Autor Original: mar-map
ID: 2410090
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Capitulo 3: La Cita
Arthur siempre había estado interesado en la alquimia y las pociones. Ahora al vivir en el Castillo de Espadas, tenía mucho espacio para llevar a cabo sus experimentos como a él le gustaba. Arthur rápidamente había reclamado una pequeña sección de las mazmorras para este propósito. Se aseguraba de reponer sus suministros con materiales frescos o nuevos durante su tiempo libre. Ese momento ideal parecía ser por las mañanas.
Había pasado una semana desde que se casó con Alfred. Sus primeras mañanas se gastaron concertando las citas del Rey para el día. Entonces pasó el día asegurándose de que esas citas permaneciesen ahí y se llevasen a cabo. Su propia presencia era requerida en algunas de ellas, por el mero hecho de mostrar la nueva monarquía como fuerte y robusta.
Alfred había decidido monopolizar sus noches con clases de etiqueta. Era algo que el rey necesitaría después de todo. Las lagunas en el conocimiento de Alfred eran realmente bastante asombrosas. No era solo bailar de lo que no tenía ni idea, sino también en las maneras apropiadas para reunirse con otros nobles también. ¡Ni siquiera sabía los modales adecuados en la mesa! Era de esperar dado su subida de lo más bajo a lo más alto.
Arthur descubrió que realmente no le importaba enseñar a Alfred tanto como inicialmente había pensado que lo haría. De hecho, cuando Alfred realmente prestaba atención y ponía esfuerzo en aprender, no era tan terrible de tratar. Incluso cuando se veía abrumado y se ponía a refunfuñar sobre todas las reglas, lo hacía de una manera algo entrañable.
Lo cual dejaba a Arthur con unas pocas horas entre la organización de las citas de Alfred y las citas para ambos para sí mismo. Las había usado para experimentar o leer cada dos días y reunir materiales que usar durante los otros. Solamente tenía dos o tres horas entre la planificación y cuando Alfred despertaba de dormir, pero era la Reina de Espadas y la falta de tiempo personal para él mismo solamente era de esperarse.
Se encargaría de ello.
Se arrastró por el castillo para esquivar el despertar a alguien dentro de esas paredes. Sabía que quién le pillase no aprobaría la actividad. Habrán insistido en hacerlo ellos mismos para garantizar su seguridad. No era exactamente seguro el salir a pasear por el Bosque de Espadas solo.
Nunca serían capaces de hacerlo con tanta dedicación como lo hacía Arthur y no iba a dejar que sus preciadas horas de tiempo libre fuesen invadidas por los guardias. Se darían prisa para terminar la tarea y privarían a Arthur de su preciado tiempo para limpiar.
Ensillando su caballo, y su único compañero constante durante toda su vida, Clover, Arthur salió para el cercano Bosque de Espadas. Era el lugar perfecto para recolectar sus hierbas. Todo lo que necesitaba era encontrar una ubicación relativamente central.
Clover trotaba por la trayectoria ya conocida. Arthur ni siquiera necesitaba guiarle ya. Clover había escogido fácilmente el camino deseado, y requería poco esfuerzo por parte de Arthur. Sin embargo, su camino pronto se vio bloqueado pro un cartel de madera bloqueando su ruta normal. Clover parecía poco impresionado con el signo ofensivo. La pintura descuidadamente aplicada decía:
¡Artie!
Los cuidadores del establo me dijeron que te gustaba salir por aquí algunas veces. No estoy realmente seguro de a dónde vas después, pero si vas a la izquierda encontrarás otro signo. El verde es mi color favorito.
Arthur simplemente se quedó mirando el signo de madera. No estaba exactamente seguro de si estar sorprendido por las payasadas del Rey o no. Era un poco desconcertante que el otro fuese capaz de saber a dónde iba en su preciado tiempo libre. Aunque era reconfortante saber que Alfred no sabía con exactitud a donde iba. No es que Arthur pudiese continuar con su ruta anterior ahora. Sentía mucha curiosidad por saber cuáles eran exactamente los planes de Alfred.
