al llegar al día y no tenerla a su lado se da cuenta de que necesita más.
Suspira.
No tiene más remedio que aceptar lo que hay, conformarse con la prostituta, olvidarse de tener algo más con ella aparte de sexo y compañía nocturna. Debe echarle la llave a su corazón y guardarla a la espera de que aparezca la mujer que esté destinada para él.
Sonríe para sí. Puede echar todas las llaves que quiera, ponerle candados, una alarma con clave, una muralla rodeándolo con un foso con cocodrilos, que de nada servirá, Nancy ya está dentro y no sabe como sacarla de ahí.
Sacude la cabeza y se vuelve a concentrar, no quiere entretenerse, quizás esta noche sea la más importante de su vida y desea que todo salga bien.
Carol busca entre la ropa. Para ella ha encontrado un abrigo. No es muy bonito, pero cuando una tira de la caridad para vestirse no puede ponerse exquisita. Ya tiene para Sophia un par de pantalones, jerséis, gorro, bufanda, guantes, una chaqueta y ahora quiere algún abrigo que la proteja bien del frío. Hay muchos, pero debe encontrar su talla, o al menos que se le acerque.
—¡Señorita Michonne! —grita Sophia cuando ve a su profesora a la entrada.
Michonne se gira hacia la voz.
—Hola, preciosa ¿Qué haces aquí? —pregunta como si no lo supiera. Ya intuía que venía de una familia con problemas económicos.
—Necesito ropa de invierno y mamá un abrigo nuevo ¿Tú también vienes a comprar?
Michonne sonríe ante su inocencia.
—No, yo vengo a vender —dice señalando hacia un coche, donde un hombre se encuentra con la cabeza metida en el maletero sacando unas cajas —Traigo ropa de niño de 6 años, de hombre, de mujer y de bebé hasta los once meses —informa.
—¿Sophia? —llama Carol —. Mira a ver cómo te queda esto —pide entregándole un abrigo de plumas.
—¡Mamá mira, es mi maestra Michonne! —informa al tiempo que mete los brazos por las magas del abrigo.
—Hola, encantada —saluda tímida Carol, estrechándole la mano.
Michonne mira de arriba abajo a la mujer: su ropa está muy desgastada y su abrigo ya no puede tener más remiendos y costuras, pero es una mujer realmente atractiva, aunque demasiado delgada.
—Encantada, Sophia habla mucho de lo guapa que es su madre, y veo que no exageraba —piropea amable haciendo que ella mire a su hija y se sonroje —Creo que tú y yo tenemos casi la misma talla, tengo ropa casi sin estrenar que te pueden servir, y un abrigo color crema que seguro te quedará como un guante.
—Eso sería genial —agradece ella con timidez. No le gusta vivir de la caridad de los demás, pero no le queda más remedio, además, el abrigo que ha cogido para ella es realmente horrible.
—Mira, ahí viene mi marido con las cajas —señala tras ella.
Carol observa a ese hombre acercarse con tres cajas una encima de otra, no sabe ni como consigue ver algo.
—Cariño, ella es Sophia, una de mis alumnas y Carol, su madre —los presenta.
El hombre deja las cajas en el suelo y se alza para ver a esas dos personas.
—Hola, soy Rick Grimes —saluda extendiendo la mano.
Carol se quiere morir. No, no puede ser eso no puede estar pasando. Está congelada, y él también, es obvio que se han reconocido.
Rick mira sin creerse lo que ve ¿Esa es Nancy? Dios, no parece ni ella, la ve tan pequeñita y frágil que hasta le da ternura.
—Tú...
—Hola, encantada —se adelanta a hablar antes de que Rick abra esa bocaza.
Rick la mira arqueando una ceja.
—Encantado, Carol —devuelve el saludo haciendo hincapié en su nombre.
—Mamá, creo que me queda bien —interrumpe ese momento tenso Sophia.
—Oh, eh... sí, te queda perfecto. Ve a decirle a Gabriel que te lo llevas y... ahora que me acuerdo ¿Tú no decías que había una chaqueta que seguro que le encantaría a la señorita Michonne?
—¡Oh sí! ¡Tiene un gato con muchos colores, como el de tu bolso! ¡Ven, mira te lo enseño! —Sophia agarra a Michonne del brazo y la arrastra al interior.
Michonne mira a su marido con cara de circunstancia y se deja arrastrar.
Carol sonríe hasta que ambas han desaparecido por la puerta y su expresión cambia a un semblante duro y serio antes de mirar a Rick.
—Escúchame bien, como se te ocurra mencionarle a Daryl algo de esto me encargaré de acabar con tu feliz matrimonio ¿Me has entendido? —amenaza con firmeza.
