Autor Original: Zeplerfer
ID: 3863429
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Capitulo 2: La Princesa de las Nieves
En el cual Alfred resuelve un enigma fácil, Nataliya blande sus dagas y Feliks continua perdiendo al ajedrez.
A los 17 años, Alfred se fue de casa con verdadera confianza, determinado a rescatar tantas princesas como fuese posible. Desde que era niño, Alfred había soñado con convertirse en un caballero. Y no en un caballero cualquiera, quería ser un valiente caballero que rescatase a princesas de dragones. Un rescatador profesional de princesas, reconocido en todo el país por su valentía y coraje. Si alguien fuese a escribir una lista de marcas mundiales, iba a estar en la cima de "Rescate de princesas".
Algunas personas pensaban que rescatar princesas era algo de solo una vez. Un príncipe o caballero rescataba princesas, se enamoraban, se casaban, conseguían la mitad del reino como recompensa y vivían felices para siempre jamás, fin de la historia. Pero Alfred descubrió rápidamente que, por alguna razón, no estaba realmente interesado en casarse con cualquier princesa que conociese durante sus misiones. Eran buenas (en su mayoría) y bonitas (si te gustaba el rosa), pero realmente no podía imaginar pasar el resto de su vida con una de ellas. Así que las rescataba, las llevaba a casa, y aceptaba solo lo suficiente de recompensa de parte de los agradecidos padres para ser capaz de volver a la búsqueda y rescate de otra princesa.
Así que cuando Alfred escuchó que muchos caballeros y príncipes habían intentado y fallado en rescatar a la Princesa Nataliya, saltó sobre su caballo y entró en acción.
Alfred urgió a su caballo a galopar mientras se acercaba a la boca de la guarida del dragón. En la entrada de la cueva, gritó con su voz más fuerte y heróica "¡Raivis! ¡Te reto por la Princesa Nataliya!"
El tiempo pasó. Mientras Alfred miraba impacientemente a la oscuridad y escuchaba el silencio sin fin, empezó a preocuparse de si estaba en el lugar correcto. Los mapas no eran realmente su fuerte, así que no sería la primera vez que persiguiese a un dragón, para simplemente acabar fuera de la cueva de un oso. Al menos el oso había sido muy bueno y le había dado las direcciones correctas.
"¿D-De verdad?" una voz sorprendida finalmente hizo eco desde las profundidades de la cueva "Quiero decir…acepto" añadió el dragón mientras su hocico aparecía a la vista. El dragón era pequeño, no mucho más grande que un caballo, escamas de color rojo oscuro con las puntas doradas. Parecía temblar incontrolablemente, a pesar de que la temperatura de principios de primavera era ya cálida.
Alfred esperó impacientemente. Había expresado el reto, así que bajo la larga tradición existente de combate por rompecabezas, el dragón tenía que decirle alguno. Si Alfred ganaba, el dragón liberaría a la princesa. Si Alfred perdía, tendría que esperar una semana antes de intentarlo de nuevo. Después de casi un año de práctica, Alfred había perfeccionado sus habilidades con los rompecabezas hasta el punto en el que casi siempre tenía asegurada la liberación de la princesa en el primer intento.
Finalmente, el dragón habló "Mm, respóndeme a estas tres preguntas, si la princesa quieres liberar" se detuvo durante un buen rato "Uh, primero, ¿c-cuál es tu nombre?"
"¡Alfred F. Jones!" respondió Alfred con una amplia sonrisa.
"Segunda, ¿c-cuál es tu misión?"
"¡Rescatar a la princesa Nataliya!"
"Tercera… mmm, ¿cuál es tu color favorito?"
"¡Azul!" gritó Alfred triunfante, satisfecho con sus habilidades para resolver rompecabezas.
"Por favor, llévatela" gritó el dragón mientras volaba de nuevo a su santuario en la cueva.
Alfred le miró con confusión. Los dragones era, por lo general, unas perdedores graciosos cuando se veían obligados a liberar a una princesa (ya que estos simplemente secuestrarían a otra después de un par de semanas), pero nunca había visto un dragón tan ansioso de deshacerse de una princesa. Era tan extraño que nadie hubiese sido capaz de rescatarla antes con ese reto de rompecabezas tan fácil. Alfred se encogió de hombros y alejó la idea de su cabeza. Cuando los problemas se complicaban, simplemente los ignoraba.
"¿Princesa?" llamó mientras entraba en la cueva por sí mismo. Unas pocas antorchas estaban colocadas por aquí y por allá, provisionando suficiente luz para evitar que se chocase contra una pared.