"Será mejor que vayamos a buscar la siguiente, Clover" le dijo Arthur al caballo. Acarició el lateral de la cabeza del caballo con suavidad para su molestia. El caballo trotó en su nueva dirección. Pronto se sintió intrigado por su nuevo destino y no dudó en coger algo de velocidad mientras avanzaban. Arthur difícilmente tenía tiempo de sacar a Clover de los establos y cuando lo hacía, normalmente era para ir hacia el Bosque de Espadas.
Justo como Alfred había prometido en la señal anterior, pronto llegaron a otra señal. Este estaba escrito con pintura verde el mismo modo descuidado que el primero. Después de un momento de examinación, Arthur fue capaz de saber lo que decía la mayor parte:
¡Yay!
Me alegro de que hayas decidido seguir las señales, ¿o este es el camino por el que normalmente vas? ¿Qué vas a hacer, de todos modos? Sabes que puedes decirme. ¡Es por eso que estoy aquí! No se lo diré a nadie más si no quieres. Entiendo lo que es un secreto.
Normalmente no quiero decir lo que digo en una discusión.
¡Sigue el camino!
Alfred había procedido a dibujar una carita sonriente de algún tipo. Arthur escrutó el signo por algún otro comentario antes de instar a Clover a seguir adelante. Fue una tarea bastante simple el seguir las señales de Alfred ahora. La última había estado colocada al borde de un camino de ladrillos por lo que era bastante claro lo que Alfred quería que siguiese.
Clover dejó escapar un pequeño resoplido antes de continuar por el camino enladrillado. Sus pezuñas resonaban con fuerza contra estos. Parece que le llevaría bastante tiempo encontrar la siguiente señal. Arthur casi había perdido la esperanza de que Alfred en realidad le hubiese dejado alguna otra. Estaba listo para dar media vuelta hacia su propósito real en el Bosque de Espadas, pero Clover se negaba a dar la vuelta y a unos pocos pasos más estaba la siguiente señal, situada contra un arbusto en la carretera.
Estaban cerca de la ciudad que quedaba a unos pocos kilómetros del castillo. Originalmente la ciudad se suponía que estaría construida con un castillo en el centro pero por razones de seguridad la ciudad había sido relocalizada. Haciéndolo así, les daba a los guardias del castillo más control sobre las entradas y salidas de la gente.
¡Casi has llegado, Artie!
La señal estaba pintada de azul esta vez. Los colores no parecían tener un propósito aparte de ser uno de los favoritos como parecía. Estaba casi escondido en un arbusto cercano. Si no fuese por Clover, Arthur estaba seguro de que se la habría pasado completamente.
El veintitrés es mi número favorito.
La señal era significativamente más corta que las anteriores. Era mucho más fácil de leer también. Era casi como si Alfred hubiese tenido un gran cuidado en la fabricación de este signo en particular. No revelaba nada de cuales eran exactamente las intenciones de Alfred. Con un suspiro resignado, Arthur palmeó a Clover, y los dos partieron de nuevo hacia la ciudad.
"¡Su alteza!" exclamó el guarda en la parte superior de la torre de vigilancia. Arthur estaba seguro de que se metería en problemas por esto ahora. Ni siquiera había pensado en la seguridad mientras salía del recinto del castillo para acercarse a la ciudad. Los guardias del castillo apenas lo aprobaban cuando deseaba salir por los alrededores del castillo solo. Seguramente no aprobarían que fuese tan lejos sin ellos. ¡Arthur ni siquiera les había informado sobre su paradero! Aunque no es que Arthur no pudiese cuidar de sí mismo. Había un cuchillo firmemente agarrado en su bota por si lo necesitaba.
"¡Artie! ¡Hey, Artie, por aquí!" la cabeza de Alfred asomó desde detrás de un edificio cercano. Hacía gestos amplios para llamar la atención del otro antes de mirar a su alrededor como si estuviese asustado de que fuesen pillados como dos niños que se portan mal. Hizo una señal al otro para que se acercase más.
