Muy buenas a todos,
Antes que nada una más que sincera y necesaria disculpa para todos ustedes, se que he tardado mil años en subir el siguiente capítulo. ¿No creo que sea vital que les explique mi excusa? Asuntos de mi vida privada, cosas de salud.
Sin nada más que añadir, disfruten del capítulo más largo hasta ahora. Ya les hablo de nuevo en las notas finales.
AVISO IMPORTANTE DE CONTENIDO Y DIÁLOGO FUERTE. En este capítulo hay claros momentos de abuso físico y mental hacia varios personajes. Les pido por favor, que no intenten imitar lo que sucede aquí y que si por alguna razón se sienten identificados, acudan a un profesional y busquen ayuda a alguien de confianza.
Les recuerdo que esto es un fanfic, obviamente, habrá personajes que actuarán OOC. Tratándose de un universo alterno, que haya escrito a ciertos personajes a cierto modo, no implica ni señala que los desprecie realmente.
Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
La trama, salvo la gran mayoría de los personajes, escrita es de mi pertenencia e imaginación. Se va a reportar cualquier señal o advertencia de plagio. Les pido respeto. Gracias.
Ojo por ojo…
– Acabo de llegar. – escribió Karinrápidamente como mensaje hacia el Abumi.
Exhalando con temor, la pelirroja no podía evitar temblar no solo por temor. La ansiedad de lo que podía suceder de ahora en adelante la dejaba incapaz de pensar en cualquier otra cosa, como en la idea de marcharse de ahí.
Ahora mismo no podía permitirse seguir lo que le decía su instinto. Necesitaba ese dinero. No se atrevía a pedirle ayuda de nuevo a Jiraiya tras la reacción de este y la verdad, es que la impaciencia la había vuelto paranoica. Tenía todo el derecho, a fin de cuentas le habían robado el dinero que llevaba encima y muy a su pesar… Pensaba que había llegado a un punto en el que creía que las cosas solo podían ir a peor.
Cualquier forma que pudiera sacarle de su problema, por más ínfima que fuera la posibilidad, la iba a tomar.
Vino preparada al lugar, para que negarlo. Trajo consigo un Taser portátil además de un spray de pi mienta que había mangado del conserje. No confiaba en absoluto en Zaku, que la hubiera hecho venir hasta ahí a solas, para cualquiera, sería estúpido creer que no había segundas intenciones.
Era evidente qué sola iba a venir. Al no contar con la ayuda de Juugo y mucho menos con la de Suigetsu, cosa que prefería en cierto modo, la única manera de poder defenderse sería esta.
Entonces…
¿Por qué demonios había dejado de caminar? No se había dado cuenta de que se había quedado de pie en medio del laberinto de coches abandonados. Casi a oscuras, mirando como la nave, seguramente el almacén, era iluminada por la simple farola al lado de la puerta metálica. No podía echarse atrás ahora.
– Muévete, estúpida… Cuanto antes avances, antes terminas con este embrollo de pacotilla y todo volverá… – el sonido de la puerta abriéndose violentamente alertó a la pelirroja, sacándola de sus pensamientos.
Se agachó con prisas en el lateral de un coche marrón lleno hasta arriba de óxido y suciedad, recordando que no estaba tan lejos de la entrada para ser pasada desapercibida.
Observó como de ahí, salía Zaku con otro tipo con prisas, con el fin de dirigirse hacia una moto, subirse y rápidamente largarse de ahí como si nada.
– ¿Qué? ¿Se va? – meditó Karin mirando sorpresa al pelinegro subido detrás del otro tipo en la moto, haciendo ruido. – ¿Significa eso que no habrá nadie más?
Era mejor así, entonces. A lo mejor… Solo tenía que entrar al almacén y recoger lo que había venido a conseguir.
Incorporándose del suelo con prisa, no vio como del almacén salía otro tipo, el cual se ponía a caminar en dirección a un coche plateado, de aspecto sofisticado, que prometía valer una fortuna. Cuando la música de llamada entrante sonó a todo volumen, eso hizo que rápidamente se pusiera en busca de su móvil en su mochila. Tardó varios segundos en sacarlo de ahí, solo para ver qué se trataba del fijo de la compañía telefónica, por lo que enseguida colgó. El ruido la había asustado, sentía su corazón a mil por hora.
– ¿Quién coño eres y qué haces ahí? – habló una voz masculina a sus espaldas haciendo que Karin se volteara de repente. Debido al susto, su teléfono cayó de su mano al suelo.
Karin miró al tipo. No lo reconocía, no iba a su instituto y desde luego, no tenían la misma edad. Este parecía tener al menos dos años más, puede que más. Sin saber qué hacer, prefirió quedarse callada. Más que miedo, ahora mismo, sentía que lo correcto era cerrar el pico. No vino aquí a buscar problemas.
Fue ahí que con prisas, la Uzumaki se agachó para intentar recoger su móvil del suelo, solo para que el muchacho frente a ella se adelantara para con demasiada rapidez y prepotencia pisando el objeto, privándola de recogerlo.
– Quítate la capucha. – ordenó el tipo con rudeza tensándola aún más.
Tragando saliva, Karin obedeció lentamente. Manteniendo una de sus manos dentro de su chaqueta, dónde escondía el Taser.
– Eres Uromaki, entiendo… – dijo finalmente el tipo recordando que Zaku le dijo que la chica que esperaban era pelirroja, no se acordaba del todo del nombre, pero eso no era importante. – Llegas tarde, Zaku acaba de irse.
– Eso ya lo vi. – contempló Karin con sarcasmo mordaz, aunque eso solo se ganó que el tipo se moviera de golpe, asustándola. Como si pensara que iba a hacerle algo.
Sacando en un movimiento rápido como si se tratara de un reflejo de su cuerpo, el objeto que escondía en su bolsillo prendido, simplemente ocasionó que el chico simplemente se echara a reír frente a ella con burla.
Con una sola bofetada en sus manos, este logró que el objeto de autodefensa cayera lejos de ella hacia un lado.
– Lo que buscas está en el taller izquierdo del almacén, pero no sé dónde o el qué. – mintió a la perfección el moreno con tranquilidad una vez Karin volvió a mirarlo con temor, totalmente tensa. – Zaku me ha dicho que una vez dentro, lo encontrarás rápido. Al igual que el cobro.
La Uzumaki se quedó callada de nuevo, cosa que al tipo no pareció importarle, simplemente aprovechó para añadir algo más mientras se acercaba. Tomando a la primera del brazo, hizo que reaccionara violentamente, aunque teniendo mucha más fuerza que ella, enseguida le sacó de encima su mochila y la tiró al suelo. Notando algo duro dentro de las mangas de su blusa, sacudió su brazo haciendo que el spray de pimienta escondido entre las prendas cayera al suelo.
– Espero que entiendas, que por precaución, prefiero que dejes estas baratijas aquí… – comentó con burla el tipo, dejando a la pelirroja con un nudo en la garganta. – O puedes irte, como quieras. Aunque puede que eso cabree más de lo normal a Zaku, quien sabe por qué. Tú eliges.
Apretando la punta de los dedos contra la palma de sus manos con fuerza, Karin no tuvo otra opción que valorar las opiniones que se le ofrecían. Zaku se había ido, pero le había visto, lo que significa que solo tenía que adentrarse a ese lugar y tomar lo acordado.
Sin querer quedarse más tiempo con ese tipo que la miraba de arriba abajo con cierta mirada desagradable, obedeció en silencio, caminando entre otros dos coches para evitar pasar por el lado del primero, sin ver como este sonreía y simplemente se agachaba para tomar el teléfono de nuevo y lanzarlo lejos.
Con una última mirada a sus alrededores, el tipo miró la hora en su móvil justo en el momento que escuchó como la pelirroja abría la puerta del almacén creando demasiado ruido para seguidamente adentrarse al lugar sin mirar atrás.
– ¿Será una hora suficiente? – musitó en voz alta el tipo solo para encaminarse hasta la entrada del almacén y seguidamente tomar el candado de la bici que el Abumi ahora usaba para cerrar la puerta y cerrar este con llave y cadenas. Tomando el bate de béisbol apoyado en el suelo contra la pared metálica, no tardó en ponerse en dirección al coche del Abumi con el fin de apoyarse contra una de las puertas traseras en silencio.
Unos gritos histéricos no tardaron en escucharse, lo que implicaba que la acción acababa de empezar. Mediante una mueca, sacó de un bolsillo de su pantalón su teléfono con unos auriculares conectados, los cuales colocó en sus orejas con el fin de empezar a escuchar música.
Dando un tirón a la correa de Shiro con una sola mano para indicarle que dejara de caminar, Sakura inspiró aire temblorosamente debido a los nervios. Estaba a unos pasos de adentrarse al descampado del desguace.
La zona estaba desolada, algo que ya de por si le revolvía las entrañas de una forma demasiado desagradable. Shiro se sentó a su lado con un gimoteo nervioso, haciendo que entendiera que allí había algo que andaba mal.
Los recuerdos de lo ocurrido ahí años atrás volvieron a hacerse presentes en su mente, otorgándole un escalofrío que recorrió todo su cuerpo de la cabeza a los pies. Su cabello, recogido torpemente en un moño bajo, apenas se movió cuando una ventisca le llegó de frente.
El lugar, a simple vista, parecía tenebroso ante la escasa luminiscencia. Mirando la zona con discrepancia, ese endemoniado almacén parecía estar demasiado lejos de lo que en realidad estaba.
– Esto es una pesadilla de nunca acabar… – reflexionó la Haruno con tristeza, haciendo que consecutivamente negara con la cabeza. Esto ya solo no se trataba de ella. Había llegado hasta ahí y ahora no iba a echarse atrás.
Conociendo a Dosu y a Zaku, estos dos no se ensuciarían las manos por su cuenta. Era un patrón que ya podía dar por sentado y estaba segura de que esta vez no sería lo contrario.
No se molestó en limpiar la lágrima rebelde que se escapó de uno de sus ojos al empezar a caminar por la grava del solar. Dando un rodeo por el laberinto de turismos y partes de antiguos vehículos, notó como Shiro frenó de golpe. Algo había llamado su atención.
A lo lejos, se podía escuchar una pequeña sinfonía algo similar a una cajita de música. El sonido de la misma le erizó la piel, aunque teniendo a su perro con ella y confiada con no ver a nadie a sus alrededores cerca de ellos por ahora, estaba más tranquila. Tenía que hacerse a la idea de que lo que pudiera terminar por ocurrir ahí, no sería nuevo ni inevitable. A fin de cuentas era algo que esos capullos habían hecho con ella, que lo intentaran hacer con otra chica, era algo que podría volver a pasar. Que llegara a cierto nivel…
– Solo intenta pensar en cómo sacar a Karin de ahí… – escuchó que decía su conciencia con prisa.
– Está bien, Sakura… Cálmate y céntrate. Lo tienes. – se afirmó hacia sí misma en un susurro.
Lentamente, siguió acercándose más hacia dónde provenía la música hasta toparse con un móvil tirado en el suelo. Confundida, lo tomó del suelo y contestó a la llamada, aunque esta enseguida se cortó. Quedando fácilmente en la pantalla de inicio, se asombró un poco en descubrir que el aparato le pertenecía a Karin, lo cual lógicamente implicaba que esta ya se encontraba ahí.
Encontrar su teléfono tirado de esa manera no era buena señal. Para nada. Por algo el Abumi la había hecho venir sola, como ella en su momento y que como a ella hace tiempo, no dejaron que entrara con nada más que las ansias de conseguir lo que había venido a recuperar debido a sus despreciables juegos y amenazas.
No obstante, haber ido ahí a solas… Tal vez no era del todo buena idea.
Sacando su teléfono, debatió de si mandarle un mensaje a Kakashi, pero eso podría implicar tener que entrar en detalle sobre la situación de Karin, cosa que podía intuir como algo privado. Sospechaba que la chica lo quería mantener en secreto, ya que parecía que ni los amigos de esta estaban al corriente. Por otra parte, no confiaba con que Kakashi se preservara la noticia y no fuera de lleno con Hiruzen o hasta la nueva directora. No confiaba demasiado con el penúltimo y aunque la rubia fuera distinta a Hiruzen de cierta manera, no sabía qué pensar del todo en cuanto a ella, pero no quería inmiscuirse para nada en este embrollo si podía evitarlo.
Decírselo a Sasuke tampoco parecía una buena idea. Digamos que como el Hatake, sería de esperar que su reacción no fuera lo esperado. Encontraría la idea de que ella estuviera ahí, lo contrario a lo idóneo o prudente después de lo que le dijo y con razón.
Abriendo el menú de la agenda de contactos del móvil de Karin, intentó llamar a Suigetsu un par de veces, pero saltó el buzón de voz.
– Mierda… – musitó con fastidio mientras se rascaba la frente a la vez que soltaba un bufido. Probó lo mismo con el de Juugo pero igual.
Observando con interés entonces el número de Naruto por varios segundos, finalmente pulsó la pantalla el botón de llamada esperando que contestara, tampoco hubo suerte.
– ¡¿Por qué nadie contesta?! – maldijo en su cabeza empezando a quedar de mal humor.
Fue entonces que vio como el teléfono de la Uzumaki estaba por agotarse de batería así que con prisa, sacó su propio teléfono justo en el momento en el que vio como el número de Juugo daba una llamada entrante, apenas quedando un 5% de energía.
Descolgando la llamada mientras marcaba el número en su propio teléfono, no tardó en escuchar la voz del grandullón.
– ¿Karin? ¿To…? – el aparato se apagó automáticamente sin dejar que se pudiera terminar de escuchar lo que decía Juugo en la otra línea.
Por suerte Sakura contaba con una estupenda memoria, así que enseguida marcó el número de Juugo en su agenda, después abrió el menú de mensajes privados y empezó a teclear en lo que escuchó como Shiro gruñía a su lado.
– Soy Sakura, Karin está en apuros. Necesito ayuda lo más rápido posible. – escribió con prisas la pelirrosa escuchando perfectamente como unos pasos se acercaban. Cuando escuchó cómo el can a su lado comenzaba a ladrar, no le quedó otra que esconder su teléfono y el de la Uzumaki con prisas.
– ¿Haruno, eh? – dijo el tipo en modo de saludo. Por su tono de voz, encontrarla ahí le parecía entretenido.
Levantándose de la postura en cuclillas, Sakura optó por encarar al colega de Dosu y Zaku con una mirada seria.
Neji observó con una mirada calculadora y fría como Suigetsu se dedicaba a saborear el segundo plato de aperitivos y dulces que una de las asistentas de cocina le había dejado en frente como si nada, completamente feliz de que alguien saboreara lo servido en la mesa, el cual era aceptado con una sonrisa coqueta.
Pasando entonces, la mirada hacia el pelinegro sentado en la silla frente a él, esperó a que este se diera cuenta de que se le observaba, cosa que no tardó en ocurrir.
Esperaba que su expresión y mini gesto hacia el Hozuki, hicieran entender al Uchiha, que su amigo se estaba comportando como si tuviera su último festín frente a él. Al parecer Sasuke lo comprendió fácilmente, aunque apenas se limitó a mirar brevemente hacia el albino para enseguida alzarse de hombros como si no le importara demasiado, a su modo de ver. Esa desfachatez hizo que se le hinchara una vena en la sien.
Descruzándose de brazos, el Hyuga, al ver como Suigetsu ya estaba por acercar de nuevo su mano hacia el antepenúltimo buñuelo del plato, tomó el borde del mismo y lo alejó de su alcance en la mesa en silencio. Levantando el plato en su mano, decidió ofrecerlo hacia Tenten, quien no tuvo la oportunidad de agarrar ninguno ante la presunta y famélica rapidez del Hozuki.
– Gracias, Neji. – notó Tenten algo sorprendida por el gesto mientras se apresuraba a tomar un par de dulces del plato. Sasuke notó como la morena obtenía un ligero rubor en sus mejillas.
– Llévenselos. – ordenó Neji con firmeza tendiendo el plato hacia la empleada de limpieza que se encontraba en la habitación, la cual enseguida obedeció.
– Una pena. – valoró Suigetsu observando como la mujer se largaba con el último buñuelo en el plato frente a sus narices, cuando esta se giró algo abochornada hacia él, este le volvió a sonreír. – Feliciten al chef.
– Hmgr… – musitó Neji de mal humor ante esa conducta, acaparando la atención de Suigetsu a los pocos segundos.
– En verdad, es como tener otro Sasuke contigo. – comentó el albino como si nada usando un tono divertido. Ocasionando que tanto el Hyuga como el Uchiha levantaran cabezas y arrugaran el ceño ante esa observación, comprobando los hechos descritos por el primero en menos de veinte segundos.
Ante eso Tenten no pudo evitar soltar una corta carcajada, lo que ensanchó la sonrisa de Suigetsu al instante.
– Cállate, Suigetsu. – dictaminó Sasuke con fastidio, cosa que no sorprendió al mencionado.
– Solo un ciego diría semejante estupidez. – habló Neji fríamente a lo que Suigetsu simplemente forzó ambas comisuras de sus labios en una mueca de fingida sorpresa.
– Uy, te falta un pelín más de prepotencia y un toque más oscuro en tu voz para llegar al nivel de este. – provocó Suigetsu de nuevo, logrando que Neji inflara sus fosas nasales con hastío. – Y conseguir que me acobarde.
– Uchiha. – dijo Neji acaparando la atención de Sasuke. – ¿Se puede saber qué te hizo pensar que traerle a mi casa para el trabajo era idóneo?
Sasuke no dijo nada de primeras, muy para la molestia del Hyuga.
– Es gracioso que penséis que Sasukito… – empezó el Hozuki fácilmente mientras colocaba la mano más cercana al pelinegro a su lado, encima del hombro del último como si nada. – Me controla como si se tratara de un Oyabun.
– Cierto. – concedió Sasuke tirando el lápiz de minas de su mano. Intrigando a los demás, quienes no se esperaban que el albino se librara de rositas tras propinarle ese cursi apodo como si nada. – Suigetsu es más bien un pez de feria al que siempre me olvido de alimentar.
– Capullo. – insultó el Hozuki encontrando divertido esa improvisada pulla por parte de su colega, el cual volvió a quedarse serio como si no hubiera abierto la boca. – Mira Hyuga, si no me quieres aquí es fácil, solo tienes que decírmelo.
– No te invité a venir. – concedió Neji mirando directamente al albino.
– Lo sé. – respondió como si nada Suigetsu asintiendo dejando una leve pausa antes de proponerse continuar hablando, exasperando un poco a Neji, aunque este lo disimulara a duras penas. – Me invité yo mismo. Así que ¿Qué vas a hacer? … ¿Obligarme a marcharme a punta de pistola?
Justo en ese instante se escuchó un sonoro disparo desde la lejanía, abrumando visiblemente a Suigetsu por el mero hecho de abrir la boca ante esa idea. La única chica en la habitación también se encontraba algo anonadada, mientras que Sasuke, pese no esperarse ese sonido, se dedicaba a mirar de dónde podía venir. La puerta de la sala donde se encontraba el grupo se abrió y de ahí entraron varios hombres cargando lo que parecía ser un jabalí salvaje, un venado y varias aves muertas además de varias escopetas de caza solo para irse a la puerta de la otra punta de la habitación y salir de ahí.
Neji volteó los ojos, reconociendo los hombres como empleados del clan Otsutsuki. Lo que implicaba que el señorito posiblemente se encontraba ahí junto a la pesada de Kaguya. Cuando el moreno volteó para mirar a los demás y se encontró con las miradas preocupadas, no pudo evitar encogerse un poco de hombros incómodo, cuando otro disparo se pudo escuchar.
Su tío debía estar practicando tiro al blanco de nuevo. Lo que señalaba su mal humor y ganas de echar la ira con uno de sus pasatiempos favoritos.
– Ese era mi tío. – informó Neji al ver las expresiones expectantes de sus compañeros de clase más la del Hozuki. – Acaba de volver de caza, seguramente se encuentra practicando tiros por las afueras.
– Ese disparo no sonó para nada a las afueras… – insinuó Suigetsu por lo bajo.
Muy para la desgracia del Hozuki, los cuatro decidieron dejar lo que estaban haciendo para caminar junto al Hyuga hacia donde se encontraba Hiashi apuntando su arma hacia arriba solo para seguidamente apretar el gatillo y romper el disco lanzado de un solo acierto.
– ¿No deberías estar estudiando, Neji? – dijo Hiashi tras voltear mientras le tendía a su mayordomo la escopeta que sujetaba, el cual se dedicó a llenar el cartucho. – Se me informó que estabas haciendo un trabajo en grupo, ¿son estos tus compañeros?
– Sí. – afirmó el sobrino para su tío. Al ver que no contaba con la presencia de Kaguya ni de Toneri, suspiró algo más relajado.
– Disculpad si los disparos os distrajeron, a uno le gusta mantener sus habilidades y pasatiempos refinados al máximo. – contempló el patriarca casi inmutable colocando los brazos detrás de su espalda. – Pero supongo que eso a ustedes críos podrá parecerles…
– ¿Es esa escopeta una montefeltro colombo? – saltó Tenten de atrás de su amigo con los ojos bien abiertos de la emoción junto a una sonrisa feliz. Eso Hiashi no se lo esperó.
– Así es, joven. – afirmó Hiashi volviendo a tomar el arma de su empleado como si nada dando un simple gracias al último. – ¿Sabe de armas?
– Ehm… – dijo la Ama incómoda ante su efusividad. – Sí. En la secundaria inicial practicaba tiro deportivo.
Ante ese detalle en particular, el patriarca Hyuga evaluó a la muchacha frente a él con curiosidad.
– ¿Quiere probar? – propuso finalmente el hombre tendiéndole la escopeta a Tenten la cual se tensó. Neji a su espalda se rascó la nuca incómodo, esperaba que eso no fuera un aprieto para su amiga, pero no osaba incordiar ni interrumpir a su tío cuando parecía estar de mal humor por más que no lo aparentara ante terceros. Segundos después Tenten tomó la escopeta haciendo sonreír a Hiashi. Se le colocaron unos cascos de protección y seguidamente apuntó el arma al igual que Hiashi, cuando el disco salió volando, lamentablemente falló el tiro.
– Hm. Lástima. – concedió Hiashi complaciente a pesar de denotar seriedad a la hora de hablar para seguidamente voltear a mirar a los tres adolescentes nuevamente, su atención cayendo rápidamente en Sasuke. – Así que un Uchiha.
Sasuke miró a Hiashi en silencio, permaneciendo inerte en su postura con las manos en los bolsillos de su pantalón de uniforme. Hiashi, por su lado, también observó al pelinegro de arriba abajo. Pendientes en la oreja, uniforme vestido de manera "creativa", vistiendo unas zapatillas de jardín de visitantes. No entendía por qué los cargos directivos del instituto no ponían fin a esa "moda" dentro del recinto.
– Señor Hyuga. – saludó educadamente Sasuke finalmente con una formal inclinación que pareció ser mínimamente tolerable.
– Al menos sabe ser educado cuando se le es oportuno… – observó Hiashi en silencio para ignorar completamente al albino al lado de este, como si no estuviera. – Ven, Neji.
Alejándose un poco del jardín de tiro, tío y sobrino fueron hasta el engawa del pequeño hogar destinado para empleados de la zona, en el cual se sentaron.
– ¿Hinata asiste al instituto? – cuestionó el padre de la susodicha con su seriedad de costumbre que camuflaba su preocupación perfectamente.
– Sí. De momento no se ha saltado ninguna lección. – informó el primo de la pelinegra.
– ¿La viste marcharse del campus hacia otro lugar tras las clases? No asiste a la academia de preparación para el examen de acceso a la universidad, tampoco a sus extracurriculares y demás. – añadió Hiashi cruzándose de brazos.
– Cuando suena la última campana, siempre suele ser la primera en marcharse del aula. Toneri tampoco la acompaña. El conductor siempre espera quince minutos antes de arrancar cuando salgo, no solo esperamos a Hanabi. – informó el moreno con tranquilidad.
Hiashi evaluó la situación con enfado contenido. ¿Había su hija informado a Kaguya y a Toneri? Era poco probable. Si no se equivocaba, no tenía teléfono móvil y tampoco dinero, pero se quedaba más tranquilo sabiendo que se le proporcionaba comida y agua en el campus. Contando con la tarjeta de permiso para comer que se le proporcionaba a los alumnos que eran hijos de la junta de padres.
Por otro lado, los Otsutsuki tampoco habían llamado alarmados más allá de la aventura de su hija, se sabría y la matriarca no se quedaría callada. Neji tampoco sabía de lo sucedido, al parecer, solo se le había hecho saber que Hinata se resistía en volver a casa debido a una fuerte riña entre padre e hija. Cosa que prefería así. Lo mismo con su hija menor, quien no había abierto la boca ni para preguntar.
– Puedo intentar averiguarlo. – propuso Neji finalmente quitando al patriarca de sus pensamientos.
– No. Ocúpate de tus estudios como hasta ahora, Neji. – respondió Hiashi severamente. Esta vez, sorprendiendo a su sobrino cuando le colocó una mano en su hombro y apretó levemente para indicar posiblemente aprecio por la oferta. – Tu prima nunca ha sido demasiado inteligente y por lo menos, todavía decide obedecerme. No es ningún misterio suponer dónde se encuentra y supongo que es solo cuestión de tiempo.
– ¿No va a buscarla? – cuestionó Neji confundido.
– ¿Por qué debería? – eludió el adulto apartando la mano y volviendo a arrugar la frente con decepción ante el comportamiento de su heredera. – Considera esto, una lección.
Volviendo con los demás, Hiashi pronto se encontró con que el próximo en apuntar la escopeta hacia el disco recién salido era Sasuke, quien acertó de lleno en el primer intento.
– Buen tiro, Uchiha. – felicitó Hiashi acercándose lentamente hacia él haciendo voltear al mencionado, el cual retiró enseguida los cascos de su cabeza. – Aunque no me sorprende, tus padres y yo solíamos ir de caza en nuestra juventud. Incluso a caballo. Así que supongo que no solo heredaste el aspecto de tu madre Mikoto y la actitud de Fugaku.
– ¿Conocía a mis padres? – preguntó levemente sorprendido el Uchiha ante esa noticia. No se lo esperaba.
– En verdad no sabes por qué se te permitió regresar tan fácilmente al Instituto Konoha Gakuen, ¿Me equivoco? – insinuó con algo de burla el patriarca Hyuga tomando la escopeta de las manos del pelinegro, el cual no le importó. – Los antecesores de tus padres, principalmente tu tío bisabuelo. Fueron quienes junto a los Senju que fundaron el campus KG, aunque ahora les pertenece a los últimos.
Ante la mención de Madara, la mirada del Uchiha se oscureció imperceptiblemente.
Sasuke se quedó en silencio, mirando como Hiashi le pasaba la escopeta al mayordomo para que la guardara, con el fin de sacar otra de la funda y tendérsela junto a un cartucho lleno de balas.
– Seguramente se alegrarían de que tú, tu hermano y compañía hayáis vuelto. – declaró Hiashi solemnemente más para sí que para Sasuke. Cuando cargó las balas dentro del arma, seguidamente se la tendió al último.
– Otro día, señor. Es tarde. – dictaminó Sasuke, rechazando la oferta. Era ya oscuro y debía marcharse. Hiashi aceptó, aunque con una sola mirada le indicó a Neji que les acompañara a la salida como cortesía.
Suigetsu se reunió enseguida con Sasuke, dispuesto a marcharse con él mientras que Tenten se quedó atrás.
Regresando al comedor, no se demoraron en guardar sus pertenencias dentro de sus mochilas ante la mirada silenciosa de Neji. Cuando el Hozuki se disculpó un segundo para ir al baño, ante la compañía y guía de una de las empleadas del hogar, el Uchiha esperó callado a que Neji abriera la boca, dando por sentado que el chico parecía querer decirle algo.
– Sin rencores, Uchiha. – dijo finalmente el Hyuga. Sasuke se limitó a mirarle impasible. – Pero el estúpido de tu amigo no se va a rendir.
Limitándose en subir su bolsa encima de su hombro, el pelinegro prefirió mantenerse callado.
– De ser por mí, me habría encargado de bajarle los humos a la primera. – declaró Neji molesto ante la actitud del Uzumaki, sabiendo perfectamente que el pelinegro de la habitación sabía perfectamente de quién estaba hablando. – No me malinterpretes, he aceptado definitivamente que nunca hubiera llegado a tener nada con Haruno. He hecho paces con ello.
Ante esas palabras, Sasuke no pudo controlar que en su rostro apareciera una pequeña sonrisa socarrona.
– Hn. – musitó él con cierta diversión, confundiendo rápidamente al Hyuga, el cual solo se atinó a cuestionarlo con un "¿Qué?", impasible. – Nunca te guardé rencor por encapricharte por ella… Porque ella siempre ha tenido esa habilidad de que una vez la conoces, te hace querer estar con ella a cada rato…
– Protegerla y más… – añadió para sí mismo el Uchiha mientras sonreía imperceptiblemente ante el recuerdo de la sonrisa de su novia.
Debía admitir que pese tener a veces, ciertas visiones y gustos bastante diferentes entre sí, había que destacar que el Hyuga siempre parecía haber sido respetuoso con Sakura. Hecho que era digno de reciprocar su respeto. Hubiera caído la posibilidad de que la Haruno y el Hyuga hubieran decidido empezar a salir, probablemente él, ahora estaría en la situación del último.
– Lo que sea… Eso no nos vuelve colegas, Uchiha. – recalcó Neji algo incómodo por la conversación. Aun así, sentía que haber dicho eso resultó necesario y que se quedó a gusto por haberlo hecho. – Solo aborrezco el penoso comportamiento de tu mejor amigo.
Sasuke cerró los ojos. Encontrando esa conversación algo cómica a pesar de que la actitud de Naruto también le molestara a él, segundos después algo se le vino a la cabeza cuando escuchó la voz de la morena que formaba parte de su grupo del trabajo de literatura. Cuando esta apareció, no llegó sola. Había otra chica más joven prácticamente definible como una versión femenina de Neji.
Fue ahí que algo se le vino a la cabeza de la nada, recordando lo visto hoy en varias ocasiones mientras elaboraban el trabajo.
– Debo decir, que para ser un Hyuga de los que se le denomina como un prodigio, estás completamente ciego. – habló Sasuke con total libertad, incordiando totalmente a Neji, que no sabía cómo tomarse esas palabras. Lo que le confundió más fue verle gesticular con la cabeza hacia Tenten sin dejar de mirarlo. – Cierta oportunidad desperdiciada con algo tal vez más merecedor para considerar.
Escuchando como Suigetsu hacía reír a la asistenta en el pasillo, Sasuke finalmente tomó la iniciativa de que era hora de irse. Tomando la mochila del Hozuki que descansaba encima de la mesa por el asa superior, empezó a caminar hacia lo que recordaba como la puerta que le guiaría hasta el recibidor sin ser invitado por nadie. Saliendo de la habitación tan campante, le lanzó su bolsa a Suigetsu, quien la atrapó al vuelo interrumpiendo la conversación que mantenía con la mujer, solo para pasar de largo y dirigirse hacia la salida sin molestarse en esperarlo.