Un destello de pelo plateado en una esquina llamó su atención. Podía distinguir vagamente a una joven y alta mujer en un vestido oscuro sosteniendo un par de dagas "No voy a casarme contigo" dijo fríamente "No voy a irme y no puedes hacer que lo haga"
Alfred sonrió y se encogió de hombros "Eso está bien. Solo quería rescatarte y llevar a casa. Sin matrimonio, lo prometo"
"¿Casa?" un brillo extraño apareció en sus ojos "Si. ¡Llévame a casa con mi hermano y nos casaremos!"
Alfred se sintió confundido "¿Qué? Pero si dijiste que no querías casarte conmigo y no quiero casarme contigo. Pensé que ya habíamos aclarado eso"
Ella asintió "Cierto"
"Así que no vamos a casarnos"
"Eso es lo que dije"
"No, dijiste… ¿sabes qué? No importa" dado su acento, Alfred decidió que quería decir que su hermano iba a casarse con ella cuando regresase a casa. ¿O quizás el sería quién realizase la ceremonia? Alfred realmente no sabía qué tipo de extrañas costumbres tendrían en Rassiya. Con esa confusión instalada, ayudó a Nataliya a empaquetar sus pertenencias y fue hacia su caballo, Ace.
A pesar del clima primaveral inusualmente cálido, el reino nevado de Nataliya estaba todavía cubierto de una fina capa de nieve blanca. Alfred habría pensado que era hermosa si estuviese disfrutando de la vista desde una cálida posada mientras bebía una taza de chocolate caliente. Era menos bonito cuando Nataliya les llevaba a un ritmo agotador, queriendo volver con su amada familia.
Alfred se animó con alivio cuando finalmente vio el palacio del reino de color caramelo de Nataliya. Los diseños geométricos en las brillantes torres coloridas contrastaban fuertemente con el paisaje estéril. Alfred llamó a las puertas con fuerza y esperó a que los guardias del palacio respondiesen, realmente esperando que pudiesen darle algo de chocolate caliente. En el futuro, iba a centrarse en rescatar princesas de países cálidos.
Las puertas permanecieron cerradas.
"¡Hermano! ¡Hermano!" gritó Nataliya mientras empezaba a arañar con las uñas la madera de las puertas.
"Eh… No estoy seguro de que eso esté ayudando" dijo Alfred, sosteniendo las riendas de su caballo con fuerza. Ace, por lo general, era un caballo de buen carácter, pero algo en Nataliya le ponía nervioso. Alfred miró a lo largo de las paredes del castillo, intentando detectar algún tipo de movimiento "¿Crees que todos hayan decidido tomar una siesta de cien años?"
Nataliya le lanzó una mirada de desprecio y caminó por el borde del palacio hasta que alcanzó las puertas del establo. Blandió los cuchillos y se abrió paso hacia el interior, aterrorizando a los caballos del establo. Desapareció en el palacio, llamando a su hermano todo el tiempo.
Alfred hizo unos ruidos calmantes y extendió la mano para acariciar el cuello del caballo. Estaba empezando a sospechar que fuese posible que la gente de este sitio no fuese a darle las gracias por traer de vuelta a su princesa. Después de que Alfred calmase a los caballos, llenó una bolsa de avena para Ace. No quería quedarse en este loco y frío reino mucho más tiempo del necesario.
Un sonido de sorber llamó la atención de Alfred desde la puerta. Parpadeó rápidamente mientras veía a una rubia pechugona acercarse rápidamente, los botones de su blusa esforzándose para no soltarse. Casi podía imaginar que hacía un ligero ruido de boing boing mientras caminaba.
"Oh, ¡muchas gracias por traer a Nataliya de regreso!" le dijo dulcemente. Se secó los ojos "Es tan bueno tenerla en casa"
"Eh, ¿de nada?"
Casi sofocó a Alfred con un fuerte abrazo. Se echó hacia atrás y sonrió "Por suerte, mi hermano ya se fue al palacio de verano, de lo contrario intentaría matarte. ¡Pero he traído un montón de paska para darte las gracias! Deberías irte pronto, antes de que mi hermano lo descubra. Pagó mucho dinero a ese dragón por secuestrar a Nataliya"
Alfred no podía entender si estaba dándole las gracias o amenazándole, así que tomo la barra de pan (porque nunca decía que no a la comida) y se fue rápidamente. Mientras antes saliese de los territorios del loco reino, más feliz estaría.
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"Alfred, dulzura, ¿rescataste a otra?" dijo Elizabeta alegremente, saludando desde las puertas abiertas de la Taberna Hambrienta.