Un poco nervioso, Arthur se bajó de la silla de montar. No estaba exactamente vestido como para aparecer delante de la gente de la ciudad. Ni siquiera podía dar media vuelta ahora y todavía tenía curiosidad de lo que pasaba por la cabeza de Alfred. Alfred salió de detrás del edificio y tomó las riendas de Clover de sus manos.
Arthur se había puesto más nervioso en ese momento. A Clover no parecía importarle y se rozaba contra el brazo de Alfred de vez en cuando mientras el Rey les llevaba por las callejuelas desiertas de la ciudad.
Llegaron a su destino no mucho después, habiendo viajado en silencio durante todo el camino. Alfred ató a Clover a un árbol fuera de una pequeña tienda con una sonrisa. El Dragón Blanco, se llamaba. Alfred le sonrió a Arthur antes de intentar ayudarle a bajar de Clover. Arthur se las arregló para alejarle con una rápida mirada. Aunque Alfred no puso mucha resistencia tampoco, más bien se limitó a adelantarse a la tienda. Arthur susurró una rápida despedida a Clover – el cual estaba obviamente disgustado por tener que ser atado pues Arthur nunca se lo había hecho – antes de dirigirse a las escaleras de madera y al interior.
Casi al momento fue asaltado por al menos tres anfitriones. Todos le preguntaron si había algo que necesitase, si su viaje había ido bien, ¿el nivel de ruido estaba bien? después de un minuto de preguntas sin parar en las que Arthur se las arregló para ocultar su sorpresa, Alfred apareció a su lado y alejó a los anfitriones y le llevó hasta la mesa de la esquina.
No había nadie más en el pequeño restaurante, además de los hosts que le habían asaltado y Alfred, por lo demás el lugar estaba completamente desierto. Alfred le sonrió ampliamente y empujó una silla con cuidar después de que Arthur se hubiese sentado. Arthur dudó ates de decidir que si bien no era el lugar al que le hubiese gustado ir, no era un sitio terrible tampoco.
"Alfred, ¿qué estamos haciendo exactamente aquí?" de algún modo, durante el camino, Arthur se había acostumbrado al nombre de nacimiento del otro. Aunque todavía se sentía un poco extraño, no dudaba en decirlo como antes. Arthur se movió una vez más en el sitio. Uno de los anfitriones vino con una sonrisa y encendió la vela de su mesa. Arthur la miró un poco sorprendido. ¡Ni siquiera estaba oscuro fuera!
Las mejillas de Alfred se sonrojaron un poco por la pregunta "Yo…eh…" se frotó el cuello por detrás con nerviosismo "Queríallevarteaunacita" al instante, los ojos de Alfred se abrieron de par en par y los dientes superiores se clavaron en su labio inferior. No se atrevía a quitar sus ojos de Arthur como si esperase una reacción
Una reacción no era algo que Alfred fuese realmente a recibir. Lo habría hecho si Arthur hubiese podido entender lo que había dicho "Alfred, por favor, ¿puedes decirlo más lento? No entendí una palabra de lo que dijiste" aunque hablar adecuadamente había sido una de las cosas en la lista de Arthur de lo que necesitaba enseñarle a Alfred, quizás lo necesitaba de verdad. Alfred pareció paralizarse ante la idea de que tuviese que repetir su frase anterior.
Después de un momento de duda, respondió "Una cita" dijo lentamente "Estoy sacándote a una cita" Ahora las mejillas de Arthur estaban coloreándose también, estaba seguro de ello. Alejó la mirada de Alfred, las manos moviéndose inquietamente en su regazo por debajo de la mesa.