Ya fuera de la casa de los Hyuga, Sasuke y Suigetsu enseguida se pusieron en marcha hacia sus respectivas casas.
Mirando su teléfono, el pelinegro encontró un poco extraño que hasta esa hora, su novia no le hubiera escrito ningún mensaje, cuando normalmente de no pasar la tarde juntos, era común entre ellos mandarse mensajes hasta el punto de irse a dormir para desearse buenas noches antes de acostarse, pero tal vez su teléfono se quedó sin batería o se encontraría ocupada con las tareas de clase, puede que incluso con la Yamanaka. Escribiéndole un mensaje para decirle que estaba de camino a su casa, escuchó como Suigetsu exhalaba una corta risa a su lado.
– Karin se ha atrevido a llamar a Juugo por primera vez en la vida… Ni él se lo acaba de creer ¿Sabes? – comentó el Hozuki como si nada, mostrándole la pantalla de su teléfono como si el Uchiha quisiera leer la conversación por si le interesaba. – Quien sabe lo que querría, pero al parecer se arrepintió al instante hasta tal punto de apagar su teléfono y hacer como si no hubiera ocurrido. Como ya te dije… Está rara.
– ¿Tanto te molesta que no te haya llamado a ti? – insinuó el Uchiha agarrando desprevenido al Hozuki que casi se atraganta con su propia saliva sin saber qué responder.
– ¡¿Pero qué dices?! – respondió Suigetsu escandalosamente mientras observaba como el pelinegro a su lado regresaba la vista al frente como si nada. Era obvio que haber dicho eso había tocado un nervio. – Pasar más de cuatro horas con el Hyuga parece haberte agotado las neuronas, tío… ¿Qué intentas insinuarme?
– Quien dice que estaba insinuando algo… – contestó el pelinegro sin sorprenderse de la conducta del albino.
Sakura fue aventada contra el suelo después de que se dejara medio vencer contra el tipo que se encontró en la entrada del descampado. El muy imbécil la había desorientado sacando una navaja e hiriéndola en el brazo, provocando que cayera al suelo haciéndose más daño. Tenía una de sus rodillas raspada y lo peor de todo, es que entre uno de los forcejeos, parecía que se había vuelto a hacer un esguince en la otra muñeca.
Podía escuchar los ladridos de Shiro desde adentro, se le había dejado afuera.
– Veo que no eres particularmente inteligente… – se atinó a decir el muchacho dejando encima de una silla, las llaves del coche del Abumi junto al táser y el spray de pimienta de Karin que ella se había encontrado por el suelo intentando una maniobra de sorpresa en medio de la pelea. – Ahhh… Esto me trae recuerdos ¿A ti no?
Quedándose en silencio, Sakura no se molestó en responderle ese nefasto y provocador comentario. Era obvio que intentaba incordiarla a propósito. Todos los colegas de Zaku eran similares a este.
– La última vez no tuve la misma suerte que Dosu y Zaku. Pensaba que tendría que conformarme con esa pelirroja, pero tú me gustas mucho más… – declaró el tipo acercándose a la pelirrosa, la cual sintió un nuevo escalofrío ante lo mencionado libremente, su expresión divirtió al chico.
– Me tocas un solo cabello y te arrepentirás, hijo de puta… – advirtió la Haruno amenazante, mientras apretaba la herida que no dejaba de sangrar con su otra mano a duras penas.
– Por si no lo sabías, esta habitación cuenta con insonorización. Podrías gritar por años y nadie llegará a escucharte… – insinuó el tipo, pero eso era algo que no era verdad, pero la pelirrosa no se molestaría en hacérselo ver.
Sakura intentó correr hacia la puerta, pero fue detenida mediante una agarre en la zona del corte. Siendo rápidamente volteada hacia él, no se sorprendió cuando después de propinarle un rodillazo en sus partes, su cuerpo se viera empujado contra el suelo de la esquina entre la silla y la puerta de la habitación.
– Cabrona de mierda… Ahora verás. – desabrochándose el cinturón de sus pantalones tras propinarle un fuerte puñetazo al lateral de un ojo, la Haruno se protegió la cabeza con los brazos cuando esa herramienta fue usada como arma en forma de látigo, aunque eso duró poco. Moviendo la silla a su lado para protegerse de un golpe aprovechó al siguiente intento de ataque que no consiguió darle para golpear duramente con la planta de su pie, sin levantarse del suelo, de nuevo en la entrepierna del tipo, esta vez con toda la fuerza que pudo maniobrar en ese instante.
El tipo se inclinó hacia adelante y en un intento de paso hacia atrás, resbaló debido al envase cilíndrico de su encendedor que había caído al suelo, cayendo al suelo dándose fuertemente en la cabeza contra una esquina del cajón saliente del metálico organizador de archivos.
Girando la cabeza rápidamente, la pelirrosa ojeó los objetos que estaban encima de la silla frente a ella. Tomando el spray, se acercó corriendo mediante un gruñido enrabiado y antes de que el tío intentara levantarse, al abrir los ojos, se encontró ciego debido al picor de la pimienta en spray echada violentamente en sus ojos. No dudó en pegar un grito retorciéndose de nuevo de dolor sin poder ver nada. Irremediablemente, volvió a trastabillar al suelo al no encontrar modo de incorporarse.
– ¡Eres una zorra de mierda, Haruno! ¡Aaaargh! – gritó de nuevo cuando logrando volver a abrir los ojos ligeramente solo para ver borroso, su vista fue atacada de nuevo por el mismo spray por la pelirrosa. – ¡Estás muerta cuando vuelva a ver! ¡¿te enteras?!
Alejándose del tipo y aguantándose las ganas de patearle de nuevo a pesar de que se lo mereciera, tomó él táser y lo encendió. Eso calló enseguida al moreno.
– Dame los teléfonos – cuestionó ella simplemente sin apagar el aparato en su mano y volteándose hacia el tipo, que al no poder ver, no sabía en qué posición se encontraba la pelirrosa. Estaba desorientado.
– Estás loca si crees que lo haré… – declaró el tipo intentando esconder su temor ante lo impredecible. – Estás jodida, Haruno. He avisado a Abumi de que estás aquí, no tardará en regresar de su asunto pendiente y…
Calló enseguida el escuchar como el ruido del táser estaba cerca de su oreja, lo que le hizo sudar y gimotear incontrolablemente.
Sakura observó con nerviosismo, rabia y tristeza la habitación en la que se encontraba. Tiempo había pasado de lo sucedido, pero se acordaba de cada detalle. No pasó desapercibido el hecho de que la única ventana de la habitación ahora se encontrara barriada improvisadamente con una enorme tabla de madera antigua que saltaba a la vista que era pesada.
En el suelo, descubrió desperdigadas una caja abierta llena de bridas por lo que tomando una, no tardó en atar el tío al cajón metálico con el que él solo se había agredido antes. Sorprendentemente, el tipo se dejó, lógicamente estando en desventaja, pero aun así se resistió un poco cuando la Haruno rebuscó en los bolsillos de su cazadora para evitar que sacara, sin suerte, el teléfono de la Uzumaki, el de ella y el de él.
Comprobando que era cierto lo último que había dicho en cuanto al Abumi, la pelirrosa volvió a mirar de nuevo al tipo con ira. Encontrando la mano desatada de este en el suelo, se atrevió a pisarla con fuerza hasta que escuchó como parecía empezar a llorar de dolor. Una vez satisfecha, guardó sus pertenencias y las de Karin en su chaqueta, abriendo la puerta con llave y sacando la misma al igual que el pestillo, se tensó al escuchar un grito estruendoso de Karin cerca de donde estaba.
– Tal vez lo de la insonorización no era del todo mentira… – reflexionó Sakura sin poder evitar temblar debido a todas las emociones que estaba sintiendo en ese instante.
– Parece que tendrás que esperar a qué venga a liberarte alguien, como tú mismo has dicho… – recalcó de vuelta la pelirrosa volteando la cabeza obcecadamente hacia la única persona presente en el cuarto además de ella. – Podrías gritar por años y nadie llegará a escucharte.
– ¡¿Dónde cojones crees que vas, Haruno?! ¡No puedes dejarme así! – amenazó el tipo escandalosamente todavía adolorido, recordando las palabras que él mismo había dicho minutos antes de ser musitadas ahora por Sakura.
– Tendrás que joderte y aguantarte de mientras, mucho me temo. – respondió fríamente la pelirrosa abriendo la puerta y empezando a salir afuera. – Me encargaré de que Zaku tarde lo suyo en salvarte el culo, si es que se digna a ello.
– ¡Haruno, vuelve aquí si tienes cojo…! – gritó el tipo completamente histérico levantándose con cierta dificultad aunque con rapidez intentando llegar sin aval hacia la Haruno totalmente a ciegas, siendo interceptado por la brida que le mantenía pegado al mueble clavado al suelo y pared.
No se dignó a terminar de escucharle gritar sandeces. Tras cerrar la puerta, metió de nuevo la llave en la cerradura y la giró varias veces, solo para finalmente retirarla y aventarla hacia unos tanques llenos de aceite de motor de coche, cayendo estas por detrás rebotando con el metal.
Debatiendo su situación, ir a ayudar a Karin era primordial. Lo más urgente, pero quién sabe con lo que se encontraría junto a la Uzumaki. Asumiendo lo peor intentó correr, pero se encontró inmóvil.
Recuerdos de lo sucedido aquí, mezclados con los del secuestro de Sasuke y Naruto, lo que acababa de ocurrir, su madre maltratándola le nublaron la visión que la hicieron tener que tomarse la cabeza con ambas manos y finalmente colocarlas en sus orejas, al recordar sus gritos y alaridos de socorro en el pasado. Esta vez no era ella quien gritaba.
Tardó un poco en librarse ligeramente de la agitación actual, cuando volvió a escuchar los ladridos de Shiro junto al sonido de sus uñas rascando la puerta metálica. Corrió hacia esta para abrirla, haciendo que el perro entrara con prisas y se alzara de sus patas delanteras feliz con el reencuentro, cosa que duró poco.
Sacando su teléfono, encontró como opción más viable tras reevaluar lo ocurrido, venir aquí sola directamente… No fue la mejor de las ideas, después de ver lo que había terminado por pasar. Marcando directamente el número de Kakashi, tardó pocos segundos en escuchar la voz del profesor.
– Estoy en el almacén de Akihabara… – soltó con prisas empezando a acercarse hasta la otra puerta de la estancia.
– … – Kakashi no hizo más que quedarse de cuadras ante eso, hasta que creyendo que había escuchado mal, negó con la cabeza. – ¿Qué?
Al Hatake no le gustó escuchar por el altavoz de su teléfono un atemorizante y espeluznante grito femenino que decía "Basta" repetidas veces solo para que la llamada entrante fuera rápidamente cortada.
La cadena de la cisterna del baño se escuchó y de allí salió su viejo amigo Yamato.
– ¿A qué hora regresa Rin? – cuestionó entonces el castaño indiferentemente, la conversión que mantenían había sido interrumpida por él.
– Tengo que irme. – contestó él con prisas caminando hasta el sofá para tomar del respaldo su chaqueta la cual tenía las llaves de su 4x4 dentro.
– ¿Eh, qué? – dijo Yamato confundido girando la cabeza para mirar a su colega de hace años, solo para encontrarse de lleno con la puerta del apartamento del último abrirse y cerrarse de golpe.
Colgando la llamada entrante de un número desconocido, sacó las llaves de su coche y las colgó de su dedo índice. Llegando al parking enseguida, se subió a su vehículo y arrancó, ignorando de nuevo las llamadas del mismo número.
Acomodándose en la cama de su habitación de hospital con ayuda de un celador, esperó que el hombre se marchara del cuarto para tomar de nuevo su teléfono en la mesa auxiliar. Había un par de ramos en el respaldo de la ventana, seguramente de sus compañeros de trabajo que no tardaron en descubrir lo sucedido. Mirarlos le producía ganas de echarse a llorar de nuevo.
– Esto va a destrozar a Kakashi… – meditó la Nohara echando la cabeza para atrás en la almohada intentando ahorrarse el ímpetu de las lágrimas en las esquinas de sus ojos que parecían querer brotar.
En este crucial momento, se encontraba echándolo de menos. Ahora más que nunca, por lo que rápidamente desbloqueó la pantalla y llamó al número del Hatake. La primera vez no respondió. Lo más probable es que estuviera sacando de paseo a los perros o estuviera leyendo a esa hora, lo conocía a la perfección. Esperaba poder, al menos, que la llamara enseguida. Normalmente, tardaba menos de un minuto en escribir un mensaje o contestar con una llamada de su parte. Esta vez no fue así, cosa que la extrañó.
Llamando dos veces más, en el cuarto intento, obtuvo la respuesta del Hatake.
– Amor… – saludó tristemente la Nohara intentando encontrar la voz y las palabras, era solo cuestión de minutos que pudiera contarle la verdad, pero apenas había dicho la primera, y ya parecía que el llanto la iba a sobrepasar. – Kakashi, estoy…
– Rin ¿Pasa algo? – habló Kakashi. Activando el altavoz, la morena pudo escuchar como su pareja parecía estar conduciendo. – Estoy conduciendo, tengo que ir a solucionar un asunto en Akihabara sobre Sakura…
Colgando la llamada enseguida, dejó finalmente que las lágrimas volvieran a empapar su rostro. Estas fueron limpiadas enseguida mediante sus dedos, hasta que halló la caja pañuelos desechables encima de la mesa.
– ¿Por qué no se encuentra ya aquí? ¡Debería estar! – imploró mentalmente con tristeza, rabia y más dejando que los sollozos fueran a peor.
Siendo ahora ella la que cortó la llamada del Hatake, Rin maldijo que en la vida privada del Hatake, cierta pelirrosa volviera a meterse en medio en los peores momentos. No le agradaba demasiado la idea de tener que aceptar que la joven formara parte de su vida, más de lo necesario.
– Por qué siempre corres cuando se trata de ella… ¿Kakashi? – dijo para sí misma controlando un poco más su respiración.
Sin darse cuenta de que el celador, antes de marcharse no había cerrado bien la puerta corredera de la estancia, oculto tras la misma, se encontraba Nigamata escuchándola desde ahí a escondidas. Al ser de noche, los pasillos estaban prácticamente vacíos y muy para su suerte, se pudo hacer pasar por el civil preocupado por la mujer que había caído en sus brazos.
Quitándose el audífono de la oreja, finalmente optó por alejarse de ahí sin ser visto por nadie. Aparentemente, Kakashi iba a ir a por la hija de Fuji.
– Esta noche va a ser larga… – asimiló el detective con paciencia mientras apretaba el botón del ascensor y esperaba a que este llegara a su planta.
Cuando Sakura abrió la puerta escuchó voces y risas femeninas provenientes de no muy lejos, cruzando un pequeño office a oscuras para llegar a otra sala iluminada, reconoció a Kin por su larga y lisa melena azabache. Estaba junto a otras chicas de otro instituto.
– Eso es nuevo… – afirmó mentalmente ella en lo que se dedicaba a sacar el teléfono de su bolsillo y dejarlo encima de la repisa disimuladamente, las demás no se dieron cuenta.
– Te estás pasando, Chisa. – habló una de ellas que vestía una mascarilla negra con su cabello corto pintado de color morado mirando como su amiga desenchufaba un rizador de pelo de la corriente. – Contrólate.
– ¿Qué te parece la idea de callarte la boca, Haruhi? – habló Kin tomando el aparato de las manos de la líder para acercarse a la Uzumaki suspirando descontroladamente con temor, quien al ver suponer lo que intentaban hacer, no hizo más que negar con la cabeza completamente horrorizada, intentó retroceder arrastrándose hacia atrás, pero no la dejaron. – Esta perra se lo merece…
Eso solo hizo que Karin volviera a llorar muy para la diversión de Kin. Tayuya, de haberse quedado, habría sido seguramente más dura todavía y la verdad es que no hubiera tenido oportunidad de vengarse por su cuenta con ella ahí. De algo, estaba feliz.
– Te involucraste con Zaku como todas, porque tiene pasta, ¿eh? – musitó entre dientes llena de rabia tomando del cabello a la Uzumaki. – ¿Te apetece un nuevo peinado, bonita? Tal vez una permanente… He calentado la máquina solo para ti.
De repente se apagaron las luces, cosa que las distrajo a todas. Al ser de noche y haber pocas ventanas, estas prácticamente tapadas, se podía decir que no veían casi nada.
– ¡¿Qué demonios?! – exclamó una ante lo sucedido de la nada.
– Relajaos. – ordenó Kin como si nada, sacando su teléfono y encendiendo la linterna para enfocar la pequeña fuente de luz cerca de las otras. – Los fusibles saltan cada vez de cada, esta base de Zaku es un cuchitril abandonado, esto es normal. Tú y tú, al lado de la puerta de entrada está la caja de estos, id a abrirlos.
– ¿Quién coño te crees tú que eres para darnos órdenes? – sonsacó Chisa acaparando la atención del grupo.
– Te recuerdo que… – comentó Kin imitando el tono de voz de la matona mientras la señalaba con la linterna del móvil además del rizador a tope de temperatura, aunque de pronto se encontró interrumpida por Chisa de nuevo quien la empujó.
– ¿Debo recordarte que estamos seis contra tu flaco trasero, idiota? – recalcó la abusona amenazante tomando del rostro por la barbilla con fuerza para sacudir su cabeza violentamente. Kin irremediablemente soltó la cabellera de Karin, quien se la sujeto con las manos con dolor.
– Chisa, cálmate… – volvió a pedir la misma de antes.
– ¡¿Te quieres callar de una jodida vez?! – imploró Chisa con libertad e inevitable exaltación girando su cara para encarar a su colega, la cual no hizo más que alzar las manos entendiendo la orden, a escondidas ese gesto no significaba más que cansancio. Una vez dicho eso, regresó la mirada a Kin – Te recuerdo… Que quien pasa más tiempo aquí eres…
Fue entonces que la alarma de incendios empezó a sonar. El ruido de la misma era viejo, pero no menos estridente. Kin suspiró y apartó la mano de Chisa de su cara de malos modos. Dejando el rizador encima de la mesa y apartarse de ahí con el fin de intentar apagar la maldita alarma y prender los fusibles de nuevo.
– ¿A dónde crees que vas? – cuestionó una de mal humor.
– Acompáñala, Kaede. – ordenó Chisa con sospecha hacia la pelinegra. No se fiaba ni un pelo de la muchacha.
La habitación no tardó en quedarse a oscuras de nuevo, muy para la desgracia del resto de chicas que se quedaron ahí como pasmarotes. El ruido de la sirena las hizo taparse los oídos a ratos, cosa que las estresaba más.
Sigilosamente, a pesar de estar a oscuras, Sakura avanzó algo agachada por la habitación, rodeando los muebles, aun así chocando con el canto de alguno, para intentar llegar hasta la Uzumaki. Solo que antes de conseguir llegar a esta, la alarma paró y segundos después las luces se volvieron a prender.
El grupo no tardó en percatarse de su presencia.
– Mierda… – dijo en pensamientos la Haruno al verse descubierta. Su plan había salido mal.
– Heh ¿Te has perdido? – habló con mofa la jefa de matonas mirando a la pelirrosa fijamente. Sakura se incorporó y apretó los puños, sin controlar su expresión de rabia hacia la chica frente a ella.
– No creo ser yo la que lo está, de las de aquí. – soltó secamente ignorando las punzadas de dolor en su rostro y brazo.
– Venga, otra que se cree la lista, realmente me estáis cansando demasiado… – respondió Chisa sin hacer caso en lo que ponía los ojos en blanco y empezaba a acercarse de manera amenazante. Su mirada brillaba debido a la adrenalina.
– No te autoengañes, nadie aquí parece pensar correctamente… – dijo Sakura alzando su brazo herido que no dejaba de perder sangre, dejando la notoria y fea laceración a vista de todas las presentes. – Aunque parece ser que para ser la líder de este grupito, que creas que, decir cutres "frasecitas" así llegarán a intimidarme, define tu coeficiente intelectual.
Cuando Chisa se lanzó hacia la Haruno con prisas, la última volteó su cuerpo brevemente hasta con el fin de empujar a la matona hacia la mesa a su espalda. Por desgracia, ahí se encontraba el rizador de cabello, pronto se escuchó su grito de dolor. La piel de su antebrazo rozó la porcelana caliente del aparato, quedando esta quemada.
Se vio sorprendida cuando alguien le pateó el canto de su lumbar, haciendo que cayera de rodillas al suelo. El lateral de su cabeza chocó contra algo duro, que logró que su piel se erizara en lo que ella aguantaba las ganas de sisear de dolor. Un par de bofetadas la hicieron cerrar los ojos de nuevo, las matonas habían empezado a dedicarle atención a ella en ese entonces.
En el suelo, protegiéndose con el brazo herido su cabeza, acostada de lado mientras se dejaba dar patadas con los pies por parte del grupo. Sakura miró a Karin.
Esta la observaba con una mezcla de sorpresa, miedo y fastidio, delante de esa escena, se había vuelto a quedar rígida como una estatua. Rojo cochaba con jade, la mirada de ambas estudiantes del mismo año no apartaron la vista hasta que por un milisegundo, pareció ver como la pelirrosa le señalaba con la mirada la puerta.
Cayendo entonces en la oportunidad que se le brindaba, la Uzumaki no desaprovechó el momento y se alzó lo más rápido que pudo y anduvo con prisa hacia la salida sin mirar atrás, asustándose cuando a pocos metros de llegar ahí, Kin y la miembro restante de las matonas, regresó a la habitación.
– No… – pensó Karin reculando instantáneamente, pero fue demasiado tarde. Kin enseguida se acercó solo para volver a tomarla de su cabello y cuello.
Con tan solo ver el trato de la pelinegra hacia la Uzumaki, Sakura reaccionó con brío para incorporarse de una rodilla y tras agarrar del cabello a la que se atrevió a acercar su cara solo para escupirla, sin importarle que esta lo hiciera de nuevo violentamente, soltando un gruñido furioso a la vez que grotesco, se atrevió a morder salvajemente unas tres veces la parte del bíceps hasta que la chica la apartó de si, no sin antes aventarle el rostro con la mano en lo que una de sus colegas le abatía el rostro con la suya casi volviendo a caer entera al suelo de no ser por sus reflejos. Instantes después de rápidamente girarse, decidió agarrar por la cabeza de la última, la cual chilló debido a la fuerza del tirón de cabello y estiró una de sus piernas para estamparla contra el rostro de otra, chocando la planta de su pie en medio de su nariz y boca. La chica cayó al suelo, su cabeza rebotó al tocar este.
Incorporándose deprisa de su postura acorralada por casi todas las matonas, la Haruno giró su rostro hacia Kin.
– ¡SUÉLTALA, KIN! ¡O HARÉ QUE TE ARREPIENTAS! – gritó con toda la furia del mundo sin controlar los temblores de su cuerpo. Estos más que por la ira, se debían al cansancio, al estrés y el dolor contiguo de cada golpe, arañazo y más.
La mencionada hizo caso omiso, parecía decidida en seguir abofeteando y más el rostro de la pelirroja.
Antes de que Chisa, Kaede y las demás pudieran reaccionar, Sakura corrió, liberándose de un breve agarre por el brazo agarró un palo de fregona y atestó la zona del mocho con toda la ímpetu que encontró contra la cara de su compañera de instituto. Apretó con fuerza el palo hacia abajo, ignorando los quejidos de Kin.
Como era de esperar, las abusonas, cuando reaccionaron, la tomaron de los brazos, momento en el que Kin aprovechó para levantarse con los ojos llorosos y una expresión de rabia y odio.
La habitación se quedó en silencio a partir de ahí. Sakura intentaba soltarse, pero cuando una de las chicas apretó la zona del corte, quién sabe si a propósito o no, tuvo que morderse la lengua antes de que pudiera volver a abrir la boca para hablar.
En lo que recuperaba el aliento, cuando pudo, Kin empezó a carcajearse de la situación. Hasta que por fin empezó a caminar hacia la pelirrosa con descaro, ajustándose la diadema de tela a su sitio tras tirar toda su melena hacia atrás como si nada hubiera ocurrido.
– ¿Qué pensabas hacer, bonita? – se aventuró a decir Kin con burla frente a sus narices, disfrutando del sucio y magullado rostro de la Haruno frente a ella. – Eres patéticamente penosa y la verdad es que me enfurece solo verte, no logro entender lo que vieron Zaku y Dosu en ti.
Kin se inclinó hacia ella para acariciar con una sola mano, uno de los mechones de la despeinada cabellera rosada de Sakura, apreciando el lacio tacto y la brillantez de la misma, otra razón que celaba.
– Déjame decirte que cometiste un gran error viniendo aquí, al igual que la estúpida de detrás de mí. – habló nuevamente ella, cambiando enseguida de tono de voz amenazante de nuevo. – Pero supongo que debo ver esto como un golpe de suerte para mí, así que entenderás mi deseo de cobrarte lo del otro día ¿no? Aunque debo sumar lo de hoy… Entiéndelo.
Sakura cerró los ojos con dolor ante el tirón de cabello que Kin le dio de la nada, cuando pudo, su mirada irascible encaró la ónix de la última.
– Buscad algo para atarle las manos y pies. – dijo Chisa arrugando la nariz debido al dolor en su brazo debido a la quemadura.
– No. Con que una me ayude a sujetarla de los brazos me basta, seguid con lo acordado con Zaku. – acabó Kin por ella, haciendo que la líder de las abusonas la mirara de nuevo con molestia, aunque esta vez no dijo nada, estaba más preocupada por la situación de su brazo en ese momento como para decir lo contrario. – Mira bien, Haruno…
Sujetando casi toda la cabellera rosa con una mano, Kin obligó a Sakura a mirar como Karin reculaba y parecía estar pronto acorralada de nuevo por las demás.
– Esto es lo que te ocurrirá a ti después, así que no seas impaciente… – dictaminó con mofa la pelinegra mientras le señalaba a la que sujetaba los brazos de Sakura a que fuera a por el rizador de nuevo, dejando que los brazos de la última cayeran patosamente a cada lado, en lo que la otra muchacha se encaminaba hasta las demás con el aparato en mano.
Kin sonrió socarronamente al ver que esta parecía haberse rendido.
– Tampoco es que pudieras haber hecho nada… – se apresuró a presumir con confianza la pelinegra mientras sacudía la cabeza de Sakura de un lado para otro a modo de juego. – En vez de dedicarte a arreglar tanto tu cabello, podrías dedicarte a pensar en mejores ideas en otra ocasión…
Apretando de nuevo las manos en puños, la Haruno irremediablemente volvió a tensarse al verse de nuevo en una situación a la que no quería volver a encontrarse ni por asomo. Era como si en vez de Kin, pudiera sentir que quien la agarraba de esa manera tan bruta, se trataba de su difunta madre.
"¡Hija del demonio!... ¡SE LARGÓ POR TU CULPA! ¡TODO ES CULPA TUYA!"
"¿Te molestó que te dijera que te pareces a ella? Pues que sepas que es la pura verdad…"
"Muestra un mínimo de respeto en vez de avergonzarme"
"¡TE DIJE QUE TE ALEJARAS DE ELLA!"
"Deja de forzarte a querer ser amable conmigo, Haruno… Puedo ver como ahora todos aparentáis y lo odio. Una ya está acostumbrada a ser tratada así… "
Recordando el objeto escondido debajo de uno de sus calcetines, lo sacó poco a poco como si nada, sin que le importara que Kin la viera.
– Pffftt, Haruno… – se burló la pelinegra mirando el diminuto peine negro que la susodicha sacaba fácilmente. – ¿Realmente piensas que con eso vas a conseguir hacerme algo? ¿Acaso esperas que juguemos a las peluqueras? Cualquier truco que te inventes ahora no será más que una pérdida de tiempo…
– ¿Así lo crees? – contraatacó en el mismo tono de voz Sakura, girando su cabeza para mirar con altanería a Kin cuando esta aflojó un poco el agarre de su larga melena.
– ¿Q-qué? – balbuceó incrédula al ver que de la nada, el peine que sujetaba Sakura dejaba de ser un peine normal y corriente para convertirse en una navaja tras ser dividido en dos.
El brillo en el fijo de esta la hacía parecer totalmente afilada y esto quedó comprobado cuando frente a sus narices, Sakura lo acercaba a su cabeza, demasiado cerca de sus dedos solo para cortar su cabello de una.
Reaccionó demasiado tarde cuando vio que la pelirrosa se levantaba de dónde estaba para volver a frenarla, Chisa estaba por ayudarla cuando de repente, observó como un enorme can saltaba gruñendo tras ladrar varias veces antes de morder con fuerza el brazo de la pelinegra de cabello largo. Sus gritos acapararon la atención de los demás, momento al que aprovechó Sakura para correr hasta Karin, la cual ni prestó atención, manteniendo la cabeza escondida bajo sus brazos a modo de protección.
– ¡¿Qué demo…?! – habló la que se encontraba de espaldas a Kin tras girarse. Tras pronunciar eso, su colega más cercana también volteó el rostro solo para quedarse estupefacta.
No esperó recibir el tremendo puñetazo en el rostro que la dejó de espaldas al suelo.
Quedaban solo dos chicas más cerca de Karin, las cuales enseguida intentaron abalanzarse de nuevo hacia ella. Esquivando otro golpe y redirigiéndolo hacia donde no pudiera darle, la Haruno tomó el brazo de la chica y lo torció con violencia, alejándola de la pelirroja y aventándola lejos. Acto seguido se giró y dio una patada giratoria a la otra chica, que la dejó sujetándose la nariz, la cual no tardó en empezar a sangrar.
Cambiando el cuchillo de defensa personal de mano, aguardando una postura protectora frente a la Uzumaki. Sakura se atrevió a encarar a la líder de matonas. Esta la miraba indecisa.
Chisa observó como sus amigas parecían querer volver a intentar arremeter contra la pelirrosa, pero empezaba a creer que esto se había complicado demasiado y no para el buen sentido. No podía olvidar que el tipo que Zaku, ese tal Soichiro Tanaka, había dejado atrás también había desaparecido ¿Acaso la ojiverde se había encargado de echarlo de ahí de alguna manera por su cuenta?
– Paren. – ordenó entonces Chisa sin apartar la mirada de esa mirada asesina de color verde. Las demás obedecieron algo sorprendidas.
Kin encaró con ira hacia la jefa del grupo, sin saber qué le pasaba por la cabeza como para tomar semejante decisión.
– Nos largamos. – zanjó finalmente ella todavía sujetándose el brazo.
– ¡¿Qué cojones se creen que hacen?! ¡No podéis iros sin terminar lo…! – interrumpió Kin histérica al ver como el grupo se predisponía a marcharse. No la podían dejar ahí y mucho menos de ese modo.
– Nos da igual, estúpida. El trabajo quedó hecho de todas formas… – calló Chisa cada vez de peor humor ante la chillona actitud de la pelinegra inmovilizada al suelo por el perro.
