Autor Original: Torashii
ID: 4735351
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Fue durante una de sus (muchas) patrullas una mañana que Hibari decidió echar un vistazo a lo que él consideraba su guarida. La totalidad de Namimori era su territorio, y su casa la tenía que compartir con los herbívoros que se llamaban a sí mismos sus padres. Sin embargo, el cargo disciplinario era sagrado, solo estaba disponible para él, y en ocasiones, para Kusakabe. Cada carnívoro, había decidido, necesitaba una guarida, por lo que estaba desmesuradamente complacido de obtener la suya propia.
Fue comprensible entonces, cuando miró su guarida y vio un pelo castaño asomando por un hueco, que estuviese enfadado. Tacha eso, estaba enfurecido. ¿Cómo se atrevían a traspasar su territorio definitivo? Destruiría al infortunado herbívoro que tuvo el descaro de invadir su guarida.
Por una vez, no se molestó en contener su intención asesina mientras se dirigía hacia la oficina disciplinaria, eligiendo escalar la pared en lugar de correr por los pasillos (aunque correr estaba prohibido). Se precipitó a través de la ventana aún abierta; tonfas ya fuera y listas para morder al intruso. Sin embargo, parecía que su dramática entrada fue en vano, ya que no había señales de ninguna otra forma de vida dentro de la oficina. Siseando como un gato enfurecido, Hibari se erizó, antes de sentarse y sacar la lista de estudiantes. Encontraría y mordería hasta la muerte a quien quiera que fuera el herbívoro invasor incluso si le mataba.
Mirándose en el espejo, el 'prefecto demoníaco' de Namimori frunció el ceño. Tenía ojeras (aunque pocos clasificarían el más mínimo oscurecimiento de piel debajo de los ojos como 'ojeras', las tenía y eso era todo lo que importaba). La razón de su falta de sueño podría atribuirse a un castaño de pelo esponjoso, uno del cual Hibari aún no sabía el nombre, a pesar de haber pasado toda la noche memorizando a todos y cada uno de los estudiantes de Namimori.
La escuela obviamente tenía más problemas de los que pensaba, si sus registros eran tan malos que algunos estudiantes no estaban debidamente registrados.
Obviamente, no podía esperar mucho de una multitud de herbívoros. No era la primera vez que veía al chico de pelo castaño que estaba buscando en ese momento. No, de hecho, lo había visto de fondo en varias situaciones, siempre solo e ignorado.
A Hibari no le importaba si los herbívoros estudiantes decidían que la intimidación por exclusión era un pasatiempo aceptable. Siempre y cuando no rompieran las reglas. Sin embargo, la decisión de los profesores de ignorar al castaño era totalmente poco profesional y, por lo tanto, inaceptable. Había pasado por su mente que el estudiante en particular no solo era un intruso en su guarida, sino también en su escuela, pero no había visto a ninguna persona, estudiante o maestro señalar a otro como tal. Durante el almuerzo o educación física, o dentro de los pasillo donde había visto al chico, nadie lo había acusado de invadir la escuela, por lo que el prefecto consideró que era mucho más probable que se tratara de un caso severo de acoso escolar. El castaño parecía el tipo de herbívoro débil al que acosan, después de todo.
Lo bueno de todo era que las 'ojeras' de sus ojos permitían una mirada aún más prominente, lo que hacía que tanto estudiantes como maestros salieran huyendo por los pasillos. La molestia pura irradiaba de él en oleadas, e incluso los débiles herbívoros podían sentirlo desde un kilómetro de distancia. Hibari no dejaría que un intruso quedara impune tras colarse.
Afortunadamente (para el prefecto, es decir) vio a uno de segundo año en particular que reconoció como uno que había estado presente cuando el herbívoro castaño estaba presente. Por lo poco que había visto, no creía que Yamamoto Takeshi participaría en una alienación tan generalizada de otro, pero, de nuevo, seguía siendo un herbívoro.
Se acercó al jugador de béisbol, sin pensar en la conversación que estaba teniendo con las personas que lo rodeaban. Extendiendo la mano y agarrando al otro por el cuello, bajándolo a su propio nivel.
"Herbívoro" siseó el prefecto. Le habría divertido la palidez del rostro del otro si no estuviera tan irritado.
"Hibari, ¿verdad Jaja, ¿qué puedo-"
"El herbívoro castaño" interrumpió la alondra al otro chico. Escuchar sus balbuceos solo serviría para irritar más aún a Hibari "¿Quién es?"
El prefecto reinaba en su impaciencia mientras el otro chico parpadeaba y se tomaba un tiempo para contemplar la pregunta. Unos instantes después, su expresión se transformó en una gran sonrisa.
"¡No tengo ni idea!"
El prefecto gruñó a modo de advertencia. No toleraría ningún comportamiento repugnante dentro de su escuela.
"Mentiras" siseó Hibari. Si era sincero consigo mismo, estaba un poco decepcionado de Yamamoto Takeshi por sus herbívoras mentiras. De manera bastante despiadada, aplastó la emoción, permitiéndose burlarse mentalmente del chico frente a él "Te vi con el herbívoro bajito de pelo castaño puntiagudo"
El prefecto pudo ver los cambios de minutos en el rostro del jugador de béisbol. Confusión, sospecha, conmoción y negación. Hmph. Hibari sabía que el chico era un mentiroso.
"Yo, eh, tengo que irme" el chico de ojos avellana luchó con un aire de desesperación, y Hibari lo dejó ir con un aire de disgusto. No podía soportar a los cobardes que huían.
El herbívoro del béisbol detuvo su retirada por un momento, como si estuviera contemplando algo. Con un suspiro tembloroso, volvió a mirar al prefecto "Realmente no hay nadie así que conozca, Hibari-senpai. E-El único era Tsuna"
Hibari arqueó una ceja, exigiendo más información. Yamamoto miró hacia otro lado.
"Murió el año pasado"
El prefecto no se molestó en perseguir al chico en busca de una explicación. Podía reconocer los signos de culpa y dolor. Resoplando de irritación, se dio la vuelta y se alejó.
Esa tarde, Hibari sintió que se tambaleaba hacia su nido. El prefecto estaba agotado, no solo por haberse quedado despierto toda la noche anterior, por tener que lidiar con todos los líos que los herbívoros provocaban durante el día. Algunos delincuentes habían decidido intentar dominarlo a través del número y Hibari resopló por dentro. Eran débiles. Sin embargo, no había ayudado que no pudiera olvidar lo que dijo el herbívoro del béisbol; había estado molestando su mente hasta el punto de que se perdió su siesta diaria (lo que lo convirtió en una alondra muy malhumorada) y casi exigió que Tetsuya consiguiera información del chico llamado 'Tsuna' en ese momento. El prefecto sintió sinceramente ganas de romper una pared ante la falta de información en el sistema escolar. Herbívoros patéticos. Herbívoros patéticos y repugnantes sin sentido del orden.
Al llegar al haz de ramas que le servía de área de descanso, la alondra estaba demasiado preparada para recostarse y descansar un poco. Se congeló inmediatamente al notar un objeto extraño dentro de su territorio. Una gran cantidad de bayas silvestres pero comestibles yacían amontonadas en su nido, ordenadamente en una pila. Por el rabillo del ojo, pasó un destello marrón. El prefecto volvió a mirar la ofrenda. Lo siento; el mensaje era claro.
La boca de Hibari se torció. Bueno, podía tomar algo de comer.