Alfred sonrió "¡Por supuesto!" dejó a su caballo atado fuera y entró a la taberna. Entre medias de rescatar princesas, Alfred trabajaba como mozo de cuadra. Amaba a los caballos y siempre escuchaba los últimos rumores de las princesas recién secuestradas mientras trabajaba en la taberna. Le gustaba muchísimo trabajar para Eliza porque ella nunca le animaba a simplemente casarse con una de las princesas. De hecho, siempre sonreía y asentía cuando Alfred explicaba que simplemente no amaba a ninguna.
"Feliks lo intentó de nuevo, pero Ivana sigue ganando" explicó Elizabeta mientras se reunía con Alfred en la puerta "Pobrecito. Con suerte, podremos animarle"
Alfred asintió y vio a Feliks por la esquina. Siempre era fácil detectar a Feliks – era el único que iba de color rosa brillante. Alfred cruzó la abarrotada habitación y cogió una silla frente al otro rubio. Feliks alzó la mirada y asintió como saludo, pero parecía inesperadamente decaído.
"Hey… ¿quieres probar unas cuantas partidas de práctica más?" preguntó Alfred.
Feliks suspiró y dejó que su frente cayese contra la mesa con un golpe suave "Es como que, ¿qué sentido tiene? Ivana siempre va a ganar" murmuró, su voz opacada contra la mesa.
"Oh, bueno, si ese es el caso, entonces creo que debería ir y retarla yo"
Alfred apretó las manos contra la mesa y se incorporó.
Feliks de repente extendió su mano para agarrar la muñeca de Alfred y le miró con dureza "Ni se te ocurra. Le prometí totalmente que sería el único que rescatase a Toris"
Alfred volvió a sentarse y sonrió "Entonces deberíamos hacer unos pocos juegos más"
Feliks suspiró de nuevo, pero esta vez sacó su tablero de viaje de ajedrez y colocó las piezas. En vez de piezas blancas y negras normales, tenía unas negras y rosas. Feliks estaba decidido a ser el único que rescatase a Toris de las garras del dragón Ivana. El único problema era que Ivana siempre elegía el ajedrez como rompecabezas y Feliks nunca ganaba. Había estado trabajando durante seis meses completos pero todavía perdía incluso con Alfred dándole útiles clases particulares.
"Hey, recuerda lo que te dije. Confías demasiado en los caballeros. Necesitas aprender a usar las otras piezas" dijo Alfred mientras empezaba a jugar.
Feliks hizo un puchero "Pero el caballito es totalmente la mejor pieza"
"No se llama… ¿sabes qué? Da igual"
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"…y es porque la mueves cuando debes, no solo porque no puedas. ¿Lo entiendes?"
"Ugh, no quiero pensar en este juego como qué durante un minuto más"
Alfred se rio y aceptó cambiar de tema. Feliks era un terrible jugador de ajedrez, pero excelente con los chismes. Sabía que tan pronto como un dragón capturase a una nueva princesa, él será la fuente de información perfecta para un caballero como Alfred que quería rescatar a todas las que pudiese. Lizzie se unió a ellos una vez que vio que habían acabado con el ajedrez. Hoy, Feliks tenía una noticia nueva particularmente jugosa: el dragón Kiku había capturado a una princesa masculina.
"Wow, no sabía que eso era siquiera posible" Alfred se rascó la barbilla y entonces sonrió "Bueno, ¡creo que es mi deber rescatarle!"
Elizabeta suspiró soñadoramente "Voy a extrañar a mi mejor mozo de cuadras"
Alfred sonrió "No te preocupes, Lizzie, estoy seguro de que no me llevará mucho tiempo rescatarle"
Ella le devolvió la sonrisa "Oh… lo sé"
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Alfred se fue a la mañana siguiente después de un juego más.
"Feliks, colega, tienes que recordar que es imposible forzar un jaque mate usando solo dos caballeros. Deja de protegerles tanto" ofreció Alfred como consejo de despedida. Ensilló a Ace. Ambos, caballero y caballo, se pusieron en marcha para otra aventura.
Alfred acarició el cuello de Ace y dijo "Hey, compañero, siento que la última princesa fuese una maníaca manejadora de dagas. Pero definitivamente rescataré a una princesa buena, amable y alegre esta vez, así que no te preocupes, ¿vale?"
Ace – el cual tenía mucho más sentido común que Alfred – resopló con incredulidad.
Rebosante de optimismo, Alfred urgió a su caballo a galopar mientras seguían el largo camino hasta la cueva de Kiku. Como un valiente caballero, estaba continuamente listo para su siguiente misión de rescate. Ni la nieve ni la lluvia ni la oscuridad de la noche le impediría una rápido conclusión de su tarea auto nombrada.
Alfred siempre olvidaba el hecho de tener en cuenta a las propias princesas.