– ¡CLARO QUE…! – negó Kin de manera insistente viéndose interrumpida de la nada cuando Shiro bajó su hocico para mostrarle los dientes más de cerca mientras gruñía de nuevo.
Ojeando una última vez a la pelirrosa de una manera retadora, Chisa apretó los labios ante la derrota y finalmente optó por decir algo.
– No correrás la misma suerte si nos volvemos a encontrar, quedas advertida… – aseguró la líder ocultando el temor que le resguardaba a la muchacha frente a ella, no le gustaba nada el caos que detonaba su mirada. Su instinto le advertía de no aventurarse a seguir más tiempo cruzada de caminos con alguien así.
No esperaba ser respondida cuando ya estaban de espaldas a ella y de la Uzumaki.
– ¿Os dijo Kin que estaban por apalizar a una chica embarazada? – indagó con recelo Sakura, haciendo que el grupo frenara de golpe, dejando a la Tsuchi sorprendida.
Karin no acabó de creer lo que acababa de escuchar. ¿Acaso ella… ? Una lágrima cayó por su mejilla hasta el suelo.
– ¿Qué? – cuestionó Chisa alzando la nariz extrañada ante esa pregunta, aunque no tardó en comprender esa pregunta retórica. Mirando hacia Karin, después de voltearse al igual que las demás, para mirar de nuevo a la Haruno.
– Hah… – se atinó a decir Sakura sin sorprenderse de la absencia de detalles.
– ¡¿Qué coño estás diciendo?! – preguntó descaradamente Chisa. El resto de integrantes se miraron entre si. – ¡¿Qué es tan gracioso?!
Pasando a mirar a Kin en el suelo, Sakura dudó de si esta lo sabía o si no, quién sabe.
– Al hecho de que cayeras en el plan de Zaku, para deshacerse de la responsabilidad de lo que ya te puedes imaginar. – aseguró Sakura con desprecio hacia la nada. – Simplemente, erais un peón, es una táctica muy usual en él. Buscar gente para unirse a su pandilla solo para que le hagan los trabajos sucios. Ahora más que nunca.
El grupo de chicas agrandaron los ojos notoriamente ante esa información.
– Las cosas habrían salido mal para vosotras, de haberse complicado demasiado la situación y de ya os aseguro, que Zaku y compañía… – añadió Sakura mirando a Kin. – Se habrían encargado de que las únicas en pagar las represalias de este problema, fuerais vosotras. Nada nuevo ¿Verdad, Kin?
La mencionada no dijo nada, simplemente tensó la mandíbula adolorida por la mordedura del perro que no le quitaba ojo. Moverse sería cometer el riesgo de volver a ser atacada por el animal. Al igual que Dosu y Zaku en su momento.
– No os lo toméis a pecho, no sois las primeras en caer en sus trampas. – dijo finalmente Sakura bajando el peine de la posición de defensa, relajando su postura para finalmente sacar las llaves del coche del Abumi del bolsillo de su chaqueta. Estas sorprendentemente no habían caído por ningún lado. – Aunque de ser por mí, me ocuparía de vengarme…
Mostrando el objeto en sus manos, se las lanzó a los pies del grupo, estos botaron y llegaron a deslizarse para quedar a metro y medio de Chisa.
Girándose para ayudar a Karin a levantarse del suelo con cierta dificultad, la Haruno no devolvió la mirada que la primera le dedicaba.
– Toma tus cosas, Karin… – le susurró solo para ella.
Sin molestarse en mirar como Chisa tomaba las llaves del coche que prometía ser el de Zaku, tras reconocer el emblema, Sakura llamó a Shiro para que este se acercara hacia ella no sin antes gruñir amenazantemente de vuelta a la pelinegra todavía en el suelo. Cuando el Akita se plantó al lado de su dueña, olfateó la herida del brazo de esta y enseguida empezó a lamer la zona con cariño.
Vio a Karin empezar a dirigirse hacia la salida sin esperarla, lo que señalaba el momento de irse. Avanzando finalmente hacia la repisa donde se encontraba su teléfono, volteó la pantalla y frenó la filmación.
– Oh, y antes de que me olvide, chicas… – terminó esta vez Sakura hablando con un tono relajado aunque no menos atemorizante. Ignorando que Karin también se detuviera para escucharla indirectamente. – Quien no correrá con tanta suerte de volver a acercaros a mí o a Karin, seréis vosotras… Lo sucedido aquí quedó completamente grabado, así que os conviene no provocarme.
Eso dejó en shock a todas, aunque sobre todo a Kin, quien era a quien Sakura enfocaba su última mirada con un mensaje alto y claro más allá de lo esclarecido al final.
– Díselo a él, Kin… Si es que te atreves. – meditó Sakura en lo que lograba incordiar a la pelinegra lejos de ella con una final breve y casi imperceptible sonrisa de superioridad, para finalmente susurrar para sí misma… – ¿Por qué no?
Con Shiro siguiéndole a su lado, la pelirrosa cruzó el umbral de la puerta de la habitación y desapareció en la oscuridad del office para salir hasta la siguiente sala previa a la entrada del almacén. Karin tardó unos instantes en reaccionar, pero sin querer quedarse allí ningún momento más, siguió a la primera permaneciendo en silencio y temor.
– ¿Qué demonios ha sucedido…? ¿Cómo demonios a…? – reflexionó la pelirroja mientras sus ojos volvían a empezar a humedecerse, sin percatarse que la chica frente ella estaba igual o peor.
Una vez a solas con el grupo de matonas, fue cuando Kin realmente se vio en apuros. Aún más cuando las vio comenzar a dirigirse hacia ella. Indirectamente, la mirada amatista de Kin cayó en los mechones de cabello rosado desperdigados por el suelo. Las demás, una vez más cerca, tampoco lo ignoraron, aunque eso no les privó de pisarlo para acercarse a la primera.
– Zaku no pasará por alto lo de hoy… – aclaró con falsa firmeza Kin, intentando ocultar el temor que sentía.
– Chachi. – respondió Chisa mientras le tendía las llaves del coche a Kaede, ver la melena rosada en el suelo y el corte de pelo que esa chica se había hecho de improviso, se le avecinó cierta idea en su cabeza. – Nosotras tampoco.
– No le gustará saber que… – intentó vacilar la pelinegra de nuevo. – Una vez él venga…
– Yo diría que tienes otros problemas en los que enfocarte ahora… – afirmó una de ellas sin que su líder y colega tuviera que atinarse a decir nada.
– ¿Sigues cargando tus tijeras, Yumi? – cuestionó con indiferencia la líder, aunque de la nada su expresión cambió a una de atrevimiento.
Kin simplemente ensanchó los ojos.
Bekko torció por la esquina del callejón que se adentraba hacia su casa ya en plena noche tras haber acabado una cena de congreso.
Esta había sido agotadora, pero a su vez entretenida. Había asistido solo esta vez, la mejor opción desde su punto de vista. No contaba con que su ignorante y extravagante mujer junto al lastre de su hijo, hicieran un buen papel junto a altos cargos y demás personas con influencia juntadas en una misma sala. Por lo que le había venido de fábula que a su pareja le hubiera entrado la vena de irse de viaje con sus padres por Europa.
En cuanto a Zaku… De él no le apetecía hablar mucho. Había evitado entrar en esos temas de conversación y el hecho de que aun así, en la cena, algún que otro le hubiera sacado el tema de lo que este ocasionó, había sido demasiado vergonzoso. Fue ahí cuando se acordó de algo.
– ¿Aceptaron los sobres? – cuestionó Bekko intentando no ponerse de mal humor.
– Sí. – contestó Nobu mirando algo en la pantalla de su teléfono de trabajo.
– ¿Todos? – volvió a insistir el conductor apretando la mano derecha en la parte superior del volante.
– Sí, prometieron evitar esparcir más el tema de las drogas en cualquier lugar, pero aun así, se corre el riesgo de que siga ocurriendo. – comentó Nobu precipitadamente sin darse cuenta de lo que había dicho.
– No te pago para que me digas tu opinión. – dejó caer el Abumi con frialdad sin dejar de mirar al frente en lo que pulsaba el botón de encendido de la cerca de su domicilio. Esas afiladas palabras tensaron a su asistente, quien pensó que se había buscado problemas con su jefe de nuevo.
Sin saber qué decir, optó por resguardar silencio, aunque tal vez sería mejor disculparse.
– Aun así, no te falta razón. – recapacitó Bekko con tranquilidad, eliminando con eso ese silencio incómodo dentro del vehículo.
Abriendo con el mando a distancia en forma de llavero, la puerta automática del garaje, el Abumi no tardó en volver a pisar el acelerador con intenciones de aparcar su coche. Tuvo que frenar de golpe cuando se fijó en que su otro coche, no estaba en su sitio.
Con su mujer fuera del país, solo quedaba como única opción… Zaku.
– Sal, Nobu. Localiza a mi coche. – soltó tras golpear con el lateral de su mano el volante visiblemente molesto.
Al asistente no le quedó otra opción que obedecer mientras tragaba duramente saliva. Empezaba a odiar al ingrato hijo de su jefe con toda su alma.
Una leve brisa arremetió de espaldas a la Haruno que, ahora con su melena mal cortada de manera visiblemente torcida, causó que su piel se erizara. Caminaba a un metro de distancia de Karin, desde que salieron del descampado, ninguna decidió abrir la boca.
A decir verdad, la Uzumaki lo prefería así. Esta noche había sido un desastre, aunque para su mala pata, de la nada, observó como la Haruno giraba levemente la cara, pero sin mirarla totalmente.
– Decirle a Zaku, fue estúpido. – declaró directamente la pelirrosa, a pesar de usar un tono tranquilo.
Esas palabras, aparte de innecesarias desde su punto de vista, le sentaron como una puñalada trapera e inesperada. Por eso, no le gustó escucharlas.
– Que te den, Haruno. – respondió Karin sin ser capaz de ocultar su mal humor. – No solo escuchaste una conversación ajena que no te concierne, si no es que además, se lo dices a esas imbéciles.
– Realmente no sabes del lío que te has librado, Karin… – reconoció duramente la pelirrosa, pero como respuesta solo se ganó una exhalación de burla, la mencionada no hizo más que apretar los puños. Su cuerpo temblaba.
– ¿Qué? ¿Disculpa? ¿De lo que me he librado? Esto es el colmo… ¡Recuerdo haberte dicho claramente que te metieras en tus asuntos, no te importa! ¡¿Me escuchas?! – aclaró histérica y con los ojos húmedos la prima de Naruto, sin poder controlarse ya se vio empujando la espalda de la pelirrosa ante ese descaro, esta vez a propósito. – ¡¿Quién demonios te crees para hablarme de esta manera?! Dime entonces, según tú, qué mierda se supone que debería haber hecho en mi lugar o mejor… ¿Qué es lo que harías tú, en mi lugar? Soy, la apestosa marginada del campus ¡No tengo amigos, familia cercana ni directa, lo que implica que aparte de ser el hazmerreír, que se me robe dinero, pasa inadvertido! ¡No soy completamente subnormal como para considerar la ayuda de Zaku como primera opción!
– Zaku nunca iba a ayudarte. – zanjó Sakura aguantándose las ganas de dejarse llevar por el conjunto de emociones y sentimientos aglomerados en su pecho, el vaso estaba a punto de volcarse. – Esa no fue su intención, desde el inicio.
Karin no ocultó las lágrimas, pero en ese instante le comía más la desesperación y la rabia de su situación, por más que su subconsciente le reafirmara nuevamente que eso era algo que se merecía.
– Qué sabrás tú, Haruno… – habló la Uzumaki tras un sollozo nasal, esa imagen perforó el corazón de Sakura, más que sus palabras. – Es más, repito, qué más te daba… No debiste venir. Me da absolutamente igual ya todo ¿Entiendes? Así que lárgate, ya tengo suficiente con el hecho de aguantar la idea de no poder librarme de un embarazo por más que lo intente, además del recuerdo de Zaku tomándome el pelo tras violarme. No pienso agrade…
– ¿Qué? – balbuceó Sakura, no se esperaba esa declaración. Fue demasiado tarde cuando Karin se percató de lo que había dicho.
Los labios de la última incrementaron de temblor, hasta que finalmente empezó a llorar incontrolablemente.
– Ya que importa… – dijo para sus adentros. No le importaba que la hubieran golpeado, que su intención fuera quemarle la piel y quién sabe qué puñetas más, todo estaba perdido, no sabía qué hacer, qué camino tomar… – Supongo que el jodido universo no se ha cansado de castigarme…
– Deja de endosarte la culpa de lo ocurrido, Karin. – musitó Sakura aguantándose las lágrimas, apartando rápidamente la mirada de la pelirroja para que no la viera de esa manera, había tenido que disimular una arcada al escuchar lo que esta había dicho, dado que no pudo evitar imaginárselo además de recordar, por desgracia y con hastío, lo que el capullo de Zaku también hizo con ella justo en ese lugar. – No nos merecíamos nada de esto. Sobre todo al no tener otras opciones de las cuales escoger. ¿Entiendes? Que nadie se meta contigo por una decisión que se te obligó a tomar.
– No actúes como si me entendieras. – replicó Karin de vuelta.
– No fuiste la única a quien Zaku manipuló para venir aquí. – admitió con tristeza y sin esfuerzo de limpiar la única lágrima que salió de uno de sus ojos.
– Él… él me, violó… – dijo Karin con pena sin controlar su llanto, tras decir estas palabras se tapó la boca con ambas manos, como si tuviera miedo de que le ocurriera algo por decirlas.
La Haruno tomó aire por la boca con dificultad mientras alzaba la mirada hacia el cielo negro. Era muy tarde.
– A mí también. – respondió finalmente con aceptación, pese sentirse de nuevo torturada mentalmente por esa memoria, lo que dejó completamente descolocada a Karin.
Un enorme estruendo se escuchó cerca, llamando la atención de ambas. Pronto se pudo escuchar como si algo metálico fuera golpeado con fuerza con algo continuamente y a su vez, el ruido de cristales romperse les indicó que provenía del mismo desguace. Sakura fue la única que entendió lo que estaba pasando.
Recordando entonces de los objetos que resguardaba, los cuales no eran de su pertenencia, los sacó de su chaqueta y le tendió su teléfono a la Uzumaki junto a los objetos de defensa personal, quedándose con el teléfono de ese tipo en la mano.
Sin pensarlo dos veces lo apagó y abrió la diminuta compuerta para sacar la batería del aparato y sin más, tirar, sin acercarse en absoluto, las dos partes en el improvisado vertedero que casualmente se encontraba a unos pasos de ella. El estridente y llamativo de sirenas de patrulla policía la alertó, igual que a la pelirroja.
– ¿Vamos? – propuso Sakura volteando hacia Karin por unos segundos solo para después tomar la correa de Shiro, quien la había estado arrastrando hasta ahora, del suelo. – No podemos quedarnos aquí.
Al escuchar la puerta de la residencia abrirse, Suigetsu se incorporó del sofá con prisas mientras y volteó la cabeza para mirar hacia el umbral del arco que daba al pasillo de la entrada, solo para desilusionarse cuando vio a un par de universitarias que llegaban de sus clases.
Resoplando con fastidio e impaciencia, al Hozuki no se le ocurrió otra cosa que hacer una mueca labial que demostraba graciosamente lo que le pasaba por la mente.
– ¿Dónde coño se ha metido la loca, ahora? – pensó a regañadientes él, moviendo la pierna constantemente.
La había visto salir del instituto y es cierto, seguir un camino distinto al usual. No tenía ni pizca de curiosidad, simplemente lo encontraba raro, eso. Extraño.
La Uzumaki, aunque no lo crean, era muy maniática en diversos aspectos. Las cosas había que hacerlas a su manera, razón por la que en muchas ocasiones no pasaba por alto la oportunidad de incordiar por ello. Era de lo más entretenido verla enfurruñarse con solo criticar aspectos que para más de uno, al hacerse de otra panera distinta a la suya, se tendrían que llamar estrafalarios. La forma simple de definir a la pelirroja gritona, era nada más y nada menos que poco ordinaria, aunque nadie podía negar que era organizada de narices, además de inteligente, independiente, con más de una habilidad útil cotidiana que llamaba la atención, el hackeo y aparte, los estudios. No había pasado por alto su afinidad por las ciencias.
Apartando la vista del arco del pasillo, se rascó con molestia la cabeza en lo que Juugo aparecía con una toalla alrededor de su cuello vistiendo su ropa cómoda para dormir.
Este alzó las cejas al encontrarse a su amigo en la misma postura dónde le había dejado hace una hora. Apenas se había movido ni un ápice. Tampoco se había molestado en terminarse la cena, la cual yacía fría en un plato encima de la mesa auxiliar frente al enorme televisor de la sala comuna.
– ¿En qué piensas? – distrajo Juugo mientras se dirigía al sofá para sentarse al lado del albino.
– En Karin. – admitió Suigetsu tan campante. No vio la expresión de extrañez que el grandullón a su lado le dedicaba, claramente no se esperaba esa respuesta de una manera tan directa, a pesar de sospecharlo.
– Ah… – se limitó a responder Juugo con simpleza junto a un ligero toque divertido en su tono de voz.
– No empieces con el dichoso, ah… Tú mismo lo has dicho, colega. Es raro que de la nada te llamara y colgara instantes después. – explicó tajante el Hozuki mirando con el entrecejo arrugado a su amigo.
– Yo no le estoy dando tantas vueltas como tú al asunto, Suigetsu. Karin siempre pudo equivocarse al marcar, de necesitar algo podría haberme enviado un mensaje. No se quedaría callada, ya la conocemos. – respondió levantando una de sus comisuras en una sonrisa socarrona para después mover los labios intentando esconder una posible risa. Eso que acababa de decir venía con nuevas intenciones.
– Te recuerdo, que Karin, últimamente está más callada que un muerto. Es cierto que no estamos hablándonos más de lo necesario, pero está actuando de una manera tan rara… Sé de lo que hablo, algo anda mal con ella. – añadió Suigetsu sumándole un bufido por el mero hecho de tener que explicarse.
– Veo que has pasado bastante rato observándola, no solo pensando en ella como un pasmarote… – dijo Juugo conocedoramente, divirtiéndose al ver como al albino le temblaba el ojo. El pobre parecía incapaz de explicar por qué, conocía a su amigo, claro… pero de todas maneras tampoco podía dar por sentado lo que él creía, por más que pareciera que estaba en lo cierto. – Debo admitir que si es raro que a la mínima no sea escandalosa como suele ser, pero no siempre podemos confiar en que la gente reaccione como esperamos.
– Es lo que acabo de decir, tío… – replicó Suigetsu haciendo que Juugo pusiera los ojos en blanco. Sin darse cuenta, había sacado la crema de herpes que le pertenecía a la pelirroja con que durante toda esa conversación había estado pasando de mano a mano y dándole vueltas entre sus dedos, la misma que él mismamente se había encargado de comprar por iniciativa propia, pero que no se había encontrado el momento de dársela, ni la excusa perfecta para razonar haberlo hecho. – Además, ella todavía no ha regresado a casa y eso que junto a Sasuke, la vimos salir del campus.
– Tal vez esté con alguna amiga. – observó Juugo tomando el mando del televisor y encenderlo mientras se recostaba al sofá. – O quién sabe, en una cita.
Esa posibilidad descolocó notoriamente al Hozuki, pero lo ocultó con algo de maestría, aunque no logró disfrazar la mueca de desagrado ante esa probabilidad.
Karin observó con incomodidad al profesor de filosofía que conducía el 4x4 en el que se encontraba. En el vehículo reinaba un silencio incómodo. No sabía si el Hatake estaba molesto o si esa era su expresión habitual, quién sabe. El hombre, en cierta manera, desde siempre le había parecido intimidante.
Sí, era buen profesor, pero prefería mil veces más a Asuma que a Kakashi. ¿Podría deberse al hecho de que ahora no confiara en los hombres? Posiblemente, no podía evitar sentirse estática y reacia a interactuar con cualquier tío, fueran pocas palabras las que se pronunciaran. No olvidaba el gesto que tuvo con ella durante la hora de filosofía el otro día, no obstante, eso no cambiaba nada. Su primera impresión de él permanecía igual.
Dudó en subirse al automóvil cuando este se las encontró a dos manzanas del desguace, pero era eso, o sucumbir al miedo por tener que regresar sola a la residencia, la cual quedaba bastante lejos.
De repente se tensó al notar movimiento a su lado. Al girar la cabeza, se encontró de cara con el enorme y peludo perro de Haruno. Este se encontraba olfateando una de sus manos con curiosidad y no tardó en empezar a lamer la zona, al parecer había un corte ahí. Cuando el can se hartó, segundos después volvió a ponerse a olfatearla con brío, hasta que quedando cara a cara, la Uzumaki quedó sorprendida cuando Shiro le lamió el rostro, ensuciando uno de los vidrios de sus gafas con saliva.
– Shiro… – habló Sakura desde el asiento del copiloto, llamando la atención de la pelirroja y del perro. Este último optó por volver a acostarse gimoteando, estaba inquieto. Acabando por acostar la cabeza encima del muslo de Karin, quien no se lo esperaba.
– Te dije que no volvieras allí. – empezó Kakashi mediante un tono de voz duro, Sakura lo vio venir de millas, a pesar de tener motivos, pero eso no evitaba que lo encontrara cansino.
Volteando la cabeza para mirar por la ventana, optó que la mejor opción era quedarse callada. Aunque su impulsividad ganó al juicio en ese asunto.
– Déjalo, Kakashi. – respondió de mala gana ella, visiblemente irritada. Se encontraba susceptible.
El Hatake no era estúpido, conocía a su alumna como la palma de su mano, no solo había las señales evidentes de lo que parecía haberse repetido en ese condenado sitio, también estaba claro por la conducta de la pelirrosa. Su escueta y borde contestación no le gustó para nada y obviamente iba a insistir. Quería evitar pensar lo peor.
– ¿Qué pasó allí adentro? – insistió el Hatake comenzando a estar de mal humor.
– Nada. – respondió la Haruno con prepotencia, todavía sin devolverle la mirada.
– No me hagas llamar a tu padre, Sakura. Sabes que puedo. – soltó con claridez Kakashi mientras entraba al parking de una clínica, con intención de llevarlas a ambas a urgencias.
Al escuchar eso, la ojiverde se enderezó de golpe, no le gustó nada lo que su tutor acababa de decirle. Esperando a que el Hatake apagara el motor del coche, volteó para mirarlo con rabia. Kakashi se vio contrariado.
– Si lo haces, no volveré a dirigirte la palabra en la puta vida. – zanjó ella mientras abría malhumorada la puerta del copiloto y salía rápidamente del vehículo. Hasta Karin quedó en las mismas que el profesor.
– ¡Saku…! – exclamó Kakashi mirando como la pelirrosa cerraba de un portazo la puerta, interrumpiendo al profesor, quien finalmente, suspiró exhausto, reconociendo que lo que había dicho no fue la mejor idea.
– ¿Qué hacemos aquí? – se atrevió a preguntar Karin con nerviosismo.
– Antes de llevaros a casa deben atenderos las heridas. – explicó el profesor volteando el torso para encarar a la pelirroja que todavía ni se había quitado el cinturón de seguridad.
– No puedo entrar ahí. – murmuró ella, de manera suficientemente entendible para el Hatake, quien soltó un silencioso suspiro cansado. No quería tener que insistir con ella tampoco, aunque para su suerte la Uzumaki parecía tener algo más por decir. – No… No tengo el dinero para pagar.
Kakashi observó a Karin detenidamente. Esta estaba nerviosa y quién sabe por qué razón, ella se negaba a mirarle cuando le dirigía la palabra, no solo cuando hablaba.
– No te preocupes por eso ahora. – respondió él con tranquilidad aun sin recibir ni una mirada como respuesta o señal de que era escuchado. Observando como su alumna se secaba la nariz debido al llanto, la rabia y la curiosidad volvieron a salir a flote. Al ver que Karin estaba dispuesta a abrir la puerta, la interrumpió pronunciando su apellido. – ¿Fue Abumi quien os hizo esto?
Karin agachó la cabeza y tragó saliva pausadamente.
– Se marchó... – admitió con dificultad, aferrándose al metal de la palanca de la puerta con una mano. – Antes de que ocurriera nada.
– Pero si que estuvo ahí… – meditó el Hatake en silencio para seguidamente mirar con sospecha a la pelirroja. – ¿Qué hacías allí?
Los labios de Karin volvieron a temblar ante tanta pregunta, Kakashi, al ver como su alumna comenzaba a entrar en llanto, recordando lo sucedido con Sakura, finalmente pareció llegar a la conclusión, de por cuál sendero seguía ese suceso. Su mirada enseguida pasó de una seria a una de tristeza.
– Vayamos a que te sanen, Karin. – propuso con más suavidad el Hatake, sin esperar a que la pelirroja se le adelantara para abrir la puerta.
A la susodicha no le quedó otra que cumplir con lo que se le decía, sin decir nada más, salió del vehículo sin decir nada más.
Notando un breve flash de luz por el rabillo del ojo, giró la cabeza rápidamente con temor. ¿Acaso estaba siendo observada? Sin querer quedarse pensando en ello demasiado, avanzó con prisa para quedar a unos pasos de su profesor de filosofía, ambos de camino a la entrada de urgencias de la clínica. Sin fijarse del hombre alejado, detrás de otros dos coches, sosteniendo una cámara en sus manos.
Dejando que Karin se adentrara al edificio antes que él, Kakashi se giró para encarar a Shiro, el cual le miró moviendo la cola expectante después gruñir en dirección a un grupo de coches. Acariciando la cabeza del animal con cariño, tranquilizándolo un poco, le miró directo a los ojos. – Espera aquí.
Lamiéndose el hocico, Shiro acató esa orden a la primera, sentándose en el rellano exterior de la entrada del local. Silenciando al can cuando este volvió a gruñir hacia el mismo lugar, para que no hiciera escándalo, seguidamente se adentró a la clínica sin percatarse de que cierto hombre se encontraba sacando numerosas fotos, ajustando la cámara continuamente.
Setsuo, una vez satisfecho con la cantidad de fotos aparte de su calidad, tomó su teléfono y mandó un corto mensaje a su cliente.
– Gracias por traerme a casa, Orochimaru. – agradeció Jiraiya mientras se desabrochaba el cinturón del asiento de copiloto. Pronto levantó la mirada para encarar a su compañera de trabajo. – Aunque yo te dijera que no tenías que preocuparte.
La profesora de ciencias no hizo más que mirarlo con escepticismo, fastidio y cansancio, cosa que parecía divertir a su colega de empleo y amiga de hace años.
– La próxima vez que te desmayes debido a un síncope, recordaré esas palabras y te dejaré tendido al suelo ¿Eso quieres? Para mí no habría problema. – comentó Orochimaru con su lengua viperina plagada de ironía. El Goketsu estaba convencido de que lo estaba llamando mentalmente diversos insultos elaborados, dignos de tomar apuntes para futuras analogías en sus libros. – No sabía que me tenías como contacto de emergencia en tu teléfono, ¿Tanto miedo le tienes a Tsunade por como pueda reaccionar a lo ocurrido?
Jiraiya miró con diversión a su amiga, guardando silencio. Esa actitud le pareció extraña a la última, esperaba que reaccionara escandalosamente o que por lo menos, soltara alguna de sus pullas estúpidas e innecesarias con doble sentido. Aunque antes de que pudiera hacer preguntas, el profesor de literatura hizo lo que ya tardaba en hacer.
– Ambos sabemos que ella no tardaría en pulverizarme los huesos nada más recuperarme, puedo ser un viejo, pero seguiré disfrutando de la vida hasta que no pueda más. – aseguró con picardía el albino en lo que Orochimaru negaba con la cabeza a la vez que suspiraba.
– ¿Sabes que se enterará, verdad? – recordó la pelinegra bajando la ventanilla de la puerta del piloto.
– ¡No seas una corta rollos chivata, mujer! – se quejó Jiraiya con una mueca graciosa que no asombró a su amiga.
– No iba a hacerlo, puedes estar tranquilo. Simplemente, reafirmo, que estamos hablando de Tsunade. – dijo Orochimaru sacando un paquete de cigarrillos y prendiendo uno con su encendedor violeta. – Siempre puedes hacer como yo, cuando empieza a renegar por cualquier cosa, no hago más que dejar caer su adicción a las apuestas. Eso la calla por un rato. Aun así, ten en cuenta, que la verdad… Siempre termina por salir a la luz.
Jiraiya se ganó una cachetada en la mano por parte de Orochimaru cuando intentó tomar el paquete de cigarrillos más su mechero, dispuesto a imitarla en su adicción.
– Acabas de salir del hospital. – riñó la pelinegra con enfado, haciendo que su amigo forzara una sonrisa mientras se acariciaba la palma de su mano.
– ¿Acaso afilas tus uñas con un cuchillo? Me has hecho daño… – se quejó el Goketsu a modo de broma enseñándole el arañazo minúsculo en su piel, Orochimaru apartó la mano del primero con una mueca de fastidio, muy para la diversión de este.
– Tsunade no es la única que puede mandarte al hospital tras una paliza, Jiraiya… – jactó Orochimaru volviendo a meter dentro de su bolso, el paquete de cigarrillos y su mechero.
– Tú y Tsunade sois las mujeres más violentas que conozco… – insinuó Jiraiya solo para incordiar a la mujer a su lado.
– Ya… Y eso que el resto que te dignas a "conocer", y con eso me refiero a meter en tu cama, son de la misma gama. – insinuó la pelinegra sin molestarse en absoluto por ese innecesario comentario. Jiraiya evidentemente le miró con cara de insatisfacción al no ganar en esa batalla verbal. – De todas maneras, deberías decirle y no solo a ella. También a tu ahijado.
– Lo haré, si vuelve a ocurrir. – la mirada que le dedicó Orochimaru lo dijo todo. – Pero no lo hará. Os preocupáis demasiado. Nos vemos mañana en el trabajo.
Con esa despedida, Jiraiya abrió la puerta del coche tras desabrocharse el cinturón y salió sin más después de recoger su maleta de viaje que descansaba a sus pies, sabiendo que la pelinegra no se iba a molestar en despedirse. No tardó en ver como la última arrancaba de nuevo su vehículo y empezar a alejarse tras un corto y simple gesto con la mano que ella no reciprocó.
Tras ingresar en su vivienda trajinando consigo su equipaje, no esperó encontrarse con la escena en frente.
Un par de chicas, estudiantes que asistían al mismo instituto que Naruto, el cual se encontraba parado, vistiendo únicamente pantalones piratas de color naranja y azul eléctrico. Las dos primeras, nada más verle, se sonrojaron notoriamente. Se notaba a millas que acababa de interrumpir su conversación, de lo contrario no se verían incómodas a ese nivel. No tardaron en irse por patas, en silencio, tras una cortés reverencia como despedida.
Jiraiya miró al Uzumaki frente a él, eso que acababa de presenciar, no se lo esperaba. ¿Debía suponer lo que se imaginaba?
– A ver, a esa edad yo ya había… – meditó el Goketsu haciendo una mueca pensativa rascándose la nuca. – ¿Debo preguntarle?