"Estamos casados, Alfred, nadie corteja una vez que se han casado"
"Pero no hemos tenido esa oportunidad. No quiero que sintamos que nos hemos perdido algo" Alfred se inclinó peligrosamente cerca de la vela mientras se movía sobre la mesa, hacia Arthur. Dejó un beso en la mejilla de Arthur antes de alejarse rápidamente. Parecía sorprendido por sus acciones. Frotándose el cuello nerviosamente de nuevo, continuó "Hey, Artie, ¿puede cogerte la mano?"
"Yo–" Arthur dudó. Una sonrisa tensa apareció en sus labios mientras deslizaba la mano por debajo de la de Alfred. Una gran sonrisa se formó una vez más en los labios de Alfred, y Arthur fue golpeado por lo atractivo que se veía Alfred cuando estaba sonriendo tan ampliamente como ahora. El Rey entrelazó los dedos con el otro, tirando de la mano de Arthur hacia arriba para besar sus nudillos antes de permitir que descansasen sobre la mesa entre ellos.
La cita fue en realidad bastante agradable. Apenas discutieron – aunque consiguieron entrar en una discusión bastante acalorada sobre si deberían aumentar el presupuesto para las nuevas carreteras que estaban en proceso de ser trazadas. En realidad no era algo muy importante y la respuesta de Arthur es que estaba en contra de aumentar el presupuesto, pero habría estado de acuerdo en un segundo si no hubiese disfrutado de discutir con su Rey.
Por una vez, Alfred había sido el único organizando algo. Canceló con éxito todas las reuniones del día y las había reprogramado para fechas más tardías sin molestar realmente a nadie. En realidad, Arthur estaba bastante impresionado con la habilidad del otro para ser honesto.
Alfred admitió que el pequeño restaurante era un sitio en el que se sentía cómodo. Había querido llevar a Arthur a uno de esos magníficos restaurantes de la ciudad, pero había tenido miedo de hacerse ver como un tonto frente a Arthur. Ni siquiera sabía la manera de comportarse, así como la realeza se suponía que actuaba. Arthur había sonreído y le había dicho que sus maneras estaban perfectamente bien aunque Arthur mentalmente estuviese en desacuerdo.
Cuando llegaron a la pequeña plaza de la ciudad, con una hermosa fuente con una estatua de un ángel en el centro, y la música empezó a ser tocado por una banda en vivo, Arthur había hecho que se detuviesen. La gente estaba bailando alrededor del centro de la plaza. Estaba bastante lleno de gente y sin su atuendo real nadie les reconoció como el Rey y la Reina. Se mezclaron.
Ahora, mientras caminaban de vuelta al castillo – Clover trotando junto a ellos – Arthur no podía recordar alguna vez en la que estuviese tan feliz como lo estaba en ese momento. Sus mejillas estaban sonrojadas de todo lo que se había reído y Alfred estaba igual. El abrigo del Rey fue colocado sobre sus hombros ya que no era exactamente extraño el tener noches relativamente frías en Espadas durante la primavera.
Alfred tenía sus dedos entrelazados y las manos oscilaban entre ambos.
Mientras pasaban la segunda de las tres señales que Alfred había colocado, Arthur preguntó "¿Cuál era el plan con estas señales, de todos modos? Además de guiarme hasta ti. ¿Por qué sentirías la necesidad de decirme tu color favorito?" una sonrisa estaba ligeramente plasmada en los labios de Arthur. En realidad la sonrisa difícilmente había abandonado sus labios durante el día. Alzó la mirada hacia Alfred y sabía que era afecto lo que había en sus ojos.
No había pensado mucho acerca de si sería capaz o no de amar a su Rey, dejando de lado el quererle antes del día de la boda. Si bien no diría que estaba enamorado de Alfred, ciertamente estaba desarrollando un pequeño afecto amistoso por el otro. Este día era prueba suficiente de ello.