—Eres Carol —susurra aún sin creérselo —pe...pero ¿Qué haces aquí? ganas 100$ la noche, 3000$ al mes, ¿Por qué...
—Porque soy muy rata y no me gusta gastarme dinero en ropa, porque tengo problemas con el juego, porque me lo gasto en droga... No es de tu incumbencia —interrumpe hablando con los dientes apretados —. Atrévete a abrir esa bocaza y todo Nueva York se enterará de que le has puesto los cuernos a tu mujer con una puta.
Rick abre los ojos sin comprender por qué lo amenaza ¿Qué más le da que Daryl sepa que ella es Carol y por ende Sophia es su hija? pero es obvio que su amenaza es real.
—Muy bien, yo me callo la boca y tú dejas de acosarme.
Carol arruga la nariz ¿De qué narices habla ese?
—Yo no te acoso.
—Joder que no —dice sorprendido de su negativa —. Cada vez que llegas a la habitación de Daryl y me ves en la puerta.
Carol bufa. Menuda piel más fina que tienen los hombres.
—Está bien, me limitaré a decirte 'Hola, Rick' y tú fingirás que sólo me conoces como Nancy.
Rick asiente aceptando el trato.
—¡Mamá, ya estoy! —grita Sophia cargando con la bolsa que el padre Gabriel le ha dado —He cambiado el abrigo feo por el de la señorita Michonne, es mucho más bonito.
Carol le dirige una última mirada acerada a Rick antes de dirigirse a su niña.
—Gracias cariño, vamos a casa, que seguro que tienes hambre. Adiós, señor Grimes.
Toma la bolsa que lleva Sophia, la agarra de la mano y marcha de allí esperando que su amenaza surta efecto, porque como Daryl se entere de todo, investigue y descubra que es una esclava sexual... no quiere ni imaginar lo que le haría Negan a ella e incluso a él.
Daryl espera impaciente en el coche a que Nancy cruce la esquina. Está nervioso, es un día importante para él y está deseando compartirlo con ella, al fin y al cabo es la culpable de que haya aparecido esa oportunidad en su vida.
La observa acercarse y se siente aún más nervioso.
—Hola nena —la saluda abriéndole la puerta.
—Hola niño ri... —a ella no le da tiempo decir más, Daryl ha estrellado sus labios contra los suyos al tiempo que toma su mano para dejar sobre esta los 100$ que cobra por noche.
Ella lo mira intentando comprender.
—¿Y esa necesidad de besarme?
Daryl la mira con sus ojos brillando de felicidad.
—¿Recuerdas a Aaron? Hoy me ha llamado, he quedado con él ahora mismo en su galería de arte para mostrarle mi trabajo. Estoy feliz, nervioso y... y no sé, quiero que todo salga bien.
Nancy sonríe.
—Me alegro mucho, cariño, pero sigue sin explicar ese beso.
—Llevo toda la mañana deseando besarte para agradecértelo. Un poco más y le como los morros a Abraham.
Nancy rompe a reír.
—Me habría encantado ver eso.
Él la mira sonriente, le encanta el sonido de su risa.
—Vamos a casa a por Abraham que debe acompañarme, y te cambias de ropa si quieres.
—¿Acompañarte? pero Daryl, como reconozcan que soy una puta no...
—No me importa —interrumpe él —. Estoy feliz, esto es gracias a ti y quiero compartirlo contigo. Además, el dueño de la galería ya sabe lo que eres, los demás me importan una mierda. Acompáñame, por favor —le suplica.
Carol suspira largamente, pero finalmente asiente haciéndole el gusto.
Bueno, a lo mejor vestida con ropa de diario no se dan cuenta de que es la puta Nancy, aunque odia vestirse así, su vestido rojo le ayuda a meterse en su personaje, pero no me puede arriesgarse a que la reconozcan, y no le interesa llamar la atención en la galería, seguro que está llena de gente refinada fingiendo saber de arte.
Llegan a la casa, ella se cambia de ropa mientras Daryl toma sus fotografías que con tanto cuidado guardó.
—¿Lista? —le pregunta abriendo la puerta de su habitación.
Su corazón se acelera cuando de nuevo la ve con esos vaqueros y jersey azul cielo. Debe aguantarse las ganas de besarla porque como lo haga teniéndola así vestida se arrepentirá después. Ella es Nancy, sólo Nancy, y la mujer que hay tras ella está enamorada de otro hombre.
Deja que Abraham conduzca, él conoce mejor las calles de Nueva York, y él se sienta atrás con Nancy observando su perfil bajo las luces de la ciudad.
—Tengo ganas de ver a Aaron, follaba bien —comenta ella.