Estuvo a punto, de no ser porque nada más el rubio prender la luz del pasillo, se pudieron apreciar más las marcas en el cuello de este. Tuvo que maniobrar de alguna forma, las ganas de que una sonrisa pervertida se hiciera presente en su cara, pero no lo logró. No obstante, su ahijado no parecía abochornado. Aunque tampoco es que lo atrapara en un momento vergonzoso y creía que mejor. Había hecho bien de mandarle un mensaje de que iba de regreso.
– ¿Qué tal? ¿Bien? – comentó con cierto tono de picardía el albino en lo que comenzaba a retirarse el calzado.
– Sí. Creía que regresarías más tarde en la noche. – admitió Naruto evitando mostrar indicios de incomodidad.
– Tu sorpresa me confunde, te recuerdo que yo también vivo aquí… – bromeó con sarcasmo el profesor ingresando finalmente al pasillo empezando a caminar hasta el salón. Sorprendentemente, el salón estaba lo suficientemente ordenado. – La próxima vez, te repito, que agradecería que me dijeras a quien traes a casa.
– Ya… – respondió el rubio cerrando los ojos con una mano en su cabeza, despeinando más su rebelde corta cabellera rubia. Cuando volvió a mirar a su padrino, vio como su mirada cambiaba un poco a una más seria. – No volverá a ocurrir.
– No digo que no puedas traer… Amigas, si eso es lo que son, Naruto. Solo pido algo de educación. – habló Jiraiya dejando su mochila encima de la mesa del comedor. – ¿Y bien? ¿Qué tal estos días que estuve afuera? Ya sabes, aparte de saber que ya te estrenó alguien.
Se entretuvo bastante con la estupefacta expresión del rubio a su lado, el cual se quedó tieso como una estatua.
– Estaban aquí por un… – dijo Naruto con un leve rubor en sus mejillas, algo sorprendente viniendo de él. – Es que…
– No te esfuerces en negarlo, Naruto… No hace falta nada más que verte para saber que lo que hacías no era estudiar ni nada por el estilo. Que hablas conmigo, hombre… – recalcó Jiraiya caminando seguidamente hacia la cocina. No le gustó ver vajilla sucia en el fregadero de esta, la basura también estaba sin tirar. No obstante, prefería no regresar para nada más echarle la bronca al muchacho bajo su responsabilidad. Estaba cansado y no debía hacer sobreesfuerzos.
Abriendo la nevera, se la encontró prácticamente vacía, cosa que no le gustó. – ¿No hiciste la compra como te pedí?
– Erm… – musitó Naruto. Jiraiya entonces sí que arrugó la frente debido al enfado.
– Recuerdo haberte dicho claramente, que debías comprar lo de la lista pegada al frigorífico y si la nevera está casi vacía. Obviamente, no lo hiciste. – corroboró el Goketsu mientras se cruzaba de brazos seguido de volver a cerrar la nevera.
– Yo… Me olvidé. – volvió a admitir el Uzumaki con más vergüenza que pena. El suspiro de su tutor agravó su turbación de ánimo.
– `Por lo menos habrás cumplido con las demás tareas que te pedí, fuera de mantener la casa mínimamente en orden. ¿Hablaste con Karin? ¿Estuviste procurándola? ¿Llamó al fijo como me dijo que haría? Le pedí que lo hiciera. – cuestionó con preocupación a pesar de mantener una postura relajada. La situación de la pelirroja había estado muy presente en su mente estos últimos días, pero no pudo estar por ella como le habría gustado. Entre el improvisto durante su viaje.
Naruto enseguida recordó lo que Jiraiya le había pedido en varias ocasiones, con mucha insistencia, lo que le había pedido en cuanto a su prima. Principal razón por la cual supo que el último le había dado bastante dinero a ella, dejando en el olvido, su quehacer. Su corazón empezó a bombear más deprisa por culpa del nerviosismo.
Suspirando una vez más, el padrino negó con la cabeza desistiendo. Por la cara de Naruto, obviamente no había cumplido.
– Ve a tirar la basura, anda… – solicitó con pesadez el único adulto de la habitación, solo que justo al momento en el que el rubio empezó a voltearse, volvió a hablar. – Pero antes, dame lo que te haya sobrado del dinero, iré a comprar a un 24 h.
Nada más ver como Naruto alargaba la boca en una expresión seria, no controló sus palabras.
– ¡¿Me estás tomando el pelo, Naruto?! – exclamó Jiraiya mientras Naruto no hacía más que encogerse de hombros ante la riña.
– ¿No me lleva a mi residencia? – preguntó Karin medio dormida en el asiento trasero, de nuevo al lado de Shiro.
Por el trayecto que habían tomado tras salir de la clínica, era obvio que al no musitar palabra, el Hatake no iba a saber a donde llevarla de regreso. ¿Y ahora qué? Solo hacía falta esperar el regaño de la plasta de su casera ochentera.
Breves instantes después, Karin se enderezó con los nervios a flor de piel. Empezando a buscar por su bolsa, comprobó que efectivamente, sus llaves no estaban. Lo que implicaba que lo más probable es que estuvieran por algún lado del suelo de la nave del desguace. No se había fijado de reclamar todas sus pertenencias como debería, queriendo alejarse ahí con prisas, contaba con que había recuperado todo, pero al parecer…
– ¿Pasa algo? – preguntó Kakashi mirándola por el espejo retrovisor con curiosidad. Karin no osó en alzar la vista, pero sí se limitó a responderle.
– No encuentro mis llaves… – dijo Karin con desesperación. Aunque por fortuna, esta vez no había perdido ni su cartera ni el móvil, este último siendo devuelto por la Haruno. Fuera de batería, eso sí.
Sakura escuchando esas palabras, observó a Kakashi. Coincidiendo la mirada con él, decidió por su cuenta antes de que él pudiera decir algo.
– Puedes pasar la noche en mi casa, no te preocupes. Es ahí dónde vamos. – explicó la Haruno sonriéndole amablemente a la Uzumaki, la cual no supo qué decir. No se lo esperaba.
El camino restante de camino a casa de la pelirrosa ocurrió en silencio de nuevo. Sakura sabía que su tutor se había quedado con las ganas de mantener una charla severa con ella, cosa que en estos momentos, no agradecía. Ya tuvo suficiente por hoy.
Mirando su antebrazo derecho vendado y la férula en su muñeca izquierda, recopiló los sucesos de esa noche. Esta podría haber ido mucho peor, pero eso no eliminaba los molestos recuerdos que se aparecían, ahora más que nunca, en su mente. Zaku se había atrevido a repetir sus actos, aunque no solo él, con otras chicas…
Nunca había sentido tanto asco hacia una persona hasta hoy. Odiaba a ese imbécil con todo su ser. Quien sabe si sus intenciones eran provocar lo peor, lo inesperadamente esperado para él, en la Uzumaki. Lo más probable es que así fuera, por más que este lo negara firmemente, era obvio que nadie iba a creer que sus intenciones no iban hasta ese nefasto punto, ya habiendo cruzado los límites de lo tolerable hace tiempo con otros.
– El muy idiota tiene dinero… – pensó Sakura con ira mientras se mordía el labio inferior sin darse cuenta. – Y no obstante, se atreve a hacer algo semejante aun teniendo más opciones. Psicópata de mierda.
La viva manifestación de su madre en su mente, fue como sentir algo puntiagudo pellizcándola hasta provocar escalofríos desagradables en ella, solo para incordiar.
– Todo esto, ha sido culpa tuya… Hija. – habló Mebuki con una sonrisa atrevida. – Como siempre. Lo más probable es que tu amiga, no le hubiera quedado de otra y por eso se involucrara con ese patán, debido a dejar su dignidad por el suelo… Es lo más probable.
Haciendo como si no hubiera escuchado ese susurro por parte de su alumna, Kakashi siguió conduciendo en silencio.
– Lo está haciendo otra vez… – reflexionó el profesor mientras giraba el volante para torcer a la siguiente calle que daba a la entrada del edificio de la Haruno.
Tardó poco en aparcar su coche frente a la calzada, un poco al lado de la entrada del bloque de apartamentos. Vio como Karin era la primera en salir, seguida por Shiro. Miró como la Haruno aparentaba estar tranquila, pero no obstante, no la había llegado a conocer como lo hacía, para darse cuenta de que esa expresión de aflicción, no mostraba otra cosa que desgaste emocional. Cuando decía que lo estaba haciendo de nuevo, era porque, se abstenía a mostrar como se sentía realmente. A la simple edad de doce años, la pelirrosa por lo menos mostraba con más facilidad reacciones más emotivas, pero ahora… De nuevo, es como si se sintiera culpable solo por mostrar una ínfima lágrima por lo ocurrido, como si pensara que lo mejor era guardarse todo eso, para ella sola.
Las diferencias estaban más claras que el agua.
Siendo más rápido que ella al salir del vehículo, cerró la puerta del conductor y miró para Karin.
– ¿Te importaría llevar a Shiro un poco lejos por los alrededores de la entrada, Uzumaki? – el Hatake observó como la ojiverde salía finalmente del coche.
Alumna y profesor quedaron parcialmente a solas, una vez la pelirroja tomó del suelo la correo colgante del Akita y se alejó con él en la entrada del edificio que él señaló con la cabeza.
– No debí decir lo de tu padre, lo lamento. – se disculpó Kakashi sinceramente. Decir aquello había sido premeditado y erróneo. No lo pensó antes de hacerlo. – Sakura… No estoy molesto porque fueras a ayudar, sino porque no contaras con mi ayuda y francamente, que no esperaras…
Viendo que Sakura parecía querer hablar sin molestarse en mirarlo, la frenó añadiendo más palabras.
– Pero lo entiendo… – accedió el Hatake suspirando en lo que pronunciaba estas palabras. Sin esperar más, caminó hasta la pelirrosa y se colocó a su lado. – Sé por qué fuiste y qué intentaste evitar, es comprensible…
– No evité nada… – reconoció Sakura cerrando los ojos. Sin tener que alzar su rostro para mirar a su profesor, no hizo falta ver que este no comprendía lo que quería decir. – No fui la única.
– Realmente no aprecio que no me digas las cosas, Sakura. Sabiendo perfectamente lo mucho que te afecta todo esto… – habló seriamente aunque con un tono tranquilo.
Nada más volver a mirarla y verla al borde de las lágrimas, el Hatake se animó a abrazarla paternalmente, dejando que Sakura se desahogara una vez entró definitivamente en llanto, agradeciendo que no pusiera resistencia como otras veces.
Ninguno de ellos dos se percató del mismo hombre de antes, apuntando la cámara hacia ellos, manteniéndose escondido detrás de varios bolsas de basura y una farola.
Una alarma de móvil sonó desde dentro de un almacén de material deportivo del gimnasio del instituto, despertando a la pelinegra que descansaba encima de la colchoneta azul marino, tapada con una improvisada lona blanca para no pasar frío.
Hinata la apagó medio dormida, queriendo dormir aunque fuera un poco más mientras volvía a taparse con lo que era su fuente de calor, hasta que enseguida se incorporó recordando dónde estaba.
Con prisas, apartó se levantó de la colchoneta y se puso las deportivas prácticamente corriendo.
Era demasiado temprano, lo sabía, pero si quería asearse en los vestuarios sin ser vista por nadie, debía ir ahora. Antes de que cualquier alumno llegara y la viera salir de ahí. Su hermana, en cierta manera, a pesar de apenas hablarse desde hace días, le había hecho llegar su teléfono, cargador y su chándal escolar, el cual usaba como pijama una vez las clases terminaban y ya no quedaba nadie por aquí.
Aun así, se le acababan los recursos. Lo que se había llevado del hotel como productos de higiene, se estaban agotando y no tenía dinero para comprar.
– No lo tendría aun si estuviera en casa… – asimiló mentalmente mientras tomaba su mochila aun con la mano acariciando su ojo, debido al sueño todavía presente en ella. – Pero realmente echo de menos mi cama…
No estaba acostumbrada a dormir en una colchoneta tan incómoda, pero eso era mejor que nada. Por suerte, al menos contaba con que seguía teniendo acceso a la tarjeta para poder obtener comida y bebida. Hambre no pasaba, aunque tuviera que hincharse a golosinas y poco más.
Naruto no la había llamado ni nada por el estilo después de que la echaran del hotel, había probado llamarle, pero siempre salía como no disponible y cada mensaje, no era leído. La ignoraba. Mentiría si dijera que eso no la entristecía, realmente lo necesitaba en momentos así. De lo contrario no habrían intimado como lo habían hecho.
Llegando a los vestuarios exteriores, intentó abrir la puerta solo que para su mala suerte, esta vez se los encontró cerrados. Desesperada, mirando que no hubiera nadie, a pesar de intuir que estaba sola a esa hora, intentó lo mismo con los vestuarios masculinos, pero estaban igual.
– Mierda… – pensó Hinata en lo que desistía del acto. No tuvo la misma suerte que ayer.
El ruido de sus tripas pidiendo comida la distrajeron, por lo que volviendo a ingresar por el pasillo principal, contemplando los primeros rayos de sol pegar el vidrio de la puerta, caminó hasta la máquina expendedora más cercana, en donde se pilló un zumo frío y dos bolsas de galletas, decidió dejar pasar el tiempo desayunando en su improvisada habitación.
Casi veinte minutos más tarde, la puerta del almacén se abrió, lo que sobresaltó a la Hyuga al instante. Se puso un poco colorada e incómoda mientras se retiraba los auriculares de sus orejas con solo ver a la parejita que acababa de adentrarse en la pequeña habitación besándose apasionadamente y con ansias. Ambos estudiantes no la vieron, por lo que en silencio, aprovechando que estaba agachada detrás de varios estantes, decidió moverse a cuatro patas por el suelo hacia donde estaba su mochila, detrás de las colchonetas apiladas una encima de la otra.
Fue de casualidad que al incorporar la cabeza, se diera con esta con un cono de plástico, provocando un efecto dominó con los demás objetos del estante, logrando que las otras dos personas se percataran de su presencia y se separaran. A la chica no le causó demasiada gracia verla ahí.
– ¡Dijiste que no había nadie, estúpido! – dijo la chica empujando al tipo lejos de ella, para apartarse y salir sin más de ahí.
– ¡No, Rina, espera! ¡No sabía que estaba alguien! – respondió el muchacho saliendo detrás de ella.
– De todos los sitios, tenían que venir a este… – susurró con discrepancia y burla la pelinegra, sin importar que la única persona que quedaba a la habitación pudiera escucharla. – No son ni las siete y media.
Con una mirada de molestia, el tipo se largó de ahí hacia la misma dirección que su acompañante, sin molestarse en entrar en discusión con Hinata. Considerando la razón de seguir a la primera, su prioridad, muy para la satisfacción de la Hyuga. Aunque suponiendo la hora que era, sería mejor apresurarse a alistarse antes de que fuera demasiado tarde.
Tardó pocos minutos en adentrarse a los baños de su año y una vez ahí, se apresuró a asearse lo mínimo y cambiarse de ropa en uno de los cubículos para tener más privacidad, cosa que agradecía.
Se encogió de hombros debido a la sorpresa una vez escuchó a un grupo de chicas adentrarse al lugar, riendo a carcajada suelta. ¿Es que ahora estaba de moda llegar pronto al campus?
– ¿Qué tal tu cita del fin de semana pasado? – preguntó una morena mientras sacaba un peine de uno de los bolsillos de su mochila.
– ¡Sí cuéntanos! – exclamó otra de sus amigas haciendo a la otra suspirar.
– Estáis muy pesadas con el tema de la cita, ya os dije que no lo fue. Simplemente, me apeteció quedar con él y solo nos acostamos juntos. – explicó ella finalmente, sonriendo mientras intentaba no presumir demasiado delante de sus amigas.
– ¿Estuvo bien? – indagó una de ellas, atreviéndose a pedir detalles. No hizo más que reír cuando su amiga negó con la cabeza sin importancia.
– Para nada. Fue aburrido y rápido, la verdad es que me arrepiento, ya que solo lo hice para vengarme de mi ex. Por suerte, no me ha propuesto hacerlo de nuevo, sería un rotundo no. Lo único malo, es que va a este instituto, cosa que no me gusta. – argumentó la chica mientras se perfilaba el brillo en el labio inferior. Hinata arrugó la nariz del asco, no le apetecía saber esa clase de asuntos de los demás.
– Bah… No eres la única, Miyu. Yo también lo hice. – contestó su amiga, guardando de vuelta su cepillo y sacando su neceser para retocarse el maquillaje que en su casa no podía ponerse. – Mucha gente lo hace. Yo el otro día me lie con Toneri, tal vez podrías hacer tú lo mismo.
Eso asombró a la pelinegra, no se esperaba descubrir esto.
– ¿Otsutsuki no está pillado por una de las hermanas Hyuga? – cuestionó con curiosidad para obtener más detalles de cotilleo.
– Sí, la mayor. La rara de Hinata Hyuga. – soltó Miyu mientras se acomodaba la cabellera a su gusto. Hinata apretó los labios entre si molesta ante ese comentario. – La muy estúpida no se da ni cuenta, simplemente se te queda viendo raro cuando le hablas. Me da tanta rabia… Los mejores tíos están ya cogidos.
– Neji Hyuga, Kiba Inuzuka, Toneri Otsutsuki y el que más desilusión me dio… – invitó una para que las demás se unieran, ya sabían de quién hablaban. – Sasuke Uchiha.
– Hyuga no tiene pareja… – corrigió una de ellas.
– Pero le gusta la novia del Uchiha, escuché que le pidió salir dos veces y que se fueron a casa de él a "estudiar", quién sabe si hubo algo antes de ella salir con él. – respondió la otra sacando otra carcajada de las demás. – Pero a lo de antes, que de ellos cuatro, Toneri es el más accesible… Quizás el que más de este campus.
– ¡JODER, COMO DUELE! – gritó Miyu desde dentro del cubículo de al lado de donde se encontraba Hinata.
– ¡Miyu! ¡¿Qué te pasa?! ¿Es el escozor de antes? – preguntó su mejor amiga, andando hacia donde la susodicha. – Deberías ir a una clínica, es lo mejor.
– Sí, claro… – habló Miyu con evidente sarcasmo sin salir del diminuto habitáculo. – Y le digo a mi madre, mira, que me escuece él … ¿Me darías efectivo para una pomada vaginal? Si lo hago, me deja castigada hasta fin de año y aunque me haya quedado soltera de la nada… Me gustaría aun así poder hacer planes y no estar en casa todo el día.
– Quizás te lo pegó ese con el que te acostaste… – se burló su amiga junto a las demás, a Miyu no le importó, era lo más probable, por lo que solo se dignó a suspirar.
Habiendo escuchado bastante, Hinata tiró la cisterna y abrió la puerta mientras mostraba su mejor cara de enfado posible. Las demás la miraron de arriba a abajo levantando el lateral de su nariz junto a una mueca de superioridad.
Estaba claro que la Hyuga había escuchado todo lo que habían dicho. No se habían percatado de que la puerta del retrete justo al lado donde se encontraba su amiga, tenía la puerta cerrada con pistilo, estaban más atentas a la conversación que mantenían.
HInata miró a todas con seriedad mientras se limpiaba las manos, hasta que finalmente salió sin decir nada, haciendo que instantes después el grupo soltara una carcajada burlona, que la pelinegra escuchó fácilmente aún sin que la puerta se cerrara definitivamente. Al igual que sus mismas voces volver a hablar.
– Pues al parecer tenía razón Miyu… – comentó una de ellas haciendo a las demás asentir.
– ¿Se supone que esa mirada debía intimidarnos? – se burló otra, molestando aún más a la Hyuga quien, apretando con fuerza el asa de su bolsa estudiantil, miró con ira hacia la puerta cerrada de los baños de chicas una última vez hasta finalmente irse de camino a su aula.
– Ya quisiera… – escuchó Hinata junto a varias risas más mientras se alejaba.
– ¿De qué os reís? – cuestionó Miyu saliendo del cubículo confundida.
– Nada, la Hyuga y sus aficiones… Estaba escondida justo aquí al lado escuchando la conversación. – informó su mejor amiga pasándole a la morena su bolsa de nuevo. Miyu hizo una cara que mostraba lo contrario a sorpresa. – No le habrá gustado escuchar eso de su prometido…
– ¿Por qué debería importarle? La tía sigue colgada del Uzumaki… – zanjó otra de sus amigas mientras salían por la puerta y torcían en dirección a su salón. – Solo las que tienen mal gusto lo harían con él.
– Tampoco te pases, Shizuka… – pidió Miyu después de hacer una mueca y apretar sus muslos entre sí, ese escozor era demasiado molesto. – Que yo no te hice nada.
– ¿Qué quieres decir con eso? – dijo Yume mirando hacia su amiga confundida. La mirada expresiva que indicaba a dónde quería llegar, no tardó en entenderse por el grupo.
– Sí, fue con él…
Kakashi ingresó a la sala de profesores encontrándose con demasiado barullo dentro, al parecer Jiraiya había vuelto tras una semana estando "enfermo". El muy listo se había tomado sus improvisadas vacaciones para asistir a una firma de libros, de su saga, ni más ni menos. No únicamente a un seminario de escritores.
Formando parte del repertorio del club de fans de las novelas dramáticas y eróticas que el hombre escribía, sabía cuando eran esos eventos. Es una pena que no pudiera ir.
Llegando a su mesa de trabajo, se encontró con una taza de café solo aun echando humo junto a un dulce de panadería parcialmente envuelto en una bolsa de cartón. Confundido, miró por la sala, no había buffet ni parecía celebrarse nada. ¿Se habría olvidado del cumpleaños de algún colega?
– Anko… – dijo a modo de saludo con pasividad mirando a la susodicha quien alzó la cabeza del ordenador para mirarlo con las cejas alzadas. – ¿Dejaste esto tú?
La mujer, inclinando su torso hacia un lateral, miró el desayuno plantado en medio de la mesa del Hatake y sin más, resopló con burla y volvió a lo suyo.
– Vale, no… – meditó Kakashi mientras dejaba su bolsa encima de su silla. – Kurenai habría traído algo para todos ¿Orochimaru? Ehhh… No. Mucho menos probable. En fin que más da…
Suspirando con cansancio y sueño, optó por mover sus párpados con la yema de sus dedos. Esa noche apenas había dormido. Entre lo sucedido con Karin y Sakura, las cuales no asistirían al instituto hoy, regresó a casa tarde. Espero encontrarse con Rin ya durmiendo, pero nada. Solo una nota de la misma que le informaba que estaría varios días en casa de sus padres, su madre estaba muy resfriada y su padre por problemas de espalda, no podía ocuparse de todo. Le hubiera gustado que se lo dijera por teléfono y no con una escueta y simple nota. Ni respondió a la llamada que le hizo nada más regresar a casa, otras veces esperaba que lo hiciera. Conociendo a Rin, algo andaba mal y había hecho algo que le disgustaba.
– ¿Por qué no le pides salir de una vez, Shizune? – dijo Tsunade con una sonrisa soberbia, la pelinegra se sonrojó.
– Es demasiado pronto. – Explicó la adjunta de gestión académica mientras se acomodaba los ficheros que cargaba en sus brazos, apartando la mirada de entre los pequeños filamentos de la cortina. – No quiero apresurarme y echarlo por la borda.
– No me decías eso ayer, describiste su cara como si se tratara de alguien esculpido por ángeles. – soltó la Senju con diversión recordando la Shizune de camino a la ebriedad de ayer en su casa.
De pronto, tanto el teléfono de la rubia como el fijo de la oficina sonaron. Tsunade suspiró al ver que quien la llamaba era Hiruzen de nuevo. Por lo que no hizo más que colgar, sin dignarse a responder. Esa insistencia le había hecho tomar la decisión de dar finalmente el anuncio de la convocatoria para la beca.
– Oficina de la directora Senju ¿En qué puedo ayudarle? – habló Shizune descolgado el altavoz.
– Buenos días, soy el padre de Kin Tsuchi. ¿Sería posible reunirme con la directora Senju lo más pronto posible? – habló un hombre desde la otra línea. La jefa de estudios miró a Tsunade.
– En estos momentos se encuentra ocupada… Puedo pasarle a la secretaria para que le de una hora en específico, si así lo desea. – informó con tranquilidad pasándole los archivos a su jefa de mientras, eso acabó con la paciencia de la persona al otro lado de la llamada.
– Ya he hablado con la despistada de su secretaria no hace ni diez minutos y lo que quiero es sacar a mi hija de este instituto desde hoy, cuanto antes. Porque no pienso dejarla que asista en donde aceptan delincuentes. O me pasa con la directora Tsunade o pongo denuncia. Usted elige. – habló el hombre. Se notaba el enfado de lejos.
Esa inesperada declaración inquietó a la pelinegra, que enseguida volteó a ver a su jefa retirando el aparato de su oreja.
– ¿Directora Tsunade? – llamó Shizune mientras tapaba con su mano el altavoz para que no se la escuchara. – Es mejor que atienda esta llamada.
Sakura miró su reflejo desde el espejo de su baño. Varios mechones cortos de cabello rosa se encontraban ahora dentro del lavabo. Se había arreglado la melena por su cuenta, optando por un cambio de look más notorio. Pasando de tener una largura hasta el principio de la espalda, bajo sus hombros, hasta pocos sentimientos bajo su mentón.
"¡Oye, Ino! Escuché que a Sasuke le gustan las chicas con pelo largo… Me lo dejaré crecer"
Sonriendo ante ese recuerdo con su mejor amiga, dejó las tijeras encima del mueble y se acomodó los mechones de su antiguo flequillo, ahora inexistente, detrás de sus orejas.
La parte superior de su ceja derecha ya no estaba hinchada, pero sí presentaba un visible moretón, al igual que el ojo del mismo lado, los tonos púrpura, azul y amarillo llamarían la atención de cualquiera, no solo la tirita en la línea de su mandíbula además del pequeño parche de su herida en una de sus comisuras. Su aspecto generaría curiosidad y preguntas.
Con cuidado, empezó a maquillarse con normalidad, ocultando con esmero y dedicación los hematomas más visibles, hasta quedar satisfecha del resultado.
Abriendo la puerta del baño, salió hasta el comedor para encontrarse con una Karin en pijama acariciando a Shiro libremente en silencio, ambos en el sofá. Lugar de descanso inicial de la pelirroja que fue abandonada a medianoche por pesadillas, hasta que escuchó como desde su habitación, la Haruno le decía…
"Puedes acostaste en la cama junto a mí, si quieres…"
Al principio, la pelirroja hizo como que no la había oído, acomodándose la manta mientras yacía estirada en el sofá de la habitación, completamente a oscuras. Hasta que tras dar varias vueltas, decidió probar suerte y cumplir con esa inocente oferta.
"Se lo que estás pasando y te comprendo… "
No pudo ver su cara cuando le dijo eso, ni ella tampoco intentó mirarla, mientras contenía el llanto de nuevo.
Por tercera vez en pocos días, la pelirrosa se había postrado amable, sensible y demás. Había sido hospitalaria, empática y protectora… Aspectos que apenas había visto la gente ser con ella. Por costumbre, ella estaba acostumbrada a ser la gran parte del tiempo una chica borde. Se había criado en las calles desde que perdió a su madre cuando pequeña, pero con Haruno… Había sentido esa calidez tan entrañable, que se había apagado con el fallecimiento de su única familia de sangre.
Había pensando en su madre más que nunca esa noche, añorándola sin fin, pero por suerte, esta vez se sentía menos sola.
La observó comenzar a cocinar en silencio a pesar de que debían dolerle los brazos, mirando como vestía su uniforme impecable.
– ¿Irás al instituto? – cuestionó Karin con curiosidad, no lo veía una buena idea.
– Sí, no quiero saltarme clases. – respondió Sakura mientras ponía a calentar leche en dos tazas y metía cuatro tostadas en la tostadora. También estaba preparando el desayuno de la Uzumaki, quien apenas cenó ayer. – Lavé tu uniforme, estará seco en el tendedero.
– Yo no. – declaró ella de una manera demasiado tajante, lo que la abochornó al momento de decirlo.
– Eres libre de quedarte aquí cuanto gustes, no me importa y mi casera lo sabe. – dijo Sakura volteando para mirar a la pelirroja, la cual no dejó de acariciar a Shiro en ningún momento, el can disfrutaba de la atención al máximo, moviendo la cola todo feliz. La intención de Sakura solo era informarle de dónde estaban sus pertenencias. – ¡Shiro!
El can se apartó en un santiamén de la Uzumaki para trotar con prisas hacia su dueña, a la espera de su desayuno, el cual fue preparado en menos que canta un gallo.
Sentadas ambas en la mesa de la habitación, empezaron a comer en silencio, Sakura yendo con más brío que Karin, quien apenas tenía hambre.
– Deberías tener miedo, de ser tú, no iría… – dijo Karin con cierto temor a la incertidumbre que posiblemente le esperaba a Sakura, al igual que a ella. – Zaku irá a por ti.
– Los payasos fuera del circo no dan risa. – declaró Sakura tomando un trozo de salchicha en sus bastoncillos. Karin solo la miró con confusión. – ¿Sabes? Cuando era pequeña, le tenía miedo al circo. Detestaba estar cerca de un payaso o mimo, no podía. Mi madre, siendo lo opuesto a mí, en cambio, les guardaba cierta fascinación. Varios cuadros estaban esparcidos por las paredes de mi antigua casa, pero solo me acuerdo especialmente de dos. La payasa llorona, que movieras donde te movieras, parecía que te observaba con angustia todo el rato y el títere nariz-roja, el cual yacía colgando en la entrada de mi habitación de un simple clavo. Cada noche pensaba que cobraba vida y esperaba a que yo retirara las sábanas de mi cabeza para asustarme.
– ¿Entonces significa que sí tiene miedo? – pensó Karin intentando entender lo que decía Sakura.
– Zaku cree que domina el campus con el miedo, que cuenta con el respeto de todos… Lo que definitivamente lo convierte en uno. – manifestó sin poder esconder un intento de risa antes de meter más comida en su boca. – Pasé miedo y le tuve miedo, pero dadas ciertas circunstancias… Digamos que me quiero echar unas risas.
– No termino de entender… – musitó Karin bajando la vista hacia su plato de tostadas con mantequilla y mermelada a medio terminar.
– Zaku quiere que le tengas miedo. – declaró Sakura mientras se apresuraba a terminarse el desayuno. – No te atosigues por sentirte así, porque hasta el más valiente puede acobardarse y debo decirte, que se tiene que tener agallas, para amenazar al imbécil de Zaku con algo que teme, como su padre…
Agradeciendo esas palabras en silencio, aunque sin creerlas del todo, la Uzumaki entonces fue tragada por la culpa de sus acciones del pasado. Estaba en casa de la novia del chico de quien estaba enamorada, de quien se supone que lógicamente, debería tener una rivalidad, pero… Eso era lo de menos ahora. Si es cierto que ambas se habían disculpado por sus acciones, aun así, ella había conspirado, había intentado encontrar el método para separar a Sasuke de ella. Esa sensación de grima hacia si mismo, iba tomada de la mano de la vergüenza. No se merecía esos buenos tratos, mucho menos de la chica frente a ella.