Uno de esos gestos de rascarse la nuca de Alfred se hizo presente de nuevo. Había ocurrido mucho durante el día, cada vez que Alfred estaba demasiado nervioso o inquieto "Estaba halagándote" admitió Alfred "Porque amo el color de tus ojos" la sonrisa de Alfred se había suavizado con cariño "Discutimos todo el tiempo, pero no quiero decir nada de eso, y tu cumpleaños es el veintitrés de Abril. Estaba alabándote"
"Oh" respondió Arthur. ¿Cómo podía haber sido tan despistado con eso?
Caminaron en silencio durante un tiempo. Las luces brillando desde el castillo. Podían ver a los guardias, las armas brillando con las luces que emitían las lámparas, pero pasaron desapercibidos. Arthur no estaba seguro si debería estar preocupado por eso o no. No es que estuviesen intentando colarse. Una vez más, mientras Alfred le llevaba rápidamente hacia los establos mientras la luz de un guardia se acercaba, Arthur no estaba muy seguro de que Alfred no estuviese intentando moverse sin ser detectado.
Arthur acarició la nariz de Clover con afecto mientras desensillaba al caballo y colgaba cuidadosamente la brida en la pared. Clover masticaba una manzana fresca que Arthur le había dado de una caja cercana que los encargados del establo habían recogido mientras lo llevaba a su sección. La paja bajo sus pies era nueva y crujía mientras Clover andaba encima de ella "Haré que te revisen las pezuñas por la mañana" prometió Arthur. Se inclinó sobre la puerta de la cabina para darle un beso en la nariz a Clover.
"Hey, ¿Artie?" preguntó Alfred.
Arthur se giró con una ligera sonrisa "¿Si, Alfred?"
"¿Puedo besarte?"
"Oh, s-supongo"
En unos pocos pasos rápidos, Alfred había arrinconado a Arthur entre el establo de Clover y él mismo. Los nervios atacaron a Arthur. ¡No era que no quisiese besar a Alfred o no lo habría hecho antes! Algo en que Alfred le preguntase lo hacía parecer diferente. Casi parecía que era más importante que los otros que habían compartido, aunque fuesen pocos. Se sentía como una prueba.
Alfred dejó que sus dedos acariciasen las mejillas de Arthur primero, deslizándolos hacia la frente para recorrer las cejas. Bajaron hacia la mandíbula y trazaron el camino hacia la oreja. Los ojos de Alfred nunca se alejaron de los cambios de expresión de Arthur, absorbiéndolas todas. Los dedos alcanzaron los dedos al final, trazando todo el contorno como si estuviera cartografiándolos, imaginándose como se sentirían.
Alfred se inclinó incluso más hasta que sus pechos se rozaban el uno contra el otro si alguno de los dos se movían lo más mínimo. Finalmente Alfred se agachó, la cálida respiración cayendo sobre el rostro de Arthur hasta alcanzar sus labios. La mano que no había estado inspeccionando su rostro se deslizó para abajo, apoyándose ligeramente en la cadera de Arthur.
El primer contacto entre sus labios fue breve. Alfred simplemente rozó sus labios contra los de Arthur como si probase la reacción que recibiría. A diferencia del beso de boda, Arthur no se alejó. Tampoco se unió exactamente, sin embargo. Alfred se retiró unos pocos centímetros para mirar a Arthur a los ojos como si le preguntase si podía intentarlo de nuevo.
"Alfred, eres mi esposo" le dijo Arthur. Su voz era baja "No tienes que preguntar"
"Pero no quiero hacerte infeliz al besarte cuando no quieras"
"Si eres tú, no me importaría"
Eso parecía darle a Alfred el empujón que necesitaba para besar a Arthur de nuevo. Esta vez movió la mano de la cadera de Arthur para rodearle la espalda para descansarla en la cadera opuesta. Su otra mano estaba rodeando los hombros de Arthur para juntarlos hasta que estuvieron pegados el uno al otro.
Arthur le siguió rodeándole el cuello a Alfred con los brazos, las manos enredadas en su pelo rubio. Arthur entendía ahora por qué Alfred había querido llevarle a una cita. Antes habían estado casados por obligación, de ese modo irían de camino a estar casados por amor.