Daryl se hunde en su asiento, menuda habilidad tiene esa mujer para romper la magia.
Llegan a la Galería de arte. Es un edificio grande, de aspecto colonial, casi parece un palacio.
Suben los escalones que los separan de la entrada y abren la puerta. Nada más pasar se encuentran con fotografías colgadas a un lado, a otro, en el pasillo de la derecha, la izquierda, y cada cierto punto un banco para sentarse y pararse a observar.
El lugar es de un blanco impoluto, y tan amplio...
—Qué pequeño me siento —comenta Daryl.
Si ya estaba nervioso antes más lo está ahora que puede comparar sus fotografías con las que están ahí expuestas. No puede evitar deprimirse, son geniales, las suyas parecen de aficionado y...
Entonces Nancy le toma la mano apretándosela con fuerza, como queriendo darle la seguridad que le falta.
—A ese me lo follé —comenta ella señalando a un hombre del fondo —. Lo recuerdo porque tenía una polla extraña, como doblada, parecía un garfio.
Daryl frunce el ceño.
—¿Por qué me cuentas esto? ¿A mí que me importa la polla mutante de ese? —dice en un tono demasiado alto, llamando la atención de los allí presente —. Mierda —se avergüenza, y eso hace que a ella le divierta —. No te rías, zorra mala, ha sido por tu culpa —le regaña, pero finalmente acaba contagiándose de su risa y se olvida de sus preocupaciones —. Oye ¿Aaron es alguno de estos? ¿No será el de la polla rara?
Ella vuelve a reír.
—Que va, él es un Adonis, y folla...
—Qué si, ya me quedó claro —gruñe un poco celoso de que la haya dejado tan marcada el sexo con ese hombre.
Caminan por la galería observando las fotografías. Hay pasillos que dividen las obras por temática, y otros dedicados exclusivamente a un autor específico.
—Son muy buenas —comenta Daryl.
Nancy asiente.
—Como las tuyas —dice intentando animarlo, nota que sus ánimos se están desinflando.
Siguen caminando hasta que llegan a un pasillo donde hay un hombre haciendo fotografías y tomando apuntes.
—Ese es Aaron —informa Nancy.
Daryl traga saliva y se acerca lentamente a esa figura. No sabe por qué, pero se imaginaba a alguien más mayor. Un señor con ropa y bigote estrafalario al estilo de Dalí. En cambio, se encuentra ante un muchacho imberbe.
—Hola ehm... el señor Stafford? —hace un esfuerzo por recordar su nombre.
—¿Stafford? Dios, cuanto me pone ese apellido —murmura Nancy ganándose una mirada reprobatoria de Daryl —¿Qué? Él sabe que soy puta —se defiende.
Aaron mira sonriente, feliz de que la pobre prostituta desnuda y maltratada que conoció en ese barco siga con vida.
—Me alegro de verte, Nancy —La saluda estrechándole la mano —Señor Dixon, encantado de conocerle —lo saluda también —Por favor, acompáñenme a mi despacho, estaremos más tranquilos.
—Menudo trío me puedo montar —bromea Nancy sólo por molestar a Daryl —.Tú también te puedes apuntar, grandullón —invita a Abraham que los sigue silencioso.
—Deja a mis guardaespaldas en paz —regaña cansado Daryl. Ya ha olvidado las veces que se lo ha pedido.
Aaron camina por delante de ellos saludando a quienes se encuentra por el camino y presentándoselos a Daryl. Algunos son sólo apasionados de la fotografía, otros autores, estudiantes...
—Daryl Dixon, este es el señor Eduard Wallace, uno de nuestros mecenas
Nancy se tensa al oír su nombre, su rostro se vuelve pálido, su pulso se acelera y su visión se le nubla. Sigue igual de atractivo que cuando lo conoció, con ese cabello rubio engominado, sus ojos verdes y esos hoyuelos que se le marcan en las mejillas cuando sonríe, al igual que a su hija. No se lo puede creer, seis años después vuelve a reencontrarse con el padre de Sophia, el amor de su vida y de nuevo despiertan sentimientos que creía enterrados.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo. Ha sido bastante light pero necesario para lo que viene después.
No controlo sobre revelado de fotografía analógica, todo lo he sacado de vídeos de Youtube, así que si he cometido algún error perdonadme.
No recuerdo que Aaron tuviese apellido en la serie, si estoy equivocada hacedmelo saber.
En este capítulo se ha desvelado el origen de Carol (Rusa) y de ahí el acento que Daryl ha notado.
Un recordatorio: Aaron y Carol no tuvieron relaciones sexuales en ningún momento, simplemente a Nancy le gusta picar a su niño rico.
En el siguiente capítulo veremos a Carol interactuar con Eduard.