– Bueno, supongo que ya hablaremos luego… Saca de paseo a Shiro si gustas, hay una llave de repuesto dentro de la escultura del elefante del rellano. Lavaré lo mío después. – dijo Sakura finalmente después de irse con los platos sucios del desayuno en la cocina, seguidamente a lavarse los dientes.
Poco después Karin se encontró sola en el apartamento, en compañía de Shiro, quien se acercó a ella moviendo la cola con un juguete en boca con intenciones de seguir jugando.
Sakura fue frenando en pocos pasos hasta que finalmente dejó de correr, dejando las manos en las rodillas, exhalando para recuperar el aire. Era tarde. Se había entretenido desayunando y no había visto la hora.
Leyó entonces el mensaje de Ino que le preguntaba dónde estaba o si estaba enferma, pero optó por no quedarse quieta perdiendo el tiempo escribiendo.
Volviendo a arrancar a correr, se alegró de que al menos, ya estuviera en la calle que daba a la entrada del campus. Llegó rápidamente a su casillero de zapatos, dónde, tras acomodarse su ahora corta melena, se puso los zapatos de interior y guardó los otros.
Intentó no correr por los pasillos, de lo contrario le llamarían la atención, no solo por llegar tarde.
Temari fue la primera de las chicas que la vio llegar, sorprendiéndose del cambio de look de su amiga, cuando la vio llegar detrás de la puerta y llamar detrás de esta antes de que Ibiki empezara con la lección, invitó a entrar a quien fuera que llamara.
Ino no esperaba ver de nuevo la cabellera rosa de su mejor amiga en tal estado. A pesar de llevar el corte igualado, liso y bonito, de que el cambio de look le sentara de fábula, le llamaba más la atención la cantidad de maquillaje que llevaba, pero aun así con curas en el rostro, un antebrazo vendado y férula en la otra muñeca. ¿Qué había ocurrido?
En su mente, rápidamente se le vinieron ideas de que las chicas con las que se buscó problemas anteayer, hubieran ido tras ella. Se lamentaba, no haber intervenido ni ayudado en su momento, pero… Recordando a la Haruno feroz de esa vez. La verdad, no sabía qué pensar.
– Te dejo pasar, Haruno. Aun así, estarás de pie durante toda la lección, por llegar tarde. – sancionó el Hiruzen mientras volteaba de nuevo a la pizarra para apuntar el tema de la lección de hoy.
– ¿Qué te pasó en el cabello? – preguntó Naruto hacia Sakura, la cual justo en ese momento estaba pasando frente a él para llegar a su mesa. La Haruno solamente se dignó a mirarle en silencio, sin tener tiempo a decir nada aunque ni se lo propusiera y simplemente preparó sus cosas con brío contando aun así, con la insistente y fija mirada del Uzumaki en ella.
Los demás susurraron entre si ante esa pregunta, más de uno y una sentían curiosidad. Toneri miró de reojo a su prometida, la cual se postraba cabizbaja ocultando su más que posible expresión de fastidio por el interés del Uzumaki hacia la pelirrosa. Ocultando su sonrisa de picardía con el mismo puño que sujetaba su lápiz de minas, su mirada gris cayó en la espalda de la última.
– Guarda silencio, Sr. Uzumaki. O te vas afuera, hoy no estoy de humor. – avisó con firmeza el profesor de matemáticas volteando rápidamente para señalar con la tiza al rubio. – Vayan a la página ochenta y seis, continuamos desde dónde lo dejamos en la última clase.
Sasuke observó de arriba a abajo a su novia, algo había tenido que ocurrir para que viniera así y con razón ayer por la tarde y durante la noche no hablaron. Eso lo cabreó demasiado. Una simple mirada y una sonrisa amable bastaron para distraerle unos segundos, su pequeño lazo visual se vio interrumpido cuando ella quitó sus ojos jade de él para mirar por donde andaba mientras caminaba hasta el fondo del salón con el material de clase y quedarse de pie ahí.
Resoplando con cansancio, Tsunade se apoyó en el respaldo de su silla y cerró los ojos. ¿Por qué accedió hacerse cargo de esto? El día nada más empezaba y ya se le hacía eterno, como el maldito papeleo apilonado en carpetas de su escritorio. Al menos Hiruzen, había desistido, de momento, en persistir llamándola a su número personal. El hombre podía ser más tozudo y fastidioso que un grano en el culo, literalmente.
Su paciencia estaba ya por los aires, porque de librarse de una llamada al estilo disco rallado para atender una de un padre con un listado de reclamaciones y prácticamente amenazas, arruinaba la mañana a cualquiera. Se supone que debía estar contentísima hoy, pero no, por su mala suerte, no.
Su estudio, al fin parecía ir por buen camino y estaban a la espera de resultados. Había estado mucho tiempo metida en ese desarrollo y aunque finalmente no llegara a una posible prometedora conclusión de no ser por una tercera persona, Haruno en ese caso, era algo de lo que celebrar. Su estudio podía fracasar en caso de investigaciones más profundas, más adelante, pero progreso era progreso.
– A veces creo que estoy en un zoo donde los estudiantes son los animales, que educamos para los juegos del hambre… – analizó con desgana para seguidamente mirar el documento abierto en la pantalla de su ordenador.
Pulsando enter al botón de imprimir, escuchó como la impresora de la sala de profesores sonaba. Sin quedarse quieta, tomó su fijo y llamó a la secretaria.
– ¿Sí, Directora Senju? – habló la empleada de la recepción de la sala de profesores.
– El papel que acabo de poner a imprimir, se tienen que hacer copias y colgar en los corchos de los pasillos. Que no pase de esta tarde. – mandó ella con educación, siendo respondida con obediencia.
Nada más colgar el teléfono, este volvió a sonar, reconociendo el código del despacho de Shizune, contestó enseguida.
– Hice algo de investigación y finalmente le sonsaqué al Sr. Ueda lo sucedido. Accedió a venir mañana con su hija para hablar del tema, es bastante grave. Afirma que se lo hizo alguien que cursa aquí y de su mismo año, pero nada más. – informó la pelinegra desde la otra línea. – No volvió a mencionar temas de denuncia, pero no deberíamos descartarlo.
– Hazme un favor y mira si algún estudiante presenta señales obvias que puedan estar conectados a esto, principalmente a Abumi y a Kinuta. Por otro lado, pide colaboración a Mitarashi y a Morino. – pidió la directora dejando que su socia colgara primero para enseguida ponerse a trabajar.
Escuchó como el móvil volvía a vibrar encima del escritorio, Hiruzen de nuevo.
– Es la última vez que te hago caso, Sarutobi. – pensó firmemente en lo que enviaba el mismo documento impreso a los profesores.
Beca universitaria del centro KG U.S.:
GANADOR: Naruto Uzumaki.
1er FINALISTA: Sasuke Uchiha.
2do FINALISTA: Toneri Otsutsuki.
3er FINALISTA: Sakura Haruno.
– ¡No volverás a ver a ese muchacho! ¡¿Me oíste?! – gritó el Sr. Tsuchi dentro del despacho de Shizune. Esta por suerte, se encontraba dentro del de su jefa. Aunque desde la otra pared se pudieran escuchar las voces perfectamente. – Te lo prohíbo.
El padre de Kin colocó ambas manos en su cintura a modo de exasperación. Cada vez que miraba el aspecto de su única hija, se le subía la tensión.
– Papá, él es… – dijo la pelinegra con súplica, levantando la vista de su postura agachada, sin levantarse del sillón frente al escritorio.
– ¡No quiero oírlo! Mucho menos tener que repetirme, Kin. Se acabó. – insistió el único adulto de la habitación harto de la situación, la tozudez de su hija a menudo era agotadora, sobre todo en momentos así. – ¡Mira lo que te ha hecho!
Kin negó con la cabeza completamente nerviosa. Zaku solo se había mosqueado por el desenlace de los hechos en el desguace, antes de que tuviera tiempo de explicar con detalle que Haruno lo había arruinado todo, él ya había decidido tomar represalias con ella, además de la de ese grupito que encima, se dedicó a destrozar no solo la carrocería del coche, sino también el interior hasta dejarlo apenas a la par que el resto de las decenas vehículos, solo para que una vez satisfechas, marcharse de ahí.
Levantando su rostro todo hinchado y lleno de moretones por todo el rostro para mirar a su padre, Kin finalmente dejó escapar la primera lágrima.
– No fue él. – mintió la pelinegra intentando sonar convincente.
– ¡Ya basta con ese cuento! – riñó nuevamente el Sr. Ueda empezando a perder la poca paciencia restante.
– ¡De verdad! No fue él… ¡Fueron unas chicas de una pandilla de otro instituto y…! – comenzó a decir la pelinegra exasperada, sin dejar de pensar en lo que le podría ocasionar a Zaku todo este lío.
– Pandilla de chicas que son de la misma maña que él, estoy seguro… ¿De verdad crees que no se que saliste anoche con él y seguramente con el otro poca monta de su amigo? ¡Ni se te ocurra intentar mentirme! – exclamó su padre histérico. Kin estuvo a punto de abrir la boca para rebatir, pero fueron interrumpidos por la misma Shizune que, con un par de golpes por cortesía, se hizo presente en la habitación.
– La directora les atenderá ahora, en su despacho, si son tan amables de acompañarme. – dijo la Sato forzando una sonrisa cordial para disimular que no había escuchado gran parte de la discusión entre padre e hija.
La jefa de estudios miró como ambos integrantes de la familia Tsuchi la miraban incómodos, aunque no más que la jefa de estudios a la alumna del campus, aunque reflejaba más simpatía y preocupación que otra cosa. Dejó que salieran primero de la estancia con paciencia y tras cerrar la puerta de su despacho con llave, les empezó a guiar hasta el despacho de dirección.
– Srta. Sato, aguarde unos segundos. – mandó Danzou de la nada haciéndola frenar y voltear a mirarlo algo sorprendida.
Kakashi levantó la vista de su libro y sin voltear la cabeza, decidió prestar atención a la conversación.
– Subdirector Shimura, en que puedo ayudarle. – saludó de manera suficientemente educada de nuevo Shizune algo inquieta.
– Se me ha comunicado lo ocurrido, no es necesario llevarlos ante Senju. Yo me encargaré personalmente de atenderlos como se debe. – manifestó el Shimura con convicción, muy para el desagrado de la jefa de estudios. – Encantado, soy el Subdirector Danzou Shimura, un placer…
– Mucho me temo que no, Shimura. – respondió tajante Shizune forzando una sonrisa mientras le miraba a los ojos, devolviendo la falta de respeto y el desdén de este a la hora de pronunciar el apellido de Tsunade. – La directora Tsunade Senju, se encuentra esperándoles en su despacho y no me ha comunicado que su presencia en esa reunión es imprescindible. También debo insistir que el Sr. Tsuchi me solicitó personalmente hablar con ella en vez de con usted.
– Entonces como es que sí sabes de lo ocurrido, Shizune. – insinuó con prepotencia Danzou cruzándose de brazos después de hacer un gesto con una mano a la mencionada invitándola a explicar. – Para ser la mera jefa de estudios de aquí ¿No crees que esta faena está fuera de su jurisdicción? Tengo todo el derecho de intervenir si creo que las cosas no se van a gestionar correctamente.
– Una acusación bastante directa, Shimura. – argumentó Shizune dando por sentado que no se trataba de preocupación genuina de ningún modo.
– Subdirector Shimura. – corrigió con molestia el pelinegro pronunciando más las arrugas de su rostro sin apartar la mirada de la jefa de estudios. No le agradó ver como esta última hacía una leve mirada de aborrecimiento.
– Con permiso, Sr. Shimura. Le repito que no tengo tiempo, si está insatisfecho con algo y tiene alguna queja, la directora Senju puede intentar encontrar un rato para usted. – recalcó Shizune con seguridad mientras asentía levemente con la cabeza. – Solo hago mi trabajo.
Kakashi pudo esconder la sonrisa socarrona que apareció en sus labios ante el tono de voz de la jefa de estudios. No la conocía, pero su manera de soltar esas palabras, sonaron como si estuviera siendo irónica. Le había pasado por la cara su puesto al Shimura, aunque digamos que se había evidenciado a si mismo. Algo sorprendentemente estúpido de su parte.
Digamos que ahora veía a la jefa de estudios de otra manera, le caía mejor. Solo había visto a Orochimaru plantar cara nada más que una vez al subdirector, debido a la denuncia que esta hizo hacia los Watanabe, pero ese acto también estaba dirigido hacia él, por sus ratos en dejarla en evidencia en reuniones de personal con comentarios indebidos. Fue tajante, aunque se logró el objetivo. Solo que esta vez…
El Hatake cerró el libro cuando escuchó a Danzou rondinar por lo bajo. Giró su torso nada más escuchar como el último se predisponía a alejarse de la sala hacia su oficina, donde había miradas llenas de curiosidad por parte del personal. Estaba claro que el hombre estaba impaciente. Una acción vale más que mil palabras y en este caso, destacaba su insistencia en querer involucrarse con este tema, conociendo como en otras ocasiones, él era el primero en aprobar bajas estudiantiles.
– Tampoco es de hacer el paripé frente a los padres de alumnos con esa clase de propuestas, lo que señala que hay un motivo que le interesa. – pensó Kakashi estudiando al Shimura.
Debía reconocer que de seguir Hiruzen a cargo, seguramente las cosas le habrían salido bien al subdirector. La vena pacifista aunque no menos sabia del exdirector siempre había sido la misma, dejar actuar y ser lo que tenga que ser.
"Danzou tiene objetivos claros, Kakashi. Van más allá de lo que nos pensamos, más allá de mí. – Afirmó Hiruzen sujetando su pipa del extremo con una mano, manteniéndola en sus labios y a su vez, dejando escapar humo por la nariz mientras que con la otra mano apretaba el borde del respaldo de su silla del despacho. – Su ambición, su avaricia para lograr obtener lo que desea lo hacen una persona… Difícil, pero por ahora prefiero no echarlo, la junta no lo aprobaría debido a sus contactos. Sería un error y para serte sincero, prefiero evitar generar más problemas internos y tampoco podemos permitirnos ponernos en busca de un sustituto. Créeme, es lo mejor. "
Si es cierto que Hiruzen tenía el as bajo la manga con su antigua alumna para hacerla la nueva directora del centro, Danzou era una persona con la que no se avenía casi nadie del personal hablando en cuanto a temas fuera del ámbito laboral, claro. Sospechaba que Sarutobi llegara a conocerlo como afirmaba que hacía, por más que cada vez demostrara su maestría en frenar al toro por los cuernos. Con la Senju… Lo más probable es que sea distinto.
Suspirando pensativo, el profesor de literatura estuvo a punto de volver a lo que hacía cuando escuchó como sonaba una melodía de teléfono, mirando hacia dónde provenía el sonido, vio a Danzou sacar su teléfono y colocarlo en su oreja después de aceptar la llamada.
– Sr. Abumi, diga. – habló el Shimura abriendo la puerta de su despacho nuevamente, haciendo que Kakashi levantara el rostro con curiosidad ante la mención de ese apellido, pero antes de que llegara a escuchar más, el subdirector cerró la puerta.
– Abumi… – dijo mentalmente Kakashi. Recordando los hechos de anoche con Sakura y la prima de Naruto. – Por qué creo que esto no es una casualidad…
– ¿Que te tiene tan alegre, Iruka? ¿Al fin una chica pilló el anzuelo? – se burló Anko mientras se inclinaba con la silla hacia atrás tras tomar su taza y dar un sorbo de la misma.
– ¿Eh? Ah… No. – respondió el Umino sonrojándose de la vergüenza frente a los demás.
– ¿Alguno de ustedes sabría arreglar la fotocopiadora? – pidió la secretaria interrumpiendo la conversación. Anko fue la única que se levantó para ayudarla.
Iruka, tras de nuevo mirar hacia la pantalla de su ordenador, otra sonrisa de orgullo apareció en sus labios. Naruto lo había conseguido, tenía la beca. Ahora al fin, podía llegar a cualquier lugar en el futuro. De seguro sus padres estarían orgullosos y felices, sobre todo su madre.
– Qué tengan un buen día, chicos… – se despidió Jiraiya, sus días de vacaciones no habían culminado y solo había pasado a saludar, como pretexto para ver si podía encontrar a Karin y hablar con ella, pero se le había dicho que no había asistido a clase hoy. Había probado de llamarla, pero nada.
– ¡PAPÁ, NO! ¡A LA POLICÍA NO, POR FAVOR! – gritó Kin desde el interior del despacho de Tsunade. Todos los presentes en la sala se quedaron sorprendidos ante eso. Mirando hacia la puerta de la oficina, todos sintieron curiosidad.
– Srta. Tsuchi, por su bien, si sufre de acoso escolar o cualquier tipo de maltrato, debería reconsiderar lo que su padre dice. Nosotros, sin pruebas… Poco podemos hacer ¿Entiende? – explicó Shizune enfatizando la explicación previa que la Senju a su lado ya había explicado más severamente.
– Pero si ya os lo he dicho… ¡NO FUE ÉL! – volvió a decir Kin con los ojos llorosos temblando de los nervios.
– ¡YA BASTA KIN! – gritó esta vez su padre causando más sollozos por parte de la pelinegra de cabello ahora corto. Shizune también entró en Shock mientras que Tsunade empezaba a perder la paciencia. – ¡ESTOY HARTO! ¡¿Ustedes creen que esto es normal?! Han apalizado a mi hija y es más, le cortan el cabello y lo que recibo, son meras excusas de que sin pruebas suficientes, no pueden hacer nada?! ¡Ese chico llamado Abumi y su amigo, son delincuentes con evidentes antecedentes!
– No es que no queramos ayudarles, Sr. Tsuchi. – interrumpió de nuevo Tsunade quitando las manos que ocultaban su boca antes de hablar, dejándolas encima de su mesa. – Pero si su hija niega que ha sido alguien de este centro, no podemos actuar como corresponde.
– Heh… ¡¿Me están tomando el pelo?! – exclamó estupefacto el padre de Kin, golpeando el escritorio de la Senju a la vez que se levantaba del sillón.
– Mucho me temo que no. – insistió Tsunade con impavidez y era cierto. Entendía el hombre, pero si su hija no dejaba de negarlo, era lógico que escogiera el camino seguro. Por más que fuera fácil imaginar al Abumi hacer semejante acto tan atroz.
El teléfono sonó, debido a eso, más por error que por inercia, Tsunade pulsó rápidamente el botón de altavoz al descolgar.
– Directora Tsunade, el padre del Sr. Abumi ha llegado ¿Le hago pasar? – dijo la voz de la secretaria.
– ¿Qué demonios? – dijo mentalmente Tsunade ante lo inesperado. Mirando hacia Shizune, vio que ella también la miraba de la misma manera, al parecer ninguna de ellas lo había hecho venir.
– No se preocupen, le llamé yo. – declaró el Sr. Tsuchi con seriedad.
La Senju tensó los hombros y finalmente cerró los ojos, suspirando internamente.
– Hazle entrar. – dictaminó ella hacia el teléfono. Pensaba que si se dedicaba a solventar esto ahora, terminarían cuanto antes.
Segundos después, su secretaria, tras llamar la puerta y obtener el permiso para abrirla, dejó que ingresaran las personas que la seguían. El Sr. Abumi y quien parecía ser su asistente.
– Buenos días. – saludó el Abumi de manera tajante. Se notaba su mal humor.
– Veo que no trajo a su hijo consigo. – comentó el padre de Kin imitando su tono de voz, consiguiendo que Bekko le mirara.
– Shizune, llévate a la Srta. Tsuchi a tu oficina. Te llamaré en cualquier caso. – pidió Tsunade controlando las ganas de poner a ambos hombres en su sitio.
– Preferiría que no, Directora Senju. – intervino el hombre con frialdad. – Quiero que el padre de Abumi, vea lo que le ha hecho su hijo a mi hija, con sus propios ojos.
– No aceleremos los hechos, ni las acusaciones Sr. Tsuchi. – habló con un sutil tono de aviso el padre de Zaku.
Tsunade empezó a sentir dolor de cabeza, nada más pensar que esto iba para largo. Shizune, por otro lado, giró la cabeza en dirección a la pared que daba hacia el despacho de al lado, el de Danzou.
Sakura se pasó los dedos por su frente, dispersa en sus propios pensamientos. Había notado a Karin susceptible por la mañana, habían interactuado poco a pesar de haber desayunado juntas, pero aun así… Haberla dejado sola, recordando que tuvo pesadillas continuamente durante la noche, le preocupaba. Tal vez debió hacer caso a Kakashi y quedarse en casa por hoy…
– Hablando de él… – dijo su consciencia, lo que la hizo mirar hacia dónde se sentía observada, chocando con la mirada severa del Hatake. Obviamente, estaba descontento de verse, de nuevo, desobedecido.
Una vez tomó de la máquina expendedora su paquete de aperitivos salados del pasillo, se predispuso a darse la vuelta y hacer como que tenía prisa, pero fue frenada.
– Quieta ahí. – ordenó Kakashi haciendo que ella se detuviera y encogiera sus hombros. Sakura no hizo más que hacer una mueca, dándose la vuelta, observó como el primero empezaba a andar en su dirección. – ¿Me explicas por qué estás aquí? No te hicieron en la clínica el justificante médico por nada.
– ¿No deberías estar orgulloso de que quiera asistir a todas las clases, como tutor mío que eres? – cuestionó la ojiverde con sarcasmo, incordiando con éxito al profesor.
Viendo como su alumna preferida se pasaba de lista hablando, no dudó en usar su novela para golpear suavemente la parte superior de la cabeza suya. Sakura solo cerró los ojos, arrugando la nariz y labios de manera adorable. Ante eso, Kakashi sonrió con cariño paternal, para después suspirar.
– Créeme, Sakura. Eres de las más listas, pero… – proclamó Kakashi apartando un poco el libro del cabello rosa de la Haruno para consecutivamente usar el lateral de este y empujar la frente de la última a modo de juego. – Cuando se trata de tu salud, tienes menos cerebro que una roca.
El Hatake solo sonrió ante la leve expresión de molestia que le dirigía Sakura debido a esa pulla.
– ¿Qué tal te encuentras? ¿Te duele algo? – preguntó Kakashi, este se había dado cuenta de que parecía no haber descansado bien, no hacía buena cara del todo.
– No, estoy bien. – se limitó a decir la Haruno con tranquilidad, solo estaba cansada.
– ¿Y Uzumaki? – indagó el Hatake como si nada. Sakura miró hacia un lado con incomodidad y se mantuvo callada sin saber qué decir. No quería hablar por Karin, pero tampoco podía decir que se encontraba bien sabiendo que ella también estaba preocupada de la misma manera.
Alejándose un poco hacia una de las ventanas del rellano de la misma planta, después de abrir la ventana para que le diera un poco de brisa en la cara, la pelirrosa suspiró.
– Lo que pasó el otro día, en el aula de 2 - B, con Karin y demás… En ese entonces yo… – Sakura dudó en continuar la frase, pero ahora mismo se encontraba sin saber qué hacer, no era fácil hablar el tema o encontrar la manera de hacerlo, tampoco de su era buena idea. No obstante, no podía seguir escondiendo información así para si misma, por más que estuviera a gusto y acostumbrada, a encontrar soluciones por su cuenta. – Ella está embarazada.
– Lo sé. – dijo Kakashi tras una pausa no demasiado larga. Sakura le miró algo extrañada, no se lo esperaba. – Nada más cruzar el umbral de la puerta de la clínica, me lo admitió. Tú ya estabas en recepción cuando lo hizo.
Sakura, sabiendo eso, se sintió solamente un poco más tranquila. Kakashi decidió omitir el detalle de que él pagó con su dinero los gastos de la pelirroja en la clínica.
– ¿Eso te preocupa? – preguntó el Hatake metiendo la mano que no sujetaba su libro en el bolsillo del pantalón. Bajando levemente su mirada amatista, percibió como su alumna apretaba con una mano, el marco de la ventana.
– No solo eso, también me molesta… – afirmó ella solo para si misma.
– Le robaron todo el dinero que tenía para abortar. – explicó la Haruno con decepción y controlada rabia. – No le quedó otra que acudir a Zaku, a pesar de lo que le hizo.
Kakashi tensó la mandíbula de la incomodidad, no le gustaba hablar del tema, pero qué remedio. Al menos, la pelirrosa le estaba aclarando lo que no ayer y lo de ese día.
– Podría haberme pasado a mí… – reflexionó ella con amargura. – El mismo cuento, protagonistas distintas.
– ¿Detuvieron al tipo del desguace? – preguntó de la nada con curiosidad, haciendo que el profesor alzara una ceja.
– ¿Qué tipo? – quiso saber Kakashi.
– ¿Llamaste a la policía, no? Al marcharme con Karin de ahí vimos pasar un coche patrulla, supuse… – dijo la Haruno con confusión. A su tutor no le quedó otra que pasar la lengua por el interior de sus labios con molestia. Poco después Sakura recordó que solo le había dicho dónde se encontraba y que lógicamente, tras colgar y encontrarle después de camino a recogerla, no se lo comentó. – Perdón…
Tras escuchar esa innecesaria disculpa, el Hatake volvió a ablandar la mirada.
– No te disculpes, enana. – dijo finalmente él volteando su cuerpo para encarar el pasillo y a su vez, retirando su mano del bolsillo y dejar esta encima de la cabeza de Sakura, despeinándola un poco con cariño a propósito. – Ahora cómete el almuerzo. Te veo en clase.
Arreglándose su cabellera fácilmente con una simple, aunque genuina sonrisa debido a su profesor, tomó de nuevo su almuerzo que reposaba encima del apoyo restante de la ventana y empezó a andar por el pasillo distraídamente, metiendo una de esas galletas, en su boca.
– ¡Ei, Sakura! – dijo Tenten nada más verla a punto de bajar por la primera escalera, llegando con Ino y Temari. – ¿Dónde te habías metido?
– Con Kakashi. – respondió ella avanzando hacia sus amigas tras masticar y tragar la comida en su boca.
– Okey~ ¡Bueno, pues vamos con los demás! – exclamó con ánimo Tenten.
Dejando que Temari y Tenten les avanzaran varios pasos, Ino aprovechó para colocarse al lado de la Haruno. Rascando con la uña de su pulgar la yema de los dedos de su otra mano, debatió mentalmente si preguntarle a su amiga, lo que había ocurrido.
No se cansaría nunca de afirmar esto, pero era quien de todos, parecía conocerla más. Solían contárselo todo y aun así… Había una duda que le aceleraba el ritmo de su corazón y dependiendo de la respuesta, quedaría indignada o no, no solo preocupada. Nada más verla ingresar en el aula, notar su brazo vendado y demás cambios, se le vino a la cabeza lo sucedido aquella vez con el Abumi. ¿Habría sido él? No quería creer eso, pero…
– Te aparecerán patas de gallo si no relajas tu cara, cerda… – se animó a decir Sakura.
– Micro hobbit con frente kilométrica… – insultó instantáneamente de vuelta, a modo de broma la Yamanaka. Sakura disimuló una sonrisa mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su mejor amiga a la vez que entrelazaba sus brazos con el de la última, sin dejar de andar. – Ese peinado te quedaría todavía mejor con la diadema que te compraste el otro día.
– ¡...! – reaccionó de pronto la pelirrosa frenando de golpe, Ino la miró con prisas.
– ¿Qué? – no dudó en decir Ino suspirando debido al susto por la reacción de la primera.
– Me dejé el teléfono en clase. – informó Sakura separándose de Ino rápidamente.
– Te acompaño… ¡Chicas, ahora venimos, Sakura olvidó algo! – dijo Ino sacando la cabeza por el agujero de la barandilla de las escaleras, no tardaron en escuchar la respuesta de Tenten con un corto y alto ¡Vale!
Al deslizar la puerta sur de su aula, ahí dentro ya escucharon voces, era normal encontrarse con que hubiera gente almorzando dentro, solo que solo estaban Sai y Naruto. El último sentado al borde de su pupitre de cara a la pizarra y Sai de pie con su teléfono en la mano, al verlas, los dos voltearon la cabeza para mirarlas interrumpiendo su conversación.
Ino fue la única que hizo una mueca de disgusto, pero a regañadientes, siguió a su amiga hasta su mesa, para enseguida ponerse a buscar su teléfono. El silencio era incómodo para los dos únicos rubios y el pelinegro en la sala. Ino se negó a dirigir la mirada al Shimura, sabiendo que este la miraba fijamente como una estatua de arcilla y el Uzumaki, obvio tenía que estar mirando a la Haruno. La rubia no hizo más que suplicarle mentalmente a su mejor amiga que se diera prisa.
– No me respondiste… – habló Naruto hacia Sakura. Esta levantó la mirada de su mochila tras cerrar la cremallera, aunque enseguida volvió a lo suyo y se predispuso a dejar su bolsa dónde estaba. – ¿Qué le pasó a tu cabello? ¿Lo cortaste?
– Eso, tendría que ser obvio Naruto… – comentó con una mueca de asombro fingido ante tal pregunta tan… tonta. Naruto miró a Ino confundido, también algo irritable. – ¿Solo te preocupa que se haya cortado el cabello, en serio?
Mirando molesta el ojiazul, Ino se cruzó de brazos impaciente. – Hombres…
– Solo fue una pregunta… – comentó por lo bajo Sai encontrando divertida e innecesaria la reacción de la Yamanaka.
– ¿Algo que decirme, Sai? – se apresuró a contraatacar con prepotencia ella manteniendo su postura. Sakura, hizo el esfuerzo de disimular que volteaba los ojos por fastidio. Esto era un drama innecesario.
– Pues a decir verdad sí ¿Por qué te metes en lo que no te importa? A veces es mejor mantenerse callado. – declaró Sai haciendo uso de su iracunda sonrisa falsa hacia Ino, que soló exhaló sonoramente con la boca a propósito.
– Veo que se te ha grabado en la memoria esta frase, como te la dicen a menudo… – se burló la Yamanaka con una enorme sonrisa a la par de forzada que la del pelinegro, el cual pareció que su cara se crispaba. – En todo caso, lo mismo te digo, Shimura.
La mueca de disgusto del pelinegro fue algo obvia, no lograba disimularla. Parecía como si le hubieran pegado un moco.
– Fue un cambio de última hora. – cortó Sakura guardando su teléfono en el bolsillo de la sudadera de Sasuke para a continuación recolocar con esa misma mano su cabello detrás de las orejas, optando que era mejor responderle a Naruto para que dejara de insistir con ello. – Nada más.
No es que Naruto no se hubiera percatado de lo demás, pero es solo que lo único que se le ocurrió decir nada más verla fue eso. Recordaba a Sakura casi siempre con su cabello largo y liso, parecido al de su madre, al igual que brillante. Le gustaba verle la semejanza.
– ¡Hola, Naruto! – dijo Shion apareciendo de la nada en la habitación, brincando hacia él hasta llegar a su lado. El mencionado no volteó a mirarla, sabiendo que se encontraba la Haruno en la habitación nada más entrar, de alguna manera debía conseguir acaparar su atención. – ¿Vamos al patio? Preparé almuerzo para los dos. ¡Ah! Hola, Sakura… y … No os vi.
Shion hizo como que no se daba cuenta de la mirada de Ino, aunque la verdad, le daba más grima que usara ese tono de voz infantil, queriendo aparentar ser adorable al extremo. Era como tragarse una cucharada de miel y azúcar a la vez. – ¿Vamos?
Paseando por el pasillo mientras cargaba contra su pecho su almuerzo, Hinata estaba por acercarse al aula. Sin tardar en escuchar a Shion saludar a Naruto, avanzó más rápido únicamente para ver como la rubia levantaba su grande bento hacia él.
– ¡Sakura, espera! – exclamó Naruto levantándose con prisas para ir a dónde ella para tomarla de su muñeca o casi mejor, intentarlo. Cosa que no logró, ya que ella por acto reflejo se apartó. Aun así, optó por girarse.
Queriendo intervenir, Shion avanzó hasta dónde Naruto y a propósito, fingió tropezarse con la pata de una silla, haciendo que su cuerpo trastabillar hacia el rubio, quien al escucharla a su lado y verla como ella se sujetaba de su brazo, no hizo más que distraerse, dejando que Shion se amarrara a él para evitar caer del todo sin tocarla. Solo se apoyó a la mesa más cercana debido al impulso.
– ¡Ouch! – musitó la Fuji mientras mantenía una mano agarrada a la blusa de Naruto con fuerza. La postura en la que estaban ambos era algo comprometedora, parecían estar abrazados y estaban muy cerca.
– Shion… – pronunció el Uzumaki mirándola con algo de molestia.
– Creo que al chocar me di en el tobillo… – añadió la Fuji poniendo en punta el pie que había colisionado con el mueble.
Con facilidad, Naruto tomó el brazo de su compañera de clases y separó este de si, apartándose de ella solo para ver como Ino terminaba por desaparecer por el ángulo de visión hacia la puerta, obviamente acompañada de Sakura.
– ¡Oh, no…! Naruto, lo siento… Tu gabardina. – se disculpó Shion, si es cierto que había actuado a propósito, pero digamos que ella también se despistó. No se acordó que ella sujetaba el almuerzo que había traído.
– ¡Joder, Shion! ¡¿Por qué hiciste eso?! – declaró el ojiazul tomando la prenda por alrededor de la enorme mancha de salsa y demás.
– Yo… , pero sí yo… – respondió la rubia inquieta ante esa inesperada reacción.
Las pupilas de Hinata se ensancharon con gracia a la vez que una diminuta sonrisa de burla y satisfacción aparecía en su rostro. De todas maneras, rápidamente la borró. Mirando como el rubio se marchaba de ahí completamente molesto, seguido de Sai, lógicamente… La Hyuga mentalmente agradeció la intervención de su compañera de clase. Seguir a Naruto ahora no era buena opción, de alguna manera encontraría la forma de dar con la forma de hablar con él, creía que después de lo ocurrido en el hotel con su padre, querría espacio y era entendible, este último había sido un tanto cruel con sus comentarios y se sentía culpable, además de algo avergonzada.
Regresando la mirada a Shion, la cual estaba agachada recogiendo restos de comida con el mantel que cubría su fiambrera con una mueca de molestia y decepción, pasó a una expresión más seria en cuestión de milisegundos. Caminando hacia ella, dejando su comida en su propio pupitre, se agachó frente a ella recogiendo un pañuelo que era de una marca ostentosamente cara y como si nada, se dedicó a colaborar en la labor.
Shion levantó su mirada para mirar a la pelinegra frente a ella, no pudo evitar morderse con incomodidad el interior de su labio inferior hasta que sus ojos violetas cayeron en cuenta de lo que la Hyuga estaba haciendo.
– ¡¿Qué demonios haces?! ¡Esto es un pañuelo de edición limitada! – se quejó Shion escandalizada recuperando el complemento de las manos de Hinata , mirando con horror las manchas de este, la tela era frágil.
– No lo sabía, lo lamento. Solo trataba de ayudarte… – se excusó falsamente Hinata lamiéndose los labios y mirando hacia los pocos restos de comida que aún restaban en el suelo. Un buen festín para dos desperdiciados o era mejor dicho, el buen festín para la Fuji y Naruto. Colocando su vista en el supuesto pie adolorido de Shion, la pelinegra se limitó a comprobar que su compañera de clase, fingía. – ¿Todavía te duele el pie?
Shion miró contrariada a la Hyuga nada más escuchar esa pregunta por su parte, no le quedó más remedio que recapitular su trola. Esta no apartaba la mirada de sus piernas, aunque poco después volvió a mirarla con atención.
– En la enfermería hay hielo. Te acompañaré ahí. – dijo Hinata mostrando una sonrisa tímida hacia la rubia.
– En verdad, no hace falta… – respondió ella forzadamente escondiendo el desagrado que le tenía a la muchacha, animándose a corresponder su sonrisa de la misma manera. – No es muy grave.
– Insisto, Shion. Fuiste la única que se preocupó nada más verme con las heridas de mi accidente. – proclamó la Hyuga juntando sus manos en el pecho mostrando mucho interés en demostrar que su acto salía del corazón. – Dijiste que somos amigas ¿No?
La rubia apretó los dientes y finalmente inspiró aire. – Está bien, te lo agradezco de corazón.
Ambas se dirigieron en silencio hasta la enfermería, Hinata sin moverse del lado de Shion, mirando cada dos por tres su pie, aunque unas tres veces lo compaginara con otra sonrisa tímida.
Fue Shion la que cerró la puerta a la vez que comprobaba que la habitación estaba desolada. Mirando la espalda de la Hyuga en lo que ella se dedicaba a abrir compartimentos en busca de lo que necesitaba. La escrutó con la mirada de arriba a abajo sentándose en una de las camas, hasta que la morena se dio la vuelta.
– Tendré que ir al laboratorio a ver si encuentro o llamar a un profesor. – avisó Hinata en lo que Shion negaba con la cabeza viendo como la primera ya se predisponía a irse tan campante.
– Deja la tontería, Hyuga. – interrumpió Shion con burla, sin dejar que la susodicha avanzara ni dos pasos. – Entiendo que sabes que lo fingí, pero ¿Para qué seguiste con la farsa?
– Dijiste que te dolía. – respondió Hinata con facilidad e inmediatez, Shion solo se dignó a alzar las cejas y estirar sus comisuras con burla.
– Ya, claro… – dijo la Fuji inclinándose hacia atrás con sus manos y moviendo perfectamente su pie. – Seguro que te lo creíste de la misma manera que la vez que te dije que somos amigas ¿Verdad?
Hinata tragó saliva y se mantuvo callada.
– Para serte honesta… Amiga. – soltó Shion de la nada, cansándose enseguida de su postura y seguidamente levantarse con impulso para dar pasos hacia Hinata y pasar a la espalda de esta.
Cuando Hinata se volteó para encararla, ella ya estaba apoyada contra la encimera, con las manos detrás de ella.
– Actuando de esta manera, no haces otra cosa que hacerme pensar que verdaderamente eres más estúpida de lo que usualmente ya sueles demostrar que eres. – insultó con una mezcla de inocencia y diversión diversión. Hinata arrugó en el entrecejo e hizo puños con sus manos, acción que la Fuji no pasó por alto. – Supongo que debe doler demasiado el hecho de que te ghosteara.
– Él no me está ignorando. – declaró Hinata con seriedad. Shion la miró de arriba abajo con impasibilidad.
– Al final te cansaste de esconder tu verdadera faceta, bien… ¿Tardarás mucho en soltar lo que piensas? – vaciló la rubia jugando con el tapón del objeto que sujetaba con sus manos en su espalda.
– Naruto y yo estamos liados. – Shion apretó los labios y achicó su mirada hacia la pelinegra.
– ¿Y? – contestó la primera alzando el mentón al hablar, como si quisiera acercar su rostro al de la Hyuga por un momento. Esta última no se dejó intimidar del todo, no le gustó esa respuesta.
– Estás más que equivocada, si crees que voy a dejar que te entrometas entre nosotros dos. Amiga… – imploró Hinata sin dudar en avanzar hacia Shion, invadiendo su espacio personal con frialdad, mirándola atentamente. – De verdad no quieres saber de lo que soy capaz de hacer, para no dejarte ni siquiera plantearte ser la rival que intentas presumir que eres. Piensa bien lo que te conviene.
Las dos se retaron con la mirada por poco más de un minuto, hasta que parecía que Shion flaqueaba su frazada de superioridad con un mísero pestañeo que usó para mirar hacia un lado. La rubia podía sentir como Hinata inspiraba continuamente y para que negarlo, su mirada gris claro llegaba a ser un tanto perturbadora, solo por eso prefirió mantenerse callada momentáneamente mirando como se apartaba nuevamente.
– Tú también deberías tener en cuenta algo… – habló finalmente Shion nada más notar como la pelinegra parecía estar dispuesta a marcharse por la puerta. – Y es que arruinaste a posta mi pañuelo.
– ¿Y? – se atrevió a decir demostrando poca importancia a lo que le decía. Es más al decirlo, había imitado el tono de antes de Shion para sentir que quedaban a mano.
– Supongo que no te importará que le diga a mi padre que mi supuesta amiga, Hinata Hyuga, hija de un socio y amigo de él, ha ensuciado algo que cuesta decenas de miles de yenes… Por propia voluntad. – vaciló de nuevo Shion haciendo que Hinata quedara estática. – Me pregunto que te diría tu papito… Ya sabes, ahora que huiste de casa sin un duro…
Shion sonrió satisfecha de nuevo y trajo las manos de vuelta a cada lado de su cuerpo. Sabía que la Hyuga no iba a darle el lujo de mostrar su derrota en esta discusión, pero realmente deseaba verla.
– Creo que quien debería pensar bien lo que le conviene eres tú… ¿No crees? – insinuó la Fuji, logrando fácilmente lo que quería. La chica frente a ella parecía a punto de desbordar de los nervios, para mala suerte de esta, no había terminado. – Siempre me han encantado los postres con nata y sirope como postre…
Hinata no sabía como Shion se habría podido enterar de que ella había huido de casa ¿Se lo habría dicho Neji a alguien? ¿Hanabi? Tal vez su padre… ¿Se sabría por el campus?
No era sirope, pero el iodo serviría perfectamente para lo que tenía pensado hacer.
Sin que la pelinegra se lo esperara, dado que parecía enfrascada en sus propios pensamientos, apretó el envase con fuerza haciendo que un chorro marrón fuera a manchar directamente en el uniforme de la Hyuga descaradamente, la cual no se lo esperaba, creando un notorio despilfarro en el suelo también.
– Además de recordar lo último que te he dicho, dice el dicho de "Ojo por ojo… " Ya sabes como continúa ¿Sí? – zanjó Shion, volviendo a sonreír juguetonamente todavía con la botella de iodo en la mano mientras se acercaba a Hinata, la cual al tocarse la camisa de su uniforme se había manchado las manos y esparcido más la suciedad, para detenerse justo a su lado. – Estuvo entretenida la charla.
Tras tirar la botella en la papelera, la Fuji abrió la puerta y la volvió a cerrar una vez cruzó el umbral sin molestarse en dedicarle otra mirada más.
Shion miró a la persona apoyada a la pared del pasillo justo al lado de la puerta con tranquilidad. Toneri descansaba su espalda contra el muro con las piernas algo inclinadas y cruzadas entre si, manteniendo los brazos cruzados.
– Su idea, tampoco es del todo mala… – meditó la rubia pestañeando sin mostrar culpa o arrepentimiento sobre lo que acababa de hacer.
Tras mirarse mutuamente brevemente, acto seguido el albino se separó de la pared y caminó hacia la rubia, la cual sin pensarlo dos veces le ofreció un objeto y seguidamente dar media vuelta y alejarse de regreso al aula mientras que Toneri escondía el objeto en su bolsillo trasero de sus pantalones y se iba en dirección contraria como si no hubiera escuchado nada, a pesar de que su mirada reflejara enfado.
– No me decanto por decidir quién de esos tres es el más payaso… – pensó el Otsutsuki apretando con fuerza el objeto dentro de su bolsillo e instantes después retirar su mano. Nada más pensar en ese rubio de pacotilla, se mentalizó recordando su plan.
Chouji, Shikamaru y compañía se quedaron viendo un poco asombrados a la cantidad de bolas de arroz y carne estofada que permanecía en la bandeja de Sasuke, quien estaba con sus auriculares puestos, capucha de otra de sus muchas sudaderas tapando gran parte de su pelo azabache, masticando tan campante e indiferente.
Juugo a su lado, estaba prácticamente igual, aunque todavía más comida reinaba en su bandeja. Era como prever una competición de tragones y eso que la comida de la cantina tampoco es que fuera de la mejor. Mientras que Suigetsu a su lado, con más refresco que actual comida en su bandeja, se dedicaba de nuevo a voltear el envase de pomada que sabía que Karin usaba.
– ¿Intentando entrenar para un concurso de comida o algo, chicos? – cuestionó Lee por los demás, a pesar de él también llevar una buena cantidad de comida para almorzar.
– No desayuné. – explicó Juugo mientras abría fácilmente su lata de refresco. Acto seguido todos los pares de ojos se colocaron en el Uchiha, quien absorto, una vez levantó la mirada con la boca llena con una onigiri ya mordida se quedó quieto.
– ¿Qué? – habló él con algo de intimidación. Se había puesto los auriculares para que nadie le hablara, aparentando escuchar música, pero parece que ni así.
– Veo que no te importaría dejar sin segundo plato a medio campus. – comentó sarcásticamente Shikamaru acomodándose en el asiento que eligió de la mesa. El Uchiha miró su bandeja aun masticando ¿Qué había de malo? El Nara como respuesta solo recibió una mirada que se podía describir como que a Sasuke le daba igual.
– El equipo de Kendo tiene una competición este viernes contra otro instituto, hoy seguramente habrá un intenso entrenamiento. – habló Juugo nuevamente por su amigo, quien apenas se había limitado a quitarse los auriculares.
– ¿Tú no vas a participar, Suigetsu? – preguntó Chouji metiendo comida en su boca con sus palillos. El mencionado ni se percató de que se le hablaba, en su cabeza solo reinaba las posibles opciones sobre cierta pelirroja.
Karin no había regresado a la residencia ayer y era raro, pero no más raro que tampoco se hubiera presentado en clases. Ni otra llamada, ni mensaje, nada. Ni a Juugo ni a él. Si es cierto que este último tenía buenos puntos de vista en cuanto lo que podría estar sucediendo y aunque ahora mismo tampoco es que se dedicaran a enviarse mensajes como era lo típico desde lo ocurrido, responder cualquier cosa esencial no le habría hecho que la ignorase. Estaba molesto, claro… , pero era costumbre que a los pocos días todo volviera como siempre.
En lo que Kiba se acercaba junto a Neji a la mesa, viendo como Chouji estaba por repetir la pregunta de nuevo hacia el albino, Sasuke le dio un codazo al brazo del último para que escuchara.
– ¿Qué? – pronunció Suigetsu en lo que salía del asombro, bajando la mano que sujetaba la pomada encima de la mesa mirando hacia todos los que estaban ahí.
– Te están hablando. – dijo Sasuke indicando al Akimichi con la cabeza, para después volver a prestar atención a su comida. Cuando el Hozuki miró al castaño, antes de que el moreno pudiera abrir la boca, en lo que Kiba dejaba la bandeja en la mesa, este interrumpió la conversación.
– ¿Por qué llevas una pomada para el herpes? – preguntó como si nada Kiba mirando a Suigetsu, asombrado a todo el grupo. Hasta Sasuke giró la cabeza hacia él. En la mesa se instaló un silencio incómodo y mientras todos miraban con curiosidad a Suigetsu, este iba ganando un pronunciado rubor en sus mejillas.
– Ehm… Heh, esto… No es mía. – respondió el Hozuki escondiendo con lentitud y nerviosismo, la pomada de vuelta al bolsillo de su pantalón.
– Si te ha salido uno no te preocupes, no eres el único… – explicó Kiba como si nada haciendo que ahora todos le miraran a él de la misma manera, entendiendo de sobra que se había expresado mal al no terminar de hablar. – Quiero decir, he oído por ahí que varios tíos están igual, sufriendo en los baños… También se lo escuché de un par de chicas de primero. Así que, quién es la muchachona… ¿Hm?
– Ya dije que no es mía. – repitió Suigetsu mirando inquisitivamente hacia Kiba, quien solo sonrió con picardía. Estaba bromeando.
– Uhuh… Ya, entonces… ¿de quién? O tal vez, ¿Para quién? – consultó el moreno ensanchando su sonrisa juguetona. Suigetsu abrió la boca bien dispuesto a responder, pero entonces recordó el estado de ánimo de la Uzumaki últimamente, no quería echar leña al fuego. Esa pausa de su parte casi causa una risa a Kiba.
– Oye colega, ya te he dicho que no debes preocuparte y repito no eres el único que tiene sus partes adoloridas ahora mismo, al menos te lo cuidas, que es importante… – comentó el Inuzuka con gracia, sacando alguna que otra sonrisa socarrona en los del grupo y a su vez, disfrutando como a Suigetsu le temblaba el entrecejo debido al incordio.
– ¡Cállate Kiba! ¡Mi pene está perfectamente! ¡¿Quieres que te lo muestre?! – exclamó el Hozuki quizás más alto de lo que debería, ya que varios estudiantes de otras mesas giraron sus cabezas para mirar hacia ahí. Algunas chicas dejaron escapar unas risitas.
– Esta es la razón por la que más de una vez no queremos comer con ustedes… – dijo Temari cuando se plantó en el lateral de la mesa cargando su simple bolsa de galletas de arroz, junto a una Tenten sorbiendo un zumo. Ambas miraban el grupo sin estar sorprendidas. – ¿Cuál es vuestro afán por querer hablar de estas cosas tan a menudo?
– Ei, ei… Temari, que solo se trata de cotilleo ¿No te alteres, vale? Que de Shikamaru no hay que preocuparse, a ver… Supongo… – bromeó de nuevo Kiba tras girar su rostro para mirarla al hablarle, ganándose una sonora colleja en su cabeza por parte de la rubia que le inclinó esta hacia adelante, dejándole sujetándosela.
Toda la banda siguió almorzando como si nada, hablando y bromeando entre si. Hasta que Neji volvió a chocar miradas con un par de chicos que no dejaban de mirar hacia su mesa. Uno de ellos con un parche en la cabeza. Parecían mirar fijamente y de mala manera a las chicas, concretamente a ¿Tenten?
– ¿Conoces a esos, Tenten? – habló el Hyuga llamando la atención de su amiga, quien estaba sentada a su lado al borde de la mesa. Shikamaru y Chouji habían cambiado lugares, para que el primero y su novia estuvieran juntos. Tanto la Ama como la Sabaku giraron sus cabezas para ver de quienes hablaba el primo de Hinata, topándose con los que Sakura ahuyentó el otro día en el aula 2 - B.
– No... – respondió ella volviendo a girar su torso a la vez que movía su cara de lado a lado a modo de negación.
– ¿Segura? Llevan rato mirándote… ¿Te están acosando o algo? – añadió Neji cambiando a un semblante más serio en lo que volvía a dirigirles la mirada a los chicos.
– Lo más probable es que no la estén mirando a ella o a mí… – aclaró Temari sacando otra galleta del paquete. Neji la miró esperando una mejor explicación. – Saben que somos amigas de Sakura, después de lo del otro día con el tema de los robos y demás…
Sasuke levantó la cabeza nada más escuchar el nombre de su novia, decidiendo escuchar atentamente a la conversación.
– Esos van a nuestra clase ¿A que sí, Juugo? – sumó Suigetsu levantándose levemente para ver de quienes hablaban mejor, a este último no le hizo falta y con nada más mirarles, asintió, pero no les quitó el ojo de encima.
– ¿No es ese tipo uno de los que incordiaba a Karin ese mismo día? De los primeros que la acusó de no se qué… – describió el grandullón. Suigetsu cambió su expresión de confusión a una de cabreo.
– Acusarla es poco. – corrigió Temari acercando la galleta a su boca.
– ¿Qué tiene que ver Sakura en esto? – dijo Sasuke de una manera demasiado intimidante, que dejó a ambas amigas de la Haruno, algo incómodas sin más remedio que dudar de si decirle o no mientras se miraban entre si.
– Sakura, defendiendo a Karin, intentando recuperar las pertenencias de esta amablemente, golpeó continuamente al del medio con su raqueta. – terminó por explicar Tenten muy resumidamente.
– ¡¿Cómo?! ¿Por? – exclamó Kiba sin acabar de creerlo.
Todos los que no estaban presentes, sabían que la Haruno se había metido en un problema ese día, pero no en la forma. Ante la reacción del Inuzuka, las chicas ya no sabían que más decir. A ellas también les sorprendió ver como de la nada, su amiga actuaba de esa manera.
– Sakura no actuaría así sin un motivo… – opinó Shikamaru asimilando la noticia al igual que el resto.
– Tampoco es la primera vez que reacciona así. – contestó Kiba inmediatamente, casi todos los que estaban ahí lo sabían y estaban de acuerdo.
– ¿Qué más motivos podría necesitar? Esos dos se encontraban husmeando la bolsa de Uzumaki y es más, dijeron un par de comentarios innecesarios a Sakura como tal de quedar bien frente al resto que solo se dedicaban a ver el espectáculo… – dictaminó la rubia algo irritada recordando la escena. – Puede que ella no me caiga bien debido a lo de su lío con Sai, pero hablando de esto como mujer, me siento indignada… Porque es más común de lo que pensáis.
– En todos lados. – añadió Tenten asintiendo a favor de lo que dijo su amiga.
Suigetsu ahora entendía todo. Sinceramente, él y Juugo solo estaban enterados de lo que esa tal Kasumi, la delegada le hizo a Karin. Recordando el aspecto y el estado de ánimo de la pelirroja debieron decaer debido a lo sucedido ¿Por eso no había aparecido en casa, en clase?
Sin darse cuenta ya se había levantado de la silla, sorprendiendo brevemente a todos menos a Sasuke, quien no levantó la vista para mirarlo a diferencia de los demás.
– ¿A dónde va? – preguntó Lee hacia Juugo sin obtener respuesta, al ver como el albino andaba poco a poco hasta la mesa. El grupo le siguió con la mirada y segundos después, Juugo también se levantó de su asiento con alarma.
– ¿Qué fue lo que le dijeron a Sakura? – preguntó esta vez Sasuke para las dos únicas chicas en la mesa, quienes se giraron de regreso.
Juugo ya se había alejado de la mesa para seguir a Suigetsu cuando Temari recitó, no literalmente, lo que uno de esos tipos dijo.
– ¡Eh, tú! – exclamó Suigetsu ya a tres pasos del chico que se giró junto al otro nada más para verse agarrado del cuello de su polo y levantado por la fuerza.
– ¡Ei, pero qué…! – musitó el chico abrumado agarrándose de las muñecas del Hozuki para intentar liberarse sin ayuda. La multitud de la sala pronto empezó a prestar atención.
– ¿Pero qué te ocurre? ¡Tío, suéltalo! – intercedió el amigo del chico, consiguiendo apartar a Suigetsu de un empujón, que solo consiguió avivar más su ira, aunque pronto se vio violentamente empujado con fuerza contra la mesa por este, sin ver como su colega era nuevamente agarrado igual que antes.
Gente empezaba a acercarse y a rodear la zona, demasiada gente para el gusto de Sasuke quien optó por levantarse y empezar a andar hacia la multitud llamando la atención de los de la mesa, quienes le imitaron, aunque a Shikamaru le daba demasiada pereza.
– ¿Qué está pasando? – saludo Naruto apareciendo de la nada ahí junto con Sai. El primero sin la gabardina. Shikamaru le miró en silencio, debatiendo si contarle, pero aunque quisiera no tuvo la oportunidad, ya que al ver como cierto Uchiha avanzaba hasta el lugar escuchando la voz de Juugo llamando a Suigetsu, se vio avanzando rápido hasta allí. Chocando a propósito su hombro con el pelinegro, se hizo pasar entre la gente.
– ¿Te divirtió ridiculizar a mis amigos? ¡¿Huh?! – habló de nuevo el albino sacudiendo al tipo continuamente además de apretar el cuello del polo demasiado fuerte, haciéndole daño a propósito. – ¡¿Quién coño te crees que eres, hijo de perra?!
Viendo como el Hozuki empezaba a alzar el puño, el chico cerró los ojos esperando el golpe, disimulando como pudo el miedo y respeto que le tenía a él debido a los rumores que circulaban por ahí. No esperaba ser liberado abruptamente, al volver a abrir los ojos, se encontró con que Naruto Uzumaki era quien había arrollado al primero con violencia lejos de él.
– ¿Qué crees que eres tú, Suigetsu? – se atrevió a sonsacar Naruto mientras miraba severamente como el mencionado se incorporaba del suelo.
Apartando el intento de ayuda por parte de Juugo con molestia, el Hozuki no dudó en volver a acercarse con prisas hasta el muchacho siendo interceptado por Naruto.
– No te metas, Naruto. Esto no va contigo. – impuso Suigetsu esta vez usando más fuerza de la necesaria y empujar al rubio contra otros alumnos. Dos chicas chillaron espantadas cuando el último casi cae entre ellas, mientras que algunos otros hablaban entre si.
– ¿Qué es esto una competición de a ver quién empuja más lejos al otro o qué? – pensó el Nara hastiado, no estaba sorprendido del comportamiento de estos dos, pero por qué tenía que meterse el rubio en medio. Escuchando quejas de otra gente que parecía querer cotillear y ver lo que ocurría, más algunas voces que mostraban descontento y empujaban detrás de él, se percató de que Sasuke acababa de plantarse a su lado. – Mierda…
Cuando escuchó a Temari jadear, enseguida volvió la mirada al frente, solo para ver como Naruto propinaba un puñetazo a Suigetsu.
Desde el balcón de arriba de la cafetería, Toneri y muchos otros observaban lo que estaba sucediendo. Solo él se percató de que no llevaba su característica y excéntrica gabardina, aun sabiendo el porqué.
Conociendo a Suigetsu como lo hacía, este seguramente se levantaría lleno de rabia y sed de devolverle el gesto al rubio, fue por eso que Sasuke sigilosamente se acercó enseguida nada más verlo levantarse y estar a punto de saltar contra Naruto, quien tampoco mostró paciencia y empezó a acercarse con amenaza. Siendo el más rápido de los tres, Sasuke pateó una silla haciendo que esta cayera deslizándose hacia enfrente del rubio inesperadamente, ocasionando que tropezara al suelo fácilmente. Más de uno hizo una mueca por el golpe que se llevó el Uzumaki, quien soltó un gruñido de dolor. Ya sujetando a Suigetsu de su antebrazo, lo guio hasta atrás, dónde estaba Juugo.
– Basta, Suigetsu. Basta. Tranquilo… Tranquilo, amigo. – calmó el grandullón sujetándolo para que no lo volviera a intentar. – No vale la pena.
Con una sola mirada seria, Sasuke logró que el Hozuki tomara aire a pesar de todavía estar insatisfecho y lleno de ira, cosa que él comprendía de sobra. En lo que volvía a colocar cada una de sus manos en sus bolsillos, el pelinegro se volteó para encarar a su mejor amigo con advertencia. Naruto le correspondió de la misma manera, levantándose del suelo con molestia. La caída le había hecho un poco de daño.
– ¡Joder, Hozuki! ¿Todo esto por la estúpida de Karin Uzumaki? – se quejó impulsivamente el chico que estaba a punto de ser golpeado por su compañero de clase.
Fue ahí cuanto más de uno se dio una palmada en la cara mentalmente. Naruto agrandó los ojos ante lo que acababa de escuchar.
– ¿Qué? – pensó él confundido.
– Era la última que se vio salir del aula el día de los robos ¡Solo estábamos intentando comprobar que no era la ladrona! – añadió histérico el chico, lo que hizo que la gente volviera a hablar entre si.
Naruto quedó en shock al recordar su travesura, su relación con el tema, con el problema.
– Por la fuerza. – dijo Sasuke de la nada, llamando la atención de todos. – ¿O no?
Las palabras del Uchiha fueron tomadas por sorpresa por el compañero de clase de Suigetsu, Karin y Juugo. Tampoco dijo nada para negarlo.
– ¿Qué tal si cierras un poco esa linda boquita? – pronunció Sasuke con amenaza ladeando la cabeza levemente de forma inquisitiva, logrando descolocar y espantar a los dos tipos gracias a su mirada. Esas palabras le resultaban familiares. – Qué más dijiste…
"Ni aunque me lo pidas de rodillas o a cuatro patas te la daría"
El tipo tragó saliva cuando vio como el Uchiha avanzaba unos cuantos pasos, pasando de largo del rubio, que observaba el desenlace todavía confundido con una mueca de fastidio. Frenando solo al llegar al centro de su campo de visión, el malhechor agradeció de que el pelinegro decidiera mantener la distancia, a pesar de que con solo decir eso, ya sonara a amenaza.
Cabía recordar que el pelinegro salía con Haruno y que Karin, se avenía con los colegas de este y que también era prima de… Sabiendo de lo que Sasuke Uchiha era capaz, queriendo defender a su novia, hablar de más sería terminar como Dosu Kinuta en los baños.
– Vamos. – propuso él con temor, invitando a sus amigos a alejarse de ahí y de la multitud.
Sasuke se quedó viendo como el grupo se retiraba de la cafetería con enfado, le habría gustado darles una lección. Obvio. No obstante, no quería meterse en líos. Especialmente con Naruto. Sabía lo que eso implicaba en Sakura. Por eso se limitó a eso.
Volviendo a girarse, encaró al Uzumaki quien saliendo de sus pensamientos, enseguida cambió su rostro a una expresión seria, prestándole atención, ya que sospechaba que iba a decirle algo. – A la próxima no me meteré en medio para detenerlo.
Shikamaru se acarició la nuca incómodo, mientras que el resto del grupo les miraban callados, la multitud ya empezaba a regresar a lo suyo. En cambio, Toneri… Este solo se apoyó atento para estudiar mejor a Naruto, sonriendo enigmáticamente.
– Canalla prepotente… – insultó internamente el rubio completamente tenso, a diferencia del pelinegro, quien se postraba impasible. Parecía que solo planeaba incordiar y sabía perfectamente como. Quería evitar que Sasuke se entrometiera, sospechando como podría terminar todo, pero esto culminó igual de todas formas. Suspirando nasalmente lleno de despecho, tras relajar su mandíbula creyó ideal responderle de la misma manera. – Bien.
Apretó los puños cuando Sasuke apenas alzó las cejas con altanería para seguidamente dirigirse hasta Suigetsu y Juugo, a quienes indicó que le siguieran. Un mal sabor le llegó a la garganta cuando escuchó algunas risas femeninas.
– Sasuke estuvo genial ¿Verdad? – susurró una de ellas.
– Joder… – pensó el rubio con fastidio. Volviendo a pensar en lo que se había dicho en cuanto a Karin, algo de culpa se le echó encima. Ella estaba ahí antes que él, esperando a ver si había suerte en que el aula quedara desolada. – Ella no estaba con ellos…
– ¿Hablaste con Karin? ¿Estuviste procurándola? – recordó con la voz de su padrino el Uzumaki. Había metido a la pelirroja en apuros. Rascándose la cabeza con molestia, teniendo que reacomodar su bandana en la frente después, paró en seco cuando al mirar hacia arriba en las escaleras, parada contra la baranda junto a Ino, se encontraba Sakura mirándole fijamente.
Lo había visto todo.
Viendo la decepción del Uzumaki, divirtió en sobremanera al Otsutsuki que con una última mirada hacia la pelirrosa que tenía cautivado a Naruto y encelada a su prometida, se volteó para evitar que le pillaran observándoles. – Creo que ya sé por donde avanzar…
Rin tomó su móvil para mirar la hora nada más escuchar como la puerta de la cafetería donde se encontraba tomando un café americano se abría. Comprobando que pasaban seis minutos de las doce del mediodía.
Mirei le había hecho saber que no tenía que pagar su cirugía, que el señor que la sujetó al desmayarse, por acto de bondad, preocupado, pareció quedarse en shock que hasta decidió pagar todo con insistencia.
Hacía tiempo que no había visto un acto gentil así en plena calle y sinceramente, eso le alegró, aunque fuera poco, el ánimo. El hombre anónimo le había comprado hasta unos dulces y un pequeño ramo de flores, pero sin nombre. Aunque por lo menos, saber que el hombre había dejado su número para que le llamaran en caso de cualquier necesidad, por más raro que pareciera, le sirvió para ponerse en contacto con él para agradecerle en persona. Ahí estaba.
Recordando que el hombre era sordo, para hablarle y que la entendiera correctamente, empezó a buscar su bloc de notas y un bolígrafo dentro de su bolso, mientras esperaba el hombre.
– Lamento mucho la espera, Srta. Nohara. – saludó una voz masculina que no reconocía. Levantando el rostro, se topó con un hombre de cabello rosado y corto, echado para atrás, con una barba bien peinada, perfilada y vistiendo traje verde oscuro y corbata color burdeos.
– Disculpe, yo estoy esperando a otra persona. – dijo Rin inquieta, no reconocía al hombre frente a ella.
– Lo sé perfectamente. – respondió Kizashi con una sonrisa amigable dentro de lo que cabe. – Esperas a un hombre que se llama Setsuo Nigamata, le dije que te citara aquí.
Al saber eso, la primera reacción que la morena tuvo que de recoger su chaqueta, bolso y demás, para enseguida desplazarse por el banco con la clara idea de marcharse y alejarse de ese desconocido. ¿Qué significaba todo esto?
– Mi intención no era asustarla, señorita. De verdad, solo deseo hablar sobre algo que me preocupa y para ello tenía que venir yo, en vez de Setsuo. Si me permite explicárselo todo atentamente, me haría un enorme favor. – añadió retrocediendo un paso queriendo dejar espacio en el caso de que la mujer frente a él decidiera marcharse, por fortuna, Rin pareció estar dispuesta a escucharle, pero no parecía convencida. – Setsuo le manda deseos de mejora y sus condolencias. También se las doy de mi parte.
La Nohara apretó con tristeza y molestia las asas de su bolso aún más.
Mirando como esta se quedaba quieta, Kizashi tomo esto como iniciativa y tomó asiento en el banco frente a ella, enseguida un camarero le sirvió un té matcha que se había pedido una vez pagó en la barra. – Vengo hablar de alguien que ambos tenemos el placer común de conocer. Su pareja actual, Kakashi Hatake.
– ¿Quién es usted? – preguntó sin vacilación y aparentemente tranquila Rin, mirando al hombre con discrepancia.
– ¿Quién soy? Digamos que un padre preocupado. Padre de una alumna muy querida de su novio, Sakura Haruno. – expresó el Fuji mientras movía la cabeza rítmicamente mientras decía eso. Este no ignoró la inercia de Rin en alzar su mirada hacia su peculiar y notorio tono de cabello. – Ya, supongo que mi cabello lo decía por si solo. ¿Le ha hablado Kakashi de mí?
– No, realmente no. – admitió Rin subiendo una pierna encima de la otra sin poder evitar mover el pie de arriba. Era cierto. El Hatake vagamente había entrado en mucho detalle sobre el padre de su alumna y raro le parecía. No podía evitar sentir cierta curiosidad, más allá de lo poco que sí sabía.
– Lástima por usted, aunque no me sorprende. – habló Kizashi tan campante, moviendo la taza de manera circular para que su bebida se removiera sola sin verter nada en el mantel con experiencia. – Digamos que no nos llevamos peculiarmente bien, pero eso es otra historia para otro día si quiere. No vine aquí para hablar de eso, sino para hablar de algo que me preocupa. Para pedirle ayuda. Creo verdaderamente que es usted la única a quien puedo acudir o por lo menos, poner al corriente.
– ¿Poner al corriente? ¿Al corriente de qué? – meditó Rin internamente permaneciendo en silencio. Entonces entendió. – Esto no solo va de Kakashi, también de su hija, Sakura.
– Bingo. – halagó el Fuji sonriente antes de llevar la taza de porcelana hasta sus labios con etiqueta tradicional nipona y sorber por un segundo. – Pero… ¿Por qué noto un ligero tono de despecho hacia ella al pronunciar su nombre?
– Son imaginaciones suyas. – expresó Rin con una leve sonrisa forzada tras toser para recomponerse.
– Verá, no estoy muy conforme con la complicidad y cercanía entre mi hija y su profesor, señorita Nohara. Como ya le hice saber, no me llevo demasiado bien con él. – sumó Kizashi después de dejar la taza de vuelta y recostarse en el respaldo de su asiento. – Seguramente le habrá contado pequeños relatos de mí como padre, eso no lo dudo. Puedo reconocerle aquí y ahora que no he sido, el mejor de los padres con mi segunda hija. No me fue fácil, pero ahora, tengo una familia por la que lucho y Sakura… es de mi sangre, mi hija. Quiero corregir mis errores, enmendarlos cueste lo que cueste y aun así, Kakashi se mete en medio impidiéndome lograrlo. Es aterrador y molesto ¿Sabe? Casi que no puedo comunicarme con ella, es como si él le hubiera puesto un manto en sus ojos.
Rin miró hacia la mesa con inquietud, sabía que entre su novio y su alumna había un fuerte lazo de hace años. Había cariño y…
– También me preocupa ¿Sabes? Me perturba la posibilidad de que haya sentimientos de por medio. – informó el hombre con una mirada ausente. – Amor. Pasión. Descubrir que Hatake ha pasado más de una noche en el apartamento de mi hija desde hace años, fue un golpe duro para mí. Me hizo darme cuenta de las carencias que tuve con mi dulce flor, mi pequeña.
– No hay nada de lo que se refiere entre ellos, Sr… ¿Fuji? – contestó Rin alzando una ceja al no recordar del todo el apellido de su acompañante. Kizashi notó como ella hablaba dispersamente, parecía que se estaba intentando convencer por su cuenta, por lo menos la idea ya estaba dentro de su cabeza.
– Intenté llamar a mi hija no hace dos días y… – dijo Kizashi sacando su teléfono y marcando varias teclas, poco rato después mostró la pantalla del aparato, que dejaba ver como se estaba produciendo una llamada entrante a un fijo con el título de "Apartamento Sakura". Varios pitidos de espera sonaron, hasta que finalmente salió el contestador de voz con la voz de Kakashi. – Ha llamado a casa de Sakura…
Rin volvió a colocar sus ojos café en los verdes de Kizashi, este estaba serio. Lo que la puso incómoda. No sabía que decir a eso, la inquietaba.
– Lo poco que se es lo que sonsaco del director del instituto donde asisten mis hijas o lo que me cuenta su hermana y amigos de esta. Ella tiene mi número bloqueado. – habló el hombre mediante un suspiro. – Poco más. Me es imposible. Mi mujer ha intentado acercarse a ella, pero solo ganamos una denuncia. Lo tiene todo planeado.
– Me niego a creerle, Sr. Fuji. Conozco a Kakashi perfectamente, él no sería capaz de… De hacer lo que usted implica. – negó Rin impaciente todavía moviendo la pierna incansablemente. – No puede esperar que confíe en usted en vez de a él. Además, esta pregunta no tiene nada que ver con esto, pero ¿Cómo es que Sakura no vive con usted y su familia? ¿Por qué vive ella sola siendo menor? Si tanto le preocupa su hija, siendo su padre, puede perfectamente…
– ¿Usted cree que no lo he intentado? ¿Que mi mujer y yo no lo hemos planeado? Me hace preguntas sin conocer a mi hija. – interrumpió con molestia Kizashi como si nada, se había preparado cada posible detalle el plan muy meticulosamente, hasta el punto de qué tono de voz usar para sonar creyente. Algo usual en los negocios. – Sakura no es una persona fácil con la que tratar. Tiene brotes de ira. Es una muchacha con carácter que a veces puede llegar a ser problemático y en mi casa, hay una criatura de menos de cinco años enferma. Hay mucho que no sabe.
– ¿Qué quiere decir con carácter problemático? – cuestionó con curiosidad la Nohara. Kizashi suspiró incómodo y apartó la mirada. – Si desea mi ayuda debo poder confiar en usted.
– Ansiedad, depresión y según sus abuelos maternos u otros familiares, autolesiones. – inventó Kizashi fácilmente para consecutivamente apretarse los labios con una mano. La trama parecía estar liándose demasiado, esperaba que fuera más fácil. – Intento mucho evitar pensar que Kakashi pueda estar aprovechándose de ella debido a eso…
Kizashi no se esperó que de sopetón la morena frente a él agarrara su bebida y se la echara en toda la cara con una expresión de enfado. – Tal vez me haya pasado con esto último…
– Srta. Nohara, lamento si lo que dije le ha molestado. – habló con tranquilidad él mientras sacaba un pañuelo de un bolsillo interno de su americana para limpiarse el rostro y demás. Quien le hubiera dicho que iba a reaccionar de tal manera, tal vez no fue del todo persuasivo como pensaba. – Solo intento infundir mi preocupación.
– Una cosa es creer y preocuparse. Otra muy distinta es opinar, afirmar o dar por sentado hechos. – recalcó Rin más que ofendida, haciendo que Kizashi sonriera con suficiencia cerrando los ojos. – Entiendo que entre mi marido y usted no haya buena relación, pero eso no le da derecho a faltarle el respeto en frente a mí. No me haga llamar a la policía para informar de tales difamaciones.
– Srta. Rin, con el debido respeto, solo estamos hablando… ¿Para qué las amenazas? Esto no es más que una conversación entre dos adultos. – dijo Kizashi al darse cuenta de que un camarero se acercaba a su mesa con nerviosismo. – Todo está bien, señor. Fue un malentendido.
Una vez el camarero regreso a su sitio, Kizashi borró la sonrisa y al instante la cambió por una seria y convincente. Rin no se lo esperó. – Me resulta interesante que piense, que con Kakashi metiendo de lleno la cabeza así de recurrente en la vida de mi hija, usted llegue a poder casarse con él.
A Rin se le humedecieron los ojos enseguida, Kizashi ensanchó su sonrisa y por lo pronto encendió un cigarro, perturbándola todavía más cuando él apoyó el codo en la mesa para acercar su rostro al de ella. La mesa les dividía, no estaban demasiado cerca, pero aun así se sintió invadida. Desprotegida.
– ¿Usted cree que confiará en usted como esposa viendo que está tardando en decirle que no le quedó otra que perder al hijo que tanto espera? ¿Qué le importará? – insinuó dando otra calada con prepotencia, gozando al ver como el color desaparecía del rostro de la morena ante esa revelación. – Tal vez debería llamarle y decirle. Tal vez lo haga.
Toda temblorosa, Rin bajó la mirada y la plantó en sus manos, que permanecían aferradas a la tela de su falda gris.
– Verá, Srta. Nohara. Creo que ya es hora que le hable con claridad y que también vaya al grano. Mi intención es simple. Alejar a Sakura de Kakashi. Simplemente, porque así lo quiero y así debe ser. No hay más. – comenzó de nuevo Kizashi mientras echaba las cenizas en el cenicero de la mesa. – Puedo usar métodos varios igual efectivos aunque puede que demasiado fuertes para lograr mi cometido… O ser algo más piadoso y compadecerme de él, si es que usted me ayuda.
– ¿Por qué lo haría? – respondió Rin frenéticamente tras tragar saliva duramente.
– A eso quería llegar, digamos que tengo en mi lista de contactos a un famoso ginecólogo que goza de una clínica de muy buena reputación. Solo tendría que estudiar su caso y darle lo que quiere, sin tener que pagar nada. Ganamos todos. – añadió Kizashi tendiendo un par de tarjetas identificativas. Una de él, dejando que pudiera conocer al fin el nombre propio de su acompañante y otra de la clínica a la que se refería. No parecía ser del país.
Dicho esto ambos se quedaron en silencio, la Nohara reinaba pensativa mientras que el Fuji se dedicaba a esperar su respuesta con atención.
– No le ayudaré a perjudicar a Kakashi. – proclamó finalmente Rin y finalmente aventurarse a mirarlo de nuevo a la cara. El hombre la miró impasible.
– Bueno, entonces… ¿Todo quedó dicho, no? Una pena. – habló Kizashi aparentemente tranquilo mientras daba la última calada al cigarrillo y lo apagaba en el cenicero levantándose del banco. Rin le miró con temor y sospecha. – La avisé de las maneras que pude, seguramente se arrepienta luego y no por mi cuenta. Aunque antes de marcharme, debido a que la gente suele jugármela con amenazas, debo decir que esta vez fui algo previsor y dejé en vuestro apartamento, un regalo de bienvenida con su análisis comprobando que no está embarazada, el cual no me costó conseguir, ya sabe…
Kizashi volvió a sonreír atrevidamente al ver la reacción de asombro de la mujer cuando recordó que si vino aquí fue para encontrarse con Setsuo.
– Diciéndoselo o no a Hatake por cualquier medio, no me impedirá nada. Esto fue más, un aviso. – dijo el Fuji ajustándose su pañuelo en su sitio y acomodándose la corbata a pesar de que su traje estuviera algo manchado. Nada importante. – Sabiendo que se encuentra algo lejos de su hogar y que ha pasado la noche fuera… Tal vez ya lo haya leído. Le deseo un buen día y mucha suerte, Srta. Nohara. La charla estuvo interesante.
El corazón de Rin empezó a latir con mucha prisa ¿Estaba insinuando que la había espiado? ¿La habían estado siguiendo? Kakashi no la había llamado ¿Y sí? Con solo pensar eso, se levantó deprisa y corrió hasta llegar con prisas hacia casa de sus padres, intentando con su móvil, contactar con Kakashi.
Alejándose ahí sin mirar hacia atrás, el Fuji salió de la cafetería y caminó hasta su coche, donde tras encenderlo, usando la pantalla táctil de este, hizo que su vehículo llamara a Nigamata.
– ¿Diga? – habló Setsuo desde la otra línea tras dos pitidos.
– Ha dicho que no. Envía los documentos al instituto, es lo más probable que se dirija ahí. – ordenó Kizashi saliendo de su apareamiento de una y empezando a conducir con destino al hospital para ver a su hijo.
– Lo haría Fuji, pero ese no es mi trabajo. Tiene los documentos en su oficina y copias en dos USB. Hágalo de otra manera, acabo de empezar con otro caso. Tiene otras opciones aparte de mí. Buen día. – cortó Nigamata para después colgar abruptamente, muy para el fastidio de Kizashi, quien pisó el acelerador.
No le quedó otra que cambiar de dirección para dirigirse hacia su casa para solucionar ese diminuto percance. Su querido hijo podría esperar, al fin y al cabo lo que estaba priorizando en ese mismo instante, era por él.
En un taller improvisado de una zona de clase baja del centro, un tipo joven cerró la puerta del capó del coche y suspiró. Tomando un trapo húmedo para limpiarse las manos tras revisar el motor, se rascó una ceja y volteó a mirar a su colega.
– Estás jodido, Abumi. – informó el hombre mientras volvía a ajustarse la gorra. – De las pocas buenas noticias que puedo darte, es que al motor no le ha pasado nada.
– ¡JODER! – exclamó Zaku bien alto para seguidamente patear con fuerza una caja de herramientas, molestando al mecánico y al padre de este. Este último miró mal a los amigos de su hijo.
– ¿Hasta qué punto has cabreado a alguien para que lo paguen con un coche tan caro, Zaku? Arañazos en las puertas, vidrios rotos, dos neumáticos pinchados, puerta de maletero que no cierra, luces estropeadas, sin rastro de uno de los retrovisores laterales y por no hablar del manejo de cortes en la tapicería. – enumeró el amigo del Abumi con cierto asombro y pena, sobre todo por el vehículo. – Poco puedo hacer.
– ¿Entonces si se puede dejar como nuevo? – preguntó el pelinegro mientras pasaba la lengua por el interior de su boca. En su reciente pelea, había perdido una muela y le dolía. Al igual que con la quemadura de su barbilla, que estaba sin curar. Había sido un golpe bajo encontrarse el coche de su padre en tal estado, el cabreo no se le había ido en ningún momento. Estaba en un tremendo lío si su padre se enteraba de lo ocurrido.
– Este vehículo en específico ha salido este año de la fábrica, chico. – habló el padre del amigo de Zaku, a quien este miró arrugando la nariz molesto. – Marca y diseño, todas las piezas se fabrican en el país de dónde viene. Al ser un modelo caro, repararlo, lo será aún más. Puede que el triple. Ahora, márchese de mi taller. Tenemos trabajo.
– Puedo pagarle, viejo. – dijo Zaku con prisa, sin poder evitar mirándole retadoramente. El dueño no hizo más que apretar los músculos de los brazos ante esa actitud impertinente.
– Lo dudo, jóvenes. Y les he dicho que se larguen. – notando como su teléfono vibraba otra vez en su bolsillo lo sacó resoplando entre dientes con impaciencia y rabia, colgando de nuevo la llamada del asistente de su padre. Estaba sudando de los nervios. – Dales las llaves.
Zaku y el resto miraron como el dueño se giraba y regresaba al coche situado al otro extremo del garaje, pero solo el primero fue el más rápido para mirar a su amigo con las cejas alzadas expectante. Esperaba que fuera a hablar con su padre, pero no. Apretó la mandíbula con rabia al ver como este abría la puerta, sacaba las llaves y se las tendía.
– Así que es así como es ¿Ah? Que pocos cojones tienes, tío… – se burló Zaku como si nada, volviendo a mirar hacia el mecánico asintió. – Bien…
– El taller es de mi padre, Zaku. Yo solo trabajo para él. Él manda. – recalcó este incómodo hasta que de pronto se vio sorprendido cuando el pelinegro de la nada le arrebató el colgante, sin importar que la cadena reventara.
– El Sonido es quien manda. Parece que lo olvidaste. – recordó el Abumi acercando su propia cadena igual solo para besarla frente a él con una mirada seria y de orgullo herido, los demás no hicieron nada. – Cuídate las espaldas de ahora en adelante.
Tomando las llaves del coche de su padre, Zaku se despidió de su "colega" con unas palmaditas en la mejilla y finalmente subirse al coche, con sus secuaces subiéndose en él también.
El joven mecánico miró a su padre cuando este cerró las puertas del taller nada más estos se fueron.
– Padre… – dijo él acercándose dudoso a este.
– No quiero volver a ver a estos chavales en mi taller ¿Estamos? Delincuentes no son bienvenidos aquí. – recalcó el padre con serenidad, rebuscando en el corcho de la pared, la herramienta que necesitaba.
– ¿Delincuentes? Si son unos críos de instituto… – aseguró el hijo todavía más confundido.
– Conozco a un payaso bravucón cuando veo uno, hijo. Qué sabrás tú si ese coche no había sido robado, he vivido más que tú. Me jacto con la experiencia que tengo a la hora de tomar decisiones. – explicó el padre. – Esos pandilleros solo saben buscarse problemas, si no me crees, no tienes más que ver las noticias. Ahora vuelve al curro, ese coche tiene que estar listo hoy.
Dentro del vehículo del patriarca Abumi, el hijo de este se saltó un ceda al paso y torció como si nada en la primera salida. Mirando el destrozo que habían hecho por todos lados, habían hasta llenado las alfombrillas de grava, también le habían arrancado la radio junto a los altavoces. Iba a matar a la persona que hizo esto…
– ¿Qué harás ahora, Zaku? – cuestionó el colega del Abumi sentado de copiloto.
– Menuda pregunta de gilipollas, estúpido… Obviamente, va a esconder el coche y reunir pasta para arreglarlo. – explicó otro sentado en el asiento trasero.
– No. – interrumpió el Abumi llamando la atención de todos sus secuaces. – Mi padre ya sabe que el coche no está, pero mientras no sepa dónde…
– Puta madre, jodido desastre… – maldijo internamente de mal humor ante su mala suerte de esa noche. Todo había ido como el culo y todo prometía que no acababa ahí.
– ¿Sabéis algo de Kin? – indagó el Abumi con cierto tono sombrío. – ¿Os ha llamado a alguno?
Todos negaron, cosa que solo agravó todavía más su mal humor. Se había pasado con ella ayer por la noche. La había dejado peor que como se la encontró y sin más. No era de extrañar que de dejarla marchar, esta estuviera indisponible. Solo esperaba que no desapareciera como Dosu, de quien no veía el pelo desde hace días. De nuevo.
– Ni puta palabra de lo ocurrido a nadie ¿Queda claro? O acabaréis como el zopenco de Soichiro. – amenazó Zaku a sus colegas, quienes permanecieron en silencio. – El coche se queda dentro de la nave del desguace, este lugar no entre en ningún mapa de aplicación, no lo encontrará nadie. En lo que ideo la forma de solucionar esto, quiero que contacten con Chisa y su pandilla…
– ¿Y si Soichiro se va de la lengua en comisaría? – cuestionó el mismo de antes, acercándose al asiento del piloto desde atrás para mirar al líder con verdadero terror. No quería líos con la policía, por más que estos la gran mayoría no hicieran nada.
– Más le vale que no o está muerto. – declaró el Abumi fácilmente adentrándose de vuelta al desguace.
Tras dejar el coche aparcado dentro, Zaku notó algunas gotas que parecían ser de sangre en el suelo de la sala. ¿Era de Kin? Puede… pero que más daba. Había cosas más importantes ahora. El coche y Uzumaki. También debía saber de esta, solo que lo primero era lo primero.
Su teléfono volvió a vibrar dentro de su bolsillo, al sacarlo, se encontró con un mensaje de su padre.
– ¿Dónde estás? – leyó el Abumi, no tardó en resoplar de fastidio, Alzando la mirada a sus secuaces. Observó como estos cerraban la gran puerta metálica de la nave.
– Fuera, estoy ocupado. – contestó él escuetamente mientras pasaba la mano por el cuello para limpiar el sudor de ahí. – ¡Ei! ¡Limpien toda esta mierda del suelo!
– Hah ¿Con qué, si se puede saber? – dijo un secuaz mirando raro al Abumi, a quien no le gustó que se le ignoraran las órdenes. Su colega solo se alzó de hombros.
Otra llamada de su padre acaparó la atención de Zaku, el cual estuvo a punto de estampar su móvil contra el suelo hasta que se rompiera, pero solo se limitó a marcharse en silencio indicándole a uno de ellos que tenía moto que lo siguiera. Los demás tenían otros métodos para ir y volver.
– Sería de inteligente no ser un toca huevos cuando Abumi está así… Tayuya le da plantón, no sabe donde está la pelirroja preñada, destrozan su coche y Kin queda prácticamente calva. ¿Quieres más motivos? – habló el más delgado pateando una lata vacía de su camino.
– Qué Zaku sea un tozudo en querer ser el más cabrón me la pela. Tenga razones para estar enfurecido o no, entendible, pero estoy harto de que sea un capullo con todos soltando amenazas por doquier. No me extraña que Dosu se haya pirado a la menor oportunidad. – habló el otro de nuevo.
– Hablas como si supieras donde se encuentra. – musitó el flaco escéptico viendo como el otro negaba con la cabeza.
– Si lo supiera ya se lo habría dicho a Abumi, Kinuta es un hijo de perra que se la pasaba incordiándome. Una lástima que me perdiera la paliza de la otra vez para vengarme. – declaró nuevamente el tipo mirando como en el suelo había un largo mechón negro, obviamente de Kin.
– Tal vez debería traer a mi perro, por si acaso. – sugirió él con una sonrisa.
– Si estimas a ese animal, yo no lo haría. – contestó el tercer tipo uniéndose a la conversación. Ante la mirada llena de curiosidad de su colega, exhaló con paciencia. – No quieres saberlo, créeme.
– ¿Dijo Zaku que volvería? ¿A dónde se fue?
Zaku saltó por encima de la pared del muro trasero que rodeaba su casa, escondiéndose entre varios setos para esperar que su colega arrancara la moto de nuevo y se marchara, cosa que no tardó en ocurrir.
Sabía que cruzar por la puerta principal no era idóneo, habiendo el portero. Por más que su padre no estuviera en casa, sino en su trabajo y que su jodido intento de madrastra seguía de viaje, prefería entrar en su cueva sin ser visto ni estorbado. Sobre todo teniendo en cuenta que su padre lo buscaba para hacerle sus estúpidas preguntas sobre sus movidas, cosa que no quería decirle.
La había pifiado y bien grande esta vez. No podía negarlo. Su padre le había prohibido tocar ese coche y no hizo caso. Aprovechando que este se iba a cenar fuera y regresaría tarde, contando que no iba a ocurrir nada de lo de ayer por la noche, solo hubiera tenido que aguantar una bronca y ya estaría. El coche era caro, de los más caros en el mercado, actualmente. No había sido fácil conseguir que la fábrica accediera a venderlo, porque aunque su padre sea diputado, parecía que habían ciertos dilemas y asuntos que someter para obtenerlo. Ahora él parecía que lo había complicado todo, quién sabe hasta qué punto. Igual que con el tema de las drogas en ese club de Shinjuku, temía por lo que le seguramente le esperaba.
Subiendo por la improvisada madera que dejaba que una enredadera subiera por esta, avanzó hasta llegar al balcón de la habitación de su padre, abrir la puerta y entrando con sigilo hasta su cuarto. Nada más abrir la puerta frenó en seco.
– ¡JODER! ¡¿QUÉ COJONES?! – exclamó Zaku nada más ver el estado de su cuarto. – ¡¿Dónde están mis cosas?!
– Eso es lo que menos debería preocuparte ahora. – habló una mujer saliendo del pasillo para ingresar a la habitación. Era una mujer de unos cuarenta y pocos años, cabello tono caoba y vestido color carne de marca. La pareja de su padre.
– ¡¿FUISTE TÚ?! ¡¿CÓMO MIERDAS TE ATREVES?! – exclamó él acercándose amenazante hacia ella, ella solo reculó hacia el pasillo, haciéndolo frenar. Le había hecho recordar que justo ahí habían cámaras de seguridad. – Mierda…
Su padre podría saber que se encontraba ahí.
– No, esto no fue obra mía, hijo. – explicó ella forzadamente para seguidamente sacar de su espalda, una bolsa de cartón con el logo de una tienda de bisutería de primera clase para sacar de ahí, frascos de pastillas y más. – ¿Me lo puedes explicar?
– No tengo que explicarle nada, señora… – escupió Zaku yendo hacia ella solo para arrebatarle la bolsa con fuerza. – Tu función en esta casa es ser el florero de mi padre.
– Y tú su estorbo… – respondió ella con gracia revisando su ostentosa manicura llena de adornos. – Vuelves a robar joyas, ropa o algo mío, ingrato y haré que tu padre te eche de patitas en la calle.
– ¿Dónde están mis cosas? – insistió Zaku cada vez más impaciente.
– Ah, eso solo lo sabrá tu padre, mucho me temo… Quien por cierto, se encuentra esperándote en el comedor. – dijo la mujer mientras bostezaba, acababa de regresar de su viaje. – Aunque si tanto te importa, me pareció ver ciertas cosas flotando en el jacuzzi, aun así, yo que tú… Me preocupaba de lo más esencial ahora.
Pasos se escucharon por el pasillo y pronto apareció el asistente de su padre, lo cual hizo que tragara saliva con nervios.
Bekko dobló el periódico por la mitad cuando volvió a escuchar pasos bajar por la escalera. Esta vez Nobu no venía solo. Iba acompañado de su hijo.
– ¿No que estabas fuera? ¿Y ocupado? – sonsacó el padre cerrando las páginas y lanzando el papel encima de la mesa frente al sofá. Zaku se tensó nada más escuchar su voz, hacía días que no se veían, cosa que era agradable.
– Estaba en el instituto… – mintió él rápidamente Nobu no hizo más que agrandar las fosas nasales ante eso que acababa de escuchar. Bekko se limitó a mirarle sin inmutarse cruzado de brazos.
– ¿Sin tu uniforme y bolsa? – añadió el adulto mientras pestañeaba expectante, Zaku volvió a rehuir la mirada y lamer sus labios. Evidenciando la farsa.
– Dormí en casa de un colega, está todo ahí. – se excusó él finalmente mientras sentía que le sudaban las manos.
– Esta mañana me ha llamado alguien interesante. El padre de una amiga tuya llamada Kin, que me dijo que vio a su hija salir contigo en un coche por el anochecer. El hombre estaba hasta arriba de quejas, ya que al parecer, han apalizado a su hija. – informó Bekko señalando con dos dedos de una mano que tanto asistente como él se acercaran más.
– No fui yo. – se apresuró a mentir Zaku viendo que no podía huir. Nobu lo mantenía sujeto de su chaqueta.
– ¿Dónde está el coche, Zaku? Esto es lo que más me preocupa, en este instante. – preguntó con tranquilidad Bekko acercándose al extremo del sofá e inclinándose hacia adelante sin apartar la mirada del menor. El mencionado permaneció en silencio. – ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
– No lo sé. – respondió de la nada demasiado rápido. La primera bofetada no tardó en llegar. Su gran magnitud de fuerza hizo que su cuerpo se inclinara hacia un lado, no cayó al suelo gracias al asistente de su padre.
– No, me, mien-tas. – recalcó sílaba a sílaba con rudeza musitó fríamente su padre acercándose más su rostro al de su hijo. Zaku solo apretó los puños y apartó la mirada. Bekko arrugó la frente y chasqueó los dedos. Segundos después Nobu incorporó a Zaku y lo volteó hacia él.
El menor no se esperó un doloroso puñetazo en el estómago por parte del hombre. Inevitablemente, vomitó lo último que había tomado, un refresco.
– Límpialo. – ordenó Bekko tirándole una caja de pañuelos, esta chocó contra su hombro de mal modo. Aún adolorido el Abumi obedeció sin rechistar, aguantando el desprecio que sentía por los hombres que lo acompañaban. – Compadécete de mi asistente, Zaku. Lleva desde anoche, trabajando para dar con el coche y esta mañana… Salvando tu culo de otra expulsión.
Eso asustó y frenó las acciones del pelinegro menor.
– Sí, sé perfectamente que no estabas en el instituto. Es el único sitio que no sueles frecuentar, inútil. – avisó su padre finalmente harto, empujando con el pie a su hijo para que este cayera contra el suelo del impulso. En su ropa quedó la marca de la zapatilla. – Es mejor que abres esa boca ahora, hijo… O te juro que…
– ¡No lo sé! ¡Te he dicho que no lo sé! Es cierto que me llevé el coche anoche, fui con Kin y otros a un desguace a pasarlo bien en grupo. – comenzó a relatar Zaku una vez Nobu volvió a sujetarlo de la chaqueta para incorporarlo a la fuerza. Su padre escuchó con atención. – Un colega me avisó que había alguien de mi pandilla en apuros en Minato, fuimos ahí y dejé el coche ahí… Al volver, este…
Bekko obtuvo un brillo aún más aterrador en su mirada y con una sola mirada, no hizo falta que Nobu tuviera que escuchar ninguna orden específica. Entendía a lo que se refería. El personal de la casa, se encontraba tenso intentando no hacer caso al estruendoso y horripilante espectáculo en la sala de estar, se preocupaban más de seguir con la labor.
– Me lo pones difícil para que te quiera, Zaku. – habló Bekko recolocándose su reloj de pulsera exhalando cansado. – Estoy empezando a hartarme. Eres más gilipollas por elección que por otra razón, hijo. No haces más que decepcionarme. Así que dime, qué le ha pasado al coche y cómo… Te sugiero que no me mientas esta vez, porque ya se parcialmente lo que ha ocurrido.
– Soichiro Tanaka… – musitó él con los ojos húmedos, apartando su cara y protegiéndose esta con su brazo para evitar que Nobu le añadiera otro golpe. Era la primera vez que este le echaba la mano encima de tal manera. Bekko agarró el brazo de su asistente para dejar que su hijo hablara. – Llevo tiempo sospechando de él, ayer le dejé vigilando el vehículo en el desguace… Al volver el coche estaba hecho un desastre y ni rastro de él. Esta mañana intenté llevarlo a un mecánico, sin que…
El Abumi observó como su padre guardaba silencio hasta que finalmente escuchó pasos alejándose, temblando. Giró la cabeza para ver a Nobu alejarse.
– Suerte para ti, tu amigo ya ha sido detenido. Ahora… – habló Bekko volviendo a tomar asiento predilecto en el sofá y tranquilamente servirse un sorbo de alcohol. Le daba igual que aún fuera mañana. En algún lugar del mundo era de noche. – Tu amiga Kin, dice que no la apalizaste tú… ¿Es eso cierto?
Zaku miró al suelo todavía temblando, en el jardín, podía escuchar al recién adquirido perro de su padre ladrando, el cual permanecía encadenado ahí. Bekko no tardó en agarrar a su hijo del cuello de su camisa para acercarlo a él una vez más.
– … S-sí. – mintió de nuevo él. Su padre no sabía si creerle.
– Habla con claridad. – ordenó el mayor sin apartarlo de él. Zaku asintió y volvió a afirmar como respuesta. – ¿Había alguien más en ese lugar aparte de ese colega tuyo?
– U-nas amigas de un colega que van a otro instituto. – admitió finalmente el Abumi viendo como su padre asentía.
– Escucha bien, Zaku. – amenazó sin necesidad de alzar la voz el padre, estrechando más el agarre de la camisa del susodicho. – Es la última vez, que montas un número de tal manera. De lo contrario, se acaba tu suerte. Un problema más… Y verás. Así que cuidado. No quiero recurrir a Danzou otra vez. Ya estás llevando el coche de vuelta del desguace.
El bully asintió a duras penas, siendo liberado finalmente por su padre, el cual se levantó del sofá con vaso en mano y se marchó hacia la escalera y empezó a subir por esta sin decirle nada más. Pronto su asistente le siguió, sonriéndole con burla al pasar de largo. Molestándolo.
– Pronto… Algún día estarás a mano… – se prometió Zaku a si mismo completamente disperso sin levantarse del suelo. Sus ojos se habían olvidado de pestañear, pasando de estar húmedos a secos en los minutos que permaneció solo dentro de la sala. Los ladridos del estúpido perro volvieron a escucharse, enervándole todavía más. – Todos pagarán…
Todos…
En el rellano de la segunda planta, Bekko se ajustó las mangas de su camisa negra en lo que se dirigía hasta su oficina.
– Está mintiendo, señor. – afirmó Nobu en lo que abría la puerta del despacho para que su jefe entrara antes que él.
– Ya lo sé. – respondió el padre con frialdad y firmeza. – Pero eso ya no importa, un problema menos el cual atender. Encárgate del asunto en comisaría con discreción.
Suspirando en lo que la alarma que daba por finalizada las clases, Sakura cerró el cuaderno y se giró para tomar el conjunto de estos cuando la persona sentada tras ella le palmeó la espalda suavemente.
Por iniciativa propia, Toneri, se había dedicado a juntar no solo los de su fila, también los de las demás. Siendo respondido con más de un agradecimiento. Sakura agrupó las libretas correctamente y seguidamente las levantó con ambas manos con intención de llevarlas hasta el profesor Asuma.
– Permíteme ayudarte, Haruno. – habló el Otsutsuki robándole el conjunto de cuadernos fácilmente a la susodicha sin que ella tuviera tiempo a refutar. – Te deben doler los brazos, es mejor no ponerles peso directo.
Naruto hizo un puchero mientras observaba al albino fijamente hacerse el galán príncipe frente a Sakura, que no hacía más que mirarlo en silencio, sonriéndole levemente. Por otro lado, Sasuke observaba también de malas formas al prometido de Hinata.
Toneri, captando la fija y seria mirada del pelinegro, bajó momentáneamente a los cuadernos que descansaban encima de su mesa, pero enseguida volteó la cabeza de vuelta a la ojiverde, quien estaba ocupada guardando su material escolar sin mirarlo para nada.
– No va a hablarme ¿Verdad? Bueno… – estudió Toneri en silencio sin borrar su sonrisa. No le preocupaba. Cerrando los ojos sacudió la cabeza y planeando inhibir a la chica con su mirada mientras se acomodaba el flequillo, estuvo por hablar, pero esta ya no estaba literalmente a su lado. – …
Sasuke observó como su novia giraba hacia Naruto y se plantaba al lado de su pupitre, quedando ella de espaldas, ocultándole el rostro al último. Esto no le gustaba demasiado. Inquieto, intentó disimular prestar atención mientras escuchaba lo que ella parecía querer decirle al rubio.
– Habrás avanzado tu parte del proyecto de literatura, supongo… – dijo Sakura serenamente mirando al ojiazul, quien la miraba absorto. – Como te pedí cuando lo hacíamos en clase con Iruka.
Algo había hecho, sí. Viendo la cara expectante de la Haruno en él, se animó a sonreírle mientras asentía.
– Reservé uno de los ordenadores de la biblioteca, iremos allí a terminar el trabajo. – declaró ella mientras volvía a girarse para tomar su bolsa encima de su silla. Antes de volverse de nuevo hacia el Uzumaki, coincidió miradas con el Uchiha.
Estaba serio, descontento. Obviamente por lo sucedido en la cafetería, eso estaba más que claro. Aun así, solo se trataba de un simple trabajo fácil de terminar. Cuanto antes estuviera finalizado mejor. ¿Qué mejor sitio que la biblioteca? No se veía llevando a Naruto a su casa, no si Sasuke no la acompañaba. Además, Karin estaba ahí. Chiyo no gustaba del Uzumaki y ella no iba a ir hasta casa de Jiraiya. Juró nunca volver a pisar el desordenado cuarto de Naruto nunca más tras ver varias cucarachas merodear por su suelo.
Sabía de sobra que el pelinegro no desaprovecharía la oportunidad de cuestionar lo que le sucedió. El vendaje, la férula, sus otras heridas y obviamente lo de su cabello. Honestamente, aunque la razón le decía que lo hiciera, no quería. Sabía que iba a reaccionar de cierta forma. No quería reanimar esa faceta de fiera que había tenido que ver en primera fila varias veces, fuera o no con Naruto.
– Díselo, estúpida… Se trata de Sasuke. – habló su subconsciente. Ella solo apartó la mirada de la de su novio nada más pensarlo. Precisamente por eso, dudaba en hacerlo. – ¿Qué? ¿Aún no confiamos en él del todo?
– De verdad se va a ir sin decirme nada, la muy… Molesta. – pensó amargamente Sasuke fusilando con la mirada a Naruto, quien ya se había levantado de su asiento.
– ¡Naruto! – exclamó Shion apresurándose a acercarse a los dos, en lo que Sasuke dejaba de mala manera los cuadernos encima del pilón que sujetaba Toneri, distrayéndole y seguidamente optar por salir del aula enfurruñado, ante la mirada algo incómoda de su novia. – Realmente, quiero disculparme por lo que ocurrió durante el almuerzo, podemos salir a merendar y demás, te invito.
– No puedo. Tengo planes. – explicó Naruto sin mirarla más de un par de segundos.
– ¿Planes? ¿Qué planes? ¿Con quién? – sonsacó ella forzando una sonrisa amigable intentando parecer adorable. – ¿Puedo venir? Porfaaaaa…
– P-podríamos ir a la biblioteca con ellos, Shion. – manifestó Hinata juntándose de la nada a ellos, haciendo que la rubia le mirara sospechosamente ante ese atrevimiento. – A fin de cuentas hacemos el trabajo de literatura juntas…
Sakura decidió quedarse callada, en el trayecto que había hasta la biblioteca.
– Esto es el colmo… – meditó Sakura con fastidio mientras tomaba aire. Podía escuchar la cotorra de su hermanastra hablar con el Uzumaki detrás de ella. Con Hinata al otro lado del último y sin que eso fuera suficiente, se les sumó el cargante de Otsutsuki.
– "Te llevas tres, consigues uno gratis" Menudo ofertón. – pensó nuevamente con pesadez, pensándolo mejor podía ir a ver a Sasuke entrenar. Aún estaba a tiempo… Era un mejor plan que esto, en verdad.
– Aún no entiendo por qué mejor no vamos a mi casa para hacer esto, no es una mala idea, a mi padre no le molestaría y es más… – habló Shion consiguiendo liberar a la ojiverde de sus pensamientos.
Todos dejaron de caminar al verla que ella se detenía. ¿Otra vez con lo mismo?
– Váyanse. – soltó Sakura con poca paciencia. – Hagan su trabajo en otra parte, junto a nosotros, no.
– Sakura… – intentó Naruto apenas comenzando a levantar la mano hacia ella con intenciones de calmarla mediante un gesto. Esto solo la alteró un poco más.
– Calla. – interrumpió ella de golpe. Naruto sudó frío y por costumbre optó por guardar silencio, conocía esa mirada demasiado bien.
– Pero ¿Qué te pasa? ¿Por qué no podemos…? – intercedió la Fuji sin estar de acuerdo con esa orden. Sakura la miró aún más enfadada, pero no esperó verse de nuevo incapaz de terminar de hablar.
– Me pasa que no os aguanto, tía… – recalcó un poco más alto de lo necesario la Haruno, Shion la miró un poco boquiabierta. Hinata miró hacia otro lado en silencio cuando vio que la primera giraba su rostro para verla a ella también. – Lárgate tú también, Otsutsuki…
Girándose totalmente harta, miró a Naruto y volvió a emprender camino rumbo hacia su destino. Con Naruto rápidamente plantándose a su lado. Dejando a los otros tres ahí quietos en el pasillo. Poco le importó ser capaz de escuchar a su hermanastra exhalar de la rabia a modo de rabieta.
Toneri fue el primero en ponerse en marcha para largarse, seguido de Hinata. Pronto Shion, con un último bufido, optó por avanzarles y llegar antes a la salida. Con la mayoría de los alumnos participando en actividades extraescolares, los pasillos habían quedado desiertos rápidamente. Dejando al primero y a su prometida, andando en compañía, pero a solas. Al menos hasta que el albino decidió parar, Hinata le imitó.
– ¿Qué quieres? – preguntó él impasible volteando para encararla. La mirada gris de la Hyuga estaba dispersa.
– ¿Te gusta Sakura? – se atinó a decir lo suficientemente alto para que pudiera ser escuchada. Toneri simplemente la miró con sospecha.
– ¿Realmente te importa? – contestó irónicamente mordaz el sueco para finalmente empezar a andar de nuevo.
No volteó a ver como Hinata se iba corriendo en dirección contraria a la de él hacia la salida, se limitó a tensar la mandíbula con ira contenida.
La hora y media que Sakura pasó con Naruto en la biblioteca pasó con normalidad, lo suficientemente rápido en la que ella aprovechó para avanzar alguna que otra tarea, corrigiendo y llamando la atención del Uzumaki frente al ordenador cuando era necesario. Cuando le vio pulsar enter y suspirar, intuyó que ya había pasado su parte al documento del trabajo.
Naruto se sonrojó cuando Sakura le arrebató el ratón para guardar los cambios, sus hombros chocaron por un leve instante, en el que la fragancia suya llegó a él. Sus hormonas empezaban a alborotarse solo con eso. Estaba nervioso.
– Terminaré yo el trabajo, ya puedes irte. – proclamó la ojiverde sacando el USB y cerrando el ordenador con pasividad.
Naruto creía que era demasiado pronto aún, no quería que este rato a solas con ella culminara así.
– Yo también puedo hacer más, Sakura… – propuso él levantándose de la silla con prisas al verla recoger todo con fluidez.
– Quiero sacar buena nota de este trabajo, no te ofendas. – explicó ella con sinceridad, haciendo que ese comentario supiera como una enorme roca cayera encima del cráneo del Namikaze, de lo directo que fue.
– Podríamos ir a tomar algo… – se animó a proponer el rubio con timidez, Sakura pausó sus acciones al escuchar la oferta, un peso en sus hombros le cayó encima por su culpa.
– No me apetece. – contestó finalmente guardando todas sus pertenencias de vuelta a su bolsa y colocando esta en su hombro. No tardó en dirigirse a la salida con Naruto pisándole los talones.
– ¿Por qué no? – insistió él. Sakura solo puso los ojos en blanco y siguió andando.
– Te lo acabo de decir Naruto, no me hagas decírtelo de malas formas. – avisó ella mirándolo con impasibilidad.
– Solo es una invitación a… – dijo de nuevo el Uzumaki haciendo que Sakura suspirara cuando vio que él se interponía en su camino hacia el gimnasio. Él sabía que iba a esperar a Sasuke.
– Que he rechazado, no se cuantas veces ya, Naruto. El "No" lo dice todo. – soltó ella mirándole directamente a los ojos. Cosa que él no esperaba escuchar, no tardó en entristecerse.
Intentando avanzar, Naruto volvió a impedirlo. La pelirrosa para obviar su malestar y enfado, apretó sus dos manos en las asas de su bolsa por la parte de su pecho.
– ¿Por qué?... – cuestionó el ojiazul en un tono más bajo de lo usual. – ¿Por qué no me elegiste a mí? ¿Por qué Sasuke?
Por qué siempre…
– Sasuke no me obliga a que le quiera, Naruto… – se limitó a razonar Sakura con honestidad tras meditarlo un rato, Naruto le miraba fijamente, aun con esperanza. – No puedo explicarte los motivos por amarle, cuando es algo que yo siento estando solo con él.
– O cuando pensamos en él… – sumó su subconsciente haciéndole sonreír para sus adentros, algo que fue como un golpe directo en el pecho del rubio nada más verlo.
– ¿Por qué no? – volvió a preguntar él. Sakura cerró los ojos hasta que finalmente, tras suspirar volvió a encararlo.
– Haberte elegido a ti, habría sido elegir mentir otra vez. – admitió duramente la Haruno dejando al chico frente a ella pasmado. – Sería buscar a cada rato un motivo para motivarme a autoengañarse y eso algo que no volveré a hacer.
– No te veo feliz… – declaró Naruto, Sakura no hizo más que soltar un bufido de burla ante ese comentario. – No eres feliz con él. ¡Yo puedo…!
– ¿Vas a repetirme el discursito del otro día frente a mi puerta, ahora? – eso logró callar al Uzumaki, de nuevo, no se lo esperaba. Quedó totalmente incómodo. – Creí haberte dicho que no volvieras a hacer ese papel. ¿Pensabas que no me enteraría? Kakashi no tenía por qué callárselo, créeme. Recuerdo exactamente cada una de tus cansinas palabras, Naruto. No necesito que me las repitas nuevamente.
Chiyo fue quien se lo dijo, aunque ella por su cuenta, debido a la mirilla eléctrica que instaló poco después de lo de su madrastra, hizo que con la tarjeta del aparato, pudiera ver lo sucedido. No le agradó en absoluto.
– De las infinitas razones que tengo para estar segura de que le amo a él, te puedo decir cien motivos de por qué no me gustas tú. – finalizó con seguridad la pelirrosa para finalmente tragar saliva debido a la incomodidad. Esa afirmación sintió como si un camión acabara de atropellarle de una y que encima acto seguido volviera a darle en marcha atrás.
Motivos…
Pasando de largo, Sakura avanzó con prisas y cruzó las puertas para llegar al gimnasio cuanto antes. Ya se había ido cuando Naruto decidió voltearse, pero optó por no seguirla.
Siempre es igual.
"A la próxima no me meteré en medio para detenerlo."
– Tal vez a la próxima le de motivos para conquistarla… Para cada motivo hay un origen y eso no es imposible. – reflexionó él con finalidad y convicción.
Tras ingresar dentro del gimnasio, se alzó de puntitas para poder ver de lejos a Sasuke sin lograrlo. Rodeando la zona del equipo de artes marciales, al fin le vio concentrado de espaldas junto al resto de su equipo siguiendo los ejercicios de Genma. Mirando hacia las gradas, de las pocas personas que había ahí, una de ellas era Juugo. No le costó nada decidir tomar asiento a su lado.
Este le sonrió tímidamente al verla, acción que ella correspondió.
– ¿Qué tal lo están haciendo? – cuestionó la Haruno mirando la postura de su novio. Una vez regresó la mirada al chico a su lado, se lo encontró confundido, por lo que le volvió a sonreír. – Sasuke y Suigetsu, obviamente.
– Sasuke está totalmente concentrado, pero es obvio que le está preocupando algo. – explicó Juugo observando al pelinegro seguir con los ejercicios. – Hay ratos en los que pierde el foco y Suigetsu… Está preocupado por Karin, aunque no lo admita.
Sakura no pudo evitar soltar una corta risa, Juugo la miró como si eso no se lo esperara aunque acto seguido también le apareció una a él.
– Todos tenemos nuestro orgullo ¿Hm? – comentó con diversión la ojiverde mientras veía la expresión endiablada del Hozuki con su shiai, de tener poderes seguro desprendería una aura tenebrosa.
– Creo que debo agradecerte por defender a Karin el otro día. – dijo Juugo amablemente mirándola, Sakura mantuvo la vista en Sasuke mientras le escuchaba. – No nos dijo que la estaban acosando… Ni nos pidió ayuda. Nos tomó por sorpresa saber que te disculpaste con ella después de lo de ese día.
– Ella fue quien se disculpó primero, si te soy sincera. – respondió ella volteando a mirar al amigo de su novio, no pudo evitar bufar una risa al ver su expresión de incredulidad. – ¡En serio! No te estoy mintiendo… La vi en un momento y vi que necesitaba ayudarla, como todos requerimos más de una vez, supongo… Fue lo primero que me dijo.
– ¿Se te disculpó hace unos días? ¿Frente toda la clase? – preguntó confundido Juugo haciendo que la ojiverde enfurruñara el entrecejo y negara con la cabeza adorablemente, tras acomodarse el cabello, suspiró.
– Lo hizo el día de su accidente en el patio delantero. – resumió la Haruno con tranquilidad mientras se acordaba de los hechos. – La ayudé a llegar a los baños y después a la enfermería. Nadie más parecía dispuesto a ayudarla… Panda de estúpidos…
– Me es difícil de creer que Karin se deje ayudar por alguien que no le cae bien… Sobre todo por una novia de Sasuke. – argumentó Juugo intentando imaginarse a la Uzumaki siendo amable, le era imposible.
– No le quedó de otra… – expresó la pelirrosa en definitiva. La Uzumaki también tenía mucho carácter, no solo ufanía, aunque a su ver, eso era un método de defensa. De autoprotección. – Creo que la entiendo… A veces cuesta pedir ayuda y no por orgullo ¿Sabes? Algunas personas, tienen dificultades en confiar en los demás, te acostumbras a lidiar con todo por ti mismo.
El grandullón se rascó la cabeza confundido. Karin no era de las personas que se abrieran con todo el mundo, era arisca con casi todo el mundo y creo que solo la toleraban él, Suigetsu y forzosamente, Sasuke… Este último a duras penas. Más por su afán de querer conquistarlo de maneras demasiado poco ortodoxas. Aunque pensándolo bien, la Uzumaki también debía tener su otra cara oculta, como todos. Al igual que él. La novia de Sasuke tenía su punto de razón.
– Quién sabe dónde se ha metido… Antes tenía que aguantar los alaridos de Suigetsu con ella, ahora tengo que tolerar a un Suigetsu histéricamente inquieto porque… – se quejó Juugo con fastidio antes de destapar su botella de agua con gas y dar un sorbo mientras Sakura le miraba divertida.
– Está en mi casa. – dijo solemnemente ella haciendo que el chico a su lado se atragantara y finalmente escupiera el líquido de su boca. Casi todo el mundo les miró.
Sakura decididamente ayudó a Juugo a recomponerse dando palmaditas en su espalda mientras este tosía continuamente, al pobre se le había escurrido agua hasta por la nariz. Una sensación desagradable.
– Perdón. – se disculpó ella con timidez para después esconder los labios inocentemente, mientras apartaba la mirada sin poder evitar sentirse un poco mal.
¿Había escuchado bien? ¿Karin? ¿Karin Uzumaki? ¿En casa de la novia de Sasuke? Cuando Juugo volvió a girar la cabeza, esta última se alzó de hombros.
– Quien te llamó anoche desde su teléfono, fui yo, pero se quedó sin batería. – admitió la ojiverde con timidez. – Recordando tu número, quise enviarte un mensaje, pero no me dio tiempo.
– ¿Por qué está ahí? ¿Ella está bien? – cuestionó Juugo con genuina preocupación.
– Es una historia un poco larga y … personal. No puedo decirlo. – respondió ella sin ver que Sasuke y Suigetsu se estaban acercando a ellos en silencio. El entrenamiento había finalizado. El primero de estos solo pudo escuchar lo último que su novia llegó a decir, no pudo evitar sentir curiosidad.
– ¿Qué es lo que no puedes decir? – interrumpió de golpe el Uchiha plantándose junto a la pelirrosa, tomando asiento a su lado. Esta le tendió su toalla, la cual aceptó. Volteando a mirarla, esperó expectante una respuesta, pero esta no llegó.
Vio como Sakura parecía quedarse muda y ver como esto no cambiaba, no pudo evitar sentirse un poco decepcionado. Algo en definitiva estaba mal.
– ¡Anda! Pero si la pequeñaja se ha cortado la melena… – habló finalmente Suigetsu al darse cuenta de la presencia de la ojiverde, quien le saludó con una sonrisa. – ¿Querías copiarme verdad?
– Tsh… Obvio. – respondió Sakura pasando sus manos para tomar los extremos de varios mechones. Quería seguirle el juego.
– ¿Viniste a ver a tu novio jugar con su palo con otros chicos? – cuestionó el Hozuki con una sonrisa traviesa que definitivamente connotaba que su intención era que lo que decía, iba con doble sentido. Sasuke le taladró con la mirada mientras que Juugo no hizo más que hacer una mueca de apenas asombro. Su amigo nunca cambiaría. – Oi, no me veas con esa fea cara, tío… ¡Qué se ríe!
– Lo disfruto más viendo cuando juega con él cuando estamos a solas… – contestó Sakura con diversión. Suigetsu casi escupe el agua de la risa.
– Yay~ ¡Esa fue buena! No me lo esperaba, Rosita… Conseguiste agarrar desprevenido a Sasukito, algo difícil. – dijo el albino volviendo a meter la pajita dentro de su boca y sorber mientras señalaba con el pulgar de la otra mano a un levemente sonrojado Sasuke.
– ¿Por qué mejor no vamos a cambiarte antes de que sueltes alguna burrada? – pidió Juugo levantándose de la silla y lanzándole la toalla a su colega, la cual quedó colgando en su cabeza. Sin más empezó a irse.
– ¡¿A quién llamas burro?! – chilló el Hozuki quitándose la prenda, recogiendo sus cosas y seguir con prisas al grandullón.
Sakura tuvo que esperar unos veinte minutos a que los tres amigos salieran de nuevo de los vestuarios. Los cuatro salieron en grupo del campus hasta que llegó el momento de dividirse. Pronto la pareja se quedó en compañía del otro.
Había un silencio incómodo. Los dos lo sabían. Sasuke tenía preguntas, pero no lograba encontrar la manera de hacerlas suavemente y la pelirrosa a su lado, sabía de antemano que cuando su novio estaba callado de tal manera… Era porque tenía mucho por decir, pero su orgullo y su costumbre de querer permanecer impasible, no le dejaban. Lo que era incongruente.
Pronto pasaron por el parque cercano al bloque de apartamentos de Sakura, dónde ambos aminoraron sus pasos o al menos, Sakura lo hizo, dejando que el Uchiha estuviera a penas un metro delante de ella.
– ¿Quién fue? – habló finalmente el pelinegro, estaba claro que estaba ocultando su enfado como podía.
– ¿Qué? – respondió Sakura volviendo en si, se había distraído.
– ¿Quién te hizo eso? – repitió más toscamente él parando en seco, Sakura hizo lo mismo. No fue respondido.
– No es necesario hablar de esto, Sasuke… – musitó la Haruno cabizbaja, esperaba no tener esta conversación.
– Entonces te equivocas. – respondió enseguida el pelinegro, segundos después notó como Sasuke se giraba para encararla. – Porque es más que obvio que escondes más heridas, por más maquillaje que uses. También pude ver que llevas parches en las rodillas cuando se te transparentan las medias. Has estado prácticamente estos últimos dos días, pasando de mí, Sakura…
– No te estoy ignorando… – respondió la ojiverde negando con la cabeza sutilmente algo fastidiada y nerviosa.
– ¿Dejarás de hacerte la despistada y responderás a mi pregunta? – declaró firmemente el Uchiha, Sakura alzó la mirada para mirarlo con cierto enfado.
Cuando Shisui entró por la puerta principal del hogar de sus primos y familia, no se sorprendió viendo que no era recibido por nadie en el genkan. Solo fue recibido por un grito de Izumi.
– ¿Trajiste todo lo que te pedí? – dijo la futura Uchiha sin salir de la cocina. El pelinegro no hizo más que hacer una mueca imitándola.
– Que sí, mujer… – contestó Shisui mientras se descalzaba con paciencia. Tanta prisa por unas toallitas, pañales y demás.
Ingresando a la sala de estar, se encontró con Sasuke tumbado boca abajo en el sofá completamente quieto. Parecía que hasta le rodeaba una brisa deprimente y lúgubre. No es que fuera nada nuevo, pero el menor solía estar más de mal humor que como una alma en pena. A decir verdad era algo cómico.
Ingresando a la cocina, se topó con los futuros recién casados. Izumi, como era usual, meciendo a un todavía despierto e inquieto Satoru. Itachi parecía un zombi con sus ojos rojos y cabello despeinado.
– Tenéis un muerto acaparando el sofá del salón. – comentó Shisui tan campante dejando las bolsas de la compra encima de la isla de la habitación.
– Es Sasuke… – dijo Itachi sin poder evitar sonreír con burla.
– No si lo sé, Obito está hasta arriba de informes como para tener tiempo para deprimirse, ahora que está más solo que la una. – elaboró Shisui mirando hacia Saturo, quien no dejaba de gorgojear en los brazos de su madre. – ¿Sakura ha roto con él?
Itachi miró a su futura esposa y ambos congeniaron miradas burlonas, pero solo Itachi dejó escapar una pequeña carcajada bajito. No quería que su hermano les escuchara mofarse de él.
– Nah, solo han tenido su primera pelea. – informó Itachi como si nada para después bostezar.
Shisui no hizo más que hacer otra mueca, solo que esta vez su expresión era más bien contrariada. No podía creerlo. ¿Sasuke Uchiha? Un chico que suele estar más estoico que una roca, desinflado como un globo que uno se encuentra detrás de un sofá tres semanas después de una fiesta de cumpleaños.
– Por el aspecto que lleva, parecía grave… – añadió el pelinegro de cabello corto animándose a mostrar una sonrisa de burla él también. Izumi negó con la cabeza ante el comportamiento de los dos adultos que la acompañaban. – Bueno, hora de animarle un poco, entonces… ¡Primito mío! ¡Dame un abrazo para que se te suba el ánimo, anda!
A la pareja no le sorprendió escuchar golpes en la sala nada más el recién regresado Shisui volvía al comedor con sus usuales ganas de incordiar. Era normal con esos dos.
No crean que me siento feliz terminando el capítulo de esta manera. (Tampoco con que hayan escenas similares a anteriores entre cierto rubio y nuestra protagonista, sé que es cansino).
Soy de las que cree que una pareja sana, discute. Llámenme novata por no escribir la parte de la discusión entre Sasuke y Sakura, pero cuando una está acostumbrada a escribir más romance que drama, no quise jugársela e hice uso de la excusa del millón de Kishimoto: "Lo dejo a la imaginación de los lectores". De todas formas, creo que hay indicios y pistas que os pueden ayudar a trazar el rumbo de esta, solo digo eso.
Se que en este episodio ha habido muy poco romance, pero como era de esperarse e intuirse, el de hoy tenía otro tema principal. Estaba más enfocado en otra parte de la trama.
Bueno, se sabe algo más de Kizashi ¿No? Porculero ¿Verdad? Al menos Rin tiene las ideas claras, lo que es bueno. A ver que sucede en el siguiente capítulo.
Shion está mostrando más rasgos de su personalidad y la verdad, es que me está entreteniendo, de momento, darle ese tipo de protagonismo de villana. Está a la par de Toneri y de verdad… creo que son un ingrediente secreto en este capítulo, ya me dirán su opinión en cuanto a eso si les parece.
¿Qué pasará ahora con Zaku? ¿Con Kin? Pero sobre todo… ¿Qué les depara a Sakura y a Karin? ¿Algún detalle peculiar sobre algún personaje terciario que les llamara la atención? Me interesa mucho su opinión, gente.
Tras decir todo esto, me despido. Les agradezco mucho que hayan leído este capítulo tan tardío. Espero poder actualizar más pronto el siguiente, se intentará. Me esforzaré al máximo.
Espero que les haya gustado.
¡Hasta la próxima!
XOXO
